García II Sánchez

Retrato imaginario del rey García Sánchez II de Pamplona .Retrato imaginario del rey García Sánchez II de Pamplona .

Rey de Pamplona 925-970. Rey de Nájera 923-970. Conde de Aragón 925-926. García II Sánchez, nacido en 919 y muerto el 22-II-970. Hijo y heredero de Sancho I Garcés de Pamplona y de Toda Aznárez, y hermano de Oneca (esposa de Alfonso IV el Monje de León), de Urraca (esposa de Ramiro II de León) y de Belasquita (esposa de Fortún Galíndez, señor de Nájera). Durante su minoridad, su madre fue quien realmente gobernó en Navarra.

Casó con Andregoto Galíndez, hija y heredera de Galindo Aznar II de Aragón, de cuya unión nacieron Sancho II Garcés Abarca de Pamplona y Sancha, esposa de Fernán González. En segundas nupcias contrajo matrimonio con Teresa (hija de Ramiro II) de quien nacieron Ramiro I Garcés, Urraca Garcés (esposa de Fernán González y del conde de Gascuña, Guillermo) y Jimeno Garcés.

La promesa de matrimonio (919) del infante con Andregoto Galíndez sirvió para solucionar el problema jurídico planteado como consecuencia de la ocupación (907-911) por parte de su padre de la zona de Bailo, de San Juan de la Peña y del valle de Onsella (Huesca); sin embargo, el matrimonio no se consumó hasta después de 936 y, probablemente, entre los años 940 y 943 fue anulado por razones de consanguinidad de los contrayentes.

La escasa edad del primogénito de Sancho I Garcés, hizo que a la muerte de este ocupase de el trono su hermano Jimeno Garcés, con la idea de que se llevase a cabo por medio de la corregencia como ayo o tutor de García II Sánchez.

La falta de noticias en los anales musulmanes durante los años 925-931 ha llevado a pensar a Levi Provençal que en este periodo se sucedieron diversas victorias cristianas, que fueron omitidas por los cronistas. Entre 927 y 928 atendió la llamada de los habitantes de Balaguer (Lérida), sublevados contra el poder de Muhammad b. Lubb.

Tras la muerte del tutor (29-V-931), el hermano del padre de Sancho I Garcés, Íñigo Garcés, posiblemente pretendió ocupar la regencia o el reino eludiendo los derechos de su sobrino, García Sánchez, en función de sus prerrogativas como hijo mayor del primer matrimonio de García Jiménez con Oneca de Sangüesa.

Fue en esta ocasión cuando por primera vez se reconoció el derecho real a un menor de edad (doce años), aunque su ejercicio se reservó a un varón de sangre real, encargado de la dirección del ejército. Su madre Toda, viuda de Sancho I Garcés, reclamó la ayuda de su sobrino Abderramán III, quien desde Osma de Soria se desplazó a Pamplona y, según Ibn Hayyan, colocó en el trono a García II Sánchez.

A partir de este momento el gobierno de los vascones lo ejerció su madre como tutora de su hijo, hecho que queda constatado en los documentos de confirmación conjunta de las donaciones realizadas al monasterio de San Pedro de Siresa (Huesca), en un documento de Albelda (26-VI-933), en los que aparecen como gobernadores de Pamplona y sin titulación real, y en los de la sentencia de los jueces Galindo Aznárez y Jimeno Galíndez sobre la posesión de una pardina en Javierre (948).

Tradicionalmente se ha afirmado que la regencia de Toda abarcó desde 931 hasta 934, ya que en el verano de ese último año García II Sánchez era ya rey de Pamplona y heredero de Aragón. Su acceso al trono generó una lucha por el poder entre este e Íñigo Garcés. En los primeros años de su mayoría de edad prosiguió postergado a las exigencias de su madre, que continuó dirigiendo las cuestiones políticas.

La reina Toda entró en coalición con uno de los miembros de la familia de los Tuyibíes Mutarrif b. al Mundir, y con el rey Ramiro II contra el califa de Córdoba, con quienes conquistó Calatayud (29-VII-937); sin embargo Abderramán III respondió con el ataque a las localidades próximas a Pamplona con el propósito de castigar a la rebelde Toda, que había omitido el pacto de amistad.

En diciembre de 937 el general Nayda b. Husayn dejó Zaragoza, se encaminó hacia Tudela (Navarra) y atacó la fortaleza de San Esteban. Tras estas correrías, según al Maqqari, García II Sánchez y la reina Toda obtuvieron la paz.

