Batalla de Sagrajas1086

Enfrentamiento bélico ocurrido el 26-X-1086 en la dehesa de Sacralias (Sagrajas), a orillas del río Guerrero, en los alrededores de Badajoz, entre los ejércitos cristianos y almorávide. Las crónicas musulmanas se refieren a la batalla con el nombre de al Zallaqa.

El lugar de la contienda ha sido objeto de discusión; Oliver y Asín, p. e., suponen su localización exacta a orillas del río Zapatón, cerca de su confluencia con el Gévora; es decir, a unos 12 km al N. de Badajoz.

La noticia del desembarco, en junio de 1086, del califa almorávide Yusuf b. Tasufin en Algeciras, obligó a Alfonso VI de León y Castilla a levantar el cerco que por entonces mantenía sobre la Zaragoza del Banu Hud Ahmad II, y a solicitar apoyo efectivo de Sancho IV Ramírez de Aragón y Navarra y de varios señores franceses, para hacer frente a la invasión andalusí por el califa almorávide; también ordenó a Álvar Fáñez de Valencia que acudiese en su auxilio.

Los almorávides habían desembarcado en las costas peninsulares alentados por las peticiones de auxilio de al Mutamid de Sevilla, Abdállah de Granada, Mutawakkil de Badajoz y otras taifas (Almería, Málaga), hasta ese momento tributarias de los reinos de Castilla y León, ante la impresión que causó, un año antes, la toma de la ciudad de Toledo por Alfonso VI, y como consecuencia de la presión interna originada por los alfaquíes, quienes habían creado un estado de opinión contrario, por la humillación ante los cristianos y por la relajación de las costumbres y la ley religiosa.

La mañana del día 23 de octubre, el ejército cristiano, acampado a unos 3 km. del musulmán, inició la embestida dirigida por Álvar Fáñez. En un primer momento los andalusíes se repliegan hacia Badajoz, mientras Alfonso VI con el grueso del ejército, lanzaba una ofensiva que provocaba, en principio, el retroceso de los almorávides de Yusuf.

No obstante, las tropas cristianas, acostumbradas a romper en un empuje decidido y rápido la oposición de los débiles ejércitos taifales, y cargadas con excesivo peso (lanza, yelmo, coraza), empezaron pronto a acusar la fatiga provocada por la prolongada defensa musulmana, que se había visto reforzada por los cabileños magrebíes del general Çyr Ibn Abu Bakr.

Mientras y gracias a su superioridad numérica, Yusuf pudo mantener la defensa ante el acoso central del cristiano, y al mismo tiempo, ya al atardecer, ejecutar un clásico movimiento envolvente, de tradición magrebí, hacia la retaguardia del ejército alfonsino.

El atronador redoble de los grandes tambores almorávides, instrumento jamás oído antes en las milicias de España, hacía temblar la tierra y retumbaba en los montes; Yusuf b. Tasufin, montado en su yegua recorría las haces de los moros, animándoles en los fuertes sufrimientos que la guerra santa exige, enardeciéndoles con la evocación del paraíso para los moribundos, y con la codicia del botín para los que sobreviviesen.

Esta maniobra fue decisiva, obligó a Alfonso VI a emprender la retirada a Coria, herido y seguido solamente de quinientos jinetes. Los jinetes de Álvar Fáñez también se vieron obligados a retirarse. Alfonso VI pudo retirarse a Coria, mientras Yusuf b. Tasufin volvía a cruzar el estrecho hacia tierras africanas.

La derrota tuvo una trascendencia remarcable porque significó la primera victoria almorávide en tierras andalusíes, también la primera derrota del conquistador de Toledo, y el inicio del proceso que culminaría con la entronización de un califa almorávide en al Ándalus. Rodrigo Díaz había permanecido inactivo y la derrota de Sagrajas demostró cuán grave había sido el error de consentir el alejamiento del invicto caudillo de los castellanos.

Para el mundo cristiano supuso la pérdida de las parias pagadas por los reinos de taifas a Castilla, así como la reconciliación de Alfonso VI con el Cid , al que perdonó su destierro y lo llamó de nuevo a Castilla.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, pág. 9244.