Iñigo Arista

Biografía

Iñigo Arista de Pamplona.

Iñigo Arista de Pamplona - Compendio de crónicas de reyes (Biblioteca Nacional de España).

Primer rey de Pamplona 820-851. Primer rey de Pamplona según la historiografía tradicional. A partir de finales del s. XII, las tardías recreaciones cronísticas hispano cristianas de los oscuros orígenes de la Monarquía navarra, tan lejanos ya entonces, trataron de desarrollar sin adecuado fundamento documental las escuetas noticias conocidas a través de una versión ya viciada de las llamadas Genealogías de Roda, recogidas a finales del s. X en el Códice Rotense (conservado en su factura original por la Real Academia de la Historia, ms. 68).

La cuestión ha seguido interesando en los tiempos modernos, pero buena parte de las renovadas hipótesis basadas obligadamente en meras conjeturas que, aún contrastadas y depuradas por el alumbramiento de valiosas informaciones árabes aisladas y de contenido más bien político-militar, no han llegado a esclarecer la mayoría de los problemas y lagunas subsistentes. Por esto continua abierto el debate que desde hace medio siglo enfrentó a medievalistas de reconocido prestigio en polémicas relativas, sobre todo, a estériles divagaciones de carácter genealógico.

Se sabe, en todo caso, con certeza, que Íñigo Arista fue el primer caudillo con nombre conocido de las poblaciones cristianas ubicadas en la región coincidente más o menos con el área de influencia de Pamplona desde tiempos anteriores, es decir, el territorio comprendido entre el eje de la cordillera pirenaica y los rebordes y somontanos meridionales de sus sierras exteriores, algo más de la mitad septentrional de la actual Navarra, extensión equivalente entonces a la media de una demarcación condal en las Monarquías cristianas europeo-occidentales.

Los textos analíticos árabes lo distinguen con los títulos de príncipe amir, conde qumis o señor sahib de las tierras de Pamplona o, en ciertos casos, de los Bashkunish o Vascones, arcaísmo léxico con el que quizá se hacía referencia a la singular pervivencia del sedimento lingüístico primitivo entre la masa de población campesina.

En la epístola dirigida al obispo pamplonés Wilesindo (851) para agradecerle las deferencias con que lo había acogido tres años antes en su viaje por aquella zona, san Eulogio de Córdoba no solo ensalza la piadosa observancia regular y los fondos bibliográficos de los monasterios alto-pirenaicos, como el de Leire y otros cercanos, sino que subraya también la fortuna de aquellas poblaciones regidas por el príncipe cristiano princeps christicola de aquella tierra territorium Pampilonense.

No especifica el nombre de este príncipe, pero se debe identificar con el Enneco o Íñigo al que las Genealogías de Roda añaden el sobrenombre de Arista cognomento Arista. Algún texto árabe fidedigno lo denomina Wannaqo ben Wannaqo, equivalente a Íñigo Íñiguez, pero en este caso el patronímico puede referirse al linaje y no precisamente al progenitor.

También es dudoso el patronímico Jiménez que, tomado de algún documento monástico manipulado mucho después y poco o nada fiable, se ha relacionado hipotéticamente con el Jimeno el Fuerte que sometió el emir Abderramán I (781) cuando restableció su hegemonía en los parajes pamploneses a raíz de las defecciones producidas poco antes por el tránsito del ejército de Carlomagno en su frustrada expedición a Zaragoza (778).

Sin pruebas suficientes, se han atribuido a Íñigo diversos lugares de origen, como el condado francés de Bigorra, apuntado en el s. XIII por el cronista Rodrigo Jiménez de Rada, o bien las poblaciones navarras de Viguria (valle de Guesálaz) y Aristu (valle de Urraul Alto), propuestas por autores recientes. No hay, sin embargo, duda de que era oriundo de la tierra pamplonesa.

Aportando algunas fechas concretas, los autores árabes acreditan, por ejemplo, que su madre se llamaba Onneca y que esta misma en otras nupcias anteriores o posteriores había engendrado igualmente a Muza b. Muza, magnate muladí radicado hacia las riberas navarras del Ebro.

Descendencia

Desvelan también el nombre de un hermano suyo llamado Fortún, pero se sigue ignorando el nombre de su mujer o sus mujeres y constan, en cambio, los de sus hijos, García, Galíndo y Assona y se tiene noticia de otra hija anónima.

El único testimonio hispano cristiano sustancialmente fehaciente, las citadas Genealogías, solo precisa, sin ninguna fecha, el nombre del personaje y algunos datos político-familiares. Íñigo, apodado Arista fue padre de García Íñiguez, su sucesor al frente de los pamploneses, y a su hija Assona la casó con Muza, señor de Borja y Terreros (el mencionado Musa b. Musa, de la estirpe de los Banu Qasim, descendientes del conde hispano-godo Casio, convertido al Islam).

Otra de sus hijas de nombre desconocido fue entregada como esposa a García I el Malo, un hijo de Galindo Belascotenes que, tras repudiar a Matrona, hija de Aznar Galindo I, con ayuda de Íñigo y de los moros (Muza b. Muza, sin duda) había expulsado al mismo Aznar Galindo I de su condado de Aragón obligándole a acogerse al amparo del monarca franco que, como se sabe por otros conductos, le encomendó entonces el gobierno del condado pirenaico oriental de Urgel-Cerdaña.

El Protectorado

Cabe deducir que Íñigo representaba a la facción aristocrática de la región partidaria de la continuidad del régimen implantado en el precedente distrito o condado hispano-godo de Pamplona desde los primeros años de la dominación árabe en la cuenca de Ebro, hacia los años 714-717.

El magnate titular de tal distrito habría capitulado, conforme a los términos habituales, en los confines menos asequibles y rentables del imperio del Islam, que los convertía así en un especie de protectorado.

A cambio de un tributo anual y el compromiso de lealtad política ante terceros, quedaba intacto el sedimento anterior de tradiciones socio-jurídicas, religiosas y culturales y una instancia propia de gobierno local. Por otra parte, cabe suponer siquiera con reservas que, así como Muza b. Muza descendía del conde hispano-godo Casio, Íñigo provendría directa o indirectamente del linaje del conde que había capitulado en tierras de Pamplona sin perjuicio de su fe cristiana.

Aparte de la fugaz ocupación de Pamplona con motivo de la frustrada expedición de Carlomagno (778), la Monarquía franca solo durante una década (806-816) logró dominar la vertiente navarra del Pirineo y organizar un condado semejante a los formados poco antes en el sector catalán de la misma cordillera.

La inmediata reacción armada del emir cordobés restableció el sistema anterior de protectorado sobre Pamplona, de donde fue expulsado el efímero conde de obediencia franco-carolingia al que los textos árabes denominan Velasco al Yalashqi.

Este sería sustituido por un miembro de la nobleza local proclive al régimen anterior de entendimiento con los musulmanes, quizá ya Íñigo Arista que, según los mismos textos y como se ha apuntado, era hermano uterino del citado Muza b. Muza y casado además con su hija Assona.

Insurrecciones y claudicaciones

En realidad, Íñigo Arista solo entra expresamente en el horizonte histórico de los analistas árabes poco antes de mediar el s. IX por sus relaciones de estrecha cooperación en las taimadas e interesadas maniobras de insubordinación u obediencia que, ante el régimen musulmán de Córdoba, iba a capitalizar Muza b. Muza en su ambiciosa y brillante carrera política.

Se había producido, sin duda, un conato de insurrección cuando el emir Abderramán II se adentró personalmente a sangre y fuego por las tierras pamplonesas (842-843), alcanzando incluso la recóndita guarida de Peña de Qays (Sajrat Qays), situada cerca de la salida de la cuenca de Pamplona por el curso del río Araquil.

Se vieron obligados entonces a pedir la paz aman tanto Muza b. Muza como Íñigo Arista que conservó su señorío pamplonés a cambio de devolver a los cautivos que retenía y comprometerse a abonar la suma anual de 700 dinares, importe probablemente del tributo debido desde tiempos anteriores.

También figuraba entre los así sometidos un cabecilla altoaragonés, el hijo de García el Sirtaní, b. Garsiya al Sirtan, muy probablemente hijo y sucesor de García I el Malo, jerarca de las gentes que los mismos textos árabes denominan Sirtaniyum, localizables hacia el sector pirenaico que iba a configurar el condado de Aragón.

La paz acordada resultó efímera, pues al cabo solamente de un año (843-844) el monarca cordobés tuvo que volver a atacar y batir ahora en campo abierto a las tropas reunidas de nuevo por Muza e Íñigo.

El primero fue descabalgado pero pudo huir a pie, y el segundo logró escapar herido a uña de caballo junto con su hijo García Íñiguez, pero dejó tendidos sobre el campo de batalla a su hermano Fortún, el mejor caballero de Pamplona, y a más de un centenar de sus caballeros, mientras que Velasco Garcés, hijo sin duda del mencionado García I el Malo, se pasó al emir con sesenta de sus hombres.

Con esto se produjo quizás en la zona altoaragonesa un vacío de poder que pudo aprovechar el conde Galindo Aznar I para instalarse en los antiguos dominios de su padre Aznar Galindo I. Por lo demás, el año siguiente también se iba a pasar a los musulmanes el citado Galindo Íñiguez, hijo del propio Íñigo.

La rápida sucesión de revueltas y claudicaciones en las que luego estuvo implicado Íñigo Arista, incluidas hasta el año 850 al menos otras tres incursiones de las huestes cordobesas por los dominios pamploneses, benefició en definitiva a su hermano de madre Muza b. Muza, protagonista de una política oportunamente cambiante que le había valido ya ser confirmado como valí de Arnedo (La Rioja) en un breve intervalo de reconciliación con el gobierno cordobés y tras haberse desplazado a tierras sevillanas para colaborar en la expulsión de los piratas normandos (844).

Justo cuando obtuvo luego el valiato de Tudela (850), su hermano uterino Íñigo, que debía haber quedado imposibilitado a causa de una apoplejía, falleció poco después (851-852).

Los aludidos textos árabes, al consignar, como las Genealogías de Roda, que le sucedió su hijo García Íñiguez, añaden que en él recayó el emirato de Pamplona, la formación política que para esta época podría considerarse a lo sumo como una especie de reino en estado latente.R.B.: MARTÍN DUQUE, Ángel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXVII págs. 279-281.

García I Íñiguez

Biografía

García I Íñiguez de Pamplona.

García I Íñiguez de Pamplona - Compendio de crónicas de reyes (Biblioteca Nacional de España).

Rey de Pamplona 851-870. Hijo del rey de Pamplona. Hermano de Ossona (esposa de Musa b. Musa b. Fortún). Casó con: Urraca y más tarde con Leodegundia de León (hija de Ordoño I y hermana de Alfonso III de Asturias), y fueron sus hijos Fortún Garcés de Pamplona, Oneca (esposa de Aznar Galindo II de Aragón) y Jimena (esposa de Alfonso III de Asturias).

Estuvo al mando del ejército pamplonés desde 840 hasta 850, en sustitución de Íñigo Arista. Todavía en vida de su padre, tras haber ayudado a su cuñado Musa b. Musa establecido en Arnedo (La Rioja), fue atacado (842) por las tropas del emir de Córdoba Abderramán II (822-852) mandadas por el valí de la Marca de Zaragoza Harith b. Bazi en la Batalla de Balma, disputada entre Calahorra (La Rioja) y San Adrián (Navarra) y que terminó con la victoria de García y de Musa b. Musa.

La ruptura del pacto por Musa y por los navarros provocó una campaña organizada por Abderramán II, quien el 24-V-824 salió de Córdoba y penetró en las tierras de Pamplona (Navarra) y se enfrentó a la coalición formada por García I, Musa b. Musa y por el magnate Fortún Íñiguez, a quienes acompañaban contingentes de Pamplona y gentes de Álava. La alianza fue derrotada por la columna dirigida por el propio emir; Fortún Íñiguez fue asesinado e Íñigo Arista y su hijo Galindo Íñiguez huyeron heridos.

Al año siguiente Abderramán II preparó otra campaña que encomendó a su hijo Muhammad I, quien tras someter en Tudela a Musa b. Musa se dirigió a Pamplona, donde después de luchar contra los cristianos logró que Lubb b. Musa, hermano de Musa, y Galindo Íñiguez se pasasen al bando musulmán.

Los primeros años de su reinado estuvieron determinados por la actitud adoptada por uno de los señores de la Marca Superior, Musa b. Musa b. Qasi, hermano del último gobernador de Pamplona dependiente de Córdoba, Mutarrif b. Musa b. Qasi.

