Pretendientes Carlistas

Carlos María Isidro de Borbón
Carlos Borbón y de Braganza
Juan Carlos de Borbón y de Braganza
Carlos Mª Borbón y de Austria-Este
Alfonso Carlos de Borbón
Jaime de Borbón y Borbón
Javier de Borbón y Parma
Carlos Hugo de Borbón

Carlos María Isidro

Biografía

Carlos María IsidroCarlos María Isidro por Vicente López Portaña

(Madrid el 29-III-1788-Trieste el 10-III-1855). Carlos María Isidro de Borbón y Borbón. Segundo hijo de Carlos IV de España y de María Luisa de Parma, hermano de Fernando VII, pretendiente al trono de España a la muerte de este sin haber tenido descendencia masculina. Durante su infancia tuvo como ayos al duque de la Roca y al marqués de Santa Cruz.

Los preceptores que delinearon su formación intelectual fueron el padre Scio, traductor y glosador de la Biblia, que orientó al infante en cuestiones de moral y religión; Vicente Maturana que le instruyó en la táctica militar, y Cristóbal Beucomo que se ocupó de la historia y la literatura. Su juventud estuvo ligada a las vicisitudes de la familia real española, primero al cargo de su padre y después de su hermano.

Como consecuencia de la invasión de la Península por las tropas napoleónicas, y de la incapacidad de Carlos IV para dominar la situación, debieron abandonar España dejando el trono en manos de José I Bonaparte, y no regresaron de Valençay hasta 1814 cuando, en virtud del tratado homónimo, Fernando VII volvía a ceñir la Corona de España.

De los años que mediaron hasta el Trienio Constitucional (1820-1823), destacan tres hechos: el 14-VI-1814 inicia su carrera militar con el nombramiento de coronel de la brigada de carabineros y dos meses más tarde comienza su andadura política formando parte del consejo; es nombrado protector de las Universidades de Alcalá, Sevilla y Valladolid (1815), en su afán de aparecer como mecenas de la cultura; y el 29-IX-1816 contrae matrimonio con la princesa María Francisca de Asís de Braganza.

Cuando la insurrección de Riego ya era una realidad Fernando VII quiso evitar el alcance de la revolución formando una junta reformadora de los negocios públicos a cuyo frente colocó al infante Carlos, pero la iniciativa, tardía, no tuvo transcendencia. Durante el trienio constitucional participó en el nuevo régimen y, en varios escritos, dio muestras de aceptar la Constitución de 1812, puesta nuevamente en vigor.

Si hasta el momento, el infante Carlos había sometido su libertad a las vicisitudes de la corte, nunca como en la década 1823-1833 los acontecimientos y las personas iban a determinar de manera tan importante su vida. La forma en que se había producido la restauración de Fernando VII en el trono, tras derribar la Constitución, no había sido del gusto del sector más intransigente del absolutismo, partidario de una criba más selecta en los empleos del Estado y de la concesión de favores a los que habían peleado contra los liberales.

De la misma forma que iba creciendo esta opinión crítica con el rey, se extendía, cada vez más, entre los radicales la idea de apoyar a su hermano, el infante Carlos.

Los pasos en la consolidación de este incipiente apoyo carlista comenzaron con las sublevaciones de Capapé, Grimarest y Bessieres, apenas restablecido el régimen absoluto; siguió con la aparición de un enigmático texto conocido como el Manifiesto de la Federación de los Realistas Puros (1826), cuya filiación es incierta, pero que ponía seriamente en cuestión la ortodoxia absolutista del rey, y finalmente la sublevación de los malcontents de Cataluña (1827) donde aparece de forma explícita la reivindicación de Carlos como soberano capaz de dar curso a sus demandas.

Sin embargo, resulta difícil comprender porque el absolutismo más radical —Carlismo— fijó sus aspiraciones en el hermano del rey si no se atiende al carácter y a la mentalidad del infante. La concepción de la realidad de Carlos María Isidro estaba poderosamente mediatizada por su educación religiosa. Esto le llevaba a respetar el orden establecido por Dios, de acuerdo con su propia concepción, es decir la del absolutismo vigente.

