Austria

Historia de Austria
Introducción
La extinción de los Habsburgos
Reformas y guerras
Separación de Austria y Alemania
La monarquía austro-húngara

Introducción

Una parte del territorio que compuso la Monarquía austro-húngara estuvo en la antigüedad sujeta a los romanos que, bajo el reinado de Augusto, habían tomado el Danubio por el límite N. de su Imperio, mientras que más allá de aquel río se establecían los cuados y los marcomanos.

Solo en el Bajo Danubio extendieron los romanos su dominación, sometiendo la Dacia en el reinado de Trajano (107) y convirtiéndola en provincia. A mediados del s. II (166) los bárbaros del N. comenzaron a violar las fronteras del Imperio.

En el s. III fue la Dacia conquistada por los godos y desde el s. IV fueron cayendo las provincias en manos de las tribus indígenas que se corrieron cada vez más al S., hasta el s. VI en que se estableció una relativa calma en las emigraciones.

Pero ya los avaros habían fundado en Hungría un reino poderoso (568) y por el mismo tiempo las tribus eslavas del N. se establecían en Bohemia y Moravia hasta el Danubio y los Pequeños Cárpatos.

Entretanto los alemanes bajoarios, descendientes probablemente de los marcomanos, se habían fijado al oeste del Enns y conquistado el actual Tirol hasta Bozen, quedando así fronterizos con los lombardos.

En la antigua Pononia y la Nórica, en las vertientes de los Alpes orientales, hasta las fuentes del Drave y el Mur, se habían hecho fuertes los eslovenos sudeslavos o vindos, primero bajo la soberanía de los avaros y en el s. VII como ducado independiente llamado Carantania.

Más allá del Kulpa, hasta las montañas de Vibas, se establecieron los croatas, con los cuales lindaban los serbios en el S., desde la Dalmacia hasta Belgrado. Los romanos empujados por las migraciones eslavas, se refugiaron en la costa Dálmata y en las islas.

Esta situación cambió por completo con el advenimiento de la dinastía carlovingia. Carlomagno, después de someter a los sajones y longobardos, subyugó Baviera, cuyo duque Tassilo había reconocido primero la soberanía franca pero había tratado después de hacerse independiente con el auxilio de los avaros. (788).

La adquisición de Baviera fue acompañada de la de Carantania, una de sus dependencias. Con la destrucción del reino avaro por Carlomagno (795), los límites del imperio franco se extendieron hasta el Danubio, comprendiendo la Panonia y las riberas de la Nórica.

Los eslovenos y croatas, ante una potencia de tal orden, no pudieron ya conservar su independencia y se sometieron a un tributo como los eslavos bohemio-moravos.

El país entre el Danubio y el Theiss quedó despoblado. La disgregación comenzó después de la muerte del gran emperador, y mientras los croatas se sometían al Imperio de Oriente los eslovenos se hacían independientes.

Los eslavos del N. fueron reunidos por el príncipe moravo Svatopluk durante la segunda mitad del s. IX en un gran Imperio eslavo, que por una parte se extendía hasta Erzgebirge y por otra hasta Cracovia, prolongándose por el S. hasta el Theiss. Este Imperio moravo cayó en 906 cuando la invasión magyar que acabó por hacer peligrar la misma monarquía franca del E.

Ya en 908 el margrave bávaro Luitpoldo fue vencido por ellos, aniquilándose el poderío franco en Panonia, a la vez que el dominio húngaro se extendía por la marca del E. del Enns. La victoria de Otón I en Lechfeld (955) restableció el poder bávaro en la marca del E., bajo el Enns. Esta en un documento de 966 se designa ya por el nombre de Ostarrichi.

Primes margraves

Bajo los primeros margraves de la casa de Babenberg Luitpoldo I, 976-994; Enrique I, 994-1018 y Adalberto, 1018-1055) se extendió hasta el March y el Leitha. Los países situados al E. del Wiener Wald fueron poblados por colonos alemanes.