Tras haberse erigido en gobernador del valle del Ebro uno de los miembros de la familia de los Banu Qasim, Musa b. Musa, y haber trabado amistad este con el emir de Córdoba Muhammad I (852-866), García I Íñiguez puso fin a la tradicional alianza entablada con los Banu Qasim a cambio de su amistad con el rey de Asturias Ordoño I (850-866), con el de Neustria Carlos II el Calvo (843-877) conseguida a través de una delegación que obtuvo el consentimiento real en la asamblea de Verberie (850) y con el conde de Aragón Galindo Aznar I (844-867), lo que dio origen a la formación de una coalición contra el poder musulmán que caracterizó los primeros pasos de la Reconquista desarrollada a partir de los núcleos pirenaicos.

La lucha se reanudó con la victoria de Musa b. Musa sobre las tropas del rey de Asturias en la batalla de Albelda (La Rioja). Secundó, en colaboración con Ordoño I, la revuelta mozárabe de Toledo, que concluyó con su derrota en el rió Guadalacete a manos de las tropas de Musa b. Musa y del emir Muhammad I. Con el fin de castigar esta colaboración el emir envió al año siguiente un ejército al mando de Musa que saqueó las tierras de Álava.

Fundó, junto con el obispo Guilesindo y el abad de Leire, el monasterio en iglesia de Santa María de Fuenfría (h. 850) y, en colaboración con el abad Atilio y Gonzalo, el monasterio de San Martín de Ciellas. A las sucesivas pérdidas ante los musulmanes hubo que añadir las incursiones normandas (858-861) que, según las crónicas musulmanas, abarcaron todo el valle del Ebro hasta Pamplona, y que según otras fuentes, tuvieron lugar siguiendo el curso del río Bidasoa (desde Guipúzcoa hasta Pamplona).

El rey García I fue hecho prisionero por uno de los cuerpos del ejército normando que había conseguido llegar a Pamplona y se vio obligado a satisfacer una importante suma consistente en 70.000 piezas de oro para recuperar su libertad, que alcanzó en 860.

Este hecho motivó el ascenso político de la dinastía de los García Jiménez y un cambio en las alianzas. Durante su cautividad Musa b. Musa saqueó los dominios pamploneses, acción que comportó la expedición de Ordoño I en auxilio de García I Íñiguez y que concluyó con las victorias cristianas en las batallas de Albelda y de Clavijo (859) sobre Musa b. Musa y con la conquista de Falces, Milagro, Caparroso.

Ya en libertad García entró en alianza con Ordoño I y planeó una incursión por tierras del Islam; enterado de estas intenciones, el emir Muhammad I organizó una aceifa que durante 32 días asoló y conquistó los castillos de Caparroso, Falces y Carcastillo, donde capturó al primogénito de García, Fortún Garcés el Tuerto, y a la princesa Oneca o Íñiga, hija de Fortún Garcés y esposa del emir Abdállah (888-891), quienes fueron trasladados a Córdoba donde permanecieron aproximadamente veinte años.

En la década de 860 recobró el apoyo de los Banu Qasim que pretendían poner freno al poder musulmán en el valle del Ebro. En 870 se alió con Amrus b. Umar, quien se había rebelado contra el amil de Huesca Musa b. Galindo, hijo de Galindo Íñiguez, se había apoderado de la ciudad y, tras haber tenido constancia de la expedición del emir, había asesinado al amil (4-VIII-871) y se había refugiado en Andira; a esta coalición se unieron las tropas de los sirtaniyyin.

En XII-871 y una vez concluido el problema de Amrus, secundó con Alfonso III la sublevación del primogénito de Musa b. Musa, Lubb b. Musa, y juntos se apoderaron de Tudela (19-I-872), con la que Lubb quedó al frente de toda la Marca Superior hasta su muerte (23-III-874).

Este hecho reanudó los enfrentamientos con el emir de Córdoba, quien envió varias expediciones de castigo en 873, 874 y 878 ó 879: en 873, tras ocupar Huesca y fracasar en Zaragoza (873), se dirigió contra Pamplona y el infante al Mundir saqueó las cosechas de Pamplona (874) y se encaminó hacia Álava y Castilla (877), Tudela y Pamplona (878) y contra Tudela, Borja, Zaragoza y Tarazona (879).

Alianzas matrimoniales

García I Íñiguez logró formar un eje cristiano Oviedo-Álava-Pamplona-Jaca a través de una política de matrimonios: la infanta Jimena casó con Alfonso III y su hija Oneca con el conde de Aragón Aznar Galindo II. Se desconoce la fecha de su muerte, pero se sabe que todavía vivía en 880, ya que aparece en un documento del 21-XI haciendo donación, junto con su hijo, de las villas de Lerda y Añués a Leire (Navarra).

Algunos autores añaden que en 882 varios miembros de la familia de los Banu Qasim, Abd Allah b. Mutarrif e Ismail b. Mutarrif, alcanzaron Aibar (Navarra), en cuya lucha murió García I en un lugar denominado según unos Larumbe, según otros Lumbier o Larraún y según Ibn Hazm con el monte Laturce.

Hacia el año 880 su hijo Fortún Garcés, que había permanecido prisionero en Córdoba veinte años, regresó a Pamplona todavía en vida de su padre. Si este dato es cierto, la teoría aducida por algunos historiadores de que al estar todavía preso, asumió el interregno García Jiménez, probablemente hijo de Jimeno el Fuerte y padre de Jimena sería errónea.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, págs. 4421-4422.

Fortún Garcés el Monje

Biografía

Rey de Pamplona 870-905. Primogénito de García I Íñiguez y de Urraca, y hermano de Oneca (esposa de Alfonso IIIde Asturias). Gobernó la fortaleza de al Kasthil que había sido conquistada a los Banu Qasim en 859, donde fue capturado por el emir Muhammad I; sufrió cautiverio en Córdoba durante veinte años. Fue liberado hacia 880, probablemente como consecuencia de la paz firmada por el emir tras las sucesivas derrotas sufridas frente a las tropas del monarca asturiano Alfonso III el Magno (866-910).

Sánchez Albornoz opina que no pudo suceder a su padre, pues la vida de este no pudo ser tan larga como para poder asistir al regreso de su hijo; este historiador piensa que en el ínterim (870-882) pudo encargarse del gobierno del reino —bien como regente, bien como usurpador— García Jiménez. Alfonso y Fortún Garcés intentaron poner fin a la recuperación musulmana, originada a raíz de la alianza entre el Banu Qasi Muhammad b. Lubb y el emir de Córdoba (882), pero fracasaron al ser vencidos por el hijo de aquél en las cercanías de Zaragoza (Tarazona) en 889.

No obstante, Alfonso III receló de los vínculos de parentesco y de las relaciones políticas existentes entre los Banu Qasim y la realeza pamplonesa, lo que le impulsó a una alianza con el conde de Pallars y Ribagorza, Ramón II, destinada a derrocar a Fortún que había empezado a reinar a edad muy avanzada.

Sancho I Garcés, fundador de la dinastía Jimena, que había contraído matrimonio con Toda Aznar, nieta de Fortún, tomó Pamplona y desposeyó del trono a Fortún, quien fue confinado al monasterio de San Salvador de Leire, según algunas fuentes; según otras, fue el propio Fortún quien, habiendo dado su beneplácito a la proclamación como rey de Sancho I Garcés, se retiró al monasterio de San Salvador de Leire.

Durante el gobierno de este se realizaron ambiguas demarcaciones del reino de Navarra. De su unión con Oria nacieron cinco hijos: Íñigo, Aznar, Blasco o Velasco, Lope y Oneca, quien casó con el emir cordobés Abdállah (988-912). Las fuentes musulmanas le dan el sobrenombre de al-AnqarEl Tuerto, y las cristianas el de El Monje.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4180.

Sancho I Garcés

Biografía

Rey de Pamplona 905-925. Hijo de García Jiménez y de doña Dadildis de Pallars. Instaura en Pamplona la dinastía Jimena, violentamente, y de extiende el Reino de Pamplona por tierras de la Rioja, alcanzando gran vigor y personalidad su Estado, que atrajo la atención de los musulmanes, reflejada en las fuertes expediciones de castigo enviadas por los califas cordobeses.

Arrojó a Fortún Garcés del reino de Pamplona. Luchó contra Lope b. Muhammad de Tudela y le derrotó en una batalla campal (907). Se enfrentó también con el reyezuelo de Huesca, Atauil, el año 914. Juntamente con Ordoño II de León conquistó algunas posiciones de Rioja (Calahorra, Nájera, Viguera), que pocos años más tarde se integraban definitivamente en el reino pamplonés. También en unión del rey leonés, libró la batalla de Valdejunquera contra Abderramán III (920), y erigió el monasterio de San Martín de Albelda (924).

Casado con Toda Aznar, tuvo estos hijos: García, que le sucedió en el trono; Oneca, que casó con Alfonso IV de León; Sancha, que casó con Ordoño II de León, y después con Álvaro Herramélliz de Álava y con el conde Fernán González; doña Urraca, que contrajo matrimonio con Ramiro II de León; doña Belasquita, casada con Monio Vélaz, conde de Álava, con Bernardo, conde de Ribagorza, y con Fortún Galíndez; y doña Orbita. De una esclava tuvo a doña Lopa.

Ejerció el gobierno del condado de Aragón como tutor de doña Andregoto Galíndez, esposa de su hijo y sucesor García Sánchez I.R.B.: URBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 577.

García II Sánchez I

Biografía

Rey de Pamplona 925-970. Rey de Nájera 923-970. Conde de Aragón 925-926. García II Sánchez I, nacido en 919 y muerto el 22-II-970. Hijo y heredero de Sancho I Garcés de Pamplona y de Toda Aznárez, y hermano de Oneca (esposa de Alfonso IV el Monje de León), de Urraca (esposa de Ramiro II de León) y de Belasquita (esposa de Fortún Galíndez, señor de Nájera). Durante su minoridad, su madre fue quien realmente gobernó en Navarra.

Casó con Andregoto Galíndez, hija y heredera de Galindo Aznar II de Aragón, de cuya unión nacieron Sancho II Garcés Abarca de Pamplona y Sancha, esposa de Fernán González. En segundas nupcias contrajo matrimonio con Teresa (hija de Ramiro II) de quien nacieron Ramiro I Garcés, Urraca Garcés (esposa de Fernán González y del conde de Gascuña, Guillermo) y Jimeno Garcés.

La promesa de matrimonio (919) del infante con Andregoto Galíndez sirvió para solucionar el problema jurídico planteado como consecuencia de la ocupación (907-911) por parte de su padre de la zona de Bailo, de San Juan de la Peña y del valle de Onsella (Huesca); sin embargo, el matrimonio no se consumó hasta después de 936 y, probablemente, entre los años 940 y 943 fue anulado por razones de consanguinidad de los contrayentes.

La escasa edad del primogénito de Sancho I Garcés, hizo que a la muerte de este ocupase de el trono su hermano Jimeno Garcés, con la idea de que se llevase a cabo por medio de la corregencia como ayo o tutor de García II Sánchez I. La falta de noticias en los anales musulmanes durante los años 925-931 ha llevado a pensar a Levi Provençal que en este periodo se sucedieron diversas victorias cristianas, que fueron omitidas por los cronistas.

Entre 927 y 928 atendió la llamada de los habitantes de Balaguer (Lérida), sublevados contra el poder de Muhammad b. Lubb. Tras la muerte del tutor (29-V-931), el hermano del padre de Sancho I Garcés, Íñigo Garcés, posiblemente pretendió ocupar la regencia o el reino eludiendo los derechos de su sobrino, García Sánchez, en función de sus prerrogativas como hijo mayor del primer matrimonio de García Jiménez con Oneca de Sangüesa.

Fue en esta ocasión cuando por primera vez se reconoció el derecho real a un menor de edad (doce años), aunque su ejercicio se reservó a un varón de sangre real, encargado de la dirección del ejército. Su madre Toda, viuda de Sancho I Garcés, reclamó la ayuda de su sobrino Abderramán III, quien desde Osma de Soria se desplazó a Pamplona y, según Ibn Hayyan, colocó en el trono a García II Sánchez I.

A partir de este momento el gobierno de los vascones lo ejerció su madre como tutora de su hijo, hecho que queda constatado en los documentos de confirmación conjunta de las donaciones realizadas al monasterio de San Pedro de Siresa (Huesca), en un documento de Albelda (26-VI-933), en los que aparecen como gobernadores de Pamplona y sin titulación real, y en los de la sentencia de los jueces Galindo Aznárez y Jimeno Galíndez sobre la posesión de una pardina en Javierre (948).

Tradicionalmente se ha afirmado que la regencia de Toda abarcó desde 931 hasta 934, ya que en el verano de ese último año García II Sánchez era ya rey de Pamplona y heredero de Aragón. Su acceso al trono generó una lucha por el poder entre este e Íñigo Garcés. En los primeros años de su mayoría de edad prosiguió postergado a las exigencias de su madre, que continuó dirigiendo las cuestiones políticas.

