Juan Carlos I de España

Biografía

El Compromiso con doña Sofía

De príncipe de Asturias a Rey de España

El reinado de Juan Carlos I

Abdicación de Juan Carlos I

Biografía

Juan Carlos I Rey de España

Juan Carlos I de España por Andrus_Ansip

Roma (Italia), 5-I-1938, Rey de España entre 1974 y 2014. Hijo de Juan de Borbón y de Battemberg, infante de España, y de doña María de las Mercedes Borbón-y Orleáns, princesa de las Dos Sicilias. Era el primer hijo varón de este matrimonio, habiéndole precedido su hermana Pilar.

Fue bautizado en la capilla de la Orden de Malta en Roma, oficiando en el bautizo el cardenal Eugenio Pacelli, quien un año después fue elegido Papa con el nombre de Pío XII. Fue madrina en el bautizo su abuela la reina Victoria Eugenia de Battemberg.

La familia real española residía en Roma desde la proclamación de la República en Madrid el 14-IV-1931. Habiendo entrado Italia en la II Guerra Mundial, la familia real española trasladó su residencia a Lausana (Suiza), en abril de 1941. El rey Alfonso XIII había promovido la renuncia a los derechos sucesorios a la Corona de sus dos hijos varones don Alfonso y don Jaime, afectados por dolorosas enfermedades, por lo que el rey de España, próximo a morir, abdicó a favor de su tercer hijo varón, el infante don Juan, los derechos de la Corona el día 15-I-1941.

Desde entonces, Don Juan de Borbón se convirtió en jefe de la Casa Real española y asumió el título de conde de Barcelona. Durante la estancia de la familia real en Lausana, la vida del infante Juan Carlos transcurrió sin novedad y fue enviado por algún tiempo a realizar los estudios propios de la enseñanza primaria al colegio de los padres marianistas de Friburgo, bajo la supervisión de Eduardo Vegas Latapié.

Pero habiendo terminado la Guerra Mundial, el conde de Barcelona trasladó la residencia a Estoril (Portugal), donde se instaló en Villa Giralda para estar más próximo a España y seguir los acontecimientos europeos con relación a España. Una de las cosas que preocupaban entonces al conde de Barcelona eran los estudios de don Juan Carlos, que pronto se inició en la enseñanza secundaria y que deseaba pudiera hacerlos en España.

Las relaciones del conde de Barcelona y del generalísimo Franco habían quedado deterioradas desde que se hizo público el llamado Manifiesto de Lausana del conde de Barcelona el 19-III-1945, a finales de la Guerra Mundial, porque en él don Juan de Borbón se ofrecía a superar las discordias de la Guerra Civil Española y a situar a España de acuerdo con el nuevo orden europeo.

Las ambigüedades del generalísimo Franco en relación al papel de la Casa Real y el futuro de España quedaron reflejadas en la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, aprobada por las Cortes franquistas en abril de 1947 y ratificada por un referéndum nacional en julio, por la que se declaraba a España reino, pero sin Rey, aunque el sucesor de Franco a la Jefatura del Estado sería a título de Rey.

Su primera etapa en España

El 25-VIII-1948 tuvo lugar la entrevista personal del conde de Barcelona y el generalísimo Franco a bordo del Azor, en aguas del Cantábrico cercanas a San Sebastián, adonde había llegado el conde de Barcelona tripulando el yate Saltillo, en el que había navegado muchas veces costeando el litoral español, pero sin que se le permitiera desembarcar en territorio de España. En aquella entrevista se formalizó un acuerdo que resultó muy importante para la vida del príncipe Juan Carlos, que había cumplido los diez años de edad y que no había estado todavía en España.

El acuerdo a que se llegó en el Azor permitió que don Juan Carlos hiciera los estudios de enseñanza secundaria (el bachillerato de entonces) en España en compañía de otros muchachos españoles. Así pudo llegar a Madrid don Juan Carlos en octubre de 1948, instalándose provisionalmente en la finca Las Jarillas, propiedad de Alfonso de Urquijo y Landecho, próxima a Tres Cantos, en las cercanías de Madrid.

