Fernando I el Magno

Biografía

Fernando I de León

Fernando I según una miniatura medieval de la Catedral de León.

Conde de Castilla, 1029-1065. Rey de León, 1038-1065. [?-León]. Hijo de Sancho III de Navarra y de su mujer Munia (o Muniadonna, Nuña o Elvira, pues con todos estos nombres figura en los documentos de la época), que como hija del conde de Castilla Sancho García, le trasmite sus derechos al condado, a la muerte del infante García II Sánchez de Castilla, ocurrida el 13-V-1029. Figura desde entonces como conde de Castilla, aunque el gobierno efectivo lo ejerza su padre hasta febrero de 1035.

Como requisito de la paz estipulada hacia agosto de 1032 entre León y Navarra, contrajo matrimonio, posiblemente en el mes-X-este año, con la infanta leonesa Sancha, hermana de Vermudo III, recibiendo como dote de su mujer las tierras comprendidas entre el Pisuerga y el Cea, que por derecho de conquista poseía ya Sancho el Mayor desde 1029 ó principios de 1030.

En vida de su padre, en el mes de febrero de 1035, comienza el periodo de su gobierno personal del condado castellano, de una Castilla mermada por Oriente y Occidente, que le planteará difíciles problemas; por la frontera oriental había perdido en el reparto de los reinos realizado por Sancho el Mayor una amplia zona que comprendía de Sur a Norte la región de los Montes de Oca hasta las cercanías de Burgos, la Bureba, la ciudad de Valpuesta, Álava y la mayor parte de Vizcaya, que habían pasado a formar parte del reino de Navarra; por Occidente, a consecuencia de la victoria alcanzada por Vermudo III sobre Sancho el Mayor a principios de 1035, había perdido Castilla toda la zona comprendida entre el Pisuerga y el Cea, que constituía la dote de Sancha, y, además, la región de Castrojeriz, Villadiego y Amaya.

Ante el fracaso de las gestiones de su mujer en León, en enero de 1036, para llegar a un acuerdo con Vermudo sobre las tierras que acababa de ocupar, se decidió Fernando a acudir a las armas, contando con el apoyo de su hermano García de Navarra. A principios de 1037 rompió sus relaciones con Vermudo, y ambos contendientes iniciaron los preparativos para la guerra, que vio su desenlace en la batalla de Tamarón con la muerte del joven rey leonés (septiembre de 1037).

Como premio por su ayuda, entregó Fernando a García de Navarra una amplia zona constituida por la región de Castilla la Vieja, propiamente dicha, o sea el territorio comprendido entre el Ebro y el mar, desde la frontera navarrocastellana hasta una línea que de norte a Sur unía Cueto con Bricia.

Después de la batalla de Tamarón, actuando Fernando con habilidad y alegando los derechos al trono de su mujer Sancha, consiguió vencer la oposición del conde de León Fernando Laínez, que todavía se resistía en la capital del reino leonés, donde fue coronado al fin solemnemente en la iglesia de Santa María por el obispo de la ciudad Servando, el día 22-VI-1038.

De Tamarón a Atapuerca

Entre junio de 1038 y el año 1050 Fernando I dedica principalmente sus esfuerzos a la reorganización interior del reino leonés: esto es, a reprimir los desmanes y la oposición de la nobleza, e incluso, en algún caso con los de las villas, y a administrar justicia con eficacia, a fin de resolver los asuntos pendientes de reinados anteriores.

Su obra de reorganización interior, llevada a cabo con verdadero tesón y a la vez con extraordinaria ductilidad durante un periodo de doce años, culmina a fines de 1050 (?) con la reunión del concilio de Coyanza, en el que se determina cual sea la legislación en vigor para leoneses y castellanos, y se dan nomas para la mejor administración de justicia y para regular la vida de los clérigos.

Al mismo tiempo y hasta el final de su reinado, se aplica a realizar una reforma de la administración, que diera consistencia a la obra de reorganización interior, que lenta pero tenazmente iba desarrollando. El cambio que introduce se dirige a eliminar a la alta nobleza leonesa del gobierno de los condados o, al menos, a hacer desaparecer la conciencia de la hereditariedad de los cargos, que se había ido formando como consecuencia de la debilidad del poder central.

Una veces sustituye los condes por tenentes, personajes que pertenecen a la nobleza inferior, a los que con el título de vicarios o merinos mayores encomendaba temporalmente el gobierno de territorios, que una veces tenían la misma extensión, y otras eran más reducidos que los antiguos condados.

