Francisco I1745-1765

Biografía

Francisco I, emperador
Francisco I por Martin van Meytens

Dinastía Habsburgo-Lorena. Emperador del Sacro Imperio, 1745-1765, n. en Nancy el 8-XII-1708 y m. en Innsbruck el 18-VIII-1765. Se llamaba Esteban Francisco de Lorena, y era el hijo mayor del duque Leopoldo José Carlos de Lorena y de Bar y de la princesa Elisa Carlota de Orleáns. Se educó desde 1723 en la corte de Viena, donde recibió en feudo el ducado de Teschen (Silesia).

En 1729 sucedió a su padre en el gobierno de Lorena y Bar, pero renunció a dicho ducado en virtud de la paz de 1735, firmada en Viena entre Francia y Austria a favor de Estanislao Leczinski, suegro de Luis XV, recibiendo él en compensación, el derecho de sucesión al gran ducado de Toscana, que pasó a su poder al extinguirse la casa de los Médicis.

En 1736 contrajo matrimonio con María Teresa, hija del emperador Carlos VI, y poco después tomó parte en la guerra contra los turcos. A la muerte de Carlos VI (1740), su esposa, elevada a la dignidad de soberana de los Estados austriacos, le declaró corregente del patrimonio austriaco, aun cuando no tuvo intervención directa en el gobierno; pero al morir Carlos VII (20-I-1745) fue proclamado emperador de Alemania y coronado en Francfort (4 de octubre del mismo año), a pesar de la oposición de Francia, Prusia y del Palatinado.

No obstante, dejó a su esposa la dirección de los asuntos políticos y se dedicó al fomento de las ciencias y las artes, del comercio y de la industria austriacos. El mismo se ocupó preferentemente en aumentar su fortuna con grandes especulaciones financieras. Así logró dejar un capital de 157.000.000 florines.

Después de la guerra de los Siete Años, su esposa le confió la dirección de la Hacienda y la reorganización del crédito público, tarea en la que salió airoso. en 1764 hizo elegir rey de romanos a su hijo José, que le sucedió como emperador, después de haber asegurado a su segundo hijo Leopoldo la herencia del gran ducado de Toscana.

Murió dejando 16 hijos, entre los que mencionaremos, además de los dos citados, Fernando, duque de Módena; María Cristina, gobernadora de los Países Bajos; María Amelia, duquesa de Parma; María Carolina, reina de Nápoles, y María Antonieta, reina de Francia.

Consagró sus ocios a la alquimia, intentando descubrir la piedra filosofal; fue tolerante en cuestiones religiosas, y Viena le debe un rico gabinete de medallas y de historia natural.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 pág. 1059.

José II1765-1790

Biografía

José II, emperador
José II por Georg Decker

Dinastía Habsburgo-Lorena. Emperador del Sacro Imperio, 1765-1790, el mayor de los hijos de Francisco I y de María Teresa, n. en 13-III-1741 y m. el 20-II-1790.

Su madre quiso proporcionarle una cuidadosa educación, dándole numerosos profesores, entre los que figuraron militares, jurisconsultos y jesuitas, pero, no obstante, la cultura que recibió fue bastante superficial, en parte por la diversidad de materias que se el enseñaron, en parte por el carácter inquieto del joven príncipe, cuya actividad incansable no le permitía fijarse mucho tiempo en las cosas. Además, aunque inteligente, no poseía en alto grado la virtud de la constancia ni la de la obediencia.

Después de terminados sus estudios, recorrió casi toda Europa, especialmente Italia, Francia, España y Alemania. Desde muy joven demostró mayor entusiasmo por las ideas reformadoras, que más tarde quiso aplicar a sus Estados, sin tener en cuenta los antecedentes históricos ni las condiciones reales del país.

Proclamado rey de Hungría en 1764, la muerte de su padre le puso al año siguiente al frente del Imperio, pero, en realidad, continuó gobernando su madre, que no le dejó casi intervención alguna en los asuntos exteriores, si se exceptúa la dirección del ejército, que preocupaba muy poco al príncipe. En cambio, su influencia en la política exterior fue preponderante, y pudo obtener numerosas concesiones territoriales. Favoreció el reparto de Polonia, se hizo ceder la Bukovina por Turquía, y renovó la cuestión de Baviera aliándose con Rusia con la esperanza de poder anexionársela.

Reformador de la iglesia católica

Murió su madre el 29-XI-1780, y entonces se entregó de lleno al desarrollo de sus planes, pues repetidamente había declarado que quería reorganizar la nación conforme a los principios de la razón pura. Esta tentativa, aunque bien intencionada, constituía un atentado a la historia, a las instituciones y aun a los mismos habitantes de los países que formaban la corona de los Habsburgo.

José II, sin tener nada de esto en cuenta, quiso imponer a sus súbditos una administración uniforme y aun les ofendió en sus sentimientos religiosos. Su primera preocupación fue formar una religión oficial, católica, pero independiente de Roma y completamente subordinada al Estado. Así, comenzó por prohibir a todos los arzobispos, obispos y autoridades religiosas de los países austriacos recibir Bulas o Breves pontificios y órdenes de superiores extranjeros sin consentimiento del soberano.

Las instrucciones y pastorales de los obispos a sus diócesis debían ser, antes de su publicación, aprobadas por el poder temporal. Se privó a los obispos del derecho de absolución y de dispensa que tenían del Papa, y, en cambio, se les autorizó para resolver los impedimentos canónicos en materia de matrimonio. Se prohibieron las apelaciones a Roma de los consistorios episcopales, atribuyéndose esta función a los tribunales laicos. Los obispos, antes de su confirmación, tuvieron que prestar juramento de fidelidad al monarca.