La residencia definitiva para seguir los estudios, en régimen de internado, se fijó en el palacio de Miramar, en San Sebastián, que era propiedad de la familia real. Tanto en Las Jarillas como en Miramar, estudiaron con él un grupo de chicos de su edad, seleccionados de familias de fidelidad monárquica reconocida. Un elenco de profesores de Ciencias, Letras y Humanidades, bajo la dirección de José Garrido, impartió sus enseñanzas de acuerdo con los programas oficiales de las asignaturas. Terminados aquellos estudios, en junio de 1954 se sometió al preceptivo examen de reválida en el instituto San Isidro de Madrid, otorgándole el tribunal examinador la máxima calificación.

Aquellos habían sido los años felices de la adolescencia de don Juan Carlos. Terminado los estudios del bachillerato, convinieron el conde de Barcelona y el Jefe del Estado que el príncipe don Juan Carlos realizara los estudios propios de la carrera militar, por lo que en octubre de 1954 ingresó don Juan Carlos en la Academia General de Zaragoza y sucesivamente estudió en la Escuela Naval de Marín y en la Academia de San Javier. Fueron casi cinco años de estudios militares, en los que adquirió los conocimientos profesionales y el sentido de la disciplina propios de esa carrera.

Como colofón a los estudios de la Escuela Naval, realizó el viaje alrededor del mundo en el navío-escuela Juan Sebastián Elcano, que le puso en contacto por primera vez con los pueblos de América. En diciembre de 1959 recibió los despachos de teniente de infantería, alférez de navío y teniente del Ejército del Aire.

De acuerdo, de nuevo, el conde de Barcelona y el generalísimo Franco, el príncipe de Asturias debería completar su formación cursando algunos estudios civiles de Historia, Literatura, Derecho y Economía en las respectivas facultades de la Universidad de Madrid (hoy llamada Complutense). Así lo hizo el príncipe en el curso 1960-61, instalada su residencia definitiva en el palacio de la Zarzuela, que había sido modernizado y acondicionado para ello. En los meses previos al inicio del curso académico 1960-61, algunos catedráticos de las Universidades de Barcelona y Madrid impartieron unas clases al príncipe en la residencia que provisionalmente se le había designado en el Escorial.

El Compromiso con doña Sofía

Mientras tanto, la Casa Real Española mantenía discretos contactos con las otras Casas Reales europeas para encontrar un posible arreglo matrimonial conveniente para el príncipe don Juan Carlos. Así se llegó a establecer, sin intervención del gobierno español, el compromiso de don Juan Carlos con la princesa Sofía de Gracia, hija de los reyes Pablo y Federica, entonces reinantes.

Los jóvenes príncipes se habían conocido en 1954 durante un crucero por las islas griegas en el que participaron numerosos miembros de la realeza europea, aunque no fue hasta 1960, en una fiesta organizada por los duque de Wüttemberg en Sttutgart, cuando ambos comenzaron a interesarse.

La boda se celebró en Atenas con gran boato el 14-V-1962. El Palacio Real griego estaba engalanado para recibir a los numerosos invitados y representaciones oficiales y las calles adornadas por donde debían transcurrir los dos cortejos que se dirigirían sucesivamente a las catedrales católica y ortodoxa, las dos iglesias a las que pertenecían oficialmente los contrayentes. En los dos cortejos, la carroza descubierta de los novios iba escoltada por el príncipe Constantino a caballo.

El primer cortejo salió del Palacio Real para dirigirse a la catedral católica de San Dionisio, en la que se celebró la ceremonia según el rito católico. En su interior, en la nave central, se hallaban las familias invitadas de todas las Casas Reales y la japonesa. En las naves laterales se situaban los invitados españoles de la aristocracia y las personalidades civiles y representaciones de las instituciones sociales, culturales, económicas, regionales y municipales.

