Luis XIV de Francia

Louis XIV of France
  1. Luis XIV por Hyacinthe Rigaud
    1. Datos biográficos
      1. Rey de Francia1643-1715
      2. Nacimiento5-IX-1638
      3. Fallecimiento1-IX-1715
      4. PredecesorLuis XIII
      5. SucesorLuis XV
      6. DinastíaCasa de Borbón
      7. PadreLuis XIII
      8. MadreAna de Austria
      9. ConsorteMaría Teresa de Austria
      10. ConsorteMadame de Maintenon
    1. Índice
      1. Introducción
      2. El reinado

Rey de Francia. Nació en Saint Germain- en-Laye-Versalles. Hijo de Luis XIII y de Ana de Austria, sucedió a su padre —el mismo año del desatre de Rocroy—antes de cumplir los cinco años, bajo, la regencia nominal de su madre y la efectiva de Mazarino, que siguió gobernando incluso después de 1651, año en que fue declarado mayor de edad el rey. El cardenal consiguió ventajas para Francia la en la paz de Westfalia, liquidó la insurrección de la Fronda y prepara la hegemonía del reino francés en Europa, después de la paz de los Pirineos, a costa especialmente de España, que perdió el Rosellón y Artois, pero logró conservar Cataluña.

Con Luis XIV, llamado por la historia el Grande o el Rey Sol, Francia llega al apogeo de su | poderío. Aunque se desprendió de validos como lo fueron para sus antecesores Richelieu o Mazarino, después de cuya muerte (1661) asume personalmente las riendas del poder -el Estado soy yo-, Luis XV encontró excelentes colaboradores en consejeros como, Lionne, Colbert, Le Tellier, Louvois. Vauban, etc.

El reinado

El mismo año de la paz de los Pirineos (1659), casó con María Teresa, hija de Felipe IV. Al morir este (1665), Luis XIV reclamó los País Bajos españoles, que ocupó en 1667, en la guerra que hizo invocando el derecho de Devolución y terminada por la paz de Aquisgrán. (1668), que anexionó a Francia parte de Flandes, aunque devolviendo por el momento el Franco Condado, conquistado durante la guerra. Se hizo la paz por la presión de Holanda e Inglaterra alarmadas por los triunfos franceses a pesar del aislamiento diplomático en que Luis XIV había logrado colocar a España.

Contra Holanda

La Triple Alianza entre Holanda, Inglaterra y Suecia contuvo los avances de Luis XIV por entonces (1668). En este mismo año un acuerdo secreto entre Luis XIV y el emperador Leopoldo preveía el futuro reparto de la monarquía española, si moría Carlos II sin descendencia, recibiendo el emperador el conjunto de la monarquía, pero cediendo a Francia los Países Bajos, el Franco Condado, Navarra, Rosas, Nápoles, Sicilia, las plazas de Marruecos y Filipinas, primer intento de división del Imperio español, no llevado a cabo entonces.

A las presiones diplomáticas francesas siguen nuevas hostilidades, con Holanda, auxiliada por España, y con Austria, interviniendo luego Brandeburgo, que concluyen por las paces de Nimega (1769) —incorporación a Francia del Franco Condado— siguió la política de anexiones violentas basadas en supuestos derechos invocados por las cámaras de reunión creadas con ese objeto y que proclamaron la agregación sin duda de Alsacia y Estrasburgo y de que también fue víctima España, a la que se reclamó Chimay y otras plazas.

España, aislada de nuevo, se lanzó temerariamente sola a la guerra (1683-1684), terminada por la tregua de Ratisbona (1684), que le hizo perder parte de Luxemburgo y otras plazas. Las agresiones de Luis XIV alarmaron a Europa y especialmente a los príncipes alemanes, decididos a mantener las estipulaciones de Westfalia, habiéndose por otra parte fortalecido Leopoldo I por sus triunfos sobre los turcos y viendo en el monarca francés temible rival en la cuestión de la Sucesión española.

