Guerra de Independencia

Introducción

Composición de los ejércitos

El plan de Napoleón

Sucesos del 2 de mayo (1808)

Sitios de Gerona (1808)

Sitios de Zaragoza (1808-1809)

Consecuencias batalla de Bailén

Segundo año de guerra (1809)

Tercer año de guerra (1810)

Gobierno de la Regencia (1810-1814)

Cuarto año de guerra (1811)

La guerra en el E. y en el N.O.

Quinto año de guerra (1812)

Sexto año de guerra (1813)

Introducción

Acontecimiento desarrollado entre 1808 y 1814 en el que España se enfrentó al ejército francés de Napoleón I (1804-1815). Los orígenes inmediatos de la guerra se sitúan en la política europea de Francia, determinada por el bloqueo continental decretado por Napoleón contra Gran Bretaña después de la batalla de Trafalgar (21-X-1805), y por las consecuencias de la paz de Tilsit (1807) firmada por el emperador francés y el zar de Rusia Alejandro I (1801-1825) después de la victoria de aquel en la batalla de Austerlitz (2-XII-1805).

Los fusilamientos del tres de mayo de Francisco de Goya

El Tres de mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, de Goya. Museo del Prado

A finales de 1807, los únicos puertos europeos a los que llegaban mercancías británicas eran los de Portugal y España, por lo que Napoleón, a pesar de la fidelidad expresada hacia él por el primer ministro de Carlos IV (1778-1808), Godoy —quien había modificado su postura después de la batalla de Jena (13-X-1806)—, desplegó sus tropas en la franja pirenaica.

Sin embargo, el objetivo declarado de Napoleón era Portugal, donde María I (1777-1816) y su hijo, el futuro Juan VI (1816-1826), deseaban mantener las relaciones económicas y políticas con la Gran Bretaña.

El tratado de Fontainebleau (1807) firmado por Napoleón y Godoy, estipulaba el reparto del reino portugués entre ambos gobernantes, a cambio de que España permitiera a las tropas francesas atravesar la Península para llegar a la frontera lusitana.

El 18-X-1807, 25.000 soldados del emperador —mandados por le general Jean Andoche Junot (1771-1813), duque de Abrantes— cruzaron los Pirineos y avanzaron por el valle del Tajo hasta alcanzar Lisboa (30-XI). Portugal trató de pactar con España y Francia declaró la guerra a Gran Bretaña, pero Godoy y Napoleón mantuvieron la ofensiva hasta la huida a Brasil del príncipe de Braganza.

A finales de 1807 el reino portugués estaba controlado y el emperador organizó su siguiente objetivo, España. Después de romper el tratado de Fontainebleau y de ignorar los intentos negociadores de Godoy, más de 70.000 hombres fueron concentrados en el S. de Francia al mando de los generales Bon Adrien Jannot de Moncey (1754-1852), duque de Conegliano, Pierre Antoine Dupont de L´Etang (1765-1840) y Phillipe Guillaume Duhesme(1766-1815), a quienes más tarde se uniría el duque de Istria, Jean Baptiste Bessières (1768-1813).

El 16-II-1808 el ejército francés ocupó el N. de Cataluña y Godoy retiró las fuerzas españolas que colaboraban con Junot en Portugal, última decisión adoptada antes de ser sustituido por el rey. Como consecuencia del motín de Aranjuez (17-III-1808), Carlos IV abdicó (19-III) en su hijo Fernando VII (1808, 1814-1833).

En las semanas siguientes, el mariscal Joachim Murat (1767-1815) llegó a Madrid con 20.000 soldados y se negó a reconocer a Fernando VII, quien se trasladó a Bayona para reunirse con Napoleón; este obligó a Carlos IV a recuperar la Corona, que pasó a poder del emperador mediante las abdicaciones de Bayona (12-V), y un decreto imperial (4-VI) otorgó el trono de España a José I Bonaparte, quien reinó como José I (1808-1813) desde la aceptación pública del reino (10-VI).

El 7-VII-1808 el nuevo monarca juró la Constitución de Bayona y un día después los comisionados llegados desde España le prestaron fidelidad. Mientras los acontecimientos políticos se sucedían en el S. de Francia, el pueblo de Madrid se levantó contra el ejército francés (2 de mayo), movimiento que fue reprimido por Murat con los fusilamienos ocurridos al día siguiente; en Asturias (25-V), 18.000 soldados se enfrentaron a los franceses y la rebelión en contra de la ocupación se extendió al resto de las regiones españolas y se formaron juntas provinciales de defensa en Murcia, Aragón, Andalucía y Galicia, además de la asturiana.

Composición de los ejércitos

En mayo de 1808, el ejército español contaba con las unidades de:

    1. la Guardia Real, compuesta por dos regimientos de infantería subdividido cada uno en tres batallones de mil hombres, y por dos regimientos de caballería de cinco escuadrones de 120 hombres cada uno
    2. la unidad de infantería de línea, formada por 35 regimientos de tres batallones, integrado cada uno por setecientos hombres y cuatro compañías, una de ellas de granaderos
    3. la unidad de Infantería ligera, de doce batallones, compuesto cada uno por seis compañías de doscientos hombres
    4. la unidad de Caballería, de 24 regimientos —doce de caballería pesada, seis de húsares y seis de dragones ligeros— de cinco escuadrones cada uno, formada por 15.000 hombres, de los que únicamente 9.000 estaban disponibles
    5. las unidades de Artillería y de Ingenieros, compuestas por cuatro regimientos de diez baterías —seis de ellas de Artillería montada—, de 120 hombres cada una, veintiuna baterías de artilleros —que contaban con 400 animales de tiro— y mil zapadores e ingenieros
    6. la milicia, formada por 43 batallones de seiscientos hombres cada uno y por cuatro regimientos de granaderos de 1.600 hombres cada uno.

En total, entre 100.000 y 112.000 soldados de tropas regulares y entre 30.000 y 32.000 hombres encuadrados en las milicias. Por su parte el ejército francés, continuamente renovado debido a las campañas de Napoleón, disponía de:

    1. la unidad de Infantería de línea, con cinco batallones de seis compañías —una de granaderos, otra de voltigeurs y cuatro de fusileros— de 140 soldados cada una
    2. la unidad de Infantería ligera, organizada con seis compañías como las de los batallones de línea
    3. la unidad de Caballería, con dieciséis regimientos de dragones, once de chasseurs à cheval, siete de húsares y varios de lanceros
    4. la unidad de Artillería, compuesta pos baterías de ocho o seis piezas
    5. las tropas imperiales, formadas por miles de soldados de todas las armas y de todos los países europeos
    6. la Guardia Imperial, más activa al final de la guerra.

Estos contingentes formaban el primer ejército de España, dividido en cinco cuerpos distribuidos por Murat. El I cuerpo, o de Portugal, estaba en Lisboa al mando de Junot (25.000) hombres; el II, capitaneado por Dupont, se dirigió al S. de la Península en mayo de 1808 (25.000); el III, o de las Costas del Océano, estaba mandado por Moncey y se encontraba en esas mismas fechas en las proximidades de Madrid (30.000); el IV Cuerpo, del Norte o de los Pirineos Occidentales, estaba a cargo de Bessières en las provincias vascas (19.000), y el V, o de los Pirineos Orientales, mandado por Duhesme, permanecía en Barcelona (13.000).

Además la Guardia Imperial —dirigida por Jean Maria Dorsenne (1773-1812)— contaba con más de seis mil soldados, y otros 50.000 se trasladaron a España en los primeros meses de la contienda. En total, unos 160.000 hombres que caminaban a 120 pasos por minuto, frente a la media de setenta del resto de las tropas continentales.

El plan de Napoleón

El plan previsto por Napoleón y Murat establecía un amplio despliegue de fuerzas destinadas a ocupar las principales ciudades. Bessiéres, que desde el País Vasco controlaba la comunicación Madrid-Bayona, debía enviar contra Zaragoza una división dirigida por el mariscal François Joseph Lefebvre (1775-1820), duque de Danzing, y otra contra Santander.

