Enrique II de Castilla

Biografía

Retrato de Enrique II de Castilla en el cuadro La Virgen de Tobed, de Jaume Serra.

Retrato de Enrique II de Castilla en el cuadro La Virgen de Tobed, de Jaume Serra.

Rey de Castilla, (1369-1379). Nace en Sevilla (1333-1334) y muere en Burgos, el (29-V-1379). Enrique II de Trastámara. el Bastardo o el Fratricida o el de las Mercedes. Hijo natural de Alfonso XI de Castilla (1312-1350) y de Leonor de Guzmán, hermanastro de Pedro I el Cruel de Castilla (1350-1369) y padre de Juan I de Castilla (1379-1390). Contrajo matrimonio (1350) con Juana Manuel, hija del infante Juan Manuel.

Desde muy pronto, apenas fallecido su padre (1350), se verá entremezclado en diversas intrigas nobiliarias dirigidas a desestabilizar la posición en el trono de su hermanastro, el rey Pedro I. Sus primeros actos de rebeldía contra este monarca se producirán en 1352, actitud que tendrá continuidad, salvo una pronta y fugaz reconciliación en 1353, hasta la derrota y muerte, por su propia mano, de Pedro I el (23-III-1369), en Montiel (Ciudad Real).

La Guerra civil

Entretanto, se había desarrollado una guerra civil que había enfrentado a ambos hermanos y que ofrecía unas características muy particulares en el contexto de la historia política castellana, como consecuencia de la fuerte internacionalización del conflicto, que había supuesto la intervención de Inglaterra a favor de Pedro I y de Francia a favor de Enrique de Trastámara, lo que representaba, de hecho, la extensión de un nuevo campo de batalla, el reino castellano, de la recién comenzada guerra de los Cien Años (1336-1453), sin olvidar, además, el importante apoyo ofrecido a Enrique por el rey aragonés Pedro IV el Ceremonioso.

Asimismo, en el desarrollo de la guerra también se producirá el anuncio de las futuras actitudes antijudías, protagonizadas por los defensores de Enrique, ante las repetidas acusaciones de defensor de los judíos vertidas contra Pedro I, dando lugar a asaltos y matanzas de juderías, entre las que destacará la de Toledo.

El apoyo obtenido por Enrique de Trastámara durante el desarrollo de la guerra de parte de la alta jerarquía eclesiástica, muy enfrentada con su hermanastro, y de la nobleza, teniendo la guerra civil, en buena medida, el carácter de una sublevación nobiliaria, exigirá de amplias compensaciones, siendo lo realmente importante en esta circunstancia la decisiva colaboración de este rey en acelerar el proceso de substitución de una denominada nobleza vieja por una nobleza nueva, una buena parte de la cual había surgido de los linajes que habían prestado su decidido apoyo a la entronización.

La llegada al trono de Enrique II en 1369, si bien representa, en primera instancia, un cambio dinástico por el que la línea legítima de los sucesores de Alfonso XI es desplazada definitivamente del trono por la de los hijos naturales habidos por este rey con Leonor de Guzmán, el reinado concreto de Enrique II debe ser valorado, ante todo, y más que como un simple cambio dinástico, como un verdadero cambio de régimen, como consecuencia de las importantes novedades políticas que va a suponer y que se manifiestan en muy diversos planos, tanto de la vida política interna de Castilla, como en las relaciones de este reino con otros reinos hispánicos, como por el nuevo significado que Castilla tomará en el conjunto del contexto occidental.

Por lo que se refiere a las relaciones del nuevo monarca con las diversas fuerzas políticas del reino, si ya se ha señalado la consolidación de la posición políticamente privilegiada de la nobleza y alta jerarquía eclesiástica, las ciudades no quedaron en una situación tan satisfactoria.

De hecho, sus demandas en Cortes fueron muy escasamente atendidas, la vuelta del rey a la tradicional actitud de protección hacia las juderías, y hacia algunos judíos en particular, produjo no poca irritación, anunciándose futuras tensiones en esta materia, a la vez que las pretensiones autoritarias de la realeza se mostraron en primera instancia en sus relaciones con los poderes urbanos.

Un factor no poco importante de tensión fue la política económica que, en gran medida, estuvo muy mediatizada por el fuerte endeudamiento contraído por los cuantiosos gastos bélicos producidos por la guerra civil. Para compensar esta circunstancia se produjeron, por iniciativa regia, devaluaciones monetarias que favorecieron mucho las tendencias inflacionistas

Sin embargo, junto a estos factores negativos, no se puede olvidar el anuncio de una mayor protección comercial exterior de la artesanía textil y de la producción lanera castellana, en parte favorecida por la alianza francesa, así como la atención mostrada al aumento, no siempre conseguido, de los ingresos de la fiscalidad regia, desempeñando un papel muy importante, tal como sucederá en los reinados siguientes, por la mayor generalización de la recaudación de la alcabala como gravamen sobre las actividades comerciales.