Por otra parte, a los religiosos se les prohibió también tener cualquier relación de dependencia con el extranjero, y fueron colocados a las órdenes de provinciales nacionales que no reconocían otra autoridad que la de los obispos. Los monjes extranjeros fueron expulsados y quedaron suprimidas todas aquellas Órdenes cuyos individuos hacían vida contemplativa, dejando solamente las que se dedicaban a la enseñanza, a la asistencia pública y a la predicación (1782).

Los bienes de los conventos suprimidos se aplicaron a la formación de un capital para pagar a los religiosos secularizados y crear escuelas y establecimientos de beneficencia. En ocho años desaparecieron 700 conventos con 36.000 religiosos, quedando 1.324 y 27.000, respectivamente. Intentó, además, reglamentar el culto divino, dictando para ello una serie de disposiciones, así como también sobre el retiro religioso, sobre el fausto de los sacerdotes, enterramientos, procesiones, peregrinaciones, exposición de imágenes y reliquias, etc.

A fines de 1781 dictó la llamada Patente de tolerancia, que aplicó a Austria, Bohemia, Hungría y Bélgica, aunque conservando cierta supremacía para la religión católica, y aun dictó severas medidas a fin de evitar que los católicos abrazaran fácilmente otras comuniones apostatando de la suya, y en ciertos casos aplicó duros castigos a monjes que habían abandonado caprichosamente sus comunidades y a protestantes sospechosos de exagerado proselitismo.

A fin de poner coto al afán reformador de José II, envió Pío VI una comunicación a su gobierno que fue contestada en términos descorteses por el ministro Kaunitz. El papa hizo entonces un viaje a Viena (II-IV de 1782), haciéndole el pueblo un recibimiento entusiasta. El mismo José II le trató con tanto respeto como consideración, pero no rectificó su conducta, antes al contrario, en enero de 1783 estableció el matrimonio civil y el divorcio.

Sin embargo, a fines del mismo año, gracias a los consejos de Bernis y del embajador español Azara, se trasladó a Roma para llegar a una inteligencia con el Pontífice, por lo menos en ciertos extremos, con lo que las relaciones entre ambos se suavizaron bastante. Donde produjeron mejores y más bienhechores efectos las medidas tomadas por José II fue, sin duda, en el terreno político-social y económico.

Se preocupó el monarca de la colonización y en particular del establecimiento de los alemanes en los países eslavos y magiares, a fin de considerar en ellos el elemento alemán. Echo, además, los cimientos de un sistema tributario mejor y más equitativo, que, sin embargo, concitó una serie de dificultades porque se oponía a las prerrogativas de los nobles y eliminaba todos los privilegios de clase, sin plegarse a las ambiciones del estado llano, el cual veía un perjuicio para sus intereses en la limitación del consumo impuesta a la nobleza.

Resultado de la legislación josefina fue la total supresión de la esclavitud de la gleba servage de la glebe como continuación de la legislación catastral empezada por María Teresa; la patente para Bohemia y países adyacentes se expidió el 1-XI-1781.

Por lo tocante a las reformas de José II en la administración de justicia, fue especialmente perjudicial el espíritu de inquietud y la incompatibilidad, cada día más visible, de las disposiciones dadas: así, por ejemplo, al abolir la pena de muerte, se conmutó por otras penas como la de galeras y trabajos forzados, que provocaron el descontento de la opinión pública, y no tardó en promulgarse un nuevo decreto restableciendo la pena capital.

Análogas oscilaciones mostraron los adictos de José II sobre la censura de libros y la libertad de imprenta. Por el contrario, fueron objeto de universal aplauso las instituciones creadas por el monarca para fines de beneficencia: hospitales y manicomios, casas de maternidad y orfanatos, reformatorios y correccionales, etc. A pesar de la oposición que halló José II en las territorios de la herencia materna, sus leyes hubieran ejercido una influencia permanente si su gobierno no hubiese sufrido las hondas conmociones que en él produjo la política exterior.

Con todo y ser un admirador personal de Federico II, estaba José II demasiado apegado a las tradiciones austriacas para no experimentar los efectos de la ambición ante el poder cada día más creciente de Prusia, y esta ambición se exacerbó cuando el rey de Prusia se opuso abiertamente al plan que desde tanto tiempo acariciaba el monarca austriaco de adquirir Baviera.

Entre tanto, al buscar el apoyo de los Estados extranjeros, ya en Francia, ya en Rusia, sus ulteriores empresas fracasaron. El fantástico plan de resucitar el Imperio griego y la alianza con Rusia le llevaron a la guerra con Turquía (1788), cuyo desgraciado desarrollo desencadenó todas las fuerzas de la oposición hasta entonces contenidas, en los países hereditarios.

En Bélgica, en 1787, su intervención dio lugar a derramamiento de sangre. Mientras trazaba con Catalina II grandiosos planes en Cherson, su gobierno en los países hereditarios daba muestras de una extraordinaria debilidad.

Después de destituir al gobernador de los Países Bajos, el duque Alberto de Sajonia-Teschen, por la excesiva condescendencia de que había dado muestra cerca de los Estados de Holanda, quiso restablecer su prestigio militar perdido, y ordenó al general Murray el más inconsiderado y despótico uso de las armas y la declaración de la ley marcial, pero no pudo, sin embargo, impedir la revolución.

En Hungría las cosas seguían una marcha análoga. La sencilla negación del derecho histórico de aquel país, en virtud de la cual no se hizo coronar rey de Hungría, sino más bien trasladó la corona de Hungría a Viena, dio origen a una oposición de los húngaros, que en un principio fue pasiva, pero andando el tiempo adquirió verdadera actividad, la cual desde 1789 tuvo un visible fomento en el proceso de la Revolución francesa.

