Pedro Navarro

Biografía

Retrato de Pedro Navarro.
Retrato de Pedro Navarro.

Militar Uno de los más brillantes generales españoles de la época de los Reyes Católicos fue Pedro Navarro, natural de la villa de Garde, en el valle del Roncal, del reino de Navarra. De origen humilde, se elevó por su esfuerzo y su ingenio a los primeros rangos de la milicia.

No fue un caudillo magistral, como Fernández de Córdoba, pero por su arrojo y decisión, y sus conocimientos del arte militar, pudo llevar a sus ejércitos a la victoria en varias ocasiones. Inferior a otros generales de la época en el combate a campo abierto, fue único en el asedio de ciudades muradas y fortalezas, que debeló gracias a la aplicación en gran escala de las minas.

Dícese que inventó este aspecto de la ingeniería de guerra; en todo caso lo perfeccionó hasta tal punto que se hizo justamente célebre por su empleo. En 1487 le hallamos en Italia combatiendo al lado de los florentinos contra los genoveses.

Su juventud queda envuelta en la oscuridad, aunque es posible que naciera en 1460 en el seno de una familia campesina y que en su niñez se dedicara al cultivo de la tierra.

De como pasó a la península Itálica existen pocos informes; los único positivo es que entró al servicio del marqués de Cotrón, caballero del reino de Nápoles, antes de que acaecieran las luchas entre Florencia y Génova. Luego pasó con el marqués a Turquía, y, habiendo renunciado a servirle, navegó durante algunos años por el Mediterráneo, persiguiendo a los piratas, y, quizá, a los no piratas.

Herido en 1499, desembarcó en Italia y se puso a las órdenes del Gran Capitán, con el cual realizó varias fructuosas campañas; la captura de Cefalonia en 1500; la defensa de Canosa en 1502; y las tomas de los castillos Nuevo y del Huevo, en Nápoles, en 1503. Por sus notables hechos de armas, en particular por su inventiva en la voladura de murallas mediante minas, el Rey Católico le confirió el título de conde de Oliveto.

La desgracia de Gonzalo de Córdoba ante don Fernando coincidió con el auge de Pedro Navarro. En 1507, el rey se lo llevó a España, donde muy pronto tuvo ocasión de utilizarlo en la reducción del duque de Nájera. Pero sus mayores éxitos fueron en las campañas africanas. En 1508 tomó el peñón de Vélez de la Gomera, y en 1509, bajo el Cardenal Cisneros, conquistó por asalto la plaza de Orán.

Al año siguiente, revestido de plena autoridad por el monarca, prosiguió sus victorias con la rendición de Bujía, la sumisión de Argel, Túnez y Tremecen, y la expugnación de la ciudad de Trípoli (26 de julio), después de un breve pero sangriento combate. En cambio, fracasó un mes después en el intento de apoderarse de las Gelves. Puede decirse que en este momento se apaga la estrella de Navarro y se inicia su decadencia militar y política.

La fama que había logrado Pedro Navarro sufrió un rudo quebranto en la acción de Rávena (11-IV-1512), en la que, si bien luchó como jefe de la infantería aliada con su brío habitual, no pudo evitar la derrota de sus fuerzas ni el caer prisionero de los franceses. Conducido a Francia por el caballero de Labrit, quien le había hecho rehén, aceptó el cargo de general que le ofreció Francisco I, después de haber solicitado en vano su rescate a la corte española.

Su paso al bando enemigo le ha valido, por parte de los críticos, el calificativo de traidor, aunque esta palabra no sea apropiada a la ideología y costumbres de aquellos tiempos. Al servicio de Francisco I de Francia, Navarro luchó reiteradamente en Italia, tomado parte en la mayoría de las acciones que se libraron entre 1514 y 1527, como las de Marignano (1516) y Bicoca (1522).

Hecho prisionero en este año, cuando llevaba refuerzos a Génova, recobró la libertad en 1526, para volverla a perder al siguiente año en una de las primeras batallas de la Liga clementina. Encerrado en el castillo del Huevo, de Nápoles, murió en uno de sus calabozos en 1528, quizá de muerte violenta que decretó el príncipe de Orange, virrey de aquel territorio.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 211-212.

Gonzalo Fernández de Córdoba

Biografía

El Gran Capitán.
El Gran Capitán en Retratos de españoles ilustres (1791).

El Gran Capitán. Nunca hubo grandes soberanos que no estuvieran rodeados de excelentes servidores. Lo que en el aspecto religioso y político fue para los Reyes Católicos el cardenal Cisneros, lo representó en el aspecto militar Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Su figura no solo merece consideración como la del más destacado general de España en la guerras de Italia, sino como la del renovador del arte militar en Occidente.

Fue Gonzalo quien aunó el arte de los condottieri italianos del Cuatrocientos con la experiencia lograda por España en la Guerra de Granada, imprimiendo a esta fusión un sello personal e inconfundible, caracterizado por la disciplina y la instrucción de las tropas, la agilidad de maniobra, el aprovechamiento táctico del terreno y la vasta concepción estratégica de las batallas.

Además de gran general, Gonzalo Fernández de Córdoba reveló altas dotes de gobernante; fue hombre liberal y, aunque no muy culto, dadivoso con los artistas y literatos. El el aspecto político, sus méritos rayaron a menor altura, lo que le acarreó las suspicacias de don Fernando el Católico y su eclipse como jefe militar desde 1507.

Nacido en Montilla, el 11-IX-1453, hijo del ricohombre castellano don Pedro Fernández de Aguilar, Gonzalo era hermano menor de don Alonso de Aguilar, cuyo nombre tanto había de ilustrarse en las guerras granadinas. Educado desde su juventud en la caballería y en las armas, buscó muy pronto en el campo de batalla la fortuna que le negaba la ley del mayorazgo.

