Alfonso XIII de España

Biografía

Neutralidad y expansión

Crisis interna y desastre militar

Golpe de Primo de Rivera

Exilio y muerte del Rey

La Familia de Alfonso XIII

Biografía

Alfonso XIII, de Kaulak

Alfonso XIII de España por Kaulak

Rey de España, 1902-1931. Nació en Madrid (17-V-1886) y murió en Roma (28-II-1941). Hijo póstumo de Alfonso XII y de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, recibió en pila bautismal los nombres de Alfonso, León, Fernando, María, Santiago, Isidro, Pascual, Antón. Le apadrinaron el papa León XIII —representado por el nuncio, cardenal Rampolla— y la infanta doña Isabel, su tía.

Nació Rey, pero no asumió sus poderes en cuanto tal hasta alcanzar la mayoría de edad marcada por la Constitución. el 17-V-1902. Ejerció la regencia durante su minoría, con pulcritud intachable, la Reina viuda, su madre.

Su educación estuvo marcada por la orientación militar: fueron militares los que fundamentalmente integraron su Cuarto de Estudios, formado en 1896 bajo la presidencia del general Sanchiz, aunque en él tuvo lugar destacado su profesor de Derecho Constitucional y Administrativo, el ilustre jurista Vicente García de Paredes. El jesuita Fernández Montaña se encargó de su formación religiosa.

Los ingenuos diarios escritos por el Rey niño en vísperas y en los inicios de su reinado revelan el impacto que en don Alfonso supuso la experiencia del Desastre: de aquí que haya podido decirse de él que fue la conciencia del 98 en el trono. La primera etapa de su reinado personal (1902-1907) coincidió con la crisis de jefatura de los partidos dinásticos.

La rivalidad entre los posibles herederos de Cánovas y Sagasta solo quedó resuelta entre 1905 y 1907 con la designación de Maura, como jefe del partido conservador, y la de Segismundo Moret como jefe del liberal.

De aquí la fugacidad de los primeros gobiernos designados por el joven monarca, lo que daría pie al maligno apelativo de crisis orientales (en alusión al Palacio de Oriente), que acusaban injustamente a don Alfonso de manipulador de las distintas facciones políticas, para prevalecer sobre ellas.

En 1904, durante el primer gobierno Maura, este llevó al rey a Barcelona, viaje que constituyó un gran éxito personal del Rey y de la Monarquía, pero no contribuyó a que don Alfonso captase el espíritu integrador de la naciente Lliga Regionalista: el acendrado españolismo del Rey estuvo siempre matizado por un castellanismo a ultranza que no le permitía entender el catalanismo como potenciador de una gran España, según lo concebían Prat de la Riba y Cambó.

Desde 1905 se iniciaron sus viajes por Europa (su visita a París quedó marcada por el primer atentado sufrido por don Alfonso, junto con el presidente Loubet, y del que ambos salieron ilesos). Estos viajes, multiplicados durante su reinado, harán de él el más cosmopolita de los reyes españoles desde los días de Carlos I, y un gran experto en la política internacional de su tiempo.

En esta línea, siempre se esforzó en recuperar para España un lugar bajo el sol, apoyándose sobre todo en una Inglaterra que en los comienzos de su reinado se hallaba enfrentada con Francia tras la crisis de Fashoda; las bodas hispano británicas de 1906, de las que se trata a continuación fueron muy importantes a este propósito.

La conferencia de Algeciras había asegurado una posible zona de influencia para España en Marruecos; las entrevistas de Eduardo VII en aguas de Cartagena (1907) le permitieron salvar la situación de las Canarias, en las que habían puesto sus miras los alemanes, y en general proteger las costas españolas, en tanto reconstruía España sus fuerzas navales gracias a la Ley de 1908, que dio paso a la creación de una escuadra moderna.