Ernesto el Bravo (1055-1075) combatió contra los húngaros muriendo en la batalla de Hohenburg dada a los sajones. La antigua marca del E. fue agrandada con la Nueva Marca. Su hijo Luitpoldo II el Hermoso (1075-1096) fue desposeído de sus Estados por el emperador Enrique IV, cediéndolos a Vratislao de Bohemia, aunque aquél los recuperó en 1084.

Su hijo Luitpoldo III el Santo (1096-1136) casó con la hermana del emperador Enrique V, viuda de Federico, primer duque de Suabia, abandonó su residencia de Babenberg y edificó su castillo en Leopolsberg, en Viena, fundando Klosterneuburg y Heiligenkreuz. Elegido en 1125 para ocupar el solio imperial, lo rehusó.

Su tercer hijo Luitpoldo IV el Liberal (1136-1141) recibió como feudo el ducado de Baviera de Conrado III, que se lo había arrebatado a Enrique el Orgulloso, en 1139. Después de la muerte de Luitpoldo IV, los Estados de Austria y Baviera pasaron a su hermano menor Enrique Jasomirgott (1041-77).

En 1156, por renuncia de Baviera en favor del güelfo Enrique el León, recibió del emperador Federico I el privilegium minus, y su margraviato quedó convertido en ducado con muchos privilegios.

Leopoldo V el Virtuoso (1177-94) tomó parte en la tercera cruzada y se enemistó con Ricardo Corazón de León, a quien detuvo a su vuelta en el castillo de Dürrenstein. Después de la muerte de Otocar VI obtuvo la Estiria en 1192.

Tras el breve reinado de su sucesor Federico I el Católico (1195-98) alcanzó la dinastía esplendor bajo el reinado de Leopoldo VI el Glorioso (1198-1230), adquiriendo nuevas posesiones en la Carniola. Como su padre, Leopoldo VI fue un gran protector de los trovadores minnesinger. Para defender la fe no solo emprendió una expedición a España, sino que se agregó a la cruzada de Andrés rey de Hungría, a Palestina y Egipto.

Su hijo Federico II el Batallador (1230-46), desposeído de sus estados por Federico II en Emperador, los recobró después, contuvo el avance de los mogoles sobre Austria, y sucumbió en un combate contra Bela de Hungría, pereciendo con él el último de los Babeberg

La extinción de los Habsburgos

Reformas y guerras revolucionarias

Separación de Austria y Alemania

La monarquía austro-húngara

Luitpoldo I el Ilustre

Biografía

Margrave de Austria, 1740-1780. Primer margrave de Austria, m. en Würzburgo en 994. En unión con su hermano Bertoldo de Nordgau prestó auxilio a Otón II contra la insurrección bávara de 976, por lo cual el soberano les concedió varios territorios en la Baja Austria. Leopoldo fue conde de Donaugau y recibió la Marca oriental bávara (Baja Austria) y el Traunagu.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 30 pág. 51.

Enrique II Jasomirgott

Biografía

Margrave y duque de Austria (1114-1177), hijo de Leopoldo III y de Inés, hija del rey Enrique IV. Fue nombrado margrave a la muerte de su hermano mayor Leopoldo IV, en 1142 recibió del rey Conrado III el ducado de Baviera y casó con Gertrudis, madre de Enrique el león.

En su gobierno se encendió de nuevo la guerra con los Güelfos, durando hasta 1146, y en 1147 surgieron contiendas con Geisa, rey de Hungría. Bajo el estandarte del emperador tomó parte de la segunda cruzada, casando en su regreso en Constantinopla (septiembre de 1148) con la princesa bizantina Teodora.

En 1158 formó parte de la expedición del rey Federico I a Italia y asistió al asedio de Milán. A causa del cisma eclesiástico se enfriaron las relaciones entre el emperador y el duque, y, finalmente, aquél incitó a los príncipes przemislidicos (1175) a hacer una incursión en Austria, ayudados por los húngaros y polacos.

Tocaba a su mitad el periodo de la guerra cuando Enrique murió en Viena a consecuencia de una caída de caballo.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 20 pág. 20.

