Fernando VII de España

Escoiquiz, Godoy y Napoleón
Carlos IV y Fernando VII en Bayona
El Sexenio Absolutista 1814-1820
El Trienio Constitucional 1820-1823
La Década Absolutista 1823-1833
La Pragmática Sanción
La familia de Fernando VII

Biografía

Fernando VII - Vicente López
Fernando VII por Vicente López

Rey de España, 1808/1814-1833. Nace en San Lorenzo del Escorial, el 14-X-1784 y muere en Madrid el 29-IX-1833. El Deseado. Noveno hijo de Carlos de Borbón y de Sajonia (Carlos IV, 1788-1808) y de María Luisa Teresa de Parma.

Padre de Isabel II (1833-1868) y de Luisa Fernanda. Hermano de Carlos María Isidro, de Francisco de Paula Antonio, de Carlota Joaquina, de Amelia, de María Luisa y de María Isabel. Casó con María Antonia de Nápoles (1802), con Isabel de Braganza (1816), con María Josefa Amalia de Sajonia (1819) y con María Cristina de Borbón (1829).

Fueron sus ayos el duque de San Carlos y el marqués de Santa Cruz, y sus primeros maestros el escolapio Fernando Scío y Francisco Javier Cabrera, obispo de Orihuela (Alicante) y Ávila; al morir estos Godoy designó para esta función al canónigo Escoiquiz, quien fue nombrado primer sumiller de corps (camarero) y preceptor del ya príncipe de Asturias (Fernando había sido jurado como heredero el 23-IX-1789 en la iglesia de los Jerónimos de Madrid).

Escoiquiz alimentó el recelo de Carlos IV hacia su valido en una Memoria acerca de la elección de buenos ministros e infundió en el príncipe el deseo de asistir al Consejo Real; esta idea no era compartida por el rey, quien optó por desterrar de la Corte al preceptor para alejar de esta forma el ascendiente que este tenía sobre Fernando. Escoiquiz se convirtió así en el enemigo de Godoy y de los reyes, sentimiento que transmitió al príncipe desde su confinamiento en Toledo mediante una secreta relación epistolar.

Fernando había contraído matrimonio en 1802 con la hija del rey Fernando IV de Nápoles, María Antonia, quien lloró al verle por primera vez, pues según la madre de esta era de horrible aspecto, una voz que da miedo y tonto completo.

Escoiquiz, Godoy y Napoleón

Al morir María Antonia (1806) Godoy intentó casarle con su cuñada, María Luisa de Borbón y Vallabriga, enlace que no se llevó a cabo por la mediación de Escoiquiz, quien en una entrevista (Palacio el Buen Retiro, Madrid, VII-1807) con Beauharnais, embajador francés en España, solicitó a Napoleón I su consentimiento para emparentar al príncipe con alguna princesa de su familia, lo que permitiría una alianza entre las dos dinastías.

A petición de Beauharnais y para reafirmar esta petición Fernando dirigió al emperador una carta laudatoria dictada por Escoiquiz (11-X-1807). Napoleón por su parte, hizo uso para su política de dos apoyos: el de Fernando, quien le había manifestado su sumisión en la citada carta, y el de Godoy, con quien firmó a través de Eugenio Izquierdo de Ribera el tratado de Fontainebleau 27-X-1807, ratificado en el Escorial el 8-XI, en el que se abordó el reparto de Portugal.

Al ser descubiertas las intrigas y los planes de Escoiquiz se inició el Proceso del Escorial (octubre de 1808-enero de 1809); que tuvo como consecuencia el destierro de los consejeros de Fernando, quien fue perdonado por sus padres, y la solicitud cursada por Carlos IV al emperador para que determinase cual de sus sobrinas enlazaría con el príncipe.

