Juan II de Aragón

Biografía

Juan II de Aragón por Manuel Aguirre y Monsalbe
Retrato del Rey Juan II de Aragón, 1854

Rey de Navarra, 1441-1479. Rey de Aragón 1458-1479. Señor de Castrojeriz 1406. Si la historia de los pueblos se realizara por el estudio de las figuras más representativas de una época, es indudable que bastaría considerar la biografía de Juan II de Aragón para darse cuenta de la política interna y de las empresas exteriores de Castilla, Aragón, Cataluña, Navarra e incluso Nápoles en el s. XV.

Podemos afirmar que Juan II es el mejor prototipo del político español del s. XV. Tenaz, astuto, intrigante, malévolo —Sin Fe, le denominaron—, tuvo largueza de miras y, después de una juventud azarosa, supo preparar con una constancia maravillosa la unión política de España. Intervino y fue figura principal en las guerras civiles de Castilla, de Navarra y de Aragón, luchando unas veces para satisfacer sus ambiciones y otras para afirmar el principio de autoridad monárquica.

Su carrera política, sumamente accidentada, reúne en haz apretado la historia de los reinos hispánicos del s. XV y, en determinados momentos, centra en su persona el interés político del Occidente europeo. Hijo de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque, una de las mayores ricas-hembras castellanas, nació en Medina del Campo, el 29-VI-1398, recibió una educación esmerada, bajo la dirección de su tío Enrique de Villena.

Su padre, regente del reino castellano durante la minoridad de Juan II de Castilla, lo heredó muy ricamente con la concesión en 1414 del condado de Peñafiel, lo que le supuso la posesión de un extenso patrimonio, importantes rentas y encabezar la rama menor de los Trastámara. La mayor parte de las propiedades castellanas familiares pasaron a ser suyas a la muerte de Fernando I (ducado de Peñafiel, señorío Lara, Cuéllar, Castrojeriz y Olmedo, las villas de Haro, Belorado, etc.).

En 1412, Fernando I se lo llevó consigo a los estados de la Corona de Aragón cuando fue elegido rey por los compromisarios de Caspe. Al cabo de poco tiempo, en 1415, fue nombrado por su padre lugarteniente general de Sicilia, en cuyo cargo, pese a su juventud, puso de relieve excelentes condiciones políticas. A la muerte de Fernando I (1416), su hermano mayor Alfonso V le relevó de la lugartenencia siciliana y le llamó a la Península.

Aquí contrajo matrimonio con Blanca I de Navarra, viuda de Martín el Joven de Sicilia y heredera de su padre, Carlos III el Noble (1419). Sus posesiones y el hecho de ser hermano de Alfonso V, rey de Aragón, le convirtieron en uno de los mayores grandes del país, cuyo fasto, y el de sus hermanos los infantes de Aragón, se reflejó en las Coplas de Jorge Manrique. Efectuado este enlace, Juan se lanzó con extraordinario denuedo a las discordias civiles castellanas, que tenía como meta adueñarse de la voluntad de Juan II de Castilla, recién proclamado mayor de edad.

Su primer contrincante fue su propio hermano don Enrique, contra el cual supo atizarle don Álvaro de Luna. Sometido y encarcelado don Enrique (1421), Juan vivió algún tiempo en buena amistad con el condestable de Castilla, junto con el cual se repartió los despojos de los bienes y cargos de su hermano (1422 a 1425). Pero debido a la influencia de Alfonso V el Magnánimo y al poder creciente y avasallador de don Álvaro, el infante don Juan acabó por pasarse a las filas de sus adversarios (1425).

A fines de este año, el 8-IX-1425, moría en Olite Carlos III de Navarra. Juan fue proclamado rey en Tarazona, pero dejó confiado los asuntos de estado a su esposa doña Blanca I.

Él continuó mezclado en las querellas castellanas. Intervino en el primer destierro del condestable en 1427. Después del regreso de este a la corte, don Juan se lanzó a nuevas maquinaciones. A principios de 1429 urdió una conjuración con sus hermanos, Alfonso V y don Enrique, cuyo resultado fue la invasión de Castilla por tropas aragonesas y navarras y la sublevación de Extremadura. Esta intentona no tuvo buen éxito, y la tregua de 1430 impidió la guerra definitiva, pero Juan perdía sus bienes patrimoniales castellanos que le fueron confiscados.

Requerido por Alfonso V para que le asistiera en la empresa de Nápoles, se embarcó con su hermano el 26-V-1432, participó en la expedición a las Gelves, residió en Sicilia, asistió al sitio de Gaeta y fue hecho prisionero en la batalla de Ponza (5-VIII-1435). Conducido a Milán, fue el primero en recobrar la libertad que concedió a los regios rehenes Felipe María Visconti (5 de octubre).