María Teresa I

Biografía

Retrato de María Teresa I por Martin van Meytens (1759).

Retrato de María Teresa I por Martin van Meytens (1759).

Reina de Hungría y Bohemia, 1740-1780. Archiduquesa de Austria, 1740-1780. Emperatriz consorte del Sacro Imperio, 1740-1780. Si muchos fueron los que crearon el Imperio de los Austrias en la Edad Moderna, una sola mujer lo conservó y defendió en un momento de gravísima crisis internacional. Esta fue María Teresa de Austria, gran señora con corazón de rey.

Activa, inteligente, resuelta, sus méritos no solo estriban en haber salvado el destino del Imperio de sus mayores e incluso en haberlo aumentado territorialmente, sino también en haber emprendido con suma discreción una serie de reformas administrativas, sociales y económicas que proporcionaron grandes beneficios a los países de su monarquía. En resumen, María Teresa es una de las grandes soberanas de la Historia.

Hija primogénita del emperador Carlos VI y de Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, María Teresa nació el 13 de mayo de 1717 en Viena, cuatro años después que su padre promulgara la Pragmática Sanción (19-IV-1713) que daba a sus posibles herederas el derecho a sucederle en el trono en detrimento de las hijas de su hermano José I.

Desde su más tierna edad, el nombre de María Teresa jugó un papel interesante en la gran política internacional. Varios fueron los príncipes que aspiraron a su mano, e incluso en 1725 y 1726 se firmaron sendos acuerdos entre las cortes de Viena y Madrid dándola en matrimonio a uno de los hijos de Isabel Farnesio, la esposa de Felipe V de España.

Pero en el asunto de su matrimonio, María Teresa escogió libremente la persona de su marido, de modo que el 12-II-1736 casó con el duque Francisco de Lorena (futuro Francisco I, emperador de Alemania), el cual, por el tratado de paz de Viena de 1736, permutó sus estados con el gran ducado de Toscana. La joven pareja entró en Florencia en enero de 1739; pero su estancia en Italia fue de breve duración, pues a la muerte de Carlos VI (20-X-1740) su hija tuvo que empuñar el cetro de los Habsburgos en Hungría, Bohemia y Austria.

Su ascensión al trono fue caracterizada por el desencadenamiento de la guerra de la Pragmática Sanción, iniciada por Federico II de Prusia, quien reclamaba el territorio de Silesia. La campaña de 1741 se desarrolló desfavorablemente para la causa de María Teresa, que vio derrotados sus escasos y mal pertrechados ejércitos por los prusianos y sus recién aliados, los franceses y bávaros. En estas circunstancias, demostró su extraordinario temple, similar al de su gran antecesora, la reina Isabel la Católica de España.

Gracias a la defensa apasionada de sus derechos, obtuvo el apoyo entusiasta de la nobleza húngara (Presburgo, 2-IX-1741). En 1742, firmada una paz eventual con Federico II Breslau por la que le cedía Silesia, María Teresa, con el apoyo inglés, pudo lanzar sus ejércitos contra sus enemigos, de modo que a principios de 1743 había salvado su corona y la parte mayor de su Imperio.

Sin embargo, aún tuvo que evitar el grave peligro de una segunda intervención de Federico II (1745), esquivado por la paz de Dresden. En este año, Baviera aceptó la Pragmática Sanción por el tratado de Füssen y se comprometió a dar su voto electoral al esposo de María Teresa, quien fue elegido emperador de Alemania el 13-IX-1745.

Firmada la paz general en Aquisgrán (1748), María Teresa fue reconocida en sus derechos. Pero, en cambio, constituyó una obsesión de su política futura la pérdida de Silesia. Al objeto de recobrar esta provincia y el prestigio de Austria en Alemania, la soberana decretó la reorganización del ejército, de la hacienda pública y de la administración en un sentido centralizador y absolutista.

