Fernando II el Católico

Biografía

Fernando II de Aragón por Michael Sittow
Fernando II de Aragón por Michael Sittow

Rey de Aragón, 1474-1516. Rey de Castilla, 1474-1504. Rey de Sicilia, 1468-1516. Rey de Nápoles, 1504-1516. Nació el 10 mayo de 1592. Los astrólogos creyeron observar prodigios en el cielo: se iluminó bruscamente el sol, y a su vivo resplandor una corona real, formada por los brillantes colores del arco iris, apareció en el firmamento.

En Nápoles, un religioso carmelita se acercó al trono de Alfonso V el Magnánimo y le anunció la feliz nueva. Un infante de su linaje, le dijo, había nacido en la España citerior; sus obras serían grandes, muchas y santas, en tal forma que descollaría sobre los demás príncipes y entre ellos sería llamado el Mayor.

El infante don Fernando vivió sus primeros días en medio de la guerra civil que enfrentaba a su padre don Juan II de Aragón y a su hermanastro el príncipe de Viana. En el fragor de la lucha entre aragoneses y beamonteses, su madre, Juana Enríquez abandonó precipitadamente Navarra y dio a luz en la villa fronteriza de Sos al infante de Aragón. Nacimiento sin pompa ni festejos, en una alcoba del palacio de Sada.

Nadie se preocupó de dar lustre y brillantez a la ceremonia, cuando el padre se jugaba el reino a diario en lucha contra su hijo y sus fieles.

Nació y crióse —comenta Baltasar Gracián— no en el ocio ni entre las delicias del rey Juan, su padre, sino en medio de sus mayores aprietos. Las luminarias de su nacimiento fueron rayos de las bombardas, y los regocijos de la corte, triunfos de multiplicadas victorias.

De ahí que su educación resultara muy sumaria. Fue su preceptor, desde los siete años, fue el humanista Francisco Vidal de Noia, elegante traductor de Salustio; de él recibió el gusto por las lecturas históricas, casi su única afición literaria; y de la Historia recogió máximas de su vida política, que luego fueron completadas con la experiencia personal de los hombres y de los pueblos

De la escuela de la vida halló don Fernando sus más diestros maestros en política, gobierno y conducta social, así como en el guerrear completó, desde muy mozo, las lecciones de armas y caballería de sus preceptores.

A los nueve años don Fernando interrumpió sus diversiones infantiles para vivir como un hombre. La muerte en Barcelona de su hermanastro don Carlos (1461) le llamaba a la capital del principado para desempeñar el cargo de lugarteniente del mismo, tal como prescribían las capitulaciones de Villafranca que habían sido arrancadas por la fuerza a Juan II. En Barcelona el príncipe, gracias a la habilidad de Juana Enríquez, fue jurado heredero y lugarteniente el 20-XI-1461.

Heredero y lugarteniente a los nueve años. A los diez años aun no cumplidos, fugitivo, con su madre, de Barcelona y poco después, sitiado en la ciudadela de Gerona por las huestes del conde de Pallars.

Allí conoció las privaciones del asedio y la visita cotidiana de la muerte; pero también supo apreciar el valor y la fidelidad de los campesinos que le ayudaron en su lucha. Después de esta intervención pasiva, muy pronto la intervención activa en la lucha entre el rey y el General de Cataluña.

A los doce años ejerciendo la lugartenencia de Aragón; aún no cumplidos los trece era capitán general de los ejércitos realistas por incapacidad física de su padre. Aunque en la batalla y victoria de Calaf (febrero de 1465) los laureles correspondieron al conde de Prades, general efectivo de las huestes de Juan II, el príncipe se glorificó al correr en el campo los mismos riesgos que sus partidarios.

Poco después, en 1467, asistimos a la primera operación que dirige personalmente. Dispuesto a socorrer Gerona, sitiada por el duque de Lorena, sale de Vich, escala los collados de las Guillerías, desciende al llano del Ter, acude a recibir su padre en Ampurias e introduce un convoy en aquella plaza. Sorprendido en Vilademat, está a punto de caer prisionero de las tropas del General. Esta derrota es para él tan aleccionadora como la victoria de 1465.

Matrimonio con Isabel I

En la encadenada y fulgurante sucesión de los hechos de su vida, muy pronto se presenta al príncipe una oportunidad única, que su padre ha venido preparando con cuidado desde 1461: su enlace con Isabel de Castilla. Para prevenirlo todo, don Juan le da la corregencia de Sicilia con el título real (Zaragoza, 27-III-1468).