A fines de año desembarcaba en Barcelona, llevando el despacho de lugarteniente de Mallorca, Valencia y Aragón (la de Cataluña continuaba en manos de la esposa del rey, María de Castilla). Esta decisión fue ratificada el 20-I-1436. Colocado pues en situación realmente ventajosa, ya que dominaba toda la frontera castellana, el rey de Navarra intentó de nuevo derribar la privanza del condestable.

Desde 1439 intervino en la acometida decisiva contra don Álvaro. Logró apoderarse del rey de Castilla en Medina del Campo en1441, y de esta fecha a principios de 1444 fue el indiscreto señor del gobierno castellano. Pero la defección del príncipe de Asturias, Enrique IV de Castilla y la derrota de Olmedo (1445) pusieron fin al poder de los infantes de Aragón en Castilla. Juan partió para Navarra, donde le aguardaban todavía problemas más espinosos.

Enfrentamiento con Carlos

A la muerte de la reina Blanca (1441), Navarra debía pasar a su hijo Carlos, pero Juan la retuvo declarándose usufructuario del reino de su esposa, quedando el príncipe de Viana como lugarteniente general. La situación era ilegal según el derecho navarro ya que Carlos era mayor de edad, había sido designado como nuevo rey según el testamento materno, aunque en este se recomendaba el consentimiento paterno, y jurado por las Cortes.

Casado nuevamente con la castellana Juana Enríquez en 1444, hija del almirante de Castilla, con el nuevo matrimonio perdía toda posibilidad de usufructo según el Fuero de Navarra, puesto que perdía sus hipotéticos derechos de viudedad sobre el reino.

Además, Juan aumentó los impuestos para financiar una nueva guerra con Castilla que solo le interesaba a él. La situación comenzó a disgustar a buena parte de la sociedad navarra. En 1451, en ocasión de una invasión castellana en Navarra, Carlos de Viana, concertó una tregua con Enrique de Castilla, príncipe de Asturias, sin consultar con su padre. Entonces el monarca decidió fiscalizar los actos de su hijo, y nombró a su segunda esposa para que ejerciera, al lado del príncipe, la corregencia de Navarra.

El ambiente era claramente de guerra abierta. Este nombramiento desencadenó la guerra civil entre los agramonteses y los beaumonteses, antiguos clanes nobiliarios partidarios o adversarios de Juan. En 1451, comenzaba, y duraría hasta 1461, la guerra civil navarra. El príncipe de Viana cayó en manos de su padre después de la derrota de Aybar (1452). Recobró la libertad; pero, reanudada la lucha, fue de nuevo derrotado, hasta que acordó traspasar la frontera y refugiarse en Francia (1455). En 1457 Juan declaraba desheredados a sus hijos Carlos y Blanca en las cortes de Estella.

Afirmada su autoridad en Navarra y consolidada su posición en la corona de Aragón con el cargo de lugarteniente de Cataluña (1454), Juan II heredó sin preocupaciones excesivas la corona vacante por la muerte de su hermano Alfonso V el Magnánimo ocurrida el 27-VI-1458. De Juan II se esperaba un corto reinado, dada su avanzada edad, y que el príncipe de Viana al ser rey uniría Navarra a la Corona de Aragón. Las previsiones erraron por completo. Juan II vivió hasta 1479, Navarra no se integró y casi rompió la unidad de Aragón.

En los planes del rey solo contaban su hija Leonor y su yerno Gastón de Foix, que le heredarían en Navarra, y su hijo Fernando, tenido con Juana Enríquez, como su sucesor en la corona de Aragón. En diciembre de 1460, Carlos, vuelto a la Península, es hecho prisionero siendo acusado de traición, pero el levantamiento popular de Cataluña obliga a su liberación y a su reconocimiento como su sucesor.

La revuelta catalana

El fallecimiento de Carlos por causas naturales, en septiembre de 1461 provoca el estallido de la revuelta catalana y un rebote de guerra civil en Navarra. Cataluña, que atravesaba una gran crisis desde la Peste Negra y la siguiente pérdida de poderío tanto en la Corona como en el Mediterráneo, estaba inmersa en una problemática situación económica, social y política, especialmente la ciudad de Barcelona, con encontrados intereses de la Biga, u oligarquía de la ciudad, frente a la Busca, representantes de la burguesía media y de los artesanos y menestrales, esto junto con las reivindicaciones de libertad y contra los excesivos servicios que debían prestar los remensas.

