Los Cartagineses

Colonias cartaginesas
El impacto cartaginés
Establecimientos zona cartaginesa
Imperialismo cartaginés
Amílcar Barca
Aníbal

El impacto cartaginés

Es bien sabido que los historiadores habían creído poder establecer dos períodos en la acción colonial semítica. El primero, hasta el siglo V, se consideraba fenicio. A partir de esta fecha hasta la conquista romana, se atribuía el papel principal a los cartagineses, considerándose que los fenicios habían dejado de intervenir en occidente.

Territorios de la República Cartaginesa en 270 a. de C.

Territorios de la República Cartaginesa en 270 a. de C.

Tal afirmación se basaba en la valoración de los hechos de la historia político-militar. Por una parte en el auge de Cartago y en su expansión que pronto tomó carácter militar —que la fenicia nunca había tenido—. Los cartagineses a partir del siglo VI se enfrentan con los griegos (apoyándose en determinados momentos en los etruscos) para evitar la competencia helénica, para cerrarles el paso tanto en lo referente a la ampliación del territorio de colonización griego como a la adquisición de nuevos mercados de intercambio.

La batalla de Himera, en 535, es un hito en estas luchas marítimas, que pueden parangonarse, todas las proporciones guardadas, con las guerras coloniales modernas con escenario marítimo. El siglo V fue el momento del gran choque terrestre en Sicilia, en el que, después de años de duras luchas, Cartago no consiguió ampliar su área de ocupación.

Por otra parte la visión tradicional ponía en la balanza al lado de esta fuerza expansiva de Cartago, la pérdida de la independencia política de las ciudades fenicias. Primero en manos de los asirios, más tarde de los griegos, cuando Alejandro Magno tomó Tiro después de un sitio famoso.

Se consideraba que ambas causas habían hecho cambiar la dirección de las corrientes, y que los fenicios se habían eclipsado dejando en manos cartaginesas las ciudades y las factorías occidentales. Era ignorar la existencia de las corrientes históricas profundas al lado de los avatares político-militares.

Quizá sea cierto que Cartago instituyó un cierto protectorado militar y político sobre sus hermanas menores del extremo occidente. Pero en todo caso las corrientes comerciales con Levante no se interrumpieron. Todo lo contrario.

El análisis de los objetos hallados en ciudades y factorías de lo que llamamos círculo del Estrecho de Gibraltar y su comparación con las de Cartago muestra bien a las claras una serie de matices diferenciales. Y es de notar que se acentúan precisamente a partir del siglo V, cuando según los historiadores tradicionales los contactos se habrían hecho más íntimos y la proyección fenicia, es decir oriental, se habría borrado.

Muy otro es el panorama en las colonias que sabemos por las fuentes escritas antiguas que dependieron de Cartago desde su primer momento: Ibiza, las ciudades coloniales de Cerdeña, y Sicilia a partir de los siglos VI-V. En estos puntos los materiales son idénticos a los cartagineses, distintos por lo tanto de los de Andalucía y de las costas africanas desde Argelia hacia el oeste. Así se dibujan dos áreas económicas de colonización, al margen de la cronología y de los avatares políticos.

En realidad las relaciones comerciales marítimas con las ciudades fenicias no se interrumpieron nunca, hasta el punto de enlazar con las que hallamos atestiguadas en época romana. La única diferencia durante la época romana imperial es que a los mercaderes fenicios se les llama sirios, pues formaban parte de la provincia de Siria; su presencia en las costas andaluzas en tiempos del Imperio Romano es bien conocida. Era la continuidad una tradición milenaria.

Establecimientos zona cartaginesa

También se presentan interrogantes respecto al área que dominó el impacto cartaginés. Su centro, dentro de nuestro territorio, fue indudablemente la isla de Ibiza. Pero el caso de Villaricos permite la sospecha de que pudiera haber llegado a algunos puntos del extremo sureste peninsular.

En cambio, podemos desechar, sin dudas, la supuesta influencia cartaginesa en torno a la ciudad de Alicante, a pesar de una abundante literatura favorable. Las supuestas muestras de colonización cartaginesa en torno a Alicante no resisten un estudio serio por parte de alguien que conozca debidamente la civilización púnica.