El descontento general contra Godoy, quien había aconsejado el traslado de la Corte a Sevilla o Cádiz ante la amenaza de una invasión francesa, y es descrédito que había alcanzado el reinado de su padre motivaron el Motín de Aranjuez (Madrid, 17 y 19 de marzo de 1808; revuelta palaciega de tendencia fernandista que estuvo encabezada por Eugenio Eulalio Palafox y Portocarrero El Tío Pedro, conde de Montijo, y que trajo consigo la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo (19-III), a quien el pueblo acogió con entusiasmo —recibió el sobrenombre de el Deseado y fue objeto de un caluroso recibimiento por parte del pueblo madrileño el 24-III al considerarle la solución de los graves problemas que aquejaban al país.—

Su soberanía, sin embargo, no fue reconocida por el general francés Murat, quien tras entrar en Madrid con un ejército de ocupación había manifestado a Carlos IV que su abdicación carecía de valor legal por haber sido hecha contra su voluntad. Como primeras medidas de Gobierno Fernando VII modificó el grupo de consejeros de su padre, permitió el regreso de los perseguidos por Godoy (entre ellos Gaspar Melchor de Jovellanos y Francisco de Cabarrús y nombró asesores a los duque de San Carlos y del Infantado y al canónigo Escoiquiz.

Por esas misma fechas comenzó a hacerse efectiva la entrada de tropas francesas, que con el pretexto de asegurar sus comunicaciones con Portugal habían ocupado numerosas fortalezas españolas.

Carlos IV y Fernando VII en Bayona

Napoleón, deseoso de convertir a España en un aliado dócil al servicio de su política internacional, asumió el arbitraje entre padre e hijo y consiguió, tras diversos intentos anteriores y gracias a la mediación de Escoiquiz, atraer a Fernando a la ciudad de Bayona (Francia). Antes de partir hacia la ciudad francesa Fernando creó la Junta Suprema de Gobierno10-IV-1808, que debía encargarse del gobierno del reino hasta su regreso.

Presidida por el infante Antonio Pascual de Borbón y de Sajonia, tío del rey, estaba compuesta por cinco secretarios: Sebastián Piñuela (Gracia y Justicia), Gonzalo O´Farril (Guerra), Miguel José de Azanza (Hacienda), Francisco Gil de Lemus (Marina) y Pedro de Cevallos (Estado); limitada en sus funciones por el deseo de Fernando de mantener una relación amistosa con los mandos franceses, pronto interrumpió su relación con el monarca y se vio incapaz de ejercer la soberanía que le había sido depositada.

Diez días después la comitiva regia atravesó la frontera por Irún (Guipúzcoa), tras lo cual se unieron a ella el infante Carlos y sus acompañantes. Una vez en Bayona, Fernando fue recibido por Napoleón y tras un almuerzo en el Palacio Imperial de Savary comunicó a Fernando la decisión de que debía ceder sus derechos a la familia Bonaparte.

Diez días más tarde, durante los cuales se sucedieron las discusiones, llegaron a la ciudad Carlos y María Luisa y el 6 de mayo se hizo efectiva la renuncia de Fernando al trono en beneficio de su padre 6-V-1808, quien de antemano y en virtud de un convenio firmado por Godoy y Duroc había cedido sus derechos a Napoleón para que este, a su vez, entregase la Corona española a su hermano José José I Bonaparte, 1808-1813).

Poco después Fernando, el infante Carlos María Isidro y Antonio, tío de ambos, renunciaron a cualquier derecho sobre la Corona española y aceptaron (10-V) su retirada al castillo de Valençay, donde permanecieron casi seis años rodeados de una pequeña Corte.

Mientras se llevaban a efecto las llamadas abdicaciones de Bayona el pueblo español, que no aceptaba estas resoluciones ni el intrusismo de los franceses en sus instituciones, y menos la prisión de su idolatrado Fernando, se sintió depositario de la soberanía y se alzó en armas contra los franceses (sucesos del 2 de mayo), iniciándose de esta forma la guerra de la Independencia (1808-1814).

Para el gobierno provisional del país se creó una estructura de juntas locales y provinciales, coordinadas por una central e integradas por las clases medias; de esta forma el pueblo comenzaba a adquirir un verdadero protagonismo histórico político.