Una visión estamental y estática de la sociedad que servía tanto para justificar su derecho divino, y por lo tanto inalienable, al trono de España, aunque para ello tuviera que sumergirse en una sangrienta guerra civil, como para defender su escasez en la concesión de honores, pues, aun en las situaciones más arriesgadas, sus seguidores no hacían más que cumplir con su deber.

Un individuo con tan alta conciencia de si mismo solo puede hacerse tolerable gracias a las dosis de bondad e ingenuidad que destacan distintas opiniones sobre él:

La ideología del infante es de una simplicidad llena de candor [...] el carácter noble y bondadosos, impregnado de un misticismo ferviente [...] peca al mismo tiempo de ingenuidad innegable.R.B.: C. Seco Serrano.
Mas celoso por la religión que por la política, descuidaba las cosas de la tierra para atender las del cielo [...] Esta fe religiosa, o más bien fanatismo supersticioso le hacía aparecer como un héroe en los campos de batalla. La fe que tenía Carlos en sus ideas religiosas le hacía ser bondadoso con sus criados, afable con todos y de revestirse para mandar de aquella dulzura que el Evangelio le enseñaba en sus santos varones.R.B.: A. Pirala.

A pesar de que hacía tiempo de que se oían voces reclamándolo para el trono, y de que se hablaba con insistencia de los carlistas con mucha anterioridad, el infante Carlos solo manifestó públicamente sus aspiraciones a sustituir en el trono a Fernando VII durante los sucesos de la Granja (noviembre de 1832). El carácter liberalizador que tomó la política de Fernando VII desde este momento significó una invitación a los partidarios de su hermano a seguir conspirando.

No solo pretendía favorecer las aspiraciones de Carlos cuando se produjera la muerte del rey sino que, cada vez más, pensaba en el modo de derribar a Fernando VII del trono para impedir la política aperturista hacia los emigrados que estaba llevando a cabo. En este segundo objetivo el infante no solo nunca prestó su apoyo, sino que es muy probable que dificultara globalmente la preparación de los planes para ocupar el poder.

En medio de una importante agitación carlista, el rey planeó el alejamiento del infante Carlos de la Corte. Para ello mandó llamar desde Portugal a la princesa de Beira (cuñada y futura segunda esposa del infante Carlos) en febrero de 1833 y luego concedió permiso a su hermana y a Carlos para que le acompañaran (16-III-1833).

Se trataba de un exilio en toda regla aunque tanto formalismo atenuara la situación. Ya cuando Fernando VII había promulgado en marzo de 1830 la Pragmática Sanción de Carlos IV, derogando la ley sálica, el infante había protestado de aquella disposición que lesionaba sus intereses. El 4-IV-1833 se convocaron Cortes para la jura de Isabel y Carlos manifestó su negativa a reconocer a su sobrina reivindicando.

los legítimos derechos que me asisten a la Corona de España, siempre que sobreviviendo a V.M. no deje hijo varón.

Este hecho no tuvo la misma trascendencia que si se hubiera producido estando el infante en Madrid, pero la lejanía de Portugal, donde su cuñado Miguel se hallaba envuelto en una pugna contrarrevolucionaria similar a la que él mismo emprendería solo unos meses después, le permitió rodearse de los colaboradores que le apoyarían en su lucha contra Isabel II. Insistió Fernando VII, al darse cuenta de ello, en que abandonara Portugal con destino primero a Nápoles, y después a los Estados Pontificios, pero el infante eludió sistemáticamente la orden.

Murió (29-IX-1833) Fernando VII y solo entonces el infante Carlos publicó el Manifiesto de Abrantes (1-X-1833), en el que exponía que.

...la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos y todos mis amados sanguíneos me esfuerzan a sostener y defender la corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin alteración debe de ser perpetua.