Por el contrario, el caso de Ibiza está claro, y es uno de los puntos que coinciden con bastante exactitud las noticias proporcionadas por la tradición antigua recogida en las fuentes escritas con la aportación de la arqueología moderna. Ya los antiguos consideraban que Ibiza fue fundación cartaginesa (y no fenicia) en una fecha vieja, que se centra en torno del 654 a. de C.

Y en efecto los numerosos hallazgos procedentes de las necrópolis y otros yacimientos de la isla, si bien ninguno de ellos puede fecharse en el momento originario de la colonización que fijan las fuentes, presentan un aspecto marcadamente cartaginés. Hasta el punto de que muchos objetos podrían confundirse con los hallados en la propia Cartago —fundada en 814 a. de C.—, lo que no sucedería con elementos arqueológicos procedentes del área fenicia estricta, es decir de Andalucía.

Dama de Ibiza (Colonización púnica)

Dama de Ibiza, hallada en la Necrópolis de Puig de Molins, (Colonización púnica).

El gran centro origen de tales hallazgos ha sido la necrópolis de Puig dels Molins, al lado de la ciudad de Ibiza, ciudad que corresponde topográficamente con exactitud a la antigua ciudad púnica. O sea que el núcleo urbano cartaginés era el mismo que el actual, que se ha mantenido sin variaciones a través de los siglos. Conocemos alrededor de 3000 hipogeos, que se reparten cronológicamente desde el siglo VI a. de C. hasta los alrededores de nuestra Era, ya en el periodo de romanización.

Sobre dicha cifra hemos intentado realizar un cálculo, desde luego aventurado, sobre el número aproximado de habitantes que pudo haber tenido la ciudad durante los momentos más florecientes de su periodo púnico, y que puede cifrarse en torno a los 3.000 habitantes. Cifra que la convierte en una ciudad importante dentro del mundo colonial de Occidente.

Su importancia como ciudad derivaba, sin duda y en primer lugar, de su posición en relación con las rutas del comercio marítimo. La fundación se explica por la necesidad de contar con un sólido apoyo en el archipiélago balear. La elección de Ibiza, y no de otras islas, pudo venir determinada por el hecho de que esta se hallaba prácticamente deshabitada y por tanto que no presentaba problemas de cara al mundo indígena, mientras que Mallorca y Menorca poseían abundante población indígena.

También pudo contar su posición más meridional y por lo tanto más próxima a la costa africana, de donde partía el impulso cartaginés. Los recursos agrícolas de la isla, aunque no especialmente ricos, serían suficientes para la población de la ciudad y de otros pequeños núcleos que fueron naciendo en otros puntos de la misma. Aunque debió ser ante todo una escala, es de suponer que la explotación de la sal comenzó pronto.

Prácticamente nada sabemos del comercio de la sal en el mundo fenicio-cartaginés, pero es muy significativo que las zonas objeto de colonización importantes, son aún hoy, centros de producción de sal de especial envergadura. Recuérdense los casos de Cádiz y los alrededores de Cartagena. Este es también el caso de Ibiza. No puede dejar de señalarse, igualmente, la posibilidad de que Ibiza hubiese sido un centro de salazón de pescado desde los primeros momentos de su ocupación.

En todo caso Ibiza fue un centro importante. Incluso desde el punto de vista religioso. El nombre de la isla, Ibusim, significa isla de Bes. Bes era una divinidad de origen egipcio que entró en el panteón fenicio y que pasó también a Cartago. La devoción a Bes se manifiesta incluso en las acuñaciones monetarias desde el primer momento que Ibiza tuvo ceca propia (a partir de los siglos III-II a. de C. y hasta entrada la fase de romanización).