Por otra parte, auxiliada por el canciller von Kaunitz, afirmó sus relaciones con Rusia y se decidió a aceptar la alianza de Francia. Esta famosa reversión de alianzas (1756) fue precursora de la guerra de los Siete Años, en cuyo transcurso, pese a las victorias de sus ejércitos, María Teresa no pudo obtener la restitución de Silesia. La paz de Hubertsburgo, (1763) ratificó la pérdida de esta provincia por Austria.

La muerte de su esposo (18-VIII-1765) fue uno de los mayores dolores de su vida. Desde entonces dejó parte del peso de la política exterior a su hijo, el emperador José II. En general, se opuso a los planes belicistas de este, pero accedió, no sin muchas vacilaciones, al primer reparto de Polonia (1772) y a la anexión de la Bukovina (1775. En 1779 negoció la paz de Teschen entre su hijo y Federico II, que puso fin a la ridícula guerra de las patatas y a la crítica situación del emperador en el Reich.

Durante este periodo, María Teresa se preocupó especialmente de la política con los países latinos. En Italia, dos hijos suyos regían Toscana y Milán, y dos de sus hijas eran soberanas en Nápoles y Parma. Respecto a Francia, daba sus avisados consejos a María Antonieta, otra de sus hijas, reservada a tan triste destino.

María Teresa murió en Viena el 29-XI-1780, después de una larga decadencia física. Germánica de corazón, muy religiosa y notoriamente convencida de su poder real, practicó una política de acuerdo con esos tres postulados. Sus reformas para dar nueva vida al Estado abarcaron todos los campos. El objetivo que se propuso fue la unificación del gobierno por una burocracia adecuada Behördenorganisation de 1746) y la sumisión de la clerecía y la nobleza al poder real.

Los medios empleados fueron la implantación de la igualdad de derechos para todos los ciudadanos, la separación entre lo judicial y lo administrativo, la transformación de la administración, el impulso a la agricultura y al comercio, la introducción de un derecho general común Codex Theresianus y el desarrollo de la enseñanza.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 130-131.

Francisco José I

Biografía

Franz Josef I por Pietzner, Carl

Francisco José I por Carl Pietzner

Emperador de Austria-Hungría (1848-1916). Nació en el palacio de Schoenbrunn (Viena) el 18-VIII-1830 y m. en el propio palacio el 21-IX-1916. Fueron sus padres el archiduque Francisco Carlos, hijo segundo del emperador Francisco I, y la archiduquesa Sofía, hija del rey Maximiliano Jorge de Baviera.

El primogénito de Francisco I, el archiduque Fernando, no tuvo sucesión en su matrimonio con la princesa María Ana, tercera hija de Víctor Manuel, rey de Cerdeña, y después de Francisco Carlos la corona pertenecía por derecho de sucesión a Francisco José I.

La educación de este corrió a cargo de su madre, el conde de Bombelles y el profesor J.Hoffer, que más tarde fue presidente del gabinete imperial astronómico físico; más adelante se encargaron de ella profesores especialistas, entre ellos el padre Otmar de Rauscher, que con el tiempo fue cardenal-arzobispo de Viena, quien tuvo a su cargo especialmente las enseñanzas de filosofía y moral; el pintor J. N. Geiger y los profesores Lichtenfels, Frangl y Columbus. De su educación militar cuidó, desde 1843, el coronel von Hauslab y la ciencia del gobierno la aprendió del príncipe Metternich y del consejero de Estado Pilgram.

Coronación como emperador de Austria

El 6-IV-1848 fue nombrado gobernador de Bohemia, pero su toma de posesión se retardó algo porque el presidente gubernamental recién nombrado conde León Thun, había tenido que detenerse el Galitzia.

En lugar de dirigirse a Bohemia partió Francisco José hacia Verona, al campamento de Radetzky, en donde asistió por primera vez a un hecho de armas, en Santa Lucía (6-V). Dispuesto a partir para Praga, se recibieron en Innsbruck noticias sobre los sucesos sangrientos de Praga (12 de junio), que preparaban el fin de su mandato.

