Iñigo Arista

    1. Datos biográficos
      1. Rey de Pamplona820-851
      2. Fallecimiento851
      3. SucesorGarcía I Íñiguez
      4. DinastíaArista-Íñiga
      5. Padre Íñigo Jiménez
      6. MadreOnneca
    2. Índice
      1. Introducción
      2. Nacimiento y descendencia
      3. El reinado
      4. Iñigo Arista de Pamplona.
      5. Manuscrito iluminado. BNE.

Introducción

Primer rey de Pamplona según la historiografía tradicional 820-851. A partir de finales del s. XII, las tardías recreaciones cronísticas hispano cristianas de los oscuros orígenes de la Monarquía navarra, tan lejanos ya entonces, trataron de desarrollar sin adecuado fundamento documental las escuetas noticias conocidas a través de una versión ya viciada de las llamadas Genealogías de Roda, recogidas a finales del s. X en el Códice Rotense conservado en su factura original por la Real Academia de la Historia, ms. 68.

La cuestión ha seguido interesando en los tiempos modernos, pero buena parte de las renovadas hipótesis basadas obligadamente en meras conjeturas que, aún contrastadas y depuradas por el alumbramiento de valiosas informaciones árabes aisladas y de contenido más bien político-militar, no han llegado a esclarecer la mayoría de los problemas y lagunas subsistentes. Por esto continua abierto el debate que desde hace medio siglo enfrentó a medievalistas de reconocido prestigio en polémicas relativas, sobre todo, a estériles divagaciones de carácter genealógico. Se sabe, en todo caso, con certeza, que Íñigo Arista fue el primer caudillo con nombre conocido de las poblaciones cristianas ubicadas en la región coincidente más o menos con el área de influencia de Pamplona desde tiempos anteriores, es decir, el territorio comprendido entre el eje de la cordillera pirenaica y los rebordes y somontanos meridionales de sus sierras exteriores, algo más de la mitad septentrional de la actual Navarra, extensión equivalente entonces a la media de una demarcación condal en las Monarquías cristianas europeo-occidentales.

Los textos analíticos árabes lo distinguen con los títulos de príncipe amir, conde qumis o señor sahib de las tierras de Pamplona o, en ciertos casos, de los Bashkunish o Vascones, arcaísmo léxico con el que quizá se hacía referencia a la singular pervivencia del sedimento lingüístico primitivo entre la masa de población campesina. En la epístola dirigida al obispo pamplonés Wilesindo (851) para agradecerle las deferencias con que lo había acogido tres años antes en su viaje por aquella zona, san Eulogio de Córdoba no solo ensalza la piadosa observancia regular y los fondos bibliográficos de los monasterios alto-pirenaicos, como el de Leire y otros cercanos, sino que subraya también la fortuna de aquellas poblaciones regidas por el príncipe cristiano princeps christicola de aquella tierra territorium Pampilonense.

Nacimiento y descendencia

No especifica el nombre de este príncipe, pero se debe identificar con el Enneco o Íñigo al que las Genealogías de Roda añaden el sobrenombre de Arista cognomento Arista. Algún texto árabe fidedigno lo denomina Wannaqo ben Wannaqo, equivalente a Íñigo Íñiguez, pero en este caso el patronímico puede referirse al linaje y no precisamente al progenitor. También es dudoso el patronímico Jiménez que, tomado de algún documento monástico manipulado mucho después y poco o nada fiable, se ha relacionado hipotéticamente con el Jimeno el Fuerte que sometió el emir Abderramán I (781) cuando restableció su hegemonía en los parajes pamploneses a raíz de las defecciones producidas poco antes por el tránsito del ejército de Carlomagno en su frustrada expedición a Zaragoza (778).

Sin pruebas suficientes, se han atribuido a Íñigo diversos lugares de origen, como el condado francés de Bigorra, apuntado en el s. XIII por el cronista Rodrigo Jiménez de Rada, o bien las poblaciones navarras de Viguria (valle de Guesálaz) y Aristu (valle de Urraul Alto), propuestas por autores recientes. No hay, sin embargo, duda de que era oriundo de la tierra pamplonesa.

Aportando algunas fechas concretas, los autores árabes acreditan, por ejemplo, que su madre se llamaba Onneca y que esta misma en otras nupcias anteriores o posteriores había engendrado igualmente a Muza b. Muza, magnate muladí radicado hacia las riberas navarras del Ebro. Desvelan también el nombre de un hermano suyo llamado Fortún, pero se sigue ignorando el nombre de su mujer o sus mujeres y constan, en cambio, los de sus hijos, García, Galíndo y Assona y se tiene noticia de otra hija anónima.

El único testimonio hispano cristiano sustancialmente fehaciente, las citadas Genealogías, solo precisa, sin ninguna fecha, el nombre del personaje y algunos datos político-familiares. Íñigo, apodado Arista fue padre de García I Íñiguez, su sucesor al frente de los pamploneses, y a su hija Assona la casó con Muza, señor de Borja y Terreros (el mencionado Musa b. Musa, de la estirpe de los Banu Qasim, descendientes del conde hispano-godo Casio, convertido al Islam).