El 31-V-1906 había contraído matrimonio con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de Victoria I, hija de la princesa Beatriz y de Enrique de Battenberg. Al retorno de la ceremonia, celebrada en la madrileña iglesia de San Jerónimo, el cortejo nupcial se vio ensangrentado por la bomba que el anarquista Mateo Morral le lanzó desde un balcón de la calle Mayor. Aunque la pareja real salió indemne, el atentado causó numerosas víctimas que ensombrecieron el acontecimiento.

Atentado anarquista (1906) al rey Alfonso XIII

Documento gráfico, segundos después del atentado anarquista (1906) al rey Alfonso XIII en el día de su boda; 28 personas murieron y más de 100 fueron heridas, pero los reyes salieron ilesos.

En este matrimonio coincidían el interés diplomático, según ya se ha señalado, y la elección sentimental, pero pronto se nublaría la felicidad doméstica de los esposos al detectarse la hemofilia en el primogénito, el príncipe Alfonso, nacido en mayo de 1907.

Jaime junto a su hermano Alfonso,

Jaime junto a su hermano Alfonso, fotografiados por Kaulak.

En 1908 vino al mundo el infante don Jaime, libre de esta dolencia, pero que , a consecuencia de una mastoditis mal curada, padecería siempre de sordomudez, apenas paliada por una esmeradísima educación. De los cuatro hijos restantes —dos mujeres, Beatriz (1910) y Cristina (1911)—, solo el menor Gonzalo, se vería también afectado por la hemofilia.

Felizmente, la continuidad dinástica quedaría garantizada en la persona de don Juan de Borbón, nacido en 1913 y perfectamente sano. Esta desgraciada situación distanciaría a la larga a los regios cónyuges. De aquí la evasión del Rey en aventuras extramatrimoniales, aunque solo una de ellas revistió relativa importancia: la que le unió, en los años veinte, a la actriz Carmen Ruiz Moragas, de la que tuvo dos hijos.

La segunda etapa del reinado (1907-1912) había registrado los dos grandes empeños regeneracionistas que, desde la vertiente conservadora asumió Maura, y desde la de un liberalismo democrático desplegó Canalejas.

Tramvía talado durante la Semana Trágica

La Semana Trágica.

El gobierno del primero naufragó en 1909 a raíz de los sucesos que, como réplica a la Guerra de Melilla, ensangrentaron Barcelona (Semana Trágica), y cuya represión subsiguiente (fusilamiento del anarquista Ferrer Guardia suscitó una desaforada campaña antimaurista y antiespañola, orquestada por las izquierdas europeas, y que en España se tradujo en la ruptura del pacto del Pardo, al declararse el jefe del Partido Liberal, Moret incompatible con Maura.

Este último no perdonaría nunca al Rey la inevitable crisis que le apartó del gobierno, aunque la única alternativa posible hubiera sido una dictadura maurista de difícil salida.

Tras un breve gobierno de Moret, Canalejas, con una notable gestión de efectiva orientación democrática y de apertura social, iniciada en 1910, se esforzó en restaurar la normalidad constitucional, pero el crimen que acabó con su vida en 1912 aceleró la descomposición de los partidos y el ocaso del turnismo (a su vez, el propio Rey sería objeto de un nuevo atentado en 1913, del que salió ileso por fortuna.)

Neutralidad y expansión económica

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914), Alfonso XIII afirmó la neutralidad española, respaldado por el entonces jefe del Gobierno, el conservador Eduardo Dato.

Esta paz en la guerra propició una coyuntura excepcional a los mercados españoles —lo que sería determinante del notable salto hacia el desarrollo experimentado por el país en este reinado—, y, de otra parte, permitió al rey entregarse a una extraordinaria labor humanitaria abierta a los dos campos combatientes, lo que le valdría un prestigio insólito a la hora de la paz, borrando la imagen negativa de España provocada por la ferrerada en 1909: el homenaje rendido a los reyes en Bruselas, en 1922, hizo patente esta feliz realidad.

