Guerra civil en Navarra

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Los Agramonteses
Los Beaumonteses

Los Agramonteses

Antiguo bando de Navarra que apoyó a Juan II en las guerras civiles que, como repercusión de las que sostenía en Castilla, tuvo contra su hijo el Príncipe de Viana, defendido por los beaumonteses o lusetanos. Provienen estas denominaciones de dos familias procedentes de la Baja Navarra, descendientes de Felipe III el Noble, cuya rivalidad las había llevado a una guerra cruel en 1438. De estos bandos particulares pasaron los nombres a los generales que dividieron el reino Fue cabeza de esta facción el mariscal don Felipe de Navarra, muerto en Estella en 1450, al que sucedió su hijo don Pedro que siguió el partido el rey, no por oposición al príncipe, sino a don Luis de Beaumont y a su casa, con ser así que hijo y padre estuvieron más inclinados al príncipe que al reyAleson, Anales del Reino de Navarra, tono IV, pág. 495, Pamplona, 1732.

Con ayuda de los agramonteses, Juan II derrota en Aibar, 1452, al ejército de su hijo, hecho prisionero. La concordia de Zaragoza y la tregua de Ágreda, ponen fin, momentáneamente, a la guerra, que se reanuda después con más encarnizamiento. Acaso por la corta edad de don Pedro de Navarra, encomienda el rey a Mosen Pierres de Peralta la dirección de los agramonteses, que nuevamente victoriosos, derrotaban en Estella a las tropas del príncipe, obligándole a refugiarse en la corte de su tío Alfonso V. Reúne don Juan en Estella Cortes de la facción agramontesa, y en ellas don Carlos y su hermana doña Blanca que le era adicta, fueron desheredados a favor de doña Leonor y su marido el conde de Foix.

La muerte del rey de Nápoles, el regreso del príncipe a Barcelona y su prisión en Lérida, que levantó el Principado de Cataluña contra Juan II, enzarzó otra vez a los navarros en todos los horrores de una nueva guerra civil, la más encarnizadaYanguas Miranda, Historia compendiada del Reino de Navarra, San Sebastián, 1832, pág. 299, que no terminó con la libertad del príncipe ni aun con su muerte en abril de 1462. Algunos caballeros del partido agramontés, como Mosen Pierres de Peralta que había sido nombrado condestable, ayudaron al rey a someter a los catalanes cuando ofrecieron el Principado a Enrique IV y a don Pedro de Portugal. Tampoco la muerte de Juan II puso término a la lucha de los bandos, que siguieron asolando Navarra, alentados, a veces, por Fernando el Católico, interesado en mantener la discordia en este reino.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E pág. 59.

Los Beaumonteses

Conocidos también por el nombre de Lusetanos, constituían una antigua facción de Navarra que en la guerra civil que comienza en 1451 entre Juan II y el Príncipe de Viana, sostiene los derechos de don Carlos contra su padre, apoyado este por los agramonteses. Estos nombres tienen su origen en dos familias rivales de la Baja Navarra descendientes ambas de Felipe III el Noble, que en 1438 llegaron a tomar las armas:

De aquí nació que llamándose ya antes agramonteses y lusetanos los que seguían estos dos bandos particulares en los generales que ahora se declararon, a los del partido del rey dieron en llamar agramonteses, y a los que siguieron al príncipe, lusetanos y también beaumonteses, por ser jefe suyo el condestable don luis de Beaumont.Aleson, Anales del reino de Navarra, Pamplona, 1732, pág. 494.
El partido de los beaumonteses se componía de las gentes del reino que miraban con disgusto el despojo de la corona que debía estar en la cabeza del Príncipe y no en la del padre, sobre todo después de que contrajo segundo matrimonio.Yanguas Miranda, Historia compendiada de Navarra, San Sebastián, 1832, pág. 272.

Este enlace, complicando al padre y al hijo en los asuntos de Castilla, les enfrentó. Ayudado por los beaumonteses don Carlos decide sostener sus derechos; se apodera de algunos pueblos, pero es vencido y hecho prisionero en Aibar (1451). La ciudad de Pamplona, de la facción beaumontesa, envía a las Cortes de Aragón intercesores en su favor. Firmada la Concordia de Zaragoza (1453), don Carlos recobra la libertad, quedando en rehenes el condestable don Luis de Beaumont, dos hijos suyos y otros caballeros navarros, encerrados durante siete años en cierta torre de la cárcel de Zaragoza, que recibió por ello el nombre de Torre del Condestable.

El encono de los dos partidos hizo inútil toda reconciliación. La breve tregua de Ágreda procurada por la reina doña María de Aragón tampoco arregló el asunto, comenzando la guerra nuevamente en 1455.

Dirigió en ella las tropas beaumontesas don Juan de Beaumont, hermano del condestable y gran prior de Navarra. Desgraciados también en esta nueva lucha, fueron vencidos cerca de Estella, viéndose obligado don Carlos a refugiarse en la corte de Alfonso V, haciéndole árbitro de las diferencias con su padre. Dejó por gobernador a don Juan de Beaumont que juntó Cortes en Pamplona con los diputados de los pueblos del partido beaumontés, y en ellas fue proclamado rey don Carlos, el 16-I-1457, conducta desaprobada por el príncipe, que mandó que no se le diese en adelante tal título.

Por convenio de 1460 entre Juan II y su hijo, se ponía en libertad a los presos beaumonteses y eran entregadas al rey las plazas que aún permanecían adictas al príncipe.

Su prisión en Lérida, poco después de haber desembarcado en Barcelona, mal recibida en todos los reinos de España, exasperó a los beaumonteses, levantados nuevamente contra don Juan, no sometiéndose ni cuando la Concordia de Villafranca (1461) pone en libertad a don Carlos, ni a la muerte de este, ocurrida poco después. Muchos caballeros beaumonteses ofrecieron su ayuda a los catalanes que brindaban el principado a Enrique IV.

La sentencia arbitral del Bidasoa y la paz firmada por el rey de Aragón con el de Castilla debilitaron las fuerzas de los beaumonteses que se sometieron a Juan II firmándose en Tarragona un convenio en noviembre de 1464. No termina con esto la lucha de los partidos, que siguieron pesando durante mucho tiempo en los conflictos del reino de Navarra.

VILLA, Justa de la, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo A-E págs. 487-488.