El 12 de agosto regresó con la familia imperial a Schoenbrum y con ella partió el 7 de octubre a Olmütz. La idea de que el emperador Fernando abdicase en favor de su sobrino lo acariciaba familia imperial ya desde el principio de los disturbios y, según el de la emperatriz y el de la archiduquesa Sofía, se hubiera realizado ya en el día del natalicio de Francisco José I, pero Schwarzenberg desaconsejaba toda precipitación en este asunto; los acontecimientos políticos habían tomado tal sesgo, que aplazaban indefinidamente esta resolución.

Para no verse obligada la corona con respecto a los primitivos compromisos contraídos por el emperador con los magiares, fue declarado mayor de edad Francisco José I el 1-XII-1848 y al siguiente día abdicaba el emperador Fernando. Y como su hermano, el archiduque Francisco Carlos, renunciaba a la sucesión, recayó esta en su hijo mayor como emperador de Austria y rey de Hungría y Bohemia.

La época era extremadamente crítica para el Imperio, en guerra con Cerdeña, y teniendo que hacer frente a la rebelión en Hungría, pues los húngaros se negaron a reconocer al nuevo soberano, constituyéndose en República independiente bajo la presidencia de Kossuth.

El joven monarca confiaba, no obstante, en su máxima Viribus unitis para dominar las circunstancias. El primer ministerio, ya en funciones desde el 22-XI, lo constituían el príncipe Schwarzenberg (presidente), el conde Stadion (Interior), el barón Kraus (Hacienda), el general Cordon (Guerra), Basch (Justicia), el barón Bruck (Comercio), el barón Thinnfeld (Cultura) y el barón Helfert (Instrucción Pública).

Las negociaciones del gobierno con la dieta de Krems fracasaron, siendo aquella disuelta el 4-III-1849. La rebelión húngara fue sofocada con auxilio de 100.000 rusos que el zar le facilitó, a pesar de la protesta de la Asamblea nacional francesa, habiendo colaborado el propio emperador (28 de junio) en la toma de Raab; la guerra de Cerdeña había terminado con un brillante éxito para Radetzky en la victoria de Novara, de manera que los comienzos del reinado de Francisco José I no ofrecían sino halagüeñas perspectivas.

La sumisión general de sus territorios originó una reacción; apresurándose Francisco José I, con su ministro Schwarzenberg, a arrebatar a los Estados de su vasto Imperio cuantas franquicias habían obtenido las revolucionarias conmociones que sucesivamente se habían desencadenado en él; quedó abolida la Constitución de 1849, se volvió al poder absoluto, sin responsabilidad en los ministros; abolió la libertad de imprenta, disolvió la guardia nacional, etc., no respetando de la obra de la revolución más reforma que la libertad de los siervos.

Se preocupó entonces de intervenir en los asuntos exteriores, trabajando para que no mermara la influencia de Austria en las nacionalidades de lengua germánica. Intervino en los asuntos de Schleswig-Holstein y del gran ducado de Hesse, combatiendo la revolución contra el soberano del mismo.

Reanudó, estrechándolas, sus buenas relaciones con el rey de Prusia, visitando Berlín en 1852 y celebrando el año siguiente un tratado comercial con aquél extensivo a todos los Estados de la Confederación Germánica (1853).

En la política interior puso en práctica un sistema centralizador, aboliendo las aduanas que separaban las provincias alemanas de la Hungría y del Lombardo-Véneto (1851), unificando los regímenes provinciales y reduciendo las atribuciones de las corporaciones provinciales a entidades meramente consultivas (1854); concedió a los obispos la libertad de comunicarse directamente con el Papa y poniendo bajo la intervención de los mismos la imprenta en general y la instrucción pública en todas sus ramas (1854). Por estas medidas quedó derogado el Concordato firmado por su antecesor José II.

A la muerte del príncipe Félix Schwarzenberg (abril de 1852), Substituido por el conde Buol, obtuvo Bach su máxima influencia en el gobierno. El emperador, en los años subsiguientes, viajó por sus estados a fin de enterarse por sí mismo de las circunstancias de su Imperio. El 18-II-1853, el húngaro Libenyi atentó contra la vida del emperador en Viena, logrando herirle.