Planteaba así el argumento, de éxito indudable, de que la guerra civil se reducía a un pleito sucesorio por la titularidad del trono, ignorando voluntariamente que todos los elementos para el conflicto se habían planteado mucho antes de que Isabel II entrara en escena.

Carlos comenzaba a firmar documentos como rey en ejercicio cuando el ejército de la frontera con Portugal, mandado por Rodil, recibió órdenes de adentrarse en territorio luso y dar captura al infante. Apresuradamente tuvo que embarcarse con todo su séquito en el Donegal y tomar rumbo a Inglaterra para escapar de la persecución.

En Inglaterra permaneció hasta el verano siguiente cuando, después de atravesar disfrazado toda Francia, cruzó la frontera navarra por Danchirenea el 12-VII-1834 y se unió a sus tropas dispuesto a ocuparse de los asuntos políticos de la guerra. Rodil, ahora entre Navarra y Guipúzcoa, siguió persiguiendo a Carlos, pero su mando en el ejército del N. resultó un fracaso.

Las gestiones de Lord Elliot en abril de 1835 para obtener el final de la guerra, encontraron un escollo en Carlos que se negó a la transacción, y solo alcanzaron un acuerdo sobre el trato a los prisioneros. También se atribuye a Carlos la decisión de poner sitio a Bilbao (10-VI-1835), en contra de la opinión de Zumalacárregui, cuyo fracaso y la muerte del militar marcarían definitivamente el resto de la I Guerra Carlista.

El hueco dejado por Zumalacárregui resultó difícil de cubrir y los sucesivos jefes del ejército carlista no mostraron capacidad para decidir la guerra. Así las cosas, Carlos se embarcó en una nueva empresa que podría terminar definitivamente con la guerra: la Expedición Real. Se trataba de un contingente armado que partió de Navarra el 15-VI-1837 con dirección a Madrid.

Es probable que existiera un acuerdo entre Carlos y María Cristina —temerosa del matiz radical que iba tomando la revolución— para renunciar a sus derechos y casar a sus primogénitos. Lo cierto es que después de una larga circunnavegación por Aragón, Cataluña, Valencia y Castilla, llegaron a las puertas de un Madrid desguarnecido (12-IX-1837), y de allí, sin intentar el asalto, iniciaron una retirada desconcertante que provocó un profundo pesimismo en las fuerzas carlistas.

El 24-VI-1838 Carlos puso el mando en manos de Maroto, una decisión trascendental en el curso de la guerra. Este general dirigió sus acciones hacia una solución transaccional que, sino del gusto de todos los carlistas, era una opción que crecía día a día alimentada por el desaliento de la tropa.

El resultado fue el Convenio de Vergara (1839), cuyo efecto fue mayor entre las bases que entre las elites carlistas; Carlos abandonó el país el 14 de septiembre, aunque la guerra continuaría casi un año en Aragón y Cataluña. De Bayona partió para Bourges, lugar designado por el gobierno francés para su residencia.

Desde allí estableció contacto con Cabrera que mantenía todavía la guerra en el este e intentó reavivar, sin éxito, la lucha en las provincias vascas. El 18-V-1845 abdicó en su hijo, Carlos Luis de Borbón y Braganza, Carlos (VI). Se trasladó a Génova y después a Trieste, al lado del Adriático, donde murió.

R.B.: RÚJULA LÓPEZ, Pedro, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, págs. 2222-2224.

Carlos Luis de Borbón

Biografía

Infante Carlos, Count of MontemolinCarlos Luis de Borbón y de Braganza

(Madrid el 31-I-1818-Trieste el 13-I-1861). Carlos Luis de Borbón y de Braganza. Hijo de Carlos María de Isidro, Carlos [V] (1788-1855), y sobrino de Fernando VII (1784-1833). Su personalidad se mostró frecuentemente voluble y su carácter contradictorio, poco firme en sus actitudes y en sus convicciones políticas, oscilante entre la influencia de Romualdo Mon y la de su madrastra, la princesa de Beira. Carlos Luis no fue capaz de emprender la renovación del credo carlista, como luego lo intentaría Carlos [VII].

