Cristóbal Colón

Colón en Portugal
Colón en España
Los viajes de Colón

Biografía

La persona de Cristóbal Colón no necesita ningún título ni adjetivo que introduzca al comentario de su biografía. Para todos es el descubridor de América, y eso basta. Claro es que la singularidad e importancia de su obra de descubridor han hecho verter torrentes de tinta en todas las lenguas, no siempre en el tono panegírico y laudatorio que es tradicional al considerar esa gran figura de la Humanidad.

Recreación de la llegada de Colón por Theodor de Bry.
Recreación de la llegada de Colón por Theodor de Bry.

Pero pese a todas las críticas e hipótesis más o menos fundamentadas, siempre quedará vinculada a su personalidad la aureola de haber franqueado el Atlántico y haber inaugurado la ruta que debía conducir a los europeos al continente americano.

De Colón se conocen no una o dos, sino varias biografías, algunas de ellas tan discrepantes de otras, que es en realidad difícil sintetizar los rasgos esenciales de su vida, su pensamiento y acción sin incurrir en omisiones que pueden ser fundamentales para la certera interpretación de su carácter y sus propósitos. No obstante, a compás de la renovación de los estudios históricos colombinos, se pueden dar como seguros algunos datos, en los que, desde ahora, tienden a apoyarse todos sus biógrafos.

Empecemos con el aspecto físico del personaje, puesto que los retratos que de Colón se conservan son de muy dudosa autenticidad. Según un contemporáneo, que en este punto parece digno de fe, Colón era de cuerpo alto, rostro alargado y tenaz, nariz aguileña, ojos garzos, tez blanca tirando a rojo encendido y pelo entrecano (¿rubio originariamente?).

De su rostro se desprendía una extraña fascinación, quizá por su mirada de soñador, en que brillaba la poesía de las ideas geográficas y de los misterios del mar. Porque el descubridor fue, más que un hombre de ciencia, un poeta. Solo un alma poética, chapada a la vez de misticismo religioso, podía llevar Europa a América. Un realista se habría considerado fracasado al regresar de su primer viaje transoceánico.

Colón fue el hombre de la fe en una idea, que cobró vida y savia en el torrente desbordado de su imaginación. Este hecho salvó su obra y ha salvado su personalidad ante la Historia. Se puede discutir si fue o no fue un navegante genial, si se propuso o no se propuso llegar a la India por Occidente, si concibió o no concibió el mismo si proyecto, si tuvo o no tuvo dotes de caudillo.

Todo esto, y aún más, como su iracundia, su intransigencia, su megalomanía, su falta de tacto, queda reducido a segundo término o perdonado por la extraordinaria fe que puso en sus destinos. La fe levanta un mundo, y, en el caso de Colón, incorporó un nuevo continente a las tierras conocidas en la mayor epopeya que registran los anales de los grandes descubrimientos oceánicos.

Admitamos: con la generalidad de la crítica moderna, aunque no conste en parte alguna, que Cristóbal Colón nació en Génova en 1451, un año después que su padre Doménico adquirió una casa en el barrio el barrio del Quarto, probablemente para contraer matrimonio con Susana Fontana-Rosa. Otros sesudos autores admiten las fechas de 1446 ó 1447.

El nacimiento genovés de Colón está hoy probado documentalmente, sin que quepan más disquisiciones sobre sus supuestas patrias, entre las cuales, desde luego, España. Si el futuro descubridor nació en el hogar de los Colombos, es lógico suponer que, continuando la tradición artesana de su familia, transcurrieron sus primeros años en el ambiente de tejedores de sus padres y colaterales en Génova y Savona.

Es, pues, pura leyenda su precoz aptitud marinera, de que el mismo Colón se alabó más tarde; y también su participación en las campañas navales de Colombo el Joven, corsario griego (1459), o como almirante al servicio de Renato de Anjou (1473). También es absurda la versión de sus estudios en la universidad de Pavía. Bajo ningún concepto Colón fue un humanista e incluso un simple letrado. Ya es más probable que entre 1474 y 1475 visitara la isla de Chío, pero no como marinero sino como mercader.

Continuando en esta misma ocupación, emprendió un viaje a Inglaterra en las galeras fletadas por los genoveses Di Negro y Spínola. El 13-VIII-1476 esta flota fue sorprendida por el corsario Guillermo de Nova (Coullon) a la altura del cabo de San Vicente.

Al comentar este hecho los biógrafos se separan: los tradicionalistas sostienen que Colón figuraba en la flota del corsario; los modernos, que iba en la de los mercaderes; algunos, que Colón era el propio Coullon, (Colombo en italiano). En todo caso, el ataque pesó en modo decisivo en su vida, pues le llevó a las costas portuguesas y a trabar relación con los descubridores de Lisboa.