El encomendar el gobierno de amplias regiones a personajes no pertenecientes a la más alta nobleza presentaba innumerables ventajas para el poder real, ya que el infanzón, que no poseía las enormes riquezas de los magnates, no se hallaba en situación de oponerse al rey, y le resultaría, además, imposible, o, al menos, muy difícil, hacer hereditario el cargo que desempeñaba.

Otras veces se reduce su innovación a un cambio de personas, para hacer constar que los condes alcanzaban sus cargos por concesión real y no por derecho hereditario. A partir de 1050, aunque las dificultades interiores se hallaban ya superadas en su mayor parte, antes de reanudar la obra de reconquista, durante tantos años aplazada, tendrá que resolver Fernando sus diferencias con Navarra.

Las relaciones entre García y Fernando, no muy cordiales ya desde 1038 por la aspiración del navarro al domino de toda Castilla y por el deseo de Fernando de recuperar algún día los territorios cedidos a aquel como premio por su ayuda contra Vermudo III, se hicieron todavía más tirantes a causa de la creación por García, en diciembre de 1052, de la diócesis de Nájera, en la quedaba englobada toda aquella zona castellana recientemente adquirida, con lo que resultaban ya irrealizables las aspiraciones de Fernando; ello explica los ataques de que fue objeto este por parte de su hermano durante su estancia en Nájera, y poco después la prisión de García en Cea por orden de Fernando.

Con la huida de aquel del castillo de Cea comienza la lucha entre los dos hermanos (1053 ó 1054); ante la conquista de los castillos de Ubierna, La Piedra y Urbel por los caballeros navarros, reacciona rápidamente el ejército castellano, y fracasada una embajada de Fernando para detener la guerra, los ejércitos de ambos hermanos se enfrentaron en Atapuerca, donde halla la muerte el rey García a manos de Sancho Fortúnez, caballero navarro enemistado con él por haberle ofendido en su mujer (1-IX-1054).

La victoria obtenida y la traición de los hermanos Bellacos, que gobernaban bajo la autoridad de García una gran parte de Castilla la Vieja, permitieron a Fernando reconquistar no solo aquellos territorios castellanos cedidos a Garcia en 1037 —esto es Castilla la Vieja propiamente dicha hasta Valpuesta—, sino también la mayor parte de cuanto a expensas del condado castellano recibiera Navarra por el testamento de Sancho el Mayor, o sea casi toda la Bureba hasta Lantaron y Ribarredonda, y la zona occidental de la región de Montes de Oca, hasta las plazas de Oca y Alba.

Resueltos los problemas interiores y las diferencias con Navarra —que debía considerar zanjadas de forma definitiva—, se decide Fernando a aplicar todos sus esfuerzos a la obra de la reconquista, con el propósito de llevar las fronteras de su reino hasta la línea que se había alcanzado en tiempos de Alfonso III y de Ramiro II.

Contra Portugal se dirige su primera campaña, que concibe Fernando de forma muy distinta a Alfonso V; para evitar un nuevo fracaso ante los muros de Viseo, comienza por repoblar los castillos de San Juan de Pesqueira, Penella, Paredes de Beira, Linhares y Anciaes, elevados a orillas del Duero; partiendo de esta línea ocupa Lamego (27-XI-1057, y libre ya de obstáculos, logra conquistar Viseo el 23-VII-1058.

Probablemente, a continuación, en una serie de pequeñas campañas, que se prolongaron durante cerca de ocho años, se ocuparían diversas localidades de la Beira Alta, tales como los castillos de Tarouca, San Martinho de Mouros, Penhalva y Travanca, y la plaza de Seia.

Mientras destacamentos locales continuaban la sumisión de la Beira Alta, Fernando I, con el grueso de su ejército, vuelve a León, proyectando una incursión contra el reino de Toledo, que espera desarrollar durante los restantes meses de calor del año 1058; antes de internarse por aquellas tierras, conquista Gormaz y Berlanga, fortalezas del reino moro de Zaragoza, elevadas sobre el Alto Duero, que amenazaban su retaguardia, y devasta el valle de Bordecorex, llegando en sus correrías hasta Caracena y Medinaceli; protegida así la frontera por su zona oriental, avanzando hacia el sudoeste por la calzada de Zaragoza a Lisboa, penetra Fernando en el reino de Toledo y destruye los castillos de Santamara, Santiuste y Huermeces, situados en el valle del río Salado.

