Rodrígo Díaz de Vivar

Biografía

(1040?-1097). A caballo entre la historia y la leyenda, Rodrigo Díaz de Vivar el Cid, es uno de los mitos más sobresalientes de cuantos ha creado la cultura hispana. La biografía del personaje histórico se puede resumir en los siguientes puntos: Rodrigo Díaz nace alrededor de 1040 en Vivar, pueblecito de la provincia de Burgos entonces frontero con Navarra. Sabemos que es hijo de Diego Laínez, de condición infanzona, a quienes las fuentes hacen descender de uno de los jueces de Castilla, concretamente de Laín Calvo.

Medina AzaharaIlustración de c. 1118 de un armiger regis en el Libro de los testamentos. Rodrigo Díaz entró a servir de muy joven en el séquito del aún infante Sancho II de Castilla y podría haber sido su armígero regio, que en esa época era un escudero protocolario que llevaba la espada y el escudo de su señor en actos solemnes. También se denominaba spatharius regis. De acuerdo con estas funciones está esta imagen de un armiger regis del Liber testamentorum. En dos diplomas de Alfonso VI de 1103 aparece designado el armígero como arma gerens post regem (el que lleva las armas tras el rey). De todos modos, no consta en la documentación de Sancho II ningún armiger regis, por lo que lo más probable es que el cargo estuviera vacante en su breve reinado.

Pocas noticias tenemos de su madre, salvo que era hermana de Nuno Álvarez, que figuraba en el séquito del infante Sancho En este mismo séquito ingresa Rodrigo, destacando muy pronto. A los dieciséis años es armado caballero por don Sancho, quien, pronto, le nombra su alférez. Como tal representa a Castilla en el duelo judicial contra Navarra por cuestión de fronteras; acaudilla el ejército que en 1067 asedia Zaragoza, y está presente en todas las acciones bélicas emprendidas por Sancho II.

Suponemos que se cuenta entre los que, al decir del Silense, haciendo frente a los leoneses, llevan el cuerpo de su señor, asesinado frente a los muros de Zamora, a su morada definitiva en Oña.

Luego, según las mismas fuentes, encabeza el partido intransigente que exige a don Alfonso su palabra de no haber intervenido en el asesinato de su hermano. El acto se conoce como jura de Santa Gadea. A pesar de esta actitud, Alfonso VI le casa, en 1074, con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo.

En razón de la alta posición que el infanzón castellano disfruta en la corte, está presente el año 1075 en la apertura del Arca Santa de la Catedral de Oviedo, y, por la misma razón, es enviado a Sevilla con el encargo de cobrar las parias. En relación con este viaje se produce el primer destierro del Cid.

Antes de partir don Rodrigo ha intervenido en el litigio entre los infanzones de Orbaneja y Cardeña, a favor del monasterio (1073); también es testigo del pleito promovido por los infanzones de Langreo contra la iglesia de Oviedo (1075).

El primer destierro del Cid se produce con motivo del enfrentamiento entre el castellano y García Ordóñez en Andalucía. En teoría, uno y otro defienden los intereses del rey Alfonso VI al combatir a favor de Sevilla y Granada respectivamente, puesto que ambos reinos son vasallos suyos. Estos y otros mal entendidos encenderán la ira del rey, y darán lugar a la primera salida de don Rodrigo. Durante este primer destierro el Cid emplea su brazo al servicio de los Hud de Zaragoza.

En cumplimiento de las obligaciones entonces contraidas, derrota al aragonés Sancho Ramírez, haciendo prisionero al obispo de Roda. En la primavera de 1087, tras el descalabro cristiano en Sagrajas, el Cid recupera el favor real. Durante el periodo siguiente actuará como agente de los intereses de su rey en Valencia. En nombre de Alfonso VI levanta el cerco impuesto a la ciudad por el conde Berenguer Ramón de Barcelona, y consigue, mediante la promesa de defender a Al Qadir, que su reino se declare tributario de León.

El segundo destierro se produce con motivo del cerco de Aledo por parte del emir Yusuf. El Cid, que se pone en movimiento al recibir la llamada del rey, no llega, sin embargo a establecer contacto con él a causa de una variación de los itinerarios. A partir del segundo destierro, don Rodrigo interviene en Valencia en nombre propio, esforzándose por construir un señorío personal. El camino hacia aquella meta estuvo jalonado de los siguientes episodios.

derrota y prisión del conde de Barcelona en el pinar de Tévar; reedificación del castillo de Ondarra; y construcción de la fortaleza de Peña Candiella, a fin de prevenir los ataques almorávides.

Más aún, el 1092 el Cid debe defender Valencia del ataque combinado de Alfonso VI, el conde de Barcelona Berenguer Ramón, y el rey de Aragón Sancho Ramírez. Por suerte para el Campeador, el retraso de los buques genoveses y pisanos obligó a levantar el campo. En respuesta a esta agresión, don Rodrigo asoló Logroño y la Rioja, tierras de su enemigo García Ordóñez.

Tras la segunda reconciliación, que apenas deja rastro historiográfico, Alfonso VI acepta el protectorado de el Cid sobre Valencia. Se inicia en este momento el periodo más brillante de la vida del héroe castellano. La muerte de Al Qadir durante una revuelta urbana organizada con apoyo almorávide, favorece los designios del Cid, que regresa precipitadamente a Zaragoza. En julio de 1093, Valencia se rinde y retorna a la situación de tributaria del castellano.

Sin embargo, en noviembre de ese mismo año, don Rodrigo debe cercar nuevamente la ciudad porque otro alzamiento de signo almorávide le ha privado del control de la misma. Valencia se rinde en junio de 1094, tras la firma de unas capitulaciones que nunca entraron en vigor por incumplimiento de las condiciones previas. Todavía ese año el Cid, con auxilio de su aliado Pedro I de Aragón, vence a los almorávides en la batalla de Cuarte, e inicia el proceso de cristianización de su capital.

Así, el 1095 condena a muerte al cadí Ben Yahhaf, acusado de participar en la muerte de Al Qadir, y en 1096 transforma la mezquita en iglesia, creando una sede episcopal en la que coloca a un obispo francés. Antes de su muerte (10-VI-1099), derrota, junto a Pedro I, a los almorávides en Bairén (1097) y conquista Murviedro (1098).

La fama de sus éxitos le proporciona el honor suficiente para concertar, en torno a 1098, dos ventajosos matrimonios para sus hijas. Cristina (Elvira en el Poema casó con el infante Ramiro de Navarra, y María (doña Sol) con Ramón Berenguer III. Diego, el hijo varón murió en la batalla de Consuegra. Sin un heredero masculino el legado del Cid era inviable, y Alfonso VI tuvo que evacuar la ciudad en 1102, llevándose el cadáver de don Rodrigo que fue depositado en Cardeña.

La figura cidiana, en razón de sus hazañas muy singulares, merece el honor de protagonizar el primer cantar de gesta de nuestra literatura; y si es cierto que la literatura distorsionará la personalidad del héroe, no lo es menos que conservamos muchos rasgos de esa personalidad gracias a la versión literaria.

R.B.: PÉREZ DE TUDELA Y VELASCO, Mª Isabel, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo IV Diccionario biográfico, págs. 258-259.