Durante las luchas entre Enrique IV y la nobleza, Gonzalo fue enviado por su hermano a seguir la suerte del príncipe don Alfonso. Muerto este en 1468, fue reclamado por la infanta Isabel, en cuya corte descolló por la elegancia de su porte, la sutilidad de su ingenio, su liberalidad y su trato ameno. Sus primeros hechos de armas corresponde a la guerra contra Alfonso V de Portugal, en cuyo conflicto peleó, al mando de una compañía a las órdenes de don Alonso de Cárdenas, gran maestre de Santiago.

No obstante su fama de caudillo la ganó en la guerra contra los nazaríes de Granada, en la intervino desde los momentos iniciales. Se distinguió en la toma de Loja y de Illora (1486), de la última de cuyas plazas fue nombrado alcaide. Debido a su conocimiento del árabe, se le encomendó la delicada misión de fomentar las rencillas granadinas entre el Zagal y Boadbil. Contribuyó en el ataque contra Granada desde 1490. En trance de rendirse la plaza, fue elegido por los Reyes Católicos para ajustar los términos de la capitulación de Boabdil (diciembre de 1941).

Sus muchos méritos y el favor de que gozaba, le valieron la designación para la jefatura de las tropas españolas que habían de pasar a Italia para combatir a los franceses, según los términos de la Liga Santa. Gonzalo desembarcó en Sicilia el 24-V-1495, y poco después pasaba al continente para luchar contra d´Aubigny en Calabria. Las operaciones militares fueron de éxito vario.

Llamado luego a las cercanías de Nápoles por Fernando II, logró expugnar la plaza de Atella (21-VII-1496), donde se había hecho fuerte el duque de Montpensier. En este hecho de armas consolidó el título de Gran Capitán, que se le había dado como general en jefe de las tropas coaligadas. Poco después reducía la resistencia de d´Aubigny en Calabria. La fama que logró don Gonzalo en Italia fue tal, que a poco que el papa Alejandro VI requirió sus servicios para arrancar Ostia de manos de los franceses.

El esforzado general resolvió la suerte de la ciudad en ocho días, y rescatada Ostia fue aclamado en Roma como libertador. Después regresó a Nápoles, donde el nuevo rey don Fadrique le otorgó el título de duque de Santángelo; pacificó Sicilia que andaba algo revuelta contra el virrey Juan de Lanuza, y, por último, habiéndose firmado la paz entre Francia y España, se embarcó para la península (1498), a la que volvía cargado de laureles.

En mayo de 1500, partió nuevamente a Sicilia con el aparente propósito de hacer frente a los turcos, pero con el real empeño de apoderarse del reino de Nápoles, cuya partición con Francia preveía Fernando el Católico.

Durante su estancia en España, el Gran Capitán había intervenido en la guerra provocada por la sublevación de los moros granadinos, apoderándose de la plaza de Guéjar (Las Alpujarras), en febrero de 1500. Ya en Sicilia, Gonzalo ayudó a los venecianos a recobrar Cefalonia. Mientras tanto, en Granada, Francia y España firmaban el tratado de partición de Nápoles (noviembre).

En cumplimiento de las órdenes recibidas de su rey, el Gran Capitán pasó a Italia, sometió a su poder Calabria y Apulia, y se adueñó de Tarento después de un porfiado sitio. (1-V-1502).

La conquista de Nápoles por franceses y españoles abría ancho campo a sus rivalidades. La guerra no tardó en estallar. Gonzalo Fernández de Córdoba, que estaba en inferioridad numérica ante le duque de Nemours, se retiró a Barleta, donde ofreció enérgica resistencia al ejército sitiador. Después de recibir refuerzos, se lanzó a una atrevida ofensiva coronada por el mayor de los éxitos en la batalla de Ceriñola (28-IV-1503). Esta victoria proporcionó a España el reino de Nápoles, ya que, prosiguiendo la campaña, Gonzalo se apoderó de la capital.

El 27-XII-1503 consolidaba esta conquista venciendo a un poderoso ejército francés de socorro en el Garellano. El 1 de enero tomaba posesión de Gaeta, importante plaza fuerte que se rendía ante el magno triunfador del Garellano. Después de su fulgurante ofensiva, el gran capitán se decidió a reorganizar el estado napolitano. En el gobierno se mostró prudente, activo y justo; pero en la mercedes fue exceso liberal y dadivoso. Esta conducta suscitó los recelos de Rey Católico, que se pusieron de manifiesto una vez muerta la reina Isabel (1504).

El monarca ofreció a Gonzalo Fernández de Córdoba el maestrazgo de Santiago para que regresara a España, pero al rehusarlo este, se acrecentaron aún más sus sospechas de que había entrado en tratos con sus enemigos. Realmente no era así, pero había alcanzado cimas demasiado altas para que no inquietaran a la monarquía. En junio de 1507 acompañó a don Fernando, que volvía a Castilla, honrado con los títulos de duque de Terranova, marqués de Santángelo y de Bitonto y condestable de Nápoles.

Pero su hora histórica ya había pasado. En efecto, el Rey Católico dio pronto pruebas demostrativas de que el conquistador de Nápoles no gozaba de su favor. Hasta tal extremo se sintió disgustado el Gran Capitán, que solicitó permiso al monarca para retirarse a Loja, autorización que le fue concedida junto con el dominio vitalicio de la ciudad.

En aquel agujero de las Alpujarras vivió durante el resto de su vida, en compañía del conde Tendilla y de gran parte de la nobleza andaluza. No se le llamó para la empresa de África, ni para las de Italia o la de Navarra, aunque hubo un instante en que, a raíz del desastre de Rávena (1512), el rey pareció cambiar de criterio.

