Aznar Galindo I

Biografía

También Aznar Galíndez I, conde de Aragón 809-839; de Urgel, Cerdaña y Conflent 820-838. Padre del conde Galindo Aznar I, Céntulo Aznárez y Matrona, casada con García I el Malo. Conquistó Jaca (Huesca) al valí musulmán Amrus b. Yusuf, en donde estableció la capitalidad del condado que empezó a denominarse Aragón, nombre tomado de los dos ríos homónimos que lo atraviesan.

Tras ser expulsado del condado aragonés por su yerno, García I el Malo, partidario de oponerse a la expansión de Carlomagno, acudió a la corte franca en busca de ayuda. Recibió los condados de Urgel y Cerdaña en 820 y 838, respectivamente, para que organizara la repoblación y es probable que en compensación dirigiera la expedición franca contra los pamploneses formada por tropas gasconas.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo III pág. 1159.

García I el Malo

Biografía

También García I Galíndez el Malo. Conde de Aragón, 839-844. Conde de Jaca, Aragón y de Saldaña a finales del s. VIII y principios del IX. Hijo de Galindo Belascotenes y de Fakilo, y padre de Galindo Garcés, Íñigo Garcés y de Velasco Garcés, jefe de los sirtaniyyin. Según las Genealogías de Roda, era padre de Quisilo, esposa de Sancho Jiménez (hijo de Jimeno Garcés y de Sancha, hija de Aznar Sánchez).

De este dato se desprende la suposición de un primer matrimonio con la madre de Quisilo, de cuya unión nacieron también Galindo Garcés e Íñigo Garcés, quienes le sucedieron en el gobierno del condado. Poco antes de 809, año en el que Amrus ocupó el territorio al N. de Huesca, murió su primera esposa.

Fue en ese momento cuando solicitó la ayuda del conde Aznar Galindo I y cuando probablemente contrajo segundas nupcias con Matrona, hija de aquél. Las Genealogías de Roda relatan que, tras haber sido burlado, mató a su cuñado, Céntulo Aznárez en la villa de Las Bellostas (Huesca), repudió a su mujer y contrajo terceras nupcias con una hija de Íñigo Arista o Íñigo Íñiguez.

Partidario de oponerse a la expedición franca de Carlomagno, con el auxilio de su suegro (Íñigo Arista) expulsó a Aznar Galindo I del condado de Aragón y se hizo cargo del mismo. Segúnel Chronicon Moissiacense en 816 los vascones eligieron como príncipe a Garsimiro, que ha sido identificado con Garsiam Muci o, lo que es lo mismo, con García el Malo, quien murió dos años más tarde de ser nombrado caudillo. En 818 fue substituido en los gobiernos de Jaca, Aragón y Saldaña por su hijo Galindo Garcés (818-833).R.B.: VARIOS AUTORES. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4418.

Galindo Aznar I

Biografía

Conde de Aragón, 844-867. Conde de Cerdaña y Urgel. Conde de Conflent, Pallars y Ribagorza. A pesar de la incertidumbre sobre los primeros tiempos de los condados de Aragón, a Galindo I Aznar (o Aznárez), se el considera como el segundo de los titulares del mismo, después de unos comienzos bajo la tutela de los carolingios que habían colocado al frente a sus propios dirigentes (el llamado conde Aureolo u Oriol, antes de alentar el traspaso del control del primitivo territorio condal a manos de familias autóctonas, como la del iniciador de la dinastía propiamente dicha, Aznar Galindo I.

Sin embargo, no hubo, al parecer, continuidad entre los dos primeros condes oriundos de la tierra, pues, durante más de diez años, Aznar Galindo y sus familiares fueron expulsados violentamente de sus iniciales dominios en Aragón y Sobrarbe por el llamado García I el Malo, yerno del primero.

Galindo I Aznar (o Aznárez), conde de Aragón (844-864), hijo y sucesor de Aznar Galindo I coincidiendo probablemente con la muerte de García el Malo, recuperó para su linaje el condado de Aragón, la soberanía sobre la herencia territorial paterna y reforzó, finalmente, el dominio condal aragonés, separado de Sobrarbe.

Esta recuperación se consiguió con la ayuda de los francos, ayuda que suponía algunas servidumbres carolingias, que menguaron tras la disolución imperial franca (reparto entre los tres hijos de Ludovico Pío, Carlos el Calvo, Lotario y Luis el Germánico, en Verdún 843). Ludovico Pío, el hijo de Carlomagno, adjudicó a Galindo I Aznar los condados de Cerdeña y Urgel, para que, al igual que su padre, organizara la repoblación.

No obstante, el desconocimiento sobre la ejecutoria del conde ha permitido atribuirle algunos logros y decisiones que los cronistas desvirtuaron y los dieron como propios de su tiempo, aunque resulten anacrónicos y fuera de lugar: como el caso del fuero de Jaca y sus consecuencias posteriores o el de la creación del cargo de merino o juez; instituciones que corresponden a un tiempo muy posterior (s. XI).

Pero sí que se pueden considerar como más creíbles la elevación o recuperación de algunas fortalezas de manos musulmanas, en una aparente frontera con la Marca Superior del emirato andalusí, con capital en Saraqusta (Zaragoza); así como una especial inclinación hacia los monasterios pirenaicos, siguiendo la tradición franco-carolingia.

Lo que explica el esplendor del monasterio de San Pedro de Sirena, en el valle de Echo, cuya villa de igual nombre fue dada por este conde al recinto sagrado, a pie de la calzada romana del puerto del Palo que se dirigía a la Galia, y que causó la admiración del obispo mozárabe de Córdoba, San Eulogio, cuando, a mediados del s. IX, tras regresar de su viaje por diversos cenobios de la zona, agradecía en una carta dirigida al obispo de Pamplona, la atención recibida por los monjes, que disponían de una biblioteca bien nutrida y discutían sobre los conocimientos que llegaban hasta ellos desde el otro lado de la cordillera, tan distintos, como romano latinos que eran, de los suyos, todavía inmersos en la cultura hispanomozárabe.

También los cronistas, recogiendo una tradición legendaria, hablan de la muerte de Galindo I Aznar (o Aznárez) en combate contra el rey moro de Zaragoza y la Genealogía de los Condes de Aragón, del Códice de Roda, ignora el nombre de su cónyuge; iniciándose el acercamiento a la familia reinante en Pamplona que se confirmo en el s. IX.

Las fuentes documentales identifican, además, a este conde con quien gobernó Urgel, Cerdaña, Pallars y Ribagorza, antes de hacerlo en el territorio de Aragón, vertebrado en torno al valle del Ebro, a partir del año 833; en un panorama confuso en cuanto a fechas, nombres, hechos y circunstancias.R.B.: SARASA SÁNCHEZ, Esteban, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 391-392.

Aznar Galindo II

Biografía

Tercer conde privativo de Aragón (867-893) y nieto del creador de la dinastía condal aragonesa, Aznar Galíndo I (809-816): Tras un breve periodo de inestabilidad, identificado con la toma del poder por parte de García I el Malo, y en el marco de una lucha interna por el poder dentro de la primera familia condal aragonesa, el segundo conde, Galindo Aznar I, consiguió recuperar y gobernar las tierras patrimoniales, gracias al ascendiente de la familia y el apoyo y protección de los reyes pamploneses.

En este contexto aparece por primera vez Aznar II Galindo o Galíndez, casado con Oneca, hija del rey de Pamplona, García Íñiguez. Esta unión matrimonial estaba pensada con la finalidad de asegurar la tutela de los reyes pamploneses.

Esta unión matrimonial marca el inicio de la dependencia del territorio aragonés respecto de Pamplona, aunque se trate de una vinculación muy especial, ya que nunca supuso la pérdida de autonomía ni de personalidad de Aragón, y sus condes conservaron la sucesión hereditaria de la dignidad condal y contaron con la libertad sufuciente como para llevar a cabo una política independiente tanto en el interior como hacia el exterior.

Ante la ausencia de noticias de tipo documental, las Genealogías de Roda, llamadas también Genealogías de Meyá, refrendan esta política independiente del conde de Aragón, que intentó buscar el equilibrio en esta vinculación inicial con Pamplona a través de los matrimonios de sus hijos, que le permitían vincular Aragón con el norte y el sur, al casar a su hija Sancha con el valí de Huesca, Muhammad al Tawil (matrimonio del que nacieron Abd al Malik, Amrús, Fortunio, Musa y Belasquita), mientras a su hijo y heredero, Galindo Aznar II, lo desposó con Acibella, hija del conde García Sánchez de Gascuña.R.B.: BERTRÁN ROIGÉ, Primo, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2011, Vol. XXI, pág. 140.

Galindo Aznar II

Biografía

Galindo II Aznar (o Aznárez), conde de Aragón (893-922), hijo y sucesor de Aznar Galindo II, y de Onneca, hija del Arista de Pamplona García Íñiguez, lo que situaba al condado aragonés bajo influencia navarra, si bien consideraba su personalidad independiente, con derecho a la sucesión dentro de la familia Aznar.

Casó primeramente con Acibella, hija del conde García Sánchez de Gascuña, de la que tuvo tres hijos: Toda, que casó con Bernardo Unifredo de Ribagorza; Redento, que fue obispo, y Mirón.

Sus segundas nupcias fueron con Sancha, hija de García Jiménez de Navarra y Onneca Rebelle de Sanguesa, de la que tuvo a Belasquita y Andregoto. Esta última casaría con García II Sánchez I, hijo primogénito de Sancho I Garcés de Pamplona y sucesor en el gobierno de esa incipiente monarquía.Este enlace significó la unión de la dinastía condal aragonesa con la real de Navarra.

Se considera que hacia el año 893 comenzó a regir el condado heredado de su padre, protegido de las embestidas del valí de Huesca, Muhammad al Tawil, a la sazón su cuñado (casado con su hermana Sancha). Asimismo, y antes de 920, logró llevar a su mayor extensión la geografía condal incorporando la mitad oriental del valle de Aragón, el valle de Atarés, el campo de Jaca y el valle de Aucumer.

Aunque es difícil precisar en que momento coyuntural y bajo que circunstancias concretas Aragón pasó a conformarse como apéndice pamplonés, cabe asegura que fue bajo el gobierno de Galindo II Aznar (o Aznárez). La Crónica albeldense señala que Sancho Garcés I se adueñó de dicho territorio de modo que para antes de 925 se había integrado cum castris omne territorium Aragonense.

De manera que tendría sentido la presencia documental del rey de Pamplona, que tras la conquista de Nájera, confirma los términos del monasterio de Fuenfría (921) y un año después aparece con Galindo y el obispo Ferriolo en un documento de donación a San Pedro de Siresa. Posteriormente Sancho sería interpelado para resolver las contiendas entre Galindo II Aznar (o Aznárez) y los monjes del monasterio de Cillas.

El matrimonio del heredero pamplonés García Sánchez I con Andregoto Galíndez, depositaria de los derechos condales, ratificó el ensamblamiento de Aragón a los dominios del soberano de Pamplona.

Galindo II Aznar (o Aznárez) fue mantenido en el ejercicio de sus funciones condales hasta su muerte, no obstante se debió aplicar a su herencia la fórmula de ruptura de la estricta sucesión familiar mediante la encomendación de la aristocracia local a un nuevo señor o caudillo, Sancho I Garcés de Navarra. Ello explica que el condado, a diferencia de Nájera, conservara dentro de la monarquía pamplonesa, su imagen tradicional de entidad política, la correspondiente al grupo nobiliario de los barones aragoneses.R.B.: PAVÓN BENITO, Julia, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VI, págs. 392-393.

Andregoto Galíndez

Biografía

Andregoto Galíndez, condesa de Aragón durante el periodo 922-943. Reina de Pamplona por su matrimonio hacia 934 con García II Sánchez I, que fue Rey de Pamplona en el periodo 925-970 y conde de Aragón efectivo hasta 970, por matrimonio con Andregoto, con el nombre de García II Sánchez I.

Hija y heredera del conde aragonés Galindo Aznar II y de su segunda esposa Sancha, hija a su vez de García Jiménez y Onneca Rebelle de Sangüesa y, por tanto hermanastra paterna de Sancho I Garcés de Navarra, era a la vez por vía materna prima carnal de su citado marido.

Aunque en circunstancias concretas desconocidas, con ella el condado de Aragón quedó integrado en la Monarquía pamplonesa que se extendió así a través de los valles del curso superior de los ríos Aragón y Gállego hasta los confines de Sobrarbe.

No hay constancia de que el condado hubiese sido reclamado, por ejemplo, por su hermanastra mayor Toda, nacida del primer matrimonio del referido Galindo Aznar II en su primer matrimonio con Acibella de Gascuña, y esposa más adelante del conde Bernardo de Ribagorza.

Sus nupcias con el joven monarca pamplonés debieron celebrarse hacia 935 ó poco antes, justo una coyuntura política de negociaciones y paces con Abderramán III mantenidas por la reina Toda, viuda de Sancho I Garcés, que en una entrevista celebrada en Calahorra (verano de 934) logró el reconocimiento formal por parte del califa cordobés de García II Sánchez I como señor de Pamplona y sus tierras riojanas de Nájera.

Sin embargo, el monarca pamplonés iba a volver a orientar muy pronto su política hacia el reino de León y a este efecto, para reforzar los estrechos lazos familiares ya existentes entre las dos dinastías regias hispano-cristianas, tomó hacia 941 como nueva esposa a Teresa, hija del rey Ramiro II de León, tras haber repudiado a Andregoto, alegando al parecer la nulidad canónica de su matrimonio con ella por impedimento del parentesco ya reseñado y nada frecuente en el círculo fuertemente endogámico de los príncipes coetáneos.

La ruptura no iba a impedir, sin embargo, que el hijo nacido de las disueltas nupcias, el futuro Sancho II Garcés Abarca, heredara en su momento el reino paterno en el año 970 y contara además con la fidelísima asistencia de su hermanastro Ramiro Garcés el de Viguera, fruto del segundo matrimonio de García II Sánchez I con la citada Teresa Ramírez.

Aunque repudiada, Andregoto conservó el título de Reina y como tal encabezó, por ejemplo, junto con Sancho II Garcés Abarca y su mujer Urraca Fernandez (29-VI-971) la donación de la villa de Javier de Martes, villa oscense próxima a Berdún, a favor del monasterio de San Pedro de Sirena Instalada en la localidad de Lumbier, donde reinaba (regina Endergoto in Lumberri, se consigna expresamente en un documento) y favorecida con una digna dotación de bienes raíces, intervino como mediadora en un conflicto de intereses a favor de la cercana iglesia de Santa María y San Saturnino de Lasabe.

Convivió, quizá, algún tiempo con ella su hermana Belasquita, casada con un miembro de la aristocracia local, Enneco López de Estigi y Celigueta, esta última villa a escasa distancia también de Lumbier.

Cabe finalmente suponer que en este retiro y con la memoria excepcional de bastantes ancianas hizo poner por escrito los antecedentes de su estirpe aragonesa hasta la generación de su tatarabuelo Aznar Galindo I, el primer conde conocido de Aragón, coetáneo de los soberanos francos Carlomagno y su hijo Ludovico Pío, a quienes cabe atribuir la institución de aquel condado pirenaico.R.B.: MARTÍN DUQUE, Ángel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. IV, págs. 248-249.

Sancho II Garcés I Abarca

Biografía

Conde de Aragón, como Sancho I Garcés, 970-994. Sancho II Garcés Abarca, conde efectivo de Aragón en el periodo 943-970, conde pleno de Aragón desde 970 hasta 994 y rey de Pamplona entre los años 970 y 994.

Hijo primogénito y sucesor de García II Sánchez de Pamplona (925-970) y de Andregoto Galíndez, hija del conde Galindo Aznar II de Aragón (893-929. Al disolverse el matrimonio de sus padres, Sancho rigió bajo la tutoría de su padre y de Fortuna Jiménez, el condado de Aragón.

Parece también que colaboró con su hermanastro, Ramiro Garcés (hijo mayor de García II Sánchez y su segunda esposa Teresa), en la defensa de las fronteras del reino ante los musulmanes del valle medio del Ebro.