Tras su proclamación como rey 6-V-1808 José I se ganó el apoyo de un sector de ilustrados y otorgó a España la Constitución de Bayona6-VII-1808; menos de cuatro años después las Cortes reunidas en Cádiz elaboraron la Constitución de 1812 y un cuerpo legislativo tendente a desarticular la sociedad del Antiguo Régimen.

El sexenio absolutista 1814-1820

A raíz de las sucesivas derrotas francesas tanto dentro como fuera de la Península Ibérica, Napoleón se vio obligado a firmar el tratado de Valençay 11-XI-1813 por el que el emperador restituyó la Corona a Fernando VII. Este penetró en territorio español por la frontera gerundense (2-II-1814) y fue recibido por el capitán general de Cataluña Francisco Copons y Navia.

No obstante, las Cortes españolas, con sede en Madrid y con mayoría conservadora, se habían reunido el 14-I-1814 y habían decidido no aceptar el Tratado de Valençay y no admitir a Fernando como rey hasta que jurase la Constitución de 1812, medida que comunicaron al duque de San Carlos y a José de Palafox.

Fernando, por su parte, hizo caso omiso del itinerario oficial e intentó contactar con elementos absolutistas; después de llegar a Zaragoza, donde fue aclamado, se dirigió a Valencia, en cuyas cercanías fue recibido (10-IV) por el general Elío, quien le ofreció su apoyo militar, y por el cardenal Luis María de Borbón y de Vallabriga.

En esta misma ciudad y el mismo día recibió de Bernardo Mozo de Rosales el llamado Manifiesto de los Persas, firmado por 69 diputados renovadores —34 de ellos eclesiásticos—, en el que se pedía al monarca diversas reformas de signo absolutista, así como la no aceptación de la Constitución de Cádiz.

Finalmente, Fernando optó por promulgar el Real decreto de 4-V-1814 —mantenido en secreto hasta nueve días después, coincidiendo con su entrada en Madrid— por el que declaró nulos y de ninguno valor y efecto el citado texto constitucional y todas las demás medidas legislativas adoptadas por las Cortes gaditanas; para poder llevar a efecto estas disposiciones se aseguró el apoyo inglés y nombró capitán general de Castilla la Nueva a Eguía, cuya misión era ocupar Madrid con la ayuda de las tropas de Elío.

Conseguido este objetivo, se procedió a la detención y al encarcelamiento de dirigentes liberales, se clausuraron las Cortes, se nombraron nuevos ministros, se suprimió la libertad de expresión y se restableció la censura. De esta forma quedaba interrumpida la modernización iniciada en el periodo anterior y se reinstauraban el absolutismo monárquico y la sociedad del Antiguo Régimen.

En política exterior este cambio significó la consumación de la decadencia española en Europa, que resultó evidente en su participación en el Congreso de Viena (1814-1815), mientras que en lo que se refiere a los asuntos internos la supresión de las reformas liberales agudizó la situación deficitaria de la deuda pública.

Liberales y afrancesados fueron objeto de persecuciones, la inquisición fue restablecida y el gobierno pasó a estar en manos de los miembros de la camarilla real (el duque de Alagón, Ramírez de Arellano, Antonio Ugarte, Pedro Collado y los canónigos Escoiquiz y Ostalaza, entre otros), que fueron incapaces de atajar la crisis económica y de frenar la pérdida del mercado colonial derivada de los movimientos independentistas surgidos en Hispanoamérica.

Inicialmente se hizo cargo del gobierno el equipo moderado integrado por León y Pizarro y por Martín de Garay (1816-1818), cuyo intento de sanear la hacienda chocó con los intereses de las clases privilegiadas. Los liberales buscaron refugio en el seno de las sociedades secretas masones y carbonarios, en las que tomaron contacto con oficiales del ejército que habían sido apresados por los franceses.