Desde Madrid saldrían dos columnas con dirección a Andalucía y Valencia, mandadas por Dupont y Moncey, respectivamente; esta última contaría con el apoyo de Duhesme, encargado de enviar desde Barcelona una división con el objetivo de atacar Valencia por el lado N.

Dupont se dirigió hacia el S. (24-V) y Moncey hacia el E. (4-VI), mientras que Bessières enviaba dos columnas sobre el valle del Ebro, otra hacia Santander y otra sobre Valladolid, y Duhesme ordenaba a su división avanzar sobre Tarragona y Tortosa. Dupont llegó a Andújar (2-VI) y venció a las tropas españolas de Pedro Agustín de Echevarri en la batalla de Alcolea (7-VI), hecho que dejó libre el camino hacia la capital.

Mientras en el N., la columna enviada por Bessières tomó Logroño (2-VI) y Reinosa, Torquemada y Palencia (5-VI), y en Valladolid tuvo lugar la victoria de Lasalle y Merle en la batalla de Cabezón (12-VI) sobre el ejército de Castilla de Gregorio García Cuesta (1740-1812) y Francisco Ramón de Eguía (1750-1817) —ayudados por la guerrilla de Juan Martín Díaz El Empecinado— (1775-1825), que permitió la toma de Valladolid ese mismo día; a continuación, Merle entró en Santander (23-VI)

Por el O., la Junta de Galicia encomendó el mando de sus tropas a Joaquín Blake (1759-1827), quien desde Lugo se dirigió al encuentro de Cuesta en Villalpando (Zamora, 10-VII). La unión de los ejércitos de Castilla y Galicia originó el ataque de Lasalle, que venció a aquellos en la batalla de Medina de Rioseco (Valladolid, 14-VII), triunfo que permitiría a José I llegar a Madrid (20-VII).

Una de las columnas enviadas a Zaragoza venció en Tudela (Navarra, 8-VI) al general José Palafox y Melzi (1780-1847), derrotado también en Mallén y Alagón. Palafox se retiró a la capital, en la que los hombres de Lefebvre iniciaron el asedio (15-VI) con los refuerzos polacos al mando del general Jean Antoine Verdier (1767-1839).

Después de varias semanas de enfrentamientos, Lefbvre ordenó la retirada (13-VIII) hacia Tudela (17-VIII) y concluyó la primera fase de los sitios de Zaragoza, convertida ya en símbolo de defensa y resistencia ante el ejército napoleónico, preparado y pertrechado y victorioso en las campañas europeas.

En el NE., el general Duhesme envió al general Chabran hacia Valencia en ayuda de Moncey, y destinó al general Schwartz a los sitios de Manresa y Lérida, aunque este no pudo avanzar más allá de Bruc (4-VI).

Ante el levantamiento popular que se estaba produciendo, Duhesme optó por retroceder hasta Gerona para tener controlado el paso fronterizo, pero los enfrentamientos que tuvieron lugar en las proximidades de la capital (18-VI) le hicieron regresar a Barcelona y dejar en Mataró a una brigada mandada por Chabran, quien se enfrentó a la guerra de guerrillas —de trascendental influencia en el desarrollo de la contienda— organizada por el español Miláns del Bosch.

La ayuda llegó del S. de Francia al mando del general Honoré Charles Reille (1775-1860), quien tomó Figueras (5-VII) y marchó al encuentro de Duhesme (24-VII). Ambos iniciaron el segundo sitio de la capital gerundense, pero en las tres semanas siguientes no consiguieron completar el cerco a la ciudad.

Tras la salida de Duhesme de Barcelona, tropas regulares al mando de Palacio y Caldagues se dirigían al N. de Cataluña, y la lentitud de las operaciones francesas en Gerona facilitaba la ayuda española.

El general Reille, tras ser atacado por la retaguardia, ordenó el levantamiento del sitio y la retirada a Figueras, al mismo tiempo que las tropas de Duhesme abandonaban sus puestos y volvían a Barcelona (16-VIII). Sin embargo, el trayecto entre ambas capitales catalanas significó un continuo ataque para Duhesme, que tuvo que abrirse paso a paso entre las montañas hasta llegar a Barcelona (20-VII).

El resultado de las operaciones de Gerona sirvió para que Napoleón comprendiera la verdadera situación de su ejército en España y organizara un nuevo destacamento, mandado por el general Laurent de Gouvion-Saint-Cyr (1764-1830), para que acudiera en auxilio de Reille y Duhesme. Aquel inició (7-XI) el sitio de Rosas (26-XI) y después consideró más urgente ayudar a Duhesme en Barcelona, donde el general Vives asediaba las posiciones francesas.

Vives hizo avanzar al general de origen suizo Teodoro Reding de Biberegg (1755-1809) hasta Cardedeu (16-XII) en busca de las tropas de Gouvion-Saint-Cyr, quien venció a la formación española y entró en la capital catalana (17-XII), pues Vives se dirigía ya al valle de Llobregat.

Después de sustituir a Duhesme en el cargo de comandante en jefe y de reforzar la guarnición, Gouvion-Saint-Cyr salió en persecución de los generales españoles, refugiados en Molins de Rei, aunque esta batalla (21-XII) no produjo resultados determinantes y ambos bandos decidieron esperar la llegada de refuerzos, con los que se enfrentaron en Valls (25-II), donde Gouvion-Saint-Cyr venció a Reding.

Al mismo tiempo, el general Moncey había iniciado el asalto de Valencia (28-VI), operación con la que no tuvo ningún éxito militar y sí la pérdida de la sexta parte de sus efectivos.

Tras conocer las dificultades de Duhesme, se replegó a través del corredor de Almansa y llegó a Madrid (15-VII) tras poner fin a la fracasada expedición contra el Levante peninsular. El resultado de las campañas de Zaragoza, Gerona, Barcelona y Valencia estuvo directamente relacionado con la batalla de Bailén, cuyas noticias hicieron variar el curso de la guerra.

La Rendición de Bailén. José Casado del Alisal..

La Rendición de Bailén. José Casado del Alisal.

El general Dupont supo, en junio de 1808, que un ejército de más de treinta mil españoles, mandados por el general Castaños (1756-1852), avanzaba hacia Sevilla. Murat envió a la Carolina (Jaén) siete mil soldados dirigidos por el general Vedel (27-VI), pero Dupont permaneció en Andújar y Vedel pasó a Bailén.

Castaños obligó a Dupont a replegarse a Megíbar (14-VII) y ocupó Bailén (17-VII). El mando francés envió sus tropas en pequeños grupos al campo de batalla (19-VII) y después tuvieron que retirarse, al mismo tiempo que las tropas suizas se entregaban a los españoles, actitud que adoptaron Vedel y Dupont ese mismo día. La victoria de Castaños sobre el ejército imperial alentó la resistencia española en el resto de las plazas en las que se estaba combatiendo y originó la participación directa de Napoleón en la Guerra.

Consecuencias de Bailén

La derrota de Bailén tuvo también otras consecuencias en el ejército napoleónico, además de suponer, entre los españoles, el cambio de postura de muchos afrancesados, algunos de los cuales suponían que la subordinación al rey francés impediría la destrucción de la nación por derecho de conquista, mientras que otros se sentían atraídos por la legislación y administración francesas.

Desde Lisboa, Junot trató de apoyar en el verano de 1808 las operaciones de Bessières y Dupont, pero el levantamiento portugués le dejó aislado en la capital. En las playas atlánticas próximas al río Mondego desembarcó (1-VIII) la división que el gobierno de Gran Bretaña —donde reinaba Jorge III (1760-1820)— enviaba como respuesta a la petición de ayuda de las juntas españolas, dirigida por el mariscal de campo Arthur Cole Wellesley (1769-1852), duque de Wellington.

