Sancho IV el Bravo

Biografía

Sancho IV en una miniatura medieval (s. XIII)Sancho IV en una miniatura medieval (s. XIII).

Rey de Castilla, 1284-1295. (¿?, 12-V-1258-Toledo, 25-IV-1295). El Bravo. Segundogénito y sucesor de Alfonso X el Sabio (1252-1284) y Violante de Aragón, y hermano de los infantes Fernando y Juan.

En 1275 murió su hermano mayor, Fernando de la Cerda, con lo que se abrió una de las crisis sucesorias más profundas que afectaron al reino de Castilla en toda la Edad Media.

En efecto, Alfonso X proclamó heredero a su segundogénito, Sancho, frente a los legítimos derechos que ostentaban los hijos de Fernando de la Cerda y de la princesa Blanca de Francia —hija de Felipe III de Francia (1270-1285)—, Alfonso y Fernando, los infantes de la Cerda, tal y como recogían las nuevas leyes del reino que él mismo había compilado en su Código de las Siete Partidas.

No obstante, el viejo monarca se vio presionado a elegir a Sancho por los robustos apoyos con que contaba: la familia de los Haro, encabezada por Diego López de Haro, que a su vez era necesaria ante las aspiraciones del reino castellano de anexionarse Navarra —su solar radicaba en Vizcaya, señorío, a la sazón, de Lope Díaz de Haro—; la necesidad de elegir a un jefe militar contrastado ante la inminente amenaza de los benimerines marroquíes, recién desembarcados en la Península; y la política del propio Sancho, que había conseguido la adscripción de las principales ciudades del reino, una vez que hubo permitido la creación de las hermandades de los burgos, así como la de las órdenes militares y la de buena parte de los prelados y magnates leoneses.

Por su parte, los infantes de la Cerda contaban con el apoyo de la otra gran familia nobiliaria castellana, los Lara, personalizados en el señor de Albarracín, Juan Núñez de Lara, y del infante Juan, a quien su padre había concedido el gobierno de Andalucía, siempre inquieto y proclive a la sedición. Todo ello hizo que no fructificara el intento de acuerdo de gobierno que entre ambas partes intentó Alfonso X años después.

Otro motivo de intenso malestar fue su matrimonio, tras rechazar el enlace que su padre negoció con Guillerma de Moncada, hija del vizconde Gastón de Béarn, con su prima María de Molina (1281), heredera del señorío homónimo, lo que provocó el profundo rechazo de su padre y, especialmente, del papa Martín IV (1281-1285), que siempre se opuso a dar la necesaria dispensa papal para su enlace a causa del alto grado de consanguinidad entre ambos.

Así, a la muerte de su padre (4-IV-1284) y tras proclamarse rey en Toledo, Sancho IV tenía ante sí un panorama político ciertamente difícil. A la oposición de los Lara y de los infantes de la Cerda, refugiados en Aragón, se unía la de Francia, que deseaba, así mismo, anexionarse Navarra; la de los señores vizcaínos, que pretendían cobrarse con heredades y cargos sus servicios, y la independencia de las ciudades que amparaban las hermandades que él mismo había creado.

De esta forma, la política de Sancho IV se encaminó a asegurar el trono a su primogénito, el futuro Fernando IV el Emplazado de Castilla y León (1285-1312), que había nacido en Sevilla en 1285.

Por una parte, hubo de mantener un equilibrio difícil con Francia a la que necesitaba imperiosamente para interceder por él ante el papa, y con Aragón, enemistada con Francia y con el pontificado desde la invasión aragonesa de Sicilia (1282), y donde se habían refugiado los legítimos herederos.

Así, concluyó con Pedro III de Aragón (1276-1285) una alianza en la que se comprometía a ayudarlo militarmente ante un posible ataque francés, siempre que él no tuviera que acudir en auxilio de Andalucía amenazada por los benimerines, a cambio de que el monarca aragonés se comprometiera a mantener presos a los infantes de la Cerda y desalojara de su señorío a Juan Núñez de Lara, como así hizo Pedro III, que encerró en el castillo de Xátiva (Valencia) durante años a los primeros, y obligó al segundo al exilio en Francia.

El mismo de 1285, Felipe III de Francia invadía tierras catalanas, pero Sancho IV pudo evitar verse involucrado ante un nuevo desembarco en la Península de los benimerines. En efecto, el sultán Abu Yusuf Yaqub (Yusuf I, 1286-1307) tomó tierra en Tarifa (Cádiz) y se dirigió a Sevilla, a donde acudió también Sancho, quien finalmente concluyó un pacto (21-X-1285) de no agresión mutua y de respeto del comercio libre entre ambos lados del Estrecho, a cambio de una rica indemnización del benimerín.