Fernando casó en segundas nupcias con su sobrina María Isabel de Braganza (1816), hija de Juan VI de Portugal y de Carlota Joaquina, quien falleció el 26-XII-1818 en Aranjuez, sin dejar descendencia —ya que María Isabel Luisa murió en I-1818, a los cinco meses de nacer—, y por tercera vez con María Josefa Amalia de Sajonia (X-1819).

Trienio Constitucional 1820-1823

Desde 1814 se habían pronunciado diversas alternativas de pronunciamientos de signo constitucional (Espoz y Mina, Porlier, Richard, Milans del Bosch, Lacy, Vidal, etc.) que habían fracasado.

El 1-I-1820 el teniente coronel Riego inició otro que tuvo como protagonistas a las tropas que, acantonadas en Las Cabezas de San Juan (Cádiz), debían marchar a sofocar los movimientos de las colonias americanas; la concentración de tropas se había iniciado en 1818 y al mando de ellas se había colocado a militares sospechosos de liberalismo (caso del propio Riego, Quiroga y de Arco-Agüero).

En esta ocasión el estallido revolucionario se extendió en los meses siguientes por diversas ciudades (La Coruña, Oviedo, Murcia, Zaragoza, Barcelona y, finalmente, Madrid). La propagación del levantamiento obligó al rey a convocar Cortes 6-III-1820, a jurar la Constitución de Cádiz (7-III-1820) y a declarar públicamente en su Manifiesto10-III-1820: Marchemos francamente y yo el primero por la senda constitucional. De esta forma se iniciaba el llamado Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823).

Las reticencias del monarca a aceptar esta nueva situación, puestas de manifiesto en las continuas fricciones con el gobierno liberal, y la progresiva radicalización de este —acentuada a raíz del levantamiento fallido llevado a cabo en Madrid por la Guardia Real 6-7-VII-1822 y del intento de crear con la Regencia de Urgel una autoridad alternativa a la constitucional— condujeron a una situación insostenible para Fernando, quien solicitó en diversas ocasiones la ayuda de los soberanos europeos integrados en la Santa Alianza.

Estos, siguiendo la doctrina intervencionista del mariscal Metternich, decidieron en el Congreso de Verona —octubre-noviembre de 1822— encomendar a Francia la misión de poner fin al régimen liberal español. La tares recayó en el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, que al mando del duque de Angulema y con la colaboración de los guerrilleros realistas (que formaban el denominado ejército de la fe o de los feotas penetró en la Península 7-IV-1823.

El monarca, que en esos momentos se encontraba en Sevilla, fue trasladado junto con la Corte y el gobierno a Cádiz (15-VI), donde permaneció retenido hasta que, debido a la presión militar del duque de Angulema, a los sobornos pagados por los franceses y a la firma de un decreto de olvido general completo y absoluto de todo lo pasado sin excepción alguna (1-X) fue liberado.

Un día después Fernando declaró nulos y sin ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional, rompió sus promesas de perdón e inició una violenta represión. Únicamente las mediaciones de los embajadores francés y ruso le movieron a otorgar la amnistía del 1-V-1824, de aplicación muy restringida.

Ministros, diputados y otros liberales se refugiaron en Gibraltar (Reino Unido), desde donde organizaron nuevas acciones revolucionarias en los años siguientes, y en Francia, donde en 1830 llegaron a constituir un Directorio provisional para el levantamiento de España contra la tiranía (luego llamado Junta de Bayona).

Década Absolutista 1823-1833

El periodo transcurrido entre la vuelta al trono del monarca y su fallecimiento (1833) la —Década Absolutista— u Ominosa, estuvo caracterizado por la radicalización del absolutismo, por la pérdida de colonias americanas y por la creciente influencia del ministro Calomarde, aunque el grupo político más influyente se aglutinó en torno al ministro de Hacienda, López Ballesteros.