Después del final de la I guerra carlista se planteó la posibilidad de solucionar el conflicto dinástico mediante una boda entre Carlos Luis e Isabel. La idea provenía del carlismo moderado y el principal valedor del proyecto fue Jaime Balmes quien fundó El Pensamiento de la Nación para ganar partidarios en torno suyo.

Para facilitar esta solución, Carlos María Isidro abdicó en su hijo, el 18-V-1845. Carlos Luis tomo entonces el título de conde de Montemolín y fue reconocido entre los carlistas como Carlos VI. Dio en Bourges un manifiesto programático (23-V-1845) en el que ofrecía muestras de intentar el punto medio entre la tradición y el liberalismo sobre la base de su legitimidad para ocupar el trono de España.

Sin embargo, Narváez no aceptó el matrimonio al considerar que era un asunto de principios políticos y el liberalismo, aun siendo moderado, no necesitaba pactar con el carlismo después de haber vencido en la I guerra carlista. El conde de Montemolín huyó el 14-IX-1846 de su confinamiento en Bourgues y se dirigió a Inglaterra donde fue recibido con cierta expectación.

Poco después redactó un manifiesto en el que afirmaba su decisión de reclamar sus derechos por las armas al haber fracasado la vía negociada (12-IX-1846). Los conatos insurreccionales no dejaron de producirse a partir de ese momento, aunque la característica de todos ellos era el protagonismo de partidas inconexas y descoordinadas.

Iba tomando forma la II Guerra Carlista o Guerra dels Matiners cuya área de acción más importante se situó en Cataluña. El general Pavía que capitaneaba las tropas isabelinas destinadas en Cataluña, consiguió aplacar momentáneamente la insurrección en diciembre de 1847.

Más tarde (23-VI-1848) Cabrera se incorporó a las actividades que ya habían sido lanzadas por cabecillas locales Tristany, Ros de Eroles, Borges, etc.). La guerra se activó en Cataluña y parte de Aragón aunque sin prosperar los intentos de extenderla a otros lugares de la Península.

Algunos sectores demandaban con insistencia la presencia del conde Montemolín en la Península para ponerse a la cabeza de la insurrección y, en consecuencia, Carlos emprendió el viaje a España, pero en la misma frontera fue capturado por los aduaneros franceses y detenido en la fortaleza de Perpiñán.

Finalmente, Cabrera también se refugió en Francia con lo que la guerra pudo darse por terminada (25-IV-1849). A su regreso a Londres, el conde de Montemolín mantuvo un romance con miss Horsay que fue muy criticado por las personas de su entorno ya que, para dedicarse íntegramente a esa mujer, llegó a renunciar a sus derechos en favor de su hermano Juan.

Resuelta la situación, se iniciaron nuevas negociaciones para unir las dos ramas de los Borbón españoles, como consecuencia del terror provocado en los moderados por la Revolución de 1854.

En esta ocasión se negociaba sobre la base de un matrimonio entre los hijos de Isabel II y el conde de Montemolín, gobernando este último como Carlos (VI) hasta los veintidós años de su hijo, momento en el que cedería sus derechos. Pero el fin del Bienio Progresista colocó la negociación en segundo plano, y el nacimiento del príncipe Alfonso —futuro Alfonso XII— acabó con cualquier posibilidad de llevarla a buen término.

El conde de Montemolín hizo público un manifiesto programático (19-II-1860), de fondo anticentralista y con rasgos de un gobierno representativo, y preparó un nuevo levantamiento armado. La acción se organizó en las Baleares por el capitán general de las islas, Jaime Ortega.

