Los Borbones de España

Alfonso XII de España
Pronunciamiento de M. Campos
Boda con María Mercedes
Consolidación monárquica
María Cristina de Habsburgo-Lorena
La Familia de Alfonso XII

Biografía

Alfonso XII de España, c. 1870

Alfonso XII de España B. y E. Otero

Rey de España, 1874-1885. Hijo de Isabel II y de su esposo el rey consorte don Francisco de Asís de Borbón y Borbón, nació en el Palacio Real de Madrid el 28-XI-1857. Bautizado el 7 de diciembre del mismo año en la capilla de Palacio, se le impusieron los nombres de Alfonso, Francisco de Asís, Fernando, Pío, Juan, María, Gregorio y Pelagio, siendo su padrino el pontífice Pío IX representado por el nuncio Banli: el mismo Pontífice que en 1870 le administraría en Roma, la Primera Comunión.

Muy de niño aún, don Alfonso acompañó a sus padres en visitas que estos hicieron a diversas provincias españolas. En Covadonga fue confirmado, recibiendo un nombre más, el simbólico de Pelayo. Jefe del cuarto del Príncipe y orientador de su educación fue el marqués de Alcañices, José Nicolás de Ossorio y Silva —padre del duque de Sexto.—

A partir de 1865 sustituyó a aquél el conde de Espeleta, asistido por el general Álvarez Osorio, jefe de Estudios, el canónigo sevillano Cayetano Fernández, encargado de las clases de Religión —al que a su vez sustituiría el arzobispo de Burgos, Fernando de la Cuesta y Primo de Rivera—, así como los gentiles Bernardo Ulibarri, Isidro Losa y Guillermo Morphy —otro de los futuros íntimos del rey, a quien serviría de secretario hasta su muerte.—

Sobrevenida la Revolución de 1868, tras la batalla de Alcolea, la familia real hubo de abandonar el país (30 de septiembre), internándose en Francia; tras una breve estancia en el castillo de Pau, cedido por Napoleón III, quedó instalada en París, primero en el palacio Rohan, luego en el Basilewsky (rebautizado como palacio de Castilla).

Don Francisco de Asís se retiró a Epinay; la separación entre los reales esposos sería definitiva. El príncipe, que contaba once años, fue matriculado en el colegio Stanislas, donde siguió, con aprovechamiento, un solo curso, al que se añadieron clases particulares: así, Morphy le inició en materias políticas y constitucionales.

El 20-VI-1870 la reina abdicó en su único hijo varón, en solemne ceremonia celebrada en le palacio de Castilla: los más sensatos miembros del partido isabelino (unionistas y algún moderado), entre los que destacaban el duque de Sexto y el marqués de Molins, lograron convencer a Isabel II de que tomara esta decisión, ya aconsejada el año anterior por varios destacados políticos de su reinado, encabezados por Bravo Murillo. Los graves sucesos internacionales (la guerra franco-prusiana y sus consecuencias inmediatas) determinaron el traslado de la familia real española a Ginebra (Suiza).

En 1872, don Alfonso —cuya educación dirigía el brigadier O´Ryan—, ingresó en el prestigioso colegio Theresianum, de Viena, donde cursó estudios hasta 1872, en que se incorporó en la Academia Militar de Shandhurst, en Inglaterra, siguiendo el consejo de Cánovas, que desde 1873 dirigía el movimiento político que había de llevar a la Restauración.

En contraste con el caso de Isabel II, cuyas lamentables carencias en educación —intelectual y política— contribuyeron eficazmente al fracaso de su reinado, don Alfonso se formó en contacto con los más variados ambientes sociales y culturales, y en los mejores colegios de Europa.

Dominando varios idiomas; familiarizado con sistemas políticos que iban del autoritarismo paternalista del emperador Francisco José al parlamentarismo británico de la reina Victoria, y dotado de una inteligencia despierta, de una clara intuición y de una generosidad y amplitud de miras verdaderamente regias, Alfonso XII iba a ser el Rey ideal para coronar el proyecto integrador de Cánovas.