Por lo que respecta a la actitud absolutista del monarca es preciso señalar que Fernando se opuso en numerosas ocasiones a las pretensiones de ciertos sectores reaccionarios que solicitaban del monarca medidas extremas como el restablecimiento de la Inquisición —en su lugar se creó un cuerpo de policía estatal— y el mantenimiento de los voluntarios realistas —quienes no recibieron las recompensas esperadas— como única fuerza armada (para evitar esta acumulación de poder se emprendió la recomposición del ejército regular).

Esto hizo que algunos sectores radicales (los llamados apostólicos, defensores de un ideal católico de signo integrista y del absolutismo político, apoyaran la candidatura al trono del infante Carlos María Isidro de Borbón y llevaran a cabo diversas intentonas involucionistas pronunciamiento de Bessières, 15-VIII-1825; Manifiesto de la federación de los Realistas Puros, XI-1826; sublevación de los agraviats o malcontents, VIII-1827; etc.), aunque en ningún momento llegaran a la ruptura total.

De este modo, Fernando hubo de hacer frente, aunque de distinta forma, a reaccionarios y liberales; estos últimos centraron sus acciones en desembarcos organizados desde Gibraltar —en uno de ellos (Fuengirola, Málaga, XII-1831) y debido a una trampa preparada por El Ángel Exterminador —sociedad secreta, siendo el obispo de Osma uno de sus fundadores— fueron capturados y fusilados el general José María Torrijos y sus sesenta hombres— y, desde 1830, —año en que triunfó la revolución en Francia—, en forma de incursiones a través de los Pirineos.

La Pragmática Sanción

Muerta su tercera esposa Aranjuez, 17-V-1829 contrajo matrimonio con su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias 11-XII-1829, hija de Francisco I de las Dos Sicilias y de María Isabel, hija de Carlos IV. La posibilidad de tener descendencia llevó a Fernando a ordenar el 29-III-1830 la publicación de la Pragmática Sanción —que había sido aprobada por las Cortes el 25-II-1789 pero que no fue promulgada por Carlos IV—, por la que quedaba derogada la Ley Sálica impuesta por Felipe V el 10-V-1715, permitiendo así la descendencia femenina al trono por vía de sucesión.

De aquella nacieron la infanta Isabel (futura Isabel II) y María Luisa Fernanda, lo que ponía en serio peligro los intereses de los apostólicos. Estos intentaron, aprovechando un ataque del gota del monarca, un golpe de fuerza consistente en obligar a Fernando VII a derogar la Pragmática Sanción, lo que garantizaba la sucesión al infante Carlos.

El rey cedió a la presión de sus ministros y revocó lo ordenado en 1830 18-IX-1832, aunque una inesperada mejoría le permitió exonerar a aquellos (1-X) y firmar un decreto por el que concedía a la reina plenas facultades de gobierno mientras durase su enfermedad.

Haciendo uso de esta cesión de poderes, María Cristina inició su política de conciliación con el gobierno de Cea Bermúdez1-X-1832 / 15-I-1834, que quedó de manifiesto en la concesión de un amplio indulto que fue seguido por una amnistía 7-X-1832 y en la reapertura de las universidades, cerradas desde dos años antes.

La inmensa labor llevada a cabo por Cea no fue suficiente para conseguir del rey la derogación del concilio firmado en 18-XII-1832, hecho que tuvo lugar tras el traslado de la familia real a Madrid, donde Fernando VII afirmó ante las primeras autoridades del reino (31-XII).

Declaro solemnemente, de plena voluntad y propio movimiento, que el decreto firmado en las angustias de mi enfermedad fue arrancado de mí por sorpresa; que fue un efecto de los falsos terrores con que sobrecogieron mi ánimo; y que es nulo y de ningún valor, siendo opuesto a las leyes fundamentales de la monarquía y a las obligaciones que como rey y como padre debo a mi augusta descendencia.

Esta declaración y el apoyo de los liberales moderados obligaron a Carlos (V) a retirarse a Portugal, mientras sus partidarios tomaban las armas en iniciaban la I Guerra Carlista (1833-1840).