Terminada esta primera ceremonia, el cortejo retornó al Palacio Real, de donde salió de nuevo para dirigirse a la catedral ortodoxa, donde el patriarca de Atenas bendijo la unión matrimonial según el rito bizantino. En Atenas, y por iniciativa privada, se publicó por aquellos días un Diario Español en lengua castellana que sirvió de vínculo de comunicación entre los viajeros que habían acudido a aquel acontecimiento.

Terminados los festejos de aquella jornada, los príncipes don Juan Carlos y doña Sofía partieron para un largo viaje de novios alrededor del mundo, al término del cual hicieron una visita a Roma, donde les recibió el papa Juan XXIII, que dispensó a la princesa Sofía de cualquier ceremonia de abjuración para ser recibida en la Iglesia Católica.

De príncipe de Asturias a Rey de España

Instalado el nuevo matrimonio en el palacio de la Zarzuela, los príncipes dedicaron mucho tiempo a viajar por las distintas provincias y regiones españolas, para trabar así conocimiento directo con las gentes del país.

El príncipe de Asturias, que era el título que usaba don Juan Carlos, realizaba también visitas de información y estudio a las instalaciones y centros industriales y económicos de interés general. El 20-XII-1963, nació en Madrid la hija primogénita de los príncipes, la infanta Elena. Dos años más tarde, nació en Madrid la infanta Cristina el 13-VI-1965. El primogénito varón, el infante don Felipe nació en Madrid el 30-I-1968.

La Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado aprobada en 1947 perturbó, años más tarde, las buenas relaciones de confianza que don Juan Carlos mantenía con su padre. La oportuna intervención y buen tacto de la reina madre doña Victoria Eugenia, que por primera y única vez regresó a España para asistir en Madrid al bautizo de su biznieto el infante don Felipe, ayudó a normalizar las relaciones y eliminar algunas discrepancias entre los miembros de la familia real.

Pero la situación se complicó más cuando en abril de 1969 las Cortes Españolas propusieron al príncipe don Juan Carlos como sucesor a título de Rey cuando se cumplieran las previsiones sucesorias, recibiendo desde entonces el título de Príncipe de España.

Fue aquel un momento muy difícil para don Juan Carlos, que de ninguna manera quería ser continuador como Rey del régimen autocrático del generalísimo Franco, y tampoco quería saltarse la línea dinástica familiar en oposición a su padre. La aceptación del título de príncipe de España entrañaría la retirada de la placa de príncipe de Asturias, dispuesta por el conde de Barcelona, y que era el título que ostentaban los herederos de la Corona.

Uno de sus asesores en aquellos días fue el profesor Torcuato López Miranda, quien le explicó que no había ninguna Constitución inmutable y que todas llevan implícito el mecanismo legal para su reforma, de manera que las Leyes Fundamentales del régimen establecido por el generalísimo Franco también podrían reformarse de la Ley a al Ley para permitir una transición ordenada desde el autoritarismo personal a la democracia, devolviendo al pueblo la soberanía nacional, sin cometer ningún perjurio al jurar fidelidad a las Leyes Fundamentales para reformarlas por el propio procedimiento en ellas establecido.

En los años inmediatamente posteriores, los tratadistas de derecho político discutieron sobre las posibilidades que tendría el príncipe de España para, llegado el momento de la sucesión, consolidar el régimen existente o reformarlo, en un sentido democrático.

Ocurrido el fallecimiento del general Franco el 20-IX-1975, dos días después fueron convocadas las Cortes para tomar juramento y proclamar Rey a su majestad Juan Carlos I, quien pronunció un importante y bien meditado discurso en el que confirmaba su voluntad de ser el Rey de todos los españoles y superar los enfrentamientos anteriores. Juan Carlos quiso ratificar su voluntad política con un compromiso público internacional, y esto significó el discurso que pronunció en el Congreso de los Estados Unidos el 2-VI-1976, en ocasión del aniversario del bicentenario de su independencia.