El 24-IV-1854 contrajo matrimonio con la princesa bávara Isabel. En la Guerra de Crimea o de Oriente, se limitó a guardar un papel de mediador, así como en las cuestiones danubianas, ajustando un tratado con Francia e Inglaterra, pero manteniéndose a la expectativa (1854). Las circunstancias políticas, tanto del interior como del exterior iban tomando cada vez un aspecto más serio.

El Concordato firmado entre Austria y la Santa Sede en 1855, había de tener graves consecuencias y era asimismo muy dudosa la situación en que había colocado a Austria su conducta durante la guerra de Crimea, en virtud de la cual se encontró aislado al emprender, en Abril de 1859, la guerra contra Cerdeña. Se negó entonces a confiar la cuestión del reino lombardo-véneto a un Congreso europeo y ordenó al general Ginlay que penetrase en el Piamonte.

La suerte le fue desfavorable: tras la primera derrota de Magenta (4 de junio) se encargó Francisco José del alto mando, pero a los pocos días fue derrotado nuevamente en Solferino (24 de junio) y quedó Austria tan malparada que el emperador se vio obligado a concertar una paz con Napoleón III en Villafranca (8 de julio) en la que perdió la Lombardía.

Firmada esta paz, Francisco José I se dedicó a dominar la grave situación creada en el interior de su territorio y otorgó a su pueblo instituciones constitucionales, en las que tuvo en cuenta el carácter de las distintas nacionalidades: el llamado Diploma de Octubre (20-X-1861) significaban la ruptura con los procedimientos absolutistas de gobierno de los últimos años, aun cuando esto fue por breve tiempo, pues la nueva constitución dejo de regir el 20-IX-1865.

La cuestión más perentoria era, sin embargo, la de las relaciones de Austria con la Confederación Germánica. la invitación de Francisco José I a la dieta de Fráncfort (que empezó el 16-VIII-1863) halló acogida en todas partes menos en Prusia, pero las negociaciones acerca de la reforma de la Confederación transcurrieron sin resultado.

Austria y Prusia se habían unido para arrebatarle a Dinamarca los ducados de Schleswig-Holstein, pero al llegar al reparto de la conquista surgieron las desavenencias, y Prusia, que tenía a su lado las naciones más poderosas de Alemania del Norte, hizo causa común con Italia, lo que condujo rápidamente a la guerra de 1866, en la que Austria perdió su prestigio de gran potencia en Alemania y Venecia (derrota de Sadowa.

Las condiciones del tratado de Praga que puso fin a la guerra fueron durísimas para los austriacos que se vieron obligados a ceder el Véneto a los italianos y perdieron para siempre su lugar en la Confederación germánica.

Reformas liberales y descentralizadoras

Las consecuencias que estos desastres tuvieron en la política interior amenazaron derrocar el régimen y no le quedó entonces más recurso a Francisco José I que dar mayor amplitud a la Constitución liberal y descentralizadora de sus Estados y confió este cometido al conde de Beust, ministro de Sajonia, que comenzó las reformas inmediatamente (1867) y durante un lustro trabajó sin descanso y con éxito feliz.

El 8 de junio de este año tuvo lugar en Ofen la solemne coronación de Francisco José I como rey de Hungría y durante los años de 1867 a 1870 se procedió en el interior con un espíritu de amplio progreso liberal en todos los terrenos.

Cuando estalló la guerra francoprusiana le ofreció al gobierno de Napoleón III la intervención armada, mediante la cual, en caso de salir vencedores, podía vengar los agravios sufridos de Prusia, pero las entrevistas de Salzburgo y París no dieron resultado, y Francisco José I, ante la amenaza de Rusia, dio dilatorias al asunto y cuando llegó la completa victoria de los prusianos se halló ante un hecho consumado.

En 1869 partió el monarca a Egipto a presenciar la apertura del canal de Suez. En 1871 sucedió Andrassy a Beust, ampliando más bien que restringiendo las concesiones liberales.