El 4-I-1833 Fernando retomó el gobierno y refrendó las medidas tomadas el año anterior por la reina; dichas medidas fueron la base sobre la que se fundamentó la monarquía constitucional durante la minoridad (1833-1843) de Isabel II, quien había sido jura princesa de Asturias el 20-VI-1833; en este periodo se hicieron cargo de la regencia la reina madre y el general Espartero.

R.B.: LOZANO LÓPEZ, Juan Carlos, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX págs. 4020-4021.

La familia de Fernando VII

  1. María Antonia de Nápoles

    La primera boda de Fernando VII (siendo príncipe de Asturias), fue con María Antonia de Nápoles, hija de Fernando I de las Dos Sicilias y de María Carolina de Lorena, archiduquesa de Austria. Esta princesa había nacido en Nápoles el 14-XII-1784. Las bodas se celebraron en su ciudad natal el 25-VIII-1802, y se ratificaron en Barcelona el 4 de octubre del propio año. María Antonia murió en Aranjuez, el 21-V-1806.
  2. Isabel de Braganza

    La segunda esposa de Fernando VII fue su sobrina Isabel de Braganza, hija de Juan VI de Portugal y de Carlota Joaquina. hermana, esta, del ya monarca español. La reina Isabel, a quien cupo la gloria de fundar el Museo del Prado, había nacido en Lisboa el 19-V-1797. El 28-IX-1816 tuvieron lugar los esponsales en Madrid. La reina murió en Aranjuez, el 26-XII-1818. De este enlace nació una hija:
    1. María Isabel Luisa. Nacida el 21-VIII-1817 y muerta a los cinco meses, el 9-I-1818.
  3. María Josefa Amalia de Sajonia

    La tercera boda de Fernando VII tuvo lugar en Madrid el 20-X-1819 con María Josefa Amalia de Sajonia, hija del príncipe Maximiliano de Sajonia y de la princesa Carolina Borbón-Parma. La nueva soberana había nacido en Dresde el 6-XII-1806, y murió en Aranjuez, sin haber dejado sucesión, el 17-V-1829. María Amalia fue mujer poco agraciada, muy devota y aficionada a la poesía.
  4. María Cristina de Borbón

    La cuarta esposa de Fernando VII fue su sobrina, hija de los reyes Francisco I de Nápoles (luego de las Dos Sicilias) y de la infanta María Isabel, hermana, esta, del monarca español. María Cristina había nacido en Palermo (donde se había refugiado la familia real de Nápoles durante la ocupación de aquel reino por Napoleón) el 27-IV-1806, y casó con su tío, en Aranjuez. el 11-XII-1829. Tuvieron dos hijas:
    1. Isabel. Nacida en Madrid el 10-X-1830 y que más tarde heredó el trono con el nombre de Isabel II
    2. María Luisa Fernanda. Nacida en Madrid el 30-I-1832. Casó con Antonio Mª de Orleáns, duque de Montpensier (1824-1890), hijo de Luis Felipe I (1773-1848) y de María Amalia de las Dos Sicilias (1782-1866), reyes de Francia. El enlace tuvo lugar en Madrid el 10-X-1840, coincidiendo con el de su hermana Isabel II, con Francisco de Asís de Borbón. María Luisa murió en Sevilla el 1-II-1897. De este enlace nacieron nueve hijos:
      1. María Isabel Francisca, nacida en Sevilla el 21-IX-1848 y muerta en el castillo de Villamanrique el 23-IV-1919. El 30-V-1864 casó en Kingston on Thames, con Luis Felipe de Orleáns , conde de París (1838-1894)
      2. María de la Regla, nacida en Sevilla el 8-X-1850 y muerta el 25-VII-1861
      3. María Amalia, nacida en Sevilla el 28-VIII-1851 y muerta el 9-XI-1870
      4. María Cristina, nacida en Sevilla el 29-X-1852 y muerta en la misma ciudad, el 28-IV-1879
      5. Fernando, nacido en Sanlúcar de Barrameda el 29-V-1859 y muerto en 1875
      6. María de las Mercedes, nacida en Sevilla, el 24-VI-1860, casada con Alfonso XII el 23-I-1878, y muerta en Madrid el 26 de junio del propio año
      7. Felipe, nacido el 12-V-1862 y muerto el 13-II-1864
      8. Antonio, duque de Galliera, nacido en Sevilla el 23-II-1866, casado con su prima, la infanta doña Eulalia (hija de Isabel II) el 6-III-1866, y muerto en París el 24-XII-1930
      9. Luis, nacido en Sevilla el 30-IV-1864 y muerto en 1874.