Conflictos con Francia y Aragón

No obstante, ese mismo año se produjo un importante cambio en el escenario político internacional al cesar el apoyo de los reyes francés y aragonés, y del papa. En efecto, Felipe IV el Hermoso de Francia (I de Navarra) (1285-1314) decidió desentenderse de la política castellana; el nuevo papa, Honorio IV (1285-1287), pareció más flexible ante la situación matrimonial de Sancho IV, y en cambio, el nuevo monarca aragonés, Alfonso III el Liberal (1285-1291), decidió cambiar de política y apoyar abiertamente la candidatura de Alfonso de la Cerda al trono castellano, a quien proclamó rey legítimo en Jaca (Huesca, 1288).

En el ámbito interno, el reino atravesaba también momentos inestables. El ascenso de Diego López de Haro, que había desplazado de la privanza a García Gómez, culminó con el arriendo de las rentas del reino al prestamista judío Abraham Barchillón (VI-1287), vasallo del de Haro, con lo que la Hacienda real pasaba a manos del nuevo privado, aunque eso motivó también su fulminante caída.

Presionado por la nobleza, encabezada ahora por Álvar Núñez de Lara y por el infante Juan; por el pueblo, que veía con malos ojos el arriendo de las cuentas del reino a un judío, y por su propia esposa, María de Molina, partidaria de un acercamiento con Francia frente al filoaragonesismo de los de Haro, la relación entre ambos se fue deteriorando hasta que el propio monarca, en una entrevista celebrada en Alfaro (La Rioja) el 8-VI-1288, asesinó con su propia espada a su antiguo privado.

Así mismo, se apresuró a celebrar la alianza con Francia frente a Aragón que su esposa quería, lo que provocó la enemistad de Alfonso III y la citada proclamación de Alfonso de la Cerda en Jaca; el nombramiento para la privanza del antiguo exiliado, Juan Núñez de Lara, y el inicio de la guerra en la frontera castellano-aragonesa, en la que los infantes contaron con el apoyo de Lope Díaz de Haro.

A pesar de la derrota de Sancho IV en la batalla de Pajarón (Cuenca, 1290), lo cierto es que los frentes se mantuvieron estables hasta que, a la muerte de Alfonso III (1291), las hostilidades cesaron tras la firma de la concordia de Monteagudo (29-XI-1291) con su sucesor Jaime II (1291-1327), por la que se comprometía a ayudar al monarca aragonés en su lucha contra franceses y angevinos a cambio de la colaboración de este en la reconquista castellana de Andalucía; así mismo concertó el matrimonio de su hija primogénita, Isabel, con el rey aragonés.

Así, tropas aragonesas estuvieron presentes en la reconquista de Tarifa (13-X-1292) —en cuyos combates participó, del bando del benimerín, el infante Juan—, aunque en 1295 el rey aragonés firmaba con el papa el Tratado de Agnani (1295), con lo que podía retomar la antigua política de Alfonso III. Ese mismo año, no obstante, aquejado de una severa enfermedad, Sancho IV moría en Toledo cuando preparaba la campaña de Algeciras.

En sus últimas disposiciones testamentarias nombró a su esposa como tutora del nuevo rey, que por entonces tenía solo once años de edad. De su matrimonio con María de Molina nació también Beatriz, esposa de Alfonso IV de Portugal (1325-1357).

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, págs. 9461-9462.

María de Molina

Nacida 1265 y muerta en Valladolid en 1321, reina de Castilla [1284-1295]. Hija del infante Alfonso de Molina, hermano de Fernando III, y de su tercera esposa Mayor Alfonso de Meneses. En 1281 casó, sin tener dispensa pontificia, con su primo, el futuro Sancho IV de Castilla, y, a la muerte de Alfonso X (1284), ambos fueron coronados reyes. A la sazón Castilla estaba dividida en dos bandos apoyados respectivamente por Francia y Aragón.

Para dilucidar esta cuestión se convocó una asamblea en Toro (1288), en donde prevaleció el criterio de María de Molina (alianza con Francia para que esta consiguiera del papado la oportuna dispensa pontificia) frente a los nobles capitaneados por Lope Díaz de Haro. En 1925 murió Sancho IV, circustancia que aprovechó Jaime II de Aragón para invadir el reino de Murcia, y solo la habilidad diplomática de la reina logró que este le devolviera las ciudades situadas al sur del Segura.