Aunque Junot disponía de un ejército de treinta mil soldados, su situación estratégica era complicada, pues a la defensa de Portugal debió sumar el ataque inglés.

La duplicidad de objetivos le llevó a combatir en inferioridad numérica en las batalla de Rolica (17-VIII) y Vimeiro (21-VIII), en las que las divisiones de Loison y Delaborde fueron derrotadas por el ejército de Wellsley, que cedió el mando al día siguiente a sir Henry Burrard. Este permitió la retirada de Junot, quien firmó su capitulación en el convenio de Sintra (30-VIII).

A principios de septiembre, tras las derrotas de Bailén y Vimeiro, y la confusa situación en Cataluña y Levante, el rey José I marchó hacia Vitoria, mientras las tropas españolas avanzaban desde el S. y desde el O.

Sin embargo, la ausencia de un gobierno interior unificado y respetado hizo que el repliegue francés se convirtiera en una maniobra temporal y que únicamente los generales Blake, Castañós y Palafox amenazaran la capital alavesa, mientras que la Junta Suprema Central no lograba coordinar los movimientos militares españoles.

El emperador, desde el S. de Francia, reorganizó (7-IX) el Ejército de España en siete cuerpos:

    1. El I, mandado por el mariscal Claude Victor-Perrin (1764-1841), duque de Bellune, con las divisiones de Ruffin, Lapise, Villate y Beaumont (34.000) soldados
    2. El II, por el mariscal Bessières, con las divisiones de Mouton, Merle, Bonnet y Lasalle (33.000)
    3. El III, por el mariscalMoncey, con las divisiones de Mathieu, Morlot, Grandjean y Wathier (37.000)
    4. El IV, por el mariscal Lefebvre, con las divisiones de Sebastiani, Leval, Valence y Maupetit (23.000)
    5. El V, por el mariscal Édouard Adolphe Mortier (1768-1835), duque de Treviso, con las divisiones de Suchet, Gazan y De Laage (24.000)
    6. El VI, por el mariscal Michel Ney (1769-1815), príncipe de Moskova y duque de Elchingen, con las divisiones de Marchand y Lagrange (20.000)
    7. El VII, por el general Gouvion-Saint-Cyr, con las divisiones de Chabran, Lecchi, Reille, Souhman, Pino, Chabot, Schwartz y Fontane (42.000); más tarde, tras la repatriación del ejército de Portugal, el general Junot se hará cargo del VIII Cuerpo, con las divisiones de Delaborde, Loison y Heudelet (25.000).

A los cuerpos del ejército napoleónico se añadieron dos divisiones de reserva (10.000), seis de Caballería (2.500) y doce regimientos de la Guardia Imperial (12.000), con lo que Napoleón disponía de un total de 277.000 hombres —la mitad de ellos llegados desde los frentes de la Europa central— preparados para iniciar la segunda invasión de España y dirigidos por el propio Napoleón, quien asumió el mando desde Bayona mediante una orden del 6-XI.

El general Blake, desde Santander, atacó (10-X) las posiciones bilbaínas defendidas por Ney, aunque poco después (31-X) tuvo que abandonar la capital vizcaína perseguido por Víctor, quien le derrotó en la batalla de Espinosa de los Monteros (11-XI).

Un día antes, el mariscal Nicolas Jean Dieu Soult (1796-1851), duque de Dalmacia, que había reemplazado a Bessièrres en el mando del II Cuerpo, se dirigía a Madrid a través de Burgos, mientras una columna se encargaba de cercar las diezmadas tropas de Blake, en el N., y otra trataba de envolver al general Castaños en el valle del Ebro.

Soult venció al ejército de Extremadura, dirigido por Belvedere, en la batalla de Gamonal (10-XI), cuya consecuencia inmediata fue la ocupación de la ciudad burgalesa y la persecución del ejército de Blake, quien fue sustituido en el Ejército de Galicia por Pedro Caro y Sureda (1761-1811), marqués de la Romana.

A partir de entonces, Napoleón puso en marcha su estrategia para marchar hacia Madrid, basada en la destrucción de la línea central a cargo de los cuerpos del Ejército de España mandados por Soult y Ney; el emperador permanecerá en Burgos hasta el 22-XI. Victor se dirigió al O. y Ney al E., hasta que venció a las tropas de Castaños en la segunda batalla de Tudela (23-XI).

Las victorias consecutivas del ejército imperial impulsaron la ofensiva de Napoleón, que avanzó hasta el puerto de Somosierra (30-XI) y llegó a Madrid en el tercer aniversario de la batalla de Austerlitz (2-XII).

Después de la capitulación de la Junta de Defensa, la capital de España se convirtió en el centro de operaciones para la conquista total de la Península tras la llegada del VIII Cuerpo de Junot, el sometimiento de la resistencia castellana por parte de Soult y la preparación del avance sobre Lisboa y Sevilla encomendado a Lefebvre y Victor respectivamente.

Arthur Wesllesley y Henry Burrard tuvieron que acudir a Inglaterra para responder por el Convenio de Sintra, por lo que el mando británico en la Península recayó en el teniente general sir John Moore (1761-1809).

Este salió de Portugal (6-X) para encontrarse en Valladolid con la columna del general sir Davis Baird (1757-1829), que tomó una ruta equivocada y llegó a Salamanca (3-XII) cuando Napoleón ya había entrado en Madrid; mientras Baird había desembarcado en la Coruña (26-X) y contactó con Moore en Zamora, desde donde atacaron a Soult (20-XII). Napoleón quiso sorprender a Moore y él mismo atravesó el puerto de Guadarrama (23-XII), pero el británico desvió sus tropas y se reunió en Astorga con el marqués de la Romana (31-XII).

Segundo año de guerra (1809)

Retrato del rey José I, por Joseph Flaugier.

Retrato del rey José I, por Joseph Flaugier .

A principios de 1809, Napoleón regresó a París y dejó el gobierno a su hermano José al mismo tiempo que Soult mantenía el acoso sobre las tropas aliadas, con las que se enfrentó en la Coruña (16-I). Moore murió en la batalla y fue reemplazado por sir Joseph Hope (1767-1823), duque de Hopetown, quien ordenó la repatriación de las tropas.

Después de meses de lucha, el ejército imperial estaba en una situación muy similar a la de principios de verano de 1808, excepto en el importante hecho de la capitulación de Madrid. Por ello, el segundo año de la guerra dio paso a un nuevo plan basado en el avance por el valle del Ebro hasta Barcelona y la toma de Valencia, la marcha desde Madrid hacia Toledo y Andalucía, y la invasión de Portugal.

A la capitulación de Zaragoza después del segundo sitio (20-XII-1808/20-II-1809), realizado por Moncey y Mortier, seguiría la de Jaca (22-III) y la de otras plazas aragonesas situadas a ambas orillas del Ebro. En Cataluña, el general Verdier inició el tercer sitio de Gerona (24-V), operación protegida por Gouvion-Saint-Cyr desde el valle del Ter.

Pierre François Charles Augereau (1757-1816), duque de Castiglione y sustituto de este último, consiguió detener el auxilio de Blake, vencer a Álvarez de Castro y ocupar la plaza (11-XII). En Aragón, el general Blake se puso al mando de las tropas y venció a Louis Gabriel Suchet (1770-1826), duque de la Albufera y comandante del III Cuerpo desde abril de 1809, en la batalla de Alcañiz (23-V).

Sin embargo, la batalla de María (15-VI), entre los mismos contendientes, dejó las líneas de ocupación en la misma situación en la que se encontraban a principios de la primavera. Por otra parte, el mariscal Victor salió al encuentro del general Francisco Javier Venegas de Saavedra (1760-1838), que avanzaba hacia Madrid. El militar español sufrió una contundente derrota en la batalla de Uclés (13-I) y Victor se dirigió al O., donde venció al general Cuesta en la batalla de Medellín (28-III).

