Juan II de Castilla

Biografía

Rey de Castilla, 1406-1454. Juan II, hijo menor de Enrique III el Doliente, nacido de doña Catalina de Lancaster en Toro, el 6-III-1405; le habían precedido dos hermanas, María, que casaría con su primo Alfonso V de Aragón, y Catalina, que casaría con su primo Enrique, maestre de Santiago, ambos hijos de Fernando I de Aragón.

Tumba de Juan II de Castilla, en la Cartuja de Miraflores.
Sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, realizado por Gil de Siloe en la Cartuja de Miraflores de Burgos.

Contrajo matrimonio con su prima María, hija también de Fernando I de Aragón, en Medina del Campo el 10-X-1418: un matrimonio que como los anteriormente mencionados formo parte de un complejo edificio político cuyo resultado final se verá unos años después.

De este matrimonio nacieron Enrique, en Valladolid, el 5-I-1425, que sucedería en el trono a su padre, y tres infantas, Catalina, Leonor y María, que murieron niñas. Viudo de su primera esposa en 1445, se negoció el matrimonio con Isabel, nieta de Juan I de Portugal, que se llevó a cabo en Madrigal el 22-VII-1447. De este matrimonio nacieron Isabel, primera de ese nombre en el trono, en Madrigal el 22-IV-1451, y Alfonso, que se titularía rey, en Tordesillas, el 15-XI-1453.

La muerte de Enrique III el 25-XII-1406 daba paso a una nueva y larga minoría; el difunto había dispuesto en su testamento una compleja división de poderes separando la tutela del ejercicio de la prerrogativa regia, que sería compartida por la reina viuda, doña Catalina, y Fernando I de Aragón, tío del nuevo monarca. El Consejo ejercería el papel arbitral. Es posible que se ejercieran tanteos para convertir a Fernando en rey, desde luego su influencia política y su poder económico le convierten en el árbitro de la situación.

Fernando I de Aragón supo utilizar la situación de guerra en la frontera de Granada para hacerse conceder por las Cortes importantes recursos económicos y la división geográfica de la regencia, encomendándole la mitad meridional del reino, en razón de la guerra, lo que le confería un control sobre la totalidad del reino, pues la mayor parte de sus poderosos señoríos se hallaban en la mitad gobernada por Catalina.

La campaña de 1407 terminó, sin embargo, de modo adverso. Los proyectos de Fernando I de Aragón se orientaban a convertirle en el poder más importante de Castilla.

Las bases de este poder serían, además de su extraordinario patrimonio, la amistad con el papa Benedicto XIII, los lazos familiares, en concreto el matrimonio de su primogénito Alfonso, futuro rey de Aragón, con María, la infanta primogénita de Castilla, matrimonio que le situaba en el primer lugar en la línea hereditaria castellana si el rey Juan II moría sin descendencia, y unos ambiciosos proyectos para sus hijos, a pesar de ser niños: Alfonso y Juan con puestos en el Consejo; Sancho, maestre de Alcántara; Enrique, maestre de Santiago, y el proyecto del maestrazgo de Calatrava para Pedro.

Los infantes de Aragón

Es inevitable que el reinado de Juan II este decisivamente marcado por la actuación de los que serán infantes de Aragón. A partir de 1410, con el fallecimiento de Martín el Humano, se planteaba el problema sucesorio en Aragón: un asunto lleno de posibilidades para el regente castellano. Como una preparación más de la herencia aragonesa, proyectó Fernando I de Aragón la campaña del cerco de Antequera en la primavera de 1410; concluyó con un éxito que fue convenientemente aireado por la propaganda oficial.

La imperiosa necesidad de Benedicto XIII de crear un sólido bloque benedictista con los reinos hispanos, y su estrecha amistad con Fernando son aspectos que han de ser tenidos en cuenta también para atender el reconocimiento de este como sucesor de Martín I. La decisión de 1412, que conocemos como Compromiso de Caspe, establecía que Fernando I de Aragón era el más útil para los intereses de la Corona de Aragón. Este acontecimiento exigió un reajuste en los proyectos de Fernando.

Su hijo Alfonso V, que contraía el previsto matrimonio con su prima María, heredaría Aragón; Juan II estaría al frente de la política mediterránea, con aspiraciones a Nápoles, y Enrique dirigiría los intereses familiares en Castilla.