La reina Toda entró en coalición con uno de los miembros de la familia de los Tuyibíes Mutarrif b. al Mundir, y con el rey Ramiro II contra el califa de Córdoba, con quienes conquistó Calatayud (29-VII-937); sin embargo Abderramán III respondió con el ataque a las localidades próximas a Pamplona con el propósito de castigar a la rebelde Toda, que había omitido el pacto de amistad.

En diciembre de 937 el general Nayda b. Husayn dejó Zaragoza, se encaminó hacia Tudela (Navarra) y atacó la fortaleza de San Esteban. Tras estas correrías, según al Maqqari, García II Sánchez y la reina Toda obtuvieron la paz.

Soportó junto con el rey de León Ramiro II, el ataque del califa, que había organizado la denominada campaña de la omnipotencia contra el reino de León. Asistió a los condes de Castilla Fernán González y Assur Fernández y al rey de León Ramiro II en la batalla de Simancas (8-VIII-939), lo que abrió la posibilidad de repoblar las tierras situadas al sur del valle del Duero.

La separación de García II Sánchez I y de Andregoto obligó a que el futuro Sancho II Garcés Abarca quedase al cuidado de un aitán, el conde navarro Fortún Jiménez. Posiblemente tras esta anulación, la reina Toda inició gestiones para casar nuevamente a su hijo con una hija del conde Barcelona Suñer I, aunque la boda fracasó gracias a las gestiones de Abderramán III.

De nuevo se llevaron a cabo gestiones matrimoniales para casar a García Sánchez con algún familiar de Ramiro II y posteriormente con alguno del califa cordobés, pero ambas fracasaron. Finalmente casó entre 940 y 942 con Teresa, hija de Ramiro II, que falleció entre 957 y 959.

El 25-XI-941 fue obligado por el gobernador de Zaragoza, Muhammad b. Hashim al Tuyibí, a devolver las fortalezas de Labata y Labib y los baluartes de Sen y Men, mermados a Huesca. A partir de esta fecha parece que las relaciones entre Pamplona y Córdoba se mantuvieron pacificas hasta el año 948, en que, según las crónicas musulmanas, García II Sánchez I fue derrotado por Abderramán III.

En 951 el reino de Pamplona fue puesto bajo el sometimiento del califato de Córdoba. Los dominios pamploneses fueron asolados por la expedición mandada por el caid Galib (957-958). En 958, García II acompañó a Toda y a su primo, el que había sido rey de León Sancho I de León el Craso, hasta Córdoba con el fin de solicitar del califa el auxilio necesario para restaurar a este en el trono leonés, quien volvió a reinar (960-965) en substitución de Ordoño IV el Malo (958-960).

Por estos años, probablemente volvió a casarse con otra mujer, Oneca, con la que realizó una donación de tierras al monasterio de San Juan de la Peña. Una vez muerto Abderramán III mandó una delegación a Córdoba con el fin de reconocer al nuevo califa al Hakam II y prorrogar el periodo de paz.

Según los Anales Compostelanos, apresó (960) en Aconia al conde de Castilla Fernán González y a su hijo y los condujo a Pamplona; la Crónica Najerense amplia los datos y alude a que fue hecho prisionero en Cirueña (La Rioja), pero las referencias cronológicas que da son erróneas, por lo que se cree que este hecho pudiese ser legendario; no obstante, a pesar de este carácter, la noticia del apresamiento se ha dado por verdadera: el conde castellano fue reclamado por el nuevo califa cordobés al Hakam II, solicitud que fue rechazada por García II Sánchez, que además liberó al conde castellano.

En 962 rompió la tregua, pactó una alianza con el rey de León Sancho I, el conde de Castilla y los condes de Barcelona Miro y Borrell II contra el poder musulmán, pero al año siguiente perdió ante las tropas del califa San Esteban de Lerín (Navarra) y ante las del gobernador de Zaragoza Yahya b. Muhammad y tuvo que entregar las fortalezas de Calahorra (La Rioja) y Atienza (Guadalajara).

En este mismo año hizo frente a la acción bélica del gobernador de Huesca contra el castillo de Yebra (Huesca). La ocupación de Calahorra implicó la pérdida consiguiente de la cuenca del río Alhama, Quel, Autol y Arnedo y la imposibilidad de establecer comunicaciones con las tierras al sur del valle del Ebro y el núcleo pamplonés, de modo que la frontera sur con los musulmanes quedó fijada en Leza (Álava) y Clavijo (La Rioja).

A su muerte (22-II-970) el reino, que, según el Cartulario de Silesa, incluía desde Pamplona hasta el valle de Boltaña (Huesca), quedó dividido entre sus dos hijos varones: Sancho II Garcés Abarca heredó las tierras patrimoniales al Norte del valle del Ebro, y Ramiro Garcés el reino de Viguera, que se encontraba sometido a su hermano mayor, el rey de Pamplona.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4422.

García III Sánchez II

Biografía

García Sánchez II de Pamplona.

Retrato imaginario del rey García Sánchez II de Pamplona.

Rey de Pamplona 994-1000. Conde de Aragón 995-1000 [García II]. Su sobrenombre el Temblón deriva de la enfermedad nerviosa que padecía. Hijo de Sancho II Garcés Abarca y de Urraca Fernández (hija del conde Castilla Fernán González), se casó en 961 con Jimena Fernández de Vela, de cuya unión nacieron Sancho III el Mayor (rey de Navarra y Aragón) y Urraca, (esposa de Alfonso V de León).

Las referencias documentales al reino de Aragón son escasas; solo se conoce que en el primer año de su reinado concedió al monasterio de San Juan de la Peña (Huesca) en virtud de un voto, los lugares de Eso, Cantamesas, Caprunas y Chenipetra en la Canal de Berdún, y de la villa de Siresa y la iglesia de Santa María con sus términos al monasterio de Siresa (Huesca).

Cedió el gobierno de Aragón a su hermano Ramiro Sánchez, quien estuvo bajo la tutela de su madre Urraca, personalidad de relieve político en el reino de Pamplona. Urraca ha sido considerada autora del cambio habido en la política navarra con relación a Córdoba, que condujo a nuevos enfrentamientos entre Almanzor y García III Sánchez (ambos eran cuñados por el matrimonio del primero con la hermana del segundo Abda Sánchez.

Tuvo que hacer frente a la expedición que, mandada por Almanzor, se dirigía desde San Esteban de Gormaz hacia Pamplona. En 996 donó la villa de Terrero al monasterio de San Millán de la Cogolla y al año siguiente las aguas del valle de Alesón para que pudiesen ser regadas las tierras de Nájera. En ese mismo año, habiendo tenido conocimiento de que Almanzor iba a realizar una campaña en sus tierras, envió emisarios a Córdoba para solicitar la paz a cambio de numerosos castillos y de un importante tributo.

Al año siguiente juró el pacto e hizo efectiva la liberación de los cautivos musulmanes ante el juez Muhammad b. al Bakri; pero esta tregua fue efímera, ya que organizó una expedición contra las tierras de Calatayud, en la que mató al hermano del gobernador al Hakam b. Abd al Aziz; esta acción fue respondida por Almanzor con la decapitación de cincuenta cristianos que habían sido apresados poco antes en Uncastillo (Zaragoza). En 998 sufrió el asedio de Almanzor, que consiguió penetrar en Pamplona, por lo que García III Sánchez se vio obligado a pedir la paz al caudillo musulmán.

Posiblemente la ruptura de la tregua por el rey pamplonés conllevó que un año más tarde Almanzor volviese a emprender una segunda incursión que condujo a la conquista, saqueo y destrucción de Pamplona y, probablemente de Estella (Navarra). No pudo impedir la serie de aceifas de castigo lanzadas por Almanzor contra los condados de Sobrarbe y Ribagorza.

Formó coalición con el conde Castilla Sancho I García el de los Buenos Fueros, con el conde de Saldaña García Gómez, con el rey de León Alfonso V el Noble y con García Gómez de Carrión para intervenir en la batalla de Peña Cervera o Arrancada de Cervera (30-VII-1000), próxima a Catalañazor.

Han sido formuladas varias hipótesis con relación a este suceso, la mayoría de ellas suscitadas por la leyenda de la batalla de Catalañazor (1002), en la que se señala que intervinieron: García III Sánchez, Vermudo II el Gotoso de León y el conde Castilla García I Fernández; sin embargo, Dozy ha demostrado que esta afirmación es errónea puesto que Vermudo II había muerto en 999, el conde castellano en 995 y el rey pamplonés en 1000.

La fecha más acertada en que sitúa la batalla es el año 1000, poco después de la muerte del rey Vermudo II. Tras el fallecimiento de García III Sánchez bien Jimena Fernández y los obispos de Nájera y Aragón se hicieron cargo de la regencia durante la minoridad de Sancho III el Mayor —según aparece en un documento del 1-III-1005—, bien detentó hasta 1004 la potestad regia un hijo de Ramiro Garcés, Sancho Ramírez —según consta en un documento de Leire (Navarra).—R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, págs. 4422-4423.

García IV Sánchez III

Biografía

García III Sánchez representado en la Genealogía de los Reyes de Portugal (hacia 1530).

García III Sánchez representado en la Genealogía de los Reyes de Portugal (hacia 1530).

Rey de Pamplona 1035-1054. Sexto de la dinastía conocido por la historiografía como de los Jimenos o, más propiamente, de los Sanchos. Se le aplica como sobrenombre el de Nájera, al parecer por hallarse en esta ciudad su corte o mansión preferida entre las varias con que contaban los Monarcas habitualmente itinerantes en aquella época.

Como primogénito de Sancho III el Mayor, fallecido el 18-X-1035, tomó el título de rey pamplonés rex Pampilonensis que había lucido su padre hasta el final de sus días. Y le correspondió por vía de herencia indivisible la totalidad del patrimonio regio de su padre, es decir, el ámbito complejo de poder público terra o dominium regis sobreañadido un siglo atrás al núcleo originario de la Navarra primordial o región propiamente pamplonesa o arva Pampilonensis como consta en la adicción de la Crónica Albeldense recogida en el Códice Rotense depositado actualmente en la real Academia de la Historia (códice 78).

A estos valles y cuencas del Pirineo occidental hispano y sus contrafuertes exteriores se añadían la tierra najerense o actual Rioja, excepto Calahorra y el valle del Cidacos, así como el antiguo condado de Aragón, que comprendía la cabecera intra-pirenaica de los ríos Aragón y Gállego.

En este conglomerado de tierras y gentes —apenas 16.000 kilómetros cuadrados, diez veces menor que la extensión de la gran Monarquía leonesa—, subsistían dos círculos tradicionales de vasallos directos del Monarca fideles regis, la alta aristocracia de barones o señores Pamplonenses y Aragoneses seniores Pampilonensis et Aragonenses, aprestados permanentemente para la guerra contra los considerados entonces enemigos por excelencia del hombre cristiano, los musulmanes usurpadores todavía de una considerable porción del territorio hispano, circunstancia que conviene tener en cuenta para explicarse los destinos de los respectivos ámbitos de poder público.

El testamento paterno

A Ramiro I de Aragón, el primogénito fruto de una relación extramatrimonial, equiparado a los hijos canónicamente legítimos, le asignó Sancho III el Mayor el conjunto homogéneo de distritos u honores comprendidos entre la cabecera del río Alcanadre y el curso del Aragón cerca de Sangüesa, es decir, los límites del antiguo condado aragonés algo ampliados en su costado occidental hasta Valdonsella, exceptuadas significativamente las dobles tenencias de Ruesta-Petilla y Samitier-Loarre, enclaves reservados para García y Gonzalo respectivamente.

Le añadió además el rendimiento de una polvareda de villas, diecisiete en la región pamplonesa, cuatro en la najerense y otra en Castilla. Se trataba de una encomendación sin duda considerable y con carácter perpetuo per secula cuncta o al menos vitalicio, aunque dejaba a salvo los derechos eminentes al heredero del reino, García.

La dotación de Gonzalo, el tercero de los hermanos legítimos, a quien, como se acaba de indicar, había reservado su padre la doble tenencia aragonesa de Samitier-Loarre, comprendía principalmente Sobrarbe y Ribagorza, es decir, una zona done cabe entender que se yuxtaponían en cierto modo la herencia paterna del anejo sobrarbense de Aragón y la materna de Ribagorza, aunque a Sancho III el Mayor correspondían derechos de conquista sobre la zona nuclear de este condado que se había encargado de recuperar de manos musulmanas.

Gonzalo pasó posiblemente a desempeñar también allí, a manera de regulo regulus, como consta en algún documento, prerrogativas de gobierno emanadas directamente de la autoridad regia de García.

De cualquier modo, su figura se desvaneció rápidamente del escenario histórico en circunstancias un tanto oscuras y su hermanastro Ramiro I de Aragón pasó a ocupar aquella excéntrica parcela de poder. Del legado materno, García se hizo cargo de la porción originaria del condado castellano, la la Castilla Vieja Castela Vetula y con ella la antigua demarcación condal de Álava y sus apéndices vizcaíno y durangués.