No obstante, estas victorias no supusieron el aumento de tropas para poder acometer la invasión de Portugal, objetivo primordial del emperador después de la batalla de la Coruña. Según sus planes, Soult debía entrar por el N., Lapisse por el O. y Victor por el S. El duque de Dalmacia, después de dejar a Ney en Galicia al mando de la base naval del Ferrol (26-I), ocupó Vigo y Tuy (30-I) y llegó a Campo Saucos, aunque la imposibilidad de cruzar el Miño le obligó a remontar río hasta Orense.

El 4 de marzo, Soult reemprendió la marcha hacia Portugal, adonde llegó pocos días después (9-III). Tres semanas más tarde tuvo lugar su victoria en la primera batalla de Oporto (29-III), al día siguiente de que una fuerza conjunta de españoles y británicos consiguiera recuperar la plaza de Vigo y de la victoria de Medellín, que Soult desconocía.

Ney atravesó el valle del Navia (14-V), venció al general Francisco Ballesteros (1770-1832) en los puentes de Nalón y ocupó Oviedo (19-V) y Gijón (20-V) en una rápida campaña en la que François Ètienne Kellerman (1765-1840), duque de Tarento, avanzó desde el S.

La reorganización del ejército británico en Portugal fue iniciada por el general sir John Cradock con el fin de evacuar la Península, pero los también generales William Carr (1765-1854), vizconde de Beresford, y Rowland Hill (1772-1842) quisieron repetir el éxito de Vimeiro y presionaron a Cradock para que ofreciera resistencia al avance de Soult, a la vez que el Gobierno de Gran Bretaña manifestaba su intención de combatir a Napoleón al permitir que Wellington regresara a la Península (22-IV).

Este decidió atacar primero a Soult, para lo que contó con sus propias unidades (30.000) británicos y con las de Beresford (16.000) portugueses, además de las del general Makenzie, encargado de la defensa de Abrantes ante un posible ataque de Victor.

Wellesley avanzó desde Coimbra (2-V) hasta Oporto (10-V), donde obligó a retirarse al ejército francés (12-V); Soult huyó a Baltar y, tras reunirse con Loison, se dirigió a Tuy y después a Orense, adonde llegó el (19-V) el mismo día de la victoria de Ney en Oviedo, éxito que no podía ocultar el segundo fracaso francés en tierras portuguesas.

Victor se trasladó desde Mérida a la zona comprendida entre Talavera (Badajoz) y Almaraz (Cáceres) en espera de que el general Horace François Bastien de la Porta (1772-1851), conde de Sebastiani y substituto de Lefebvre en el IV Ejército, llegara a Madridejos (Toledo).

Desde finales de junio de 1809, Cuesta y Wellington —este con las divisiones de Hill, Makenzie, Sherbrooke y Campbell y con las de Wilson y Beresford cubriendo la retaguardia y el flanco derecho, respectivamente— planeaban el ataque sobre Victor, mientras que Venegas se encontraba próximo a las posiciones de Sebastiani.

Victor llegó a Talavera (26-VI) y un día después Cuesta cruzó el Tajo y aguardó la llegada de Wellesley, quien avanzó hacia el Alberche (18-VII) mientras que aquel amenazaba la vanguardia francesa en Talavera (22-VII).

Al mismo tiempo, y por orden de Napoleón (12-VII), Soult había obtenido el mando de los Cuerpos II, V y VI y la misión de expulsar a Wellington de la Península, tarea que comenzó con la reorganización de sus efectivos y la marcha facia Plasencia (Cáceres), es decir, detrás de Wellington y Cuesta, aunque Victor no le esperó e inició el ataque. La batalla de Talavera de la Reina (28-VII) produjo numerosas bajas en ambos bandos, pero Wellington y Cuesta salieron triunfantes ante la mayor destrucción del ejército francés.

Por otra parte, Soult continuó su avance, lo que obligó a Wellesley a abandonar Talavera (3-VIII), y logró alcanzar a Cuesta, a quien venció en la Batalla de El Puente del Arzobispo (8-VIII). Pero el rey ordenó la paralización del avance de Soult y la organización de las tropas de Victor para defender Madrid del ataque de Venegas.

Ambos bandos decidieron adelantarse a las acciones del enemigo, y avanzaron simultáneamente por tierras manchegas hasta su encuentro en la batalla de Almonacid de Toledo (11-VIII), en la que Venegas se enfrentó a Sebastiani. A pesar de la superioridad numérica, el Ejército de la Mancha sufrió una importante derrota que supuso un nuevo paréntesis en la ofensiva de Madrid por parte de las tropas aliadas.

El general Lorenzo Fernández de Villavicencio (1778-1859), duque del parque de San Lorenzo, substituyó al marqués de la Romana en el mando de las tropas de Asturias y Galicia, se dirigió hacia Salamanca con el Ejército de la Izquierda, donde se encontraba el VI Cuerpo de Ney, y venció en la batalla de Tamames (18-X), lo que supuso el primer éxito aliado desde la acción de Talavera y el primero español desde la batalla de Alcañiz.

Después entró en Salamanca (25-X) y esquivó las unidades de Kellerman, que había llegado desde León en ayuda de Ney. El Ejército de la Izquierda había logrado alejar de Madrid gran parte de sus defensas, por lo que las tropas de Carlos de Areizaga se encontraban ya preparadas para el asalto a la capital.

Tras diversas escaramuzas, tuvo lugar la batalla de Ocaña (19-XI), en la que el Ejército de la Mancha fue ampliamente derrotado por las tropas imperiales, que una vez más consiguieron salvaguardar la importante plaza madrileña. En el N., el duque del Parque mantuvo su ofensiva hasta que recibió noticias de la derrota de Ocaña, fecha en que abandonó Medina del campo (Valladolid) perseguido por Kellerman hasta Alba de Tormes (Salamanca), donde fue derrotado (28-XI).

Tercer año de guerra (1810)

A partir de entonces, José I se opuso a su jefe de Estado Mayor, Jean Baptiste Jourdan (1762-1833) —quien opinaba que la victoria sobre el ejército inglés era primordial—, y planeó la invasión de Andalucía. Victor llegó a Almadén (12-I) y Areizaga huyó desde la Carolina; en la retirada se enfrentó a Mortier, que venció al español (19-I) y se dirigió a Linares.

Sebastiani derrotó en Jaén al resto de las unidades, Córdoba fue conquistada a la mañana siguiente, Sevilla cayó el 1 de febrero y el día 5 comenzó el sitio de la capital gaditana —donde se había refugiado el duque del Parque—, que se prolongaría durante dos años, en el transcurso de los cuales se mantuvieron convocadas las Cortes de Cádiz.

Aunque José I había desestimado las opiniones de Jourdan respecto a la importancia de las fuerzas británicas, a principios de 1810 Napoleón llegó al convencimiento de que su principal problema en la Península era la presencia de Wellington, por lo que organizó una nueva campaña contra Lisboa y puso el Ejército de Portugal al mando del mariscal André Massena (1758-1817), duque de Rivoli y príncipe de Essling. Mientras las tropas enviadas por el rey completaban la conquista de Andalucía, la campaña de Portugal comenzó en León y Asturias (31-I).

Loison Y Junot entraron en Astorga (21-IV) y Ney sitió (30-V) Ciudad Rodrigo. Después y tras la acción del río Côa (14-VII), Massena conquistó Almeida (27-VIII). El duque de Rivoli recibió ayuda del II Cuerpo de Jean Louis Ebénézar (1771-1814), conde de Reyner, pero no del IX Cuerpo, que, mandado por Jean Baptiste d`Erlon (1765-1844), seguía combatiendo a la guerrilla en las provincias vascas. El Ejército de Portugal avanzó hasta que se enfrentó con las tropas Wellesley en la batalla de Bussaco (27-IX); Massena, Ney y Loison tuvieron que retirarse con numerosas bajas.

