Pedro I el Cruel

Biografía

María Padilla, desnuda en el Alcázar de Sevilla frente a Pedro I
María Padilla, desnuda en el Alcázar de Sevilla frente a Pedro I, en un grabado de Paul Gervais.

Rey de Castilla, 1350-1369. Nos hallamos en pleno s. XIV, en el derrumbamiento de los valores medievales y en la afanosa busca de una nueva fórmula política y cultural. Impera la lucha en todos los órdenes, y singularmente entre la realeza y los nobles. Los crímenes y los atentados de Estado son frecuentes, y el puñal y el veneno son instrumentos cotidianos de gobierno.

En este sombrío panorama se coloca el último de los Borgoñas castellanos, Pedro el Cruel. Irascible, impetuoso, sensual, tiránico, probablemente de constitución anormal, pretendió llevar a cabo con un dinamismo frenético los dos grandes proyectos de su vida: la sumisión de los nobles a su autoridad y la sumisión de los reinos peninsulares a Castilla.

Tentativas de gran envergadura, que fracasaron a causa de los excesos y de las violencias del monarca. No hay política que se justifique por el asesinato cotidiano, pese a la nobleza última de sus fines. Y Pedro I murió en el mismo torrente de sangre que había vertido.

La muerte de Alfonso XI en el real ante Gibraltar el 27-III-1350 dio la corona de Castilla a un joven de dieciséis años no cumplidos, Pedro, nacido en Burgos el 30-VIII-1334 de la reina María, hija de Alfonso IV de Portugal. El nuevo soberano llevaba sobre si el peso de una infancia oscura y el resquemor de su situación postergada.

Su padre no había profesado ningún amor a su madre, y, en cambio, se había entregado a la absorbente pasión de doña Leonor de Guzmán, de la que le nacieron diez hijos, ocho de ellos sobrevivientes a su muerte (entre ellos, Enrique, Fadrique, Sancho, Tello y Juan.

El partido de los Guzmán y de los bastardos era preponderante en la corte de Alfonso XI, hasta que la coronación de Pedro I revirtió esta situación. El muchacho cayó bajo la influencia del noble portugués Juan Alfonso de Alburquerque, personaje siniestro, que en 1328 llegó a Castilla acompañando a María de Portugal para su boda con Alfonso XI y desde 1338 se ocupó de la educación del príncipe Pedro, heredero al trono.

El ambicioso valido, dirigió desde entonces la vida política del impulsivo rey, nombrando tesorero al judío Samuel Levi e indisponiendo al rey contra Leonor de Guzmán, llegando a ser acusado de haber intervenido directa o indirectamente, en la muerte de esta.

Después de unas intrigas preliminares, a base del enlace de Enrique de Trastámara, uno de los bastardos, con doña Juana Manuel, que motivó el encarcelamiento de Leonor de Guzmán y la huida de Enrique a sus posesiones de Asturias.

El asesinato de doña Leonor en la fortaleza de Talavera, por orden de María de Portugal (1351) inauguró la serie de crímenes del reinado de Pedro I. A esta muerte siguieron la de Garcilaso de la Vega (Burgos, 1351) y Alonso Fernández Coronel (Aguilar, 1352).

Estos últimos asesinatos podían tener por fin la sumisión de la orgullosa nobleza castellana. Don Pedro firmó paces con don Enrique de Trastámara, que andaba revuelto en sus posesiones de Asturias, y se dispuso a contraer matrimonio con Blanca de Borbón, a lo que le forzó Alburquerque, pues él estaba apasionadamente enamorado de doña María de Padilla.

La boda se celebró el 3-VI-1353; pero al cabo de tres días el rey huyó a Valladolid, no habiendo consumado el matrimonio. Este ultraje motivó la desgracia del Alburqueque, que se retiró a sus estados de Portugal para hacer frente a los acontecimientos.

Allí logró atraer a su causa a los bastardos don Enrique y don Fadrique, quienes habían sido nombrados adelantados de la frontera portuguesa para vigilar sus movimientos.

Doña Blanca y nobles dirigidos por el antiguo consejero del rey, Alburquerque, se unieron e informaron al rey de los peligros que se exponía de persistir en el abandono de la reina, pero como nada consiguiesen, comenzaron a talar bosques y a devastar tierras. El rey accedió a entrevistarse con los jefes confederados pero no cumplió nada de lo que les prometiera.

Tras un nuevo escándalo al contraer matrimonio con Juana de Castro, mujer de singular hermosura, que no se le quiso entregar, por lo cual no vaciló en darle su mano, separándose después de ella para no volver a verla jamás (enero de 1354) —matrimonio que solo duró un día—, el rey Pedro, se dispuso a reprimir la insurrección, cuyo foco principal se hallaba en la cuenca del Duero, en particular en Toro.

La muerte de Alburquerque no remedió la situación, pues ante la desatentada política de Pedro incluso su madre y su tía paterna, doña Leonor de Castilla, se pusieron al lado de los rebeldes. Estos arrancaron del rey, en Toro, varias humillantes condiciones.