El 2 de abril llegaba a San Carlos de la Rápita una flota de cinco vapores y dos veleros que transportaban 4.000 hombres. En el vapor L´Huveaune viajaba el conde de Montemolín pero la expedición Ortegada, torpemente planeada, terminó en un fracaso. La tropa que ignoraba el objetivo de su viaje, se negó a secundar una acción contra la reina. Ortega, capturado en Calanda fue condenado a muerte y ejecutado.

Carlos y su hermano Fernando fueron capturados en Ulldecona y llevados a Tortosa. Entonces los infantes firmaron (23-IV-1860) la renuncia al trono de España comprometiéndose a residir en el extranjero, lo que facilitó una amnistía general que afectó a los implicados en la sublevación, incluidos Montemolín y su hermano.

Una vez libres, los infantes, que se encontraban en Colonia (15 de junio) declararon nulas sus renuncias considerándolas producto de la presión a que habían sido sometidos. Mientras tanto, el tercer hijo de Carlos María de Isidro, Juan, había reclamado los derechos a los que habían renunciado sus hermanos y pretendía dar a su reclamación un contenido claramente liberal.

Apenas había publicado un manifiesto (1-XII-1860) tratando de explicar que la expedición de San Carlos de la Rápita había sido la respuesta a las demandas efectuadas desde diversos puntos de España y que le aseguraban una victoria incruenta en muy poco tiempo, cuando le sobrevino la muerte.

A los pocos se produjeron las de su esposa, Carolina de Borbón, y su hermano Fernando, lo que generalmente ha llevado a formular la hipótesis de que fueran envenenados.

R.B.: RÚJULA LÓPEZ, Pedro, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 2224.

Juan Carlos de Borbón y de Braganza

Biografía

(Aranjuez 1822-Brighton 1887). Segundo hijo de Carlos María de Isidro, y el más inteligente de los tres, según su preceptor. Fue educado por su tía la princesa Beira, que trató de dominar su carácter enérgico "con la humillación". En 1847 contrajo matrimonio con la archiduquesa María Beatriz de Austria-Este, muy devota y aquejada de sordera total. En 1849 acompañó a su hermano en su frustrado intento de penetrar en España.

Al año siguiente se produjo la ruptura con su esposa y con su propia familia, que no aceptaban el moderado liberalismo de Juan y no le permitieron educar a sus hijos, que quedaron bajo la tutela de su esposa y de la princesa de Beira. Cuando el conde de Montemolín firmó la renuncia de Tortosa (1860), Juan, que se había instalado en Londres, se proclamó sucesor legítimo de aquél y se dirigió a las cortes españolas reclamando sus derechos, y a Isabel II, pidiéndola que abandonara el trono.

Trató de llegar al trono por una vía democrática, ya que rechazaba la posibilidad de una nueva guerra civil y al no lograrlo renunció en Isabel II en mi nombre y en el de toda mi descendencia a cuantos derechos pueda darme la interpretación cualquiera de las antiguas leyes (1862), a la vez que pedía el apoyo de la reina para conseguir del emperador de Austria la devolución de sus hijos, a los que se educaba "contra mi voluntad, en un orden de ideas que no es el mío". No consiguió ni esto ni que se le permitiera regresar a España, Vivió el resto de sus días en Gran Bretaña, retirado de la política y oculto bajo el apellido Montagu.

Su renuncia ponía fin legalmente a la escisión carlista; pero, en 1864, la princesa Beira proclamó rey al hijo mayor de Juan, entonces de dieciséis años de edad. Este obtuvo posteriormente (1868) que su padre abdicara en él sus derechos, e hizo que a su muerte se le enterrara en el panteón real carlista de Trieste. Así en la historia carlista hay un reinado de Juan III que va desde la muerte de Carlos VI en 1861 hasta la abdicación en 1868, año en que le sucede su hijo mayor, Carlos de Borbón y de Austria-Este.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 4 pág. 1939.

Carlos María de Borbón y Austria-Este

Biografía

Don Carlos de Borbón.Don Carlos de Borbón (1848 - 1909), pretendiente carlista al trono español.