Sin embargo, fue el vencido quien persiguió al vencedor, pues Wellington deseaba atraer a Massena hasta las líneas de defensa de Torres Vedras (14-X)); el 14 de noviembre, el duque de Rivoli retrocedió hasta Santarem. A pesar de la llegada del IX Cuerpo (26-XII), la tardanza de nuevos refuerzos desde Andalucía y Madrid hizo que Massena iniciara la retirada de Portugal (4-III), pero Wellington le dio alcance en Guarda (29-III).

La batalla entre ambos ejércitos tuvo lugar en Sabugal (3-IV), desde donde Massena tuvo que replegarse hasta Ciudad Rodrigo y Salamanca (11-IV). Nuevamente la campaña napoleónica en Portugal había fracasado y había afianzado a Wellington en el O. peninsular.

En Andalucía, Soult mantenía el cerco sobre Cádiz, en donde estaban destacadas las tropas de Victor. Al mismo tiempo la unión del II Cuerpo de Reyner al ejército de Portugal originó el avance del marqués de la Romana sobre Sevilla, en agosto de 1810. A finales de ese mismo año, el general Blake atacó a Sebastiani en Granada, pero la caballería francesa le hizo retroceder hasta Murcia.

Cuarto año de guerra (1811)

Jean de Dieu Soult. Obra de Louis Henri de Rudder.

Jean de Dieu Soult. Obra de Louis Henri de Rudder.

Controlada la parte E., Soult movilizó sus tropas en el O., y el 21-I-1811 tomó la localidad pacense de Olivenza e inició el sitio de Badajoz. Mortier cruzó el Guadiana y derrotó a Mendizábal —substituto del marqués de la Romana— a orillas del río Gévora (19-II), desde donde se organizó el asedio y la toma de Badajoz (10-III).

La campaña de Soult en Extremadura favoreció el auxilio de Victor, cuyo I Cuerpo había tenido que replegarse tras la batalla de Barrosa (5-III), y la protección de Sevilla ante el ataque del general Ballesteros.

En esas misma fechas, Beresford pudo cruzar el Guadiana, obligó a las tropas imperiales a marchar hacia el S., donde esperarían la ayuda de Soult, y recuperó Olivenza (12-IV). Con las fuerzas de Wellington, Ballesteros y Castaños, pudo sitiar Badajoz (6-V) al mismo tiempo que se unían los efectivos de Soult, Latour- Maubourg y Maransin; en este intervalo de tiempo, Blake había ascendido el Guadiana dispuesto a unirse a la ofensiva de Beresford.

Este buscó un lugar apropiado para el enfrentamiento con Soult, que se desarrolló en la batalla de la Albuera (16-V). El resultado de este acontecimiento fue el retroceso de los franceses y la pérdida de siete mil hombres por cada bando.

Las campañas de Extremadura y Portugal no podían satisfacer las aspiraciones de Napoleón. El emperador unió los destacamentos septentrionales y creó en enero de 1811 el Ejército del Norte, cuyo mando confió al mariscal Bessières. Entre el 3 y el 5 de mayo el británico repelió con éxito los ataques de sus oponentes en Fuentes de Oñoro.

Después el ejército napoleónico abandonó Almeida (10-V) y Massena fue substituido en el mando del Ejército de Portugal por el mariscal Auguste Frédéric Louis Viesse de Marmont (1774-1852), duque de Ragusa. Wellington levantó el sitio de Badajoz (10-VI) y se unió en Elva a Brent Spencer (17-VI); Soult y Marmot saleron en su busca (18-VI), pero la ofensiva de Blake en el S. obligó al duque de Dalmacia a abandonar la persecución (24-VI). por lo que Marmont se retiró al valle del Tajo.

Soult obligó a Blake a levantar el sitio de Niebla (2-VII) y fue a Granada en ayuda del general Leval, substituto de Sebastiani, con quien venció (9-VIII) al general Manuel Freire de Andrade (1765-1834), cuyas tropas tuvieron que huir a Murcia. El siguiente objetivo de Soult fue terminar con la defensa que el general Ballesteros estaba realizando en el litoral gaditano, por lo que Leval asedió Tarifa desde el 20-XII hasta el 4-I-1812.

En los dos meses siguientes, Soult tuvo que ejecutar las órdenes de Napoleón de atacar Murcia y, después. ceder parte de sus soldados a la Grande Armée, que se estaba preparando para la campaña de Rusia, operación que proporcionaría a José Bonaparte el mando sobre los ejércitos franceses en al península.

En Extremadura, británicos y franceses permanecieron acampados durante el otoño de 1811, hasta que Hill atacó a Girard (28-X) en Arroyomolinos. En la provincia de León, José María de Santocildes inició (18-VI) la ofensiva sobre Astorga después de que Wellington levantara el sitio de Badajoz, operación que obligó a movilizar al general Dorsenne, que ya había relevado a Bessières en el Ejército del Norte. De este modo, entre Soult, al S., y Dorsenne, al N., se encontraba el general Marmont, apostado en el valle del Tajo desde mediados del mes de junio.

Wellington sitió Ciudad Rodrigo (11-VIII), pero hasta finales de año no se produjeron más escaramuzas de reconocimiento. Esta inactividad originó en Napoleón la sensación de que la franja limítrofe estaba controlada, por lo que ordenó a Marmont el envío de 12.000 soldados en ayuda de la campaña valenciana de Suchet. Las consecuencias de este movimiento de tropas serían aprovechadas por Wellington en el siguiente año de guerra.

La guerra en el E. y en el NE.

Aunque entre 1809 y 1810 las campañas de Portugal, Andalucía y Extremadura habían concentrado gran parte de las fuerzas francesas en la Península, la guerra continuo en el E. y en el NE., donde Gerona se encontraba bajo el mando del mariscal Augereau desde diciembre de 1809 y los soldados regulares de Enrique O´Donnell y Mareschal (1769-1834) controlaban Tarragona y asaltaban Barcelona.

Augereau destituyó a Duhesme en su puesto de gobernador de Barcelona (24-I-1810) y pidió refuerzos a Francia, que llegaron a Gerona mandados por Pino, aunque después cedió el mando a Severoli para que los condujera a la capital catalana. Mientras O´Donnell y Joseph Souham (1760-1837) se habían enfrentado en Vic (20-II), pero el resultado del encuentro, con muchas pérdidas en ambos bandos, no fue decisivo.

Augereau desobedeció a Napoleón y, en vez de tomar Lérida, envió sus tropas a Tarragona, lo que permitió a O´Donnell reorganizar las suyas, asaltar Manresa y dirigirse a Barcelona. Poco después, en abril, el emperador sustituyó a Augereau por Jacques Étiénne Macdonald (1765-1840), duque de Tarento, quien no pudo tomar posesión de su cargo hasta junio; para entonces, Augereau únicamente había conseguido la ocupación de Hostalric (12-V) con la guarnición de Severoli.

En Aragón, el general Suchet había logrado controlar las acciones de la guerrilla y en enero de 1810 estaba dispuesto a entrar en Cataluña a través de Lérida, pero la campaña de Andalucía le obligó a cruzar el Ebro y encaminarse con el III Cuerpo a Valencia (6-III), donde, como Moncey, en 1808, fracasó en el asedio. El futuro duque de la Albufera regresó a Aragón a mediados de marzo y se dirigió a Lérida (15-IV).

Inmediatamente O´Donnell acudió en defensa de la ciudad y fue derrotado en la batalla de Margalef (23-IV); poco después, Suchet obtuvo la rendición del general García Conde (14-V) y tomó Mequinenza (18-VI). A finales de agosto, Suchet y Macdonald se reunieron cerca de Tortosa e iniciaron los planes de asedio (19-XII), que finalizó con la entrega de la ciudad (2-I-1811). A principios de verano, la vanguardia de Suchet tomó la parte baja de Tarragona (21-VI) y una semana más tarde (28-VI) completó la conquista del puerto del núcleo urbano, hecho que le supuso el nombramiento de mariscal.