Finalmente, cediendo al impulso de sus más fieles consejeros, firmó el 28-I-1790 aquel notable documento en que abolió, con pocas excepciones, todas las innovaciones y restableció el estado constitucional de 1780.

A fin de pacificar a Bélgica, hubo de doblegarse a la condición, para él humillante, de invocar el auxilio del papa Pío VI. Al mismo tiempo había empezado en Bohemia y en el Tirol la efervescencia contra el monarca. Poco antes de llegar a los cuarenta y nueve años de edad murió víctima de una afección pulmonar que había contraído en la campaña del Bajo Danubio y que se agravó con los sufrimientos morales al ver fallidas todas sus esperanzas.

La crítica serena e imparcial no puede menos de reconocer la efectividad de la labor de José II, ya que de entre las ruinas de su sistema de gobierno se salvaron los principios substanciales. En general, imprimió no solo en los gobiernos austriacos, sino también en el carácter austriaco desde todos los puntos de vista políticos, aquel sello que se llamó espíritu josefino y que perduró hasta los últimos tiempos.

Aunque su criterio en el terreno eclesiástico, no lo compartieron sus sucesores, quedó, sin embargo, fijo y arraigado en la conciencia del pueblo en forma de un catolicismo de Estado, de amplias miras liberales. Su memoria se ha perpetuado en gran número de monumentos no solo en las ciudades de Austria, sino también en muchas de Bohemia, Moravia y Silesia. Casó en primeras nupcias con Isabel, fija del archiduque Felipe de Parma, y en segundas con María Josefa, hija de Carlos Alberto de Baviera (emperador Carlos VII).R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 28 págs. 2912-2913.

Leopoldo II1790-1792

Biografía

Leopoldo II, emperador
Leopoldo II por Anton Raphael Mengs

Dinastía Habsburgo-Lorena. Emperador del Sacro Imperio, 1790-1792, segundo hijo de Francisco I y de María Teresa (1747-1792). Fue primero gran duque de Toscana, y durante su gobierno publicó un notable Código penal, suprimió la Inquisición y protegió la agricultura y el comercio.

En 1790 sucedió como emperador a su hermano, José II, señalando su reinado algunas victorias contra los turcos, varias diferencias con Prusia, concluidas por el tratado de Sistow, y turbulencias en Bélgica. Hermano de la infortunada reina de Francia, María Antonieta, hizo todo lo posible para organizar una coalición general contra los revolucionarios franceses, y después de la huída de Luis XVI a Varennes, entró en tratos con Federico Guillermo de Prusia, dando origen a la famosa declaración de Pilnitz, que firmó el 27-VIII-1791, manifiesto, por cierto, bastante vago lo que hizo suponer a muchos que temía una guerra con Francia.

Su gobierno se distinguió por la prudencia, abandonando las reformas sobrado atrevidas de José II. Murió antes de haber estallado la guerra con Francia. De su matrimonio con la infanta española María Luisa tuvo 16 hijos, entre ellos Francisco II, que fue su sucesor, y los archiduque Carlos y Juan, Raniero, que fue virrey de Lombardía, y Rodolfo, obispo de Olmutz.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 30 pág. 47.

Francisco II1792-1806

Biografía

Francisco II, emperador
Francisco II, emperador

Dinastía Habsburgo-Lorena. Primer emperador de Austria, 1804-1835 y con el nombre de Francisco II, último emperador de la dinastía en Alemania, 1792-1806; n. en Florencia el 12-II-1768 y m. en Viena, el 2-III-1835.

Se llamaba José Carlos Federico, y era hijo del emperador Leopoldo II y de María Luisa, hija de Carlos III, rey de España. Se educó primero en Florencia, desde donde pasó a Viena en 1784, continuando allí su educación bajo la dirección de su tío, José II.

En 1788 acompañó al emperador a una expedición contra los turcos, y en 1789 se encargó del alto mando bajo la dirección de Laudon, cuya larga experiencia le sirvió de guía en la carrera militar. Cediendo a la voluntad de José II, casó en el mismo año con la princesa Isabel de Wurtemberg, pero al año siguiente enviudó, y poco tiempo después contrajo segundas nupcias con María Teresa de las Dos Sicilias, con la que tuvo 13 hijos.

Nombrado emperador su padre en 1790, tomó con él parte en la célebre entrevista de Pilnitz (25-VIII-1791); le sucedió en los Estados hereditarios de la casa de Austria y fue elegido emperador el 7-VI-1792, siendo coronado el 14 de julio.

Guerras con Francia

A causa de la alianza pactada entre Leopoldo II y Prusia (7-II-1792) contra Francia, estalló la guerra, que Francisco continuó cuando Prusia pactó la paz por separado en Basilea (5-IV-1795)

Austria, que a su vez se hallaba debilitada por el desmembramiento de Polonia, siguió débilmente la guerra hacia el Rhin, pero al poco tiempo, atacada en Alemania por Jourdan y Moreau, y en Italia por Bonaparte, que después de una serie de grandes victorias (1796-97), llegó vencedor hasta las cercanías de Viena, tuvo que aceptar la paz de Campo Formio (17-X-1797), por la que Francisco renunció al Milanesado y a los Países Bajos a cambio de Venecia, Istria y Dalmacia.

Aun cuando esta paz resultase honrosa para Francisco , no tardó este más de un año en formar una nueva coalición contra Francia, y en 1799, aliado con Rusia e Inglaterra, peleó contra Francia, primero con fortuna, hasta que en la derrota de Marengo perdió sus posesiones de Italia, viéndose obligado a aceptar la paz de Lunéville a costa de nuevos y grandes sacrificios.

En 1805 comenzó una nueva tercera guerra en unión con Rusia, Suecia e Inglaterra, pero las derrotas de Ulm y de Austerlitz le obligaron a firmar la paz de Presburgo (26-XII-1805), que le costó grandes pérdidas de territorio, especialmente el Tirol y Venecia.