En 962, su padre concertó su matrimonio con una hija del conde Fernán González de Castilla (932-970), Urraca, por entonces casada con Ordoño IV el Malo de León, como una de las condiciones que el conde castellano hubo de aceptar para que el rey navarro lo liberara —lo mantenía preso desde que lo capturó en Cirueña (La Rioja) un año antes, como resultado de su colaboración con las tropas cordobesas que auparon al solio leonés al destronado Sancho I el Craso.—

Accedió al gobierno del reino a la muerte de su padre, quien había dispuesto que, si bien la corona debía pasar a su primogénito Sancho, el territorio de Viguera (valles medio y bajo de los ríos Leza e Iregua, en la Rioja) debían instituirse como reino feudatario del de Pamplona en la persona de su hermanastro Ramiro Garcés. Sus primeras acciones diplomáticas se encaminaron a mantener la paz ante el poderoso califa al Hakam II (961-976).

Para ello, mandó dos embajadas a Córdoba en el verano de 971, la primera al frente del abad Bassal y del juez de Nájera, Velasco, y la segunda con su primo hermano Jimeno Garcés, y otras dos en el otoño de 973. Esas buenas relaciones se truncaron en 975, cuando decidió participar en una coalición junto a leoneses y castellanos, que dirigida por Ramiro III de León y su tía Elvira, —a la sazón, prima de Sancho—, fracasó en el sitio de Gormaz (Soria, 2-V-975) ante el gobernador de Medinaceli, Galib; los navarros además fueron derrotados por Abderramán III, caid de Zaragoza en Estercuel (Ribaforada, Navarra).

No obstante, en 978, una nueva expedición conjunta de castellanos y navarros logró tomar Gormaz y Atienza (Guadalajara). Muerto al al Hakam II y coronado como califa el débil Hisam II, surgió el enfrentamiento entre el veterano general Galib y su yerno, el por entonces ascendente Almanzor, por su poder interno en el califato.

Mientras Ramiro III otorgaba su apoyo tácito a Almanzor, navarros y castellanos prestaron sus tropas a Galib; ambas fuerzas se enfrentaron definitivamente en las llanuras de Atienza (10-VII-978), donde murió el viejo general —Galib peleó con valor pero murió de una caída de caballo y su cabeza y la mano con su anillo fueron presentados a Almanzor, que desde aquel día (8-VII-981) tuvo en sus manos todos los poderes del estado.—

En las escaramuzas posteriores, Ramiro Garcés de Viguera encontró la muerte en Torrevicente (Retortillo de San Vicente, Soria). Los episodios bélicos contra los musulmanes culminaron en Rueda, Valladolid, en 983, cuando una nueva coalición de Ramiro III, que no contaba sino veinte años, García I Fernández de Castilla y Sancho II Garcés, fue de nuevo derrotada por Almanzor.

Las tropas de este habían arrasado la comarca de Zamora, destruyendo por centenares monasterios, aldeas y alquerías. Los aliados presentaron batalla en Rueda. Las tropas califales, mandadas por el omeya Abdállah, arrasaron y los cristianos fueron completamente desechos y sus tropas pasadas a cuchillo. Simancas cayó en poder de los musulmanes y su población cristiana fue exterminada.

Quizá convencido de la imposibilidad de hacerle frente, Sancho decidió pactar con el hayib, a quien ofreció como esposa a una de sus hijas, que se convirtió al Islam y tomó el nombre de Abda; de ese enlace nacería Abderramán Sanchuelo, al que Hisam II nombró su heredero.

Lo cierto es que, durante el resto de su reinado, Almanzor respetó el suelo navarro, mientras sus ejército saqueaban los reinos cristianos de la Península, desde Santiago de Compotela a Barcelona; en 993, Sancho II Garcés viajó todavía a Córdoba a presentar sus respetos al califa y a su yerno, y al año siguiente envió una embajada al frente de su hijo Gonzalo.

En el ámbito interno, favoreció la investigación historiográfica y compilatoria de los scriptoria monacales riojanos de San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla (fundación suya), donde, bajo su reinado, se compiló el Liber Iudiciorum y se realizaron numerosos cánones conciliares. también fundó el cenobio de San Andrés de Cirueña (La Rioja) y benefició con donaciones a los de San Salvador de Leyre (Navarra) y San Juan de la Peña (Huesca) donde fue enterrado.

También asistió a la solemne fundación (978) del infantado de Covarrubias (Burgos) por el conde García I Fernández de Castilla y su esposa Ava. De su matrimonio con Urraca de Castilla (932-970), Sancho tuvo a su primogénito y sucesor, García III Sánchez de Pamplona y Aragón (994-1000); a Ramiro, muerto en 992, y a Gonzalo, que al parecer, pudo haber regido el condado de Aragón en vida de su padre.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, págs. 9465-9466.

Sancho III Garcés el Mayor

Biografía

Sancho el Mayor de Juan Ricci

Sancho el Mayor. Obra del siglo XVII de Juan Ricci. Monasterio de San Millán de Yuso.

Rey de Navarra, 1000-1035. Conde de Sobrarbe y Ribagorza 1017-1035, Conde de Castilla 1029-1035, Conde de Aragón, como Sancho II Garcés, 1000-1035. Hijo de García Sánchez II el Trémulo (994-1004), rey de Pamplona y de la reina doña Jimena, comenzó a gobernar bajo un consejo de regencia.

Es uno de los monarcas más importantes de la España del siglo XI. Frente a la disolución del califato cordobés, alzó la bandera del reino de Pamplona, reuniendo bajo una misma mano, bien directamente, bien mediante lazos de vasallaje —basados en otros de parentesco—, todos los estados cristianos españoles y alguno francés.

Estrechó sus relaciones con el resto de Europa, permitiendo la renovación e introducción de nuevas tendencias políticas, religiosas e intelectuales. Preocupado con los problemas de aquellos Estados cristianos, apenas atendió a la España musulmana. Sus primeros años los dedica a los asuntos de la Rioja, a fin de fijar las fronteras comunes de Castilla y el reino de Pamplona, lográndolo en 1016. Facilitó tal demarcación el matrimonio de Sancho el Mayor con doña Munia, hija del conde castellano Sancho García (Garcés).

El unificador de la España cristiana

La anarquía y dificultades que sufrían los condados de Sobrarbe y Ribagorza ofrecieron motivos para que Sancho el Mayor, como descendiente de doña Dadildis de Pallars y marido de doña Munia, que era nieta de la condesa ribagorzana doña Ava, interviniese activamente en ellos, frente a las pretensiones de los condes de Barcelona. La penetración de Sancho el Mayor en tierras de Sobrarbe y Ribagorza fue progresiva desde 1016 hasta 1019, incorporando ambos condados a sus Estados.

También intervino en los problemas surgidos entre Berenguer Ramón I el Curvo y su madre doña Ermesinda, que frecuentemente tuvo diferencias con su hijo, llegando la tirantez entre ambos a su punto máximo en 1023.

Doña Ermesinda buscó ayuda en gentes normandas, mientras que Berenguer Ramón I solicitó la de Sancho el Mayor. El conde catalán aparece frecuentemente en la corte navarra, confirmando documentos a partir de esta fecha, mientras Sancho el Mayor dice que reinaba desde Zamora a Barcelona.

Las gestiones fueron realizadas por el abad Poncio, que, como recompensa, recibió la ordenación episcopal y la sede de Oviedo, merced a la intervención de Sancho el Mayor. Coetáneamente, entre 1021 y 1023, Sancho el Mayor intervino en los problemas de Gascuña, ayudando a su tío el conde Sancho Guillermo (1009-1032) a conquistar las tierras irredentas que todavía estaban bajo el poder de los condes de Tolouse.

A cambio de tal ayuda, Sancho el Mayor consiguió el vizcondado de Labourd, y que Sancho Guillermo se declarase vasallo de Pamplona: por esta razón los documentos dicen que Sancho el Mayor reinaba en Gascuña.

A la muerte de Sancho García, conde de Castilla (1017), le sucede su hijo el infante don García, que tenía entonces siete años y unos meses, bajo un consejo de regencia. Castilla vivió una época de anarquía, aprovechada por el rey de León, Alfonso V, para apoderarse de la tierras altas sitas entre el Pisuerga y el río Cea. Ante esta situación, Sancho el Mayor se presenta a los castellanos como protector de su cuñado García, extendiendo su influencia por tierras de Valpuesta.

Pero años más tarde (1022) tramita el matrimonio de su hermana Urraca con Alfonso V de León, que había enviudado recientemente: con ello, los reyes de León y Pamplona quedan libres para intervenir en los asuntos de Castilla. Sancho el Mayor siguió extendiendo su influencia en el condado castellano, hasta el punto de que el obispo de Burgos, Julián, figura en la corte del rey navarro.

Influyó poderosamente en su éxito la adopción de las ideas feudales entonces predominantes en Europa, y la renovación de cargos nobiliarios, en desuso desde los tiempos de Fernán González.

Castilla se resintió de la tutela navarra y se acercó, políticamente al reino de León, gestionando con el nuevo monarca Vermudo III el matrimonio del conde don Garcíacon doña Sancha, hermana de aquel. García fue asesinado cuando iba a contraer nupcias, y Sancho el Mayor, único pariente directo del infante muerto, ocupó Castilla, ya que su esposa doña Munia o Mayor, había sido declarada heredera antes de que naciese aquel; el rey navarro impuso la candidatura de su esposa, aunque había descendientes directos masculinos de Fernán González.

Los castellanos aceptaron al de Pamplona como señor, a título de marido de doña Mayor, y con la condición de que heredase el condado el segundogénito, para evitar que el reino pamplonés absorbiese a Castilla.

Sancho el Mayor ocupó el condado castellano y heredó las pretensiones de dominio sobre las tierras sitas entre los ríos Cea y Pisuerga, que le llevarían a una guerra contra Vermudo III de León. Después de algunas luchas conquistó León (1034), Zamora y Astorga, acuñando moneda con el título de emperador, a que le daba derecho la posesión de la primera de estas ciudades.

Para afirmar el dominio de Castilla en las tierras sitas entre los ríos Cea y Pisuerga, después de conquistar León, y a costa de los territorios de esta diócesis, creó el obispado de Palencia. Pero Vermudo III pudo reaccionar, reconquistando la ciudad imperial, dando al traste con la reorganización eclesiástica de Sancho el Mayor.

Poco después, el día 18 de octubre, moría el rey navarro. Estuvo casado con doña Munia, o Mayor, hija del conde de Castilla, Sancho García. Antes de este matrimonio había tenido un hijo natural, Ramiro, de doña Sancha de Aibar.

Antes de morir heredó a sus hijos con diversos territorios. García recibió el reino de Pamplona, engrandecido con la Bureba, castilla la Vieja y las Provincias Vascongadas; Fernando fue nombrado conde de Castilla, recogiendo las viejas aspiraciones de dominio entre los ríos Pisuerga y Cea; Gonzalo heredó el Sobrarbe y Ribagorza, y Ramiro, el hijo natural, recibió bienes sitos en el antiguo condado de Aragón, que a partir de 1035, igual que Castilla, Sobrarbe y Ribagorza, se alzan como reinos independientes del de Pamplona.R.B.: UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 577-578.

Ramiro I

Biografía

Representación de Ramiro I.

Representación de Ramiro I en la primera mitad del siglo XII.

Rey de Aragón, 1035-1064. Conde de Sobrarbe y Ribagorza 1045-1063. El origen de la Reconquista en la zona central pirenaica tiene el tinte epopéyico de las luchas más duras y empeñadas. En Asturias, después de las cadenas montañosas venía el llano sin confines. En los Pirineos centrales, después del valle de Aragón se alzaba la cordillera subpirenaica y, más allá, los poderosos reductos de la depresión del Ebro.

En un marco de gigantescos picachos, cuya silueta casi ahoga la de los valles que les avecinan, los aragoneses, sobrarbeños y ribagorzanos pelearon durante dos siglos por su independencia y su fe ante el Islam. Por fin, los avatares políticos les unieron en un solo reino, capaz de asestar duros golpes a los invasores. Esta evolución se consumó durante el gobierno de Ramiro I, el Espúreo.

Era hijo Sancho III el Mayor de Navarra. Hijo ilegítimo como pregonaron los cronicones de la época y afirman los investigadores modernos. Su madre fue doña Sancha de Aybar, que acabó su vida en la soledad de un convento.

Por esta causa, pese a ser el primer hijo del rey navarro, este no le otorgó en su testamento Navarra o Castilla, sino el reino de Aragón, conjunto secundario en las posesiones territoriales de Sancho III el Mayor (1035). Ramiro quiso reivindicar sus derechos a la corona navarra, con tan mala fortuna que fue derrotado, con sus auxiliares moros en Tafalla y obligado a ceder parte de su reino.

Estos territorios solo los recobró en 1054, después de la batalla de Atapuerca, librada entre sus hermanos García y Fernando I de Castilla. Pero ya en 1037 había obtenido una compensación positiva al incorporar a su estado los condados de Sobrarbe y Ribagorza, puestos bajo su señorío por los vasallos de su hermano, el conde Gonzalo, al ser este asesinado por Ramón de Gascuña.

Sin grandes rivalidades con los demás reinos cristianos, excepto la sostenida con Fernando I de Castilla por la posesión de Calahorra, Ramiro I dedicó todos sus esfuerzos a la acción contra los musulmanes de la cuenca del Ebro.

Parece que Ramiro reconquistó varias fortalezas que los moros poseían aún en Sobrarbe y Ribagorza y que hizo tributarios suyos a los reyes de Zaragoza, Huesca y Lérida. Su principal empresa contra el Islam fue el ataque a la ciudad de Graus, plaza fuerte en el camino de la Litera.

Fracasó en su empresa, debido a la intervención de un ejército de socorro enviado por al Muqtadir de Zaragoza, en cuyas filas figuraba el infante don Sancho de Castilla. Herido en el combate que se trabó ante los muros de Graus (enero de 1063), Ramiro cedió la corona a su hijo Sancho IV Ramírez. Poco después, a fines de mayo del mismo año, entregaba su alma al Señor.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 113.

Sancho IV Ramírez

Biografía

Representación del rostro de Sancho Ramírez de Aragón.

Representación del rostro de Sancho Ramírez de Aragón de la primera mitad del siglo XII.

Rey de Aragón, 1063-1094. Rey de Pamplona, como Sancho V, 1076-1094. Hijo de Ramiro I de Aragón y de su primera esposa doña Ermesinda. La muerte de Ramiro I en la batalla de Graus conmocionó a la Cristiandad. El papa Alejandro II predicó (1063) una cruzada contra los moros aragoneses. Esta, mandada por Ebles de Roucy, conquistó Graus, y luego Barbastro (1064), que se volvieron a perder al año siguiente, muriendo en la defensa de esta ciudad el conde de Urgel Armengol, cuñado de Sancho Ramírez.

En 1073 volvió Ebles de Roucy al frente de otra cruzada pontificia, pero no se conoce el resultado de la misma: probablemente debió fracasar antes de su llegada al territorio español.

Posteriormente (1087), otra cruzada se puso a las órdenes de Sancho Ramírez para conquistar Tudela, pero, como las anteriores, también fracasó, ahora por disensiones internas; entre los cruzados venía Enrique de Borgoña y Raimundo, conde de Amous, que pasaron a la corte castellana de Alfonso VI, donde casaron con hijas del monarca.

La reconquista durante el reinado de Sancho Ramírez tiene tres objetivos definidos: La expansión por la Hoya de Huesca, por los cursos de los ríos Gállego y Cinca, y por las Bárdenas.

Conquistó Corbins y Pradilla (1080); asoló las tierras de Lérida y Zaragoza (junio, 1083), que se volvió a perder, Ayerbe (1083); redujo Graus (Abril, 1083) y dio la batalla de Piedra Pisada (Navidad, 1083); conquistó Arguedas (abril, 1084), Secastilla (1084), y dio las batallas de Tudela y Morella (1084); fortificó Alquézar (1085) y atacó Zaragoza (1086); edificó el monasterio de Montearagón (mayo, 1089), cerca de Huesca; conquistó Monzón (junio, 1089), juntamente con su hijo Pedro; y en 1090 recibió tributos del rey musulmán de Huesca.

En ese mismo año fue a Toledo a ayudar a Alfonso VI contra los Almorávides y a poblar Estella; edificó el Castellar (1091), sobre Zaragoza. Para completar el cerco sobre Huesca, fortificó Abiego (1091), Labata y Santa Eulalia la Mayor (1092), poblando Luna en 1094.