Pronunciamiento de Martínez Campos

El 29-XII-1874, el pronunciamiento de Martínez Campos precipitó los acontecimientos, al conseguir que prácticamente todos los mandos del Ejército se sumasen a la iniciativa de aquél, cuando al frente de la brigada Dabán proclamó Rey a Alfonso XII en Sagunto.

Aunque el proyecto canovista —basado en una proclamación democrática del Rey en el seno de las Cortes en que necesariamente había de desembocar la república sin parlamento del general Serrano—, estaba en contradicción con un nuevo recurso a las armas, hubo de asumir los resultados del golpe militar, haciéndose cargo del gobierno-regencia en el que le ratificó el ya rey Alfonso, desde París, donde se encontraba al recibir la noticia del pronunciamiento.

Por lo demás, la compenetración de don Alfonso con el programa político de Cánovas, había quedado expresada en el manifiesto de Sandhurst, publicado con ocasión del cumpleaños del príncipe en noviembre anterior, documento que mostraba una clara divergencia con respecto a la tradición moderada, al afirmar una voluntad integradora con respecto a las dos Españas en guerra, apuntando a un sistema centro, preconizado ahora por el mismo Cánovas que en otro tiempo había sido artífice del partido de centro la —Unión Liberal— encabezada por O´Donnell.

El párrafo final del manifiesto reflejaba, perfectamente, la voluntad de concordia entre la posición integrista y la vocación democrática enfrentadas en 1868.

Llegado el caso, fácil será que se entiendan y concierten, para todas las cuestiones por resolver, un príncipe leal y un pueblo libre. Sea lo que quiera mi suerte, no dejaré de ser un buen español, ni como todos mis antepasados, buen católico, ni como hombre de mi siglo, verdaderamente liberal.

Alfonso XII entró en España por Barcelona donde tuvo un recibimiento entusiasta (9-I-1875). Allí confirmó poderes a Cánovas, y siguió viaje por Valencia, para hacer su entrada triunfal en Madrid el 14 del mismo mes. Cuatro días más tarde partía —vía Zaragoza— a fin de ponerse al frente de las tropas que luchaban contra el carlismo. En Peralta lanzó un manifiesto conciliador a los combatientes carlistas, que no tuvo efecto alguno.

En Lácar estuvo a punto de ser sorprendido por un destacamento enemigo, pero logró ponerse a salvo dejando bien probado su valor personal. De regreso a Madrid, visitó en Logroño al viejo general Espartero —todo un símbolo— que le impuso su propia cruz laureada de San Fernando.

Secundando la política integradora de Cánovas, tomó contacto también con Serrano y Sagasta —respectivamente, jefe de Estado y jefe del Gobierno a cuyos poderes había puesto fin la Restauración—. Ruiz Zorrilla, en cambio, marcó las distancias, manteniendo un republicanismo a ultranza desde su exilio en Francia, donde no tardaría en lanzarse a vías conspiradoras.

La Constitución de 1876, elaborada en las Cortes reunidas el año anterior por un breve Gobierno Jovellar, y de la que fue auténtico artífice Cánovas, y redactor Alonso Martínez, abrió el camino a una política tan alejada del moderantismo isabelino —que cifraba su programa en el restablecimiento de la Constitución de 1845— como de la democracia del 69: aspiró a un equilibrio ecléctico entre ambos.

El art. 11 —el más polémico de la Constitución de 1869, que establecía la libertad de cultos— fue sustituido por una prudente tolerancia de cultos que, de hecho, estaba muy próxima a aquella. En cuanto a los poderes del Rey, quedaron fijados en la regia prerrogativa —que convertía al poder moderador en árbitro entre los partidos—, y en el mando supremo del Ejército. Como Rey soldado, Alfonso XII había de ser el factor fundamental para asegurar el civilismo al que aspiraba Cánovas, clausurando el régimen de los generales.

El mismo año 1876 concluía la III Guerra Carlista: Alfonso XII, asesorado por el general Quesada, dirigió la ofensiva final, entrando en Pamplona el 28 de febrero, al mismo tiempo que el llamado Carlos VII cruzaba la frontera.