(Leibach (Iliria) 1848-en Varese, 1909). Carlos [VII]. Hijo de Juan de Borbón y de Beatriz del Este, nació cuando sus padres se hallaban de viaje hacia Viena. Era nieto del primer pretendiente, Carlos María de Isidro, y sobrino del hijo de este, el conde de Montemolín.

Como su padre don Juan había renunciado a los derechos al trono español, don Carlos no había pensado recabar para sí la sucesión de la corona; pero su abuela, la anciana princesa de Beira, reclamó para su nieto, en su Carta a los españoles (1863), el trono de España.

El nuevo pretendiente carlista se declaró jefe de la causa en 1866, al año siguiente casó con Margarita de Parma y en 1869 se dirigió en un manifiesto al país y tomó el título de duque de Madrid. En 1872 se inicia la última fase de la lucha dinástica, que concluye con el triunfo de la Monarquía Constitucional.

El pretendiente viaja intensamente por el extranjero, consagrándose a la propagación de su causa y en 1886 —año del nacimiento de Alfonso XIII— vuelve a definir sus pretensiones en un nuevo manifiesto, y en 1887 reorganiza su partido, aunque sin eficacia política ostensible.

Enviudó en 1893, quedando con cinco hijos, de los cuales uno varón, Jaime, heredó los pretendidos derechos al trono de su familia. Volvió a casar en 1894 con la princesa Berta de Rohan, sin que tuviera sucesión de este segundo matrimonio.

R.B.: VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, pág. 723.

Jaime de Borbón y Borbón

Biografía

Duque de Madrid (Jaime III), nació en Vevey, Suiza, 1870 y murió en París en 1931, fue hijo de Carlos María de Borbón, Carlos [VII]. Recibió educación militar en Austria e ingresó en 1896 en el ejército ruso, con el que intervino en la guerra de los bóxers y en la ruso-japonesa.

Al suceder a su padre halló el carlismo dividido, sin posibilidades de llegar al poder por la vía electoral, y demasiado débil para conseguirlo a través de una nueva insurrección. Al estallar la primera guerra mundial, quedó retenido en Austria, mientras sus seguidores se pronunciaban en España en favor de los imperios centrales.

Al regresar a París (enero de 1919) protestó de esta actitud germanófila y disolvió la junta central que regía el partido. Ello provocó la separación de Vázquez de Mella y el retraimiento de muchos antiguos militantes. Si el carlismo, -llamado ahora jaimismo- había obtenido nueve diputados en las elecciones de 1918, en las de 1923 no obtuvo más que cuatro.

Al proclamarse la segunda república, Jaime creyó llegado su momento, pero el descalabro sufrido en las elecciones-VI-1931 le desengañó prontamente. Negoció entonces con Alfonso XIII un pacto para poner fin a la disidencia carlista; pero al fallecer sin hijos (no había contraído matrimonio), los carlistas repudiaron estas negociaciones y escogieron como sucesor suyo a su tío, Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 4 pág. 1939.

Alfonso Carlos de Borbón

Biografía

(Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este. Duque de San Jaime y duque de Madrid. (Londres, 1849-Viena, 1936). Pretendiente carlista a la Corona de España. Hijo de don Juan de Borbón y Braganza y de Su Alteza Real doña María Beatriz de Austria-Este. Utilizó en algunas ocasiones los títulos de duque de San Jaime y duque de Madrid.

Fueron sus padrinos don Carlos Luis de Borbón y Braganza y la esposa del conde de Chambord. Pasó los primeros años de su vida junto a su hermano Carlos en Módena y en la corte de su tío el duque de Módena Francisco V. Más tarde vivió en Praga y Viena junto a su tío el emperador de Austria.

A la vuelta de un viaje realizado a los santos lugares con el duque de Módena, ingresó el 29-VI-1868 como soldado de los Zuavos Pontificios. En el sitio de Roma en septiembre de 1870 y encuadrado con otros españoles en la sexta compañía, segundo batallón, se distinguió como alférez e la defensa de la Puerta Pía.

