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Los Conselleres de Barcelona

Los Conselleres de Barcelona

El pincel de Luis Dalmau retrató en el famoso retablo de la Virgen de los Conselleres a los cinco prohombres barceloneses que fueron elegidos el (30-IX-1442) para ostentar la suprema magistratura municipal. Revestidos con las ropas correspondientes a la dignidad del cargo, los miembros de la consellería de Juan Lull encarnan uno de los últimos momentos de esplendor del régimen municipal de Barcelona.

Virgen dels Consellers.
Virgen dels Consellers, 1443-1445, por Dalmau

La institución, privilegiada por Jaime I en 1249, llevaba cerca de dos siglos de vida espléndida, en cuyo transcurso se había demostrado como una de las palancas más eficientes de la política mediterránea de la Corona de Aragón. Rica y poderosa por su comercio y por su flota, Barcelona reflejaba en la arrogancia de sus consellers el máximo papel que le incumbía en los destinos del país.

Pero en el siglo XV el régimen municipal de Barcelona empieza a experimentar los síntomas amenazadores de su próxima decadencia. Respondiendo a las características generales de la evolución de los municipios medievales en el Occidente de Europa, tres son las causas que van a comprometer de modo irremediable su futuro:

de un lado, la política cada vez más absorbente de la monarquía autoritaria; de otro, su fracaso como órgano adecuado para dirigir el nuevo estilo económico que se anuncia en el capitalismo inicial; por último, la corrupción interna que se revela en su funcionamiento.

Las familias más poderosas se perpetúan en los cargos municipales, constituyendo un gobierno oligárquico, preocupado exclusivamente del fomento de los intereses particulares, en detrimento del buen gobierno de la ciudad.

Contra el régimen oligárquico de los prohombres de la aristocracia burguesa, se alzan las masas de los gremios, quienes pretenden también intervenir en el gobierno del municipio. Este proceso, registrado en Italia y en los Países Bajos, se expresa en Barcelona en la lucha entre los partidos de la biga y la busca, es decir, de los grandes y de los chicos, de los aristócratas y de los demócratas.

La consellería de Juan Lull fue una de esas últimas consellerías bigas, antes de la reforma democrática del Consejo de Ciento decretada por Alfonso V el Magnánimo en 1455.

Refiriéndonos concretamente a las atribuciones que tenían los conselleres en esta época, indicaremos que estos eran, como prescribía su cargo, los defensores de las libertades de Barcelona, conservadores de su paz, unidad y tranquilidad, y abastecedores de sus ciudadanos. En consecuencia, recaía en sus personas la defensa de Barcelona, el suministro de trigo, carne y leña. las obras públicas, el desarrollo industrial y mercantil, la economía administrativa interna, las operaciones de crédito, la moral pública, la beneficencia y la higiene.

Pero, además, habían absorbido muchas de las atribuciones correspondientes al Consejo de Ciento y a las comisiones y juntas que de él derivaban, y por su derecho de convocatoria y proposición eran los verdaderos dirigentes de la política municipal.

En definitiva, podemos decir con un conseller de época algo posterior, Juan Bernardo de Marimón, que toda la carga de la ciudad de Barcelona estaba, por un año, sobre sus espaldas.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 199-200.