Era aquella una ocasión solemne también porque era la primera vez que un Rey de España viajaba a América. El Rey quería la reforma política. Él podía hacerla dentro de la legalidad vigente, pero necesitaba contar también con las personas que desde el mecanismo institucional colaborasen en la transición política.

Para ello, y tras dirigirse al Ejército como capitán general y jefe supremo del mismo, para reclamar su fidelidad disciplinada, nombró a Torcuato Fernández Miranda presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, y tras una breve demora de seis meses nombró a Adolfo Suárez presidente del Gobierno.

Ellos consiguieron preparar la Ley para la Reforma Política, que fue aprobada por las Cortes franquistas el 18-XI-1976 y ratificada luego en referéndum nacional el 15 de diciembre del mismo año, que significaba la apertura a la democracia, porque permitía la formación de partidos políticos y la celebración de unas elecciones democráticas libres para elegir diputados a unas Cortes que previsiblemente se declararían Constituyentes.

Para sacar adelante este proceso de una transición ordenada, del Ley a la Ley, a la democracia, el Rey respaldó en todo momento las gestiones que realizaban a dos bandas para reducir la resistencia, por un lado el inmovilismo de los duros del anterior régimen, que defendían los principios inmutables de las anteriores Leyes Fundamentales; por otro lado, la necesidad de atraer a los propugnadores de la democracia para que aceptaran el modelo de transición propuesta por los titulares del Gobierno del Rey.

Con la celebración práctica de las elecciones a Cortes el 15-VI-1977 se daba un paso definitivo para la ratificación de la Monarquía parlamentaria. Previamente, el 15 de mayo de ese año, el conde de Barcelona había abdicado en su hijo Juan Carlos I los derechos dinásticos a la Corona española, así como la jefatura de la Casa Real, en un sencillo y emotivo acto celebrado en Madrid.

El Rey Juan Carlos reuniría así, la legitimidad de hecho derivada de la situación anterior y la legitimidad constitucional que ratificarían muy pronto las Cortes Constituyentes, a las que añadiría la legitimidad dinástica reconocida por su padre. Las Cortes trabajaron durante año y medio para elaborar la Constitución y aprobarla con general consenso el 31-X-1978, ratificada en referéndum nacional el 6-XII y sancionada por Su Majestad el Rey el 27 de diciembre del mismo año. Así terminó la primera fase de la transición política de la que el Rey Juan Carlos I ha sido el motor de arranque y el capitán del navío del Estado que había llevado a España de la dictadura al puerto de la democracia.

El reinado de Juan Carlos I

Al entrar en vigor la nueva Constitución quedaban decaídos los extensos y amplios poderes que había recibido de la situación anterior y que había utilizado para llevar a cabo la transición a la democracia. Los nuevos poderes y funciones del Rey en la Monarqiía parlamentaria quedaron recogidos en el título segundo de la Constitución que trata de la Corona, artículos 56 y siguientes.

Los primeros artículos de la Constitución establecían que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria y se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común de todos los españoles, y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.

El artículo 56 declara al Rey jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. El Rey arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones. La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. De los actos del rey responden las personas que los hayan refrendado (art. 92).

Corresponden al Rey, entre otras funciones, convocar y disolver las Cortes, nombrar los presidentes del gobierno propuestos por la mayoría parlamentaria, convocar referéndum nacional. Desde diciembre de 1976 no se ha convocado ningún otro referéndum nacional, aunque el artículo 92 de la Constitución menciona que en las decisiones políticas de mayor transcendencia pueden ser sometidas a referéndum consultivo, convocado por el rey de acuerdo con la Ley.

Al Rey le corresponde refrendar y sancionar las leyes, es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas, ostenta la representación del Estado en las relaciones internacionales, principalmente en los actos derivados de las relaciones con las naciones de nuestra comunidad cultural y ostenta el Alto Patronato de las Reales Academias.