Con la entrada de las tropas garibaldinas fue hecho prisionero y tras ser liberado se embarcó para Tolón (Francia) desde donde pasó a Vevey (Suiza) junto a su hermano Carlos. El 26-IV-1871 se casó en Kleinheubach (Baviera, Alemania) con María de las Nieves de Braganza, hija del ya difunto rey de Portugal, don Miguel, que reinó entre 1828 y 1834, y de la princesa Adelaida de Löweinstein.

Al iniciarse las guerras carlistas, fue nombrado por su hermano don Carlos [Carlos VII] general en jefe del ejército en Cataluña, adonde llegó a comienzos de 1873. Participó allí, entre otras acciones, en el ataque y toma de Ripoll, la toma de Berga, el ataque a Puigcerdá y la acción de Alpens, donde murió el general liberal Cabrinet.

Pasó más tarde don Alfonso Carlos a Navarra para tomar el mando de los ejércitos de Cataluña y el centro a su vuelta. Encomendó el mando del primero de ellos al general Tristán para cruzar de Aragón a Valencia. Allí participó en las acciones de Gandesa y Alcora, en los ataques a Teruel y en la toma de Cuenca en julio de 1874. Organizó las tropas de las provincias de Guadalajara y Cuenca que pasaron a las órdenes del brigadier Villalain.

Intentando seguir los planes que ideara Cabrera en la primera guerra buscó extender progresivamente la lucha hacia otras zonas y así organizó la expedición del coronel Lozano hacia Alicante y Murcia; la del brigadier Villalain que llegó a las inmediaciones de Aranjuez, e intento con regular éxito que el coronel Madrazo —que mandaba las fuerzas aragonesas— obstaculizara las comunicaciones ferroviarias entre Madrid y Zaragoza.

Las expediciones tuvieron poco éxito y don Alfonso —tras conferir el mando del Ejército del centro interinamente al general Martínez de Velasco— pasó el Ebro por Flix el 20-X-1874 con el batallón de Zuavos y una escolta de fuerzas del Maestrazgo a las órdenes de Cucala. Desde la Seo de Urgel ocupada por los carlistas pasó a Francia. Acabada la guerra desde Francia se retiró a Gratz (Austria).

Es de destacar que a lo largo de la contienda contó siempre con la presencia de su esposa, María de las Nieves, que recorrió todos los campos de batalla alcanzando gran popularidad entre los carlistas y que dejó escritas unas interesantes memorias. A partir de los años ochenta, la actividad de don Alfonso se centró en los viajes y en la lectura. Inició en Europa una interesante campaña antiduelista y publicó diversos artículos de política internacional en periódicos como El Correo Español.

A la muerte de su sobrino don Jaime, hijo de Carlos [VII], en París el 2-X-1931 fue nombrado jefe de la Comunión Tradicionalista y sucesor dinástico con el nombre de [Alfonso Carlos I]. En este periodo hubo de solucionar las consecuencias que en el carlismo se habían provocado con la escisión mellista, el integrismo, etc.

Habiendo conseguido poco antes del comienzo de la guerra de 1936 la unión de los distintos grupos carlistas, firmó la orden de adhesión y levantamiento carlista en este último conflicto. Murió en un accidente en Viena el 28-IX-1936 sin sucesor directo abriendo con ello un importante debate interno en el seno del carlismo. Publicó numerosas proclamas y manifiestos recogidos en su mayoría por Melchor Ferrer.

R.B.: ASÍN REMÍREZ DE ESPARZA, Francisco, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VIII, págs. 798-799.

Javier de Borbón y Parma

Biografía

Pretendiente a la corona de España, nació en Pianoro Luca en 1889 y murió en Coria en 1977, hijo de Roberto I, último duque reinante de Parma, y sobrino del pretendiente carlista Alfonso Carlos. Participó en la primera guerra mundial con el ejército belga y tomó parte en la negociaciones secretas entre el imperio austrohúngaro y los aliados (1917).