En este mismo año, la famosa expedición a las Hurdes (comarca que resumía todas las viejas lacras de la llamada España negra ilustró otra preocupación regeneracionista de don Alfonso.

Grupo de jurdanos

Grupo de jurdanos ante la cámara fotográfica, fotografía obra de Venancio Gombau (1862-1929), publicada en las páginas de La ilustración española y americana en 1908.

En palabras de Gregorio Marañón, artífice de la expedición, fue el comienzo de una reconquista del propio suelo descuidado durante siglos y que comienza en el propio corazón de la miseria nacional.

Crisis y desastre militar

Sin embargo, las salpicaduras de la gran conflagración y de sus derivaciones la Revolución Rusa, la eclosión de los nacionalismos, llegaron a España con los conflictos internos de 1917: iniciativas contrarias a la constitución de los nacionalistas catalanes (como la asamblea barcelonesa de parlamentarios) y huelga revolucionaria de agosto.

Aunque Dato, jefe de Gobierno en aquellos momentos, consiguió superar ambos conflictos sin derramamiento de sangre, la llegada de la paz exterior tuvo dos grandes contrapartidas en España: por una parte, la radicalización de los nacionalismos insolidarios, en Cataluña y en el País Vasco; por otra, la recesión económica debida al cierre de los mercados exteriores, al reconvertir los países beligerantes su economía de guerra a una economía de paz.

Lo cual a su vez agudizó los conflictos sociales que en Cataluña tomaron carácter de guerra social, culminante en la huelga de la Canadiense (1919). Aunque la debilidad de los viejos partidos fue paliada por el Rey con la nueva modalidad denominada gobiernos de concentración, ello solo permitiría poner de manifiesto la capacidad de estadista del catalán Francisco Cambó.

Pero la grave crisis de fondo —que costó la vida, pese a sus notables iniciativas de reforma social, a Eduardo Dato, asesinado por los anarquistas en 1921—, vino a doblarse ahora con el problema de Marruecos, esto es, la necesidad de fijar solidariamente el protectorado reconocido a España mediante el acuerdo hispano-francés de 1912, en función de los acuerdos de la Conferencia internacional de Algeciras (1906).

Enero de 1922. Guerra del Rif.

Enero de 1922. Guerra del Rif. Meses después de la batalla de Annual (julio-agosto de 1921) los restos continúan dispersos.

La imprudencia e imprevisión del comandante general de Melilla, Fernández Silvestre, en su empeño de alcanzar la posición clave de Alhucemas, provocaron (julio de 1921) un desastre de enormes proporciones (Annual), frente a la rebelión del caudillo rifeño Abd el Krim.

La apertura del llamado expediente Picasso para fijar las responsabilidades derivadas del Desastre (que el socialista Indalecio Prieto se esforzó en que salpicaran al propio Rey), fue un ingrediente más de la inestabilidad generalizada, reverdeciendo la inquietud de jefes y oficiales —agrupados estos últimos, desde 1917. en las llamadas juntas de Defensa.—

Golpe del general Primo

La llegada al poder de una coalición de amplio espectro, presidida por García Prieto, no resolvió nada, y en septiembre de 1923 se produjo en Barcelona el golpe de Estado de Primo, que, acogido con entusiasmo por la mayoría del país —incluido muy significativamente, el sector intelectual animado por Ortega y Gasset desde El Sol—, y ante la impotente pasividad del Gobierno, fue aceptado por el Rey (día 13).

Alfonso XIII y Primo de Rivera en 1930.

Alfonso XIII y Primo de Rivera en 1930.

Aunque luego se acusaría a don Alfonso de haber sido el auténtico artífice del golpe, las fuentes documentales han desmentido irrefutablemente tal supuesto, que sostuvieron con alardes de escándalo Blasco Ibáñez en Francia y Unamuno en España. La dictadura aportó, de hecho, una pacificación social y un gran éxito exterior, el acuerdo con Francia que, tras el brillante desembarco en Alhucemas, permitió poner fin a la guerra de Marruecos (1927).