Don Pedro pudo huir de la ciudad. Proclamó en Burgos las burlas de que había sido objeto su autoridad, recobró Toledo —saqueada por los conjurados en 1355— donde se hallaban su esposa y su hermano Fadrique.

La mayoría de la ciudad zamorana era partidaria de doña Blanca, aunque luego se puso de parte del rey, que tomó una venganza terrible, y dio el asalto a Toro, que cayó en su poder a fines de 1356. María fue desterrada a Portugal, Enrique de Trastámara huyó a Francia y los bastardos y los nobles se sometieron a la autoridad de Pedro.

Conflicto con Aragón

Restablecido su poder por la violencia, Pedro se lanzó a una nueva aventura bélica, esta vez contra Pedro IV de Aragón. Su impetuosidad aborrascada nada pudo lograr, pese a algunos éxitos militares, contra la solapada astucia de su rival, más dueño de sus recursos y de sus nervios, quien, además, apoyaba la causa del de Trastámara. La primera campaña, en la que los aragoneses perdieron Tarazona, terminó en mayo de 1357.

Pedro IV de Aragón aprovechó la tregua para robustecer su situación internacional y quitar partidarios a su adversario. De este modo logró atraerse a su hermano don Fernando, que combatía por el castellano. Esta y otras defecciones exasperaron a Pedro I, quien sin parar en la realidad de las acusaciones hizo asesinar a su hermanastro don Fadrique en Sevilla y al infante don Juan de Aragón en Bilbao (mayo y junio de 1358).

A estas muertes siguieron, al año siguiente, la de doña Leonor de Castilla, su tía y la de otros nobles castellanos de rancia alcurnia. Mientras tanto, en el campo de batalla Pedro mantenía la iniciativa. En 1359 llevó a cabo una incursión naval contra las costas de Alicante, Baleares y Cataluña, que no dio gran resultado. En cambio, Enrique de Trastámara penetró en Castilla y derrotó a las huestes reales en Araviana.

Este desastre encolerizó de tal modo a Pedro I que hizo asesinar a sus dos hermanos bastardos Juan y Pedro, que aún no tenían veinte años y no habían intervenido en la vida política castellana. Siguió luego otra racha de asesinatos, consecutiva a la pérdida de Nájera en 1360, y, por fin, se llegó a una segunda paz con Aragón, llamada la paz deTerrer (13-V-1361). No tardaron en reproducirse las hostilidades, dada la mala fe de los dos Pedros.

El de Castilla aprovechó el intervalo para intervenir en el conflicto civil granadino entre Muhammad V y Muhammad VI el Bermejo, reponer en su autoridad al primero y alancear vilmente al segundo en La Tablada (abril de 1362).

Declarada de nuevo la guerra entre Castilla y Aragón (junio de 1362), las tropas castellanas se lanzaron a una nueva ofensiva, apoderándose en este año de Calatayud, y en el siguiente de Tarazona, Borja y Malagón. Por Cariñena, Alfambra, Teruel y Segorbe, Pedro el Cruel puso sitio a Valencia (21-V-1363), sitio que tuvo que levantar ante la presencia de un ejército aragonés de socorro. Se firmó una tregua que no fue ratificada.

A fines de año, Pedro I iniciaba una nueva ofensiva contra Valencia, esta vez por el sur, con igual impulso y remate que la primera. La incursión terminó a fines-IV-1354. Estas algaradas sin plan positivo de conquista, perjudicaron la causa de Pedro el Cruel.

Debilitaron sus fuerzas en el momento que sus adversarios se proponían asestarle el golpe definitivo. Pedro IV había reconocido a Enrique de Trastámara como rey de Castilla en 1363, y en 1365 ponía a su servicio las Compañías blancas de Beltrán du Guesclin.

Al año siguiente estas invadían Castilla. Don Pedro, impotente para hacerlas frente, pasó de Burgos a Toledo, de Toledo a Sevilla y de aquí a Portugal. Después de una breve estancia en Galicia, donde consultó a sus partidarios, fue a requerir el auxilio de los ingleses, que obtuvo al precio de humillantes concesiones.

Manuscrito del siglo XV en el cual se ilustra la Batalla de Nájera.
Manuscrito del siglo XV en el cual se ilustra la Batalla de Nájera.

En febrero de 1367 las tropas del Príncipe Negro entraron en España y derrotaron en Nájera (3 de abril) a las de Enrique de Trastámara. Mientras este huía a Aragón, el rey entraba en sus ciudades de Castilla dando libre curso a su pasión de venganza. Fue su último y grave error. Abandonado por los ingleses, las mismas ciudades de Castilla se declararon en rebeldía.

Enrique aprovechó la circunstancia para invadir de nuevo el reino y asentar paulatinamente su poder (1368). El 14-III-1369 Pedro fue derrotado en Montiel. Sitiado en el castillo de este nombre, intentó la huída. Pero fue traicionado por Du Guesclin y muerto por su hermano el 23 de marzo siguiente.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 148-149.