Profundamente herido por tal conducta, empezó a relacionarse con los bandos opuestos al Rey Católico, cuyos hilos manejaba Maximiliano de Austria. La muerte le salvó de caer en la deshonra. Aquejado por unas cuartanas en Loja, se trasladó a Granada para restablecerse. Pero aquí murió el 2-XII-1515, precediendo pocos días en la sepultura a don Fernando, a quien tanto había servido y de quien se creía tan mal recompensado.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 210-211.

Anne de Montmorency

Biografía

Anne de Montmorency, en 1530 por Jean Clouet.
Anne de Montmorency, en 1530 por Jean Clouet.

Los hechos del condestable Anne de Montmorency abarcan las páginas de la historia de cuatro reinados de Francia :Luis XII, Francisco I, Enrique II y Carlos IX. Ejerció grandísima influencia en la política y en las guerras de la monarquía francesa, pese a lo cual ni fue un gran general ni un hábil diplomático.

Aunque no careció de ciertas facultades, debió su fortuna política a la rancia nobleza de su estirpe y a sus fabulosas riquezas. Montmorency, el hombre de San Quintín, postuló durante su vida una actuación pacífica en el exterior y la lucha a fondo contra la reforma protestante en el interior de Francia. Estas dos características sitúan plenamente su personalidad en el cuadro de la historia francesa del siglo XVI.

Hijo de Guillermo, barón de Montmorency, Anne (Ana) nació en Chantilly el 12-XI-1493. Recibió su nombre femenino de su madrina, Ana de Bretaña, esposa de Luis de Orleans y futura reina de Francia. Educado muy sumariamente, participó en las guerras de Italia a los diecinueve años de edad. Se distinguió en la batalla de Rávena (1512), y luego, en la de Marignano (1515).

Su nombre empezó a adquirir cierta ascendencia durante los primeros años del gobierno de Francisco I, de cuya madre, Luisa de Saboya, su padre Guillermo era caballero de honor. Con Bayardo se distinguió en la defensa de Mezières (1521). Después de la jornada de la Bicoca (1522), fue nombrado mariscal de Francia.

Hecho prisionero en la batalla de Pavía (1525), recobró muy pronto la libertad e intervino en la negociación del tratado de Madrid (1526), que condujo a término sin preocuparse de sus humillantes cláusulas. Francisco I le distinguió, a su regreso a Francia, con el cargo de lugarteniente general del Languedoc y de grand-maitre de la casa real, lo que le hizo participar en muchos asuntos del Estado.

Montmorency indujo a Francisco I a la Liga de Cognac; fue el responsable de la defección de Andrea Doria y del fracaso de la intervención armada en Nápoles. A pesar de estos reveses y de la paz poco favorable de Cambrai (1529), Anne continuó gozando del favor de Francisco I. En 1531, a la muerte de su padre Guillermo, se convirtió en el señor más poderoso de Francia.

Después de un período de desgracia política, Montmorency volvió a ser favorecido por la fortuna con motivo de la tercera guerra entre Francisco I y Carlos V. Derrotó a los españoles ante Narbona (1536) y reconquistó el Piamonte (1537), hecho que le valió la espada de condestable de Francia en 1538. Pese a estos éxitos bélicos, Montmorency sostuvo desde entonces la política de colaboración con Carlos V. El fracaso de las negociaciones de 1541 con el emperador a propósito del ducado de Milán, le acarrearon su desgracia definitiva ante Francisco I.

Retirado en sus posesiones de Chantilly, el condestable se aplicó desde entonces a granjearse el favor de Enrique II. Cuando este ciñó la corona (1547), Montmorency fue reintegrado al poder. Reprimió brutalmente la revuelta de Burdeos en 1548. Tres años después, Enrique II le concedía la dignidad de par de Francia y el título de duque de Montmorency. En este momento, su poder llegó al grado máximo, no obstante la oposición de los Guisas.

Ocupó Metz en 1552. Una serie de reveses militares, que culminaron en la derrota de San Quintín (10-VIII-1557), demostraron su real impericia como supremo general de los ejércitos de Francia. La muerte de Enrique II en 1559 completó el rápido declive de su prestigio. Apartado de la corte, intervino en las primeras luchas de religión. Con el Francisco de Lorena y el mariscal de Saint-André, formó el triunvirato católico para oponerse a los calvinistas (1561). Conquistó Ruán en este año, y al siguiente fue batido y hecho prisionero en la batalla de Dreux (1562).

Como jefe exclusivo del partido católico, dirigió las negociaciones que condujeron a la paz de Amboise (1563). Cuando se inició la segunda guerra de religión, defendió París contra los hugonotes; pero fue derrotado y herido mortalmente en la batalla de San Denís, Falleció dos días después, el 12-XI-1567.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 241-242.

Sancho Dávila

Biografía

Retrato anónimo de Sancho Dávila.
Retrato anónimo de Sancho Dávila.

Uno de los generales españoles de la época de Felipe II, que llevaron tantas veces a la victoria a los tercios en Flandes y Portugal, fue Sancho Dávila, castellano de Pavía y de Amberes, capitán general y almirante de la Real Armada en Flandes y de la costa del reino de Granada en España.

Hijo de Antón Blázquez Dávila y de Ana Daza, Sancho nació en Ávila el 21-IX-1523. En sus primeros años siguió la carrera de las letras. Ordenado de menores, pasó a Roma; pero no hallando satisfacción en sus progresos literarios, se alistó en una de las compañías que el emperador Carlos V reclutaba para la campaña de Alemania.

Se distinguió sobremanera en la acción de Mühlberg (23 -IV-1547), al vadear con un puñado de valientes el río Elba. A esta proeza siguieron muchas otras, en particular las realizadas en la toma de la ciudad de África situada en las proximidades de Túnez, uno de los reductos del corsario Dragut (1550).

