Francisco de Lorena

Biografía

Retrato de Francisco de Guisa por François Clouet en el museo del Louvre.
Retrato de Francisco de Guisa por François Clouet en el museo del Louvre.

II duque de Guisa. El espíritu de los grandes genios militares de Francia alienta en la persona de Francisco de Lorena, a quien los españoles, sus dignos rivales en el campo de batalla, le denominaron, con el mayor elogio, el gran capitán de Guisa. Heredero de las brillantes cualidades de su familia, el segundo duque de Guisa fue impetuoso en la acción, enérgico en la conducción del combate y magnánimo con el vencido.

De educación esmerada y de temperamento apasionado, patrocinó la lucha a fondo contra España durante el reinado de Enrique II. Frente a la sedición hugonote, se mostró tan firme católico que supo sacrificar sus antagonismos personales al bien de la Iglesia y a los supremos intereses del Estado.

Primogénito del primer duque de Guisa, Claudio de Lorena, y de su esposa Antonieta de Borbón, Francisco nació el 17-II-1519 en el castillo de Bar. Su juventud transcurrió en la corte de Francia, en la que su padre gozaba una situación privilegiada. A los veintitrés años se alineó por vez primera en las filas del ejército francés, con motivo de la cuarta guerra entre Francisco I y Carlos V.

Se distinguió sobremanera por su bravura en la batalla de Montmedy (1542) y en los asedios de Landrecies (1543) y Boulogne (1545). Gracias a estos hechos de armas y a la protección que le dispensó Diana de Poitiers, Francisco de Lorena ocupó una posición privilegiada en la corte de Enrique II (desde 1547 ?).

Desde el consejo real propugnó una política autoritaria en el interior y belicista en el exterior. En este aspecto chocaba con el duque de Montmorency, antiguo rival de su familia, y partidario de una actuación pacifista. Pero su juventud y su fe convencieron a Enrique II. Cuando este se hubo apoderado de Metz, Toul y Verdún, el duque de Guisa se cubrió de gloria en la memorable defensa de la plaza de Metz (X-1552-I-1553), sitiada por el ejército de Carlos V. Igualmente ciñó los laureles de la victoria en la batalla de Renty (1554), que libró el Norte de Francia de la invasión de los imperiales.

Tuvo gran influencia en la ruptura de la tregua de Vaucelles. Enviado a Italia en 1556 al frente de un ejército con la quimérica esperanza de recobrar Nápoles, tuvo que regresar precipitadamente a Francia, llamado por Enrique II para restablecer la situación militar, comprometida por la derrota del duque de Montmorency en San Quintín (agosto de 1557). En esta campaña el genio estratégico del duque de Guisa rayó en lo sublime. Mediante hábiles operaciones defendió París del ataque español.

Luego, pasando a la ofensiva (1558), se apoderó en pocos meses de varias plazas reputadas inexpugnables, entre las cuales Thionville y Calais, esta última en poder de los ingleses desde 1347 (guerra de los Cien Años). A pesar de estos triunfos, el duque de Montmorency determinó a Enrique Il a la firma de la paz de Cateau Cambresis (1559). La muerte del monarca eliminó del poder al condestable de Francia. Durante el brevísimo reinado de Francisco II (1559-1560), los Guisas, próximos familiares de la reina María Estuardo, fueron los dueños absolutos del país. Francisco mostró menos ambición que su hermano Carlos, el cardenal de Lorena.

Al advenir el reinado de Carlos IX y la regencia de Catalina de Médicis, los Guisas cayeron en desgracia. En este momento, para evitar el predominio de los Borbones y el auge del hugonotismo, Francisco se alió con el duque de Montmorency y el mariscal de Saint-André en el triunvirato católico. Muy poco después tenía lugar la denominada matanza de Vassy (1562), una algarada provocada por los soldados del duque de Guisa.

Abierta la guerra de religión, Francisco participó en la toma de Ruán y en la batalla de Dreux (1562). Al año siguiente, cuando se disponía a dar el asalto a Orleans, fue asesinado en San Mesmín por el hugonote Juan Poltrot de Meré (24-II-1563), quien de un pistoletazo segó la carrera del más brillante general de Francia en el siglo XVI.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 17-18.