La fortaleza de Figueras resistió hasta el 19-VIII, en que Macdonald entró en ella; sin embargo, en septiembre fue substituido por el general Charles Mathieu Isidore Decaen (1769-1832), nuevo gobernador de Cataluña. Suchet cruzó el río Mijares (23-IX) y tres semanas después bombardeó Sagunto (16-X), en cuyos alrededores venció (25-X) a las tropas españolas de Lardizábal y Blake. Posteriormente se dirigió a Valencia (25-XII), ciudad que bombardeó (1-I) hasta su rendición (8-I), y tomó Denia y Peñíscola, operaciones que le valieron el ducado de la Albufera.

Quinto año de guerra (1812)

Arthur Wellesley.

Arthur Wellesley I duque de Wellington pintado por el artista Thomas Lawrence.

A principios de 1812, Wellington, conocedor de que parte de las tropas napoleónicas estaban abandonando la Península para participar en las campañas del E. de Europa y de que el ejército de Suchet se encontraba ocupado en la conquista de Valencia, inició el sitio de Ciudad Rodrigo, en donde entró el (19-I) después de la muerte de sir Robert Craufurd, comandante de la División ligera desde 1810. A continuación cruzó el Guadiana (14-III), mandó al general Villamur a Sevilla en una operación de distracción y conquistó Badajoz (7-IV).

Los británicos controlaban ya, en la primavera de 1812, la franja fronteriza con Portugal, y su siguiente paso fue aislar a Marmont de Soult, mediante el ataque a los fuertes de Almaraz (18-V) y a los conventos fortificados de Salamanca (17-VI). Los refuerzos del ejército del Norte, que desde mayo se encontraba al mando del general Françoise Auguste Caffareli Du Falga (1766-1876), se unieron al duque de Ragusa (14-VII), y Wellington lanzó sus tropas contra el Ejército de Portugal en la batalla de los Arapiles (22-VII). Al anochecer, y tras una desorganizada persecución a la caballería de Bertrand Clausel (1772-1842), las tropas aliadas habían obtenido una de sus victorias más importantes.

Cuando el rey, que había salido de Madrid con el Ejército del Centro, tuvo noticias de la derrota (23-VII), optó por retroceder y defender la capital de España. Wellington forzó a los franceses a evacuar Valladolid (30-VII), entró en Madrid (12-VIII), obligó al rey a huir a Ocaña y venció a las guarniciones del Retiro (14-VIII), operación completada con el avance hacia el S. de Hill y Ballesteros y el levantamiento del sitio de Cádiz (25-VIII).

En el N. Popham había tomado el puerto de Santander (3-VIII), y en el NE. Suchet sufría las incursiones de Luis de Lacy (1775-1817) y el desembarco de las fuerzas anglosicilianas de Maitland en Palamós, aunque las unidades de Harispe habían vencido (21-VII) en Castalla a las de José O´Donnell.

El Ejército de Portugal, tras un breve descanso, inició la marcha (13-VIII) hacia Zamora, liberó la guarnición de esta ciudad (26-VIII) y se reunió con Clausel en Valladolid (4-IX). Wellington desistió de marchar sobre los franceses y ordenó poner sitio a Burgos (19-IX), cuyo fracasado asedio se mantuvo hasta el 21 de octubre.

Mientras, la Junta Central había nombrado a Wellington comandante en jefe de los ejércitos españoles (2-X), designación que fue mal recibida por Ballesteros, arrestado y substituido por el duque del Parque. Souham había avanzado desde Burgos en persecución de los aliados y con la ayuda de Foy obtuvo una primera victoria en Venta del Pozo (23-X), de la que los británicos se recuperaron en Villamuriel (25-X).

En tres meses, Wellington pasó del éxito de los Arapiles a la derrota en Castilla, debido a su negativa de perseguir a Clausel y al Ejército de Portugal y a su fracasada operación en Burgos. Únicamente las acciones de la guerrilla en el N., adonde tuvo que dirigirse Caffarelli, evitaron la persecución a cargo de Souham y el británico pudo alejarse de Valladolid y reunirse con Hill después de que la primeras unidades francesas hubieran llegado a Madrid (2-XI).

El rey puso el Ejército del Centro a disposición de Soult, y Souham fue substituido por D´Erlon; 80.000 franceses se dirigieron entonces a Salamanca (8-XI) en persecución de Hill y Wellington, que se pusieron a salvo tras cruzar el río Huebra (17-XI).

No obstante, el balance de las campañas de 1812 era positivo para los aliados; además de la victoria de los Arapiles y de la ocupación temporal de Madrid, los franceses habían salido de Asturias, Extremadura y Andalucía y habían sido liberadas varias ciudades importantes.

A finales de este año, las noticias acerca de las derrotas de Napoleón en Rusia hacían pensar que la victoria aliada en la Península era inminente, aunque, por los mismos motivos, Gran Bretaña decidió retirar parte de sus fuerzas en España para destinarlas a Alemania, donde previsiblemente deberían enfrentarse con el emperador francés.

Pero Napoleón pudo reorganizar la Grande Armée en París, y aunque llamó a Soult, dejó en España a más de 200.000 soldados. Sus órdenes fueron que el cuartel general del rey se estableciera en Valladolid, que Clausel relevara a Caffarelli y que Honoré Théodore Maxime Gazan (1765-1845), conde de la Peyrène y substituto de Soult en el Ejército del Sur contuviera a Wellington en Castilla.

Pero a principios de 1813 la situación en el país Vasco y Navarra empeoró debido a las acciones de Espoz y Mina (1781-1836), cuya toma de tafalla ocasionó el movimiento del Ejército de Portugal; derrotado en el ataque de Lodosa (30-III), Clausel persiguió al español y le venció el 12 de mayo en el valle del Roncal.

Sexto año de guerra (1813)

En la primavera de 1813 Wellington ordenó a las fuerzas de Cataluña que aislaran a Suchet y dividió sus tropas en dos columnas; la primera mandada por Hill, ocupó Salamanca (26-V) y se estableció al S. del Duero; la segunda dirigida por sir Thomas Graham (1748-1843) —lord Linnedoch, ayudante de Moore al principio de la guerra y vencedor de Victor en 1811—, avanzó por la orilla N. y tomó Zamora (2-VI).

El rey pidió refuerzos a Clausel y se retiró al N. del Ebro tras abandonar Burgos (13-VI), aunque cuatro días después supo que las tropas británicas se dirigían a Bilbao y Vitoria, ciudad a la que Wellington llegó (20-VI) con 80.000 soldados.

A la mañana siguiente, sus unidades y las de Graham y Hill vencieron a las de José I Bonaparte, que abandonaron la capital en dirección al E. La Batalla de Vitoria resarció a Wellington de los fracasos anteriores y, después de dejar una guarnición en la ciudad salió hacia Pamplona (22-VI), cuyo asedio inició tres días más tarde.

Mientras, la lucha continuó en Álava entre Foy y Maucune y el Ejército de Galicia mandado por el general Pedro Agustín Girón (1788-1842), duque de Ahumada, con la ayuda de Graham, que no pudieron acabar con la resistencia francesa en Tolosa (27-VI); no obstante, Foy abandonó esta localidad al día siguiente, cruzó el Bidasoa y se unió a Reille en Francia. Poco después, Clausel atravesó la frontera y contactó con las tropas napoleónicas (15-VII).

La derrota de Vitoria tuvo otras consecuencias: el emperador mandó a Soult a España, recluyó a su hermano en Francia y destituyó a Jourdan. Por su parte, Wellington decidió esperar los resultados de los enfrentamientos en Europa, no quiso internarse más allá de los Pirineos, mantuvo el asedio en Pamplona y destinó tropas al sitio de la estratégica plaza de San Sebastián (28-VI), que no pudo ser conquistada.