Más tarde participó en las campañas del Duque de Alba en Italia contra Paulo IV y el Duque de Guisa (1556-1557), y en la desafortunada expedición a las islas Gelves (1560), en la que, como tantos otros soldados españoles, cayó prisionero de los turcos. Habiendo logrado evadirse, Felipe II recompensó sus servicios nombrándole capitán de infantería (15-VII-1561), y poco después castellano de Pavía.

En 1567, cuando el duque de Alba pasó a Flandes, se llevó consigo a Dávila como capitán de su guardia. Fue en esta calidad que le correspondió la misión de arrestar al conde de Egmont. En el campo de batalla, dirigió las operaciones que terminaron en la victoria del Mosa (1568) y se ilustró en la acción de Groninga (1568).

Pero su mayor fama histórica deriva del levantamiento del cerco de Middelburgo, en cuya batalla demostró tanta pericia y valor que desde entonces fue conocido como el rayo de la guerra (1572). Dos años más tarde infligía a Luis de Nassau la severa derrota de Mons (14 de abril). En los azarosos días que siguieron a la muerte de Requesens, tomó al asalto la ciudad de Amberes (4-XI-1576), sin que pudiera evitar los desmanes ulteriores de la soldadesca.

Después de la Pacificación de Gante, regresó a España. Felipe II le creó capitán general de la costa de Granada el 7-XI-1578, al objeto de preparar una expedición contra los berberiscos. Sin embargo, sus servicios fueron utilizados en la campaña de Portugal de 1578, en la que actuó como maestrecampo del duque de Alba. Se distinguió en las conquistas de Lisboa y Oporto (1580). Después de la muerte del duque, quedó adscrito a las órdenes del virrey duque de Gandía. Murió en Lisboa, a consecuencia de una coz de caballo que recibió en el muslo, el 8-VI-1583.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 12.

Álvaro de Bazán

Biografía

Álvaro de Bazán, capitán general de la Armada de la Mar Océana (desde 1526 hasta 1588) por Rafael Tegeo Díaz, 1.828.
Álvaro de Bazán, capitán general de la Armada de la Mar Océana (desde 1526 hasta 1588) por Rafael Tegeo Díaz, 1.828.

Entre los grandes almirantes de que puede enorgullecerse la historia de España, pocos rivalizan con don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz de Marcenado, cuya cabeza fue coronada por los laureles de la fama en su tiempo y en los posteriores.

Figura representativa de los destinos de España en el mar en la época de su hegemonía sobre las tierras y los océanos, Santa Cruz tremoló el estandarte de Felipe II en el Mediterráneo y en el Atlántico en una sucesión de empresas victoriosas, que culminaron en las acciones navales de Lepanto y las islas Terceras y en la preparación del plan de la Armada Invencible. Su personalidad es tanto más representativa cuanto la Providencia quiso que su muerte coincidiera con el fracaso de la expedición que él patrocinó, en el umbral de la decadencia marítima de España.

Nacido en Granada el 12-XII-1526, de Álvaro de Bazán y Ana de Guzmán, fue educado por su padre en la escuela de la milicia. A los diecisiete años figuró, a su lado, en el combate naval que sostuvo la flota de Carlos V contra la de Francisco I de Francia en las costas de Galicia (25-VII-1544).

Meses después, nombrado general de las galeras de España en la guarda de sus costas, emprendió una serie de brillantes acciones contra los corsarios que intentaban impedir el tráfico con las Indias y contra sus refugios en el litoral marroquí; desbarató a una flota inglesa que transportaba armas para los moros y aniquiló los buques corsarios de varia procedencia en las acciones de cabo Aguer y río de Tetuán.

Sus destacados servicios en estos y otros hechos de armas motivaron que en 1568 fuera nombrado por Felipe II general de las galeras de Nápoles, cuyas costas estaban infestadas por los piratas berberiscos. Les ahuyentó de aquellas aguas en el curso de varias activas campañas, y, de regreso, a España, aseguró el litoral peninsular en el momento de la, sublevación de los moriscos de las Alpujarras.

Poco después, mandaba la escuadra de reserva de la flota cristiana en la celebrada batalla de Lepanto (1571), en la cual se acreditó de jefe expertísimo, pues no en vano a él pudo atribuirse gran parte los laureles cosechados por las armas aliadas.

Recibido en Nápoles como un triunfador, reanudó su actividades al año siguiente, distinguiéndose en varios combates aislados contra los turcos. En 1573 figuró en la empresa de la reconquista de Túnez por Juan de Austria, en cuya acción acaudilló la tropa de desembarco.

A continuación se apoderó de la isla de Querquenes. Tantos y tan notables méritos le hicieron acreedor de las recompensas de Felipe II, el cual le consideró como el mejor de sus hombres de mar.

Cuando se planteó el problema de la sucesión de Portugal, Santa Cruz mandó la escuadra que en el estuario del Tajo deshizo la flota del prior de Crato (1580) y cerca de la Terceras derrotó de modo brillante a las naves francesas del mariscal Felipe Strozzi, las cuales acudía a socorrer a los rebeldes refugiados en las mismas (26-VII-1582).

Ante el problema de los agresiones de los corsarios ingleses a las flotas y ciudades coloniales españolas, Bazán no vaciló en proponer a Felipe II la conquista de Inglaterra. El monarca español fue dilatando la respuesta hasta que las relaciones con la monarquía de los Tudor la hizo inevitable y afirmativa.

El marqués de Santa Cruz se encargó de aprestar los preparativos y del mando de la expedición. Pero no pudo ostentarlo, pues la muerte le sorprendió en Lisboa, el 9-II-1588, antes de que pudiera inmortalizar su nombre dirigiendo la mayor empresa que registran los siglos.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 11-12.

Manuel Filiberto de Saboya

Biografía

Manuel Filiberto de Saboya, pintando por Juan Pantoja de la Cruz.
Manuel Filiberto de Saboya, pintando por Juan Pantoja de la Cruz.