Contra el Liga de Augsburgo

Así se formó la Liga de Augsburgo (1686), Luis XIV, despreciándola, hizo invadir el Palatinado (1688), devastándolo bárbaramente. Así estalló la guerra, coaligándose el Emperador, los príncipes alemanes, Holanda, Suecia, España, Saboya e Inglaterra, una vez derribado Jacobo II, en 1688, único aliado de Luis XIV, por Guillermo III de Orange.

La guerra fue larga, obteniendo los mayores triunfos los franceses (batallas de Fleurus, 1690; Steinkerque, 1692; Neerwinden, 1693), ganadas por el mariscal de Luxemburgo a los imperiales la primera y las otras a Guillermo III en los Países Bajos (Stanfford, 1690; Marsaglia, 1693); ganadas por Catinat a Víctor Amadeo I, duque de Saboya, aunque no faltaron reveses como los de Boyne en Irlanda ( 1690) y la batalla naval de la Hogue (1692), que arruinó la flota francesa.

Bruselas fue terriblemente bombardeada en 1695. La paz de Turín (1696) con el duque de Saboya permitió a Luis XIV la ofensiva contra los dominios españoles, marcada por la amenaza a Bruselas y la toma de Barcelona (1697) por Vendome, a la que había antecedido años antes la de Ripoll (1691), Urgell (1692), Rosas y Palamós (1693). En 1697 Cartagena de Indias fue conquistada por Pointis. El agotamiento de Francia, pese a sus victorias, la imposibilidad de vencer al resto de Europa y el problema de la Sucesión española movieron a Luis XIV a firmar la desventajosa paz de Ryswyck (1697), por la que devolvió sus conquistas.

Luís XIV estaba determinado a intervenir en la monarquía española, influyendo en su política por medio del matrimonio de María Luisa de Orleans con Carlos II; toda su habilidad diplomática se concentra en el problema de la Sucesión a la corona de España, y su política triunfa plenamente cuando el testamento del Hechizado designa como heredero del trono a Felipe (V) de Anjou, nieto del viejo rey francés (1700).

Contra el Austria

La guerra que estalla entre Austria y Francia, por la posesión de la corona española debilitará notoriamente a Luis XIV, que pronto se verá también enfrentado con Holanda e Inglaterra, aliadas al emperador: toda Europa se ha convertido, una vez más desde que subió al trono el Rey Sol, en campo de batalla (Sucesión, guerra de), y aunque agotada, Francia consigue condiciones honrosas en las paces de Utrecht y de Rastatt (1713/1714), si bien constituyen una renuncia a la política preconizada por Luis XIV, consistente en alcanzar las llamadas fronteras naturales de Francia —el Rhin, los Pirineos y los Alpes— conseguida solo en parte al no lograr la anexión de los Países Bajos ni de Renania; en la hegemonía sobre Europa, fracasada con la Guerra de Sucesión y antes ya en la guerra de la Liga de Augsburgo; y la tradicional rivalidad con la Casa de Austria, en la que triunfó en buena parte al colocar a un príncipe borbónico en el trono español, aunque a costa de desmembrar el imperio español para satisfacer a la rama alemana de la Casa y a las otras potencias.

A su muerte, a la hegemonía francesa sucedería el principio del equilibrio europeo, ya iniciado por la paz de Westfalia, pero sin el inconveniente de la aparición de Inglaterra como la primera potencia marítima y pretendiendo ser el árbitro de la política internacional europea.

El brillante reinado de Luis XIV, su vida desdoblada entre la crónica galante y las actividades públicas y militares, el espléndido desarrollo de la arquitectura (que culmina en Versalles), sirvieron para sentar las bases de una influencia francesa que tendría en el siglo XVIII, sobreviviendo a Luis XIV, una alta significación de tipo espiritual con grandes renovaciones en todos los órdenes de la vida: neoclasicismo, ilustración, enciclopedismo, manifestaciones en apariencia solo culturales, pero en el fondo decisivas también para la política y la economía.

ALONSO-CASTRILLO, Álvaro y EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, tomo F-M, págs. 804-806.