Durante la segunda guerra mundial luchó en Francia organizando una red de resistencia; detenido, paso a los campos de Schirmeck y de Dachau. En 1936, como jefe de la Junta suprema militar carlista, participó en las negociaciones con los generales Sanjurjo y Mola que culminaron el 15-VII-1936 con el compromiso requeté de sumarse a la sublevación del ejército.

Al morir el pretendiente Alfonso Carlos, el 29-IX-1936, Javier asumió la regencia para resolver el problema sucesorio carlista; al año siguiente manifestó su adhesión al general Franco.

Como fuera que este no decidía una solución, el conde de Rodezno y otros conocidos monárquicos sentaron las bases de Estoril (1946) por las cuales reconocián al pretendiente de la línea isabelina (Juan de Borbón, cuyos derechos pasaron a su hijo Juan Carlos I en 1977), lo cual se concretaría definitivamente cuando un grupo importante del carlismo le reconoció en el llamado pacto de Estoril (diciembre de 1957).

Por su parte, el grupo mayoritario del carlismo propuso en (Barcelona 1952, Montejurra 1957, 1959) al regente, [Javier I]. En 1968 fue expulsado de España junto con su familia, y tras sufrir un accidente en 1972 abdicó en su hijo Carlos Hugo.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 4 pág. 1939.

Carlos Hugo de Borbón

Biografía

1930). Carlos Hugo de Borbón-Parma y Borbón-Busset. Hijo de Francisco Javier de Borbón-Parma y Braganza y de Magdalena de Borbón-Busset. Se doctoró en Ciencias Económicas por la Universidad de Oxford (Reino Unido) y obtuvo la licenciatura de Ciencias Políticas en la Sorbona (Francia). Posee nacionalidad francesa, lo que le obligó, en 1955, a cruzar clandestinamente la frontera para instalarse en España e iniciar su relación con el partido carlista.

La presentación oficial del hijo de Javier ante los carlistas se produjo en Montejurra (Navarra) en 1957. A partir de ese momento, el protagonismo de Carlos Hugo va a ir en paralelo a la evolución ideológica del carlismo en el interior del régimen del general Franco. En 1968 fue detenido en Zaragoza y expulsado del territorio nacional a consecuencia de sus actividades políticas.

Muy pronto le seguirán Javier y sus hermanas María Teresa y María Nieves. Este gesto de hostilidad del régimen de Franco hacia el carlismo se completó en 1969, cuando las Cortes reconocieron al príncipe don Juan Carlos como sucesor a la Corona de España estrangulando la candidatura carlista.

La concentración de Montejurra de 1974 señaló la nueva trayectoria ideológica del partido carlista: el socialismo de autogestión global. Ese mismo año el partido carlista, conformado ya como partido de masas, federalista y democrático, se incorporó a la Junta Democrática de España formada en París.

En abril de 1975, Javier renunció a sus derechos en Carlos Hugo y, en junio, el partido carlista ingresó en la Plataforma de Convergencia Democrática. El hermano de Carlos Hugo, Sixto-Enrique, encabezó entonces la rama del carlismo insatisfecha con la nueva trayectoria del partido y añorante de su contenido tradicionalista.

En 1976 Carlos Hugo decidió regresar a España, pero fue devuelto al exilio cuando ya se encontraba en Barajas (Madrid). Su presencia podía enturbiar el proceso de restauración monárquica que estaba teniendo lugar en España.

La concentración de Montejurra el 9-V-1976 se convirtió en escenario de violencia entre las dos ramas recientemente escindidas del carlismo y terminaría con la muerte de dos de los concurrentes.

Carlos Hugo no pudo presentarse a las primeras elecciones democráticas ya que no poseía nacionalidad española. Posteriormente renunció a la presidencia del Partido Carlista y abandonó su militancia en él.

R.B.: RÚJULA LÓPEZ, Pedro, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, págs. 2225-2226.