El nuevo monarca pamplonés adquiría de ese modo los rendimientos pero asimismo las funciones propias de un conde, rango que formalmente lo convertía en vasallo del rey de León, como su hermano Fernando, a quien, tras haber cooperado con sus progenitores en el gobierno de todo el condado, habría correspondido ahora la Castilla Nueva, burgalesa y duriense.

Sin embargo, el enfrentamiento armado con su cuñado Vermudo III, muerto en la batalla de los Campos de Tamaron (7-IX-1037), convirtió al propio Fernando en nuevo soberano de León por virtud de su matrimonio con la reina Sancha.

Conviene valorar en cuanto cabe las disposiciones temperamentales de los protagonistas de estos acontecimientos y a este respecto es posible que el monarca difunto hubiese previsto que su hijo natural Ramiro I de Aragón, el de mayor edad y presumiblemente el más juicioso, fuera en cierto modo mentor de sus hermanastros y a ello obedecería la generosa dotación que Sancho III el Mayor hizo a su favor, aunque obligándole a jurar fidelidad al primogénito legítimo en términos análogos probablemente a los que pronunciarían los barones.

Bodas reales

No parece casual que García tomara por esposa a Estefanía (1038), hermana de Gilberga Ermesinda, con la que precisamente dos años antes había contraído matrimonio Ramiro I de Aragón, nueva relación de parentesco que, siquiera por afinidad, pudo pretender reforzar los lazos de sangre por nacimiento. Ambas esposas eran hijas de Bernardo Roger de Foix y de Garsinda, heredera del condado de Bigorra, así como sobrinas de Ermesinda, viuda del conde barcelonés Ramón Borrell.

Ambas impusieron a su primogénito legítimo el nombre que correspondía, es decir, el de su padre Sancho, el mismo curiosamente que habían asignado, acaso previsoramente, a sus respectivos hijos prenupciales. Por otra parte, García dio a dos de sus hijos menores los nombres de sus hermanos, Ramiro y Fernando, respectivamente, y al tercero el de Raimundo, de claras connotaciones barcelonesas, igual que el de una de las hijas, Ermesinda.

La insólita orientación transpirenaica de ambos matrimonios alteraba, siquiera por vía barcelonesa, la tradición conyugal ponentina, castellano leonesa, de la descendencia de Sancho I Garcés, una trama hasta entonces fuertemente endogámica.

Quizá por causa de los dominios de Gonzalo en Sobrarbe y Ribagorza o, de todas formas, por la dificultad de una armonización precisa de los respectivos grados de competencia, pudo producirse algún roce armado de García con Ramiro I de Aragón, como en la llamada arrancada de Tafalla, documentada en agosto de 1043 a propósito del caballo perdido en ella por el régulo aragonés, aunque la tónica general fue de amistad y cooperación entra ambos hermanastros y ahora también concuñados.

Ramiro I de Aragón frecuentó la curia pamplonesa y desde 1044 prestó los servicios propios consilium et auxilium de un magnate pamplonés, en este caso con sangre regia y potestad vicarial sobre el cúmulo inusitado de distritos u honores ya aludido.

Actividad reconquistadora

La relación de parentesco con el conde barcelonés quizás había estimulado la actividad intimidatoria y agresiva de García contra la taifa de Zaragoza, en la que el régulo tuyibí había sido desplazado por su lugarteniente Sulayman b. Hud al Mustain(1038-1046), del clan yemení de los Banu Hud.

Enfrentado este último con el régulo Yahya b. Ismail al Mamun Toledo, que recabó la ayuda pamplonesa, García devastó la frontera zaragozana, y como resultado, fue liberada de manera definitiva la preclara urbe de Calahorra, arrebatada de manos de los paganos y [restituida] a la jurisdicción de los cristianos, como se proclama en un documento coetáneo, una empresa en que se ha considerado probable la cooperación de Ramiro I de Aragón y con la que la Monarquía pamplonesa completaba las ganancias logradas poco antes en el mismo valle de Cidacos, como las plazas de Arnedo, Quel y Autol.

El Monarca dotó inmediatamente con toda solemnidad la antigua sede episcopal de Santa María y los santos mártires Emeterio y Celedonio (30-IV-1045), que sustituía ahora a la erigida transitoriamente en Nájera tras su conquista por Sancho I Garcés Sin embargo, las acciones bélicas se limitarían en adelante a apoyar a una u otra de las facciones enemigas buscando de manera preferente los rendimientos económicos mediante la percepción regular de parias, como parece demostrar, por ejemplo, la donación de sus diezmos —parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la Iglesia— a Santa María de Nájera.

Consta por ejemplo, que, aprovechando las discordias suscitadas por la muerte del citado Sulayman b. Hud al Mustain, el rey García se había hecho pagar su nueva ingerencia en los asuntos zaragozanos (1051), en este caso a favor de Yusuf al Muzaffar, gobernador de Lérida, opuesto a su hermano Ahmad al Muqtadir, como, por cierto, habían hecho también su hermanastro Ramiro I de Aragón y el conde Ramón Berenguer I de Barcelona.

De este modo, durante casi cuarenta años iba a permanecer estacionario el frente pamplonés con el Islam y prácticamente desvaído el ideal de reconquista en una orientación política más bien oportunista y, por otra parte, peligrosa para la estabilidad de un cuerpo social aparejado tradicionalmente con vistas a las ganancias en la pugna con el enemigo ancestral de su fe religiosa, los sarracenos tachados de paganos sin ninguna especie de matizaciones

Los dominios en Castilla

Volviendo a la cuestión escasamente documentada, de las porciones del condado de Castilla encomendadas desde el primer momento al nuevo monarca pamplonés, se ha supuesto que en un primer momento debió de hacerse cargo de tierras de Oca y Álava y que solamente después de la citada batalla de Tamarón se habrían extendido estos dominios a toda la llamada entonces Castilla Vieja Castella Vetula hasta el límite occidental de Cudeyo, Tedeja y el monasterio de Rodilla, en reparto amigable del antiguo condado y como premio de la ayuda prestada a su hermano Fernando, explicación que quizá no casa muy bien con el pensamiento político de la época.

Mientras no haya mayores aportaciones documentales, quizá sería más lógico presumir, según se ha hecho notar ya, que al rey García, como primogénito, correspondiera desde un principio la porción nuclear del condado materno, pues la expresión Castilla Vieja debe entenderse en sentido extensivo, con inclusión, por ejemplo, del condado alavés y sus anejos costeros, según se ha señalado.

En las cambiantes referencias territoriales que complementan las cláusulas de datación, los diplomas salidos de la curia regia no dejan de consignar nunca Pamplona, pero varían en las demás especificaciones de índole regional, Nájera, Castilla, Álava y, finalmente, Vizcaya, o incluso algunas ocasionalmente locales.

En todo caso, si García y Fernando habían pasado a compartir las funciones condales en aquella amplia dependencia regia de León y, a partir de la muerte de Vermudo III, el monarca pamplonés se convertía en teórico vasallo de su hermano menor por razón de la citada Castilla Vieja

Esta contradicción pudo alimentar sentimientos que el anónimo cronista de Silos reputaba un siglo después como envidia, maquinación de asechanzas, búsqueda de la guerra abierta, sed de la sangre fraterna fraternum sanguinem sitiens.

Sin embargo, no faltan noticias sobre la presencia de Fernando en la curia del monarca pamplonés, por ejemplo con motivo de la confirmación (1044) de la dotación del monasterio de San Julián de Sojuela, quizá en el curso de una entrevista para solventar sus posturas antagónicas en las guerras entre los régulos moros de Zaragoza y Toledo, y de nuevo coincidieron ambos reyes en la solemne dotación fundacional de Santa María de Nájera (12-XII-1052).

No se conocen con detalle las actitudes concretas del sector de la aristocracia castellana que había quedado bajo la obediencia directa de García, así como la distribución realizada por este del nutrido conjunto de distritos o mandaciones de su jurisdicción originariamente vicarial de aquel territorio.

Con todo, llama la atención, por ejemplo, que entre las mandaciones cuyas rentas fueron vinculadas por el monarca en 1040 a la dote de su esposa Estefanía, más de la mitad se ubicaran en la franja occidental de la Castilla Vieja, como Colindres, Soba, Mena, Castrobarro, Tedeja, Briviesca, Monasterio, Oca y Alba. Resulta, por otra parte, normal que García las asignara a mandatarios o tenentes de acreditada fidelidad, algunos de ellos de linaje pamplonés y en detrimento, por tanto, de la nobleza local, algunos de cuyos miembros tenían intereses patrimoniales también en los dominios de Fernando.

Se ha pensado por ello que su autoridad se asentaba sobre bases poco firmes y que quizá trató de reforzarla mediante una reorganización eclesiástica de la zona. Aunque subsistió el obispado de Álava. el rey pamplonés había sustraído a la diócesis de Valpuesta un conjunto de iglesias para enmarcarlas en la de Nájera-Calahorra (1052).

La expansión en la misma dirección del dominio del Monasterio de San Millán de la Cogolla parece que tuvo, al menos en parte, igual intencionalidad política. Probablemente trataba García de interpretar así sus dominios castellanos como un ensanchamiento de la órbita de soberanía pamplonesa, pero las fuerzas nobiliarias de aquellos confines, tradicionalmente encuadradas en el Reino de León, siquiera a través de la anterior instancia condal castellana, debieron exasperarse hasta provocar el enfrentamiento armado.

Los textos cronísticos de signo claramente castellano se iban a recrear al cabo de un siglo en la narración de detalles sobre los supuestos prolegómenos del conflicto, como las provocadoras devastaciones fronterizas de García, su iracunda negativa ante los intentos de mediación e incluso la defección de algunos de sus caballeros, perjudicados en la asignación de honores hasta llegar, como fatal desenlace, a la muerte del monarca pamplonés, escudado fielmente hasta el último suspiro por su antiguo ayo o eitán Fortún Sánchez, en el campo de batalla de Atapuerca (1-IX-1054) frente a su hermano el rey leonés Fernando.

Lo había conducido a este final probablemente su talante altanero e impetuoso aparte de los probados testimonios de su codicia, legado genético que se iba a acentuar en la persona de su desdichado hijo Sancho IV Garcés el de Peñalén.

De su matrimonio con Estefanía (1038) dejaba cuatro hijos, el referido Sancho IV Garcés, Ramiro, Fernando y Raimundo, y otras tantas hijas, Mayor, Urraca, Ermesinda y Jimena.

En su relación extramatrimonial con una mujer de nombre desconocido había engendrado a Sancha y Mencía, así como a Sancho, padre del conde Sancho Sanz y con ello abuelo del futuro rey pamplonés García Ramírez al cabo justamente de ochenta años.R.B.: MARTÍN DUQUE, Ángel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol. VIII págs. 435-438.

Sancho IV Garcés

Biografía

Rey de Pamplona 1054-1076. Sancho IV Garcés (¿?, h. 1039-Peñalén, Villafranca de Navarra, 4-VI-1076), el de Peñalen. Hijo y sucesor de García IV Sánchez III el de Nájera (1035-1054) y de Estefanía de Foix, hermano de Ramiro, Fernando, Ramón, Urraca y Ermesinda.

Fue proclamado rey a la muerte de su padre, acaecida en el campo de batalla de Atapuerca (1-IX-1054), frente a las tropas de su hermano, Fernando I de Castilla (1035-1065) y León (1037-1065).

Por entonces tenía unos catorce años de edad, por lo que, durante su minoridad, fue tutelado por su madre, que falleció en 1058. Durante los primeros años de su reinado mantuvo buenas relaciones con su tío, Ramiro I de Aragón de Aragón (1035-1063), como prueba la entrega a este de la villa de Sangüesa (Navarra) y de varios honores.

Así mismo, las escaramuzas fronterizas en tierras riojanas frente a Fernando I de Castilla se limitaron a episodios aislados que no fructificaron en un conflicto bélico abierto. El aspecto más problemático en estos primeros años de reinado fue, quizá, el odio que fue instalándose paulatinamente entre la nobleza y el clero de su reino.

De carácter irascible y altivo, según refieren las crónicas, remodeló con arbitrariedad los cargos administrativos de su reino y removió con excesiva asiduidad los tenentes de sus feudos, lo que fue enajenándole el respeto de la nobleza.

Al mismo tiempo, decidió romper la tradicional ocupación de las sedes episcopales del reino por los abades de los monasterios más influyentes de sus respectivas diócesis sede de Nájera-abad de San Millán de la Cogolla); sede de Pamplona-abad de San Salvador de Leire), lo que tampoco debió de resultar agradable para las instancias religiosas; así mismo se enfrentó a la Santa Sede por su negativa a sustituir el rito mozárabe por el romano.