Fue sin duda una reacción tardía contra la casa de Trastámara entronizada en el compromiso de Caspe. La suma de todos estos factores llevó a la rebelión catalana contra Juan II. Ante el cerco de su mujer y de su hijo Fernando en Gerona, Juan II solicitó ayuda al rey de Francia, que le prestó tropas a cambio del Rosellón y la Cerdaña.

En agosto de 1462, el alzamiento catalán es ya irrefrenable. Cataluña quiere la separación de la Corona y ofrece el principado a diversos enemigos de Juan II: a Enrique IV de Castilla, el condestable de Portugal Pedro y finalmente Renato de Anjou.

En estos instantes, el rey, ya viejo, casi cegado por una cataratas, que le fueron curadas en 1468, dio muestras de excepcional agilidad mental y de extraordinaria resolución. No solo atendió a las vicisitudes de la lucha en Cataluña y a las alteraciones simultáneas de Navarra, sino que procuró reforzar su situación internacional anudando relaciones con Inglaterra. Nápoles, Saboya, Milán y Borgoña, es decir, con los enemigos de Luis XI, el cual apoyaba desde 1466 la causa de Renato de Anjou en Cataluña.

El reino de Aragón, contrario al desmembramiento de la corona, proporciona dinero, hombres, caballos y armas a Juan II a pesar de su exhausta situación económica. Juan II no se ocupó de estos graves problemas y solo convocó Cortes cuando necesitó recursos aragoneses para financiar su política. Hay que destacar que salvo en algún momento concreto, siguió una política de amistad hacia Francia, algo inhabitual en los planteamientos diplomáticos de los reyes de Aragón.

Superada la terrible crisis de 1466 a 1470, la guerra prosigue (conquista de Lérida y de Cervera, rendición de Amposta y Tortosa) hasta el 27-X-1472, cuando se toma la ciudad de Barcelona jurando sus habitantes fidelidad a Juan II y su hijo Fernando en las llamadas Capitulaciones de Pedralbes. Reconoció como heredero primero y lugarteniente después, en 1468, a Fernando, que había sido nombrado gobernador de Aragón y corregente.

Ese mismo año, Juan II concertaba la boda de su hijo con Isabel, la heredera de Castilla, que se celebraría en octubre de 1469. Intentaba con este matrimonio no solo ahuyentar los posibles ataques castellanos en apoyo de los rebeldes catalanes, sino también contar con ayuda militar y financiera que le permitieran ganar la guerra contra Cataluña.

Muerte del rey

Restablecida la paz, Juan II, con la colaboración de su hijo, en quien había renunciado la corona de Sicilia (1469), y que desde 1474 era rey de Castilla, se aplicó a la recuperación del Rosellón y la Cerdeña, que Luis XI no quería soltar de su mano. En 1473 dirigió personalmente el sitio de Perpiñán, que se le entregó el 1 de febrero. Luego fue a su vez sitiado por las huestes francesas.

Habiendo llegado a un acuerdo eventual con Luis XI, Juan II fue esta vez burlado. Los franceses se apoderaron de Rosellón en 1475 y amenazaron seriamente las fronteras del Principado. Mientras tanto, el rey intervenía en la guerra dinástica castellana y trabajaba en el gobierno de sus dilatados estados.

Reunía varias cortes (sin que lograra establecer una correcta pacificación de Cataluña), empresa en que no le acompañó; la fortuna; por su avanzada edad y por su historial, no era el hombre adecuado para liquidar satisfactoriamente la guerra civil. El 19-I-1479, a los 87 años de edad, fallecía este castellano de nacimiento, viendo a su amado hijo Fernando casado con la reina de Castilla y ejerciendo en este reino de verdadero rey.

Fue sepultado en el monasterio de Poblet. Con él desaparecía el último representante de las discordias civiles españolas del s. XV. Fue un político capaz de reconocer sus errores y de intentar enmendarlos. Es muy notable la carta de despedida a su hijo, escrita poco antes de morir, por su humildad y el reconocimiento de la primacía de la paz y la justicia como supremas obligaciones del soberano.

La familia de Juan II

De sus dos matrimonios había tenido un total de siete hijos y además tuvo otros cinco ilegítimos, de los cuales hay que citar a Alfonso de Aragón, al que dio el título de conde de Ribagorza, a Juan de Aragón, para el que consiguió la designación como arzobispo de Zaragoza, y a doña Leonor de Aragón, muriendo los restantes durante su infancia.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XII, págs. 5513-5514.