Entretanto, la actividad en el E. había sido escasa desde la derrota de Castalla, en julio de 1812. En marzo de 1813, John Murray tomó el mando de las tropas aliadas y la decisión de atacar a Suchet con la ayuda de las unidades de Roche, Whittingham y Elío —substituto de José O´Donnell—, además de las del duque del parque, que se trasladaban desde Andalucía.

Suchet venció a la vanguardia de Elío en Yecla (11-IV) y a la de Murray en Biar (12-IV), pero fue derrotado en la batalla de Castalla (13-IV), tras la cual Murray y Elío se unieron para ejecutar las órdenes de Wellington de aislar al duque de la Albufera antes de la campaña de Vitoria.

Murray zarpó desde Alicante (13-V) y desembarcó cerca de Tarragona (2-VI) con la ayuda del general Francisco Copons y ordenó la retirada (12-VI), aunque, una vez embarcadas, dio orden a sus tropas de regresar para atacar las posiciones francesas, sin que obtuvieran ningún éxito significativo en los días siguientes; Murray sería relevado después por Bentinck.

Aunque la operación había sido un fracaso, Suchet no pudo enviar ayuda a José Bonaparte, por lo que Wellington pudo completar su éxito en Vitoria, y tampoco pudo auxiliar a Harispe, que se enfrentaba en el Júcar con Elío y Del Parque. Además, las noticias de las derrotas en Álava y de las acciones en la frontera le hicieron temer por su aislamiento en la costa levantina, por lo que ordenó la retirada de Valencia y de Zaragoza, que fue evacuada por el general Paris (10-VII),

En los días siguientes, el duque del Parque ocupó la capital aragonesa y Bentinck persiguió a Suchet hasta Barcelona, cuya victoria sobre los aliados en Ordal (13-IX) le hizo obtener ventajas en su retirada. Cumpliendo órdenes de Napoleón, Soult formó un único Ejército en España (20-VII) en la frontera francesa y se dispuso a liberar Pamplona, pero Wellington pensó que el primer objetivo del enemigo sería San Sebastián.

Mientras Graham fracasaba en la plaza guipuzcoana, Soult se internó en los Pirineos por Maya y Roncesvalles (25-VII), donde atacó a la Segunda División del teniente general sir William Stewart (1774-1827), cuyo contraataque dispersó a las unidades francesas. Al día siguiente, Wellington abandonó el sitio de San Sebastián y se dirigió a Maya, donde Hill esperaba el siguiente movimiento de las tropas de Erlon.

La Tercera División de sir Thomas Picton (1758-1815), la Cuarta de sir Galbraith Lowry Cole (1772-1842) y las fuerzas de Enrique O´Odonnell se unieron en Sorauren (Navarra), hacia donde también se dirigían Soult, Clausel y Reille y, más tarde, Wellington.

En los días 28 y 30 de julio tuvieron lugar los enfrentamientos que concluyeron con la victoria aliada e impidieron que Soult se aproximara a Pamplona, aunque el triunfo de D´Erlon sobre Hill en Lizaso (30-VII) facilitó la salida de la vanguardia de Reille por el Bidasoa. La artillería trasladada desde el frente de Navarra originó el bombardeó y asalto de San Sebastián (31-VIII), que supuso la destrucción del puerto, hecho este innecesario, según los generales españoles.

Mientras Soult intentaba desalojar a los aliados de Irún y abrirse paso a la capital guipuzcoana, pero en la Batalla de San Marcial (31-VIII) fue derrotado por el Ejercito de Galicia dirigido por Freire —ayudado por la guerrilla del general Francisco Longa (1770-1831)—, y a partir de entonces la retirada de las tropas imperiales y de grupos de afrancesados por el Bidasoa y por Bera se transformó en una operación caótica que puso fin a la ofensiva de Soult.

Wellington, que esperaba noticias de la campaña napoleónica en Europa, rompió la línea de defensa fronteriza (7-X) y Soult retrocedió hasta Nivelle, pero el británico mantuvo su negativa a internarse en Francia y centró su atención en la rendición de Pamplona (31-X).

Con la capital navarra en su poder, las tropas de Hill y Beresford recibieron la misión de atacar a Soult en Nivelle (20-XI), desde donde el duque de Dalmacia condujo su ejército hasta Bayona. La evolución de la situación europea, que parecía conducir a la invasión de Francia, y el ánimo de venganza que se detectaba en las tropas españolas, indujo a Wellington a prescindir de estas en su ataque en tierras francesas, pues era consciente de que, varios años después, el ejército británico podía producir en los franceses la misma reacción que el francés había causado en los españoles.

Con las divisiones de Hope y Beresford, los británicos se enfrentaron al otro lado de la frontera con las fuerzas de Soult, al que vencieron consecutivamente en las batallas de Nive (9 y 10-XII) y St. Pierre (13-XII), tras las cuales los franceses se establecieron en Bayona y los ingleses en las líneas fronterizas.

A finales de 1813 y principios de 1814, la situación de las tropas napoleónicas en todos los frentes aconsejó al emperador iniciar negociaciones con la coalición del E. de Europa y con las tropas aliadas de España. Si llegaba a un acuerdo con los españoles, portugueses y británicos, podía destinar las divisiones de Suchet y de Soult a orillas del Rhin, posibilidad contraria a los planes de Austria, Prusia y Rusia.

Fernando VII, cautivo en Francia desde el principio de la guerra, firmó con Napoleón el Tratado de Valençay (11-XII) y pudo volver a España, y 25.000 hombres de las tropas de Soult y Suchet fueron enviados al frente europeo oriental. Sin embargo, el Consejo de Regencia y las Cortes desautorizaron al monarca y no dieron validez al acuerdo, a pesar de que muchas unidades francesas consideraban que la contienda ya había terminado.

Las desabastecidas tropas de Soult fueron sitiadas y derrotadas en bayona y Orthez (27-II), y poco después Beresford entró en Burdeos (12-III). Por otra parte, desde el otoño de 1813 la guerra estaba paralizada en Cataluña, donde Bentinck había sido reemplazado por William Clinton. la evolución del conflicto en el País Vasco y la retirada de sus efectivos por orden de Napoleón, había obligado a Suchet a mantener bajo control francés únicamente las plazas de Figueras y Barcelona, y las traiciones dentro de su propio ejército le llevaron a cruzar la frontera y llegar a Peripiñán, aunque algunos generales permanecieron en Barcelona hasta bien avanzado el año 1814.

En Burdeos, Wellington y Beresford iniciaron la persecución de Soult, que se dirigía a Tolouse, adonde llegó el (14-III) gracias al trabajo de su retaguardia, enfrentada a los británicos en Tarbes (20-III). Pero el Duque de Dalmacia aún pudo vencer a su enemigo —que contó con los generales Hill y Beresford y, en esta ocasión, con las fuerzas del general español Freire— en la Batalla de Tolosa (Tolouse) (10-IV), última victoria de Soult sobre las tropas aliadas.

A pesar de las numerosas bajas que había causado, el mariscal francés era consciente de la situación bélica y política —Napoleón había abdicado en Fontainebleau (6-IV)— y al día siguiente, sin rendirse, se retiró a Carcasona, desde donde ordenó al general Thouvenot la entrega de Bayona (27-IV). Tres días después, las potencias aliadas firmaron el Tratado de París, restauraron a los Borbón en el trono francés y establecieron las fronteras de Francia en las existentes en 1792.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XI págs. 5333-5341.

Sucesos del 2 de mayo (1808)

Esta fecha da nombre al hecho histórico que, protagonizado por el pueblo de Madrid, hizo que diese comienzo la Guerra de la Independencia. Los acontecimientos que tuvieron lugar el 2-V-1808 en Madrid y que culminaron el día 3 con los fusilamientos de la montaña del Príncipe Pío, inmortalizados por Goya, fueron desencadenantes del levantamiento.

Defensa del parque de artillería de Monteleón, obra de Joaquín Sorolla

Defensa del parque de artillería de Monteleón, obra de Joaquín Sorolla.