En este mismo año, empezó a ejercer la tutoría sobre su hijo Fernando IV, que se vio obligada a compartir con su primo, en infante Enrique, hijo este de Fernando III. Este periodo [1295-1301] se caracterizó por la actitud levantisca de la nobleza; estas luchas internas fueron aprovechadas por Dionís de Portugal, que declaró la guerra a Castilla (en apoyo del autonombrado rey de León, el infante Juan, hermano del rey Sancho IV), pero María de Molina le impuso la paz de Alcañices (1296).

En 1300 obtuvo de las cortes de Valladolid el dinero necesario para la legitimación de Fernando IV, clave de todos los conflictos, y aprovechó la sumisión del infante Juan para formar un ejército que intentó abatir Almazán, reducto de Alfonso de la Cerda. Pero la conjura de los infantes Enrique y Juan, que antes de entablar combate parlamentaron en Ariza con Jaime II de Aragón, le impidió el éxito de esta empresa.

El peligro de que el monarca de Aragón y el emir de Granada alentaran la rebelión de los de la Cerda, obligó a María a tratar con el primero, al que siempre, previamente a toda negociación, le exigió la devolución del reino de Murcia, y a mantener relaciones con el nazarí.

En 1301 el papa Bonifacio VIII extendió en Anagni la bula de legitimación, con lo que se aseguró la débil postura de su hijo, pero este, al ser declarado mayor de edad, se libró a las instigaciones de los infantes Juan y Enrique y de Juan Nuñez de Lara, que consiguieron apartar al joven rey de la influencia materna, situación que María salvó gracias al apoyo del estamento popular.

Pronto Enrique se separó de ellos, y se formaron dos facciones, cuyo fin era anular la influencia política de la reina. Una de ellas estuvo formada por el infante Juan y por Juan Nuñez de Lara; la otra por el infante Enrique y por Diego Lope de Haro, que acudierom a Jaime II de Aragón, con el que firmaron el pacto de Ariza (1303), por el que se daba Castilla a Fernando IV y León a Isabel, su hermana, que se casaría con Alfonso de la Cerda. La energía de María de Molina salvó este doble juego; la muerte del infante Enrique, por otra parte, alivió las tensiones, con lo que hasta 1312, fecha en que murió Fernando, Castilla pudo disfrutar de una relativa paz.

En 1313 murió la esposa de Fernando IV, Constanza de Portugal, y el rey Alfonso XI quedó bajo la tutela de la reina y de los infantes Pedro y Juan, quienes murieron en la campaña de la Vega de Granada (1319). En 1320, en Talavera de la Reina, los infantes Juan Manuel y Felipe, juntamente con María, fueron nombrados tutores del nuevo rey, lo que acentuó más el clima de guerra civil. En 1321 María enfermó gravemente y dictó nuevo testamento. Murió sin haber conseguido la pacificación de Castilla.

R.B.: SÁNCHEZ DE MORA, Antonio, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXIX, págs. 491-493.

Hijos de Sancho IV y María de Molina

    1. Isabel. La primer hija del matrimonio fue nació en el año 1283 y murió en 1328. Fue prometida en matrimonio a Jaime II de Aragón, quien la hizo regresar a Castilla. Posteriormente contrajo matrimonio con Juan III de Bretaña, duque de Bretaña y bisnieto de Enrique III de Inglaterra.
    2. Fernando IV. Llamado el Emplazado, nació en 1285 y murió en 1312. Heredó el trono tras la muerte de su padre, Sancho IV, y contrajo matrimonio con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Dionís I de Portugal. Fue enterrado en la iglesia de San Hipólito de Córdoba, junto con su hijo, Alfonso XI.
    3. Alfonso. Nació en 1286 y falleció en 1291, a los cinco años de edad. Sus restos descansan en el convento de San Pablo de Valladolid.
    4. Enrique. Nació en 1288 y falleció en 1299, a los once años de edad.
    5. Pedro. Nació en 1290 y falleció en 1319. Señor de los Cameros. Fue tutor de su sobrino, Alfonso XI, durante su minoría de edad. Falleció en la Vega de Granada, acaecido el día 25-VI-1319, y sus restos descansan en el monasterio de las Huelgas de Burgos.
    6. Felipe. Nació en 1292 y falleció en 1327. Señor de Cabrera y Ribera y Pertiguero mayor de Santiago. Fue tutor de su sobrino, Alfonso XI, desde 1319 hasta 1325, año en que el rey alcanzó la mayoría de edad. Contrajo matrimonio con Margarita de la Cerda, hija de Alfonso de la Cerda y bisnieta de Alfonso X el Sabio.
    7. Beatriz. Nació en Beatriz en 1293 y murió en 1359. Reina consorte de Portugal entre 1325 y 1357, por su matrimonio con Alfonso IV de Portugal. Se encuentra sepultada junto con su esposo en la Catedral de Lisboa.