En el verano de este año asentó sus ejércitos sobre Huesca, siendo muerto el día 4 de junio por la saeta disparada por un ballestero musulmán. Sancho Ramírez ayudó a Sancho de Peñalén, rey de Pamplona, cuando Sancho el Fuerte de Castilla invadió el reino navarro (1067). Los aragoneses derrotaron a los castellanos en Viana, huyendo el monarca castellano. Estas luchas constituyen la conocida Guerra de los Tres Sanchos.

En junio de 1076 sucedió en el trono de Pamplona a su primo hermano Sancho de Peñalén, que había sido asesinado por sus hermanos. Sancho Ramírez entró por Ujué y llegó a Pamplona, mientras que Alfonso VI se apoderaba de la Rioja y pretendía ocupar Navarra.

Surgen diferencias entre estos dos monarcas que las zanjan posteriormente, enviando Sancho Ramírez a su hijo el infante Pedro, el futuro rey Pedro I, al frente de un ejército, a combatir contra los almorávides en la batalla de Sagrajas (1086).

Sancho Ramírez mantuvo activas relaciones con Roma. En la primavera de 1068 se presentó ante el papa Alejandro II, encomendándose a él personalmente, acto de devoción y puramente individual que tuvo muchas consecuencias.

El legado pontificio Hugo Cándido, que había gestionado la idea del monarca a Roma, consiguió introducir el rito romano, en marzo de 1071, en los monasterios de San Juan de la Peña, San Pedro de Loarre y San Victorián, puestos por el monarca bajo la protección de la Santa Sede, con lo que se desligaban de toda potestad civil o secular.

El papa Gregorio VII, sucesor de Alejandro II, presionó sobre Sancho Ramírez para que terminase de instaurar el rito romano en todos los monasterios e iglesias de sus tierras. Sancho Ramírez, por influjo papal, recluyó al obispo de Jaca, Sancho, en el monasterio de San Juan de la Peña (1075), e hizo consagrar obispo a su hermano García (1076-1086), que restauró la vida canónica e introdujo en su diócesis el nuevo rito, prescindiendo del hispánico.

En 1076, Sancho Ramírez arrojó de la sede de Roda al obispo Salomón, que se refugió en el cenobio catalán de Santa María de Ripoll, haciendo consagrar en dicha sede a Raimundo Dalmacio, que siguió el ejemplo de su colega jacetano, tras algunas dificultades, que terminaron en 1092 con la instauración de la vida canónica en la iglesia diocesana.

En el reino de Pamplona, Sancho de Peñalén se había opuesto a la mutación del rito. Después de la incorporación de este reino a la corona de Sancho Ramírez, Frotardo, abad del monasterio francés de Saint-Pons de Thomières, colocó (1083) en la sede iruñesa al obispo francés Pedro de Roda, y en el abadiato de San Salvador de Leire al también francés Raimundo, que consiguieron la mutación del rito y la introducción de las reglas de San Agustín y cluniacenses en sus respectivas iglesias.

Durante el pontificado de Urbano II, el rey de Aragón y Pamplona, Sancho Ramírez, infeudó su reino (1-VII-1089), que la Santa Sede tomó bajo su protección, así como al rey y sus hijos, por un canon anual de quinientos mancusos. Esta infeudación continuó a lo largo de los reinados de los monarcas del s. XII, llegando hasta el XIII.

En junio de 1085, Sancho Ramírez entregó a su hijo Pedro los condados de Sobrarbe y Ribagorza, elevados a la categoría de reinos para que se ocupase al mismo tiempo de dirigir la política exterior de toda la monarquía. De ahí que en julio y septiembre de 1086, el rey infante Pedro I aparezca luchando en tierras de Tortosa, y que poco después acudiese a la batalla de Sagrajas al frente de las tropas de Aragón.

Con Sancho Ramírez comienza la expansión aragonesa (1093) por el Levante español, apoderándose entonces de la posición de Culla, en la actual provincia de Castellón de la Plana.

Sancho Ramírez contrajo dos matrimonios. El primero con una hija, cuyo nombre no se conoce, del conde de Urgel, Armengol el Peregrino. De este matrimonio nació únicamente el futuro rey Pedro I. Del segundo matrimonio, con doña Felicia de Roucy, tuvo a Fernando, muerto prematuramente, a Alfonso (el futuro Alfonso I) y a Ramiro, conocido después con el nombre de Ramiro II el Monje. Sancho Ramírez se caracteriza por su religiosidad y prudencia.R.B.: UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 579-580.

Pedro I

Biografía

Rey de Aragón, 1094-1104. Rey de Pamplona, 1094-1104. Caracterizado por su valor y extraordinaria visión política, es quien conquista las dos primeras grandes ciudades (Huesca y Barbastro) incorporadas a la cristiandad aragonesa, y quien extiende, aunque efímeramente, su poder por tierras mediterráneas.

Hijo de Sancho Ramírez y de una hija del conde de Urgel, Armengol el Peregrino. En junio de 1085 recibió de su padre los condados de Sobrarbe y Ribagorza, elevados a la categoría de reinos. En julio de 1086 atacó con su padre la ciudad de Zaragoza; y entre julio y septiembre del mismo año combatía con los musulmanes de las tierras de Tortosa. Interrumpió sus luchas para acudir a la batalla de Sagrajas (octubre de 1086), donde luchó al frente de las vanguardias cristianas.

En 1087 Pedro, en unión de su padre, ataca el valle del Cinca y su posición más importante: Monzón, que tomaron el día 24-VI-1089, después de rendir Estada (1097). Hacia 1090-1091 emprendió un viaje a Roma para someter a tratamiento médico una enfermedad que sufría, llegando hasta Palermo, donde lo visitaron médicos árabes.

A su regresó pensó conquistar Lérida; en enero de 1092 ya había ocupado Zaidín, sobre el Cinca, en el camino de Fraga; en junio de 1093, Almenar, a pocos kilómetros de Lérida. La proyectada ocupación de Lérida fracasó merced a una reacción musulmana.

El día 4-VI-1094 murió el rey Sancho Ramírez en el cerco de Huesca, y Pedro I fue elegido rey de Aragón y Pamplona, abandonando seguidamente la lucha por la posesión de aquella ciudad, hasta el mes de mayo de 1095, en que construyó el Pueyo de Sancho. Apoyado en esta posición y en el próximo monasterio de Montearagón, entre los meses de mayo y junio de 1096 dispuso el cerco de Huesca.

El día 19 de noviembre se dio la batalla de Alcoraz, teniendo que entregarse la ciudad seguidamente (27-XI-1096), a pesar de la ayuda enviada por los castellanos a los cercados. Después de la conquista de Huesca, Pedro I acudió a Valencia para ayudar al Cid Campeador contra los almorávides (1097), y, seguidamente, a la defensa de Toledo, que iba a ser atacada por los musulmanes.

En 1099 decidió conquistar Barbastro: el abril de tal año construyó el Pueyo de Barbastro para crear la ciudad, y el castillo de Traba, cerca de Zaidín, para cortar las comunicaciones entre Fraga y los cercados.

Consiguió del papa Urbano II el permiso de traslación de la sede de Roda a Barbastro, cuya conquista se considerba inminente. Después de un cerco de varios meses, que culminó en la batalla de Bolea, Pedro I entró e Barbastro (X-1100), ocupando posteriormente varias poblaciones del curso bajo del Cinca: Velilla del Cinca, Alcolea de Cinca, Ontiñena, Sariñena y Pomar de Cinca, que se perdieron después de la muerte de Pedro I.

Sus relaciones con los conde de Barcelona no fueron amistosas: constantemente disputaron Barcelona y Aragón la posesión de Calasanz, sobre el río Sosa, pasando continuamente de manos aragonesas a las barcelonesas y viceversa.

En febrero de 1101 Pedro I dirigió una cruzada contra Zaragoza, con la ayuda de gentes francas, que volvieron prontamente a sus tierras de procedencia. El monarca aragonés durante los meses de junio y julio, permaneció en los alrededores de Zaragoza, devastando las cosechas.

Meses más tarde conquistó Bolea (X-1101), Almuniente (V-1102) y Piracés (V-1103); repobló Caparroso y Santaclara (XI-1102); y sitió Tamarite de Litera (VI-1104).

En septiembre de 1104 murió en una hueste dirigida al valle de Arán, siendo inhumado su cadáver en el monasterio San Juan de la Peña.

Continuó la expansión aragonesa en tierras levantinas, figurando durante su reinado como tenencias aragonesas: Castellón de la Plana, Culla, Montornés, Oropesa (1098), que se perdieron cuando doña Jimena, la viuda del Cid, y Alfonso VI abandonaron la ciudad de Valencia.

Pedro I contrajo matrimonio con doña Inés de Aquitania en enero de 1086. Tuvo de ella al infante don Pedro, que hacia 1098 casó con doña María, hija del Cid, y a doña Isabel: ambos infante murieron antes que el padre. En agosto de 1097 Pedro I contrajo segundas nupcias con doña Berta, cuya filiación se desconoce.R.B.: URBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 200-201.

Alfonso I el Batallador

Biografía

Retrato imaginario del rey Alfonso I de Aragón

Retrato imaginario del rey Alfonso I de Aragón, que fue hijo del rey Sancho Ramírez y de la reina Felicia de Roucy.

Rey de Aragón, 1104-1134. Rey de Pamplona, 1104-1134. Fue un monarca de extraordinario temple, bravo en la guerra y profundamente religioso. Quizá le faltó un poco de habilidad política y fue en exceso terco y celoso de sus prerrogativas. Pero si fracasó en el propósito de dar unidad a los dos reinos más poderosos de la Península —lo que sin duda era prematuro—, en cambio sus hechos militares tuvieron tan afortunadas consecuencias que lo elevan al primerísimo lugar en la Reconquista hispánica.

Alfonso I, denominado el Batallador, consolidó, en efecto, la posición hegemónica de la Cristiandad peninsular sobre el Islam, lograda en parte por la conquista de Toledo por Alfonso VI de Castilla, con la toma de Zaragoza y las llaves estratégicas del valle del Ebro. En este sentido, llevó a cabo la política expansiva iniciada por su padre Sancho Ramírez. Alfonso I fue, en todo caso, el fundador del Estado aragonés medieval.

Reunía en su persona la sangre atrevida de la dinastía navarra y el valor de la nobleza del Norte de Francia. Era, en efecto, el segundo hijo de Sancho Ramírez y de Felicia, hija de Hilduíno, conde de Roucy, en la Champaña. Su nombre no figura en los anales del reinado de su hermano mayor, Pedro I de Aragón, pero es posible que participara activamente en la conquista de Huesca (1096) y en la toma de Barbastro (1101).

Muerto su hermano el 28-IX-1104, sin dejar sucesión, ya que antes le había precedido en el sepulcro su hijo del mismo nombre, Alfonso I heredó las coronas de Aragón y Navarra. Por aquella época era un hombre en la plenitud de la edad, en cuyo valor podían tener depositadas todas sus esperanzas sus súbditos y vasallos.

Pero la obra de la Reconquista quedó interrumpida durante unos cinco años por la intervención de Alfonso I en los asuntos de Castilla. Habiéndose casado en octubre de 1109 con Urraca, hija de Alfonso VI de Castilla y viuda de Raimundo de Borgoña, se mezcló en las luchas políticas castellanas, con el objeto de restablecer la autoridad real. Su empresa se convirtió en una verdadera aventura.

Alfonso I no solo tuvo que luchar contra su esposa —a la que acusó de liviana—;, sino contra su hijastro —el futuro Alfonso VII— y los nobles castellanos y gallegos que le tildaban de extranjero, le acusaban de tirano y reprochaban la aspereza de su carácter. El rey aragonés, que repudió a su esposa en Soria, llevó sus armas contra Castilla y Galicia, obteniendo grandes éxitos, como las victorias de Campdespino y Viadangos (1111).

Pero imposible imponerse contra la animadversión de la reina, el heredero de la corona, los nobles y los obispos. En 1113 renunció a sus pretensiones y se apartó del avispero castellano. Su misión se orientaba ahora de modo claro hacia el Sur, donde ondeaban las banderas del Profeta. En lo sucesivo, y hasta el mismo momento de su muerte, las campañas guerreras serían su principal actividad.

A partir de los primeros días de 1114 estableció sus reales en el Castellar con el decidido propósito de apoderarse de Zaragoza. A su requerimiento acudieron a auxiliarle lo mejor de la nobleza de Aragón y Navarra, e incluso de los señoríos ultrapirenaicos: los condes de Comminges, Bearn, Bigorra, Alperche, entre muchos otros varones y caballeros, todos ellos vasallos del rey aragonés.

Mientras se estrechaba el cerco de Zaragoza, los cristianos se apoderaron de Tudela (1114) y lanzaron terribles ataques contra Lérida y Fraga. Las tentativas almorávides para socorrer la ciudad se estrellaron una tras otra, por lo que Zaragoza tuvo que rendirse a Alfonso I el 18-XII-1118. Año y medio más tarde, el aragonés consolidaba este magno triunfo derrotando a los almorávides en Cutanda (1120).

Esta nueva victoria fue seguida por la conquista de numerosas plazas del Ebro, el Jalón y el Jiloca, entre otras Tarazona, Borja, Epila, Calatayud, Daroca y Monreal del Campo (1121-1122). La política musulmana del Batallador culminó en la expedición emprendida por tierras andaluzas entre 1125 y 1126, cuyos resultados tangibles fueron escasos (la liberación de catorce mil mozárabes); pero en cambio tuvieron una resonancia moral inmensa para el héroe de los campos de Játiva, Baza, Guadix, Granada, Cabra y Lucena.

Durante los últimos años de su reinado, Alfonso intervino en modo activo en la política pirenaica, pues de hecho era señor feudal de todos los territorios entre Gascuña y Tolosa. Supo defender su reino de las amenazas de Alfonso VII de Castilla, con cuyo soberano concertó la paz de Tamara en 1129. Asimismo se puso de acuerdo con Ramón Berenguer III de Barcelona sobre la zona litigiosa del Segre.

Cuando intentaba forzar la resistencia de Fraga, después de la conquista de Mequinenza, fue derrotado por un ejército musulmán el 17-VII-1134. Poco tenía que sobrevivir a este desastre, el único de su carrera, pues murió el 7 de septiembre del mismo año en el monasterio San Juan de la Peña, probablemente a causa de las heridas recibidas en aquel combate.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 119-120.

Ramiro II el Monje

Biografía

Rey de Aragón, 1134-1137. Conde de Ribagorza. Obispo de Roda-Barbastro. Ramiro II el Monje fue el tercer hijo de Sancho IV Ramírez, sucedió a su hermano Alfonso I. Destinado a la vida religiosa, profesó en la abadía languedociana de Saint Ponç de Thomière hasta 1109 ó 1111, en que posiblemente fue nombrado abad de Sahagún y luego obispo de Pamplona (1115). Pasó después a San Pedro el Viejo de Huesca (1130), y en 1134 fue elegido obispo de Roda-Barbastro.

La Campana de Huesca

El cuadro recrea el momento final de la leyenda de la Campana de Huesca, cuando el rey Ramiro II de Aragón mostró a los nobles de su reino las cabezas cortadas, y dispuestas en forma de campana, de los principales nobles que habían desafiado su autoridad. José Casado del Alisal.

A la muerte de Alfonso I se coronó en Jaca, acción que le acarreó una triple oposición: tuvo que enfrentarse a García V Ramírez, nieto de Sancho IV, al que algunos nobles proclamaron rey en Navarra; a Alfonso VII de Castilla, que, alegando sus derechos como bisnieto de Sancho III el Mayor, se apoderó de Caesaraugustanum y se tituló rey en Zaragoza ante la mayoría de los monjes languedocianos, partidarios de que Ramiro II le prestara vasallaje; y, finalmente a la Santa Sede, que, de acuerdo con el testamento de Alfonso I, exigía que el reino fuese entregado a las órdenes militares.