Dos años después, la colaboración entre los dos jefes que habían conducido las operaciones en España —Martínez Campos y Jovellar— permitió poner fin a la guerra de los diez años en Cuba Paz de Zanjón. La concordia ideológica y la conclusión de los conflictos armados, en España y en Ultramar, justificaron el honroso apelativo del Monarca, el Pacificador.

Boda con María Mercedes

María de las Mercedes en 1874.

María de las Mercedes en 1874.

El 23-I-1878 tuvo lugar —pese a la oposición de la reina Isabel II— la boda del Rey con su prima, María Mercedes de Orleáns, hija de Antonio de Orleans, duque de Montpensier —hijo del rey Luis Felipe I de Francia— y de la infanta Luisa Fernanda de Borbón, hermana de Isabel II, de la que estaba profundamente enamorado. Desgraciadamente, la joven soberana —diecisiete años— falleció cinco meses más tarde.

El Rey hubo de contraer nuevo matrimonio (29-XI-1879), esta vez por estricta razón de Estado, con la archiduquesa María Cristina de Habsburgo-Lorena, que desempeñaría un papel ejemplar en el trono, pero no contó nunca con el amor de su marido.

De este enlace nacerían tres hijos: la princesa Mercedes (1881), la infanta María Teresa (1883), y el que ceñiría la corona como Alfonso XIII, nacido seis meses después de la muerte de su padre. En todo momento el Rey supo desempeñar con perfecta pulcritud el papel de árbitro entre los dos partidos —liberal conservador y liberal progresista— que dieron vida al sistema centro antes referido.

Su lealtad a Cánovas fue una constante en su conducta; y en algún momento crucial demostró serlo a pesar del propio Cánovas. Efectivamente, fue iniciativa del Monarca —haciendo uso de la regia prerrogativa— la llamada al poder de los llamados constitucionalistas de Sagasta en 1881, iniciando así, de hecho, el futuro turnismo.

El mando del partido conservador se había prolongado por espacio de seis años, y empezaba a insinuarse en el horizonte el fantasma de los obstáculos tradicionales que, identificado con la política de Isabel II, había provocado el hundimiento del trono en 1868. Alfonso XII acreditó ahora el carácter liberal de la Monarquía: situación contrapuesta a la típica de la época isabelina, caracterizada por el mantenimiento en el poder de un solo partido.

Consolidación de Alfonso XII

Contribuyó eficazmente a la consolidación de la monarquía alfonsina, que esta coincidiese con una excelente coyuntura económica: el decenio 1876-1886, el periodo más brillante, en este sentido, del s. XIX, identificado en Cataluña con la llamada febre d òr.

Precisamente en relación con las nuevas inquietudes que esa realidad estimulaba en la burguesía catalana, demostró Alfonso XII, una vez más, su acertada concepción de España y de la monarquía.

En efecto, en el último año de su reinado tomó contacto con el incipiente catalanismo organizado, una de cuyas motivaciones radicaba en la lucha para restablecer un sistema proteccionista. La cordial acogida del rey a los portadores del memorial de greuges (agravios) —Guimerá, Almirall, Verdaguer, Collel y Maspons— puso de relieve la amplitud de horizontes que definen el españolismo de don Alfonso, no muy acorde con la política que en esa misma época presidía el arreglo comercial o modus vivendi en Inglaterra.

De que el régimen estaba perfectamente consolidado dio pruebas concluyentes el fracaso de los intentos de retorno al viejo sistema de los pronunciamientos. En 1883 se produjo el que, fraguado desde París por Ruiz Zorrilla, fracasó rotundamente en Badajoz, en Santo Domingo de la Calzada y en la Seo de Urgel. —lo que tuvo como contrapartida la mala acogida que le dispensaron en París a su regreso.—

En cualquier caso, ese episodio contribuyó a acentuar la adhesión del pueblo español a su joven Rey, demostrada con clamor a su regreso. La buena relación de don Alfonso con el emperador Guillermo I evitó que, en septiembre de 1885, la cuestión de las Carolinas degenerase un enfrentamiento armado; y así pudo resolverse mediante el arbitraje del papa León XIII.