Estos proyectos fueron modificados tras la muerte de Fernando por Alfonso V; él se ocuparía de los proyectos mediterráneos, su hermano Juan II volvería a Castilla para dirigir los intereses familiares y se negoció su matrimonio con Blanca, heredera de Navarra.

El desplazamiento de Enrique como jefe de la rama menor Trastámara en Castilla era una fisura importante, agravada por la actuación de Álvaro de Luna, sobrino nieto de Benedicto XIII, que había llegado al reino en el séquito del arzobispo de Toledo, Pedro de Luna, sobrino del papa, y que se había convertido en inseparable amigo del monarca.

Golpe de estado de Tordesillas

El 14-VII-1420, el infante Enrique, aprovechando la ausencia de la Corte de su hermano Juan, que había viajado a Navarra para contraer matrimonio, se se apoderó de la persona del rey, declarado mayor de edad un año antes, expulsó de la Corte a cuantos consideró enemigos, modificó la composición del Consejo y se aprestó a ejercer el poder personalmente. Con sus rentas, el maestrazgo de Santiago, el control de la Corte y el matrimonio que proyectaba con su prima Catalina, que le supondría el marquesado de Villena, el poder tenía que caer en sus manos.

Este acontecimiento que conocemos como golpe de estado de Tordesillas abría la etapa de guerras civiles en Castilla. Entre los beneficiados estaba Álvaro de Luna, sobrino nieto de Benedicto XIII, que recibiendo el título de Conde de San Esteban de Gormaz, veía abrirse ante sí el camino de la grandeza. Fue Álvaro de Luna el que hizo fracasar a Enrique, a quien la larga resistencia de Catalina a consentir en el matrimonio le creó también problemas importantes.

El infante Enrique y los suyos fueron desalojados del poder: los despojos fueron repartidos entre los vencedores, entre ellos su hermano el infante Juan II, futuro rey de Navarra, que actuaba como presidente del nuevo gobierno, correspondiéndole a Álvaro el de Condestable, arrebatado a Rui López Dávalos.

Comienzan a contarse los primeros refugiados en Aragón, que tratan de convencer a Alfonso V, sumido en su sueño italiano, de que el Álvaro de Luna está desmontando los ambiciosos proyectos políticos de la rama menor de los Trastámara.

Alfonso V decidirá su vuelta a la Península por la falta de recursos económicos, los asuntos de Castilla y, sobre todo, por la enemistad con Martín V, el papa elegido en Constanza, que en la cuestión de la herencia napolitana se inclinaba netamente hacia los Anjou, y, en fin, por una revuelta napolitana que expulsaba de la ciudad a Alfonso V.

Instalado en Valencia, el monarca aragonés decidió reabrir el Cisma –elección de Clemente VII en Peñíscola– e intervenir en Castilla, desalojando a Álvaro de Luna del poder. En septiembre de 1425, por mediación de Alfonso V, Juan II y Enrique se reconciliaban. Pocos días después del acuerdo, el infante don Juan II se convertía en rey de Navarra, al fallecer su suegro Carlos III. El objetivo era Álvaro de Luna: para derribarle era preciso atraerse a la poderosa nobleza.

Caída y retorno de Álvaro

La nobleza inicia una permanente oscilación entre uno y otro partido, atenta a afirmar sus propios intereses familiares. Toda la lucha gira en torno a las medidas que debería adoptar el monarca para el buen gobierno del reino. El debate sobre el buen gobierno conduce a la designación de una comisión que consideró necesario el alejamiento de Álvaro de la Corte durante año y medio (30-VIII-1427).

La caída de Álvaro, que era la victoria de Juan II, no satisfizo tampoco a la nobleza que no deseaba una sustitución de poderes personales; casi inmediatamente, comenzó a requerir el retorno de Álvaro que, efectivamente, se produjo en febrero de 1428. Se creaba un gobierno sobre la base de un inestable equilibrio entre Álvaro, los nobles y los infantes.

En pocos meses, Álvaro trató de desmontar el poder económico de los infantes, creó en torno a sí un partido y buscó abiertamente el enfrentamiento; se ordenó a Enrique marchar a la frontera de Granada, se invitó a Juan II a marchar a su reino y, finalmente se suspendió el pago de sus rentas a los infantes.