Esta oposición y la de la mayoría de los nobles aragoneses obligaron a Ramiro II a buscar refugio en Ribagorza y en Cataluña, mientras, Alfonso VII de Castilla aliado a García V Ramírez de Pamplona, al que había infeudado Zaragoza, le declaraba la guerra. Según la tradición, Ramiro II, al recuperar sus estados, ejecutó a los principales nobles rebeldes y colgó sus cabezas de la campana de la catedral de Huesca, como advertencia al resto de la nobleza.

El matrimonio de Ramiro II con Inés de Poitiers (1136) y el nacimiento de la heredera Petronila decidieron al rey castellano a buscar la paz con el aragonés (al que restituyó Zaragoza) y concertar el matrimonio de su hijo Sancho con aquélla; esta cláusula no fue aceptada por la nobleza en Aragón, que negoció la boda de Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona (1137), aconsejados por el senescal de Cataluña Guillém Ramón, tronco de la casa de Moncada.

Poco después, el monarca abdicó en su hija y entregó a su yerno el gobierno de sus estados, conservando él solamente los honores de realeza. De esta manera, al unirse en manos de un gran príncipe mediterráneo, tan rico y tan dinámico, con el reino aragonés, en que se contenían tan potentes energías, se formó una confederación, cuyo poderío creciente hacía imposible todo intento de superioridad castellana.

Su yerno, Ramón Berenguer IV de Barcelona fue quien solucionó el problema sucesorio con las órdenes militares. Ramiro II se retiró a San Pedro el Viejo y conservó hasta su muerte el título de rey.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo III pág. 1159.

Petronila de Aragón

Biografía

Reina de Aragón, 1137-1173. Condesa de Barcelona, 1151-1162. (¿-1174). Hija de Ramiro II el Monje, rey de Aragón y de Inés de Poitiers. Siendo muy niña, en 1137, se firmaron sus esponsales con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.

Petronila de Aragón

Petronila de Aragón en una genealogía de época de Martín I el Humano. En ella aparece (Peronella:reyna) con atributos reales (corona, cetro, al igual que el heredero del reino, Alfonso II de Aragón), unida al conde Ramón Berenguer IV que ofrece el anillo de desposado.

El matrimonio se celebró en 1151, uniéndose de esta forma el reino de Aragón y el condado de Barcelona. Después de la muerte de su marido, ocurrida en 1163, Petronila abdicó el reino de Aragón en favor de su hijo Alfonso II (1164). Murió el 13-X-1174.R.B.: JAVIERRE, Áurea, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 255.

Alfonso II

Biografía

Rey de Aragón, 1162-1196. Conde de Barcelona, 1162-1196. Conde de Ribagorza y Sobrarbe, de Provenza y de Rosellón. La figura de este monarca que no está rodeada de la grandeza de un Ramón Berenguer IV o de un Jaime I, su padre y su nieto, respectivamente, tiene, no obstante, una importancia destacaídsima en la trayectoria histórica de la corona de Aragón.

Alto y delgado, amigo de la poesía y de la gaya ciencia, fue un político hábil, noblemente ambicioso, de gran perspicacia, activo, luchador y amigo de soluciones de concordia.

Muchas de sus orientaciones políticas fueron las que cumplieron o intentaron cumplir sus sucesores. Habiendo muerto Ramón Berenguer IV el 6-VIII-1162 en San Dalmacio, cerca de Génova, el 11 de octubre del mismo año su viuda, doña Petronila, hizo leer ante las cortes reunidas en Huesca, las cláusulas del testamento de aquel monarca, según las cuales declaraba heredero universal de sus estados, a excepción del condado de Cerdeña, a su primogénito Ramón.

Tenía este entonces diez años, pues había nacido en Barcelona el 4-IV-1152, al cabo de poco tiempo de consumarse el matrimonio entre el conde de Barcelona y príncipe de Aragón y la hija de Ramiro II. La regencia, contra las disposiciones testamentarias, corrió a cargo de doña Petronila, mujer que respetó las orientaciones políticas legadas por su esposo. No obstante, hizo cambiar el nombre del soberano, haciéndole adoptar el de Alfonso, en memoria del gran rey aragonés Alfonso I.

Dos años más tarde, no sabemos exactamente por qué causa, la reina renunciaba en Gerona a la regencia (junio de 1164) en beneficio de su hijo y se retiraba al condado de Besalú. Así, a los doce años, Alfonso II (o I según la genealogía barcelonesa) empezó a gobernar sus reinos, en una eficaz y prolongada gestión.

A poco de formalizar su advenimiento al trono prestando juramento ante las cortes de Zaragoza, un accidente vino a dar envergadura a su política. En 1166 había muerto su primo hermano Ramón Berenguer III de Provenza en una guerra contra Niza, y en seguida Alfonso II reivindicó sus derechos a aquel condado, tan vinculado a la casa de Barcelona. Muy pronto pasó a Francia y se hizo reconocer conde de Provenza en la ciudad de Arles (17-VIII-1167).

Con este acto Alfonso II inició una orientación internacional trepidante, que tendía al establecimiento definitivo de la supremacía catalano-aragonesa en el Mediodía de Francia; incluso, a la formación de un Estado unificado pirenaico con los países de Oc.

Para lograrlo y vencer la resistencia de los condes de Tolosa, quienes a su vez se apoyaban en Génova y el Imperio alemán, el rey buscó la alianza de Inglaterra, cuya monarquía dominaba entonces el ducado de Aquitania. Así se inauguró una etapa de suma complicación, en la que los intereses dinásticos se confundieron con las minúsculas antipatías de los nobles feudales.

En su transcurso, Alfonso II cedió en feudo a su hermano Pedro, con el nombre de Ramón Berenguer IV de Provenza (1167-1181), aunque él continuó ejerciendo la máxima soberanía con el título de marqués y una intervención efectiva en los asuntos de aquel territorio (diciembre de 1178). Ramón Berenguer IV de Provenza fue asesinado en 1181, en medio de una lucha constante en las fronteras.

Con este motivo el rey aragonés emprendió una expedición de castigo contra varias fortalezas de la región de Tolosa y se abrió paso hasta Burdeos, donde se entrevisto con Enrique II Plantagenet de Inglaterra (1181). Es posible que esta entrevista tuviera lugar realmente en Perigord, en 1183. Fruto de la colaboración de los dos monarcas fue la claudicación de Ramón V, conde de Tolosa, quien aceptó las condiciones de paz que le fueron ofrecidas en 1185.

Este hecho, junto con el reconocimiento de su soberanía por varios nobles languedocianos, aumentó de manera considerable la influencia de Cataluña y Aragón en las regiones ultrapirenaicas, de modo que Alfonso II, que llevó esta política a su plenitud, pudo muy bien ser llamado, como lo hace la crítica moderna, el emperador de los Pirineos.

Respecto a la Península, este monarca orientó su actividad en muchas direcciones, e incluso tuvo la visión de preludiar la expansión mediterránea catalana estableciendo relaciones con los jueces de Arborea, en Cerdeña. Eje de su política peninsular fue la lucha contra el Islam. En 1172 emprendió una expedición contra Valencia y Játiva, ciudades que no pudo tomar.

En 1177, auxiliando a Alfonso VIII de Castilla, tuvo parte destacada en la conquista de Cuenca , por cuyo hecho el monarca castellano le levantó el vasallaje que pesaba sobre la casa de Aragón por la ciudad de Zaragoza y algunas otras desde tiempos de Alfonso VII.

Esta política de amistad con Castilla —que no fue siempre duradera— culminó con el tratado de Cazola (1179), por el que los dos reyes fijaron las zonas de Reconquista correspondientes a cada reino. Para completar este panorama de la actividad de Alfonso II, cabe aún citar un proyecto para la Reconquista de Baleares, que alimento por el año 1178.

Después de una guerra contra Castilla al lado de Navarra en 1190, el reinado de Alfonso II entra en su fase final, caracterizada por el propósito de unificar Cataluña. Se anexionó el condado de Pallars Jussà a la muerte de Dulce de So (1192), como veinte años antes había anexionado a sus territorios catalanes el condado de Rosellón a la muerte del conde Gerard (1172). El monarca, gravemente enfermo desde diciembre de 1194, murió en Perpiñán el 25-IV-1196.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 122.

Pedro II el Católico

Biografía

Rey de Aragón, 1196-1213. Conde de Barcelona, 1196-1213. Conde de Rosellón, 1196-1209. Robusto y bien formado, audaz hasta la temeridad, sensual, galante, fastuoso, ligero y superficial, tal es el rey de Aragón que tuvo que afrontar una de las crisis más graves de la política exterior de la monarquía: el problema de la herejía albigense (cátaros) en el Languedoc.

Hasta aquel momento, los reyes aragoneses habían practicado una doble política, la peninsular y la occitana, como si pretendieran crear un imperio que se extendiera a una y otra vertiente de los Pirineos. Lentamente, los condes de Barcelona, luego reyes de Aragón, habían levantado el edificio de este vasto propósito.

Pedro II, en uno de sus arrebatos acostumbrados, jugó todas las ganancias logradas por sus mayores a una sola carta. Y al perderla, con la vida, en los campos de batalla de Muret, sacrificó en un gesto de inútil temeridad la labor de ocho generaciones.

Al morir su padre Alfonso II, el 25-IV-1196, Pedro II, que aún no contaba diecinueve años, fue puesto bajo la regencia de su madre doña de Sancha de Castilla, hija de Alfonso VII. El testamento prescribía que esta había de gobernar hasta que el heredero del reino y del condado de Barcelona cumpliera veinte años. Sin embargo, Pedro II tomó posesión del reino y del título real en las Cortes de Daroca en septiembre del mismo año.

Este impulso juvenil enturbió las relaciones entre la madre y el hijo, las cuales, pese a determinados arreglos ulteriores, siempre dejaron mucho que desear. La cuestión esencial de su gobierno la halló planteada desde los primeros años de su reinado, en particular desde que Inocencio III, elevado al papado en 1198, había proclamado su enérgica voluntad de acabar con la herejía albigense.

En 1197 Pedro II había decretado severas penas contra este error, pero en 1200 entregaba la mano de su hemana Leonor a Ramón VII de Tolosa, uno de los príncipes afectados por las amenazas del papa. Esta paradoja se repetirá en el transcurso del reinado de Pedro II: de un lado, su sentimiento católico inalterable; de otro, el deseo de mantener la hegemonía política de su casa en el Languedoc.

En estos dos sentidos dio los pasos siguientes de su política. En 1204 casó con María, hija de Guillermo VIII de Montpellier y de Eudoxia Comneno, quien le llevó en dote la herencia de este floreciente señorío. En el mismo año emprendió un viaje a Roma para ser coronado por Inocencio III. Esta ceremonia, que tuvo lugar el 11 de noviembre, implicaba el reconocimiento del vasallaje de la Corona de Aragón respecto al Papado.

Aunque los motivos que impulsaron a Pedro II a efectuar este acto han sido muy discutidos, hoy se afirma la opinión de que el monarca aragonés intentó consolidar su situación ante los posibles y terribles derroteros que tomara la cuestión religiosa en el Languedoc. No en vano por aquellos mismos días Felipe Augusto de Francia había recibido una incitación de Inocencio III para que acabase con la herejía albigense (cátaros) y se apropiara de las posesiones de los nobles heterodoxos.

De regreso a la Península Hispánica, Pedro II, sumamente pródigo, tuvo necesidad de imponer nuevos tributos a sus pueblos, al objeto de sufragar sus caprichos y sus compromisos, entre ellos el del censo fijado en la infeudación de Roma. Contra el llamado monedaje se levantaron muchas protestas, e incluso se federaron los nobles y las ciudades de Aragón en el primer rudimento de la futura Unión aragonesa.

A pesar de esta intranquilidad interna, Pedro II no vaciló en prestar ayuda a Alfonso VIII de Castilla en sus empresas contra León y Astorga (1196), Navarra y los almohades. De este modo participó personalmente en la gran batalla de las Navas de Tolosa (16-VI-1212), la cual significó la derrota definitiva del Islam en España. Por su parte, don Pedro inició la reconquista de Valencia con la toma de Ademuz y Castielfabib (1210).

Después de su victorioso batallar contra el Islam, Pedro II se decidió a empuñar las armas para salvar a su cuñado el conde de Tolosa, quien se hallaba amenazado gravemente por las huestes antialbigenses de los cruzados de Simón de Montfort. Este había invadido el Mediodía de Francia en 1209, más para satisfacer sus ambiciones políticas que para restaurar la religión católica en aquellos territorios.

Esto explica que los cruzados —gente del país de Oil— cometieran todo tipo de tropelías, en una represión deshonrosa, como se puso de relieve en el asalto y saqueo de Carcasona y Beziers (1209). Pedro II intentó por dos veces, en 1209 y 1211, llegar a una solución de compromiso.

Incluso recibió el homenaje feudal de Simón de Montfort y concertó con él el matrimonio de sus respectivos hijos, Jaime y Amicia (1211). Pero ante la prosecución de las hostilidades contra el conde de Tolosa, el rey de Aragón se decidió a proteger no la causa de los herejes, sino sus intereses políticos y los de sus vasallos languedocianos contra la usurpación de los caballeros franceses.

En 1213 se trasladó a Tolosa, y allí libro contra los cruzados la sangrienta y decisiva batalla de Muret el 13-IX-1213. La temeridad y arrogancia de Pedro II provocaron no solo la derrota de su hueste y su muerte, sino también la pérdida de las aspiraciones ultrapirenaicas de la Corona de Aragón, y significó el triunfo francés en Occitania. Lo perdió por su locura y este lacónico comentario de su propio hijo don Jaime expresa cabalmente el error estratégico y político del extravagante rey de Aragón.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 130-131.

Pedro III el Grande

Biografía

Rey de Aragón, 1276-1285. Conde de Barcelona, 1282-1285. En la historia de la Corona de Aragón la figura de Pedro III encarna la iniciación de la gran política mediterránea. Limitada la expansión catalano-aragonesa en tiempos de Jaime I por los tratados de Almizra y Corbeil, las cuales fijaron las fronteras del Estado, por el Oeste con Castilla y por el Norte con Francia, el único camino que quedaba libre para las energías de la Corona era el trazado por los surcos de las galeras catalanas en el azul del Mediterráneo.

Aquí, precisamente, se había producido un vació geopolítico. La extinción de los Staufen de Nápoles y Sicilia, la crisis del Reich alemán y la debilidad material del Papado, permitieron a Pedro III la realización de los sueños más vastos, en concurrencia con otra gran figura de la época, Carlos de Anjou.

Pedro III, con Jaime II y Pedro IV, forma parte de la trilogía de grandes políticos de la casa de Barcelona en el reino de Aragón. Enérgico, hábil, inteligente y audaz, aventajó a su padre en las cualidades políticas y le igualó en las guerreras. No tuvo los defectos ni las vacilaciones del Conquistador.

Siempre fue claro y resuelto en sus decisiones y gracias a estas dotes pudo superar felizmente los peligros internos y las amenazas externas, tan considerables. En efecto, el rey de Aragón fue el primer monarca de Occidente que hizo frente con fortuna a las dos máximas potencias de la época: el Papado y Francia.

Hijo primogénito de Jaime I y de su segunda esposa doña Violante de Hungría, nacido en 1239, la juventud de Pedro III transcurrió entre las luchas contra los musulmanes y las luchas provocadas por la sucesión a la corona de su padre.

De su primera esposa, Leonor de Castilla, el Conquistador había tenido un hijo, Alfonso, que legitimó como heredero de Aragón en 1229. Esta designación fue ratificada en 1240 en las cortes aragonesas de Daroca, a la que acudieron representantes de Lérida.

Ambiciosa, enérgica e inteligente, Violante de Hungría se preocupó de dar a sus hijos una parte de la herencia de su padre, y así en 1248 obtuvo que Pedro III recibiera Cataluña y Valencia; Jaime, Baleares; y Fernando los condados del Rosellón y Conflent. Esta decisión provocó la hostilidad del primogénito Alfonso, que se resolvieron en las Cortes de Alcañiz (1250) al reconocerle como heredero de Aragón y Valencia.

El infante Alfonso casó con Constanza de Bearn, pero murió poco tiempo después sin haber dejado sucesor. Además, el rey tuvo dos amantes, María e Inés Zapata. El infante don Pedro, que ya había destacado por su valor en la sumisión de los moros del Sur de Valencia levantados en armas entre 1248 y 1258, reclamó a la muerte de su hermanastro Alfonso, la integridad de las posesiones continentales de su padre, en detrimento de los derechos otorgados a su hermano Jaime en 1248.