Poco después acaece la muerte (julio) de Alfonso en Castilla, —pretendiente al trono, hermano menor de Isabel— y el reconocimiento de esta como heredera del trono por el tratado de Toros de Guisando (diciembre). Los hechos se precipitan.

La princesa castellana se decide por el joven rey de Sicilia —un año más joven que ella—, y este se apresta a la boda a pesar de que le consta la oposición de Enrique IV. Después de varios preparativos, don Fernando sale de Zaragoza disfrazado de arriero, se da a conocer en Burgo de Osma (7-X-1469), se presenta en Valladolid y el 19 de octubre contrae matrimonio con la adorable infanta castellana.

Para un muchacho de diecisiete años —aunque este sea el mejor mozo de España— la tarea que recae sobre sus espaldas es tan ingente como para doblegarlas. En Castilla, defender los derechos de su esposa ante las veleidades de Enrique IV; en Aragón en ayudar a su padre a rematar felizmente la campaña contra los rebeldes en Cataluña. En estas circunstancias se revela plenamente la capacidad y el dinamismo del rey de Sicilia.

En 1472 firma un tratado de alianza con el rey de Inglaterra y lo atrae al partido de Isabel. En 1473, ya apaciguada la insurrección catalana acude en socorro de su padre, puesto en situación peligrosa por las huestes de Francia en la guerra del Rosellón. A fines del mismo año se entrevista con Enrique IV en Segovia para tratar de la concordia entre este monarca y su esposa. Luego, regresa de nuevo a Aragón, preocupado por el mal cariz de la contienda rosellonense.

Mientras celebra cortes en Zaragoza, le llega la noticia de la muerte del rey castellano (diciembre de 1474). El 2 de enero de 1475 se halla ya en Segovia, donde después de unas intrigas que duran meses, logra imponerse como corregente de Castilla y efectivo monarca de este reino al lado de doña Isabel. Desde este momento, y por espacio de veintiún años, su nombre se vinculará, como Fernando V, a las grandes proezas realizadas por los castellanos, a los cuales conducirá en más de una ocasión a las más resonantes victorias.

La guerra de sucesión

Entre 1475 y 1477 se halla absorbido por la guerra de sucesión planteada por Juana la Beltraneja y Alfonso V de Portugal. Con impetuosidad explicable en su juventud, se lanza al ataque contra el invasor que acaba de apoderarse de Toro y Zamora.

En julio de 1475 fracasa ante los muros de aquella ciudad, en la segunda edición del error de Vilademat. Pero no tarda en sacarse esta espina. Ardiendo, como decía de deseos de pelear, aprovechó una ocasión más favorable para echarse sobre su adversario y derrotarlo ante los mismos muros de Toro (1-III-1476). Aquí se decidió la campaña, aunque esta se prolongase todavía otros tres años.

En el transcurso de 1476, dando pruebas de su acostumbrada actividad, acude a las Vascongadas y obliga a los franceses a levantar el sitio de Fuenterrabía. En 1477 pelea de nuevo en la región de Zamora, pasa luego a Extremadura para contribuir con su esposa a la pacificación de la región, va de un lado a otro aprestando refuerzos, levantando los ánimos y coadunando voluntades.

En marzo de 1479 la guerra con Portugal halla un término favorable en las negociaciones de Alcántara, a las que asiste muy de cerca don Fernando. Es en Extremadura que el rey de Castilla y de Sicilia recibe la noticia de la muerte de su padre, don Juan II en Barcelona (19 de enero precedente).

Unión entre Castilla y Aragón

En verano de 1479 don Fernando toma posesión de sus reinos patrimoniales. En este momento se realiza la efectiva unión política entre Castilla y Aragón. En 1480 celebra Cortes a los castellanos en Toledo, y nuevamente pasa a Cataluña para liquidar la época de las turbaciones de este Principado (Cortes de 1480-1481), los que realiza con sin igual tacto.

La guerra de Granada

Luego se traslada al sur, donde se ha encendido la Guerra de Granada. Con escasas escapadas hacia el norte —una de ellas en invierno de 1484—, don Fernando vive de 1481 a 1492 entregado a la dirección de la campaña granadina.

En esta dura lucha, consolida su fama de esforzado general, ya ganada desde su heroica mocedad en Cataluña y Castilla. En uno de esos actos de bravura impremeditada, fracasa en la toma de Loja (1482), pero rehace su fortuna con las tomas de Coín y Ronda (1485), Loja y Monclín (1486) y Málaga (1487).

Auxiliado por grandes generales, apoyado y alentado siempre por su esposa, Fernando V despliega en la contienda no solo sus dotes militares sino sus sutiles y refinadas redes políticas, en cuyas mallas quedó prendido en 1483 el desdichado Boabdil de Granada.