Pero cuando veía abierto ya ante su ejército el camino hacia la capital de al Mamun, tiene que retroceder ante el anuncio de una nueva guerra con Navarra, provocada por su sobrino Sancho IV de Navarra.

Aunque como pretexto de esta agresión debió de alegar el soberano navarro el ataque de Fernando contra el reino de Zaragoza su vasallo, el verdadero motivo era sin duda su deseo de reconquistar los territorios perdidos por Navarra a raíz de Atapuerca. El ejército castellano, rechazando a los navarros, ocupó Santa María de Ribarredonda (antes del 21-X-1058), y poco después Valpuesta, Belorado y la parte oriental de la región de Montes de Oca.

En una guerra lenta y sin acciones decisivas, que se prolongó durante más de dos años, lograron alcanzar los castellanos las cercanías del monasterio de San Millán de la Cogolla; estos éxitos y la defección del reino moro de Zaragoza, que debió negarse a ser tributario de Navarra y se reconoció vasallo de Fernando, obligaron a Sancho el de Peñalén a reconocer las nuevas adquisiciones realizadas por su tío, llegándose a la paz entre el 11-IV y el 27-V-1062.

Actividad reconquistadora

Libre ya de preocupaciones por parte de Navarra y sometida Zaragoza, vuelve Fernando a su idea de realizar un gran ataque contra Toledo. Probablemente en el verano de este mismo año de 1062 cruza el Duero, devasta Talamanca, asola los campos de Guadalajara y pone sitio a Alcalá; al Mamun, careciendo de fuerzas con que ayudar a los sitiados, se somete en vasallaje al rey leonés y le hace entrega de extraordinarias riquezas.

Al año siguiente desarrolla una nueva campaña contra al Mutadid de Sevilla, quien siguiendo la actitud adoptada por el rey de Toledo, ofrece la paz a los leoneses a cambio de su sumisión.

La oferta del rey sevillano es aceptada por Fernando, que exige, además del pago de parias, la entrega del cuerpo de Santa Justa; aceptada esta condición por al Mutadid, se dirige a Sevilla una embajada integrada por los obispos Alvito de León y Diego de Astorga y por el conde Muño Muñoz, que no encontrando los restos de la santa vuelven a León con los de San Isidoro, que son entregados en nueva sepultura en la antigua basílica de San Juan, ahora totalmente reformada, que recibe su advocación (22-IX-1063).

Siguiendo los consejos del mozárabeSisnando Davidiz, que había estado hasta 1063 al servicio del rey de Sevilla, se decide Fernando, inmediatamente después de celebrar la traslación de los restos del santo obispo de Sevilla, a cometer la difícil empresa de la conquista de Coimbra, que cae en su poder el 9-VII-1064.

El gobierno y la repoblación de la ciudad fueron encomendados al mozárabe Sisnado. De esta forma en 1064, por lo que respecta a la reconquista, exceptuando tan solo la ocupación de la región de Salamanca, se había recuperado la línea alcanzada en tiempos de Ramiro II, y por medio del sistema de parias dominaba Fernando la mitad aproximadamente del territorio peninsular.

Sin embargo, tal sistema ofrecía sus quiebras, ya que no siempre los moros vasallos cumplían las obligaciones impuestas por el vasallaje, mientras que, por el contrario, exigían siempre al rey cristiano su ayuda contra sus enemigos; ello obligó a Fernando I a enviar un ejército en apoyo de Muqtadir de Zaragoza contra su propio hermano Ramiro I de Aragón para obligarle a levantar el sitio de Graus, en el que alcanzó la muerte el soberano aragonés (8-V-1063).

Ello no fue obstáculo para que en 1065 se negara el rey de Zaragoza a pagar el tributo al que se había obligado, viéndose Fernando en la necesidad de hacer una campaña de castigo contra él en la primavera o verano de aquel año.

Sometido de nuevo al Muqtadir, concibe Fernando un proyecto de extraordinaria envergadura: la conquista de Valencia; con ello haría imposible el avance hacia el Sur, de Navarra, Aragón y los condados catalanes. hasta finales de verano o principios del otoño, puso sitio a la ciudad, derrotando a sus defensores en una escaramuza, en Paterna; pero la suerte no quiso favorecer en esta ocasión a Fernando, quien se sintió enfermo ante los muros de la plaza (X-1065), viéndose obligado por ello a levantar el sitio. Entró en León el día 24-XII-1065, y murió el 27 del mismo mes.

R.B.: SÁNCHEZ CANDEIRA, Alfonso, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo F-M, págs. 63-64.