Estas pretensiones fueron reconocidas por el codicilo de 11-VIII-1262, firmado por Jaime I pocos después de la boda de su primogénito con Constanza, hija de Manfredo Staufen de Sicilia (13 de junio). Por este instrumento legal, el Conquistador cedía a Pedro Cataluña, Aragón y Valencia, y a Jaime II, las Baleares, Rosellón y Montpellier.

En el último decenio del reinado de Jaime I, la intervención del infante Pedro fue cada vez más activa. Celoso de las prerrogativas regias y poco tolerante con los bastardos de su padre, encendió viva guerra contra su hermanastro Fernán Sánchez de Castro, cabecilla de la revuelta feudal en Aragón y Cataluña. La persecución que desató contra él fue tan viva, que Jaime I dispuso su destitución como lugarteniente de Cataluña (1272), cargo que desempeñaba eventualmente.

La lucha entre los dos hermanos continuó hasta 1275; en este año, después de varios éxitos de Pedro, Fernán Sánchez, que huía del Castillo de Pomar, murió ahogado en aguas del río Cinca, por orden del heredero. Poco después, el 21-VII-1276, seis días antes de su muerte, Jaime I renunciaba en él al gobierno de sus Estados, con el compromiso de que respetaría los derechos de su hermano Jaime II como rey de Mallorca.

Coronado en Zaragoza el 17-XI-1276, Pedro demostró que era capaz de meter en cintura a los que se opusieran a su voluntad. Animoso y magnánimo, sediento de justicia, ese rey católico y emprendedor puso coto a la anarquía de los últimos años del reinado de su padre. En 1277, después de la toma de Montesa, se sometieron a su poder los moros sublevados en Valencia desde 1275; en 1280 puso fin con igual decisión a la revuelta de los barones de la Cataluña occidental; el 20-I-1279 obligó a su hermano Jaime I de Mallorca a que se declarara feudatario de los reyes de Aragón.

Simultáneamente, tejía una vasta red de apoyos internacionales. Tras las entrevistas de Ágreda y Campillo de 1281: el aragonés reconoció como heredero del trono castellano a Sancho IV, en perjuicio de los infantes de la Cerda, hijos de Fernando de la Cerda, el fallecido primogénito de Alfonso X el Sabio. Pedro el Grande recibió a cambio de su apoyo, varias villas fronterizas.

En este mismo año casó a su hija mayor, Santa Isabel de Portugal, con el rey don Dionis, y en 1282 pactó el matrimonio de su heredero, Alfonso, con Leonor de Inglaterra, hija de Eduardo I. La envergadura de la política internacional de Pedro III se explica por la preparación de una empresa atrevidísima: la conquista de Sicilia.

Sometidos los sicilianos a la opresión de Carlos de Anjou después de la ejecución de Conradino en 1268, buscaron el auxilio del rey de Aragón, casado con la hija de Manfredo Staufen. El propio papa Nicolás III alentó estas negociaciones. Pese a la elección de Martín IV en 1281 —declarado angevino—, Pedro III no desistió de sus propósitos.

Con el especioso pretexto de una expedición a Túnez —para proteger el comercio catalán y conseguir una base estratégica de primer orden—;, preparó un poderoso ejército y una no menos poderosa armada, que se hizo al mar el 7-VI-1282 en Portfangós. Ya en Alcoll (cerca de Constantina), en la costa africana tunecina, Pedro recibió la oferta de la corona siciliana, formulada por los nobles de esta isla, los cuales se habían sublevado contra el dominio francés en las Vísperas Sicilianas (30-III-1282).

El rey de Aragón aceptó sin vacilar, y el 31-VIII-1282 era coronado solemnemente en Palermo. Martín IV le excomulgó el 18 de noviembre siguiente. Pero haciendo caso omiso de esta grave amenaza, continuó dirigiendo la lucha, la cual acabó al año siguiente con la expulsión de los angevinos (asociados a los Anjou) de Sicilia, la conquista de las islas de Malta, Gozzo y Gelves, y la derrota de la flota de Anjou por la armada catalana al mando de Roger de Lauria.

Mientras proseguían los éxitos de sus huestes en el mar (victoria del golfo de Nápoles, 1284), Pedro III acudía en un rapto caballeresco a recoger el desafío que le había lanzado Carlos de Anjou para dirimir en Burdeos el 1-VI-1283. Pero la situación se agravaba por momento, ya que el Papado, absolviendo a sus súbditos del juramento de fidelidad, acababa de dar la investidura del reino de Aragón a Carlos de Valois, segundo hijo de Felipe III el Atrevido de Francia (3-V-1284).

En estas circunstancias, se produjo un movimiento de rebeldía en Aragón, cuyos estamentos no comprendían el alcance de la aventura siciliana de su rey. Después de varios forcejeos con miembros de la Unión aragonesa, constituida en 1283, Pedro III les otorgó el Privilegio general, confirmando sus antiguos fueros.

Sin embargo, no logró atraérselos a su causa en la lucha que se avecinaba. También tuvo que reducir por las armas a los señores de Albarracín. Confirmó los privilegios de los catalanes y les dio nuevas prerrogativas políticas —(Volem e statiuim, Atorga encara, Recognoverum proceres)—, base del constitucionalismo de la Cataluña medieval. Cuando sobrevino el choque de la cruzada, dirigida por Felipe III de Francia, Jaime I de Mallorca hizo traición a su hermano.

En 1285, los cruzados, aliados con el propio hermano de Pedro III, Jaime II de Mallorca Rosellón, y contando con complicidades peligrosas entre el clero, llegaron hasta Gerona, que capituló tras duro sitio (7-IX-1285), pero la energía del monarca y de su heredero Alfonso, el apoyo de Cataluña y las victorias de los almirantes Marquet, Mallol y Lluria frente a Rosas y Palamós, lograron al cabo rechazar la agresión. Derrotada su flota en el mar, carentes de abastecimientos, se desarrolló en el ejército francés una terrible pestilencia.

Así, a pesar de haber conquistado Gerona (7 de septiembre), Felipe III de Francia ordenó la retirada, que se efectuó en circunstancias particularmente penosas, pues su ejército fue diezmado por los almogávares en el Coll de Panissars. Poco después, cuando preparaba una expedición de castigo contra Mallorca, Pedro III moría en Villafranca del Panadés el 11-XI-1285.

Le habían precedido en la tumba Carlos de Anjou (7 de enero), Martín IV (28 de marzo) y Felipe III (5 de octubre), poderosos rivales a los que había sabido imponerse completa y victoriosamente.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 137-138.

Alfonso III el Liberal

Biografía

Retrato Alfonso III el Liberal s. XV por Jaume Mateu y Gonçal Peris

Retrato Alfonso III el Liberal, s. XV por Jaume Mateu y Gonçal Peris, Museo Arte de Cataluña.

Rey de Aragón, 1285-1291. Rey de Mallorca y conde de Barcelona. El primogénito de Pedro III y Constanza de Sicilia, descendiente de Alfonso II, Pedro el Católico y Jaime I. Fue nombrado heredero al trono en 1276 y los problemas de su corto reinado, comenzado en 1285, estuvieron centrados en la posesión de Sicilia y en la oposición de la nobleza aragonesa.

Cuando recibió la Corona el monarca se encontraba junto a la expedición de Mallorca, enviada por Pedro III para luchar contra su hermano Jaime, feudatario de la isla. Alfonso III logró entrar en Palma y en Ibiza, donde recibió homenaje de fidelidad el 12-XII-1285. La coronación en Zaragoza se produjo en los comienzos del año siguiente y el nuevo monarca decidió preparar entonces la expedición a Menorca, donde se rindió el rey musulmán Ibn Hazam el 2-I-1287.

Gobernó la isla de Sicilia, antes de ser rey, durante las ausencias de su padre, pero el conflicto se internacionalizó al participar en el dominio de la isla el Pontificado, la casa francesa de Anjou y los reinos de Francia, Castilla y Mallorca. Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou, fue hecho prisionero por Pedro III, lo que trajo consigo la amenaza, por parte de los franceses, sobre el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad que fue conquistada por Felipe III de Francia.

Sin embargo, la postura beligerante de los aliados franceses solo fue posible con la ayuda de Jaime de Mallorca, quien permitió a los ejércitos franco pontificios atravesar los territorios del Rosellón y por la actitud de Sancho IV de Castilla, quien no acudió a ayudar al rey aragonés. A pesar de ello pudo enfrentarse al ejército del rey mallorquín en el Ampurdán, en 1286 y 1288.

Después de invadir las islas Baleares y de que los franceses fueran derrotados en Coll de Panissards, Alfonso III firmó con Francia y con el papa Nicolás IV la paz de Canfranc el 26-X-1288, con la mediación de Eduardo I de Inglaterra. Con este acuerdo, Alfonso III se comprometió a poner en libertad a Carlos de Salerno a cambio de dos rehenes, sus hijos Roberto y Luis, de 23.000 marcos de plata y 7.000 más como hipoteca de las posesiones catalanas de Gastón de Bearne.

El príncipe de Salerno quedó obligado a llevar a cabo las treguas entre Aragón y Sicilia y a obtener del papa la revocación de la investidura del rey de Aragón, realizada por el papa Martín IV a Carlos de Valois. Roma y Francia no cumplieron lo acordado, por lo que se hizo necesario firmar el tratado de Brignoles, o de Tarascón, el 19-II-1291, entre el monarca aragonés, Carlos de Salerno y el papa Nicolás IV.

Alfonso III se comprometió a ir a Roma para que le fuera levantada la excomunión, pagar un censo de treinta onzas de oro a la Iglesia, realizar una cruzada en Tierra Santa y procurar la salida de Sicilia de los partidarios de Jaime.

Por otra parte se instó a Nicolas IV a ejecutar sus compromisos anteriores y a reconocer el señorío de Alfonso III sobre Mallorca. Este pacto resultó también insufuciente y cuatro años después, tras la muerte del rey de Aragón, las partes implicadas tuvieron que llegar al acuerdo de Agnani.

Al surgir las batallas internas por la sucesión monárquica en el reino de Castilla, El Liberal apoyó al infante los infantes de la Cerda, a quien coronó en Jaca como rey de Castilla (1288) en contra de las aspiraciones de Sancho IV. A cambio, el nuevo soberano cedió al aragonés el reino de Murcia, aunque el traspaso no llegó nunca a ser efectivo.

La oposición aragonesa formada por la nobleza, mesnaderos, caballeros e infanzones de Aragón, Valencia y Ribagorza, no olvidó nunca el gesto de Alfonso III al tomar el título de rey sin haber jurado los fueros y llegó a ofrecer la Corona a Carlos de Valois.

El monarca concedió a sus opositores el privilegio de la Unión, el 28-XII-1287, conjunto de preceptos en detrimento del poder real y en beneficio global de la oposición nobiliaria, sobre todo en lo referente a la legislación y posesión territorial. Inclía, entre otros compromisos, el del rey ante aragoneses y valencianos de no ejecutar ni prender a nadie sin el consentimiento de las Cortes y de no embargar la propiedades rústicas sin sentencia del Justicia Mayor.

La concesión fue potenciada por sucesivas Cortes hasta su anulación por Pedro IV el Ceremonioso, quien otrogó al rey el certum auxilium a cambio de su renuncia al exercitum vel cavalcatam. El monarca aragonés instauró en las Cortes de Monzón (1289) el juicio de purga de taula, procedimiento por el que los oficiales públicos debían exculpar o reparar purga las equivocaciones cometidas y someterese a un juicio determinado en el que estaban obligados a tenir taula (tener mesa), es decir, a responder ante cuantos se consideraban perjudicados por sus acciones.

La purga de taula fue instituida en Cataluña y realizada por Pedro III en las Cortes de Barcelona de 1283. Alfonso III el Liberal falleció sin lograr contraer matrimonio con Leonor de Inglaterra, hija de Eduardo I. Dejo en su testamento, dictado el 2-III-1287, los estados de Aragón a su hermano Jaime, rey de Sicilia, y la isla mediterránea al infante Fadrique.R.B.: VARIOS AUTORES. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo II, págs. 501-502.

Jaime II el Justo

Biografía

Rey de Aragón, 1291-1327. Rey de Valencia, 1291-1327. Rey de Sicilia, 1285-1295, Rey de Mallorca, 1295-1311, Rey de Cerdeña, 1323-1327, Conde de Barcelona, 1291-1327, Conde de Urgel, 1314-1328. La crítica histórica moderna revaloriza de forma considerable la personalidad y la actuación de este monarca, en quien halla a uno de los políticos más sagaces de la casa de Aragón.

Efectivamente, Jaime II, como su padre, Pedro III el Grande, jamás se dejó dominar por los acontecimientos, antes bien los dirigió con mano firme y segura previsión de los intereses de sus Estados.

Por otra parte, su política no fue tan exclusiva como la de Pedro III, puesto que, sin olvidar asuntos mediterráneos, intervino activa y eficazmente en los problemas dinásticos de la época. Puede decirse que fue el primer monarca aragonés que tuvo clara visión de la solidaridad peninsular.

Los grandes resultados obtenidos en su acertada gestión gubernamental merecieron ser coronados —aunque no interviniera en ella de modo directo— con la famosísima epopeya de la expedición de los almogávares a Oriente, expresión del imperialismo catalano-aragonés en el Mediterráneo y valoración precursora de las gestas que más tarde habían de cumplir los hispanos en América.

Nieto de Jaime I el Conquistador, nació en 1264, hijo segundo de Pedro III y de Constanza de Sicilia, transcurrió su juventud en el principado de Cataluña, hasta que a los dieciocho años de edad pasó con su madre a la isla mencionada para tomar posesión de su gobierno.

Mientras su padre luchaba en la Corona de Aragón contra los nobles aragoneses y los cruzados extranjeros, Jaime se iniciaba en las arduas tareas de dirigir un país recién conquistado y amenazado por los anatemas pontificios y las incursiones de los franco-napolitanos.

Su personalidad comenzó a destacar con trazos firmes y autoritarios, muy distintos a los débiles de su hermano mayor Alfonso, quien fue llamado a suceder a Pedro III en la Corona de Aragón a raíz de la muerte de este, acaecida el 11-XI-1285. En esta misma fecha Jaime heredó la isla de Sicilia, de la que se coronó rey en febrero de 1286, después de la renuncia al trono hecha de modo forzado por Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou.

El Papado y Francia vieron con malos ojos la perpetuación de la dinastía aragonesa en Sicilia. No pudiendo vencer la resistencia del rey Jaime, secundado admirablemente por el almirante Roger de Lauria y los almogávares, Francia y la Santa Sede maniobraron para arrancar de Alfonso III la promesa de no auxiliar a su hermano. Después de varias negociaciones diplomáticas se llegó a la firma del tratado de Tarascón (19-II-1291), no tan humillante como se ha escrito, pues contenía los gérmenes de la solución futura del conflicto.

Sin embargo, las cláusulas del mencionado convenio no llegaron a cumplirse, pues el 18-VI-1291 moría Alfonso III y poco después el rey de Sicilia tomaba posesión de la corona de sus mayores. Indudablemente, Jaime no era partidario de la funesta política de particiones tradicional en su familia.

Al salir de Sicilia no había renunciado al título de rey, sino que había dejado allí como lugarteniente a su hermano Fadrique. Pero las circunstancias interiores y exteriores imponían un acuerdo con los Anjou y con el Papado, que pusiera fin a la guerra iniciada en 1283. Era preciso llegar a ese acuerdo; pero, al mismo tiempo, no mermar la obra de Pedro III.

Fruto de su habilidad política fue el tratado de Agnani (20-VI-1295), concertado con el papa Bonifacio VIII y Carlos de Salerno, por el cual se establecía una paz duradera entre sus Estados, Francia y el Papado. Jaime II renunciaba a Sicilia, pero obtenía la investidura de Córcega y Cerdeña, que le fue impuesta públicamente en Roma el 4-IV-1297. En Agnani se había comprometido a luchar contra su hermano.