En una segunda fase Directorio Civil llevó a cabo una impresionante labor de modernización de las infraestructuras viarias y un notable impulso a la economía (recogiendo el inicial balance favorable de la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial).

Pero cometió dos graves errores, enfrentándose con el nacionalismo catalán, —supresión de la Mancomunidad— y con el Arma de Artillería a la que quiso imponer la escala abierta. Y dilató excesivamente la solución del problema político —una posible reforma constitucional que tardíamente intentó sin éxito mediante la asamblea consultiva convocada en 1927.—

Desalentado en 1929 ante las primeras salpicaduras de la crisis de Wall Street, y sintiéndose desasistido por el sector militar, tras una disparatada consulta a sus mandos, el dictador acabó presentando su dimisión al Rey.

El fracaso de la dictadura hizo a don Alfonso víctima de dos ofensivas: la de los representantes de la vieja política, resentidos por la presunta traición de 1923, y el de los defensores de la dictadura, que no le perdonaron el cese de Primo —fallecido en París apenas transcurridos dos meses—. A esa ofensiva se sumaron de forma decisiva los mismos intelectuales que en 1923 habían aplaudido el golpe militar.

El intento de reconstruir el viejo orden constitucional, empeño en que fracasó el general Berenguer —que hubo de habérselas con el pronunciamiento republicano de Jaca—, desembocó en un último gobierno de concentración, presidido por el inepto almirante Aznar, que apeló a una consulta electoral cuyo primer tramo (las elecciones municipales del 12-IV-1931) se interpretó por los republicanos y socialistas —y por el propio presidente del Gobierno— como un referéndum perdido por la Monarquía.

El resultado adverso de las elecciones sorprendió a los miembros del gabinete, los cuales aconsejaron en su mayoría, no recurrir a la violencia. De esta misma opinión fue Alfonso XIII, que supo mostrarse a la altura de su nacimiento. Decidido a evitar derramamientos de sangre se exilió el 14-IV-1931. De su reinado ha podido decir Laín Entralgo: El Rey se fue, y con él se hundió la monarquía de Sagunto [...]

Pese a tantos y tan graves contratiempos vividos en su tiempo [...], el progreso de España durante su reinado fue, sin exagerar una tilde, sensacional [...], lo fue tanto en el despliegue demográfico como en la notable aproximación al desarrollo económico social, pero sobre todo en el plano cultural, a través de tres generaciones intelectuales extraordinarias —la del 98, la del 14 y la del 27—, cauce de una edad de plata, o —según otros críticos— de una segunda edad de oro.

El escritor Villalonga ha trazado una semblanza personal de Alfonso XIII que parece bastante ajustada a lo que fue, como hombre y como Rey, don Alfonso XIII:

El Rey de España se hubiera equilibrado con una crítica prudente y tranquilizadora. Era un hombre de una inteligencia razonable, afable, cortés, profundamente recto, prefiriendo de mucho a la lectura y el estudio el galope de un caballo y la caza de un faisán. Como todo hombre de su época nacido en buena posición, era naturalmente y sin esfuerzo un liberal.
También era —eso sobre todo— un aristócrata tipo, descendiente de una raza muy antigua, de un valor desconcertante, demasiado escéptico para no estar desengañado y siempre con un toque de tristeza en su mirada, frecuentemente ausente.

Semblanza que conviene completar con la que dedicó a don Alfonso en su libro Figuras contemporáneas, Winston Churchill:

Se sintió [...] el eje fuerte e indiscutible en torno al cual giraba la vida española [...] es [...] como estadista y gobernante, y no como monarca constitucional siguiendo comúnmente el consejo de sus ministros, como él desearía ser juzgado, y como la Historia habrá de juzgarle.