Pero la iniciativa más perdurable de Enrique II, en cuanto a su política interior, afectará a lo institucional, tratando de consolidar las tendencias centralizadoras que habían caracterizado la institución regia desde tiempo atrás.

Para ello serán muy importantes las decisiones recogidas en las Ordenanzas de Toro (Zamora) de 1371, algunas de las cuales tendrán una larga vigencia cuyas consecuencias rebasan la propia época medieval. Así, resulta necesario destacar la institucionalización de la Audiencia Real como órgano máximo de la justicia regia, destinado a desempeñar un decisivo papel en el proceso de centralización de la administración de la justicia.

A la vez, formando parte de ese mismo proceso de centralización, se afirmará el protagonismo administrativo de la Cancillería Real. Como herencia inevitable del propio desarrollo de la guerra civil, Enrique II debió dedicar no pocos esfuerzos a atender la rivalidad con Inglaterra.

Esta rivalidad tuvo, además, un fundamento decisivo en el matrimonio, celebrado en 1371, de Juan, hijo de Eduardo III y duque de Lancaster con Constanza, hija mayor de Pedro I y María de Padilla, cuya legitimidad había sido reconocida en vida de su padre, lo que les convertía en aspirantes al trono castellano.

Así, se firmaba en 1372 un acuerdo de alianza entre Inglaterra y Portugal contra Castilla que, por ello, se vio más obligada a estrechar las relaciones de colaboración con Francia. La importante dimensión naval de esta relación conflictiva determinaría el notable predominio castellano en el Atlántico durante los años siguientes, sobre todo, tras la victoria castellana sobre la flota inglesa frente a la Rochela, en el mismo año de 1372.

Enrique II tuvo una pretensiones bien definidas de hegemonía peninsular, utilizándose entre otros medios, las iniciativas de tipo matrimonial. Así, Fadrique, hijo natural del rey castellano, se prometía con la heredera de Portugal, Beatriz; Leonor de Aragón casaba en 1375 con el futuro Juan I de Castilla, así como Leonor de Castilla con el heredero de Navarra, Carlos.

Será precisamente el reino de Navarra el último éxito de la política peninsular de Enrique II, pues con la Paz de Briones (31-III-1379), Navarra rompía con Inglaterra para vincularse al eje franco-castellano. De este modo, a la muerte de Enrique II, a la vez que quedaba consolidada la dinastía Trastámara en el trono castellano, este adquiría un importante protagonismo histórico en el contexto peninsular.R.B.: NIETO SORIA, José Manuel. Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo VIII, pág. 3569.

Batalla de Rochela 1372

La alianza entre Francia y Castilla, plasmada en el Tratado de Toledo de 1368 se tradujo en la intervención castellana al lado de los franceses, cuando Carlos V de Francia, tras romper la paz de Bretigny, reanudó la guerra con Inglaterra.

Bataille de la Rochelle

Bataille de la Rochelle, por Jean Froissart (c. 1419)

Una de las empresas militares más importantes de esta iniciativa fue la toma del puerto de La Rochela, pieza clave de los ingleses en el continente y base comercial de primer orden en el Atlántico. Mientras que los franceses sitiaban la ciudad por tierra, los castellanos lo hacían por mar con una escuadra de auxilio enviada por le rey Enrique II.

Al frente de esta se encontraban prestigiosos marinos, como Ambrosio Bocanegra, Cabeza de Vaca y Ruiz Díaz de Rojas. La escuadra castellana chocó con una flota inglesa, dirigida por John Hastings, conde de Pembroke, consiguiendo arrojar a esta a la costa, donde quedó inmovilizada por el reflujo de la marea. Durante la noche, la luz de la luna impidió huir a los ingleses, por lo que al día siguiente, con el auxilio de brulotes lanzados por los castellanos para incendiar las naves, la escuadra inglesa fue destruida y sus miembros hechos prisioneros.

El éxito de los castellanos en el mar (23-VI-1372) lo remataron los franceses en tierra al tomar la ciudad el 8 de septiembre. La batalla de La Rochela consagró el dominio naval de Castilla y permitió la reanudación del tráfico mercantil hacia Normandía y la costa de Flandes.

R.B.: MONTERO TEJADA, Rosa María, Enciclopedia de Historia de España, dirigida por Miguel Artola, Ed. Alianza Editorial, 1991, tomo V Diccionario temático, pág. 720.