Ana de Mendoza

Biografía

La princesa de Éboli

Princesa de Éboli, duquesa de Pastrana y condesa de Mélito

El nombre de la princesa de Eboli no puede faltar en la leyenda que los adversarios de Felipe II trazaron alrededor de su persona, y que luego, ante la evidencia de la documentación, se ha disipado cual nube de humo. Su rostro, de facciones correctas, algún tanto enigmático y atrayente pese a la pérdida de un ojo —lo que disimulaba con una banda negra que le cruzaba la frente—, revela un interior vehemente.

En realidad, doña Ana de Mendoza despertó en la corte de Felipe II un vendaval de pasiones, de las cuales no se libró don Antonio Pérez, secretario del monarca y protegido de la familia Eboli. Doña Ana nació en Cifuentes en 1540, hija única de Diego Hurtado de Mendoza, conde de Mélito y heredera de sus bienes y de los del conde de Cifuentes, su abuelo, mayordomo que fue de la emperatriz Isabel. Esta cuantiosa herencia explica que, aún siendo una niña, fuera dada en matrimonio a Ruy Gómez de Silva (1552), el cual era hombre de la confianza de Felipe II.

Este príncipe se lo llevó consigo a Inglaterra y los Países Bajos, de modo que regresó a España en 1559, después de firmarse la paz de Cateau-Cambresis. Entonces se inició la vida matrimonial de doña Ana cuyo fruto fueron diez hijos, dados a luz en el periodo de 1559 a 1573, fecha en que murió su esposo. Felipe II había concedido a su favorito grandes renta y posesiones, además de los títulos de príncipe de Eboli, grande de España y duque de Extremadura y de Pastrana.

De todo se benefició doña Ana, quien reunía en sí una de las mayores fortunas de España de aquel tiempo. Al acaecer la muerte de su esposo, se retiró al convento de carmelitas de su fundación en la localidad de Pastrana. Pero en 1576 ó 1577 regresó a la corte, donde parece ser, aunque no esté comprobado documentalmente, que concedió sus favores a Antonio Pérez, personaje que había sido elevado al poder por Ruy Gómez de Silva. En todo caso Pérez fue su confidente, y a través de él la princesa de Eboli entró en posesión de importantes secretos de Estado.

El 31-III-1578, al producirse el asesinato de Juan Escobedo (secretario de Juan de Austria), presuntamente por motivos de estado, cuando en realidad su desaparición solo interesaba a Antonio Pérez (secretario de Felipe II), por motivos personales, el nombre de la princesa se vio envuelto en aquella tragedia, hasta el punto de que Felipe II ordenó su detención el 29-VII-1579. Las versiones sobre el suceso son contradictorias, aunque parece probable que doña Ana supiera noticias secretas sobre la sucesión de Portugal.

Cae en el terreno de la pura fantasía la versión de los amores despechados de Felipe II, así como también que en el asesinato de Escobedo influyeran las recriminaciones que este hizo a Antonio Pérez sobre la conducta seguida respecto a la memoria del duque de Eboli, su protector. Prisionera en la torre de Pinto hasta el 15-II-1580, fue luego trasladada a San Torcaz, entre Madrid y Pastrana.

En 1590 recobró la libertad, que perdió de nuevo muy pronto, a causa de sus posibles revelaciones. Murió el 2-II-1592, llevándose a la tumba uno de los secretos más apasionantes de la historia novelesca española. En realidad, doña Ana de Mendoza despertó en la corte de Felipe II un vendaval de pasiones, de las cuales no se libró don Antonio Pérez, secretario del monarca y protegido de la familia Eboli.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 9.