Igualmente la rendición de Baza, Guadix y Almería (1489) fue obra más de la diplomacia que de las armas. Rodeada Granada por las huestes de Castilla, con la presencia de los monarcas, la importante plaza se rindió a los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492.

Anexión de Nápoles

Fortalecida su posición en Castilla, alentada la expedición descubridora de Cristóbal Colón, don Fernando se dispone a desplegar sus formidables alas de político por toda Europa. De su padre tiene la sagacidad profunda, la sutilísima habilidad de maniobra, la rápida percepción de las intenciones del adversario, la despreocupación ante el rival para lograr un bien para el Estado. Pero, además, su visión política es de una envergadura sin igual y su capacidad de trabajo es enorme.

En Barcelona su vida es objeto de un gravísimo atentado por parte de Juan de Cañamás (7-XII-1492), el Rey empieza a desarrollar su plan político, cuyo artículo básico es el establecimiento de la hegemonía española —heredera del imperialismo mediterráneo catalán— en Italia.

En Barcelona, Fernando V alienta la quimérica empresa italiana de Carlos VIII a cambio de la restitución inmediata de los condados de Rosellón y Cerdaña (19 de enero de 1493). Luego, cuando el rey de Francia parece triunfar en Italia, suscita una liga contra el invasor so pretexto de defender los intereses del Papado, tal como rezaba una de las cláusulas del tratado de Barcelona.

Así España interviene en la Liga Santa, que hace fracasar los proyectos de Carlos VIII (1495) y prepara la futura política anexionista en Nápoles. Al mismo tiempo, y al objeto de aislar a Francia de sus relaciones internacionales, los Reyes Católicos ponen en juego en el tablero de Occidente las personas de sus hijos, a las que enlazan con las coronas de Portugal, Inglaterra y Borgoña (1497).

En 1498 se firma una paz con Francia. Luis XII y Fernando V, antes de engañarse mutuamente, se disponen a unir sus fuerzas para acabar con la dinastía aragonesa en Nápoles. En 1500 conciertan un pacto secreto en Granada para repartirse este reino.

El rey de España no se equivoca sobre el futuro. Logrado el propósito de destronar a Fadrique de Nápoles, franceses y españoles se disputan la total posesión de sus estados. En la guerra inevitable, la proximidad de la base de Sicilia y la pericia militar del Gran Capitán dan la victoria a don Fernando (1501-1503).

En este momento sobreviene la muerte de doña Isabel (26-XI-1504), con la que el rey se había identificado hasta formar un sola voluntad en la ejecución de los planes estatales (reorganización de la administración central y de la justicia, establecimiento de la Inquisición, expulsión de los judíos, etc.).

La muerte de la Católica plantea un grave problema político, pues aunque por el testamento de la reina don Fernando es nombrado regente de Castilla, las ambiciones de su yerno, don Felipe, espoleado por la nobleza castellana, provocan una situación inestable que se resuelve a favor del de Borgoña en la entrevista de Villafáfila (27-VI-1506).

Abandonado de todos, amargado por la recompensa que daba Castilla a sus servicios, el rey de Aragón partió para sus reinos, donde le esperaba su nueva esposa, doña Germana de Foix, matrimonio que acababa de ser concertado en Blois con Luis XII de Francia (12-X-1505), no solo para atraerse el favor de la corte francesa en la pugna con su yerno sino para resolver diplomáticamente el asunto de Nápoles. El rey católico se embarcó para esta ciudad, puso coto a las exageraciones del Gran Capitán y esperó con confianza el porvenir.

En Castilla, la rápida muerte de Felipe I el Hermoso (25-IX-1506) hacía temer que el reino recayera a los tiempos de Enrique IV. Reclamado por Cisneros, don Fernando aceptó volver a encargarse de la regencia, lo que hizo en 1507, sujetando de nuevo a los nobles más levantiscos a la legítima autoridad de la monarquía.

Últimos años de reinado

En esta última fase de su reinado, de unos ocho años de duración, don Fernando patrocinó las empresas llevadas a cabo por Cisneros en norte de África, intervino activamente en los conflictos italianos provocados por Luis XII y Francisco I de Francia, el Papado y Venecia, y aprovechó la oportunidad que aquellos le depararon para completar la unidad de España anexionando a la corona de Castilla la Navarra cispirenaica, operación que se llevó a cabo en 1512.

Fomentó asimismo los descubrimientos oceánicos, mantuvo a sus reinos en estado de gran prosperidad y perfeccionó la administración pública. La muerte le sorprendió en Madrigalejo el 25 de enero de 1516, cuando se trasladaba a Andalucía para ver de hallar alguna mejoría en una dolencia que le aquejaba hacía algunos años.