Exilio y muerte de Alfonso

En el exilio, centrado primero en Francia, y repartido luego entre Roma y Lausanne (la Reina, por su parte acabó por marchar a Londres, Alfonso XIII hubo de reordenar la sucesión al trono, mediante la renuncia de sus hijos Alfonso y Jaime a favor de don Juan de Borbón —que había ultimado su carrera de marino en la Escuela Naval británica (1934).—

Aquéllos contrajeron matrimonios morganáticos don Alfonso con Edelmira Sampedro, y don Jaime con doña Enmanuela Dampierre. Don Juan casaría a su vez con doña María de las Mercedes de Orleáns-Borbón.

Apoyó, al estallar la guerra civil, al sector llamado nacional, dado que la revolución proletaria, desencadenada ya desde la llegada del Frente Popular al poder, apuntó esencialmente sus tiros contra la Monarquía y contra la Iglesia.

Pero cuando, terminado el conflicto se vio rechazado por los franquistas, dada su declarada aspiración, si volvía al trono, de lograr la reconciliación de las dos Españas, decidió abdicar sus derechos en su hijo Don Juan, de quien esperaba que un día llegase a reinar sobre todos los españoles.

El 28-II-1941 fallecía en un hotel de Roma. Se había reconciliado con la reina Victoria, que le asistió en sus últimos días. Enterrado en la iglesia romana de Montserrat, sus restos no volverían a España hasta 1980, reinando su nieto don Juan Carlos.

R.B.: SECO SERRANO, Carlos, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol II, págs. 750-754.

La familia de Alfonso XIII

  1. Victoria Eugenia de Battemberg
    Alfonso XIII, que había contraído matrimonio en Madrid, en la iglesia de San Jerónimo, el 31-V-1906, con la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battemberg, nacida el 24-X-1887 era hija de príncipe Enrique y de la princesa Beatriz, hija esta de la reina Victoria I de Inglaterra y fallecida en Lausana (Suiza) el 15-IV-1969, tuvo seis hijos:
    1. Alfonso. Príncipe de Asturias. Nació en Madrid el 10-V-1907, al nacer se le detectó hemofilia. En el exilio, renunció a sus derechos al trono para él y sus sucesores el 11-VI-1933, tomando entonces el título de conde de Covadonga. Casó mogarnáticamente en Ouchy (Suiza) el día 21-VI-1933 con la señora Edelmira Sampedro Ocejo y Robato, nacida en Sagua la Grande (Cuba) el 15-III-1906. Este matrimonio fue disuelto civilmente en la Habana el 8-V-1837. El 3 de julio del propio año contrajo segundas nupcias en la Habana con la señorita María Rocafort y Altarraza, matrimonio también disuelto a su vez en la propia capital el 8-I-1838. No tuvo sucesión. Murió en Miami (Florida, EE.UU.), víctima de un accidente automovilístico, el 6-IX-1938.
    2. Jaime. Duque de Segovia. Nacido en el palacio de la Granja el 23-VI-1908. Libre de la hemofilia, pero a consecuencia de una mastoiditis mal curada, padecería siempre de sordomudez, apenas paliada por una esmeradísima educación. También renunció a sus derechos al trono, para él y para sus descendientes, el 21-VI-1933.
      Casó en Roma, el 4-III-1935, con doña Enmanuela de Dampierre Ruspoli, hija del vizconde Roger de Dampierre, nacida en Roma el 8-XII-1913. El matrimonio fue disuelto por sentencia de divorcio de 6-V-1947, por el tribunal de Bucarest y registrado válidamente a los efectos de la ley italiana en Turín el tres-VI-1949. Doña Enmanuela de Dampierre contrajo nuevo enlace en Viena el 21-XI-1949 con el banquero milanés don Antonio Strozzi.
      Don Jaime volvió a casarse civilmente en Insbruck (Austria), el 3-VIII-1949, con la señorita Charlotte Tiedemann, nacida en Koenigsberg el 2-I-1919. Jaime falleció en Saint Gall (Suiza) el 20-III-1975 a consecuencia de una hemorragia cerebral provocada por un accidente. Hijos del matrimonio Borbón-Dampierre son:
      1. Alfonso de Borbón y Dampierre, nacido en Roma el 20-IV-1936 y murió en Colorado EE.UU., el 30-I-1989
      2. Gonzalo de Borbón y Dampierre, nacido en Roma el 5 de Julio de 1937 y murió en Lausana (Suiza), el 27-V-2000.
    3. Beatriz. Nacida en la Granja el 22-VI-1909. Casó en Roma, el 14-I-1935 con Alejandro de Torlonia, príncipe de Civitella Cessi, nacido en la propia capital italiana el 7-XII-1911. Tuvieron cuatro hijos: Marcos Alfonso, Marino, Alejandra-Victoria y Olimpia. El 21-V-1910 nació muerto un infante que hubiera llevado el nombre de Fernando.
    4. María Cristina. Nacida en Madrid el 12-XII-1911, casó en Roma el 10-VI-1940 con Enrique Eugenio Marone Cinzano, conde de Maroñe, nacido en Turín el 15-III-1895. También tuvieron cuatro hijos: Victoria-Alfonsa, Juana, María Teresa y Ana Alejandra.
    5. Juan de Borbón. Conde de Barcelona, nació en San Ildefonso en 1913 y murió en Pamplona en 1993, pretendiente a la corona de España, tercer hijo de Alfonso XIII. Al ser destronado su padre (1931), emigró a Francia. La renuncia de sus hermanos Alfonso y Jaime (junio de 1933) le dejó como heredero de los derechos al trono.
      Don Juan.