En política externa, fue el asunto del cobro de las parias que debía entregar el rey de la taifa de Zaragoza, Muqtadir (1046-1081 ó 1082), el que definió la actividad bélica y diplomática de su reinado.

Por esa razón, se enfrentó a Ramiro I de Aragón al firmar con el zaragozano acuerdos de protección a cambio de esas parias, como los de 1069 y 1072. Por otro lado, el ascenso al trono castellano de Sancho II (1065-1072) iba a modificar la endeble paz entre ambos reinos. La ambición expansionista del nuevo rey, junto al cobro de las parias de la taifa de Zaragoza, que Sancho II había recibido también en herencia de su padre, desembocaron en su invasión del reino navarro.

Tras permanecer en la Rioja, atravesó el Ebro; sin embargo, fue derrotado cuando acudía en socorro de la plaza de Viana (Navarra), sitiada por Sancho V Ramírez de Aragón (1063-1096), el sucesor de Ramiro I de Aragón, que había concluido una alianza con Sancho IV. Las escaramuzas bélicas que tuvieron lugar ese año (1067) entre los tres monarcas, fueron recogidas por la historiografía tradicional como la Guerra de los Tres Sanchos.

A pesar de su derrota en Viana, el rey castellano pudo extender su reino por los montes de Oca, la Bureba y la plaza de Pancorbo (Burgos), posiblemente por la retirada de Sancho V Ramírez, presionado por los musulmanes de Huesca, quienes, seguramente de acuerdo con el castellano, comenzaron a hostigar las tierras de la Ribagorza.

Mientras, la nobleza, cada vez más levantisca, inició una serie de intrigas palaciegas que culminaron con la conjura que, dirigida por los hermanos del propio Sancho, Ramón y Ermesinda, acabó con su vida; su hermano Ramón, al parecer, lo despeñó por un barranco en las proximidades del río Arga, en el actual despoblado de Peñalén.

A su muerte, los derechos dinásticos de sus hijos legítimos, Sancho y García, por entonces menores de edad, fueron ignorados, al igual que los de sus hermanos Ramón y Ermesinda, por su parte, implicados en la conjura, tuvieron que exiliarse en Castilla y en Zaragoza, respectivamente.

Así, Sancho V Ramírez reclamó y obtuvo la corona de Navarra (1076-1096), aunque buena parte del reino —La Rioja, Álava, Vizcaya, el Duranguesado y la parte occidental de Guipúzcoa— fue asimilada por Alfonso VI de Castilla (1072-1109) y León (1065-1072).R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XIX, págs. 9463-9464.

Sancho VI el Sabio

Biografía

Sancho VI el Sabio.

Miniatura del rey Sancho del Compendio de crónicas de reyes, s. XV, Biblioteca Nacional, Madrid.

Rey de Navarra 1150-1194. Hijo de García Ramírez el Restaurador y de doña Margarita. Caracterizan el reinado de Sancho el Sabio las luchas de navarros y castellanos por la posesión de la Rioja, la labor repobladora en tierras de Álava y Guipúzcoa, la fundación de cenobios cistercienses y, sobre todo, la labor legislativa y de buena administración; con él hace su aparición el título de rey de Navarra frente al de rey de Pamplona, etcétera, en los diplomas reales.

Los primeros pasos de Sancho el Sabio fueron muy difíciles: quedó completamente desamparado, pues no acudieron a socorrerle ni los burgueses de su reino ni los caballeros de sus tierras. Se unía a ello la natural enemiga de los aragoneses, que estaban dispuestos a continuar las antiguas contiendas.

A principios de 1151, por el Tratado de Tudillén, Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, aparentando ignorar la existencia del nuevo monarca pamplonés, o tal vez porque este no se hubiese apresurado a reconocer la autoridad imperial del castellano, acordaron por el Tratado de Carrión, repartirse el reino de Navarra.

Sancho el sabio, para conjurar tal amenaza, se puso de acuerdo con Alfonso VII sobre la cuestión del vasallaje y facilitó la celebración del matrimonio de Sancho III el Deseado con Blanca de Navarra pactado años antes.

Pero las medidas del monarca pamplonés solo sirvieron para dilatar un tanto los designios de los castellanos y aragoneses, que seguidamente continuaron la lucha hasta que a mediados de 1153, Sancho el Sabio y Alfonso VII firmaron en Soria la paz, que se afianzó con los desposorios de doña Sancha, hija del emperador con el rey navarro, que fue armado caballero por su futuro suegro.

Las paces de Soria pusieron en manos de Alfonso VII una serie de poblaciones emplazadas en el centro de Navarra, que dependieron de Sancho III el Deseado y constituyeron motivo de discordia entre navarros y castellanos en los años siguientes.

Así, en 1156, los pamploneses se dispusieron a terminar con las posesiones castellanas en Artajona, mientras sus antiguos rivales se coaligaban contra ellos, pero no pudieron realizar sus designios, y Sancho el Sabio inició gestiones de paz, la cual se afianzó con el matrimonio del rey navarro con doña Sancha, la hija del emperador (1157), a costa de reconocer la presencia castellana en Artajona, mientras seguían las luchas navarro-aragonesas.

Muerto Alfonso VII el Emperador, Sancho el Sabio se apresuró a reconocer, en Soria, su vasallaje ante Sancho III el Deseado. pero al año siguiente (1158), el castellano abandonaba sus dominios navarros, pasando Artajona y las restantes villas prácticamente a la corona de Sancho el Sabio, terminando con ello el vasallaje de Navarra a Castilla, que había comenzado poco después de la exaltación de García Ramírez el Restaurador al trono.

las luchas entre navarros y aragoneses todavía continuaron varios años, hasta que muerto Ramón Berenguer IV (1126), Sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón hicieron la paz (—antes de marzo de 1163—, quizá conseguida por la presión de Fernando II de León, que en octubre de 1162 había firmado un acuerdo en Ágreda con el aragonés.

Sancho el sabio, aprovechando la turbulenta minoría de Alfonso VIII de Castilla, entró por la Rioja (primavera de 1160) y ocupó Logroño, llegando en sus correrías hasta cerca de los montes de Oca, antigua frontera navarro-castellana. Alfonso VIII tuvo que reconocer este estado de cosas y firmar posteriormente (octubre de 1167) unas treguas con el rey de Navarra, acordando observarlas durante diez años.

Al año siguiente (1168), Sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón firmaron el tratado de San Adrián de Sangüesa, acordando la división de las tierras que se conquistasen al rey Lobo de Murcia, que ya había sido atacado por el navarro años antes (1161). Este tratado justifica la presencia de contingentes navarros por tierras de Albarracín, constituido en señorío de don Pedro Ruiz de Azagra. Alfonso VIII, reivindicando sus derechos sobre la Rioja, conquistó una serie de poblaciones navarras (Grañón, Artajona, etc., en 1173), llegando hasta la misma capital del reino, Pamplona (1173), para cobrar Leguín seguidamente.

Castellanos y navarros decidieron acabar sus discordias pacíficamente, y en agosto de 1176 firmaron, entre Nájera y Logroño, una concordia para someter sus querellas al arbitrio del rey de Inglaterra, Enrique II; este falló seguidamente, ordenando la entrega de la Rioja a los castellanos, bajo determinadas condiciones, especificadas en el pacto de abril de 1179, firmado también entre Nájera y Logroño. A partir de este momento Sancho el Sabio se dedica a repoblar y fortificar las tierras de Álava y Guipúzcoa, concediendo abundantes fueros (Vitoria, San Sebastián, etcétera).

Algunos años más tarde, vemos una reversión de alianzas y sancho el Sabio y Alfonso II de Aragón firman un tratado en Borja (1190) contra el rey de Castilla, Alfonso VIII, aunque este tratado tiene más bien un carácter defensivo que ofensivo.

Sancho el Sabio murió el día 27-VI-1194. En 1153 se había desposado con doña Sancha, hija de Alfonso VII y de su esposa doña Berenguela; la boda se celebró el año 1157. De este matrimonio nacieron: Sancho el Fuerte, sucesor en el trono de Navarra; don Fernando, que murió en Tudela (1207); don Ramiro, que fue obispo de Pamplona (1220-1229); doña Berenguela, casada (1191) con Ricardo I Corazón de León, rey de Inglaterra; doña Constancia, que murió soltera; doña Blanca, esposa de Teobaldo, conde latino de Champagne y Brie, y madre de Teobaldo I, sucesor de Sancho el Fuerte en el trono de Navarra.R.B.: UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 580-582.

Sancho VII el Fuerte

Biografía

Rey de Navarra 1194-1234. Hijo de Sancho el Sabio y de la reina doña Sancha. La figura de Sancho el Fuerte aparece en la historia con un matiz novelesco, desarrollado al calor de las concomitancias del monarca navarro con los musulmanes y reyes cristianos, así como por su voluntario encierro en Tudela durante algunos años.

La muerte de Sancho el Sabio le sorprendió en tierras francesas luchando al lado de su cuñado Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra. Sus primeros años se desarrollan de acuerdo con Castilla, a cuyo rey intentó ayudar en la desgraciada batalla de Alarcos (1195), aunque llegó tarde.

Ello dio origen a desavenencias que dieron ligar a una guerra entre Alfonso VIII de Castilla y los reyes de León y Navarra, que invadieron aquel Estado, devastando Sancho el Fuerte las tierras de Soria y Almazán. Terminaron sus desavenencias en una entrevista celebrada entre Ágreda y Tarazona a principios de 1196, a la que asistieron los reyes de Castilla, Aragón y Navarra.

Sancho el Fuerte, durante algún tiempo, permaneció (1198-1200?) en tierras africanas al servicio de Miramamolín, basándose en esta circunstancia la leyenda de los amores de la hija de este con el caudillo pamplonés.

Mientras tanto, en la primavera de 1199, Alfonso VIII entró por tierras de Álava, conquistando Miranda de Ebro; y al año siguiente, después de un cerco de algunos meses, conquistó Vitoria, que facilitó la incorporación a Castilla de toda Álava y Guipúzcoa, tierras precisadas por los castellanos para establecer comunicación directa con Francia y especialmente con la tierras de Gascuña, que había aportado como dote doña Leonor de Inglaterra al contraer matrimonio con Alfonso VIII. Este y Sancho el Fuerte firmaron posteriormente las paces, pues las treguas de Guadalajara (1207) quizá deben considerarse como un confirmación de aquellas.

Las relaciones castellano-navarras, después de que la Santa Sede hubo expresado su repulsa a la amistad de Sancho el Fuerte con los musulmanes, fueron cordiales. El año 1212, el rey de Navarra participó activamente en la cruzada nacional contra los almohades, que culminó en la batalla de las Navas de Tolosa. En tal acontecimiento se basa la leyenda sobre el origen del escudo de Navarra.

Sancho el Fuerte intervino en los asuntos del otro lado del Pirineo y consiguió el vasallaje de algunos señores franceses: así, Arnaldo Raimundo, vizconde de Tartaix, en 1196, y Bibiano, señor de Agramunt, en 1203, se declararon vasallos suyos; de la misma forma, en 1228, recibió el señorío de Ostabat. En relación con su política ultrapirenaica, recordaremos aquí el tratado de amistad y alianza suscrito por Sancho el Fuerte en Chinon, el año 1202, a favor de Juan Sin Tierra, rey de Inglaterra.

Con Aragón mantuvo Sancho relaciones cordiales. En fecha incierta se trató el matrimonio de Pedro II de Aragón con una hermana del navarro, quizá Constanza; pero el papa Inocencio IIIno dio su consentimiento, fundándose en el parentesco de los futuros contrayentes. Sancho el Fuerte ayudó con frecuencia a resolver los problemas económicos de Pedro II y de Jaime I de Aragón, entregándoles algunas sumas de dinero, por las que recibía en prenda determinados castillos fronterizos.

Al mismo tiempo, el rey de Aragón debió facilitar el paso de tropas navarras por su territorio, pues parece probable que soldados de Sancho el Fuerte, relacionados con los señores de Albarracín, antiguos vasallos de los reyes de Pamplona, hicieran algunas conquistas en las tierras limítrofes al señorío de Albarracín, ya que el papa Honorio III confirmó en ellas la posesión de ciertos castillos al rey navarro.

Las buenas relaciones mantenidas entre Sancho el Fuerte y Pedro II de Aragón continuaron durante el reinado de Jaime I, a pesar de que el tío del aragonés, infante don Fernando, ofreció al navarro algunos castillos si conseguía alcanzar la corona frente a los derechos de Jaime I, discutidos algún tiempo.

Posteriormente estas relaciones plasmaron en los documentos de mutuo prohijamiento suscritos (1231) por Sancho el Fuerte y Jaime I en el castillo de Tudela, por los que se acordaba que el de los dos reyes que sobreviviese al otro ocuparía el reino sin obstáculos, prescindiendo de los derechos que pudiese tener la posible descendencia.