Este fue el fin del mayor monarca que conoce la historia de España, no quizá por sus virtudes ni por sus grandes dotes militares, pero sí por sus geniales condiciones de estadista y por su vida sacrificada al servicio de la nación.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 205-207.

Germana de Foix

Germana de Foix
Germana de Foix, Reina consorte de Aragón y Reina consorte de Navarra

(1488-1538), reina de Aragón (1505-1516). Segunda esposa de don Fernando el Católico. Hija de Juan Gastón de Foix, conde de Etampes y vizconde de Narbona, y de María de Orleáns, hermana de Luis XII de Francia. Nieta por su padre de doña Leonor, hermana del rey católico.

Don Fernando se veía amenazado en Castilla, Milán y Nápoles por el tratado de Blois de 22-IX-1504, entre Luis XII y Felipe el Hermoso. Para deshacer esta alianza envió en mayo de 1505 a Francia a fray Juan de Enguera a negociar su boda con doña Germana de Foix.

El primer acuerdo sobre dicho matrimonio se llevó a cabo el 28-VII-1505, ratificándolo Fernando el 26-VIII. Se firmó de manera definitiva en Blois el 12 de octubre. El rey francés cedía a doña Germana el título de rey de Jerusalén y sus derechos a la mitad del reino de Nápoles, que volverían a Francia si no hubiera hijos del nuevo matrimonio. Si los hubiera, don Fernando se comprometía a que heredasen Aragón, Nápoles y Sicilia. Además pagaba un millón de ducados en diez años por los gastos ocasionados a Luis XII por la guerra de Nápoles.

El 19 de octubre casó doña Germana con el Rey Católico, a quien representaba el conde de Cifuentes. En diciembre emprendió la reina su viaje a España. Fue muy agasajada por las ciudades francesas que atravesó hasta llegar a la frontera. Con ella vinieron numerosas damas francesas.

Don Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, acompañado de un grupo de nobles, salió a recibirla a Fuenterrabía. Se dirigió por Burgos a Dueñas. Don Fernando, que se encontraba en Salamanca, salió hacia Valladolid en marzo de 1506 y el lunes 16 partió a Dueñas, donde se veló con doña Germana de Foix, a 18 del mismo mes.R.B.: Galídez de Carvajal, Anales breves del reinado de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, Biblioteca de autores españoles, t. 70, pág. 555.

Fueron después a Valladolid, donde se celebraron grandes fiestas, y el 2 de abril salió el rey de la ciudad dejando allí a la reina.

Su esposo la guardó grandes consideraciones, no como a reina de Aragón tan solo, sino dándole toda la autoridad que hubiera podido tener en el caso de haber sido verdaderamente reina propietaria de Castilla.R.B.: José María Dousinague, Fernando el Católico y Germana de Foix, Madrid, 1944, pág. 212.

Acompañó a don Fernando en su viaje a Nápoles, cuando este abandonó Castilla por la llegada de doña Juana la Loca y su esposo. Embarcaron en Barcelona el (4-IX-1506) y entraron solemnemente en la capital del reino el 1 de noviembre. Muerto Felipe el Hermoso, vuelven los reyes aragoneses a España, desembarcando el 21-VII-1507 en el Grao de Valencia, donde quedó doña Germana con el cargo de lugarteniente general del reino.

Un mes después, se reunió en Burgos con su esposo, con quien visitó a la reina doña Juana, que se encontraba en Arcos. La entrevista se desarrolló en medio de la mayor cordialidad. Acompañó a su esposo en 1508 en un viaje por Andalucía. El 3 de mayo de 1509 nació en Valladolid su hijo el príncipe Juan de Aragón que murió poco después

En 1516 se encontraba doña Germana celebrando Cortes en Aragón cuando recibió la noticia de la enfermedad de su esposo, atribuida por los cronistas a unas hierbas que le suministró una dama de la reina para asegurar la sucesión. Andando días y noches, llegó a Madrigalejo. Dos días después moría el rey católico el (23-I-1516). En su testamento dejaba a doña Germana, mientras viviese, treinta mil ducados cada año sobre el reino de Nápoles.

Carlos V los situó en Castilla sobre las villas de Arévalo, Madrigal y Olmedo, dándole estos lugares con su jurisdicción. Juan de Velázquez, que tenía Arévalo, la defendió contra las tropas reales. Al fin se entregó la villa. También Olmedo resistió, aunque poco tiempo.