Después de tomar, 14-VIII-1804, el título de emperador heredero de Austria, al constituirse la Liga del Rhin (12-17 de julio), abdicó el 8-VIII-1806 la corona imperial de Alemania. Habiendo permanecido neutral en la guerra de Prusia y Rusia contra Francia (1806-07), perdió la cuarta guerra contra Napoleón, después de la batalla de Wagram, en la paz de Viena (14-X-1809), 100.000 km2 de territorio. Por fin, siguiendo los consejos del astuto Metternich, su primer ministro, cedió en conceder en matrimonio a su vencedor a su hija María Luisa (2-IV-1810).

En mayo de 1812 se alió con Napoleón para la campaña de Rusia, y después del fatal resultado de la misma permaneció neutral por algún tiempo, hasta 1813, en que entró en la coalición contra Francia, y en virtud de la paz de París (30-V-1814), entró en posesión de tan vastos territorios como no los había poseído ninguno de sus antecesores.

Desde 1815 gobernó en completa paz, solo interrumpida por el levantamiento de Lombardía en 1821. Aunque pobre de espíritu y de pocos talentos personales, su llaneza y trato patriarcal le granjearon gran popularidad. Fue admirablemente secundado por Metternich; como él hizo de la monarquía austriaca una vasta máquina burocrática que funcionaba con aparente regularidad. Gracias a los dos fue Austria el alma de la Santa Alianza.

Contrajo matrimonio cuatro veces: en 1788 con Isabel Guillermina, princesa de Wurtemberg, muerta sin sucesión en 1790; en este año, con María Teresa de Sicilia, muerta el 13-IV-1807, dejándole 13 hijos, entre ellos el que después fue Fernando, emperador de Austria; María Luisa, esposa de Napoleón; María Leopoldina, que casó con Pedro I de Brasil, y María Clementina, esposa del príncipe de Salerno; en 1808 casó con María Luisa Beatriz, princesa de Módena, muerta en 1816, y en este mismo año con Carolina Augusta, hija de Maximiliano José de Baviera.

La Correspondencia de Francisco (en francés), con sus hermanos Leopoldo y Catalina, la publicó Beer en Leipzig en 1874.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 págs. 1059-1060.

Confederación del Rhin1806-1813

Introducción

La Confederación del Rhin Rheinbund, de la que Napoleón fue el protector estaba formada por dieciséis principados alemanes a los que se unieron el reino de Westfalia y, en 1807, el gran ducado de Varsovia. De hecho, esta confederación se reveló como un frágil edificio. Vencida por los franceses durante la cuarta coalición (Jena y Auerstedt, 14-X-1806), Prusia se vio reducida a la mitad por la aplicación del Tratado de Tilsit (julio de 1807).

Paradójicamente, este desmoronamiento representó también el punto de partida de la recuperación prusiana, cuyos principales artífices fueron Stein y Hardenberg en el plano social, Scharnhorst en el ámbito militar y Fichte en el filosófico, cuyos catorce Discursos a la nación alemana (Berlín, 1807-1808) exaltaron el espíritu nacional.

Las universidades, la de Berlín se fundo en 1810, en las que los estudiantes se agruparon en sociedades secretas (como la Tugenbund, fueron activos focos de nacionalismo

Periodo 1810-1811

Las consecuencias del Bloqueo continental obligaron a Napoleón a anexionar al Imperio francés las costas del mar del Norte y Lübeck; pero, si bien Alemania sufría escasez de ultramarinos, podía beneficiarse de la retracción momentánea de Inglaterra para desarrollar su industria textil.

Periodo 1813-1814

A raíz de los reveses franceses en Rusia, Alemania, después de Prusia, se lanzó con entusiasmo junto a los aliados a la guerra de liberación, aun cuando la hostilidad hacia Prusia continuaba siendo muy fuerte en Renania: tras Leipzig (1813), Blücher atravesó el Rhin. En abril de 1814, el rey de Prusia entró en París con el zar.

Confederación germánica1815-1866

Introducción

El congreso de Viena dio una nueva estructura a Alemania. En lugar de Sacro imperio se creó una Confederación germánica de 39 estados autónomos, entre ellos Austria y Prusia, una Prusia fortalecida y engrandecida, fundamentalmente en Renania. Toda la historia de la Confederación estuvo marcada por la rivalidad austroprusiana; bajo la presidencia honorífica del emperador de Austria, la Confederación tuvo como órgano esencial la dieta de Fráncfort.

En un principio, las dos potencias, Austria y Prusia, tuvieron que enfrentarse a una fuerte corriente liberal, hostil a la restauración del Antiguo régimen basado en los privilegios y particularismos; al mismo tiempo, fue fortaleciéndose la corriente unitaria. Una gran federación, la Burschenschaft, en la que dominaban burgueses e intelectuales, y numerosas asociaciones de estudiantes agitaron el país. La represión llevada a cabo por Metternich con la aquiescencia de Prusia congreso de Karlsbad, 1819) sofocó la vida política en Alemania.

Prusia prestó ayuda a la unificación de Alemania en beneficio propio mediante una acción económica eficaz. De 1818 a 1833 se constituyó en torno a ella y gracias a ella una unión aduanera Zollverein que preparó la unidad nacional suprimiendo las barreras aduaneras entre unos veinte estados.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 1 págs. 347-348.

Confederación de Alemania del Norte1866-1871

Introducción

Estado que reemplazó la antigua Confederación germánica después de la guerra de 1866 y que comprendía Prusia, Sajonia-Weimar, Oldenburgo, Brunswick, Sajonia-Altenburgo, Sajonia-Coburgo-Gotha, Anhalt, los dos Schwarburgo, Reuss de la línea menor, Waldeck, Schaumburgo Lippe y Lippe, así como las ciudades libres de Brema, Lubeck y Hamburgo.