Colón en Portugal

Aquí se estableció, después de regresar de su viaje a Inglaterra, que remató en febrero de 1477. ¿Estuvo en esta ocasión, como él pretende en Islandia, como él pretende, cien millas más allá de la última Thule? Es muy poco verosímil, aunque tampoco improbable. En este punto, algunos se meten a brazo partido con el misterio y ven en Colón al pirata Scolvus y al predescubridor de América.

En Lisboa Colón, junto con su hermano Bartolomé, se dedica a la confección de mapas y portulanos. Se dice que correspondió con el físico florentino Paolo Toscanelli, quien le comunicó teorías sustanciales para la realización del proyecto de llegar a las Indias. Pero esta afirmación es con mucha probabilidad fantástica, como fantásticas son, sin duda, sus lecturas del Imago Mundi, del cardenal Pedro de Ailly, que solo conoció más tarde.

También caen en el terreno de la leyenda la influencia de los papeles de Bartolomé Perestrello en la concepción de su misión descubridora —se había casado con su hija Felipa Moñiz en 1478(?)—, y la narración del náufrago español Sánchez, que Colón había oído en una de sus estancias en Porto Santo.

Como vemos, se pisa un terreno poco firme, tanto al estudiar las andanzas de Colón en Portugal como al investigar la génesis del proyecto de descubrimiento. En todo caso, no cabe duda de que este proyecto existía en su imaginación antes de 1481, cuando acompañó al almirante Azumbaga en un viaje a San Jorge de la Mina, en la costa de Guinea. Se reducía, según podemos alcanzar, a descubrir unas islas existentes en pleno Océano las Antilia, pues es posterior la idea de llegar a las Indias por Occidente.

Aquel proyecto flotaba en el ambiente de Lisboa, y Colón pudo adquirir noticias precisas, que le dieron la absoluta convicción de la existencia de las supuestas islas y tierras de los mares oceánicos. Desde entonces Colón fue el hombre de una sola idea, a la que iba a sacrificarlo todo: Su reposo, su vida, su hogar…

En 1482 presentó su proyecto a la corte de Juan II de Portugal: descubrir tierras en el Oeste navegando a través del Océano. Sus exorbitantes pretensiones y la no declaración de su secreto —pues Colón poseía el secreto de la ruta— hicieron que su demanda fuese rechazada por una junta de cosmógrafos. Entonces abandona Portugal —las causas concretas se desconocen— y se traslada a España, con su hijo Diego, a fines de 1484.

Colón en España

En España, Colón va a hallar todas las circunstancias precisas para dar cima a su empresa: una monarquía poderosa y activa, unos navegantes peritos en los rumbos oceánicos y, sobre todo, una fe en los vastos designios imperiales. Colón, sin España, nada habría sido. Por esta causa, pese a su origen extranjero, el almirante será siempre, en esencia, un navegante vinculado a la historia española.

Nada más lejos de la realidad que la figura tradicional del Colón harapiento e incomprendido en tierras de España durante los siete años que van de su llegada al monasterio de la Rábida a su partida de Palos. Apenas llegado a España se hospeda en el palacio del duque de Medinaceli, en enero de 1486 entra al servicio de los Reyes Católicos y en marzo siguiente es recibido por la reina Isabel; durante el año siguiente continúa siendo pensionado por la corte.

Pero de nuevo fracasa en las juntas que se reúnen para tratar de su proyecto (la famosa conferencia de Salamanca es pura leyenda en su composición y desarrollo). Lo que separa Colón de los sabios y cosmógrafos españoles son, justo es decirlo, sus pretensiones desmesuradas, su escasa formación científica y su fabulosa imaginación, que raya en la charlatanería.

Las juntas determinan, en todo caso, que no es aquel el momento —cuando culmina la lucha contra Granada— de aventurarse en una empresa por lo menos temeraria. Entonces Colón reanuda sus negociaciones con la corte portuguesa, y, a través de su hermano, con las de Inglaterra y Francia. Pero todo en vano. En un momento de desaliento, recibe el apoyo entusiasta del prior del monasterio de la Rábida y de los marinos del puerto de Palos.

Acude de nuevo a la corte, que en aquel momento se halla en Santa Fe, presidiendo el sitio de Granada, y entabla nuevas negociaciones. Aceleradas estas por el feliz triunfo de la rendición de la ciudad de los nazaríes, rematan en las Capitulaciones firmadas el 17-IV-1492. Colón ha logrado imponer su voluntad en toda la línea.