Por muchos conceptos Manuel Filiberto de Saboya merece ser tenido como uno de los personajes más destacados del s. XVI. No solo fue un gran general, entre cuyos notables hechos de armas cabe contar la rutilante victoria de San Quintín, sino también el restaurador del ducado de Saboya y fundador, al mismo tiempo, de su vida como estado moderno.

De una energía y una clarividencia demostradas, tanto en el campo de batalla como en el gobierno de sus posesiones, este duque es, sin disputa, uno de los mayores representantes históricos de la dinastía sabauda —casta de guerreros y estadistas.—

Nacido en Chambery el 8-VII-1528 del duque Carlos II y Beatriz de Portugal, fue destinado al sacerdocio por su calidad de segundón de la familia. Pero a los siete años, de edad, la muerte de su hermano Luis le dejó la primogenitura del ducado, muy pronto reducido a una insignificante porción de territorio desde que, a raíz de la guerras entre Carlos V y Francisco I, este se apoderó del mismo y se mantuvo en su posesión por la tregua de Niza de 1538. Este hecho inclinó la política sabauda del lado del emperador.

Prometido esposo de Magdalena de Austria, sobrina de Carlos V (1541), Manuel Filiberto se unió a la corte imperial en 1545. Tomó parte activa en la guerra de la los esmalcalda (1546), en algunas de cuyas acciones se destacó por su decisión y arrojo. En 1553 acompañó al príncipe de Asturias, don Felipe, a España.

Al año siguiente figuraba en el ejército que puso sitio a Metz y el 27-VI-1553 se le nombraba lugarteniente real en Flandes y capitán general del ejército imperial en aquella región. En el transcurso del mismo año, la muerte de Carlos II le hacía duque de Saboya (17 de agosto). A pesar de los servicios prestados a la causa del césar Carlos V, la tregua de Vaucelles (1556) estipulaba la retención de su ducado en manos de los franceses.

El (16-I-1556) Felipe II le había confiado el gobierno de los Países Bajos. Reanudada la lucha contra Francia, Manuel Filiberto obtuvo en el campo de batalla de San Quintín uno de los éxitos militares más famosos de la historia al derrotar al ejército francés del condestable Montmorency (10-VIII-1557), que acudía en socorro de aquella plaza, donde el almirante Coligny luchaba contra los sitiadores hispánicos.

Después de esta victoria y de otras logradas por sus subordinados, la paz de Cateau Cambresis estipuló la devolución del ducado de Saboya a su legítimo soberano (1559), aunque este se vio obligado a firmar un tratado de alianza con España, a contraer matrimonio con la infanta Margarita de Francia y a consentir que los franceses y los españoles retuvieran en su poder varias plazas y ciudades importantes.

Manuel Filiberto no consiguió la liberación total de su territorio hasta 1575, aunque en 1562 los franceses, al evacuar Turín y algunas plazas fuertes del Piamonte, le devolvieran una región substancial de sus estados.

Administrador sagaz, Manuel Filiberto estableció el absolutismo en Saboya y Piamonte, reformó el ejército, modificó la administración, favoreció la economía, quebrantó el poder de los nobles y protegió la cultura con la creación de varios centros de enseñanza, como la universidad de Mondovi, que luego fue transferida a Turín (1566).

En política exterior, al objeto de mantener cierta libertad de acción entre Francia y España, concertó varias alianzas con los cantones suizos, Intervino en las rivalidades internas de Monferrato, apoyando a los revoltosos contra el duque Carlos Gonzaga. Murió, habiendo cumplido su misión histórica, el 30-VIII-1580 en Turín. Los cronistas posteriores le designaron con el sobrenombre de Cabeza de Hierro.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 10.

Marco Antonio Colonna

Biografía

Almirante Marcantonio II Colonna. Pintura en la Galleria Colonna, Roma.
Almirante Marcantonio II Colonna. Pintura en la Galleria Colonna, Roma.

Entre los ilustres varones con que la casa Colonna ha contribuido a ensalzar las páginas de la historia de Italia y de Roma, ninguno más universal en sus hechos de armas que Marco Antonio Colonna, brillante capitán en Lepanto y destacado elemento diplomático en la Italia del siglo XVI.

Hijo de Ascanio Colonna y de Juana de Aragón, Marco Antonio nació en Civita Lavinia el 25-II-1535. A los dieciocho años de edad tomó parte, en las filas del ejército español, en la guerra de Siena (1554-1555), aprovechándose de las discrepancias entre Carlos V y Julio III para ocupar varias fortalezas que habían sido confiscadas a su padre.

Cuando ascendió al al solio pontificio el papa Paulo IV, Colonna se adhirió a la nobleza romana que hizo causa contra él al lado de España. Paulo IV le excomulgó (1556), lo que no fue óbice para que Colonna fuera nombrado capitán general del ejército español por el Duque de Alba y dirigiera varias acometidas contra Roma.

En la tregua de Cave, Paulo IV obtuvo que se excluyera de la paz a Marco Antonio (1557); pero este recobró las posesiones perdidas en la lucha al firmarse el tratado de Cateau Cambresis (1559). En 1569 Pío V le erigió en duque y príncipe de Paliano.

Al servicio de España, Colonna figuró en varias empresas contra los berberiscos, en particular en la campaña de Argel de 1565. Al concertarse la gran alianza contra los turcos, el Papado le nombró capitán general de sus galeras (1570). Al año siguiente, como lugarteniente de don Juan de Austria, contribuyó a la preparación de la armada que había de obtener el señalado éxito naval de Lepanto. En esta acción (7-X-1571) se distinguió sobremanera en los ataques al grupo principal de la flota adversaria. Roma le recibió en triunfo al regresar a sus lares.

