Enrique IV

King Henry IV of FranceEnrique IV por Frans Pourbus el Joven

Rey de Francia, 1572-1610. Rey de Navarra. Dinastía Borbón. Cuando nació el 14-XII-1553, en Pau, de Antonio de Borbón y de Juana de Albret, nadie podía suponer que aquel niño llegaría a ser rey de Francia. Del trono de San Luis le separaban cuatro varones Valois y, en particular, el credo religioso, puesto que Antonio de Borbón le educó en el calvinismo más riguroso. En consecuencia, su destino quedó muy pronto fijado cuando estallaron las guerras de religión en 1562 y su padre pereció en una de las primeras acciones militares.

Simple rehén hasta 1567 en manos de Catalina de Médicis, que le consideraba en su doble calidad de príncipe de la sangre y de futuro rey de Navarra, Enrique fue rescatado por su madre en la fecha indicada y llevado a las filas de los hugonotes, que entonces preparaban la tercera guerra civil. A los catorce años, pues, el joven Borbón empuñó las armas, y a los quince fue reconocido jefe de los hugonotes, después de la muerte del príncipe de Condé en la batalla de Jarnac (marzo de 1569).

Durante el predominio de Coligny y de los calvinistas en la Corte, se concertó el enlace de Enrique de Borbón, que acababa de heredar el reino de Navarra y el condado de Foix, con la princesa Margarita de Valois. La boda se celebró en París, el 17-VIII-1572. A los pocos días, el 24, se producía la matanza de la Noche de San Bartolomé, de la que Enrique pudo escapar gracias al refugio que le brindó Carlos IX. Sin embargo, tuvo que abjurar la herejía (26 de septiembre) y acompañar al duque de Anjou en la expedición contra La Rochela (1573).

Durante tres años vivió en París como un prisionero, e incluso le pusieron hierros en las ventanas de sus aposentos. Logró escapar el 3-II-1576, e intervino en la guerra de los políticos y los hugonotes contra Enrique III. La paz de Monsieur (Beaulieu, mayo de 1576) le confirmó en la posesión efectiva del gobierno del ducado de Guyena. Durante ocho años vivió en el Sudeste de Francia, preparándose para una posible sucesión al trono de Francia, que ahora parecía más próxima.

Gobernó, pues, su provincia con singular acierto, dando relevantes pruebas de su capacidad política. Pese a su retorno al calvinismo (13-VI-1576), se mostró tolerante en materias de religión, gracias a los cual La Guyena sufrió muy poco en la sexta (1577) y octava (1580) guerras civiles. Lo que Enrique de Navarra quería era forjarse un instrumento político y militar que le permitiera reivindicar sus derechos al trono si llegaba este momento. Por esta causa, intrigó para obtener la jefatura del partido hugonote, que le fue reconocida a pesar de la oposición del príncipe de Condé.

Cuando en 1584 murió Francisco de Alenzón, Enrique era, de derecho, heredero de Enrique III. Pero la Liga católica, dirigida por el duque de Guisa, se opuso a su reconocimiento. Se inició en 1585 la guerra de los tres Enriques, en la que el de Navarra se ilustró en la batalla de Coutrás, aunque fue derrotado en la de Auneau (1587). La animosidad entre el rey y el duque de Guisa favoreció en este momento a Enrique de Borbón. A principios de 1588 ambos combatieron bajo la misma bandera contra París.

El asesinato de Enrique III por Clement y el reconocimiento por el monarca de la sucesión a favor del de Navarra, despejaron el camino de este (1-VIII-1588). Sin embargo, existía un inconveniente formal para que Francia le aceptara como sucesor de Enrique III: su condición de hugonote. La guerra prosiguió con mayor encono que antes, ya que Felipe II de España apoyó de modo incondicional a la Liga.

Pese a los éxitos militares de Enrique IV en Arques (1589) e Ivry (1490), debidos a su intervención personal en el fragor del combate, no pudo forzar la capitulación de la capital, plaza que fue socorrida en los momentos más apurados por las tropas de Alejandro de Farnesio (Ligny, 1590, y Ruán, 1591).

La contienda, por tanto, no llevaba camino de terminarse, cuando dos hechos precipitaron su resolución: el patriotismo francés, espoleado por la política absorbente de Felipe II, y el oportunismo de Enrique IV, quien, después de unos coloquios teológicos, decidió abjurar por segunda y definitiva vez el calvinismo (25-VII-1593). París bien valía una misa, pero no solo de pura fórmula, sino en la rectitud de las intenciones políticas del gobernante.