También se ha encontrado un santuario dedicado a la diosa Tanit, una cueva, la Cova des Cuieram, en el extremo norte de la isla. La proyección económica de la Ibiza púnica y romana se manifiesta espectacularmente a través de la difusión de su moneda. Piezas acuñadas en la isla aparecen con gran frecuencia en excavaciones o hallazgos casuales en toda el área litoral del Mediterráneo occidental: Pompeya, Emporion, Tánger, para citar puntos alejados entre sí, han sido testimonios de hallazgos.

Una estadística de las piezas halladas en Cherchel, en la costa argelina, demuestra que la de Ibiza era la moneda más frecuente durante los siglos II y I antes de nuestra Era, después de la cartaginesa y de los denarios romanos, así como la de las ciudades inmediatas norteafricanas.R.B.: TARRADELL, Miguel, Historia Social y Económica de España y América, Ed. Vicens-Vives, 1972, tomo I págs. 55-57.

Imperialismo cartaginés

Talla de un pequeño velero encontrada en la antigua Cartago, hacia el 200 a. de C.

Talla de un pequeño velero encontrada en la antigua Cartago, hacia el 200 a. de C.

Al tratar de la expansión fenicia hacia nuestras costas hemos dejado un poco de lado a los cartagineses, de acuerdo con los recientes descubrimientos que muestran cómo la colonización fue un proceso netamente oriental, de los fenicios, desde su principio hasta la época romana.

Ahora nos conviene volver a los cartagineses, para estudiar los precedentes de su ensayo de conquista. Y seguidamente, para abordar un momento capital: el siglo III a. de C., en que por primera vez las tierras peninsulares constituyen unos territorios de luchas entre las grandes potencias del Mediterráneo occidental, romanos y cartagineses. Hasta entonces el país se había mantenido como territorio marginal a los grandes procesos de la dinámica histórica política, que se habían desarrollado en Oriente, al otro lado de nuestro mar.

En cambio en el siglo III será escenario de un gran conflicto mundial en el que se va a decidir el futuro de Occidente. Comenzado como un ensayo imperialista cartaginés, al final nos hallaremos, inopinadamente, dentro de la órbita de la latinidad que arraigará durante siglos, en los que se van a fijar las bases esenciales sobre las que se apoyará todo el resto del proceso histórico peninsular hasta nosotros.

¿Por qué se produjo un cambio radical de orientación de la política cartaginesa, en relación con la península ibérica hacia la mitad del siglo III? La mayoría de los autores lo relacionan con la pérdida de Sicilia. Durante años, a lo largo del siglo V, el esfuerzo militar de Cartago se dirigió a la conquista de Sicilia, partiendo de la zona que poseían, heredada de la vieja colonización fenicia, o sea el extremo oeste de la isla.

Pero los griegos siciliotas consiguieron mantener sus posiciones, y después de avatares diversos y de luchas sangrientas, el esfuerzo cartaginés resultó estéril. El territorio hispánico ofrecía un interés especial: se trata del área más rica en metales de todo el Mediterráneo y, además, desde hacía tiempo proporcionaba uno de los más numerosos lotes de mercenarios al ejército cartaginés.

A través de las ciudades fenicias Cartago controlaba la zona del Estrecho de Gibraltar desde hacía mucho tiempo. Pero era una organización mantenida sobre bases muy elásticas, dirigida al control de los intercambios, sin intentos anexionistas proyectados tierra adentro Antes del 250 referirse a un supuesto imperio cartaginés es una figura retórica.

Fue cuando los bárquidas dominaban la política cartaginesa cuando se produjo el cambio de directrices. No entraremos ahora en la discusión sobre la influencia que tuvieron los dirigentes de esta familia en las decisiones. Sea porque realmente fueran los bárquidas sus instigadores, sea porque no fueran sino representantes de una corriente que igualmente se hubiera manifestado sin su presencia, lo que nos importa es que fueron ellos los que la llevaron a cabo y que para la historia peninsular tuvo incalculable trascendencia.

Amílcar Barca

La conquista cartaginesa tomó Cádiz como cabeza de puente. Allí desembarcó en 237 Amílcar Barca. Desde el primer momento la penetración se basó en una doble política: la guerra o la captación de los jefes indígenas. En ambos casos la ventaja de los conquistadores era clara, la superioridad militar y el tener enfrente la disgregación de los grupos indígenas, formando unidades tribales pequeñas.