Pero de los documentos conocidos se desprende que, a pesar de las dos expediciones de 1298 y 1299, no puso ningún interés en desposeer a Fadrique del trono siciliano. Fracasada la intervención militar —batalla de Ponza—, el papa y los Anjou reconocieron la realeza de Federico o Fadrique de Aragón por la paz de Caltabellota de 1302.

En definitiva, Jaime II había dejado establecida una rama de la casa de Barcelona en Sicilia y había adquirido una nueva isla, la de Cerdeña, cuya posesión hizo efectiva entre 1323 y 1325, en dura lucha contra los señores locales, protegidos por Pisa y Génova.

La brillante política mediterránea de Jaime II, completada desde 1291 por el tratado firmado en Monteagudo con Sancho IV de Castilla, por el que la Corona de Aragón se reservaba en su zona de influencia del Norte de África los territorios situados al Este del Muluya, esto es, Argel y Túnez, halló una no menos excelente ratificación en su política peninsular.

Puede decirse que en este campo de acción donde más destaca su firme personalidad. Jaime II, en efecto, intentó dos empresas políticas de gran envergadura: la rectificación de las fronteras orientales y meridionales de sus Estados y la unión de los reinos peninsulares contra el Islam.

Su actuación puede resumirse en las tres siguientes etapas. En la primera, colaboró con Sancho IV de Castilla en la conquista de Tarifa (1292). En la segunda, intervino en las luchas de minoridad de la Fernando IV, en apoyo de Alfonso, el mayor de los infantes de la Cerda, con el proyecto de obtener Murcia para él y Cuenca para su hermano don Pedro. Iniciada la guerra en 1296, Jaime II se apoderó de las principales ciudades murcianas, alcanzando Lorca en 1300.

Cuatro años más tarde, el rey de Portugal pronunciaba un fallo arbitral cediendo al rey aragonés Alicante, Elche, Cartagena, Orihuela, Guardamar y otras localidades menos importantes. En fin, después de este breve paréntesis de animosidad, la tercera etapa se caracteriza por la reanudación de la política de colaboración antiislámica. A consecuencia del acuerdo de Alcalá de Henares (1308), las huestes de Castilla y Aragón y la flota catalana, junto con los benimerines, se lanzaron a una gran ofensiva contra Granada.

Sin embargo, la empresa fracasó: Jaime delante de Almería y Fernando IV ante Algeciras, pese a la conquista de Gibraltar. La guerra fronteriza prosiguió hasta firmarse la paz con Granada (1323). De haberse llevado a cabo con completo acuerdo, esta empresa habría podido acabar con los musulmanes españoles dos siglos antes de los Reyes Católicos. En su política interior el gobierno de Jaime II no fue menos fecundo, y no sin motivo a recibido el sobrenombre del Justo.

En 1319 proclamó solemnemente la indivisibilidad de sus reinos, medida que ponía fin a toda veleidad de partición, de los reyes de Mallorca obtuvo reconocimiento de vasallaje. Su autoridad fue reconocida y aceptada por todos sus súbditos, y en Aragón se opuso a los ricoshombres de la Unión con el apoyo de la cortes y del Justicia (1301), que entre otros acuerdos de importancia, votaron la supresión del tormento.

Procedió con suma prudencia a la disolución de la orden de los templarios, de la que derivó la de Montesa (1317), destinada también a combatir a los musulmanes. En Cataluña vinculó las ciudades de Ampurias y Urgel a la casa real, rescató el valle de Arán, mantuvo el orden y fomentó la prosperidad comercial.

En fin, personaje de cultura bastante extensa, prosista poco vulgar y orador notable, estuvo en relación con los escritores de su época y fundó la Universidad de Lérida (1300). Murió en Barcelona el 3-XI-1327, legando a sus sucesores una obra difícilmente superable por su bella y equilibrada armonía.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 140-141.

Alfonso IV el Benigno

Biografía

Rey de Aragón, 1327-1336. Conde de Barcelona y de Urgel. Nacio 1299 y murió en Barcelona, (24-01-1336). Segundo hijo de Jaime II y de Blanca de Anjou, y sobrino de Alfonso III el Liberal. Heredó el trono por renuncia de su hermano Jaime, que ejerció su vocación religiosa y reinó desde 1327 hasta su muerte.

Cuando todavía era príncipe participó en la conquista de Cerdeña y contrajo matrimonio el 10-XI-1314 con Teresa de Entenza y Antillón, sobrina y heredera del conde de Urgel, quien acordó este matrimonio mediante la cesión al reino de Aragón de su condado y el vizcondado de Àger, cuyos títulos llevarían los nuevos cónyuges.

Alfonso IV fue coronado en Zaragoza en abril de 1328. Poco después quedó viudo de Teresa de Entenza y negoció con Castilla una nueva boda con la infanta Leonor, hermana de Alfonso XI, cuya celebración tuvo lugar en enero de 1329.

Además del tratado matrimonial ambos reinos llegaron también a una alianza frente a la guerra con Granada, aunque el rey aragonés, obligado a defender la ciudad de Sácer (Cerdeña) frente a la insurrección de 1329, se limitó a enviar una nave a su cuñado castellano.

Desterró a sardos y genoveses de la isla y repobló sus ciudades con valencianos, catalanes y portugueses, ayudado por la nobleza de su reino, lo que causó una larga disputa con Génova (132-1336) de la que obtuvo la plaza de Sassari, de gran importancia para el control de Cerdeña.

El rey, ante la patente corrupción del fucionariado insular, pretendió reformar la administración y designó, el 3-II-1330, a un nuevo gobernador, Ramón Cardona y a dos delegados extraordinarios, Bernardo Gomir y Berenguer de Vilaragut. Junto a la reorganización de Cerdeña, Alfonso IV intentó unificar los territorios aragoneses dispersos en el Mediterráneo, tarea que heredó su hijo Pedro IV.

Comenzó con la incorporación de Córcega y Cerdeña, adjudicadas a la Corona de Aragón mediante el tratado de Agnani (1295) y continuó con la firma de alianzas comerciales con los reyes musulmanes de Bugía y Túnez. En cuanto a la guerra contra el Islam, el ejército musulmán llevó a cabo un ataque en Aragón en 1331, desde Orhiuela hasta Guardamar (Alicante).

El paso fue cerrado por las tropas del monarca aragonés y los musulmanes tuvieron sitida la ciudad de Elche hasta que ambos reinos firmaron la paz en 1335. El problema interno más grave con el que se enfrentó Alfonso IV fue el del descontento de la nobleza valenciana y aragonesa. La presión de esta disminuyó respecto a épocas anteriores, aunque sus peticiones (mayor poder, oposición frente a la nobleza catalana y expansión de su influencia sobre el reino de Valencia) continuaron vigentes a pesar de las nuevas circunstancias.

El rey confirmó el estatuto de Jaime II por el que los reinos de Aragón y Valencia quedaban unidos al condado de Barcelona y el monarca se concedía la libertad de otorgar a sus descendientes villas y castillos.

Por el estatuto de Daroca (1328) se comprometió a no enajenar villas ni feudos de la Corona durante diez años, aunque la reina Leonor obtuvo en 1332 la ciudad de Tortosa con título de marquesado para el infante Fernando y más tarde las ciudades y posesiones de Alicante, Novelda, valle de Elda, Guardamar, Orhiuela, Albarracín, Játiva, Murviedro, Alcira, Morella, Burriana y Castellón, donaciones que levantaron las protestas de la nobleza valenciana consciente del poder adquirido por los hijos de Leonor, quienes no podían acceder al trono por pertenecer su herencia a su hermano Pedro IV , hijo del anterior matrimonio de Alfonso IV con Teresa de Entenza.

En representación de los levantinos, Guillén de Vinatea convenció al rey de la inconveniencia de estos regalos, ya que encerraban el peligro de la separación del reino de Valencia de la Corona de Aragón.

El soberano revocó las concesiones en 1332, lo que significó una desavenencia aún mayor entre la reina Leonor y su hijastro Pedro IV, a quien apoyaron los nobles. La política exterior del reinado no resultó afortunada durante los años en que ocupó el trono Alfonso IV, a pesar de los acuerdos comerciales con el norte de África y la labor reunificadora del monarca en el Mediterráneo.

El rey murió en Barcelona en 1336, poco después de la huida de Leonor a Castilla. Enterrado provisionalmente en el convento de Frailes Menores de la ciudad catalana, fue trasladado el 15-IV-1369 al de la misma orden en Lérida, ya que así lo dejó expresado en el testamento otorgado el 23-VIII-1333.

De su unión con Teresa de Entenza nacieron los infantes Alfonso, Fadrique, Sancho e Isabel que murieron durante la niñez; Pedro, que heredó el trono como Pedro IV; Jaime, que recibió las baronías de Entenza y Antillón, el condado de Urgel y el vizcondado de Àger, y Constanza, esposa de Jaime, último rey de Mallorca. De su matrimonio con Leonor de Castilla nacieron Fernando, marqués de Tortosa, y Juan, que casó con Isabel, hija de Juan Núñez de Lara.R.B.: VARIOS AUTORES. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo II, págs. 502-503.

Pedro IV el Ceremonioso

Biografía

Retrato Pedro IV s. XV por Jaume Mateu y Gonçal Peris

Retrato Pedro IV, s. XV por Jaume Mateu y Gonçal Peris, Museo Arte de Cataluña.

Rey de Aragón, 1336-1387. Rey de Pamplona, 1347-1387. Conde de Barcelona, 1336-1387, Duque de Atenas y Neopatria, 1380-1387. En la historia del s. XIV en la Península Hispánica el reinado de Pedro IV de Aragón es equivalente, en cuanto a ambiente y en cuanto a propósitos, al de su contemporáneo Pedro I el Cruel de Castilla: Igual afán en ambos para doblegar a la nobleza y afirmar el poder real; igual política integradora y hegemónica; y, para colmo de semejanzas, igualdad de caracteres y de procedimientos.

El reinado de Pedro IV fue profundamente borrascoso, y esto no solo a causas de las circunstancias generales de la época, sino también debido a las peculiares reacciones de su temperamento. Pedro IV de Aragón era uno de esos caracteres humanos que subliman todo a lo patético. Astuto, taimado, violento y dramático, se rodeó de un ambiente de tragedia.

Para satisfacer su ambición y lograr sus fines, todos los procedimientos le parecieron buenos. Lejos de evitar los conflictos, se complació en envenenarlos y exacerbarlos. Sin embargo, a diferencia de Pedro I —y esto le salvó de una catástrofe irremediable— tuvo la habilidad suficiente de jugar la carta más fuerte y revestir sus actos de una apariencia legal.

Sucesivamente fue aniquilando a sus enemigos, y al final de su reinado logró ver respetada su autoridad en sus reinos y ampliados sus dominios, que era lo que se proponía. Conocido con el sobrenombre del Ceremonioso, más le corresponde el catalán del Punyalet. Como el puñal fue agudo, implacable, mortífero y felón. No fue amado de sus vasallos ni de la Historia. No obstante, no se le pueden regatear los méritos de haber sabido resistir con firmeza los duros embates de una edad de hierro.

Nacido en Balaguer el 5-IX-1319, de Alfonso IV (todavía heredero) y Teresa de Entenza, perdió a su madre aún niño. En 1327 la muerte de su abuelo Jaime II y la entronización de su padre Alfonso IV le convirtieron en primogénito de la corona. Su padre, que contrajo segundas nupcias con Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI, le confió al noble aragonés Miguel de Gurrea, el cual ejerció en su nombre la gobernación general del reino.

Hubo frecuentes altercados entre doña Leonor y los partidarios del príncipe Pedro, pues la reina quería favorecer a sus hijos en detrimento de los del primer matrimonio de Alfonso IV. La situación llegó a ser tan tensa que los nobles aragoneses se llevaron al heredero a Jaca, al objeto de trasladarle a Francia si la reina intentaba un golpe de mano contra su hijo. Así se formó Pedro IV: en el odio y en el rencor, en la lucha y en la intriga, con un deseo de autoridad omnímoda y una certidumbre ostentosa del origen divino de su autoridad.

La muerte de Alfonso IV el 24-I-1336 le dio prematuramente la corona. Aún no tenía diecisiete años, pero se sentía capaz de gobernar por si solo. Al iniciar su gobierno luchó con dos problemas: el de su reconocimiento, cuya primacía se disputaban Aragón y Cataluña, y el de las rivalidades con su madrastra, la cual se había refugiado en Castilla con sus hijos al enfermar su esposo.

Este último conflicto estuvo a punto de ocasionar una guerra con Castilla, que logró evitarse en 1338. Aunque reacio a prestar cualquier colaboración al reino castellano, el peligro benimerí le indujo a mandar en auxilio de Alfonso XI una flota de socorro que operó en 1340 y 1341 en aguas del estrecho de Gibraltar. Sin embargo, sus tendencias políticas le llevaron a actuar muy pronto en otro sentido.

Deseoso de terminar con la malhadada separación de las Baleares de la Corona de Aragón, Pedro IV preparó minuciosamente las redes en que había de prenderse Jaime II de Mallorca. En 1339 exigió y obtuvo que este le prestara vasallaje en Barcelona. Luego le incitó a una guerra contra Francia, y cuando le vio metido en ella, le abrió proceso por acuñar moneda falsa, acusación gravísima en el código feudal (1341).

Pedro IV maniobró con tanta habilidad, que en febrero de 1343 el papa Clemente VI dictó sentencia declarando rebelde y desposeído de sus territorios a Jaime III de Mallorca. Inmediatamente pasó a Mallorca con un nutrido ejército de desembarco y se apoderó de la isla (mayo de 1343).

Al año siguiente conquistó el Rosellón. Jaime III de Mallorca se le entregó solicitando clemencia. Pero no siendo restituido en sus Estados, huyó a Francia, buscó la protección de aquella corte, e intentó un desembarco en Mallorca. Su derrota y su muerte en la batalla de Lluchmayor (25-X-1349) aseguró la corona mallorquina en las sienes de Pedro IV. Mientras se dirimía esta lucha, el rey de Aragón encendía una guerra civil en sus propios Estados.

Las diferencias entre la realeza y los nobles habían sido apaciguadas por Jaime II. Pedro IV las avivó en 1347 proclamando heredera a su hija Constanza, en detrimento de las costumbres del reino y de los derechos de su hermano Jaime I de Urgel. Este acto levantó a los nobles de la Unión aragonesa, quienes se aprestaron a combatir por sus privilegios.

Tal auge tomó el movimiento, que Pedro se vio obligado a aceptar las condiciones que le impusieron los nobles aragoneses en Zaragoza en el verano de 1347. Después de unas vergonzosas escenas en Valencia, Pedro IV, apoyado por los catalanes, con la eficaz colaboración de su privado Bernat de Cabrera y con una parte de la nobleza aragonesa, restableció su poder en las decisivas batallas de Épila y Mislata (1348), en que fueron derrotados los rebeldes de Aragón y Valencia, respectivamente.

En el castigo el rey fue justo y magnánimo. También demostró su prudencia en el encauzamiento político de la rebeldía, pues aunque anuló el privilegio de la Unión (octubre de 1348), mantuvo lo esencial y legítimo de las aspiraciones nobiliarias. El 17-V-1348, a los pocos días de declararse una epidemia de Peste Negra, las turbas asaltan el barrio judío de Barcelona. En 1349 puede considerarse terminada la primera etapa del reinado del Ceremonioso.

En la segunda, los problemas predominantes son la guerra contra Pedro I el Cruel de Castilla y la rebeldía de Cerdeña. La lucha contra Castilla se dilató de 1356 a 1369 (Guerra de los dos Pedros), y en ella se pusieron a prueba todos los resortes de la Corona de Aragón ante las duras e impetuosas ofensivas de Pedro I. Cauto y precavido, Pedro IV no quiso arriesgar en una decisión militar el triunfo final de la guerra; prefirió minar el terreno de Pedro I, a cuyo fin fomentó traiciones y compró voluntades.

Importantes auxiliares de su política fueron el temperamento sanguinario y arrebatado de su rival y la figura de Enrique II, el Trastámara, a quien apoyó en sus pretensiones al trono de Castilla. La guerra terminó en 1369 con la victoria de Enrique II. Pero en la frontera se mantuvo el stau quo anterior, sin que se hicieran efectivas las pretensiones de Pedro IV a buena parte del territorio castellano colindante (tratado de Monzón de 1363).