Mantenía extraordinarias relaciones con el papa Martín V, que, por el contrario, no conseguía regularizar sus relaciones con Alfonso V, a pesar de los esfuerzos desplegados por el cardenal Pedro de Foix, legado de Aragón.

En la primavera de 1429 se llegó a una guerra abierta, en la que Alfonso V invadió territorio castellano. Álvaro buscó una batalla que, por fortuna para el aragonés, no se produjo gracias a la mediación de la reina María y del legado pontificio. Pese a ello, la derrota de los infantes es notoria, como el triunfo de la nobleza en Castilla: el reparto de sus rentas entre algunos miembros de la nobleza y la promoción de algunos linajes a la grandeza manifiesta ese triunfo y el deliberado proyecto de convertir en definitivo el despojo de los infantes.

En Majano, el 16-VII-1430, se acordaba una tregua de cinco años, que preveía que los infantes debían de permanecer fuera de Castilla, y encomendaba a una comisión la valoración de los señoríos de que eran despojados para establecer las consiguientes indemnizaciones. Se iniciaba un gobierno de Álvaro de Luna, en realidad de una oligarquía nobiliaria, orgullosa de su triunfo. El gobierno y la paz fueron posibles únicamente mientras se mantuvo el inestable entendimiento en el seno de esa oligarquía.

La nueva partida de Alfonso V hacia Italia (29-V-1432), esta vez definitiva, y los problemas de gobierno para Juan en Navarra y, como gobernador en Aragón, despejaban considerablemente el futuro.

El gobierno de Álvaro se basó en una acción política cuyos puntos esenciales fueron:

    1. Amistad con Portugal, que cerró definitivamente toda tensión subsiguiente a Aljubarrota
    2. Hegemonía castellana en las rutas de la canal de la Mancha para controlar un vital intercambio comercial, lo que requería mantener la amistad con Francia, pero también con la de Borgoña y la aproximación a Inglaterra
    3. Reapertura de la guerra antigranadina contra Muhammad VIII (victoria de Higueruela, 1431)
      Mantenimiento de una estrecha relación con el pontificado.

Tanto con Martín V como con Eugenio IV, Castilla se define como el más firme apoyo de la autoridad pontificia frente a la acción conciliarista: en Basilea, como tiempo atrás en Constanza, la delegación castellana desempeñó un papel insustituible.

Este equilibrio se rompe en 1439, cuando los principales miembros de la nobleza reclaman que el rey tome el poder en sus manos: el poder personal de Álvaro resultaba insoportable. La maniobra nobiliaria provoca el destierro de Álvaro y el sometimiento de la monarquía a un gobierno nobiliario, a cuyo frente se hallaron los infantes de Aragón, y Juan II se convirtió casi en un prisionero de sus nobles.

Las dificultades de don Juan para mantener un poder personal, las tensiones internas del partido nobiliario, los acontecimientos internos de Portugal, que convierten al infante portugués Pedro en regente del reino, por coincidencia de intereses, aliado de don Álvaro, y la entrada en la escena política del heredero de Castilla, Enrique, y tras él, la figura de Juan Pacheco, confieren a la situación política castellana una complejidad extraordinaria.

En julio de 1443, el infante Juan II, convencido de que Álvaro, aún desterrado, estaba ganando nuevamente el poder en la Corte, procedió a un nuevo golpe de estado, estando la Corte en Rámaga, expulsando de la misma a todos los posibles amigos del condestable.

Don Álvaro podía presentarse como defensor de la libertad de su rey sometido a tutela por otro rey. Un año después de Rámaga, don Álvaro volvía triunfante a la Corte: la muerte de la reina María rompía otro vínculo más con los infantes de Aragón y permitía a Álvaro negociar el matrimonio portugués, estrechando su amistad con el regente.

El apoyo del príncipe Enrique se lograba otorgándole el título de príncipe de Asturias, con sus importantes rentas. Cuando los infantes, don Juan II y don Enrique decidieron recuperar por las armas su posición y sus rentas, fueron derrotados en Olmedo el 19-V-1445, lo que ponía fin a toda su época.

Se abre otra en la que los acontecimientos giran en torno al heredero, integrado en la oligarquía nobiliaria. El príncipe Enrique tuvo el gesto, de gran popularidad, de solicitar el perdón de todos los vencidos; era anular la victoria del condestables.