El 22-III-1594, Enrique IV entraba en la capital. Pero Francia todavía no estaba conquistada. Ora por dinero, ora por las armas, fueron cediendo Provenza, el Languedoc, Bretaña e infinidad de plazas y ciudades. En 1595 Clemente VIII absolvió al rey, y Mayena, jefe de la Liga, firmó la paz con él. Este fue el último acto de las guerras de religión en Francia. La intervención española, que continuaba activa (conquista de Calais, en 1596, y de Amiens, en 1597), fue eliminada con el apoyo de Inglaterra y de Holanda, gracias a una serie de brillantes acciones militares.

Por el tratado de Vervins (2-V-1598), Felipe II reconocía la monarquía de Enrique IV. Pacificada Francia en el exterior, el edicto de Nantes (13-VIII-1598) puso término a las discordias religiosas, concediendo a los hugonotes determinadas garantías. Pero el hecho importante es que el Estado había permanecido católico, y que desde él podía favorecerse la propaganda ortodoxa (en 1603 fue restablecida en Francia la Compañía de Jesús). Auxiliado por Sully, desde entonces Enrique IV puso su empeño en la reconstrucción del país, en los términos en que ya hemos aludido.

Los últimos años de su reinado transcurrieron en viva agitación, a causa de la dura política fiscal y absolutista de la Corte y de la licenciosa vida privada de Enrique IV. Sin embargo, Francia re recobraba rápidamente bajo la audaz impulsión imperialista de su soberano. Este lanzó sus miradas sobre el Norte de Italia y el Rin, es decir, hacia los puntos menos consistentes de los Austrias en Europa. Su proyecto grand Dessin consistía en debilitar la posición predominante de España en Occidente y de Austria en Alemania.

En 1610, el conflicto sucesorio de Cléveris-Juliers le proporcionó la ocasión para lanzar el poder de la Francia reconstituida en la balanza de la gran política internacional. Cuando la guerra era inminente, el puñal de Ravaillac le quitó la vida en una calle de París el 14 de mayo de 1610.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 51-52.

Luis XIII

Louis XII of FranceLuis XIII por Philippe de Champaigne.

Rey de Francia, 1610-1643. Rey de Navarra. Dinastía Borbón. Su gobierno es el gobierno del cardenal Richelieu. Ante la figura del eminente hombre de Estado, la de Luis XIII parece eclipsarse en la penumbra o refugiarse en los marcos de la pequeña Historia. Taciturno, melancólico, gris, Luis XIII no quiso brillar ni en su mundo ni ante la posteridad. Sin embargo, no fue un hombre que se dejara gobernar con facilidad ni que rehusara interesarse por los asuntos de Estado. Al contrario, si se relegó voluntariamente a segundo término fue porque, quizá aun a despecho de su vanidad herida, supo dar su pleno valor a las cualidades de su gran ministro.

Hijo de Enrique IV y de María de Médicis, Luis XIII nació en Fontainebleau el 27-IX-1601. El asesinato de Ravaillac le dio la corona en 1610, a los nueve años de edad. Pero el gobierno fue ejercido por la regente María de Médicis, apoyada por el aventurero italiano Concini. Durante este periodo la nobleza y los protestantes lanzaron nuevos y peligrosos asaltos contra la autoridad real. Luis XIII permanecía alejado de la vida política, casi prisionero del bando de los Concinis.

Muy orgulloso de sus preeminencias y jerarquías sintió en lo más hondo esta situación. Uno de los nobles adscritos a su servicio como halconero, Alberto de Luynes, le decidió a asestar el golpe que le libraría de la humillante tutela de Concini. Obedeciendo las órdenes del monarca, el favorito de María de Médicis fue acuchillado en la puerta del palacio del Louvre el 24-IV-1617.

Entonces Luis XIII quiso gobernar por sí solo. María de Médicis fue exonerada a Blois. Realmente, quien se benefició del cambio fue Luynes, pues el monarca demostró poca energía en la política interna. El gentilhombre provenzal procuró, en primer lugar, enriquecerse y, luego, ir sorteando las dificultades que se iban presentando con oportunismo y sin programa fijo. En 1619 y 1620, gracias a la intervención de Richelieu, Luis XIII se reconcilió con su madre. Este hecho significaba el fin de la privanza de Luynes. Iba a caer en desgracia, cuando la muerte se lo llevó en 1627.