En septiembre de este año se entablaron amistosas relaciones con el emperador de Alemania Guillermo I, en las entrevistas en Gastein y Salzburgo, a las que siguió, en septiembre de 1872, la visita del monarca austriaco y del emperador de Rusia a Berlín; la política austriaca cambiaba radicalmente, tendiendo de modo manifiesto a ponerse al lado de Alemania unificada y de Italia consolidada, constituyéndose en principio lo que años a venir había de transformarse en la Triple Alianza.

En 1873, con ocasión de la Exposición Universal, recibió Francisco José I la visita de varios soberanos en Viena y en el mismo año comenzó el jubileo por los veinticinco años de su reinado, que el pueblo celebró con toda suerte de manifestaciones de entusiasmo. En el interior reinaba una tendencia francamente liberal y una vez anulado, en 1870, el Concordato, el Gabinete Auersperg había elaborado las nuevas leyes eclesiásticas y el acuerdo con Hungría.

Esta era duró hasta 1879, en que empezó, ensayada por Taaffe, la política de reconciliación que había de persistir, salvo pocas y poco importantes interrupciones, hasta principios de siglo XX. Apoyado por Alemania, evitó Francisco José I en 1877 la intervención en la guerra rusoturca y deseosas sus aliadas de recompensarle su amistad, le cedieron la ocupación de las provincias de Bosnia y Herzegovina en el tratado de Berlín (1879) en perjuicio de Servia, a las que podía alegar positivos derechos.

La política austriaca fue en lo sucesivo francamente germanófila y de oposición a Rusia, con lo que desde la ocupación de Bosnia eran más tirantes las relaciones. En septiembre de 1880 se firmo definitivamente el tratado de la Triple Alianza con Alemania y el reino de Italia, que no por ser esperado dejó de producir en Europa hondísima conmoción. Este tratado fue ratificado en 1891 y si bien se manifestaban de vez en cuando conatos separatistas en su heterogénea monarquía, supo conjurarlos hábilmente, preocupándole más los preparativos militares de las grandes potencias europeas.

Por ello fue que impulsó los de su Imperio, al propio tiempo que menudeaba sus entrevistas con el emperador de Alemania, Guillermo II, en cuyo poderío confiaba para que le sacara en bien de toda eventualidad. Estrechó sus relaciones con España, casando a una princesa de su familia, la archiduquesa María Cristina, con Alfonso XII, y buscó también la amistad de los belgas por el casamiento del príncipe Rodolfo, presunto heredero de la corona, con la princesa Estefanía Clotilde, hija segunda del rey de Bélgica.

Francisco José I que siempre había logrado la adhesión de su pueblo, pudo verla confirmada en sus bodas de plata (1879) y en el jubileo celebrado con ocasión de sus cuarenta años de reinado (1888).

Estos fastos acontecimientos, habían de verse seguidos de una serie de terribles infortunios, como la trágica muerte del príncipe heredero, Rodolfo (30-I-1889), el asesinato de la emperatriz (10-IX-1898), la muerte de su hermano, el archiduque Carlos Luis, y otras pérdidas de la familia, que en 1867 había tenido un triste comienzo con la muerte del archiduque Maximiliano, hermano del monarca y emperador de Méjico, que fue hecho prisionero por las tropas de Juárez, sublevadas, juzgado y condenado a muerte y fusilado en Querétaro.

El 30-IX-1891 salió ileso de la explosión de una bomba colocada en la vía férrea donde había de pasar el emperador en su viaje de Reichenberg a Bohemia; la explosión ocurrió poco antes del paso del tren imperial y no pudo demostrarse de un modo concluyente que se debiera a un complot contra la vida del soberano. En 1893 hizo un viaje a Suiza y en agosto de 1896 recibió la visita del zar Nicolás II, visita que devolvió al año siguiente en San Petersburgo.