Esta liga se formó el 18 de agosto del mencionado año, juntándose el 21 los dos Mecklemburgo, el 3 de septiembre el gran ducado de Hesse por la parte del alto Hesse al N. del Main; el 26 la línea mayor de Reuss; el 8 de octubre, Sajonia Miningen y el 21 el reino de Sajonia. De este modo la Confederación abrazaba 22 Estados de 415.150 km2 de extensión y unos 30 millones de habitantes.

El 15 de Diciembre se reunieron los representantes de los Estados para acordar una Constitución, y el 12-II-1867 tuvieron lugar las elecciones para la elección del Parlamento constituyente, que fue inaugurado por el rey de Prusia el día 24. El 16 de abril fue votada la Constitución, que se promulgó el 24 de junio y puso en vigor el 1 de julio.

El 26 asumió el rey Guillermo sus derechos y deberes como presidente de la Confederación, y el 15 de agosto se reunió el Consejo Federal, teniendo lugar elecciones para el Parlamento el 31, que fue inaugurado en 10 de septiembre. En noviembre de 1870 los Estados de Baden , Hesse, Baviera y Wurtemberg se reunieron a la Confederación de la Alemania del Norte, y el 9 de diciembre se acordó denominar Imperio alemán a la Confederación así ampliada.

En 91 de diciembre se proclamó la Constitución del nuevo Estado, cesando la Confederación de la Alemania del Norte. La legislación de esta fue aplicada al Imperio y sus deudas extinguidas con el producto de la indemnización de la guerra francesa.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 14 pág. 1140.

Guillermo I

Biografía

Kaiser Wilhelm I.
Guillermo I por Wilhelm Kuntzemüller

Dinastía Hohenzollern. Emperador Sacro Imperio (1871-1888) y rey de Prusia (1861-1888), hijo segundo del rey Federico Guillermo III y de la reina Luisa, n. en Berlín el 22-III-1797 y m. en la misma capital el 9-III-1888. Oficial en 1807 y educado por Delbrück y von Reiche, mostró desde un principio clara inteligencia, gran amor al orden, carácter serio y gran sentido práctico.

Capitán en 1814, acompañó a su padre en la campaña de Francia, ganó en Bar-sur-Aube (26 de febrero) la Cruz de Hierro; marchó con su padre sobre París el 31 de marzo, siguió al monarca hasta en la visita de este a Inglaterra, y el 8-VI-1815, ascendido a mayor, condujo de nuevo un batallón del primer regimiento de la Guardia a Francia, en donde la guerra tocaba ya a si término.

En 1816 se encargó del batallón de la Guardia de Stettin, pasó por diferentes grados de la milicia, y en 1825, como teniente general, se le confió el cuerpo de Guardia. Completamente imbuido en los deberes militares supo conservar, en el largo periodo de paz, el espíritu militar en sus tropas.

Conoció asimismo los asuntos del Estado, a lo cual contribuyeron no poco sus repetidos viajes de legación a la corte de Rusia; rehusó en 1826, la mano de la princesa Elisa Radziwill (la cual le profesaba un verdadero amor) porque este enlace hubiera traído anexo un pleito sobre la sucesión a la dinastía, y el 11-VI-1829 contrajo matrimonio con la princesa Augusta de Sajonia-Weimar, cuya hermana María era la esposa de su hermano menor Carlos.

A la muerte de su padre (1840) recibió, como presunto heredero de su hermano Federico Guillermo IV, el título de príncipe de Prusia; al cabo de poco fue ascendido a general de infantería y siguió con vivo interés la política interior, pero sin ejercer notable influencia en su hermano, y solo muy a pesar suyo autorizó, en 1847, la convocatoria del Landtag

En marzo de 1848 resolvió conceder una Constitución, que no mermase en absoluto el poder real, antes, al contrario, lo mantuviese incondicionalmente. El 22 de marzo del mismo año partió a Londres, en donde aclaró sus planes políticos en sus conversaciones con el príncipe Alberto, con R. Peel, J. Russell, Palmerston y con otros hombres de Estado. A primeros de junio volvió a Berlín y fue elegido miembro de la Asamblea nacional prusiana, pero, una vez expuestos sus principios constitucionales, no tomó ya ulterior parte en sus trabajos.

El 8-VI-1849, encargado de las tropas enviadas a reprimir el levantamiento revolucionario del S. de Alemania; sometió en pocas semanas (después de escapar felizmente de un atentado contra su persona en Maguncia) el Palatinado y Baden, que estaban insurreccionados. En octubre, nombrado gobernador militar del Rhin y Westfalia, se estableció en Coblenza, hasta que en 1854, fue ascendido a teniente general de infantería y nombrado gobernador de la fortaleza de Maguncia.

Desde 1850 no estuvo conforme con la política exterior de Prusia, pero se mantuvo alejado de la reacción política y eclesiástica y fomentó y procuró el aumento del poder defensivo de Prusia estando, como estaba, convencido de que solo con éxitos militares podía llevarse a cabo un cambio político fundamental.

Aunque esta idea la agitaba él a solas, pues en aquel tiempo apareció muy pocas veces en público, no por esto dejó de portarse en todos sus actos como un buen prusiano y patriota alemán, fiel cumplidor de sus deberes eclesiásticos y en su interior genuinamente constitucional, y la opinión pública, en un principio desfavorable a él, hizo un cambio tan notable, que cifró todas sus esperanzas en el príncipe al ponerse al frente del gobierno como representante del rey (23-X-1857) durante la enfermedad de este y más tarde (7-X-1858) como regente del reino.