Después de un periodo de vacilaciones, en que brilló algún tanto la persona de un tal Brulart, Luis XIII decidió nombrar al cardenal Richelieu consejero de Estado. En el momento en que este entró en el Consejo (29-IV-1624), Francia tenía un dueño. Sin embargo, antes de que su situación política estuviese consolidada fue preciso que Richelieu se captara la simpatía del rey, quien solo con el transcurso de los años llegó a considerarle como indispensable en el gobierno del Estado.

En dos ocasiones Luis XIII estuvo a punto de sucumbir a las presiones de sus íntimos. Una en 1630 y otra en 1642. Hallándose enfermo de gravedad en Lyon prometió a su madre y a su esposa, Ana de Austria, que al recobrar la salud licenciaría a su ministro; pero de regreso a París, le mantuvo en el poder en la llamada journée des dupes (1630).

Más tarde, Cinq-Mars, joven escudero de Luis XIII, para quien este sentía especial predilección, conspiró con España y varios grandes franceses para derribar a Richelieu. El cardenal demostró al rey la felonía de su amigo y obtuvo su aquiescencia a la pena capital con que le condenaron los jueces (1642).

Luis XIII murió en San Germán de Laye el 14 de mayo d e1643, pocos meses después de Richelieu. Durante su reinado Francia, por obra de su gran ministro, había dado un paso gigantesco en su lucha para lograr la hegemonía política en Europa.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 65.

Felipe, regente

Felipe de OrleánsFelipe de Orleáns, por Jean-Baptiste Santerre, en 1715

Regente de Francia, 1715-1723. Duque de Orleans, 1701-1723. Dinastía Borbón. El periodo de la Regencia de 1715 a 1723. está presidido por la persona del príncipe regente, Felipe, duque de Orleáns, personaje no desprovisto de dotes de inteligencia, e incluso brillante y sólido, pero de costumbres morales disipadas y de ideología libertina. Hijo de Felipe I de Orleáns, a su vez hijo de Luis XIII y de la princesa palatina Carlota Isabel, el segundo duque de Orleáns nació en San Cloud el 2-VIII-1674.

A los diecisiete destacó en el sitio de Mons. En el mismo año contrajo matrimonio con madmoiselle de Blois, hija legitimada de Luis XIV. Eso le atrajo la simpatía del Rey Sol. Felipe de Orleáns continuó prestando sus servicios en las filas del ejército, y participó en las batallas de Steikerque y Neerwinden (1692-1695).

En la Guerra de Sucesión a la corona española demostró de nuevo su bravura en la campaña de Italia de 1706 y en las de España de 1707 y 1708, en donde destacó en la toma de Lérida (13-X-1707).Sin embargo, sus intrigas para desposeer a Felipe V del trono español le suscitaron la pérdida de la confianza de su tío. Bajo la influencia de la Maintenon, Luis XIV vaciló en concederle la regencia de su bisnieto, Luis XV. Pero por último se la confirió, aunque restringiendo su poder con un consejo en que predominaban los principies legitimados y los partidarios de su esposa morganática.

Muerto Luis XIV el 1-IX-1715; Felipe de Orleáns demostró su habilidad política haciendo anular el testamento de Luis XIV por el Parlamento de París. Ejerció, pues, el poder durante ocho años en forma absoluta. Sin embargo, la nobleza parlamentaria se cobró su benevolencia poniendo de nuevo en vigor el derecho de reclamación. Al mismo tiempo, la aristocracia pretendió gobernar, y los ministros de Luis XIV fueron sustituidos por una polisidonia.

El jansenismo levantó cabeza y provocó una nueva oleada de intranquilidad religiosa. Para acabar de redondear este cuadro, las costumbres imperantes fueron sumamente licenciosas. En 1718 se produjo una viva reacción absolutista, tanto por el fracaso del gobierno de la aristocracia como por las excesivas veleidades de los parlamentos. Asimismo, siguiendo los consejos de su antiguo preceptor, el abate Dubois, elevado a la silla archiepiscopal de Cambrai, se puso término a la agitación jansenista (1720).

Pero no pudo poner coro a la descomposición moral, ya que la vida del propio regente era muy poco ejemplar. En estos años tuvo lugar la experiencia del escocés Law, a quien Felipe dio una confianza inteligente, pero que fracasó por prematura (1716-1720). En política exterior, las principales preocupaciones provinieron al regente de la corte de España, pues si de un lado Felipe V ambicionaba la regencia o la corona francesa, Alberoni se proponía deshacer los últimos tratados de paz.