La lucha por las nacionalidades

El 12-VI-1903, Jacobo Reich atentó contra la vida del emperador. A finales de siglo resurgió de nuevo la lucha por las nacionalidades. Los checos se mostraron los más irreductibles, desde que comenzaron a actuar como colectividad política organizada, oponiéndose a los mismos la fracción germanista. Siguieron los húngaros, en pugna de una parte con las prerrogativas de la corona que consideraban inferiores a sus libertades tradicionales.

De otra parte el partido realista pretendía madgiarizar el Austria, cosa que no dejaban de conseguir en algunas ocasiones, y para más complicaciones las provincias irredentas del Trentino se agitaban para incorporarse a Italia, mientras en Bosnia y Herzegovina se conspiraba denodadamente en pro de Servia.

Sin embargo, la persona del anciano emperador era el lazo de unión que, casi de milagro, conseguía mantener unidos todos sus territorios. Perfecto cumplidor de la Constitución, tan pronto otorgaba el poder a los federalistas como a los unionistas, pero no podía impedir que la violencia llegara a veces hasta ensangrentar las calles, que los diputados se acometieran luchando a brazo partido en pleno Parlamento y, sobre todo, que desde Servia se conspirara para arrebatar al Imperio la Bosnia y la Herzegovina que miraban como un patrimonio que les había sido arrebatado por la ley del más fuerte. Y consecuencia de ello fue el asesinato del archiduque heredero y de su esposa en las calles de Sarajevo (1914).

Del matrimonio de Francisco José I con Isabel Amelia Eugenia, hija del duque de Baviera, nacieron: Sofía (n. en 1855 y m. en 1857); Gisela (n. en 1856), casada en 1873 con el príncipe Leopoldo de Baviera; el príncipe heredero Rodolfo (n. en 1858 y m. en 1889), y María Valeria (n. en 1868), casada con Francisco Salvador, archiduque de Austria-Toscana.

El reinado de Francisco José I no marcó en su Imperio un estado floreciente desde el punto de vista económico. Con la creación de Bancos para la explotación de líneas férreas y acaparamientos de productos agrícolas, y a causa de los agiotismos de todas clases, cuya represión dejó mucho que desear, se inició a principios del último cuarto del s. XIX una crisis financiera que pesó largo tiempo sobre el Estado.

Además, los gastos exorbitantes a que le sometió su política imperialista y las obligaciones contraídas con sus dos naciones aliadas, particularmente Alemania, obligándose a crecidos gastos de armamentos, le ponían en situación de aumentar cada día su déficit.

Fue Francisco José I el monarca cuyo reinado alcanzó mayor duración, pues se prolongó durante sesenta y ocho años. A las penas y desengaños que le acarreó su triste destino, le cupo la triste suerte de que el asesinato de sus sobrinos, los príncipes herederos, fuese la causa próxima de que se desencadenara la guerra de 1914 a 1918, apremiado por los militaristas alemanes y comprometido después por la imprudente movilización de los rusos, y, por fin, aun cuando al morir no previó la ruina total de su Imperio, tuvo que sufrir la amargura de ver como Italia ofrecía su concurso a los aliados.

Francisco José I poseía los títulos siguientes: emperador de Austria, rey apostólico de Hungría, rey de Bohemia, Dalmacia, Croacia, Eslavonia, Galitzia, Lodomeria, Iliria, rey de Jerusalén, archiduque de Austria, gran duque de Toscana y de Cracovia, duque de Lorena, Salzburgo, Estiria, Carintia, Carniola y de Bukovina; gran príncipe de Transilvania, margrave de Moravia, duque de la Alta y Baja Silesia, Módena, Parma, Piacenza, Guastalla, D´Auschwitz y Zator; Teschen, Friul, Ragusa y Zara; conde principal de Habsburgo y Tirol, Quiburgo, Goricia y Gradisco; príncipe de Trento y de Brixen; margrave de la Alta y Baja Lusacia y de Istria; conde de Hobenembs, Feldkirch, Braganza, Sonnemberg; señor de Trieste y Cotaro. El rey Alfonso XIII le nombró capitán general de los ejércitos españoles.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 pág. 1060-1063.