En todo momento el rey gozó de una extraordinaria popularidad. Es curioso que a esta popularidad contribuyese incluso el donjuanismo impenitente de don Alfonso, muy dado a aventuras fuera del matrimonio, de las cuales —dos tuvieron especial resonancia— la de su devaneo con Adela Borghi y, de forma mucho más estable, sus amores con la cantante de ópera Elena Sanz, a quien había conocido en Viena y de la que tuvo dos hijos.

Pero por encima de su perfecta adecuación al papel de Rey constitucional y, por encima también de su valor a toda prueba y de su simpática llaneza, lo que explica y justifica plenamente la popularidad del Rey es su entrega sin regateos al servicio de su pueblo cuando este se vio afectado por desgracias o catástrofes colectivas.

Así, su asistencia a los perjudicados por las inundaciones de Murcia, y sobre todo, su extraordinaria labor de socorro a los afectados por los terremotos de Andalucía oriental (Granada y Málaga) a finales de 1884, cuando ya su salud era muy precaria; acto de caridad que se repitió en agosto de 1885 al ceder las salas del palacio de Aranjuez para hospitalizar a los afectados por la epidemia colérica, y su presencia personal junto a los mismo, pese al veto que el Gobierno había opuesto a ello.

Dos meses después, el 25-XI-1885, el Monarca, minado por la tuberculosis, falleció en el palacio del Pardo, en medio de la desolación de su pueblo. Su muerte dio ocasión al prudente acuerdo que los dos partidos del sistema pactaron para sucederse pacíficamente en el poder, llamado por ello impropiamente, Pacto del Pardo.R.B.: SECO SERRANO, Carlos, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol II, págs. 742-745.

María Cristina de Habsburgo

Alfonso XII y María Cristina.

Alfonso XII y María Cristina.

Fue una noble señora que mereció el respeto de todos los partidos en una de las épocas de mayor decadencia de la monarquía española. María Cristina de Habsburgo-Lorena, hija del archiduque Carlos Fernando de Habsburgo-Lorena y de Isabel de Austria-Este-Módena, nacida en Gross Seelowitz el 21-VI-1858, el 29-XI-1879 casaba con Alfonso XII de España, que un año antes había perdido a su primera esposa Mercedes, hija de Antonio María de Orleáns, duque de Montpensier.

Las bodas se celebraron sin boato, a causa de la terrible catástrofe producida por las inundaciones del Segura. Era como un triste presagio de las muchas amarguras que iba a experimentar en su nuevo reino. La primera de ellas fue la pérdida de su esposo el 25-XI-1885. Esta prematura muerte la elevó a la regencia de España, cargo que juró el día 30 del mismo mes ante los Cuerpos colegisladores.

María Cristina había quedado en cinta. El 17-V-1885 dio a luz a un niño, el futuro Alfonso XIII. Extranjera en un país que no hallaba una fórmula de apaciguamiento, María Cristina practicó una política de auténtico respeto a las normas constitucionales implantadas por la ley fundamental de 1876.

En consecuencia, no tuvo in fluencia alguna en las orientaciones generales del Estado, dejando al turno pacífico de los conservadores y de los liberales, según la fórmula concertada en el Pardo por Cánovas y Sagasta. Sin embargo, con su tacto, su bondad y su simpatía personal, supo conservar la corona en la cabeza de su hijo, a pesar de los graves fracasos registrados en la guerras exteriores: la de África de 1894 y, en particular, la hispano-norteamericana de 1898.

Después de este desastre nacional, María Cristina presidió los primeros pasos de la recuperación del país, esmaltados con la aparición de nuevos y complicados problemas. El 17-V-1902 finalizó su cometido. Aquel mismo día juraba su hijo Alfonso XIII.

Desde este momento María Cristina hizo una vida apartada de los asuntos públicos, aunque en alguna ocasión procuró dar sanos consejos a los personajes que rodeaban al monarca. Su muerte, acaecida el 6-II-1929 en Madrid, dio lugar a una sentida manifestación de duelo en todas las clases sociales.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 238-239.