Como jefe supremo de las Fuerzas Armadas, el Rey se reúne todos los años con los mandos superiores de las mismas en la Pascua Militar el día 5 de enero. También toma parte en los ejercicios y prácticas militares que normalmente hacen las distintas unidades y preside el desfile que tiene lugar todos los años el día de las Fuerzas Armadas.

El Rey sigue atentamente la actuación de los soldados españoles que participan en misiones militares exteriores encomendadas o dispuestas por la Organización del Atlántico Norte, de cuya alianza España forma parte desde 1986. Juan Carlos I ha cumplido con gran puntualidad todas estas funciones y su reinado se desenvuelve dentro de un orden constitucional.

Solo tuvo que afrontar el Rey una grave situación extraordinaria el 23-II-1981. En aquella ocasión don Juan Carlos tomó el mando de la situación para reducir la intentona golpista de algunos militares que habían secuestrado al gobierno y al Congreso de los diputados. Gracias a su personal intervención, redujo a los golpistas y quedó restablecido el funcionamiento regular de las instituciones.

El artículo 63 de la Constitución establece que el rey sea informado de todos los asuntos importantes sobre las relaciones y tratados internacionales, además le corresponde la alta representación internacional de España. Por eso Juan Carlos I ha dedicado mucha atención y mucho tiempo a los viajes y visitas oficiales al extranjero, sobre todo a los países de raigambre hispánica. Ha alcanzado, así, Juan Carlos I un alto prestigio en los medios políticos y diplomáticos de todo el mundo.

Se hace presente ante el pueblo en las fiestas oficiales o en el habitual mensaje navideño con el que felicita a todos los españoles y en el que hace un resumen de los acontecimientos y preocupaciones de cada año. Ha querido siempre estar al lado de las víctimas del terrorismo etarra y del trágico atentado del 11-III-2004 en Madrid. En muchos de estos actos, asiste acompañado de la reina Sofía o de los príncipes de Asturias.

Las vacaciones veraniegas las pasan los Reyes en el palacio de Marivent de Palma de Mallorca. En el año 2004 dio su preceptivo consentimiento para el matrimonio del príncipe de Asturias con doña Leticia Ortiz Rocasolano. El príncipe de Asturias acompaña al Rey en algunas ocasiones y mantiene cambio de impresiones con don Juan Carlos I sobre cuestiones de interés general.

En su condición de Alto Patrono que le confiere la Constitución sobre las Reales Academias del Instituto de España, asiste a varios actos y todos los años inaugura el curso de las mismas, que se celebra por turno rotatorio en una de ellas. El Rey se preocupa de la difusión del idioma español en el mundo a través del Instituto Cervantes, y no regatea su aliento a la investigación y desarrollo a través de las instituciones y asociaciones dedicadas a ello. Ha sido nombrado doctor honoris causa por numerosas universidades españolas y extranjeras.

Don Juan Carlos ha sido siempre un destacado deportista y cultiva especialmente los deportes náuticos en verano y esquí alpino en invierno. En la época estival toma parte frecuentemente en algunas competiciones y regatas de embarcaciones a vela como patrón y tripulante de su propia embarcación, con la que ha conseguido algunos premios internacionales, y participó como deportista olímpico en los Juegos Olímpicos de 1972, patroneando el Fortuna en las aguas de la bahía de Kiel. También conoce y vive los acontecimientos del deporte español y, sobre todo, las pruebas olímpicas. A él le correspondió presidir la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.

Abdicación de Juan Carlos I

El 2-VI-2014 Su Majestad el Rey don Juan Carlos I firmó y entregó al presidente del Gobierno un escrito en el que comunicó su decisión de abdicar la Corona de España. La Sanción y Promulgación de la Ley Orgánica de abdicación por S.M. el Rey don Juan Carlos I tuvo lugar el 18-VI-2014. Al día siguiente su hijo, S.A.R. el Príncipe Felipe fue proclamado Rey de España.

R.B.: PALACIO ATARD, Vicente, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXVIII , págs. 265-269.