En cuanto a su política interior, impuso la paz, reiteradamente (1213 y 1222), entre los diversos barrios de Pamplona; otorgó numerosos fueros y cartas pueblas y fortificó la frontera limítrofe con Castilla, fundando la población de Viana (1219).

Murió en Tudela el día 7-IV-1234, siendo enterrado definitivamente en la iglesia del hospital de Roncesvalles, que el había mandado edificar. le sucedió su sobrino Teobaldo I.R.B.: UBIETO ARTETA, Antonio, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, pág. 82.

Teobaldo I

Biografía

Teobaldo I de Navarra.

Teobaldo I de Navarra. Miniatura conservada en la Biblioteca nacional de Francia..

Rey de Navarra 1234-1253. Conde de Champaña y de Brie [IV]. Hijo póstumo de Teobaldo III de Champaña y de Brie, y de su esposa Blanca de Navarra, nació en Troyes, el 30-VI-1201 y murió en Pamplona el 14-VII-1253. El primer cuidado de Blanca, nombrada regente, fue colocar a su hijo bajo la protección de Felipe Augusto, pero este exigió que se le entregara al niño, que conservó hasta los trece años, junto con algunos castillos, como garantía de su juramento.

Blanca aceptó, pero pudo conseguir, ya en 1204, que se le devolviera a su hijo, dedicándose al mismo tiempo a fortificar las principales plazas de sus Estados con la intención de tener en jaque a sus rivales, especialmente a Erard de Brienne, señor de Venisy, y a Ramerupt.

En agosto de 1214 Felipe Augusto recibió el homenaje del joven conde, pero como Erard insistiera en sus pretensiones, Blanca envió un ejército contra él, derrotándole. Erard apeló al juicio de la Corte de los Pares, sin haber suspendido las hostilidades, como disponían las disposiciones del cuarto Concilio de Letrán, por lo que fue excomulgado (1217). Finalmente con la ayuda del duque de Borgoña y del conde de Bar, fue Erard reducido a obediencia y se reconoció vasallo del conde de Champaña, renunciando definitivamente a sus pretensiones.

Al mismo tiempo que se ocupaba Blanca de conservar la herencia de su hijo, quiso aumentarla por medio de un enlace ventajoso, lo que consiguió casándole en 1220 con Gertrudis, condesa de Metz y de Dabo, viuda del duque de Lorena, que aportó cuantiosa dote; pero dos años después, a pretexto de consanguinidad y por la presión del emperador Federico, fue declarado nulo este enlace, y Teobaldo I contrajo nueva unión con Inés de Beaujeu, prima hermana de Luis VIII de Francia.

En 1226 acompañó a este al sitio de Aviñón, pero al poco tiempo, sin motivo conocido, se ausentó furtivamente de aquel lugar y se trasladó a sus Estados. Tres meses más tarde moría el rey en Montpellier, y Teobaldo era acusado de haberle envenenado por amar a su esposa Blanca de Castilla. Teobaldo I, que era un distinguido poeta, contestó a estos ataques con crueles sátiras, pero al fin hizo acto de homenaje al joven Luis IX de Francia.

Como antes había estado en tratos con la Liga de los Barones y estos fracasaron en varias tentativas contra el rey, se volvieron entonces contra Teobaldo, que solo le salvó la protección del rey y de la regente. Ajustada una tregua con los rebeldes de 1229, el conde aprovechó para fortificar su territorio, pero mientras tanto sus enemigos reunieron numerosas fuerzas y le derrotaron después de haber devastado sus Estados, firmándose la paz el 11-VII-1230.

Poco más tarde estuvo a punto de casarse con Yolanda, hija de Pedro de Monclerc, duque de Bretaña, uno de los jefes de la coalición, pero la corona se opuso a este enlace, casando entonces con Margarita de Borbón, con lo que se reanimaron los odios contra Teobaldo, apoyando sus enemigos la candidatura de la hija mayor de Enrique II, Alicia, reina de Chipre y tía carnal de Teobaldo, que había ido a Francia a reivindicar sus derechos; pero como la iglesia hubiera desaprobado sus pretensiones, Alicia aceptó una cantidad considerable que le ofrecía su sobrino como indemnización y renunció a todos sus derechos sobre el condado.

A la muerte sin descendencia de Sancho VII el Fuerte, rey de Navarra y hermano de la condesa Blanca (7-IV-1234), correspondía su herencia a Teobaldo I, que unió al reino de Navarra los vastos dominios que ya poseía en la Champaña.

Tanto los historiadores Fabin como Garibay pretenden que Teobaldo ya estuvo antes en España, llamado por su tío que le nombró lugarteniente del reino, pero como en 1231 entrase en negociaciones con algunos nobles para arrebatar la corona a Sancho, este le obligó a volver a Francia. De este modo tratan de explicar dichos autores el singular pacto de prohijamiento celebrado entre el anciano rey Sancho de Navarra y el joven Jaime I de Aragón, tan ventajoso para este.

Sea como fuere, fue elegido rey por los navarros, en Pamplona el 5-V-1234 y el 8 fue coronado en la Catedral, contra lo estipulado por los tratados concertados entre Sancho VIIy Jaime I el Conquistador. Esta entronización fue discutida por Alfonso X de Castilla, quien intentó invadir Navarra, aunque más tarde la aceptó tras la mediación del monarca aragonés.

Teobaldo, comenzó su reinado imponiendo su autoridad a la ciudad de Tudela (1235), que se había manifestado partidaria de Alfonso, hijo de Jaime I de Aragón, al mismo tiempo confirmaba los fueros de Saracoiz y de Baigorri. En 1237 surgió un conflicto entre el monarca y los nobles acerca de la manera de interpretar los fueros, acudiendo ambas partes pretendientes al Papa, que delegó al abad de Santa María de Iranzo y a los priores de Roncesvalles y de Tudela para que resolviesen, decidiendo que en lo sucesivo los fueros se consignaran por escrito.

Como en virtud del tratado que en 1230 había firmado con San Luis (Luis IX de Francia), debía cruzarse, acudió al llamamiento del papa Gregorio IX y antes de salir de Navarra, a fin de asegurar la paz en su reino, pactó con el poderoso señor de Albarracín, Pedro Fernández de Azagra, celebrando también conferencias con el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada y el obispo de Tudela, los cuales cree el padre Moret que representaban al rey Fernando III de Castilla y que en su nombre darían seguridades a Teobaldo para que pudiera partir tranquilo.

Después de haber recluido gente en sus Estados de Champaña, embarcó en Marsella para Palestina, acompañado de gran número de nobles y señores, entre ellos muchos navarros (1239). Después de diversas peripecias, volvió Teobaldo a Francia en 1243 y se trasladó posteriormente a Navarra, debiendo resolver muchos asuntos que se hallaban pendientes a causa de su larga ausencia.

En 1246 estalló una discordia entre el rey y el obispo de Pamplona, Pedro Jiménez de Gazolaz, a causa, según opinión de Moret, de una cuestión de jurisdicción sobre el castillo de San Esteban de Monjardín. El obispo tuvo que salir de Pamplona y se refugió en el lugar de Navardún, ya en territorio aragonés, no sin antes haber excomulgado a Teobaldo. En 1248 se reconciliaron ambos y parece que el monarca pasó a Roma. El resto de su vida transcurrió tranquilamente entre el gobierno de sus Estados de Navarra y de Champaña y el cultivo de la poesía.

De su segunda esposa, Inés de Beaujeu, tuvo una hija, Blanca, que casó con Juan de Bretaña, y de la tercera, Margarita de Borbón, cuatro hijos y cuatro hijas. De aquéllos, el mayor y el tercero, Teobaldo II y Enrique, le sucedieron, el segundo murió antes que su padre y el cuarto abrazó la vida religiosa. De las hijas, Leonor murió soltera, Inés casó con Pedro Álvarez, hijo del señor de Albarracín; Margarita con el hijo del duque de Lorena, y Beatriz, con Hugo IV, duque de Borgoña.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 21 págs. 990-991.

Teobaldo II el Joven

Biografía

Rey de Navarra 1253-1270. Conde de Champaña y de Brie [V]. (Provins, Brie, Francia, 1239-Trápani, Sicilia, Italia, 4-5-XII-1270) el Joven. Hijo de Teobaldo I de Navarra (1234-1253) y Margarita Borbón-Dampierre, sucedió a su padre en sus dominios reales y condales siendo todavía menor de edad, por lo que su madre asumió la regencia durante algunos años.

La cuestión más acuciante durante aquel periodo fue la pretensión del rey castellano, Alfonso X el Sabio (1252-1284), de forzar el vasallaje del joven rey. Margarita de Borbón concluyó pronto un acuerdo en Tudela (Navarra) con el infante Alfonso de Aragón (1253), que fue confirmado por el propio Jaime I de Aragón (1213-1276) un año después en Monteagudo, con lo que se aseguraba la alianza aragonesa.

La cuestión se resolvió finalmente en Soria en 1256, adonde acudió Jaime I el Conquistador con poderes de Teobaldo II para tratar la renuncia de Alfonso X a sus derechos sobre Navarra y la entrega de algunas fortalezas fronterizas aragonesas, a cambio de la repatriación de los nobles castellanos que, enfrentados con Alfonso X, se habían refugiado en Navarra, e incluso desnaturalizado (ese fue el caso de Diego López de Haro.

La situación del reino en el ámbito geopolítico europeo quedó finalmente diseñada con la boda (1258) de Teobaldo con Isabel, hija del rey Luis IX de Francia (1226-1270), con lo que se afirmaba el acercamiento entre ambas dinastías planteado por su padre, Teobaldo I.

El único enfrentamiento bélico durante su reinado fue la intervención en Gascuña frente a los intereses de Inglaterra, en el conflicto que sobrevino tras la incorporación del condado de Bigorra a la órbita navarra (1266). En cuanto a la política interior, el reinado de Teobaldo II significó el reforzamiento de la autoridad monárquica.

En efecto, aunque antes de su coronación se vio obligado a jurar los fueros y privilegios de los diversos estamentos del reino navarro, a la vuelta de su primer viaje a la Champaña logró implantar su autoridad real: combatió el poder de la Juntas de Infanzones —aunque la Cort general siguió reuniéndose—; consiguió del papa el privilegio, paran él y sus sucesores, de ser ungido y coronado como rey (es decir, por privilegio divino), y apuntaló la reordenación administrativa emprendida por su padre (consolidación de las merindades y de las cuentas generales del reino de carácter anual; introducción paulatina de consejeros champañeses en la corte y la administración, etc.).

Previendo la posible falta de descendencia, en 1269 concertó el matrimonio de su hermano con Blanca de Artois, y en 1270 abdicó en él (Enrique I de Navarra, 1270-1274) antes de partir, junto a su suegro Luis IX, a la cruzada berberisca planteada por aquél contra Túnez. Durante el transcurso de este enfermó de peste, de la que, al igual que el monarca francés, murió, ya en el camino de retorno.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXI pág. 10141.

Enrique I el Gordo

Biografía

Rey de Navarra 1270-1274. Conde de Champaña y de Brie [VI]. ¿?, 3-XII-1249-Pamplona (Navarra), 22-VII-1274 el Gordo. Séptimo hijo —cuatro varones— de Teobaldo I, rey de Navarra y IV conde de Champaña y de Brie, y de su tercera esposa Margarita de Borbón, no se conoce el lugar exacto de su nacimiento, aunque este debió tener lugar en el palacio condal de Provins o en otro lugar de Champaña.

El día que cumplió catorce años (3-XII-1263), abandonó la tutela que hasta ahora había ejercido su propio hermano Teobaldo II, pues su padre murió cuando Enrique contaba tres años y tenía nueve a la muerte de su madre, la reina Margarita.

Ese mismo día fue nombrado conde de Rosnay, pero la falta de herederos del Rey le hacía depositario de la dignidad real. Acompañó a su hermano Teobaldo II en varios de sus viajes a Navarra y, en ausencia del Rey, durante su permanencia en la Cruzada, fue nombrado lugarteniente y gobernador del reino.

En 1265 se proyectó su matrimonio con Constanza, hija de Gastón VII de Bearne, pero las tensiones generadas entre Navarra e Inglaterra dieron al traste con dicho enlace. Años más tarde, el 24-VI-1269, contrajo matrimonio con Blanca de Artois, sobrina de san Luis, Luis IX de Francia.

A la muerte de Teobaldo II, acaecida en Trápani (Sicilia) el 4-XII-1270, y a su regreso de la Cruzada de Túnez, Enrique asumió de forma simultánea, como el resto de los miembros de la dinastía, el reino de Navarra y sus dominios en Francia.