La familia de Alfonso XII

  1. María de las Mercedes de Orleáns
    Hija de María Luisa Fernanda y de Antonio María de Orleáns, duque de Montpensier, nacida en Sevilla el 24-VI-1860. Contrajo matrimonio con Alfonso XII en Madrid, el 23-I-1878, en la basílica de Atocha. María de las Mercedes murió en Madrid el 26 de junio del mismo año, es decir a los cinco meses de desposada.
  2. María Cristina de Habsburgo Lorena
    Fue la segunda esposa de Alfonso XII, hija del archiduque Carlos Fernando de Habsburgo-Lorena y de Isabel de Austria-Este-Módena, nacida en Gross Seelowitz el 21-VI-1858, el 29-XI-1879. Fueron tres los hijos nacidos de este enlace:
    1. María de las Mercedes. Princesa de Asturias, nacida en Madrid el 11-IX-1880 y muerta en la propia capital el 17-X-1904. El 14-II-1091 contrajo matrimonio con Carlos de Borbón y Borbón, príncipe de las Dos Sicilias, hijo de Alfonso (conde de Caserta, jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias, heredero de los derechos de su hermano mayor el rey Francisco II) y de Antonieta, princesa de las Dos Sicilias, condesa de Caserta, prima hermana de su marido. Don Carlos había nacido en Gries (cerca de Botzen, en el Tirol) el 10-XI-1870 y murió en Sevilla el 11-XI-1949. Hijos de este matrimonio fueron: Alfonso, nacido en Madrid el 30-XI-1901 y muerto el 3-II-1964; Fernando, nacido en Madrid el 2-VIII-1902 y muerto el 6-III-1903; Isabel, nacida en Madrid el 16-X-1904, muriendo la madre de sobreparto al día siguiente. Isabel se había casado con el conde Juan de Zamoyski. El 16-XI-1907, don Carlos el esposo de María de las Mercedes, contrajo segundas nupcias en Woodnorton (Inglaterra) con la infanta doña María Luisa de Orleáns , nacida en Cannes (Francia) el 24-II-1882, hija de Luis Felipe de Orleáns, conde de París, y de la infanta española doña Isabel de Orleáns y Borbón. La infanta doña María Luisa murió en Sevilla el 18-IV-1858. De este enlace nacieron;
      1. Carlos, nacido en Santillana (Santander) el 5-IX-1908
      2. María de los Dolores, nacida en Madrid el 15-XI-1909
      3. María de las Mercedes, nacida en Madrid el 23-XII-1910
      4. María Esperanza, nacida en Madrid el 14-VI-1914.
    2. María Teresa. Nacida en Madrid en 12-XI-1882 y muerta en la propia capital el 23-IX-1912. El 12-I-1906 contrajo matrimonio en la capilla del Palacio Real de Madrid con su primo el infante Fernando María de Baviera (nacido en Madrid el 10-V-1884) primogénito del príncipe Luis Fernando de Baviera y de la infanta española doña María de la Paz (hija, esta, de Isabel II). Tuvieron cuatro hijos:
      1. Luis Alfonso, nacido en Madrid el 12-XII-1906
      2. José Eugenio, nacido en Madrid el 26-III-1909, casado en Urrugne, cerca de San Juan de Luz (Francia), el 25-VII-1933, con María Solange de Mesía y Lesseps, y muerto en Niza el 17-VIII-1966
      3. María de las Mercedes, nacida en Madrid el 3-X-1911
      4. María del Pilar, nacida en Madrid el 15-IX-1912 y muerta en la propia capital el 8-V-1918. También esta hija costó la vida a su madre. La infanta María Teresa murió de sobreparto en Madrid el 23-IX-1912. El día 1-X-1914, el infante don Fernando, esposo de María Teresa, contrajo segundas nupcias en Fuenterrabía (Guipúzcoa) con doña María Luisa de Silva Fernández de la Henestrosa, duquesa de Talavera de la Reina, hija de los condes de Pie de Concha.
    3. Alfonso. Nacido en Madrid el día 17-V-1886 y muerto en Roma en 1941, que ocupó el trono con el nombre de Alfonso XIII.