La rebelión sarda, iniciada en 1347, motivó una guerra entre Aragón y Génova. Con el auxilio de la veneciana, la flota catalana derrotó a la genovesa en el Bósforo (1351) y en aguas de Cerdeña (1352). Pese al retraimiento de Génova, los jueces de Arborea (Cerdeña) continuaron levantando el pendón de la rebeldía. Pedro IV pasó personalmente a Cerdeña en 1354, logrando la sumisión eventual de los Arborea.

En 1358 hubo una nueva insurrección, esta vez fomentada por los Oria, y en 1365, un segundo y poderoso alzamiento de Mariano de Arborea, que puso en serio peligro la dominación aragonesa en la isla. No siendo posible someterla militarmente, Pedro IV llegó a un acuerdo de pacificación general en 1386. En el Mediterráneo occidental, Pedro IV logró nuevos éxitos. En Córcega fomentó la rebeldía de los naturales contra Génova (1379).

En Sicilia reivindicó los derechos de su estirpe a la muerte de Fadrique III de Aragón sin sucesión masculina (1377), y obtuvo colocar en aquel trono a su segundo hijo Martín, aunque solo en calidad de vicario general en el año 1380. En este mismo año aceptó la incorporación a la corona de los ducados de Atenas y Neopatria, fundados por los almogávares setenta y dos años antes.

Así, a través de maquinaciones, intrigas y crímenes, que por su prolijidad hemos omitido, se afirmó el gran sueño de Pedro IV: la reintegración de las posesiones mediterráneas de la Corona de Aragón. En este sentido, la muerte, que le sorprendió en Barcelona el 5-I-1387, le halló en el máximo apogeo de su política. Moría grande para el Estado, pero abominado por sus contemporáneos y familiares.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 149-150.

Juan I el Cazador

Biografía

Rey de Aragón, 1387-1395. Duque de Atenas y Neopatria. Nació en 1350 y murió en 1395 [Perpiñán-Foixá]. Hijo de Pedro IV el Ceremonioso y Leonor de Sicilia. Nació el 27-XII y, al año siguiente, su padre le dio el título de duque de Gerona, que más tarde se elevó a principado anexo a la primogenitura de Aragón. Fue su preceptor don Bernardo de Cabrera, consejero del rey.

En 1370 casó con Juana de Valois, hija de Felipe IV de Francia, que falleció en Beziers cuando se dirigía a la corte de Aragón. El 6-V-1372 se celebraron nuevos esponsales de don Juan con Matha de Armanyach, que murió prematuramente en octubre de 1378.

Pedro IV pensó entonces en anexionar el reino de Sicilia a la corona de Aragón, concertando el matrimonio de su primogénito con María, hija y heredera de Fadrique III, pero la obstinación del infante a favor de Violante, hija de Roberto, duque de Bar, echó por tierra los proyectos del Ceremonioso.

El 2-II-1380 se celebró en Montpellier, el tercer enlace del duque de Gerona, no obstante la fuerte oposición del rey, reflejada en los versos que dirigió, con este motivo, a su hijo.

Mon car fill, per Sent Antoni / Vos juram quets mal consellant / Como laxats tal matrimoni / en queus dan un bon regnat / E que haiais altre fermat / En infern ab lo dimoni.R.B.: Bofarull, Los condes de Barcelona, vindicados, Barcelona, 1836, t. II, pág. 288.

Juan I heredó el trono el 5-I-1387, hallándose gravemente enfermo, por lo que nombró lugarteniente a su hermano Martín. Se mostró en extremo cruel en la persecución contra su madrastra, Sibilia de Fortiá, a la que achacaba las desavenencias que había tenido con su padre en los últimos años de su reinado. Incoó proceso contra ella y su hermano Bernardo, asignando los bienes de la reina viuda a Violante de Bar, y condenó a muerte a algunos de sus partidarios.

Por gestiones del cardenal de Aragón, como legado del Papa, Sibila salió de prisión y se le asignó una renta de veinte mil sueldos anuales. De acuerdo con el testamento de su padre, Juan I convocó en Barcelona una junta con objeto de decidir la adhesión del reino de Aragón a uno de los dos pontífices, inclinándose esta, después de detallada información, por Clemente VII, y a su muerte, por Benedicto XIII.

Sigue en este reinado la rebelión de Cerdaña, apoyada por el conde de Armanyach, cuyas fuerzas, mandadas por su hermano Bernardo, invadieron Cataluña por el Ampurdán, salieron a su encuentro Gilabert de Cruilles, gobernador del Rosellón y frey Martín de Lihorí, castellán de Amposta. Los franceses sitiaron Besalú, que fue defendido por don Bernardo de Cabrera, venciendo a los enemigos frente a Navata.

Cuando el rey, desde Gerona, se preparaba para salir a campaña, las fuerzas de Armanyach, regresaron a Francia (1390). Pedro IV había concretado el 24-VII-1380 el matrimonio de su nieto Martín, hijo del duque de Montblach, con María, reina de Sicilia. La boda se celebró en 1390. Como en este reino algunos barones habían proclamado rey a Luis de Durazzo, a quien el Papa había dado la investidura, el infante don Martín preparó una armada y acompañó a su hijo y a su nuera a tomar posesión de la isla.

La flota, al mando de Bernardo de Cabrera y de Berenguer de Cruilles, salió de Portfangós en marzo de 1392. Los expedicionarios desembarcaron en Trápani, de cuya ciudad se apoderaron el día 24. El 18 de mayo cayó Palermo y, seguidamente buen número de villas y ciudades; pero una fuerte reacción de los insulares dejó considerablemente reducido el territorio fiel al rey Martín. Bernardo de Cabrera, para ayudarle, empeñó su patrimonio, mientras la duquesa de Montblach, María de Luna, enviaba socorros desde Cataluña.

En 1394, salió una nueva expedición del reino de Aragón al mando de Pedro de Maza y Gilabert de Cruilles, y, poco después, una tercera a las órdenes de Roger de Moncada. La revuelta fue dominada, y Martín el Joven y la reina María pudieron gobernar la isla.

El 8-IV-1388, Juan I ratificó el tratado de paz firmado en Cáller, el 24 de enero de dicho año, con los Arborea. pero, al año siguiente, Leonor de Arborea comenzó de nuevo la lucha. El 1-I-1390 fue liberado de su prisión Brancaleón d´Oria, que seguidamente se puso al frente del movimiento de independencia logrando apoderarse de casi toda la isla.

Juan I propuso pasar a ella personalmente al frente de una expedición de socorro, pero una vez más venció la inercia del rey, y nada se hizo (cf. la documentación publicada por Girona y Llagostera, Itinerari del rey en Joana, en Estudis Univertitaris Catalans, Barcelona, 1929, págs. 166-180, y 1930, págs. 41-47). La guerra siguió con suerte diversa durante muchos años.

A principios de enero de 1387, la ciudad de Atenas había caido en manos de Nerio Acciajoli. El castillo de Neopatria se rindió en 1390, perdiéndose poco después los demás restos de la dominación catalana en Grecia. Los ducados de Atenas y Neopatria se anexionaron algún tiempo más tarde, a la corona de Sicilia.

Juan I se mostró favorable a las aspiraciones de su pueblo y acogió con interés la lucha de los payeses de remesa contra los malos usos. También se interesó por la abolición de la esclavitud. Castigó a los instigadores y autores de la matanza de judíos que, iniciada en Sevilla, se extendió a Barcelona y otras ciudades del reino en 1351.

La influencia de Violante del Bar aseguró las relaciones con Francia durante este reinado. A las guerras de Castilla, en tiempo de Pedro IV, había seguido la calma. Respecto a Navarra, se trató el matrimonio del hijo de Juan I, el infante don Jaime, niño todavía, con Juana, hija de Carlos III. El 19-V-1396 murió el rey de Aragón en una cacería. Según el Manual de Novells Ardits, de Barcelona,

Mori lo rey en Johan ixent de Torroella e vinent per son cami cançant. E fou descalvat en lo cami on li vench lo mal e ans que fos a Gerona mori i fo-hi portat mort.R.B.: Archivo Municipal de Barcelona, vol. I, pág. 57.

Sus restos fueron llevados a Barcelona y depositados en la Seo de esta ciudad, trasladándose después al monasterio de Poblet. Los dictados que la Historia ha designado a Juan I, el Cazador, el Descuidado, el Amador de toda gentileza, reflejan exactamente el carácter de este monarca. Ilustrado en ciencias y letras, bibliófilo y lector entusiasta, aficionado a los clásicos, versado en astrología y alquimia, inició en Cataluña la obra del renacimiento, impulsado por su gran amigo Juan Fernández de Heredia, gran maestre de los Hospitalarios. Bernat Metge, en el Somni pone en boca del rey las siguientes palabras:

Jo m´adelitava molt mes que no debia en caçar e escoltar amb gran pler xandres e ministres, e molt donar e despendre a cercar a vegades —axi con fan comunament los grans senyores— en quina manera poguera saver algunes coses esdevenidores per tal que les pogues preveure e ocorrer.R.B.: (Somni, Barcelona, 1924, pág. 69).

La pasión del rey por la música y la poesía hizo que reuniese en su corte los mejores juglares y trovadores. Merced a la influencia de Violante de Bar, que introdujo en Aragón el refinamiento y el lujo de la casa de Francia, la corte aragonesa fue una de las más fastuosas de Europa, hasta el extremo de que las Cortes de Monzón de 1388 tuvieron que preocuparse de refrenar los gastos de la casa real.

En esta mismas Cortes, el brazo militar, celoso de la privanza de doña Carroza de Vilaragut, favorita de la reina, presentó una cédula contra esta dama, en la que se le acusaba de faltas a la moral, viéndose el rey obligado, en vista del escándalo promovido, a separarla de palacio. Juan I descuidó notoriamente el gobierno de sus reinos y no supo aprovechar la paz de sus estados en beneficio de sus súbditos.R.B.: Rovira y Virgili, Historia Nacional de Cataluña, Barcelona, 1926, t. V, págs. 285-402.

De su matrimonio con Matha de Armanyach nacieron los infantes don Jaime, don Juan, don Alfonso y doña Leonor, que murieron niños, y la infanta Juana, que casó con Mateo, conde de Foix; de su tercera esposa, Violante de Bar tuvo a don Fernando, que murió en 1389; doña Violante, que casó con Luis II, duque de Anjou, que se tituló rey de Nápoles, Jerusalén y Sicilia, y doña Juana, que murió en 1396 (cf. Roca, El rey don Juan I, l´aymador de las Gentilesa, Barcelona, 1929).R.B.: JAVIERRE, Áurea, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo F-M, págs. 567-568.

Martín I el Humano

Biografía

Retrato Martín I de Aragón

Detalle del retrato de Martín I de Aragón en la tabla del Traslado de las reliquias del San Severo a Barcelona del Retablo de San Severo, 1542.

Rey de Aragón, 1396-1410. Rey de Sicilia, 1409-1410. Conde de Ampurias. La tradición histórica ha designado con el sobrenombre de el Humano al último dinasta de la casa de Barcelona en el trono de Aragón. Martín no lo fue solo por su espíritu cultivado, su amor a los libros y a la arquitectura, su predilección por los eruditos y los poetas, sino por su temperamento honesto y piadoso, su alto sentido de la humanidad y su resignación ante sus sufrimientos materiales y morales.

Sin embargo, Martín, no fue un gran político, y a él cabe achacar en gran parte la profunda crisis que experimentaron sus Estados a su muerte sin sucesión legítima directa. Segundo hijo de don Pedro IVde Aragón y de su tercera esposa Leonor de Sicilia, nacido en la ciudad de Gerona el año 1356, su padre le nombró vicario de Sicilia en 1380 y le cedió los derechos sobre esta isla, cuya corona estaba vacante desde la muerte de Federico III en 1377.

Estas pretensiones fueron combatidas por los barones sicilianos, por los Anjou y los papas de Roma. En cambio, fueron apoyadas por los papas de Avignon y por Juan I, hermano de Martín, elevado al trono de Aragón en 1385. Para reforzar su situación política, Martín pactó en 1390 el enlace de su primogénito Martín el Joven con María de Sicilia (hija de Federico III) y el de Luis de Anjou con su sobrina Violante.

En 1392 organizó una expedición nutrida por los recursos catalanes, que le llevó a Sicilia junto, junto con su hijo y su nuera. Desembarcados en Trapani, a poco conquistaron Palermo (15 de mayo) y las principales ciudades sicilianas.

Pero en 1393 una insurrección general de la nobleza insular puso en durísimo aprieto a don Martín, que fue sitiado en el castillo de Catania. Los auxilios llegados de Cataluña en 1393 y 1394 restablecieron la causa del infante de Aragón, de modo que paulatinamente fueron sometidos los rebeldes.

Cuando llegó a Sicilia la noticia de la muerte de Juan I sin sucesión, acaecida el 19-V-1396, correspondía la corona a Martín, quien al momento fue proclamado por los tres Estados a brazos del general de Cataluña. La reina viuda de don Juan I, doña Violante de Bar, para destruir el efecto de la proclamación se declaró embarazada del rey difunto, pretendiendo además que su vástago nacería varón.

La asamblea dispuso entonces que cuatro dueñas muy honradas y sabedoras la acompañasen siempre, velando sobre ella. Esta orden bastó para que desapareciera todo síntoma de embarazo, sin embargo, don Martín no pudo pasar rápidamente a sus nuevos reinos, puesto que quería asegurar la corona de Sicilia a su hijo Martín el Joven. Al cabo de seis meses consideró la situación lo bastante favorable para emprender un viaje a la Península Hispánica.

El 14-XII-1396 salió de Trapani rumbo a Cerdeña, cuyo gobierno reorganizó; desembarcó también en Córcega, preparando el terreno para ulteriores progresos de la influencia aragonesa en la isla, y, por último, visitó a Benedicto XIII en Aviñón, con cuyo motivo este papa le otorgó la rosa de oro el 1-IV-1397.

El conde de Foix, que estaba casado con doña Juana, hija de Juan I, reclamó también los derechos que tenía para regir el estado, siendo rechazadas sus pretensiones por las cortes aragonesas y catalanas. Recurrieron ambos pretendientes a las armas, pero el de Foix fue vencido por su competidor, a quien también apoyaban los valencianos.

Encontrándose don Martín en Sicilia a raíz de su proclamación, asumió la regencia su esposa doña María, hija del conde de Luna, y ella, en unión de las cortes reunidas en Barcelona, se aprestó a rechazar al ejército del conde de Foix, que a pesar del denuedo con que combatieron, se vieron obligados a retroceder sucesivamente hasta Huesca, Navarra y el territorio de Bearn.

Se encaminó Martín a Barcelona y llegado a dicha ciudad, confiscó a los condes de Foix, a quienes declaró culpables de lesa majestad, todas las villas y señoríos que poseían en las tierras de la monarquía.

El 13-X-1397 juró don Martín en Zaragoza, en manos del Justicia de Aragón, y reunidas allí mismo las cortes, en abril del año siguiente, le prestaron sus súbditos juramento de fidelidad, y quedó reconocido como heredero su hijo Martín el Joven, que era rey de Sicilia. El monarca aragonés favoreció siempre al antipapa Benedicto XIII, y le envió algunas naves por el Ródano a fin de sostenerle en sus luchas con el pontífice Bonifacio IX.

Este excomulgó a Martín declarando depuesto a él y a sus hijos de Córcega, Cerdeña y Sicilia, pues eran feudos de la Iglesia, lo que unió más al rey a la causa antipapa, hasta el punto de que cuando este se vio abandonado por el mismo pueblo de Aviñon y sitiado en su palacio por las tropas del rey de Francia, envió el monarca aragonés una escuadra en su socorro, la que subió por el Ródano, y ante lo cual, el francés dejó de hostigar a Benedicto XIII.

El 13-IV-1399 se efectuó en la Catedral de Zaragoza la ceremonia de coronación del rey don Martín, y el 29-XII-1406 murió doña María. El pueblo quedó consternado por su muerte, la cual era motivo de gravísimos temores respecto a la sucesión del reino, pues aunque don Martín, el Joven, había casado y dos veces y tenido hijos varones de sus dos mujeres, estos habían muerto.