De acuerdo con el ceremonial, el 1-III-1271 recibió la investidura real. Después de recorrer las principales villas del reino, a las que prestó el juramento debido para conservar sus fueros, emprendió el viaje a Francia, donde recibió la investidura condal y el homenaje de sus vasallos. El mismo prestaría también homenaje feudal a Felipe III el Atrevido por sus estados champañeses.

En el cumplimiento de tales requisitos empleó casi cinco meses y antes de que finalizase el año ya estaba de regreso en Pamplona. No parece que gozase de la aceptación y del beneplácito de los cronistas de su tiempo, los cuales le acusan de favorecer la enemistad entre las gentes de la navarrería y las del Burgo de San Saturnino contra la de la capital del reino.

Para el poeta Atelier, a él se debe la semilla de la discordia ciudadana que acabaría con la explosión de la guerra civil de 1276. Otros, además de poner de relieve su manifiesta hostilidad hacia la clerecía, le expresaron su animadversión al destacar su gordura y sus reiteradas injusticias.

Más interesado por los asuntos de Champaña, abandonó por segunda vez el reino, dejando como lugarteniente al señor de Cascante, Pedro Sánchez de Monteagudo. Su ausencia se prolongó durante buena parte del año 1273 y en su recorrido por las principales ciudades de su condado (Troyes, Provins, etc.) tuvo la oportunidad de acompañar a su mujer en el alumbramiento de su hija Juana, que sería su heredera, pues su hijo Teobaldo no le sobrevivió —según cuenta la tradición— despeñado en el castillo de Estella por un descuido de su nodriza.

Cuando Teobaldo apenas había cumplido dos años se acordó su matrimonio con Violante, hija de Alfonso X y Violante de Aragón. Dicho acuerdo fue tomado el 25-IX-1272 y los negociadores fueron Pedro Sánchez de Monteagudo, por parte navarra, y Gil de Azagra, mayordomo del monarca castellano.

Con esta unión se pretendía alcanzar una alianza de ayuda mutua entre ambos reinos. El rey de Castilla, ocupado en sofocar la disidencia de la nobleza e interesado en su posible elección imperial, deseaba este arreglo diplomático para sellar la paz con su vecino, el rey de Navarra.

Su otra hija legítima, Juana, sería la prenda utilizada con Eduardo I de Inglaterra para renovar la tregua de 1269 aún vigente. Los frecuentes conflictos en tierras de Gascuña hacían aconsejable la renovación de dicho pacto. La mayor garantía del mismo pasaba por el establecimiento de vínculos familiares. En una entrevista, celebrada en tierras gasconas, Enrique y Eduardo I de Inglaterra convinieron el matrimonio de la infanta Juana, heredera de Navarra y Champaña, con Enrique de Inglaterra, hijo del monarca inglés.

El plazo fijado para los esponsales fue de siete años, pero mientras tanto, ambos monarcas se prestarían ayuda mutua para alcanzar la paz en sus fronteras. Un requisito insalvable impedía semejante boda, pues para la celebración de la misma era preciso contar con la aprobación del rey de Francia. Enrique I era su vasallo y, tanto por matrimonio como por intereses dinásticos, estaba vinculado a los soberanos franceses.

En ellos estaría la solución del problema sucesorio cuando, el 22-VI-1274, con apenas veinticinco años, murió en el palacio episcopal de Pamplona, ahogado, al decir de los cronistas, por su gran gordura.R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XVII, págs. 245-246.

Juana I

Biografía

Juana I de Navarra.

Juana I de Navarra.

Reina de Navarra 1274-1305. Reina consorte de Francia. Condesa de Champaña y de Brie [VII].

Bar-sur-Seine (Francia) 14-I-1273-Vincennes (Francia), 2-IV-1305. reina de Navarra y reina consorte de Francia (desde 1285). Hija de Enrique I de Navarra y de Blanca de Artois, a la muerte de su padre en julio de 1274, con algo más de un año, se convirtió en la única heredera al trono navarro y a los condados champañeses. Pocos meses después de su nacimiento se negoció su matrimonio con un hijo de Eduardo I de Inglaterra.

Dicha unión, de llevarse a cabo, supondría la creación de un estado transpirenaico navarro-gascón, contraria a todas luces a los intereses de la corona de Francia. Una vez convertida en heredera, esta opción fue olvidada y fueron los reyes de los reinos vecinos (Aragón, Castilla y Francia) los que pugnarían por conseguir su mano. Jaime I de Aragón propuso a su nieto primogénito —el futuro Alfonso III— y Alfonso X de Castilla propuso la mano de uno de sus numerosos nietos.

La tutela de la joven Reina correspondía a su madre, la reina Blanca. Esta se sintió presionada y tras convocar a las Cortes, en las que se trataría del nombramiento del gobernador, marchó a Francia buscando la protección y amparo de sus parientes. Las exigencias de los monarcas hispanos, empleando incluso la violencia, hicieron que doña Blanca, tras prestar homenaje por el condado de Champaña, entregara, en 1275, el gobierno efectivo de Navarra a su primo el rey de Francia, Felipe III el Atrevido.

El interés de este monarca era incorporar a la Corona de Francia el condado de Champaña y el propio reino de Navarra. Para ello se acordó en Orleáns (mayo de 1275) el matrimonio de Juana con el primogénito y heredero de la Corona. El parentesco que unía a los contrayentes exigía la dispensa papal.

Gregorio X, tratando de evitar el incremento del poderío francés, señaló como futuro esposo a Felipe, segundo hijo del rey. Semejantes cautelas fueron estériles, pues la muerte del príncipe heredero llevaría a los futuros cónyuges a ceñir ambas coronas, la de Francia y la de Navarra. El acuerdo matrimonial, sin perjuicio de los derechos de Blanca de Artois, otorgaba la custodia de la heredera del trono de Navarra a Felipe III de Francia y en consecuencia, a él competía la protección del reino (1275-1284).

El 16-VIII-1284 se celebró la boda y desde entonces el nuevo matrimonio pasó a gobernar Navarra; y al año siguiente fueron reconocidos como reyes de Francia. Al parecer, la administración de los dos reinos fue ejercida por su marido, mientras que la Reina dispuso del condado de Champaña. Pese a estas cesiones, la influencia de la Reina en la Corte parisina estuvo siempre presente. Gozó de una excelente reputación como mujer inteligente, enérgica y piadosa.

Mostró una gran predilección por los franciscanos, de cuya orden era su confesor. La rivalidad entre este y el confesor dominico del Rey pudo interpretarse como una muestra de disparidad de criterios entre los reyes; pero doña Juana siempre estuvo unida a su marido y consideró de un interés común la política ejecutada por el Capeto. Su círculo parisino estaba formado a la vez por champañeses y normandos.

Entre los primeros se encontraba Guichard, miembro del Consejo Real y más tarde obispo de Troyes, que pronto perdió su favor, debido a las calumnias vertidas sobre él, atribuyéndosele un comportamiento nada edificante en un hombre de Iglesia; en cuanto a los segundos, cabe mencionar a Enguerran de Marigny, llamado a desempeñar un destacado papel político y que a la muerte de la Reina pasó a formar parte de los más eficaces consejeros del Monarca.

En el tránsito del s. XIII al XIV la vitalidad del mundo universitario encontró su expresión en la proliferación de fundaciones. Fundar un colegio era una nueva forma de llevar a cabo una buena acción. Los grandes de este mundo incluyeron en sus disposiciones testamentarias la creación de colegios, que no eran centros de enseñanza sino dotaciones para estudiantes pobres. En 1304, poco antes de su muerte, la reina Juana fundó el colegio de Navarra, que acogería a becarios de Champaña y de otras regiones de Francia.

Pronto sería un destacado foco de renovación intelectual de la Universidad de París. En veinte años de matrimonio no parece que hubiese grandes disensiones entre los esposos. Fue madre de seis hijos, cuatro varones y dos hembras. Tres de ellos fueron reyes, Luis X, Felipe V y Carlos IV; e Isabel, casada con Eduardo II, reina de Inglaterra.

A la muerte de doña Juana, acaecida el 2-IV-1305, Felipe expresó el tremendo dolor que la desaparición de su esposa le producía y renunció a casarse de nuevo. El óbito tuvo lugar en el castillo-palacio de Vincennes y, según deseo de la Reina, su cuerpo recibiría sepultura en la iglesia parisina de los franciscanos, en el convento de los cordeleros (rue de l´Ecole-de-Medicine), hoy desaparecida. El Rey quiso trasladarlo a Saint-Denis y dotarle de un monumento funerario digno de una esposa dos veces Reina, pero las grandes preocupaciones de su ajetreada política le impidieron cumplir sus deseos.R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVIII, págs. 323-324.

Felipe III de Evreux

Biografía

Rey de Navarra 1328-1343. Hijo de Luis de Francia, conde de Evreux, y de Margarita de Artois, nieta de Felipe III de Francia el Atrevido, nació en 1301 y murió en Jeréz de la Frontera el 16-IX-1343. En 1318 casó con Juana, hija del rey de Francia Luis X y heredera del trono de Navarra, del cual tomaron posesión en 1329, siendo coronados en Pamplona el 5 de marzo de dicho año.

Al principio se ocupó de reformar la legislación navarra, pero hubo de interrumpir su tarea a consecuencia de una guerra con Castilla. También ayudó a Francia en su guerra con los ingleses y en 1343 acudió en auxilio de Alfonso X de Castilla, en guerra con los moros, muriendo a consecuencia de las heridas recibidas en el sitio de Algeciras.

Le sucedió su hijo Carlos II, dejando, además, una hija, Blanca de Evreux, que casó con Felipe VI de Valois.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 23 pág. 615.

Leonor I

Biografía

Reina de Navarra 1479-1479. Leonor, nació en Olite el 31-I-1420 y murió en Tudela el 12-II-1479. Hija menor de Juan II de Navarra (consorte, 1425-1441); efectivo,1441-1479) y de Aragón (1458-1479) y de Blanca I de Navarra (1425-1441).

Hermana de Carlos de Navarra, príncipe de Viana y duque de Gandía, y de Blanca II de Navarra (1461-1464). Hermana de padre de Fernando el Católico, rey de Castilla (V, 1474-1504) y de Aragón (II, 1479-1516) y de Juana de Aragón (segunda esposa de Fernando Ide Nápoles, 1458-1494).

Fue madre de Gastón de Foix, vizconde de Castellbó —quien a su vez fue padre de los reyes de Navarra Francisco I Febo (1479-1483) y Catalina I (1483-1512)—, de Juan de Foix, conde de Cortes, de María, marquesa consorte de Montferrato, de Juana, condesa consorte de Armagnac, de Margarita, condesa consorte de Bretaña, de Catalina, condesa consorte de Cándala, de Leonor y de Ana. Contrajo matrimonio en 1434 con el conde Gastón IV de Foix, conde de Foix (1436-1472) .

El enfrentamiento entre los partidos agramonteses y beamonteses, partidarios respectivamente de Juan II y de Carlos de Navarra en la disputa por la titularidad de la corona Navarra después del fallecimiento de Blanca I, estalló abiertamente en 1450; cinco años más tarde Juan II desposeyó de sus derechos sucesorios a Carlos y a Blanca en beneficio de Leonor, quien fue así mismo nombrada, junto con su esposo, lugarteniente del reino.

El conflicto sucesorio y las hostilidades entre ambos partidos se prolongaron durante más de una década, pero las muertes prematuras de Carlos (1461) y de Blanca (1464) propiciaron que Leonor fuera aceptada como princesa de Viana (1464) y lugarteniente de Juan II por ambas facciones; sin embargo, cuatro años más tarde se reiniciaron las hostilidades al tomar militarmente Gastón IV de Foix la mayor parte de las ciudades navarras; los intentos de concordia que tuvieron lugar en Tafalla y Olite (1469 y 1471) fracasaron por la exigencia beamontesa de que Leonor fuera proclamada reina y no solo lugarteniente, exigencia inaceptable desde la perspectiva de Juan II.

El fallecimiento de Gastón IV de Foix (1472), cabeza del partido beamontés, modificó sustancialmente las posiciones. Leonor fue acercándose paulatinamente a las posiciones de su padre y, en consecuencia a los agramonteses, al tiempo que los beamonteses se alejaron de la princesa de Viana y buscaron el apoyo de Fernando el Católico, tanto más cuanto en 1474 este se convirtió en rey de Castilla.

Esta situación se mantuvo, acentuándose progresivamente, hasta que murió Juan II el 19-I-1479; entonces Leonor fue jurada reina de Navarra por las Cortes de Tudela (28-I-1479), pero su reinado fue breve, ya que murió a los quince dás de su proclamación. Le sucedió en el trono su nieto Francisco I Febo.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XII, págs. 5735-5735.

Francisco de Febo

Biografía

Rey de Navarra 1479-1483. Conde de Foix y de Bigorra. Vizconde de Béarn y de Castellbó. Señor de Andorra.