Después de prestar el juramento a la Constitución (26-X) convocó (5-XI) el Ministerio liberal presidido por Anerswald (que había sustituido al gabinete dimisionario de Manteuffel. Del 15 al 18-VI-1860 tuvo una entrevista con Napoleón III, a la que asistieron varios príncipes alemanes. El 8 de noviembre publicó un manifiesto en que expuso su programa de gobierno.

El pueblo acogió con aplauso sus declaraciones, pero no dio la importancia que realmente tenían a sus palabras, en las que manifestó la necesaria reforma del ejército y los recursos que para ello eran indispensables, puesto que el ejército prusiano había de ser fuerte y prestigioso, si Prusia debía cumplir su cometido.

Los acontecimientos de 1859, al tropezarse con las grandes dificultades de la movilización y descubrirse las deficiencias en la milicia, pusieron bien patente lo justificado de los planes del regente; pero la Cámara de diputados no pudo resolverse a aprobar los gastos suplementarios que importaba la radical organización militar, cuyo plan fue propuesto en 1860.

El 14-VI-1861, el estudiante Oscar Becker atentó contra la vida de Guillermo I, pero este sufrió solo una leve herida. El 2 de enero murió Federico Guillermo IV, y le sucedió en el trono Guillermo I, teniendo lugar la coronación el 18 de octubre del mismo año.

En esta ocasión creó la orden de la Corona, concedió varios títulos de nobleza y dio una amnistía restringida. El poder real se mostró entonces independiente del Parlamento, y, por lo mismo, se acentuó la desconfianza del pueblo hacia los planes constitucionales del nuevo monarca.

Las elecciones efectuadas a fines de 1861 fueron progresivas, y con la retirada del Ministerio llamado de la nueva era (17-III-1862), el cual dimitió por no poder obtener la aprobación legal de la organización militar ya realmente llevada a cabo, empezó el conflicto constitucional, en el cual el rey mantuvo con firmeza su propia obra, la reforma del ejército, y con toda la autoridad que le daba la realeza, abogó por el Ministerio Bismarck.

Con ello perdió rápidamente su primitiva popularidad, a pesar de lo cual siguió impertérrito defendiendo los derechos de la corona y, conforme a los hábiles planes de Bismarck, siguió una política decididamente alemana, la cual, en 1866, condujo a una lucha decisiva con Austria.

El propio monarca tomó el mando del ejército obteniéndose la brillante victoria de Königgratz. En las negociaciones de paz renunció, aunque contra su voluntad, a la anexión de Sajonia, a fin de no hacer obstrucción a los planes alemanes de unión patrocinados por Bismarck. En virtud de la constitución de la Liga norte-alemana del 1-VII-1867, fue Guillermo I presidente de la misma.

En el interior siguió una política liberal y sustituyó por hombres liberales a los odiados ministros del periodo del conflicto. La guerra con Francia (1870-1871) cubrió de nuevo al ejército de gloria. Guillermo I asumió nuevamente el mando supremo de todo el ejército que operaba en Francia, se acreditó en Gravelotte y en Sedán y, desde X-1870 a III-1871, dirigió desde Versalles las operaciones militares y las negociaciones políticas para el establecimiento del imperio alemán.

Con la proclamación de emperador, que tuvo lugar el 18-I-1871 en el palacio de Versalles, tomó Guillermo I para sí y sus sucesores en la corona de Prusia el título de emperador de Alemania.

El 16-VI del mismo año hizo su brillante entrada en Berlín y se ocupó desde luego, con actividad incansable, en completar la organización militar del Imperio y en la reforma interior del Estado prusiano; se adhirió hasta en la cuestión del Kulturkampf, a su ministro y rechazó la imposición del Papa, en su famoso escrito del 3_IX-1873.

Para asegurar la paz europea firmó en IX-1872 la Dreikaserbund (alianza de los tres emperadores) entre Alemania, Rusia y Austria, que aproximaba a las dos últimas. A este mismo objeto tendieron sus visitas a San Petersburgo y Viena (1873) y a Milán (1875).

Con su infatigable e inagotable actividad para el bien común obtuvo un extraordinario afecto y estimación entre el pueblo alemán, el cual lo exteriorizó con grandes manifestaciones de contento y regocijo cuando su jubileo militar al cumplir setenta y ochenta años respectivamente, respectivamente de servicio y en la celebración de su 80º y 90º natalicio (1877 y 1887), como también en sus bodas de oro (1879).

Rara vez un príncipe, a edad tan avanzada, había conquistado para su familia y para el Estado tan grandes honores como él, que era no solo el más anciano, sino también el más distinguido y poderoso de los monarcas de Europa. Por esto causaron mayor sorpresa los dos atentados que cometieron contra su persona Hödel (11-V-1878) y Nobiling (2-VI-1878), y aunque de ellos salió tan mal herido, que el 4 de junio hubo de nombrar lugarteniente suyo al príncipe heredero, conservó su inquebrantable tranquilidad de espíritu y, tras una larga permanencia en Baden y Wiesbaden, el 5 de diciembre se encargó de nuevo del gobierno.

El 17-XI-1881 y el 14-IV-1883 recibió el Reichstag sendos mensajes en los que se anunciaban importantes leyes para el mejoramiento de los obreros. Reanudó también Guillermo I las relaciones con el papa León XIII, poniendo fin al Kulturkampf. A pesar de su profunda simpatía por Rusia, dio (1879) su asentimiento a la alianza con Austria, formando con la entrada de Italia, la famosa Triple Alianza.

Profundamente afectado por la enfermedad de su hijo y la muerte de su nieto, el príncipe Luis de Baden, murió tras breve enfermedad, en la fecha anteriormente citada. Su memoria quedó tan grabada en sus súbditos, que en 1902 tenía 322 monumentos en varias provincias y localidades de Alemania.