titulo que había de conservarse perpetuamente en sus herederos y sucesores, y al que debían ir anejas todas las preeminencias que gozaban los almirantes en Castilla; que había de ser virrey y gobernador general en todas las dichas islas y tierras firmes, que como dicho es, él descubriere o ganare en las dichas mares; que para el regimiento de cada una y de cualquier de ellas farà él elección de tres personas para cada oficio; e que vuestras Altezas tomen, o escojan, uno el que más fuere su servicio.
Se estipuló que de todas las mercadurías, si quier sean perlas, piedras preciosas, oro, plata, especería... que se compraren, trocaren, fallaren, ganaren e hobieren... haya e tome la decena parte para sí mismo, e faga de ello a su voluntad , quedando las otras nueve partes para Vuestras Altezas.
Solicitó que por sí, o por su teniente, y no por otro juez, se decidiesen las contiendas judiciales que pudieran ocurrir a causa de las mercaderías que él traerá, o de las que en trueque de aquellas se tomaran acá de otros mercaderes, y por último, que en los futuros armamentos pueda el dicho Cristóbal Cólon, si quisiera, contribuir é pagar la ochena parte de todo lo que se gastare en el armazón, é que también haya é lleve del provecho la ochena parte de lo que resultare de la tal armada.R.B.: Estipulaciones citadas por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Los Reyes Católicos han accedido a sus pretensiones, lo que realmente es inexplicable tratándose de personas tan celosas de sus preeminencias reales. ¿Les reveló, acaso, Colón su secreto? ¿O fue decisivo el apoyo que le prestaron los altos funcionarios del reino de Aragón, un Luis de Santángel, un Gabriel Sánchez y un Juan de Coloma?

Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias; y me abrió la voluntad para la ejecución de ello, y con este fuego vine a V. Á. Todos aquellos que supieron de mi empresa, con risa la negaron burlando... en solo V. A. quedó la fe y constancia.
Siete años, dice en la misma carta, pasé aquí
en su real corte disputando el caso con tantas personas de tanta autoridad, y sabios en todas artes; y en fin concluyeron que todo era vano y se desistieron con esto de ello.R.B.: Carta de Colón a la reina citada por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Los viajes de Colón

Primer viaje

La fecha de 1492 marca una nueva etapa en la vida es de Colón. El flamante almirante de los mares oceánicos emprende su primer viaje el 3-VIII-1492 y el 12 de octubre siguiente avista Guanahaní, la primera tierra de América. Los cronistas alaban la decisión y la entereza de que dio pruebas durante el viaje; pero es de creer que su feliz éxito se debió, en parte muy considerable, a la pericia náutica de los pilotos españoles, en particular de los Pinzones.

Vinieron muchos isleños, y yo, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y se convertiría a nuestra santa fe por amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados, y unas cuentas de vidrio, que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor con que ovieron mucho placer, y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos a donde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos, y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles.
Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vide más de una, farlo moza, y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vide de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos, y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de caballos, e cortos... de ellos se pintan de prieto, y de ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos; y de ellos se pintan de blanco, y de ellos, de colorado, y de ellos, de lo que fallan; y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos, solo los ojos, y de ellos, solo el nariz.
Ellos no traen armas, no las cognocen, porque les amostré espadas, y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia... Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo papagayos, en esta isla.
Esta isla es bien grande, y muy llana, y de árboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña , y toda ella verde, ques placer de mirarla, y esta gente farto mansa... La gente, que venían todos a la playa llamándonos y dando gracias a Dios, los unos nos traían agua , otros otras cosas de comer; otros, cuando veían que yo no curaba de ir a tierra, se echaban a la mar nadando, y venían, y entendíamos que nos preguntaban si éramos venidos del cielo...
Con cincuenta hombres los tendrá V. A. todos sojuzgados y les hará hacer todo lo que quisiere; y después junto con la dicha isleta están huertas de árboles , las más hermosas que yo vi, é tan verdes y con sus hojas como las de Castilla en el mes de abril é mayo, é mucha agua. Yo miré todo aquel puerto y después me volví a la nao y di la vela, y vide tantas islas que yo no sabia determinarme a cual iría primero.R.B.: Diario de Colón citado por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Al de Guanahaní siguió el descubrimiento de varias islas menores y los de Cuba y Santo Domingo. En este instante Colón empieza a situar las tierras descubiertas en la proximidad del litoral asiático, verificándose en su espíritu la extraordinaria metamorfosis que le ofuscó por completo durante el resto de su vida.

Llegó a Palos el 15-III-1493 como un triunfador y fue recibido con toda clase de honores por los soberanos, que entonces tenían su corte en Barcelona. Le fueron confirmados sus privilegios y sus títulos.

Segundo viaje

La narración de su viaje, escrita con afanes propagandistas, contribuyó no poco a la formación de su gloria. También explica el éxito de la participación humana y económica a su segundo viaje, emprendido en Cádiz el 25-IX-1493. En su transcurso Colón descubrió algunas de las pequeñas Antillas Dominica, 3-XI-1493), Jamaica (14 de mayo de 1494) y exploró las costas meridionales de Cuba y Santo Domingo.