Frustrados sus propósitos de proseguir la empresa contra los turcos, recibió de Felipe II el virreinato de Sicilia, cargo que desempeñó durante siete años (1577-1584) con gran energía, prudencia y tacto político. Llamado a España, murió en Medinaceli el 1-VIII-1584R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 12.

Alejandro Farnesio

Biografía

Alejandro Farnesio.
Alejandro Farnesio por Otto van Veen en (1585)

Hijo de Octavio Farnesio, primer duque de Parma y de Margarita de Parma (hija natural de Carlos I), y reuniendo por lo tanto, la ascendencia de Paulo III a la del emperador. Alejandro nació en Roma el 27 de Agosto de 1545. Desde sus primeros años se inclinó por la política española, la cual había alcanzado su auge en Europa a raíz de la paz de Cateau-Cambrésis de 1559.

Estimulada esta inclinación por su madre, Alejandro estableció su residencia en Madrid, frecuentando la corte de Felipe II. Años más tarde, celebró su matrimonio con María de Portugal en Bruselas (1565), en un momento en que los ánimos estaban ya tendidos y se auguraba una próxima y terrible convulsión política y social. Habiendo resignado su madre en 1566 el gobierno de los Países Bajos, Alejandro Farnesio regresó a Italia, donde procuró la recta administración de sus estados.

En 1571 tomo parte activa en la batalla de Lepanto, aunque su papel en esta acción fue secundario. Cuando en 1577 la situación de los Países Bajos llegó a ser muy crítica y don Juan de Austria -aislado en Namur- reclamó el regreso de los Tercios españoles, el mando de estos fue concedido por Felipe II al duque Alejandro. Su presencia en aquel foco de conflictos fue sumamente beneficiosa para la causa de España.

En 1578 ganaba la batalla de Gembloux, y con ella la posibilidad de rescatar el Brabante, en poder de los insurrectos y amenazado por Guillermo I de Orange el Taciturno y Francisco de Alenzón. La inesperada muerte de don Juan de Austria dio a Alejandro la posibilidad de desarrollar plenamente sus grandes aptitudes.

Nombrado gobernador de los Países Bajos (1-X-1578), el duque de Parma aprovechó las disensiones de los confederados de Gante —raciales, religiosas y políticas— para atraerse a su causa a la nobleza valona del sur, católica, francesa y tradicionalista. La unión de Arrás de 1579 fue el fruto inmediato de su habilidad diplomática. Por la subsiguiente paz de Arrás, Farnesio, a cambio del reconocimiento de la autoridad real, se comprometió a respetar las antiguas libertades valonas.

Desde este momento, se abría un foso inabordable entre las provincias del sur y las del norte, foso que Alejandro de Farnesio iba a utilizar para dar un golpe de muerte al movimiento secesionista de Taciturno. Reorganizado el ejército español y consolidada la situación política en el reducto valón, Alejandro Farnesio emprendió la reconquista sistemática de Flandes y el Brabante.

Entre 1580 y 1585 cayeron en su poder Maestricht, Tournai, Gante Brujas y Amberes. La toma de esta plaza —considerada inexpugnable— fue un duro golpe para los holandeses, que acababan de perder a Guillermo de Orange (1584). Cuando Alejandro confiaba poner fin a la sublevación en el norte, la política de Felipe II le obligó a alejarse de su objetivo supremo. En 1587 recibió el encargo de preparar el ejército que había de desembarcar en Inglaterra la Armada Invencible.

El fracaso de esta flota (1588) inutilizó, al mismo tiempo, los proyectos del duque de Parma sobre Holanda. A mayor abundamiento, tuvo que intervenir en la lucha entre la Liga Católica y Enrique IV de Francia. En Ligny (1590) primero, y en Ruan (1591) después, Alejandro burló al gran rey francés e hizo ilusorias las esperanzas de este de tomar París al asalto.

Herido en Cau de Bec, agotado por la fatiga y la trepidante actividad, el duque de Parma moría en San Waast el 3-XII-1592, coronado por la fama de sus grandes proezas.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 12-13.

Juan de Austria

Biografía

Juan de Austria por Sánchez Coello.
Retrato de Juan de Austria por Sánchez Coello

Nacido en Ratisbona el 24-II-1545, fruto de los amores del césar Carlos V con Bárbara de Blomberg, hija de uno de los comerciantes más acaudalados de la ciudad, Juan fue trasladado a España donde creció discretamente con el nombre de Jerónimo en Leganés, lugar cercano a Madrid. Más tarde fue confiado a la custodia de doña Magdalena de Ulloa, esposa de don Luis de Quijada, y residió durante algún tiempo en su casa de Villagarcía, próxima a Valladolid (1554).

Reconocido hijo natural de Carlos V, Felipe II le reconoció también como hermano en septiembre de 1559 y le admitió en la corte. Inicialmente, se quiso dar a su carrera una orientación religiosa. Pero don Juan demostró mucha más afición al ejercicio de las armas que al servicio divino. Felipe II, tan conocedor de los hombres que le rodeaban, no desaprovechó sus cualidades.

En 1568, como capitán general de la flota española en el Mediterráneo, combatió con éxito contra los corsarios argelinos entre Orán, Argel y Mazalquivir. Al año siguiente, con motivo de la insurrección de los moriscos en Granada, que duraba desde 1566, Felipe II le confirió la dirección de la guerra, debidamente asesorado por un consejo de eminentes varones.

Don Juan se trasladó a Granada, y ora por la mediación, ora por la fuerza, logró reducir a los moriscos de Abén Humeya y Aben Abóo. Se distinguió personalmente al mando de las tropas en las acciones de Güejar (1569) y del fuerte de la Galera (1570).