Era Guillermo I de elevada estatura y de fisonomía noble y franca, de costumbres sencillas, fue profundo en él el sentimiento de justicia. Su madre decía de él en 1810: Es sencillo, honrado e inteligente. Mostró siempre mucho reconocimiento a sus ministros, permaneciendo gustoso en segundo término, sin muestra alguna de envidia, ante la glorificación de Bismarck, Moltke y de Roon. El interés que ponía en todo momento en cumplir los deberes inherentes a su cargo no sufrió nunca menoscabo.

No puede afirmase, sin embargo, que fuera un hombre superior; tenía sí, el sentido de la realidad, mucha firmeza de carácter y no menor constancia. Por sí solo, tal vez no hubiera logrado fundar la unidad alemana; en cambio, Bismarck la habría seguramente conseguido. De su matrimonio con María Luisa Catalina Augusta tuvo un hijo, Federico, más tarde rey de Prusia y emperador de Alemania, y una hija, Luisa María Isabel, que casó en 1856 con Federico Guillermo Luis, gran duque de Baden.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 27 pág. 248-250.

Federico III

Biografía

Friedrich_III.
Friedrich_III por Heinrich von Angeli

Emperador Sacro Imperio, 1888-188. Rey de Prusia 1888-1888. Dinastía Hohenzollern. Guillermo Nicolás Carlos. Hijo de Guillermo I y de la princesa Augusta de Sajonia-Weimar, n. en Postdam el 18-X-1831 y m. en la misma ciudad el 15-VI-1888.

Recibió una educación muy esmerada, contando entre sus profesores al historiador Ernesto Curtius. A los dieciocho años ingresó en el ejército; en 1850 estudió en la universidad de Bonn, y en 1856 fue nombrado coronel del regimiento de la guardia.

En 1858 casó con la princesa inglesa Victoria Adelaida María Luisa, y en 1861, al subir su padre al trono de Prusia, fue proclamado príncipe heredero. Aunque no tuvo ningún mando en la guerra contra Dinamarca (1864), desempeñó un papel importante en ella, pues con su tacto y amabilidad contribuyó a acallar las rivalidades que habían surgido entre algunos jefes del ejército prusiano. En cambio, se indispuso con Bismarck, cuyo carácter duro e inflexible contrastaba con el suyo.

Al estallar la guerra contra Austria (1866) fue nombrado general en jefe del segundo ejército, teniendo como jefe de Estado Mayor a Blumenthal, y obtuvo numerosos éxitos al frente de sus tropas, especialmente en Nachod, Trautenau, Skalitz, Schweinschaedel y sobre todo en Sadowa, cuya victoria decidió su oportuna llegada.

En la guerra francoprusiana mando el 3º cuerpo de ejército, también con Blumenthal, y sus acciones se contaron entre las más brillantes de aquella campaña, lo que, unido a su carácter afable y bondadoso, le hizo muy popular entre las tropas y el pueblo. Tomó parte en la batallas de Wissenburg y de Wörth y después marchó sobre París, contribuyendo por sus acertados movimientos a la victoria de Sedán.

Fue también el primero que puso sitio a París, y el 28-X-1870 obtuvo los honores de generalísimo. Después de la paz se le concedió la gran cruz de Hierro, y ya antes, en el mismo campo de batalla, había sido condecorado con la orden Pour le mérite.

El 16-VI-1871 entró solemnemente en Berlín con su padre y luego fue inspector de un cuerpo de ejército y presidente de la Comisión de Defensa Nacional. Lo mismo que antes de la guerra de 1870, hizo frecuentes visitas a las cortes extranjeras, especialmente a Italia, con objeto afirmar los lazos de amistad y alianza entre ambos países.

Al ser su padre víctima de un atentado que le impuso algunos meses de reposo (1878), se encargó de la regencia del Imperio y se esforzó en mejorar la cultura alemana, así como las industrias artísticas, tarea en la que le ayudó eficazmente su esposa; pero por lo demás, no dejó ninguna influencia en el gobierno. Posteriormente realizó muchos viajes y visitó las cortes de San Petersburgo (donde asistió a los funerales de Alejandro II, Londres, Viena, Roma y Madrid.

Ya desde algunos años antes estaba aquejado de una melancolía incurable, y en 1887 se le presentaron los primeros síntomas de un cáncer laríngeo. Visitado por los médicos alemanes Gerhardt, Bergmann y Tobold, aconsejaron estos una operación que debía realizarse sin pérdida de tiempo, cuando Mackenzie, un médico inglés, se ofreció a tratar al enfermo sin necesidad de operarle.

La dolencia siguió su curso y Federico III acompañado de su esposa, viajó por Inglaterra e Italia, y se hallaba en San Remo cuando recibió la noticia de la muerte de su padre (9-III-1888), dirigiendo entonces al pueblo una proclama en la que parecía anunciar una política más liberal que la de Bismarck, pero conservó a este como canciller, así como a todos los demás ministros, a excepción de Puttkamer.

Su reinado fue una larga agonía de 99 días, turbada, además, por las querellas políticas y domésticas, pues su esposa, que hasta entonces le había hecho feliz, apoyó a última hora a Mackenzie, quien con sus errores y obstinación, fue el principal responsable de la muerte del emperador. Este soportó estoicamente sus sufrimientos, despertando grandes simpatías en toda Europa por su bondad y desgraciado fin.

