Los Tartesos

La civilización tartésica
Delimitación tartésica
La sociedad tartésica

Delimitación tartésica

El primer resultado, y posiblemente el más destacado, de los cambios provocados por la colonización fenicia en la zona del Estrecho fue la aparición de la civilización tartésica. Tartessos ha sido uno de los mayores enigmas de la historia antigua peninsular. No solo por la sugestión del tema, sino porque durante años —mejor siglos— los investigadores se han visto perdidos y confusos.

Área aproximada de extensión e influencia de la civilización de Tartessos.

Área aproximada de extensión e influencia de la civilización de Tartessos.

El tema ha sido objeto de interés desde que en el Renacimiento se valoraron y estudiaron los textos griegos y latinos. En el s. XIX se olvidó durante un cierto tiempo. En el XX volvió a plantearse con gran ímpetu. Pero hasta hace muy poco se daba el curioso fenómeno de que los datos seguían siendo los mismos que en el Renacimiento.

Es decir, los hallazgos arqueológicos seguían inexistentes y no podían añadirse a la documentación ningún elemento procedente del campo del estudio de la cultura material. Claro está que, en parte por culpa de un error de enfoque. En la primera mitad del s. XX la obsesión fue buscar una gran ciudad llamada Tartessos, la hipotética capital de un país rico, que se imaginaba debía ser una ciudad al estilo de las clásicas o poco menos.

Las novedades recientes consisten en que por primera vez se ha planteado el problema arqueológico en forma correcta: tratar de reunir los elementos que pueden ser reconocidos como pertenecientes a la civilización tartésica, dada su área de difusión y su fecha. Los resultados no se han hecho esperar. Si bien por el momento el lote está constituido por una serie considerable de objetos dispersos, ya comienza a ser numeroso y sobre todo significativo.

Además se ha conseguido exhumar en parte un poblado que cabe considerar como tartésico, el de El Carambolo, en las inmediaciones de Sevilla, que dista mucho de tener el aspecto de la gran ciudad nacida en la fantasía de algunos eruditos. En cambio, entre los objetos, no son pocos los que reflejan la riqueza y el refinamiento que la tradición textual podía hacer suponer.

Original del Tesoro de El Carambolo.

Original del Tesoro de El Carambolo. El collar esta datado entre el siglo VI a V a. de C., y en torno a la primera mitad del siglo VII a. de C. el resto de las piezas.

¿En que consiste dicha tradición? Existen dos clases de textos, perfectamente delimitados. Por una parte una serie de citas en el Antiguo Testamento. Por otra, la herencia griega, ya directa, ya recogida en parte por los escritores latinos. Las citas bíblicas han sido muy discutidas. Se refieren a un país lejano, llamado Tarschich, de localización nunca precisada, al cual se llega por mar, en barcos grandes, o sea en los empleados para largas travesías.

Como las referencias están dispersas en diversos libros y no corresponden a un solo momento parece ser que en unos casos se trata de un país concreto, conocido, mientras que en otros la alusión se toma vagamente. No todos los investigadores han estado de acuerdo de identificarlo con el Tartessos que aparece en los textos griegos.

Desde el Mar Rojo, pasando por Túnez y por Cerdeña, el Tarschich bíblico ha tenido identificaciones diversas, si bien la mayoría se inclinan por la identidad con Tartessos, con el que encajan ciertos productos que se citan como provenientes de este lejano emporio: oro, plata, estaño, plomo.

Son, como acabamos de ver los propios del comercio fenicio, con los que los hebreos estaban en próximas relaciones. Otros productos resultan menos claros: marfil o monos, pavos reales, animales que ciertamente no existían en Andalucía, si bien podían cargarlos las naves en puertos africanos.

Las referencias griegas son más explícitas. Existe la narración de Herodoto de la aventura de un griego de Samos, Colaios, que ha fines del siglo VII fue llevado por una tempestad a las costas tartésicas, donde fue bien recibido y pudo aprovechar el percance para mercadear. Volvió a su país con un cargamento fabulosos de plata, 600 talentos, lo que le permitió emplear el diez por ciento de esa cantidad para hacer un espléndido presente como exvoto al santuario de Hera de su ciudad.

Hay, además, una serie de referencias al país de Tartessos, a menudo con indicación de sus yacimientos minerales, en especial plata y estaño. Otras describen características más o menos legendarias, de sus gentes. Y por fin hay un grupo que ya entra de lleno en la mitología, como una fase del grupo de mitos del extremo occidente, lo cual no implica que no sean un reflejo de datos objetivos de interés histórico: por ejemplo, los bueyes de Gerión, símbolo de la riqueza ganadera de Tartessos.

La situación del país queda delimitada en los textos con cierta vaguedad, salvo en que el Guadalquivir aparece como su eje. Comprende pues, la baja Andalucía hasta un límite inconcreto, seguramente también la región minera de Huelva y la del Estrecho de Gibraltar.

La sociedad tartésica

¿Como era la sociedad tartésica que nos pintan estas mismas fuentes? Además de la riqueza metalífera, se señala una agricultura y una ganadería florecientes.

El régimen político era la monarquía. Existía un mito sobre su origen, etnológicamente bien determinado: el clásico mito de formación de un pueblo o grupo cultural, el del héroe civilizador.