De abril a mayo de 1808 los primeros recelos de los españoles contra las tropas imperiales (que desde el tratado de Fontainebleau fueron tomando posiciones en nuestro país) se confirmaron y dieron paso a la hostilidad hacia los franceses. Así las cosas, el 2 de mayo, cuando se intentaba sacar de palacio y de España al infante don Francisco, el pueblo se congregó en la Plaza de la Armería dispuesto a impedirlo.

Este fue el pretexto y el comienzo de una sangrienta y heroica jornada, puesto que ante el Palacio Real un escuadrón de cazadores polacos con dos piezas de artillería abrió fuego sobre los madrileños. Hubo encarnizados enfrentamientos en diferentes puntos de la ciudad, y en el Parque de Artillería, los capitanes de artillería Daoíz y Velarde y el teniente Ruiz, junto con veinte soldados, unos cien paisanos voluntarios, tres cañones y algunas mujeres que se prestaron al transporte de la munición, se enfrentaron a los dos mil hombres que componían las tropas asaltantes al frente del general Lefranc.

La muerte de los dos artilleros dio por finalizado el combate, que causó novecientas bajas a los imperiales. La revisión de esta jornada por los historiadores pone de manifiesto que no fue un acto espontáneo; de hecho hay pruebas de preparación del levantamiento tanto por parte del pueblo —que en las primeras horas del día entró en gran número a la ciudad— como por parte de los militares implicados, pues han pasado a la historia con el nombre de confabulación de los artilleros las reuniones de Daoíz y Velarde en el domicilio de otro artillero, don Francisco Novella.

De hecho, previamente Velarde trabajó en el diseño del plan, la organización y su ejecución, y Daoíz asumió la captación de colaboradores y la fabricación clandestina de cartuchería para los fusiles y cañones del Parque de Monteleón. Asimismo, todo parece indicar que los franceses estaban informados de estos preparativos por el estratégico despliegue de las tropas imperiales en Madrid.

En cualquier caso, el 2 de mayo, como fecha del primer levantamiento del pueblo español contra Napoleón, aglutina ya unos componentes que serán constantes en toda la Guerra de la Independencia, tales como la toma de las armas por parte de la población civil en apoyo al ejército regular español frente a las mejores tropas de Europa.R.B.: HERRERO FERNÁNDEZ-QUESADA, María Dolores, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, págs. 427-428.

Sitios de Zaragoza (1808-1809)

Asalto de las tropas francesas al monasterio de Santa Engracia.

Asalto de las tropas francesas al monasterio de Santa Engracia el 8-II-1809 pintado por Lejeune.

Zaragoza y Gerona ofrecen un paralelismo en la Guerra de la Independencia. Ambas sufren un intento de conquista al iniciarse el levantamiento y un primer sitio que rechazan, y después un segundo sitio con capitulación tras soportar un sacrificio y un porcentaje de bajas enorme, quizá sin parangón en la historia de Europa. Zaragoza preocupó a Napoleón porque desde ella era factible interferir la comunicación de los invasores con Francia.

El general Lefebvre fue enviado para deshacer las fuerzas organizadas por Palafox, y aunque venció en Tudela y Alagón, resultó frenado en Eras del Rey (15-VI-1808). Reforzado por Verdier (que deshizo en Épila a los de Palafox), Lefebvre la sitió con doce mil hombres y 34 pizas de artillería. Bombardeó Zaragoza desde el 30-VI y la asaltó el día 2 de julio sin éxito.

Palafox logró entrar (contaba con tres mil hombres) y tomó el mando. Verdier esperó refuerzos, y una vez conseguidos (en un total de quince mil), el día 4, en asalto general, penetró hasta el Coso. El tiempo que sus soldados perdieron en saqueo y embriaguez permitió que Zaragoza se reorganizara. Verdier intimidó: paz y capitulación. Palafox replicó: guerra a cuchillo.

Noticias de Bailén indujeron a desistir. Lefebvre, porque Verdier estaba herido hizo un último y vano esfuerzo. Palafox llegó de nuevo, tomó la ofensiva y el día 14 de agosto los franceses abandonaron. Napoleón entró en España y destrozó al Ejército de Extremadura (Gamonal), de la Izquierda (Espinosa) y de Reserva (Tudela). Desde aquí Palafox llegó a Zaragoza, con 32.500 soldados y 15.000 paisanos.

Mortier (con 48.000 hombres) sitió Zaragoza (20-XII), ciudad abierta, como a plaza fuerte. Le relevó Junot, ineficaz, y el mando pasó a Lannes, más activo, mientras el hambre y la peste mermaban a los sitiados. Un asalto, el día 27, penetró en Zaragoza, donde se combatió casa a casa. Tomado el Arrabal, todo en ruinas, con los cadáveres amontonados en descomposición y con Palafox enfermo, la Junta capituló (20-II), tras soportar Zaragoza 54.000 bajas. Palafox, prisionero fue llevado a Francia.R.B.: BARRIOS GUTIÉRREZ, Juan, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, pág. 1232.

Sitios de Gerona (1808)

Gerona rechazó (30-VI-1808) una embestida de Duhesme (que disponía de cinco mil hombres), quien volvió reforzado por Reille (24-VII) y la sitió, pero, sorprendido por fuerzas de socorro en combinación con la salida de la guarnición, fue batido (17-VIII), abandonando el sitio y su artillería. Napoleón urgió entonces su conquista, y Saint-Cyr mandó contra Gerona a Reille (con diez mil soldados), que en los combates de los días 6 y 7 de mayo probó el temple de Álvarez de Castro.

Con ocho mil hombres más; Verdier tomó el mando. Comenzó el bombardeo el 26-VI y tomó tres reductos del castillo de Montjuich. El 2 de julio fracasa su primer asalto, y el día 10 un intento de socorro. Los tres mil hombres que incorporó a la defensa el general García Conde sufrieron con la guarnición el hambre y la peste, resistiendo el asalto del 19 de septiembre.

Fracasado Verdier, se dio el mando a Augereau, quien cedió la aniquilación al hambre y las epidemias. Enfermó Álvarez de Castro; Bolívar, que le sucedió, horrorizado (15.200 bajas), capituló (el 10 de diciembre).R.B.: BARRIOS GUTIÉRREZ, Juan, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, págs. 1232-1233.

Gobierno de la Regencia (1810-1814)

El que se estableció, durante la guerra de la independencia, en virtud del acuerdo tomado por la Junta Suprema Central y Gubernativa del reino para transmitir sus poderes, creándose al efecto el Supremo Consejo de Regencia (29-I), con sede en la isla de León, donde quedó instalado, desde el 31 de dicho mes hasta el 28 de mayo, en que se trasladó a Cádiz.

Integraron el citado Consejo Pedro de Quevedo y Quintano, obispo de Orense; Francisco de Saavedra, consejero de Estado; los generales Francisco Javier Castaños y Antonio Escaño (este de Marina), y Esteban Fernández de León, que luego fue reemplazado por Miguel de Lardizábal y Orive, natural de Nueva España.

En enero de 1811 se constituyó una segunda regencia formada por tres miembros, estos fueron don Joaquín Blake, don Gabriel Ciscar y don Pedro Agar; en sustitución de los dos primeros que estaban ausentes se nombró al marqués de Palacio y a don José María Puig.

En marzo de 1813 había otra nueva regencia de cinco miembros: duque del Infantado, Mosquera, Villavicencio, Rodríguez Rivas y el conde de la Bisbal, que fue sustituido por don Juan Pérez de Villaamil.

la regencia asumió los poderes del reino hasta que Fernando VII regresó de Francia para volver a ocupar el trono español, de acuerdo con el Tratado de Valençay (8-XII-1813). A la llegada del rey a España presidía la regencia Luis de borbón, cardenal y arzobispo de Toledo, y eran vocales Pedro de Agar y Gabriel Ciscar.

R.B.: VEGA, José, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 422-423.