Las esposas de Enrique VIII

Catalina de Aragón
Ana Bolena
Juana Seymour
Ana de Cléveris
Catalina Howard
Catalina Parr

Catalina de Aragón

Catalina de Aragón.
Catalina de Aragón. Reina consorte de Inglaterra, Infanta de Aragón y Castilla, por Michel Sittow.

Reina de Inglaterra. Hija de los Reyes Católicos, n. cerca de Toledo en 15 de Diciembre de 1485 y m. en Kimbolton en 7-I-1536. Pasó los primeros cuatro años de su vida en el campamento de Granada, en cuya ciudad se estableció después con sus padres que la dieron una educación esmeradísima.

En 1501 Enrique VII de Inglaterra pidió la mano de Carolina para su primogénito Arturo, príncipe de Gales, y habiéndose accedido a la demanda del monarca inglés, la princesa se embarcó en la Coruña, llegando a Plymouth el día 2 de Octubre de aquel año y celebrándose al cabo de un mes con gran pompa la ceremonia del enlace. Arturo falleció en Abril del siguiente año a los catorce años, sin consumar el matrimonio, y Catalina continuó viviendo en Inglaterra, entablándose negociaciones poco después para casarla con Enrique, hermano de Arturo, a cuya muerte había pasado a ser heredero del trono.

Catalina, que ya contaba diez y ocho años, se mostró al principio poco dispuesta a contraer matrimonio con un adolescente de trece, pero accedió por fin, y en 1503 se celebró la ceremonia de los esponsales, y seis años más tarde el matrimonio, cuando ya Enrique era rey de Inglaterra.

Aunque Enrique no era precisamente un modelo de fidelidad conyugal y su carácter discrepaba bastante del de su esposa, no dejaron de ser felices en los primeros años.

Enrique era dado a las aventuras fáciles y amigo de la ostentación y de la popularidad, y en cambio Catalina, que no contrariaba en nada sus aficiones, vivía en una rigidez de costumbres casi conventual y entregada a las prácticas religiosas, mereciendo por su bondad ser querida y respetada de todos sus súbditos.

En 1513, en ocasión de hallarse ausente Enrique que había emprendido un viaje a Francia, Catalina quedó encargada de la regencia, cumpliendo su cometido con gran entereza y dignidad.

Enrique, aunque hacía muchos años que no amaba a su esposa, la profesaba una afección respetuosa, habiéndola tratado siempre con deferencia, pero habiéndose enamorado de Ana Bolena a quien vio por primera vez en 1522, comenzó a manifestar hipócritas escrúpulos sobre la validez de su matrimonio con su cuñada, instruyéndose en secreto en 1526 un proceso para examinar la legalidad del mismo ante un tribunal presidido por Wolsey.

Clemente VII se negó a acceder a los deseos del rey, pero designó al cardenal Campeggio para que, en unión de Wolsey, examinara la causa del divorcio y aun nombró legado suyo al mismo Wolsey, quien se portó con gran delicadeza, la que ocasionó su caída.

La reina rehusó defender la validez de su matrimonio ante los dos prelados, compareciendo únicamente en 29-V-1529 para negar la legitimidad y competencia del tribunal.

Enrique VIII había propalado la especie de que Catalina, muy dada ya a las prácticas religiosas y de un carácter tímido y obediente, con facilidad se resignaría a su suerte renunciando al título de reina e ingresando en un convento; pero, la digna actitud de su esposa, echó por tierra todos sus cálculos, ya que no consintió en modo alguno que se la ultrajara, calificando su matrimonio legítimo de unión incestuosa, ni para ceder, en lo más mínimo en los derechos sucesión de su hija María Tudor, única que entre cinco había sobrevivido.

Tomás Moro, nuevo favorito, no fue tampoco partidario del divorcio, que también desaprobaba el pueblo, a pesar de lo cual Enrique se obstinó en él.

El rey, que había consultado el caso de su matrimonio a varias universidades, algunas de las cuales habían fallado a gusto del regio consultor, esto es, por el divorcio, contestó con altanería al papa, que le había citado en Roma, que las prerrogativas de la corona no le permitían acudir a la citación, ni personalmente, ni por medio de un diputado, y amenazó a los eclesiásticos, quienes atemorizados, le reconocieron, según él pedía, imbuido por Thomas Cromwell, su consejero, como jefe supremo de la Iglesia.

Para desafiar aún más al pontífice, en 25-I-1533 casó con Ana Bolena, que pronto dio a luz a Isabel, y en mayo del mismo año, Cranmer, nombrado poco antes arzobispo de Canterbury, declaró como presidente de un tribunal reunido en Dunstable, nulo y sin efecto alguno el matrimonio de Catalina y Enrique.