Entretanto hubo grandes discordias en Aragón, entre los Urreas y los Luna, y en Valencia entre los Centellas y los Soleres, que ensangrentaron más de una vez el territorio, sin que la monarquía lograra imponer su autoridad. La Cerdeña se sublevó y Aragón decidió enviar un poderoso ejercito contra los rebeldes. Acudió también don Martín el Joven, rey de Sicilia; desgraciadamente después de alcanzar una brillante victoria sobre el vizconde de Narbona en San Luri, principal baluarte de los sardos, le sorprendió la muerte en Cagliari (25-VII-1409).

Esta muerte planteó el problema de la sucesión al trono aragonés, pues Martín no tenía descendencia directa, excepto la de Fadrique, hijo bastardo del primogénito. El rey heredó entonces de su hijo la corona de Sicilia, y, cediendo a las instancias de algunos consejeros, casó en septiembre de 1409 con doña Margarita de Prades. Viendo el rey que no tenía sucesión de su tardío enlace, trataba de legitimar a su nieto don Fadrique, cuando fue arrebatado por la muerte.

Según algunos falleció atacado por la peste, pero otros creen que murió a consecuencia de algunas pócimas que le administraron para remediar su impotencia. Vacilante en grado extremo, quizá por antipatía al conde Jaime de Urgel, quizá por excesivo afecto a Fadrique, lo cierto es que Martín no designó a su heredero, abriendo de este modo un peligroso interregno para sus Estados.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 152.

Fernando I de Antequera

Biografía

Rey de Aragón, 1412-1416. Duque de Peñafiel, Conde de Mayorga, 1390. En 1393 casó con Leonor de Alburqueque y fueron sus hijos los infantes de Aragón. La política de enlaces matrimoniales entre los reinos de Aragón y Castilla, iniciada en tiempos de Ramón Berenguer IV, desarrollada en el s. XIII y acrecentada en el XIV, dio sus frutos inevitables a principios del XV cuando se abrió la sucesión de la corona aragonesa a la muerte de Martín I el Humano.

Por aquella misma época, Juan I de Castilla había intentado establecer su soberanía en Portugal, sin lograrlo. En propósito parecido al que fracasó el padre, el hijo de Juan I, Fernando obtuvo un éxito completo y considerable, ya que, en definitiva, la instauración de la dinastía de los Trastámaras en Aragón preludió a la unión de los dos reinos más poderosos de la Península Hispánica realizada por los Reyes Católicos.

En esta trascendental decisión de los compromisarios de Caspe, influidos por Benedicto XIII y la situación política general de la Corona de Aragón, no cabe duda que también tuvo su parte el conocimiento de las destacadas aptitudes de gobierno que demostró poseer don Fernando en la regencia de Castilla durante la minoridad de Juan II.

Fernando nació en Medina del Campo el 30-XI-1380, y fue segundogénito de don Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, hija de Pedro IV el Ceremonioso. Su padre, en las cortes de Guadalajara de 1390 le nombró duque de Peñafiel y conde de Mayorga. Su juventud transcurrió al lado de su hermano Enrique III, y cuando este murió el 25-XII-1406, Fernando, que tenía solo veintiséis años, fue designado junto con su cuñada Catalina de Lancaster, regente del reino en nombre de su sobrino Juan, niño de año y medio.

Consciente de su deber y de sus obligaciones, sereno e imparcial, rehusó el ofrecimiento que le hicieron algunos nobles de ceñir la corona de Juan II. Sin embargo, como sea que su carácter era poco compatible con el de la veleidosa Catalina de Lancaster, se puso de acuerdo con esta para dividir el territorio de la regencia, encargándose él de administrar la zona meridional de Castilla (Castilla la Nueva, Extremadura, Murcia y Andalucía) y de dirigir la guerra contra los musulmanes granadinos, que habían declarado la guerra a Castilla en las postrimerías del reinado de Enrique III.

Tanto en el aspecto administrativo como en el militar de su regencia, Fernando obtuvo señalados triunfos, siendo el mayor de ellos la conquista de Antequera (16-IX-1410), hecho de armas que coronó la actividad reconquistadora del regente, iniciada en 1407 con la toma de Zahara. Desde principios de 1410 otras eran, sin embargo, las preocupaciones de Fernando.

Desde que se confirmó la imposibilidad de Martín I de Aragón de tener descendencia de su segundo matrimonio con Margarita Prades, el infante castellano presentó su candidatura al trono aragonés, alegando los derechos que le daba ser nieto de Pedro IV.

Pese a que los pretendientes a la corona aragonesa eran varios, a la muerte de Martín (31-V-1410) los dos más destacados fueron Jaime de Urgel y Fernando de Castilla. Ambos trabajaron con denuedo para lograr los votos de los parlamentos de la Corona de Aragón y, más tarde, de los compromisarios, reunidos en Caspe el 18-IV-1412.

El castellano supo maniobrar con mucha más habilidad, aprovechando las faltas cometidas por su rival, poco cauto y excesivamente arrebatado. De todos modos es incuestionable que echó en el platillo de la balanza no pocas dádivas, mucha gente de armas (como en el caso de las bandosidades de Valencia), y, en particular, el peso político de Castilla.

Auxiliado por la influencia moral de Benedicto XIII y San Vicente Ferrer, Fernando fue designado como mejor derechohabiente por los compromisarios de Caspe el 28-VI-1412. Al enterarse de este fallo, Fernando I puso en buen orden la parte que le correspondía en la regencia de Castilla, y, dejando bien heredados a sus hijos menores se trasladó a la Corona de Aragón para tomar posesión de ella. Jurado por las cortes reunidas en Zaragoza, el 25-VIII-1412, pasó luego a Barcelona, donde recibió igual acatamiento de los catalanes, celosos de la legalidad, aunque no muy satisfechos de los resultados de la votación de Caspe.

Sin embargo, la situación política del nuevo monarca no podía considerarse consolidada, pues Jaime de Urgel en Cataluña y los Lunas en Aragón preparaban un movimiento de rebeldía. Este estalló en la primavera de 1413, contando con el apoyo de auxiliares ingleses y vascones. Por su parte, Fernando echó en la contienda lanzas castellanas.

Los rebeldes fueron derrotados en Castelflorite. El 27 de octubre se rendía la plaza de Balaguer, después de un porfiado asedio, y cuatro días más tarde Jaime de Urgel se entregaba a su afortunado rival. Poco después se rendía también el castillo de Loarre, último foco de la sublevación. Don Fernando murió en Igualada el 2-IV-1416. Don Fernando no pudo gobernar mucho tiempo su nuevo reino. Una de las disposiciones más notables que tomó fue la de apartarse de la obediencia de Benedicto XIII, acto que hizo público en Perpiñán (6-I-1416).

La situación general de la Iglesia. las instancias del emperador Segismundo y las indicaciones de San Vicente Ferrer, determinaron esta medida, en que Fernando sacrificaba a su antiguo protector. Su gobierno interno se caracterizó por su prudencia, aunque desde luego hubo los inevitables roces entre el monarca y los organismos privilegiados del reino. Estos roces no llegaron nunca a situaciones de violencia deadas por la fábula. Don Fernando murió en Igualada el 2-IV-1416.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 196-197.

Leonor de Alburqueque

La Rica Hembra. También Leonor Urraca de Castilla. Reina de Aragón (1412-1416). Hija de Sancho de Castilla, señor de Montalbán y conde de Alburquerque. En 1393 contrajo matrimonio —concertado tres años antes en las Cortes de Guadalajara— con el futuro rey Fernando I el de Antequera de Aragón (1412-1416), de quien era tía en segundo grado.

Tras el fallecimiento de su esposo (1416) volvió a Castilla con el objeto de reivindicar para su hijo Enrique el patrimonio del condado de Alburquerque, heredado de su padre.

Aunque intentó mediar en las luchas internas castellanas entre los partidarios de su yerno, el rey Juan II, y sus hijos, los infantes de Aragón, en 21-III-1430 fue recluida en el monasterio de clarisas de Tordesillas (Valladolid) acusada de complicidad en una rebelión encabezada por su hijo Pedro, y la mayor parte de sus tierras pasaron a manos de Álvaro de Luna, valido del rey de Castilla. Posteriormente pasó al convento de dominicas de Medina del Campo (Valladolid) donde murió en 1435.

Los Infantes de Aragón

Son los hijos nacidos del matrimonio de Fernando I y de Leonor de Alburquerque:

  1. Alfonso V rey de Aragón, nacido en Medina del Campo en el año 1394.
  2. María de Aragón nacida en Medina del Campo en el año 1396, que casó con su primo Juan II de Castilla.
  3. Juan II rey de Aragón, nacido en Medina del Campo en el año 1397, padre de Fernando el Católico.
  4. Enrique de Aragón duque de Alburquerque, conde de Villena, señor de Ledesma, Gran Maestre de la Orden de Santiago, nacido en Medina del Campo en el año 1400.
  5. Leonor de Aragón Alburquerque, nacida en el año 1402, que casó con Duarte I, rey de Portugal.
  6. Pedro de Aragón conde de Alburquerque, nacido en el año 1406, (duque de Noto).
  7. Sancho de Aragón (maestre de las órdenes de Alcántara y Calatrava).
Alfonso V el Magnánimo

Biografía

Alfonso V el Magnanimo por Joan de Joanes

Alfonso V por Joan de Joanes

Rey de Aragón, 1416-1458. Príncipe de Cataluña. Rey de Nápoles, 1442-1458, Rey de Cerdeña y Sicilia, 1416-1458. La expansión política de la Corona de Aragón en el Mediterráneo había sido encauzada por la orientación integradora de Pedro IV el Ceremonioso. Pero el verdadero imperialismo aragonés en la cuenca occidental de dicho mar nace con el segundo monarca de la casa de Trastámara, Alfonso V el Magnánimo.

Fue poco simpático a los aragoneses y catalanes que consideraban como extranjeros a la nueva dinastía y por haberse negado a acceder a las pretensiones de las cortes de Zaragoza, que querían arreglar los servicios de su casa a gusto de los nobles. Sumamente aficionado a las artes y a la cultura, él mismo no poco cultivado en ciencias y letras, soñador y romántico, ambicioso de las grandes empresas, no puede decirse que Alfonso V haya sido el jefe ideal de un Estado.

Abandonó en exceso lo positivo por lo quimérico, y en las guerras de Italia y en sus aventuras napolitanas descuidó los asuntos privativos de sus posesiones peninsulares —confiados a su esposa doña María—, de modo que la tormenta política que descargó en Cataluña a poco de ocurrir su muerte tiene sus precedentes en la vacilante actitud e incluso en la despreocupación con que el Magnánimo enfocó dichos problemas.

En su mismo reinado, la sublevación de los forenses de Mallorca solo se explica por el absentismo y la falta de conocimiento de la situación real por parte de Alfonso V. El primogénito de Fernando I de Antequera y de doña Leonor de Alburquerque, nacido probablemente en Medina del Campo (1394), ocupó el trono de Aragón el 2-IV-1416.

Partidario de la forma autoritaria en el gobierno de sus Estados, entró en conflicto con las representaciones parlamentarias de Aragón y Cataluña, particularmente disgustadas por el dominio de castellanos en el consejo y la casa real.

Estas discrepancias espolearon al monarca para lanzarse a sus proyectos guerreros, el primero de los cuales fue la pacificación de Cerdeña y la conquista de Córcega. El 10-V-1420, Alfonso V partió con una flota hacia Cerdeña, a la que pacificó con rapidez. En cambio, fracasó en la tentativa de conquistar Córcega, después de un inútil asedio de Bonifacio (octubre-diciembre de 1420).

En este momento, Juana II de Nápoles, por indicación de su privado Caracciolo, requirió sus servicios en la lucha que tenía planteada con Luis III de Anjou, con la promesa del ducado de Calabria y la sucesión al trono napolitano. Alfonso V aceptó estas condiciones. Desde Sicilia preparó una expedición militar, con la que hizo levantar a los angevinos (asociados a los Anjou) del condottiero Sforza el sitio que tenía puesto a Nápoles (8-VII-1421).

Jurado heredero de Nápoles, muy pronto Juana II, mujer veleidosa, sintió excesivo el peso de la influencia aragonesa y se alió con los anjevinos. Sforza logró recuperar Nápoles (30-V-1423).

Pero Alfonso V, que conservó en su poder los castillos de Ovo y Nuovo, se hizo de nuevo señor de la ciudad después de un formidable combate (10-VI). Sin embargo, su situación era bastante crítica. Comprendiendo que no era posible mantener una larga guerra de conquista, se embarcó para la Corona de Aragón, dejando en Nápoles como lugarteniente a su hermano don Pedro.

En su viaje de regreso, sorprendió y saqueó la ciudad de Marsella (19-XI-1423). Ya en sus estados patrimoniales, Alfonso V se dedicó a los asuntos castellanos, interviniendo en la lucha planteada por sus hermanos, los Infantes de Aragón contra el condestable Álvaro de Luna. En 1429, estalló la guerra entre ambos reinos, pero no se llegaron a cruzar las armas gracias a la actitud moderadora de María de Castilla.

Sin embargo, la situación continuó muy tensa, hasta que, requerido por los partidarios napolitanos, Alfonso V decidió pasar de nuevo a Nápoles (26-V-1432). Después de un amago de ataque contra la isla de Gelves (septiembre de 1432), la flota real pasó a Sicilia para disponerse a la empresa napolitana.

Juana II prohijó de nuevo a Alfonso V el 4-IV-1433. Pero para evitar que Nápoles pasara a poder del rey de Aragón, se formó una poderosa liga encabezada por el papa Eugenio IV y el emperador Segismundo e integrada por varios estados italianos.

Alfonso renunció eventualmente a la empresa pero permaneció en Sicilia en actitud expectante hasta que, a la muerte de Juana II (2-II-1435), decidió pasar al ataque. A principios de mayo puso sitio a la plaza de Gaeta, acogiendo en su campamento a los ancianos, mujeres y niños, expulsados de la plaza, porque según dijo más quería no tomar la plaza que faltar a los deberes de la humanidad. Ante la ciudad, la flota catalana, en la que iba el propio monarca, fue derrotada por la genovesa de socorro el 5 de agosto de1435.

A consecuencia del desastre de Ponza, Alfonso V cayó prisionero, pasando a poder de Felipe María Visconti, duque de Milán, quien le trató tan caballerosamente que firmó con él un tratado de paz y alianza y le devolvió la libertad. Esta imprevista reversión política, facilitó la prosecución de la conquista del reino de Nápoles por el aragonés. Gaeta y Terracina cayeron en 1346, y a estas conquistas se añadió muy pronto la de todo el reino.

Solo resistía la capital, a la que Alfonso V puso sitio el 24-IX-1438. A pesar de los esfuerzos de Renato de Anjou, el rival del Magnánimo, y de la tenacísima defensa de la ciudad, auxiliada por la flota genovesa, la decisión del conflicto era inevitable. En un segundo asedio a Nápoles, establecido el 17-XI-1441, los catalano-aragoneses tomaron al asalto la capital el 2-VI-1442. El 26-II-1443, Alfonso V entraba triunfante en ella.

Desde este momento, el rey de Aragón se identifica de tal modo con la política y la vida italiana, que, en realidad, pertenece más a la historia de Italia que a la de España. En Nápoles se rodeó de una corte fastuosa y erudita, en que brillaron humanistas de la significación de Lorenzo Valla. Esta corte tuvo singular importancia para la letras de la península Hispánica, pues tanto los catalanes como los castellanos tuvieron ocasión de ponerse en íntimo contacto con el Renacimiento italiano.

Desde Nápoles, Alfonso V, intervino en la sucesión del ducado de Milán, planteada por la muerte de Felipe María Visconti (1447), renunciando a la herencia de este duque y favoreciendo la ascensión al trono de Francisco Sforza (1450).

Otro centro de preocupaciones lo creó el ataque y toma de Constantinopla por los turcos. Alfonso V auxilió a los bizantinos hasta la caída de la ciudad (1453), y luego se puso de acuerdo con el príncipe de Albania Jorge Castrioto para emprender una cruzada contra los turcos. Sus proyectos no tuvieron éxito a causa de la evidente displicencia del papa Calixto III.

La muerte sorprendió al Alfonso V el Magnánimo en Nápoles el 27-VI-1458.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 200.