      Contrajo matrimonio con María de las Mercedes de Borbón (1935) y fijo su residencia en Cannes. En 1936, al estallar la guerra civil española, trato de participar en ella como combatiente, pero no fue admitido. A la muerte de su padre (1941) adoptó el título de conde de Barcelona; en 1946 trasladó su residencia a Estoril (Portugal).
      En 1947 se opuso a la ley de sucesión de la jefatura del estado; más tarde, envió a su hijo Juan Carlos para recibir educación en España, bajo la tutela de Franco. Desde la proclamación de su hijo como herdero (1969), disolvió su consejo privado y profundizó su búsqueda de alternativa al régimen franquista, decantándose por una monarquía democrática con explícito consenso popular (declaraciones de 1974 y de 1975), lo que le valió una prohibición de entrar en el territorio español (1975).
      Al acceder su hijo al trono (22-XI-1975) se reafirmó en su calidad de jefe y depositario de la monarquía. Posteriormente, hizo cesión de sus derechos al trono y de la jefatura de la Casa real española en la persona de su hijo Juan Carlos I (mayo de 1977). Hijos del matrimonio Borbón-Borbón son:
      1. María de Pilar, nacida en Cannes (Francia) el 30-VI-1936. Casó el 5-VI-1967 con don Luis Gómez Acebo. De este matrimonio nacieron: Simonetta (28-X-1968) y Juan (6-XII-1969)
      2. Juan Carlos, nacido en Roma el 5-I-1938, Casó en Atenas el 9-V-1969 con la princesa Sofía Schleswig-Holstein Sonderburg y Glusckbur, hija de los monarcas helenos Pablo y Federica. Son padres de tres hijos, nacidos en Madrid: las infantas Elena (20-I-1963) y Cristina (13-VI-1965) y el rey Felipe VI (31-I-1968)
      3. Margarita, nacida en Roma el 6-III-1939
      4. Alfonso, nacido en Roma el 3-X-1941 y muerto trágicamente en Estoril (Portugal), jugando con un arma de fuego el 29-III-1956.
    6. Gonzalo. Nacido en Madrid el 24-X-1914, también afectado por la hemofilia. Murió en Krumfendorf (Corintia, Austria), en accidente de automóvil, el 12-VIII-1934.