Pocas semanas después llegaba a Inglaterra la sentencia del papa declarando válido el matrimonio; pero el Parlamento, presidido por Cranmer, mantuvo el divorcio, excluyó a María Tudor del trono y llamó a él a los hijos de Ana, obligándose a todos los ciudadanos a prestar juramento sobre esto, conminando con la pena capital al que hablase en contrario y considerar como cómplice al que, oyéndolo, no lo delatase.

Catalina, obligada a abandonar el castillo real de Windsor, vivió desde entonces sometida a estrecha vigilancia en el castillo de Ampthill, en el condado de Bedford, en el de Buckden y finalmente en el de Kimbolton, no queriendo salir del reino ni abandonar el título de reina, por no perjudicar a su hija, a la que nunca pudo ver a pesar de sus súplicas.

Aunque despojada de toda pompa real y acompañada solo de algunos fieles servidores, conservó hasta sus últimos momentos la energía moral necesaria para protestar con entereza de la injusticia de que había sido víctima, si bien no guardó nunca a su esposo el menor rencor, escribiéndole en uno de los últimos días de su vida una carta de perdón, en la que sin el menor despecho y aun sin asomo de reconvención, le hacía solo cariñosas advertencias; el rey lloró, pero no se enmendó y siguió persiguiendo a todos los que habían sido partidarios de Catalina o no aceptaban el nuevo estado de cosas.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 12 págs. 450-451.

Ana Bolena

Ana Bolena.
Ana Bolena.

Segunda esposa del rey Enrique VIII de Inglaterra, n. entre 1502 y 1507, con toda probabilidad en Rochford Hall, condado de Essex. Era hija de sir Thomas Boleyn, que fue más tarde vizconde de Rochford y conde de Wiltshire, por su matrimonio con Isabel Howard, hija del duque de Norfolk.

Pasó unos años (1519-1521) por la corte de Francia, y a su regreso a Inglaterra fue cortejada por lord Enrique Perey, heredero del condado de Northumberland, y por el mismo rey Enrique, que comenzó a dispensar toda suerte de riquezas y honores a su padre; el monarca, antes de esos amoríos, había seducido ya a María, hermana de Ana; esta parece que accedió a los deseos del rey antes de que este planteara su divorcio con Catalina de Aragón (mayo de 1527) y contrajo matrimonio secreto a principios de 1533.

Después de proclamar Cranmer el divorcio, contrajeron matrimonio Enrique y Ana, y el día de Pentecostés de 1533 fue solemnemente coronada en Westminster; pero a los tres meses, la pasión del rey se había enfriado, no consiguiendo Ana que se reanimara con el nacimiento de una princesa (septiembre de 1533), que fue más tarde la famosa reina doncella.

En mayo de 1536 Enrique abandonó súbitamente un torneo que tenía lugar en Greenwich, al que había asistido con su esposa, y al siguiente día fue esta arrestada por su orden.

Según la tradición, el rey tuvo un acceso de celos porque Ana arrojó su pañuelo a uno de los campeones por quien era cortejada: de todas maneras, es un hecho positivo que una semana antes se había practicado secretamente un registro en las habitaciones de la reina con objeto de comprobar el supuesto adulterio incestuoso de esta con su hermano lord Rochford; pero en realidad el rey se había cansado ya de su esposa y estaba locamente enamorado de Juana Seymour, con la que se casó al día siguiente de la muerte de Ana.

Juzgados ambos hermanos, fueron condenados por delito de alta traición, desconociéndose las pruebas en que se apoyaba la sentencia. Pocos días después Ana fue decapitada en Tower Green, habiendo sufrido dos días antes igual suerte su hermano.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 8 pág. 1393.

Juana Seymour

Juana Seymour por Hans Holbein.
Juana Seymour por Hans Holbein.

El 19 de mayo de 1536 rodaba la cabeza de Ana Bolena a los pies del verdugo. Aquel mismo día Enrique VIII de Inglaterra vistió de blanco en señal de alegría —tan cínico era—, y al día siguiente contrajo matrimonio con Juana Seymour, hija de Juan Seymour, señor de Wolf Hall, en Wiltshire, y nacida en este lugar en 1509.

Dícese que Juana realizaba una nueva versión del sentimiento amoroso del monarca inglés, pues con su elegancia y su gentil porte venía a reemplazar la gravedad española de Catalina de Aragón y la libertad de costumbres que Ana Bolena había adquirido en la corte de Francisco I de Francia.

La ascendencia de Juana Seymour en la corte real de Inglaterra corresponde al declive de la influencia de Ana Bolena. En realidad, Enrique VIII sostuvo a su segunda esposa hasta que no se dilucidó el divorcio de Catalina de Aragón.

Pero muerta esta intachable señora, quiso prescindir de Ana, seducido por la presencia de varias damas de la reina, entre las cuales Margarita Shelton.

Pero la corona no fue para esta, sino para Juana Seymour, mucho más hábil en su misma aparente candidez. Haciéndose codiciar por Enrique VIII, logró verse elevada al trono, de Inglaterra, a la mañana siguiente de la ejecución de su rival.