Aunque estos en algunos casos se procuraron mercenarios celtas, procedentes al parecer de los pueblos de la Meseta, la acción de Amílcar no resultó difícil y en cinco años se apoderó prácticamente de toda Andalucía: dirigiéndose posiblemente hacia la costa Este. En efecto, la mayoría de los comentaristas sitúan Heliké, la ciudad donde murió el caudillo púnico, en Elche.

Asdrúbal

La lucha fue continuada por su yerno Asdrúbal, que mandaba la flota -pues desde el principio se trató de una acción combinada, terrestre y marítima-. Entonces comienza a manifestarse la preocupación de los romanos.

Estos no solo estaban interesados en mantener la costa del Este bajo control comercial de sus aliados griegos, como siempre se ha venido repitiendo. Hay más: los hallazgos demuestran que por estas fechas la penetración comercial romana comenzaba a ser efectiva, pues las cerámicas fabricadas en Campania aparecen con frecuencia en el área ibérica.

La vajilla es un testimonio que ha perdurado. Pero debió de venderse junto con otros productos que nos resultan inasequibles porque no se han conservado. Roma, pues, en 226 envió legados recordando la existencia del tratado que fijaba la frontera entre las dos esferas de acción comercial en torno a la línea del Cabo de Palos. Pero el Senado romano no parece que estuviera dispuesto a enfrentarse con Cartago por el momento: se notifica a Asdrúbal que no se consentiría que pasara el Ebro, lo cual representa un repliegue romano, por lo menos momentáneo.

Entretanto Asdrúbal establecía una base naval en Cartagena, que se bautizó con el nombre de Cartago Nova, síntoma de los que se esperaba de la nueva fundación. El dominio de la región de Cartagena permitía que las famosas minas de plata allí existentes se explotaran a fondo. Con esta plata el Estado cartaginés organizó una serie de emisiones monetarias que cuentan entre las más extraordinarias de la numismática antigua de Occidente.

Aníbal

La plata de Cartagena fue el capital básico en la financiación de la aventura de Aníbal contra Roma. Este lo proyectó inmediatamente después de suceder a Asdrúbal en el mando de las fuerzas expedicionarias. Comenzó atacando a la ciudad ibérica de Sagunto, que aunque estuviera situada al sur del Ebro, y por tanto dentro de la zona de influencia cartaginesa, parece que por su alianza con Roma se consideraba que debía de ser respetada.

Retrato de Aníbal en el anverso de una moneda.

Retrato de Aníbal en el anverso de una moneda.

Aníbal aprovechó uno de los frecuentes casos de luchas tribales, en este caso saguntinos y turboletes. En el senado de Sagunto se impuso el partido pro-romano —pero también hubo partidarios de no ofrecer resistencia a los cartagineses.—

Liquidado el caso de Sagunto, Aníbal tuvo la vía libre para seguir hacia el Norte por el camino litoral e intentar dar a Roma el golpe de gracia. Antes, con una expedición previa por la Meseta, se había asegurado el flanco hispánico.

Una vez en Italia, la contraofensiva romana se dirigió hacia la Península: el desembarco del año 218 en Ampurias, aprovechando la buena amistad de la colonia griega, constituyó una magistral maniobra para cortar al ejército expedicionario cartaginés en Italia de sus bases hispánicas. La conquista de Cartagena, realizada audazmente poco después, el 209, puso en manos romanas la plata que había alimentado al ejército de Aníbal.

El nuevo objetivo fue Cádiz, donde había empezado la conquista cartaginesa. Después de una serie de hechos de armas, con varia fortuna, los romanos entraron en la vieja ciudad fenicia, que les abrió sus puertas, en el 205. Se había liquidado la aventura cartaginesa en España, y Roma, sin habérselo propuesto dominaba todo el litoral mediterráneo peninsular.

R.B.: TARRADELL, Miguel, Historia Social y Económica de España y América, Ed. Vicens-Vives, 1972, tomo I págs. 109-112.