Terminada esta empresa regresó a Madrid, donde le esperaba el nombramiento de general en jefe de la flota de la Santa Alianza, concertada por España, Venecia y el Papado el 20-V-1571. Don Juan salió de la capital el 6 de julio y por Barcelona pasó a Sicilia y a Nápoles, en cuya ciudad recibió el estandarte de la Liga. Aprestada la armada en Messina, salió en busca del adversario a fines de septiembre, y el 7 de octubre siguiente le derrotó plenamente en aguas de Lepanto.

En esta famosa batalla el nombre de Juan de Austria brilló a gran altura, a pesar de los méritos excepcionales de los marinos que le rodeaban, como don Álvaro de Bazán y Juan Andrea Doria. Después del glorioso triunfo, don Juan quiso proseguir la campaña hasta la sumisión de Turquía, pero el consejo aliado se opuso a tan enérgico como prudente consejo. Al año siguiente continuaron las operaciones aunque sin hallar la esperada decisión a causa de las discrepancias entre España y Venecia.

Don Juan intentó convencer a su hermano de que intentara una expedición contra Túnez, y habiendo obtenido la autorización necesaria, conquistó la plaza en octubre de 1573. Sin embargo, al año siguiente los turcos se apoderaban nuevamente de la ciudad y del fuerte de la Goleta. De esta manera se desvanecieron sus proyectos de fundar un reino en Túnez, como antes se habían disipado sus esperanzas de sentarse en el trono restaurado del Imperio Bizantino.

En mayo de 1576, hallándose en Génova, recibió de su hermano el nombramiento de Gobernador de los Países Bajos para sustituir a don Luis de Requeséns, muerto poco antes. Don Juan pasó a España, donde expuso a Felipe II sus proyectos de casarse con María Estuardo o establecer un reino en Irlanda. El monarca español no hizo caso de tales quimeras y le urgió que se trasladara a los Países Bajos, pues la situación en ellos era gravísima.

Llegado a Flandes, el príncipe dio muestras de bastante habilidad. Para reducir la oposición de los Estados Generales, accedió a publicar el Edicto Perpetuo de 1577, garantizando las cláusulas de la Pacificación de Gante. Pero este paso dio nuevos alientos a los rebeldes, quienes aclamaron al príncipe Guillermo de Orange.

Siendo este el verdadero señor de Bruselas, Juan se refugió en Namur, desde donde reclamó ayuda a los Tercios españoles. Estos, acaudillados por Alejandro Farnesio triunfaron en Gembloux (3-II-1578). Cuando podía esperar recoger los frutos de esta victoria, murió víctima de rápidas fiebres el 1-X-1578, a los treinta y tres años de edad, en Bourgues, cerca de Namur.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 9-10.

Juan Tserclaes

Biografía

El Conde de Tilly, por Van Dyck.
El Conde de Tilly, por Van Dyck

Este eminente general del Imperio durante la guerra de los Treinta Años, distinguido por las victorias de alcanzó sobre los protestantes de Bohemia, Alemania y Dinamarca, nació en el castillo de Tilly, en el Brabante, un día incierto de mes de febrero de 1559. Sus padres lo destinaron al sacerdocio. Pero el muchacho, pese a su sólida formación religiosa, recibida de los padre de la Compañía de Jesús, prefirió la carrera de las armas.

En 1574, a los quince años de edad, se alistó como voluntario en los tercios españoles. Sirvió en varias campañas, alcanzando el mando de una compañía. Pero la suerte no le fue favorable, de modo que participó en el sitio de Amberes por Alejandro Farnesio (1585) como simple piquero. Sin embargo, logró destacar tanto en esta acción, que el duque de Lorena le ofreció una capitanía en sus fortalezas de Dun y Vilafranche, que Tilly ejerció de 1590 a 1594.

Enrique IV de Francia quiso darle un lugar en su ejército. Pero Tilly prefirió entrar al servicio de los Habsburgos de Austria. Combatió valerosamente contra los turcos en Hungría entre 1600 y 1610, obteniendo el rango de general en 1604 y de mariscal en I605.

En 1610 el conde de Tilly pasó al servicio del duque Maximiliano de Baviera como jefe de la Liga católica. Organizó sabiamente este ejército, de modo que al estallar la guerra de los Treinta Años fue el instrumento militar más poderoso de Alemania.

Así se demostró en la victoria de la Montaña Blanca (8-XI-1620); en la conquista del Palatinado en 1622 después de las batallas de Wimpfen (6 de mayo) y Höchst (20 de junio), que le valieron el título de conde; y en la derrota de las tropas danesas en la acción de Barenberg, cerca de Lutter (27-VIII-1626).

Nombrado jefe del ejército imperial después de la destitución de Wallenstein en 1627, Tilly dirigió el asalto a Magdeburgo, que tomó el 20-V-163I. No pudo evitar el saqueo e incendio de esta ciudad, hechos que mancharon su nombre. En el transcurso del mismo año fue derrotado por Gustavo Adolfo en Breitenfeld (17 de septiembre), en cuya batalla, a pesar de defenderse heroicamente, no logró superar la nueva ciencia militar que representaba el monarca sueco.

Herido mortalmente en el combate trabado para evitar el paso del Lech por Gustavo Adolfo (15-IV-1632), Tilly expiró en Ingolstadt el 3o del mismo mes.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 59.

Ambrosio Spínola

Biografía

Ambrosio Spínola, por Rubens.
Ambrosio Spínola, por Rubens.

Génova, que tantos generales habla proporcionado a la Historia durante los siglos XV y XVI se ilustró una vez más en uno de sus hijos más esclarecidos: Ambrosio Spínola, un excelente soldado, general en jefe del ejército español en los Países Bajos durante el primer cuarto del siglo XVII. En una época en que la guerra en aquel territorio se caracterizaba más por la toma de plazas fuertes que por las victorias en batalla campal, Ambrosio Spínola cosechó abundantes laureles como debelador de fortalezas.