No sabemos qué futuro habría tenido esta boda, si la reina no hubiese muerto el 24-X-1537, doce días después de haber dado a luz a un heredero de la corona de Enrique VIII, a consecuencia de las dificultades que se presentaron en el transcurso del parto.

La misma brevedad de su reinado explica la insignificancia de su papel histórico, que se limita a la maternidad de Eduardo VI y al desarrollo político de la casa de los Seymours, en particular de sus hermanos Eduardo —futuro lord Protector y duque de Somerset— y Thomas —gran almirante de Inglaterra—.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 257.

Ana de Cléveris

Ana de Cléveris.
Retrato de Ana de Cleves, por Hans Holbein el Joven

La retrató Holbein tal como era: bondadosa e insignificante. Solo la casualidad elevó a la princesa de Cléveris a los primeros planos de la Historia, esa casualidad encarnada en la persona del monarca Barba Azul, Enrique VIII de Inglaterra. Pero permaneció en ellos durante escasos meses; lo bastante para dejar huella de su nombre antes de hundirse definitivamente en la insignificancia de una vida mediocre.

Fue la cuarta esposa de Enrique VIII, aunque no la última. Había nacido el 22-IX-1515 en el palacio ducal de Cléveris, hija del duque Juan y de Isabel, heredera del ducado de Juliers.

Su juventud transcurrió en un retiro casi completo, sin educación esmerada ni ambiciones de ninguna clase; solo excelía en la costura y el bordado. Cuando he aquí que a los 24 años de edad le llega la gran noticia: Enrique VIII, enviudado de Juana Seymour, ha solicitado su mano. Todo se debe al canciller Cromwell, quien la considera como una garantía política para ganar a Inglaterra el apoyo de los protestantes alemanes. El contrato matrimonial se firma el 24-IX-1539.

La nueva reina pasa a la Gran Bretaña y desembarca en Rochester el 1 de enero de 1540. Enrique VIII acude a recibirla. Pero no le gusta, y la trata de modo despectivo (no es mejor que una yegua flamenca).

Por otra parte, el enlace no ha sido oportuno desde el punto de vista de las relaciones con Carlos V, el emperador. Y ahora empiezan los manejos para librarse de aquella importuna. Enrique declara que no se ha consumado el matrimonio, y el 9-IX-1540 es declarado nulo por un acta del Parlamento.

Sin pesar ni disgusto, Ana de Cléveris, la reina de ocho meses, se retiró a Richmond. Vivió en Inglaterra el resto de sus días, y murió en Chelsea el 28-VII-1557.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 257.

Catalina Howard

Catalina Howard.
Catalina Howard.

Reina de Inglaterra, n. en 1522 y m. en 13-II-1342. Era sobrina del duque de Norfolk, y recibió una educación algo descuidada, siendo sus costumbres bastantes ligeras.

Enrique VIII, poco después de haber casado con Ana de Cléveris, la conoció en casa del obispo Gardiner y se enamoró de ella, divorciándose de Ana para casarse con Catalina, que no era de una belleza extraordinaria, pero sí muy agradable. Los dos esposos viajaron por el Yorkshire y parece que Catalina cometió la imprudencia de recibir a alguno de sus antiguos pretendientes.

El arzobispo Cranmer, que había sido siempre hostil a la elevación de la joven princesa por creer que con ella adquiriría preponderancia el partido católico, la acusó de haber sostenido antes de su matrimonio relaciones sospechosas con Dereham, Mannock y Culpepper. Los dos primeros después de confesar su falta, fueron decapitados, y Catalina encerrada en una prisión, de la que no salió más que para subir al cadalso junto con lady Rochford, acusada de encubridora.

La vida de la desdichada reina ha servido a Alejandro Dumas (padre) de asunto para uno de sus dramas.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 12 págs. 456-457.

Catalina Parr

Catalina Parr.
Catalina Parr.

Reina de Inglaterra, sexta y última esposa de Enrique VIII, hija de Thomas Parr de Kendal (1512-1548). Muy joven aun, casó con Eduardo Borough y después con Lord Latimer, del que enviudó también en 1542.Por aquella época la conoció el rey, y sus parientes la obligaron a casarse con él, a pesar de la resistencia de Catalina, que temía seguir la misma suerte que Ana Bolena y Catalina Howard.

Dotada de gran inteligencia, pudo sortear con habilidad las dificultades que se la presentaron, pues en cierta ocasión vio seriamente comprometida su vida, ya que el obispo Gardiner la acusó de herejía, y el rey ordenó que se le siguiera el correspondiente proceso.

Fue más astuta que sus enemigos, y declaró que en materia de religión no tenía otra opinión que la de su esposo, librándose así de una muerte cierta. Al quedar viuda contrajo matrimonio con el almirante Seymour, al que dio una hija. Sus contemporáneos elogian su gracia, su inteligencia y la pureza de sus costumbres.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 12 pág. 457.