María Cristina de Borbón

Biografía

Marie-Christine_de_Bourbon - Franz Xaver Winterhalter
Marie-Christine de Bourbon por Franz Xaver Winterhalter

Regente 1833-1840. Regente de la corona española en uno de los momentos más críticos para la monarquía María Cristina pudo pasar a la historia como símbolo de los ideales liberales. Cristinos se llamaron en efecto, las tropas que lucharon contra los carlistas. Sin embargo, la regente era persona muy sujeta a los principios del gobierno absoluto, y si se apoyó en el elemento liberal, fue para defender los derechos de su hija doña Isabel II a la sucesión de Fernando VII.

Bien demostró sus inclinaciones políticas cuando, durante la mayor de edad de aquélla, fue centro del partido ultraconservador. Por dos veces salió desterrada de España, y su vida fue aún los suficientemente dilatada para presenciar el destronamiento de Isabel II y la restauración de los Borbones con su nieto Alfonso XII. Hija de Francisco Ide las Dos Sicilias, y de María Isabel de España, María Cristina nació en Nápoles el 27-IV-1806.

Su vida fue similar a la de tantas princesas, hasta que el 11-XII-1829 casó con Fernando VII de España, viudo de su tercera esposa María Amalia de Sajonia. Fruto de este matrimonio fueron la princesa de Asturias, Isabel (10-X-1830) y la infanta María Luisa Fernanda (30-I-1832).

En verano de este año enfermó el monarca gravemente, por lo que la reina fue encargada del despacho de los negocios públicos. Durante este periodo, el rey revocó la Pragmática Sanción de 1830 a instancias del ministro Calomarde; pero este codicilo fue destruido por la hermana de la reina, Luisa Carlota. Restablecido de su dolencia, el 4-I-1833 volvió a encargarse el monarca del gobierno.

Sin embargo, muy pronto María Cristina había de verse viuda (29 de septiembre) y puesta al frente del Estado en un momento de aguda crisis nacional. Frente a los carlistas que se habían levantado en armas en el norte, María Cristina confió el gobierno a los elementos moderados del liberalismo. Pero los progresistas aspiraron a implantar la constitución de 1812. La agitación subversiva se manifestó en el transcurso de 1835 en motines, quemas de conventos y numerosos conatos de cantonalismo.

El 12-VIII-1836, hallándose la regente en la Granja, unos sargentos sublevaron a las tropas y exigieron a María Cristina la promulgación de la Constitución de Cádiz. Se inició entonces una etapa progresista, cuyas exageraciones decidieron por un momento, a la regente a pactar con don Carlos. Pero la reacción moderada de 1837 la hizo desistir de tal propósito. No obstante, crecía cada día más la influencia del general Espartero, triunfador de la guerra en el norte y caudillo de los progresistas por ambición e ideología.

El choque entre la regente y el duque de la Victoria no tardó en producirse. En verano de 1840, con motivo de un viaje de las reinas a Cataluña, estalló claramente la disidencia. Don Baldomero favoreció la agitación progresista y se impuso a la regente.

Esta, hallándose en Valencia, renunció a la regencia el 12-X-1840. El 17 embarcaba para Nápoles en compañía de Fernando Muñoz, futuro duque de Riansares, su esposo morganático desde el 28-XII-1833. De Nápoles, doña María Cristina se trasladó a París, donde intrigó para derribar la regencia de Espartero, auxiliada por el gobierno de Luis Felipe.