Dos Carlos tuvo gran respeto a doña Germana, hablándola siempre rodilla en tierra. No duró esta cortesía mucho tiempo, porque el rey luego cobró autoridad y ella miró poco por la suya.R.B.: Fray Prudencio de Sandoval, Historia del emperador Carlos V, Madrid, t. I, pág.374.

Volvió a casar con el marqués de Branderburgo, caballero de moderada renta, pero de gran linaje, en Barcelona, en 1518. Ambos acompañaron a don Carlos en su primer viaje a Alemania en 1520. Viuda por segunda vez, contrajo matrimonio en Sevilla, en el año 1526, con don Fernando de Aragón, duque de Calabria, hijo del rey de Nápoles don Fadrique. El emperador nombró al duque virrey de Valencia.

Fue doña Germana bien constituida y vigorosa, sin que su belleza llamase la atención ni aun en su juventud. Era poco hermosa, algo coja, muy amiga de holgarse y andar en banquetes, huertas, jardines y fiestas. Esta señora introdujo en Castilla soberbias comidas, siendo los castellanos y aun sus reyes muy moderados en esto.R.B.: Prudencio de Sandoval, Historia del emperador Carlos V, Madrid, t. I, pág.86.

Su gusto por la comida tuvo por resultado una excesiva obesidad que abrevió su vida.R.B.: VILLA, Teodora de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo F-M, pág. 195-196.

Atentado contra el rey Fernando

Los reyes pasaron a Zaragoza y luego a Barcelona, y un día, el 7 de diciembre, al bajar el rey la escalera de la diputación se le acerca un hombre y le hiere en el cuello. La herida ofreció al pronto algún cuidado: oigamos a la misma reina, que escribiendo a su confesor le dice en 30 de diciembre.

Y cuando supe este caso, luego no tuve cuidado ni memoria de mí, ni de mis hijos que estaban delante... Y como entonces a mí no me dijeron mas de lo que escribí y no había visto al rey mi señor, que yo estaba en el palacio donde posábamos, y el rey en este donde el caso acaesció; y antes que acá viniese escreví yo; porque su señoría no quiso que viniese yo en tanto que se confesaba, y por esto no pude decir mas que lo que me decían...
Fue la herida tan grande, según dice el doctor Guadalupe, (que yo no tuve corazón para verla) tan larga y tan honda, que de honda entraba cuatro dedos y de larga cosa de... y me tiembla el corazón en decirlo... Mas hízolo Dios con tanta misericordia, que parece que se midió el lugar por donde podía ser sin peligro, y salvó todas las cuerdas y hueso de la nuca y todo lo peligroso, de manera que luego se vio que no era peligrosa.
Mas después la calentura y el temor de la sangre nos puso en peligro, y al seteno día estuvo tan bien que os escribí ya sin congoja, con mi correo, mas creo que muy desatinada de no dormir. Y después al salir del seteno día vino tal azidente de calentura y de tal manera, que esta fue la mayor afrenta de las que pasamos... ni los oficiales hacían sus oficios, ni persona hablaba una con otra, todo era romerías, y procesiones, y limosnas, y mas priesa de confesar que nunca fue en semana santa , y todo sin amonestación de nadie...
Quiso Dios por su bondad haber misericordia de todos... y después acá lo está siempre (muy bueno), muchas gracias a nuestro Señor; de manera que ya él se levanta y anda acá fuera, y mañana placiendo a Dios cabalgará por la ciudad a otra casa donde nos mudamos. Ha sido tanto el placer de verle levantado cuanta fue la tristeza, de manera que a todos nos ha resucitado. No sé como sirvamos a Dios esta tan gran merced.

Hemos oído contar a la misma Reina Católica este suceso. Su bellísima carta es un modelo, revela la ternura de esta gran mujer, que nos hace sentir sus penas, tomar parte en su dolor, gozar en su alegría.

El asesino era un loco: no tenía cómplices, y la misma reina nos dice: hechas quantas diligencias en tal caso se debían hacer y quantas en el mundo se pudieran pensar, no se halló indicio, ni sospecha, ni cosa que otro supiese de ello mas que aquel solo que lo hizo; y aquel nunca salió de aquellos desvarios, quel Espíritu Santo se lo mandó hacer y que no se confesase... y que si le dejasen, cada vez que pudiese lo haría; que no se había de arrepentir de ello; que lo había hecho por mandado de Dios, porque él había de ser rey, y no por otra enemiga que tuviese al rey; y nunca de estos desvarios salió, ni se mudó. Murió el demente en un cadalso.

R.B.: CAVANILLES, Antonio, Historia de España, Madrid Imp. de J. Martin Alegría, 1860-1863, Tomo V, libro VII cap. V, págs. 27-60.