Su nombre ha quedado inmortalizado por las conquistas de Ostende y Breda. Esta última dio oportunidad al pincel de Velázquez para que elaborara una de sus mejores obras, en la que personifica, en Spínola, la figura valiente y cortés del general español de principios del siglo XVII.

Hijo, como dejamos apuntado, de la ciudad de Génova, en donde nació en 1569, Spínola pertenecía a una de las más rancias y acaudaladas familias de la población, conspicua rival de la de los Dorias.

La competencia con esta casa, que por cierto no fue fructuosa, decidió a los hermanos Federico y Ambrosio a ponerse al servicio de España en Flandes. En 1602 partió de Milán con un ejército de 9.000 lanzas, costeado a sus expensas, y se dirigió, por Suiza y el Franco Condado, a Gante, donde se puso a la disposición del archiduque Alberto. Sus primeros hechos de armas contra Mauricio de Nassau fueron indecisos.

Pero la fama de su buena dirección de las operaciones militares le hizo ocupar, en 1603, el puesto de general en jefe. Al año siguiente, restablecida la disciplina del ejército, logró un triunfo resonante al obtener la capitulación de Ostende (16 de septiembre), en cuyo asedio toda Europa tenía fijos los ojos, Este éxito, en efecto, valió la confianza de la corte española. Felipe III le confirmó en el cargo de general supremo de los ejércitos de España en Flandes.

Durante cuatro años, Spínola logró rechazar los ataques de Mauricio de Nassau y llevar la guerra al corazón de las Provincias Unidas. Pero en Madrid prevaleció la política de paz. La tregua los Doce Años interrumpió, de momento, la carrera del genovés.

Esta se reanudó brillantemente en 1621, Cuando concluyó la tregua de referencia. Spínola conquistó Reide y Juliers; pero el conde duque de Olivares que no le era muy afecto, le impuso la toma de Breda, empresa que entonces se tenía por imposible. Después de un sitio de casi un año, la fortaleza se rindió el 5 -VI-1625. Este fue el último éxito de Spínola.

A causa de las intrigas de la corte madrileña, fue relevado de su cargo en 1627 y enviado a Italia, al objeto de dirigir las operaciones que se preveían próximas contra el duque de Saboya. Nombrado gobernador de Milán en 1629, fracasó en el asedio de Casale. Spínola murió el 25-IX-1630 en Castelnuovo Scrivia a causa de la enfermedad contraída en esta campaña.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 60-61.

Fernando de Austria

Biografía

El Cardenal-Infante por Gaspar de Crayer
El Cardenal-Infante por Gaspar de Crayer.

En una época en que la personalidad de los monarcas tenía tantísima importancia en el gobierno de los Estados, la ley de la sucesión al trono apartó del de España al cardenal infante don Fernando en favor de su hermano mayor Felipe IV. Físicamente parecido al monarca, don Fernando, cuatro años menor que él, era hombre de otro temple.

Por si la historia de sus relevantes hechos de armas no lo revelara así, bastaría parangonar su retrato con el de don Felipe —obras ambas del pincel crítico de Velazquez—, para ver el de don Fernando, en particular en su mirada, la firmeza, la energía y la voluntad de que aquél careció en absoluto.

Don Fernando, el cardenal infante, nació en el Escorial el 16-V-1609, quinto hijo del matrimonio de Felipe III y María de Austria. Su juventud transcurrió en la corte española. Creado cardenal y administrador perpetuo del arzobispado de Toledo el 29-VI-1619 por el papa Paulo V, al cumplir los veintitrés años fue nombrado lugarteniente real del principado de Cataluña. La prudencia que reveló en este mandato, le designó para ocupar la vacante que en el virreinato de Milán dejaba el duque de Feria (1633).

Pero tampoco fue aquí muy larga su gestión de gobierno, pues después de la muerte del cardenal Alberto de Austria, gobernador de los Países Bajos, era necesario buscarle un sustituto que reuniera grandes condiciones políticas y militares, dada la complicada situación internacional creada por la guerra de los Treinta años y la conocida hostilidad de Francia.

La elección cayó de nuevo en la persona del cardenal infante (1634), quien en el transcurso del mismo año, acaudillando un ejército de 18.000 hombres, pasó a Flandes por Alemania. En el camino fue requerido por el emperador Fernando III para que le prestara auxilio contra las tropas suecas y protestantes, las cuales al mando de Bernardo de Sajonia-Weimar, atacaban la plaza de Nördlingen. Gustoso respondió el cardenal infante a este llamamiento.

El 5 y 6-IX-1634 inflingió, junto con el ejército imperial, una sangrienta derrota al enemigo. Nördlingen fue el último destello de gloria de los Tercios españoles en los campos de batalla de Europa y habría podido ser una batalla decisiva si luego Francia no hubiera intervenido en la contienda.

El 4-XI-1634 don Fernando entró en Bruselas y se posesionó de su elevado cargo, que desempeñó con singular pericia durante siete años. Las circunstancias fueron, muy a menudo, trágicas, puesto que en 1635 Francia declaró la guerra a España y se lanzó al asalto de Flandes, en combinación con las Provincias Unidas del Norte.

Después de una ofensiva brillante dirigida por Tomás de Saboya contra la Picardía (1636), las tropas del cardenal infante tuvieron que luchar casi siempre a la defensiva, perdiendo algunas plazas, conquistando otras, recobrando algunas, en una lucha realmente agotadora. Desde 1639 la situación tendió a empeorar.

En 1640 Arrás cayó en poder de los franceses, a pesar de las tentativas del cardenal-infante para auxiliar la ciudad. Cuando la situación iba a hacer crisis y era más necesaria que nunca la presencia de don Fernando en el gobierno de Flandes, la muerte le sorprendió en Bruselas el 9-XI-1641, llevándose al sepulcro la última esperanza.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 63-64.