El rey Gargoris, el más antiguo, que había descubierto el arte de aprovechar la miel, tuvo una hija que estando soltera dio a luz a un niño. Gargoris lo hizo abandonar en el monte, pero los animales lo amamantaron hasta que después de varias vicisitudes, ya mayor, se halló de nuevo frente a Gargoris, que ante el carácter misterioso de su supervivencia lo nombró su heredero.

Este nuevo rey, Habis, enseñó a su pueblo el cultivo con bueyes y arado, y dictó las primeras leyes. Pero además organizó la forma en que sus súbditos tenían que trabajar y prohibió el trabajo a los nobles. Con este mito aparece el nacimiento de una civilización mucho más desarrollada de las que podemos hallar, en los mismos tiempos, en el resto de la Península. Organización monárquica, leyes, cultivo de arado, clases sociales muy bien delimitadas.

Todo ello encaja con otras noticias que no tienen ya el carácter legendario del mito de Gargoris y Habis. Se refiere a la existencia de reyes, algunos de nombre conocido, como Argantonio, y asimismo está atestiguado el uso de la escritura, sin que las noticias sean suficientes para poder asignar una fecha, ni aun aproximada, a su comienzo.

Esta sociedad tan estratificada debía basarse, además de los recursos agropecuarios, en un relativo estado avanzado de explotación, en la minería. Sin duda la salida que sus productos mineros hallaron a través del intercambio fenicio debió cambiar considerablemente las posibilidades anteriores, reducidas al consumo local y a una exportación limitada hacia las tierras del interior.

Asimismo la escritura no se explicaría sin la presencia de los colonos procedentes de un país que tenía tras sí un largo pasado de escritura alfabética. Todo ello nos muestra hasta que punto el fenómeno tartésico depende en buena parte del estímulo fenicio, mezclado con el sustrato propio.

No en vano a partir del tercer milenio a. de C., el mismo territorio aparece como uno de los puntos de mayor desarrollo cultural de la península. Y no deja de ser significativo que la primera monarquía fuerte, con la existencia de una clase social de nobles a quienes les estaba prohibido el trabajo por el rey fundador aparece en la misma zona, donde siglos antes hallamos los más grandes megalitos, índice asimismo de una sociedad ya fuertemente estratificada, mucho antes de que llegaran los fenicios a sus costas.

Desde hace tiempo —en torno a 1920— se habían ido descubriendo en la Andalucía occidental y Extremadura una serie de objetos de metalística y orfebrería que en principio fueron considerados como importaciones fenicias. Jarros y páteras de bronce (estas impropiamente llamadas braseros, y joyas de oro muy espectaculares, cuyos ejemplos máximos son los tesoros de Aliseda en la provincia de Cáceres y de El Carambolo en las afueras de Sevilla.

El análisis estilístico más minucioso a que han sido sometidos recientemente muestran que si bien los modelos son fenicios o chipriotas, la factura parece ser local, y los temas son tratados con variantes que no se corresponde con exactitud con los prototipos orientales.

Hoy la mayoría de los investigadores tienden a atribuir esta serie de producciones a talleres tartésicos. La facilidad de tener al alcance los metales, sumado a las posibilidades de aprender las técnicas empleadas por los colonos así como de obtener los modelos originariamente piezas importadas permitió la creación de una industria que tiene un neto carácter orientalizante.

Bronce tartésico conocido como Bronce Carriazo.

Bronce tartésico conocido como Bronce Carriazo, que representa a la diosa fenicia Astarté como diosa de las marismas y los esteros..

De forma que recuerda, en lo estilístico, el caso de las producciones etruscas, nacidas aproximadamente en la misma época que las tartésicas, y también como reflejo de estímulos llegados del Mediterráneo oriental. En Tartessos el estímulo griego cuenta, como es natural, mucho menos que en Etruria, si es que cuenta algo. Pero el proceso es similar.

El descubrimiento, por azar, del tesoro de El Carambolo provocó la excavación del lugar del hallazgo, que resultó ser un poblado. Corresponde sin duda a la época en que las fuentes refieren la existencia de la monarquía tartésica, siglos VII a V a. de C. Se trata de una colina en la cima de la cual se edificó un núcleo de habitación que duró mucho tiempo —varios siglos.—

La arquitectura y la urbanística es simple, como lógicamente podía esperarse, semejando a la de los poblados ibéricos que algo después florecen en la misma área y en todo el litoral mediterráneo. Los hallazgos más abundantes consisten en cerámica del tipo de barniz rojo, impuesta por los fenicios, y que posteriormente fue imitada por los indígenas.

Su situación encaja con las actividades agrícolas y ganaderas que mencionan los textos griegos, y asimismo con las facilidades de comunicación marítima que le presta el Guadalquivir transcurriendo a sus pies, facilidades que fueron posteriormente heredadas por Sevilla y que explican en parte su brillante destino como ciudad. En cambio este poblado no parece tener relación, por lo menos directa, con actividades relacionadas con la minería.

R.B.: TARRADELL, Miguel, Historia Social y Económica de España y América, Ed. Vicens-Vives, 1972, tomo I págs. 60-64.