Pero este viaje tuvo consecuencias poco halagüeñas para el almirante, puesto que se probó su incapacidad como organizador colonial, su extraordinaria fantasía y su empeño en asimilar aquellas tierras a las de Asia, tan distintas en su aspecto, cultura, vegetación y riqueza.

Por esta causa, cuando Colón aborda de nuevo las costas españolas el 11-VI-1496 ya no es considerado como el hombre inmaculado, eminente y audaz de 1492. La corte le trata todavía con respeto y benevolencia pero los recelos sobre su capacidad y su veracidad no pueden disiparse por completo. El 10 de mayo de 1495 los reyes han declarado libre la exploración de las tierras oceánicas y roto formalmente el texto de las Capitulaciones de Santa Fe.

Tercer viaje

Pero, de nuevo, conceden a Colón una oportunidad. Así, este inicia el 30 de mayo de 1498, en Sanlúcar de Barrameda, su tercer viaje, que después de llevarlo a la isla de Trinidad y al continente sudamericano (1 de agosto), había de terminar de modo harto dramático, en el encarcelamiento ordenado por Francisco de Bobadilla (1500).

El descubridor de un mundo llegó a España cargado de cadenas. Pero la administración de un reino y de una colonia naciente no pueden detenerse ante ninguna gloria cuando esta no responde a las más elementales normas de buen gobierno.

Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se fabló de esta empresa, todos a una dijeron que era burla: agora fasta los sastres suplican por descubrir... Fui preso y echado con dos hermanos en un navio, cargados de fierros, desnudo en cuerpo, con muy mal tratamiento, sin ser llamado y vencido por justicia. ¿Quién creerá que un pobre extranjero se hubiese de alzar en tal lugar contra V. A. sin causa, ni sin brazo de otro príncipe, y estando solo entre sus vasallos y naturales, y teniendo todos mis fijos en su real corte?.R.B.: Carta de Colón al rey citada por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Sin embargo, Bobadilla se ha excedido en sus atribuciones. Los Reyes Católicos reciben a Colón con la consideración debida al almirante y al descubridor. Pero no le devuelven sus cargos de virrey y gobernador de las tierras descubiertas. En adelante, la Corona se encargará directamente de esta gestión gubernamental. A Colón solo le queda una última esperanza.

Tened por cierto que de vuestra prisión nos pesó mucho, é bien lo visteis vos é lo conocieron todos claramente; pues que luego que lo supimos lo mandamos remediar; y sabéis el favor con que os habernos mandado tratar siempre, y agora estamos mucho más en vos honrar y tratar muy bien.R.B.: Carta de los reyes a Colón citada por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Perseverante en su empresa y en su idea, va a hallar el portillo que le conducirá a las Indias que otro rival más afortunado, Vasco de Gama, acaba de visitar (1499). Su fantasía es tal que nada le dice la realidad de los hechos. Nadie podrá arrebatarle su fama ni la gloria que le cabrá como reconquistador del Santo Sepulcro en la cruzada organizada con las riquezas de la India.

Cuarto viaje

El 11 de mayo de 1502 parte para su postrer viaje, el más doloroso y emotivo de todos. Los elementos se ceban contra su flota y las dolencias atenazan su persona.

ochenta y ocho días hacía que no me había dejado espantable tormenta, a tanto que no vide el sol, ni estrellas por mar, que los navíos tenía yo abiertos, las velas rotas, y perdidos anclas y jarcia y cables, con las barcas y muchos bastimentos. La gente muy enferma, y todos contritos, y muchos con promesa de religión, y no ninguno sin otros votos y romerías... Yo había adolecido, y llegado fartas veces hasta la muerte.R.B.: Diario de Colón citado por Antonio Cavanilles en Historia de España.

Recorre el litoral del istmo centroamericano desde el cabo Gracias a Dios hasta el golfo de Urabá. Habla del Quersoneso de Oro, sin sospechar que a escasos kilómetros de su flota se abre el Pacífico. Por fin, naufraga en Jamaica (23-VI-1503). Aquí terminan sus andanzas por mar.

Regresó a España por Sanlúcar de Barrameda el 7-XI-1504. Hasta su muerte, acaecido el 7-XI-1504 en Valladolid, residió casi de continuo en esta ciudad, a causa de las dolencias contraídas en sus viajes, en particular la gota. Sus últimos meses fueron amargados por la sensación de la injusticia que con él se había cometido. Lo que no es cierto.

Colón no vivió en Valladolid tan pobremente como ha pretendido la leyenda, sino que, de lo contrario, recibió importantes subvenciones económicas de la corte, mientras se sustanciaba el problema de los derechos que le pertenecían por las Capitulaciones de Santa Fe. En todo caso, el Colón de Valladolid pagó los errores de su imaginación y de su temperamento. Porque se puede descubrir un mundo, y no ser capaz de reconocerlo como propio.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 219-221.