(1466 Pau, Francia, 30-I-1483). Hijo de Gastón de Foix, vizconde de Castellbó y príncipe de Viana, y de Magdalena de Valois, hija y hermana de los reyes de Francia Carlos VII (1422-1461) y Luis XI (1461-1483), respectivamente. Nieto de Leonor de Aragón, reina de Navarra (Leonor I, 1479), y de Gastón IV, conde de Foix.

A la muerte de este heredó las posesiones de la Casa de Foix en Francia (1472), ya que su padre había muerto dos años antes. A la muerte de su abuela Leonor (1479) recibió de esta la Corona de Navarra, pero durante su minoría de edad se hizo cargo de la regencia su madre, quien fue confirmada y jurada como regente por la Cortes de 1480.

La regente hubo de hacer frente a las luchas entre agramonteses —que apoyaban al nuevo soberano— y beamonteses —que influidos por Fernando el Católico no lo aceptaban—, iniciadas en tiempos de Juan II de Aragón (1425-1479) y de Carlos, príncipe de Viana.

Magdalena intentó asegurar la paz en Navarra mediante la negociación con Fernando y la firma de una tregua entre las dos facciones (Aoiz, Navarra, IX-1479) destinada a un reparto pacífico de poderes; el acuerdo, sin embargo, quedó anulado debido al asesinato del mariscal Felipe de Navarra por el conde de Lerín, lo que condujo a un nuevo periodo de hostilidades.

Una vez coronado (Pamplona, 6-XI.1482) y durante su breve estancia en territorio navarro juró los fueros de Tudela (14-XII), reunió cortes en Olite (31-I) y prohibió a sus súbditos titularse agramonteses o beamonteses.

Fernando el Católico negoció con él el casamiento de su hija Juana la Loca, aunque este plan resultó fallido debido a la ascendencia que Luis XI tenía sobre la madre de Francisco. Esta, temerosa de los planes matrimoniales para su hijo —y también probablemente de las consecuencias de la guerra civil y de la frágil salud de su primogénito—, le hizo regresar al Béarn (II-1482) y proyectó su boda con Juana la Beltraneja.

Francisco, sin embargo, murió poco después del viaje al Béarn en el castillo de Pau; durante algún tiempo se especuló con la posibilidad de que hubiera sido envenenado y las sospechas recayeron principalmente sobre Fernando el Católico y en el conde de Lerín. Fue enterrado en la catedral de Lescar, pese a sus deseos expresos de ser inhumado en Pamplona, y le sucedió en el trono navarro su hermana Catalina I de Foix (1483-1518, casada con Juan de Albret, bajo la tutela de Magdalena.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4208.

Catalina I

Biografía

Catalina I de Navarra.

Catalina I de Navarra.

Reina de Navarra 1483-1512. Catalina I (n. 1468 m. Mont de Marsan, Francia, 12-II-1517). Hija de los príncipes de Viana Gastón V de Foix y Magdalena de Francia y hermana de Francisco I Febo de Foix y Bearne, a cuya muerte (1483) heredó la Corona de Navarra.

Su madre asumió el cargo de regente y tutora de Catalina, cuyo derecho a la titularidad del reino fue cuestionado por Juan de Foix y Narbona, hijo de Leonor I de Navarra, quien reivindicó para sí la Corona apelando a la vigencia de la Ley Sálica en Francia. Reconocida en sus derechos por los condados de Foix y Bigorra y por el señorío de Bearn, el pleito iniciado entre la heredera y el pretendiente se mantuvo hasta 1492.

A causa de la conflictiva situación que atravesaba el reino navarro, Fernando el Católico inició una política de acercamiento basada en el proyecto de una alianza matrimonial entre Catalina y el infante Juan, heredero de la Corona castellana, con lo que pretendía situar a Navarra en su ámbito de influencia; con ello cesaría la presión de Castilla, que apoyaba al conde de Lerín y al bando beamontés, por lo que la propuesta del Rey Católico fue defendida por las Cortes de Navarra, con el apoyo de agramonteses y beamonteses, y por el cardenal Pedro de Foix, gobernador del reino.

Sin embargo, Francia manifestó similares intenciones al presentar varios pretendientes al matrimonio con Catalina, bajo la amenaza que una elección favorable a Castilla determinaría un fallo adverso a la reina de Navarra en el pleito mantenido con Juan de Foix.

En 1484 tuvo lugar el enlace entre Catalina de Navarra y Juan de Albret, pretendiente francés, lo que motivó la reanudación de las luchas civiles en el reino. Alain de Albret, padre del rey consorte, asumió la lugartenencia general e hizo frente a la situación creada por agramonteses y beamonteses hasta 1494, en que se produjo una tregua merced a la intervención de Fernando el Católico, lo que posibilitó la presencia de los reyes en Pamplona y su coronación según el fuero navarro (12-I).

Durante su reinado acometieron reformas administrativas que redundaron en el aumento del poder real, renovaron el Consejo Real para habilitarlo como organismo supremo de justicia y concedieron los principales cargos de la corte a personajes próximos a la realeza. Intentaron unificar los fueros y aumentar los impuestos, lo que provocó la oposición de la nobleza y especialmente del bando beamontés, que protagonizó enfrentamientos en las Cortes e inició una sublevación armada encabezada por el conde de Lerín.

Los reyes navarros solicitaron la ayuda de Fernando el Católico, con quien firmaron una alianza (Acuerdo de Madrid, 1495) por la que, a cambio de la expulsión de Luis de Beaumont de las tierras Navarras, se concedía al monarca castellano aragonés el derecho a establecer un protectorado sobre el reino y a ocupar los señoríos pertenecientes al conde de Lerín; además, tomó como rehén a Magdalena, la primogénita de los reyes, y las poblaciones de Viana y Sanguesa.

El acuerdo provocó la reacción de Francia, que pretendía evitar la alianza entre Navarra y Castilla, pero el pacto establecido entre los monarcas navarros y Juan de Foix, por el que este renunciaba definitivamente sus pretensiones a la Corona a cambio de la cesión de algunos señoríos de la Navarra francesa, anuló las amenazas de Carlos VIII.

Tras la muerte de este último, el advenimiento de Luis XII al trono de Francia inauguró un periodo de tregua, aprovechado por Juan y Catalina para romper su alianza con Castilla y recuperar los señoríos que quedaron bajo su custodia mediante la reconciliación con el conde de Lerín (1500); en esta época los monarcas navarros decretaron la expulsión de los judíos de su reino (1498).

La ruptura con Castilla se produjo definitivamente tras la muerte de la princesa Magdalena (1504), que había permanecido como rehén en la Corte castellana. En 1507 se reanudaron las luchas con el conde de Lerín, nuevamente apoyado por Fernando el Católico. La negociación del matrimonio entre el príncipe de Viana, Enrique, con una hija del rey francés, así como la alianza firmada entre Francia y Navarra en el tratado de Blois (1512), constituyeron las razones esgrimidas por Fernando el Católico para emprender un ataque armado contra Navarra.

Sus tropas, al mando del II duque de Alba, penetraron en su territorio y tomaron Pamplona (1512), mientras que los monarcas navarros salían del reino y se instalaban en Francia. Fernando fue declarado rey por la Cortes de Pamplona (23-III-1513), con lo que Navarra quedó anexionada a la Corona castellana.

Los repetidos intentos de Juan y Catalina por recuperar el trono fueron infructuosos, aunque mantuvieron el título de reyes hasta su muerte. De su matrimonio con Juan de Albret tuvo catorce hijos, de los cuales el primogénito, Enrique, se tituló rey de Navarra (Enrique II) y continuó la lucha contra el rey de Castilla por sus derechos al trono.

Juan de Albret. Hijo de Alain de Albret. Se convirtió en rey de Navarra al contraer matrimonio en 1484 con Catalina de Foix. Tras la ocupación castellana de 1512 atravesó los Pirineos y formó un ejército, con la ayuda de Luis XII, para intentar recuperar el reino, aunque tuvo que retirarse del sitio de Pamplona ante la llegada de las tropas castellanas mandadas por Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba. Volvió a intentarlo en 1516 y regresó al Bearn tras la muerte del mariscal Pedro de Navarra. Falleció en 1516 en el castillo de Esgoarrabague.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo I pág. 384.
R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo V, pág. 2463.

Los Agramonteses

El partido de los agramonteses, antiguo bando nobiliario de Navarra, bajo la jefatura del mariscal Pedro de Agramont y de la poderosa familia de los Peralta, disputó la hegemonía de este reino a los beamonteses. Sus rivalidades condujeron en 1438 a una guerra civil de extraordinaria crueldad.

Los agramonteses fueron el principal sostén de Juan II de Aragón en sus luchas contra Castilla; también le apoyaron en la guerra civil contra su hijo Carlos, el príncipe de Viana, al que apoyaban los beamonteses mandados por Juan de Beaumont, gran prior de Navarra. Aunque en 1451 hubo un principio de acuerdo, las diferencias no pudieron ser resueltas y en la batalla de Aybar (1452), el príncipe Carlos saldría derrotado y hecho prisionero. Los agramonteses también intervinieron a favor del rey Juan al producirse el levantamiento de Cataluña (1462-1472). Durante el reinado de Fernando el Católico, la ayuda prestada por los agramonteses fue decisiva para la anexión de Navarra a la corona castellana.

Los Beaumonteses

Conocidos también por el nombre de Lusetanos, constituían una antigua facción de Navarra que en la guerra civil que comienza en 1451 entre Juan II y el Príncipe de Viana, sostiene los derechos de don Carlos contra su padre, apoyado este por los agramonteses. Estos nombres tienen su origen en dos familias rivales de la Baja Navarra descendientes ambas de Felipe III el Noble, que en 1438 llegaron a tomar las armas:

De aquí nació que llamándose ya antes agramonteses y lusetanos los que seguían estos dos bandos particulares en los generales que ahora se declararon, a los del partido del rey dieron en llamar agramonteses, y a los que siguieron al príncipe, lusetanos y también beaumonteses, por ser jefe suyo el condestable don luis de Beaumont.R.B.: Aleson, Anales del reino de Navarra, Pamplona, 1732, pág. 494.
El partido de los beaumonteses se componía de las gentes del reino que miraban con disgusto el despojo de la corona que debía estar en la cabeza del Príncipe y no en la del padre, sobre todo después de que contrajo segundo matrimonio.R.B.: Yanguas Miranda, Historia compendiada de Navarra, San Sebastián, 1832, pág. 272.

Este enlace, complicando al padre y al hijo en los asuntos de Castilla, les enfrentó. Ayudado por los beaumonteses don Carlos decide sostener sus derechos; se apodera de algunos pueblos, pero es vencido y hecho prisionero en Aibar (1451).

La ciudad de Pamplona, de la facción beaumontesa, envía a las Cortes de Aragón intercesores en su favor. Firmada la Concordia de Zaragoza (1453), don Carlos recobra la libertad, quedando en rehenes el condestable don Luis de Beaumont, dos hijos suyos y otros caballeros navarros, encerrados durante siete años en cierta torre de la cárcel de Zaragoza, que recibió por ello el nombre de Torre del Condestable.

El encono de los dos partidos hizo inútil toda reconciliación. La breve tregua de Agreda procurada por la reina doña María de Aragón tampoco arregló el asunto, comenzando la guerra nuevamente en 1455. Dirigió en ella las tropas beaumontesas don Juan de Beaumont, hermano del condestable y gran prior de Navarra. Desgraciados también en esta nueva lucha, fueron vencidos cerca de Estella, viéndose obligado don Carlos a refugiarse en la corte de Alfonso V, haciéndole árbitro de las diferencias con su padre.

Dejó por gobernador a don Juan de Beaumont que juntó Cortes en Pamplona con los diputados de los pueblos del partido beaumontés, y en ellas fue proclamado rey don Carlos, el 16-I-1457, conducta desaprobada por el príncipe, que mandó que no se le diese en adelante tal título. Por convenio de 1460 entre Juan II y su hijo, se ponía en libertad a los presos beaumonteses y eran entregadas al rey las plazas que aún permanecían adictas al príncipe.

Su prisión en Lérida, poco después de haber desembarcado en Barcelona, mal recibida en todos los reinos de España, exasperó a los beaumonteses, levantados nuevamente contra don Juan, no sometiéndose ni cuando la Concordia de Villafranca (1461) pone en libertad a don Carlos, ni a la muerte de este, ocurrida poco después. Muchos caballeros beaumonteses ofrecieron su ayuda a los catalanes que brindaban el principado a Enrique IV.

La sentencia arbitral del Bidasoa y la paz firmada por el rey de Aragón con el de Castilla debilitaron las fuerzas de los beaumonteses que se sometieron a Juan II firmándose en Tarragona un convenio en noviembre de 1464. No termina con esto la lucha de los partidos, que siguieron pesando durante mucho tiempo en los conflictos del reino de Navarra.

R.B.: VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E págs. 487-488.