Soportó junto con el rey de León Ramiro II, el ataque del califa, que había organizado la denominada campaña de la omnipotencia contra el reino de León. Asistió a los condes de Castilla Fernán González y Assur Fernández y al rey de León Ramiro II en la batalla de Simancas (8-VIII-939), lo que abrió la posibilidad de repoblar las tierras situadas al sur del valle del Duero.

La separación de García II Sánchez y de Andregoto obligó a que el futuro Sancho II Garcés Abarca quedase al cuidado de un aitán, el conde navarro Fortún Jiménez. Posiblemente tras esta anulación, la reina Toda inició gestiones para casar nuevamente a su hijo con una hija del conde Barcelona Suñer I, aunque la boda fracasó gracias a las gestiones de Abderramán III. De nuevo se llevaron a cabo gestiones matrimoniales para casar a García Sánchez con algún familiar de Ramiro II y posteriormente con alguno del califa cordobés, pero ambas fracasaron. Finalmente casó entre 940 y 942 con Teresa, hija de Ramiro II, que falleció entre 957 y 959.

El 25-XI-941 fue obligado por el gobernador de Zaragoza, Muhammad b. Hashim al Tuyibí, a devolver las fortalezas de Labata y Labib y los baluartes de Sen y Men, mermados a Huesca. A partir de esta fecha parece que las relaciones entre Pamplona y Córdoba se mantuvieron pacificas hasta el año 948, en que, según las crónicas musulmanas, García II Sánchez fue derrotado por Abderramán III.

En 951 el reino de Pamplona fue puesto bajo el sometimiento del califato de Córdoba. Los dominios pamploneses fueron asolados por la expedición mandada por el caid Galib (957-958). En 958, García II acompañó a Toda y a su primo, el que había sido rey de León Sancho I de León el Craso, hasta Córdoba con el fin de solicitar del califa el auxilio necesario para restaurar a este en el trono leonés, quien volvió a reinar (960-965) en substitución de Ordoño IV el Malo (958-960).

Por estos años, probablemente volvió a casarse con otra mujer, Oneca, con la que realizó una donación de tierras al monasterio de San Juan de la Peña. Una vez muerto Abderramán III mandó una delegación a Córdoba con el fin de reconocer al nuevo califa al Hakam II y prorrogar el periodo de paz.

Según los Anales Compostelanos, apresó (960) en Aconia al conde de Castilla Fernán González y a su hijo y los condujo a Pamplona; la Crónica Najerense amplia los datos y alude a que fue hecho prisionero en Cirueña (La Rioja), pero las referencias cronológicas que da son erróneas, por lo que se cree que este hecho pudiese ser legendario; no obstante, a pesar de este carácter, la noticia del apresamiento se ha dado por verdadera: el conde castellano fue reclamado por el nuevo califa cordobés al Hakam II, solicitud que fue rechazada por García II Sánchez, que además liberó al conde castellano.

En 962 rompió la tregua, pactó una alianza con el rey de León Sancho I, el conde de Castilla y los condes de Barcelona Miro y Borrell II contra el poder musulmán, pero al año siguiente perdió ante las tropas del califa San Esteban de Lerín (Navarra) y ante las del gobernador de Zaragoza Yahya b. Muhammad tuvo que entregar las fortalezas de Calahorra (La Rioja) y Atienza (Guadalajara). En este mismo año hizo frente a la acción bélica del gobernador de Huesca contra el castillo de Yebra (Huesca). La ocupación de Calahorra implicó la pérdida consiguiente de la cuenca del río Alhama, Quel, Autol y Arnedo y la imposibilidad de establecer comunicaciones con las tierras al sur del valle del Ebro y el núcleo pamplonés, de modo que la frontera sur con los musulmanes quedó fijada en Leza (Álava) y Clavijo (La Rioja).

A su muerte (22-II-970) el reino, que, según el Cartulario de Silesa, incluía desde Pamplona hasta el valle de Boltaña (Huesca), quedó dividido entre sus dos hijos varones: Sancho II Garcés Abarca heredó las tierras patrimoniales al Norte del valle del Ebro, y Ramiro Garcés el reino de Viguera, que se encontraba sometido a su hermano mayor, el rey de Pamplona.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX, pág. 4422.