Sus afanes tuvieron éxito con la caída del duque de la Victoria el 30-VI-1843. Al año siguiente regresó a España, autorizada por el ministerio de González Bravo. El 12-X-1844 se hizo público su matrimonio con el duque de Riansares. María Cristina intervino mucho en los primeros años del reinado efectivo de su hija.

A ella se debieron los matrimonios de las princesas con Francisco de Asís y Antonio María de Orleáns , duque de Montpensier (1846). Partidaria de las formas más conservadoras, predicó a su hija el absolutismo, la abolición de las leyes constitucionales y la implantación de un régimen seudo teocrático. Disgustó a cuantos políticos ocuparon el poder.

El pronunciamiento de la Vicalvarada (junio de 1854) tuvo para María Cristina consecuencias desagradables. Mientras su palacio era asaltado por las turbas y sus bienes secuestrados por los progresistas vencedores, ella huía a Portugal. En 1856 le fueron devueltos sus bienes. Aunque realizó frecuentes viajes a España, ya no intervino en la vida pública del país. Residió en París con su esposo don Fernando, y murió en su casa de campo, situada en Saint Adresse, junto a El Havre, el 22-VIII-1878.

A la muerte del rey Fernando VII, (ocurrida en Madrid el 29-IX-1833, a los 49 años de edad y 24 de reinado), su cuarta esposa casó morganáticamente en segundas nupcias, el 28 de diciembre del propio año. es decir, a los tres meses de viudedad, con Agustín Fernando Muñoz y Sánchez Funes Ortega (1810-1873), nacido en Tarancón (Cuenca) el 4-V-1808.

El 13-X-1844 recibieron públicamente la bendición nupcial. El 8-IV-1845 las Cortes autorizaron el enlace. Fernando Muñoz murió el 11-IX-1873, y María Cristina el 22-VIII-1878, en su casa de campo situada en Saint-Adresse, junto a El Havre (Francia).R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 192.

De este matrimonio nacieron siete hijos:

  1. María del Amparo. Primera condesa de Vista Alegre, nacida en el Pardo el 17-XI-1834 y muerta el 17-VIII-1864. El 1-III-1855 contrajo matrimonio en el castillo de Malmaison, con Ladislao XI, príncipe de Czartoryski.
  2. María de los Milagros. Primera marquesa de Castillejo, nacida en el Pardo el 8-XI-1835. El 23-I-1856 casó en el castillo de Malmaison con Felipe, príncipe del Drago.
  3. Agustín María. Primer duque de Tarancón, nacido en el Palacio Real en 1837 y muerto soltero en el castillo de Malmaison el 15-VII-1855. En 1845, Juan José Flores, a la sazón presidente de Ecuador, presentó a María Cristina un proyecto de restauración monárquica en Ecuador. Este proyecto consistía en declarar a Agustín María, Príncipe de Ecuador. Durante la minoría de edad, el nuevo reino estaría regentado por su madre, María Cristina, para luego restaurar la monarquía en Perú y Bolivia. Así se convertiría en el monarca del Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con la capital en Quito. Sin embargo, la Revolución Marcista depuso al presidente de Ecuador Juan José Flores, que hubo que desistir de sus planes.
  4. Fernando María. Segundo duque de Riánsares y de Tarancón, nacido el 27-IV-1838. Casó en 1864 con doña Eladia Bernaldo de Quirós y González de Cienfuegos.
  5. María Cristina. Primera marquesa de la Isabela y vizcondesa de la Dehesilla, nacida en el Palacio Real de Madrid el 19-IV-1840. Casó con don José María Bernaldo de Quirós y González de Cienfuegos, marqués de Campo Sagrado.
  6. Juan María. Primer conde del Recuerdo, vizconde de Villa Rubia y duque de Montmorot, del que no pueden precisarse fechas de su nacimiento ni de su muerte. No contrajo matrimonio.
  7. José María. Primer conde de Gracia, nacido en París el 21-XII-1840 y muerto soltero en Pau el 17-XII-1863.