Otra de sus hijas de nombre desconocido fue entregada como esposa a García I el Malo, un hijo de Galindo Belascotenes que, tras repudiar a Matrona, hija de Aznar Galindo I, con ayuda de Íñigo y de los moros (Muza b. Muza, sin duda) había expulsado al mismo Aznar Galindo I de su condado de Aragón obligándole a acogerse al amparo del monarca franco que, como se sabe por otros conductos, le encomendó entonces el gobierno del condado pirenaico oriental de Urgel-Cerdaña.

El reinado

Cabe deducir que Íñigo representaba a la facción aristocrática de la región partidaria de la continuidad del régimen implantado en el precedente distrito o condado hispano-godo de Pamplona desde los primeros años de la dominación árabe en la cuenca de Ebro, hacia los años 714-717. El magnate titular de tal distrito habría capitulado, conforme a los términos habituales, en los confines menos asequibles y rentables del imperio del Islam, que los convertía así en un especie de protectorado.

A cambio de un tributo anual y el compromiso de lealtad política ante terceros, quedaba intacto el sedimento anterior de tradiciones socio-jurídicas, religiosas y culturales y una instancia propia de gobierno local. Por otra parte, cabe suponer siquiera con reservas que, así como Muza b. Muza descendía del conde hispano-godo Casio, Íñigo provendría directa o indirectamente del linaje del conde que había capitulado en tierras de Pamplona sin perjuicio de su fe cristiana.

Aparte de la fugaz ocupación de Pamplona con motivo de la frustrada expedición de Carlomagno (778), la Monarquía franca solo durante una década (806-816) logró dominar la vertiente navarra del Pirineo y organizar un condado semejante a los formados poco antes en el sector catalán de la misma cordillera. La inmediata reacción armada del emir cordobés restableció el sistema anterior de protectorado sobre Pamplona, de donde fue expulsado el efímero conde de obediencia franco-carolingia al que los textos árabes denominan Velasco al Yalashqi.

Este sería sustituido por un miembro de la nobleza local proclive al régimen anterior de entendimiento con los musulmanes, quizá ya Íñigo Arista que, según los mismos textos y como se ha apuntado, era hermano uterino del citado Muza b. Muza y casado además con su hija Assona. En realidad, Íñigo Arista solo entra expresamente en el horizonte histórico de los analistas árabes poco antes de mediar el s. IX por sus relaciones de estrecha cooperación en las taimadas e interesadas maniobras de insubordinación u obediencia que, ante el régimen musulmán de Córdoba, iba a capitalizar Muza b. Muza en su ambiciosa y brillante carrera política.

Se había producido, sin duda, un conato de insurrección cuando el emir Abderramán II se adentró personalmente a sangre y fuego por las tierras pamplonesas (842-843), alcanzando incluso la recóndita guarida de Peña de Qays (Sajrat Qays), situada cerca de la salida de la cuenca de Pamplona por el curso del río Araquil. Se vieron obligados entonces a pedir la paz aman tanto Muza b. Muza como Íñigo Arista que conservó su señorío pamplonés a cambio de devolver a los cautivos que retenía y comprometerse a abonar la suma anual de 700 dinares, importe probablemente del tributo debido desde tiempos anteriores.

También figuraba entre los así sometidos un cabecilla altoaragonés, el hijo de García el Sirtaní, b. Garsiya al Sirtan, muy probablemente hijo y sucesor de García I el Malo, jerarca de las gentes que los mismos textos árabes denominan Sirtaniyum, localizables hacia el sector pirenaico que iba a configurar el condado de Aragón.

La paz acordada resultó efímera, pues al cabo solamente de un año (843-844) el monarca cordobés tuvo que volver a atacar y batir ahora en campo abierto a las tropas reunidas de nuevo por Muza e Íñigo. El primero fue descabalgado pero pudo huir a pie, y el segundo logró escapar herido a uña de caballo junto con su hijo García I Íñiguez, pero dejó tendidos sobre el campo de batalla a su hermano Fortún, el mejor caballero de Pamplona, y a más de un centenar de sus caballeros, mientras que Velasco Garcés, hijo sin duda del mencionado García I el Malo, se pasó al emir con sesenta de sus hombres.

Con esto se produjo quizás en la zona altoaragonesa un vacío de poder que pudo aprovechar el conde Galindo Aznar I para instalarse en los antiguos dominios de su padre Aznar Galindo I. Por lo demás, el año siguiente también se iba a pasar a los musulmanes el citado Galindo Íñiguez, hijo del propio Íñigo.

La rápida sucesión de revueltas y claudicaciones en las que luego estuvo implicado Íñigo Arista, incluidas hasta el año 850 al menos otras tres incursiones de las huestes cordobesas por los dominios pamploneses, benefició en definitiva a su hermano de madre Muza b. Muza, protagonista de una política oportunamente cambiante que le había valido ya ser confirmado como valí de Arnedo (La Rioja) en un breve intervalo de reconciliación con el gobierno cordobés y tras haberse desplazado a tierras sevillanas para colaborar en la expulsión de los piratas normandos (844).

Justo cuando obtuvo luego el valiato de Tudela (850), su hermano uterino Íñigo, que debía haber quedado imposibilitado a causa de una apoplejía, falleció poco después (851-852).

Los aludidos textos árabes, al consignar, como las Genealogías de Roda, que le sucedió su hijo García I Íñiguez, añaden que en él recayó el emirato de Pamplona, la formación política que para esta época podría considerarse a lo sumo como una especie de reino en estado latente.

MARTÍN DUQUE, Ángel, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXVII págs. 279-281.