Hubo un nuevo reparto de prebendas; entre ellas, Álvaro obtuvo el maestrazgo de Santiago, vacante por muerte del infante de Aragón Enrique, pero dos hombres del príncipe, Juan Pacheco y Pedro Girón, el futuro poder, recibían el marquesado de Villena y el maestrazgo de Calatrava, respectivamente. Álvaro se veía obligado a negociar permanentemente, con gran desgaste, con el príncipe y sus hombres, ya que no podía enfrentarse con aquél como representante de un programa de autoridad monárquica.

Para evitar que el gobierno se le escapase de las manos, Álvaro hubo de recurrir, a su vez, a un golpe de estado Záfraga, 11-V-1448) que no podía justificarse como defensa de la autoridad regia; como otros anteriores, ponía al descubierto una tiranía, argumento para sus enemigos.

La guerra civil en Navarra entre el rey Juan II y el príncipe Carlos de Viana, verdadero rey, favorecieron a Álvaro, aliado de este. El príncipe Enrique rompió entonces su matrimonio con Blanca de Navarra, negociándose entonces otro con Juana, hermana de Alfonso V de Portugal: aunque era un camino lleno de dificultades, el rey de Navarra perdía el eventual apoyo de su yerno. Enrique se comprometía con Álvaro incluso a luchar a favor del príncipe de Viana para expulsar a Juan II de Navarra.

Muerte de don Álvaro de Luna

Sin embargo, la situación operaba en contra de Álvaro, porque ya no parecía como el restaurador del orden, sino como un banderizo más en la lucha por el poder. Un último factor se sumó contra el condestable: la reina Isabel que dispuso el ánimo de su esposo, Juan II, contra Álvaro.

Por orden real, este fue detenido en Burgos el 3-IV-1453 y trasladado a Portillo. Las Cortes felicitaron al rey por tomar directamente el gobierno en sus manos. A mediados de mayo parece abrirse paso la idea de condenar a muerte al condestable; una comisión de juristas no halló delitos merecedores de esta pena, por lo que la condena tendría que partir de una orden directa del rey, que efectivamente se dio.

Álvaro fue ejecutado en Valladolid el 3 de junio. Eliminado Álvaro la lucha por el poder estaba entre la liga de nobles, partidaria de los infantes de Aragón, y el príncipe de Asturias, Enrique, cuya postura era claramente contraria como demostraba la consecución del divorcio y el impulso dado a las negociaciones de su matrimonio portugués.

A partir de Agosto de 1453 se abrieron negociaciones de paz entre Castilla y Aragón. A sus acuerdos se sometió previamente Juan II de Navarra: la paz resultante, ratificada por Alfonso V en marzo de 1454, dejaba sin resolver casi todas las cuestiones acumuladas en largos años de tensión. La muerte del rey castellano introdujo nuevos elementos en el acontecer histórico.R.B.: V.Á.P., Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XII, págs. 5513-5514.

La familia de Juan II

María de Aragón

Primera esposa de Juan II. Nacida en 1403 y muerta en Segovia en 1445, hija de Fernando I de Antequera y de Leonor de Alburquerque, señora de Montalbán, en Medina del Campo el 10-X-1418.

María de Aragón participó en las pugnas contra Álvaro de Luna, capitaneadas por sus hermanos los infantes de Aragón y firmó con su hermano Juan II de Navarra un pacto de confederación (1440) contra el valido, al que se sumaron nobles y potentados; de esta forma logró su expulsión. En 1444, cuando la nobleza abandonó a Juan II de Navarra, liberó a su esposo, prisionero en la fortaleza de Portillo, desde el golpe de estado dado por aquél en Rámaga (1443).

Fue enterrada en el monasterio de Guadalupe. Fruto de este matrimonio fue un hijo y tres hijas:

    1. Enrique, futuro rey de Castilla y León y Catalina
    2. Leonor, María, que fallecieron en la infancia.

Isabel de Portugal

Segunda esposa de Juan II. Nieta del rey de Portugal, Juan I, el enlace se llevó a cabo en Madrigal de las Altas Torres el 22-IV-1447, matrimonio negociado por Álvaro de Luna por medio del tratado de 9-X-1446, con el propósito de afianzar la alianza castellanoportuguesa frente a la Corona de Aragón. Tomó partido en contra de Álvaro de Luna e intervino directamente en su caída (1453). De este matrimonio nacieron:

    1. Isabel. La futura Isabel la Católica
    2. Alfonso. Muerto en 1468.