De su matrimonio con Victoria Adelaida, que a su muerte tomó el título de emperatriz Federico, dejó los siguientes hijos: Guillermo II (V.), que le sucedió; Carlota, nacida en 1860, casada en 1878 con el príncipe heredero de Sajonia- Meiningen; Enrique, n. en 1862; Victoria, n. en 1866, casada en 1890 con el príncipe heredero de Schaumburg-Lippe; Sofía, n. en 1870, casada en 1889 con el príncipe Constantino, más tarde rey de Grecia, y Margarita, nacida en 1872, casada en 1893 con el príncipe Federico Carlos de Hesse. Además habían nacido otros hijos, muertos antes que él: Segismundo (1864-1866) y Valdemaro (1868-1879).

Sus Tagebucher über die Kriege 1866 und 1870-71 y sus Reisen nach dem Morgenland und nach Spanien, fueron publicados por Margarita de Poschinger (2ª ed., Berlín, 1902). Federico III cuenta con numerosos monumentos en Alemania, siendo los principales: el de Elberfeld, obra de Eberlein (1893); estatua ecuestre en el campo de batalla de Wörth, debida a Baumbach (1895); en Weisbaden (1897); en Homburg (1897) y en Kronberg (1902), las tres de Uphner; en Oels (1901) y en Posen (1902), ambas debidas a Boese; en Breslau (1902) y en Berlín, ante la puerta de Brandeburgo (1903) una y otra de Brütt, y en Stettin, de A. Schulz (1902).R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 23 pág. 543-544.

Guillermo II

Biografía

Guillermo II
Guillermo II por Rudolf Wimmer

Emperador Sacro Imperio, 1888-1918. Rey de Prusia 1888-1918. Dinastía Hohenzollern. El tercero y último emperador del segundo Reich tuvo una influencia muy notable en la política interior y exterior de Alemania durante su reinado. Hijo de Federico III y de Victoria, princesa de Inglaterra, nacido en Berlín el 27-I-1859, demostró desde su juventud un temperamento decidido, tal vez propenso a las exageraciones, y una afición extraordinaria a los asuntos de gobierno.

Como los príncipes Hohenzollern, fue adscrito a la vida militar desde que llegó a su mayoría de edad en 1877, y su contacto íntimo con la oficialidad despertó en él las mismas inclinaciones espirituales que en sus antecesores, esto es, la convicción de que la supremacía de Alemania en Europa se debía exclusivamente al ejército. No obstante, frecuentó los cursos de enseñanza pública en el instituto de Cassel (1874-1877) y en la universidad de Bonn (1877-1879), sin que su formación política y cultural llegara a ser completa.

En 1882 intervino en la administración de la provincia de Brandeburgo y en 1866 su padre le permitió entrar en el secreto de las relaciones internacionales. A la muerte de Guillermo I, seguida a pocos meses de distancia por la de Federico III (15-VI-1888), ascendió al trono imperial de Alemania y real de Prusia. Con él llegaba al poder la generación de Sedán, esto es, la generación que había visto resolver el problema de la unidad alemana en el marco de la potencialidad de los ejércitos germánicos.

Guillermo II representa, pues, una segunda etapa en la evolución política de Alemania, caracterizada por una mayor cohesión interna y por el deseo de plasmar la hegemonía europea del segundo Reich en una trepidante acción de política internacional.

Deseoso de imponer su criterio en los asuntos del Estado, Guillermo II, después de un viaje por Europa, que produjo un vivo revuelo político, logró que el canciller Bismarck presentara su dimisión el 20-III-1890. Guillermo discrepaba de su ministro tanto en la política social del Estado, como en las orientaciones de su diplomacia.

Desde entonces intervino personalmente en los asuntos públicos, respaldado sucesivamente por los cancilleres Caprivi (1880-1894), Hohenlohe (1894-1900), Bülow (1900-1909) y Bethmann-Hollweg (1909-1917)

Se ocupó de modo activo del desarrollo del ejército y de la marina de guerra, lo que procuró a Alemania la hostilidad de Inglaterra. Beneficiándose de la prosperidad económica, llevó a su país al mayor grado de esplendor conocido, e incluso obtuvo territorios coloniales en África y Oceanía.

Sin embargo, su diplomacia distó mucho de alcanzar la perfección de la de Bismarck. Partidario de una política de prestigio, Guillermo II se acarreó enemistades por actos muy poco prudentes.

En 1896 felicitó al presidente Krüger del Transvaal por su resistencia contra Inglaterra; en 1898, en un viaje a Palestina, expuso la política imperialista de Alemania en el Próximo Oriente, también poco grata a la Gran Bretaña; en 1905, en otro viaje a Tánger, se declaró protector del Islam y opuesto a la política de Francia en Marruecos.

Por último, pese a sus tentativas de mantener la tradicional amistad entre Rusia y Alemania, su apoyo incondicional a la política austríaca en los Balcanes motivó el alejamiento definitivo del Imperio de los zares. Así, Guillermo fue, en cierta manera, el creador de la política de acorralamiento de Alemania de la que él mismo era el primero en lamentarse.

Al estallar la crisis internacional de julio de 1914, Guillermo II contribuyó a agudizarla, al dejar el camino libre a la imprudente política del gabinete de Viena. Sin embargo, no se le puede considerar responsable directo de la guerra de 1914 a 1918.

En el transcurso de la misma la personalidad del emperador no se demostró a la altura de las circunstancias; su carácter inquieto, exagerado y mudable, se acentuó al compás de la mayor dureza de la lucha, Ni supo resistir a las exigencias, desorbitadas en algunos casos, del Estado Mayor, ni poner coto a la efervescencia socialista.

Después del fracaso de la ofensiva de verano de 1918, la situación llegó a ser muy difícil para la monarquía. La misma oficialidad le aconsejó su abdicación en el gran consejo de Spa (29-X-1918). Proclamada la República en Berlín, Guillermo II abdicó, abandonó Alemania el 9 de noviembre y se refugió en Holanda, Desde esta fecha hasta su muerte, acaecida el 4-VI-1941, Guillermo II residió en Dorn.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 65.