Dubois aproximó al regente a Inglaterra y Holanda (1717), con cuya alianza fue posible poner fin a la política del ministro español en el Mediterráneo, después de una breve guerra (1719). Al advenir la mayoría de edad de Luis XV (15-II-1723), Felipe de Orleáns ejerció el cargo de primer ministro del monarca, el cual desempeñó hasta su muerte, acaecida en Versalles el 2 de diciembre del mismo año.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 100.

Luis XVIII

Luis XVIII de FranciaLuis XVIII, rey de Francia

Rey de Francia, 1814-15/1815-24. Rey de Navarra. Dinastía Borbón. Su vida, fue, en parte, una gran pugna por la realeza. Inteligente, espiritual, de juicio recto y despierto, el que había de ser Luis XVIII vio obstaculizado su camino al trono, primero por el delfín Luis (XVII), luego por la Revolución francesa, y más tarde, por dos veces por Napoleón I.

Llegó a ocuparlo después de los Cien Días y en pleno apogeo del espíritu de la Restauración. Lo más significativo de su vida fue que, al ceñir la corona de Francia, olvidó sus angustias como príncipe emigrado y supo gobernar para todos los franceses. Luis XVIII restauró Francia en el pleno sentido de la palabra. Fue el último gran señor del siglo XVIII, con sus ribetes de volterianismo y su espíritu acogedor y tolerante.

Luis Estanislao Javier, conde de Provenza, nació en Versalles el 17-XI-1755, tercer hijo del delfín Luis y de María Josefa de Sajonia. Fue educado en los principios tradicionales por el duque de Vauguyón, pero su intelecto se inclinó por los escritos de Voltaire y los enciclopedistas.

Al subir la trono su hermano mayor, Luis XVI, en 1774, adquirió cierto relieve en la corte como presunto heredero de la corona. Pero el nacimiento del delfín Luis, el 28-III-1785, frustró sus esperanzas inmediatas.

Durante este periodo brilló en los salones como hombre agudo y de felices recursos en el hablar; compuso algunas poesías. Políticamente intervino en la Asamblea de Notables de 1787 y se manifestó contrario a la política veleidosa y egoísta de la corte, dominada por María Antonieta.

Durante la Revolución francesa permaneció en el país hasta junio de 1791, quizá con la esperanza de reemplazar a su hermano. Luego emigró y se refugió en Coblenza, centro de la actividad contrarrevolucionaria. Aclamado como jefe de los realistas, el conde Lille —que tal fue su nombre como emigrado— realizó una política propia, a veces opuesta a la de Luis XVI.

A la muerte de este, en enero de 1793, asumió la regencia en nombre de su sobrino, el delfín. Más tarde, cuando se supo el fallecimiento del príncipe Luis (8-VI-1795), adoptó el título de Luis XVIII en Verona.

Cuando Bonaparte dio el golpe de estado de Brumario (1799), Luis XVIII creó llegado el momento de la restauración de la dinastía. Pero se engañaba. Entonces precisamente empezaba para él una época de inseguridad.

Las victorias napoleónicas le obligaron a refugiarse en Colmar (Suecia) en 1804; en Mittau y Varsovia, y, finalmente en Inglaterra, a partir de 1707. Aquí vivió muchos años en Hartwell, en el condado de Buckingham, hasta las derrotas de Napoleón en 1812 y 1813 hicieron nacer nuevas esperanzas para su restauración

En efecto, apoyado por los aliados, Luis XVIII entró en París el 2-V-1814. Pero el nuevo monarca no entendía ser rey a sueldo extranjero. Desde sus primeros actos de gobierno demostró que no debía la corona a nadie, más que a su propia ascendencia. Comprendiendo que entre él y el reinado de su hermano mediaba un abismo de reformas, procuró resolver el conflicto otorgando a Francia una carta constitucional.

Sin embargo, los excesos de los ultras, el problema del ejército y las inevitables desilusiones favorecieron el regreso de Napoleón de la isla de Elba. Luis XVIII huyó de París el 19-III-1815 y se refugió en Gante. Después de Waterlóo, recobró la corona.

El 8-VII-1815 entraba de nuevo en la capital de Francia; pero esta vez su posición era mucho más difícil. Sin embargo, ahora demostró sus excepcionales cualidades de buen tacto y sentido común. Luis XVIII supo mantener el equilibrio entre los ultras y los liberales. Cumplió escrupulosamente la carta de 1815.

Gracias a la actividad de su gobierno, Francia fue readmitida entre las grandes potencias (Aquisgrán, 1818). En el aspecto interior, propugnó los gobiernos moderados del duque de Richelieu y de Decazes, hasta que el asesinato del duque de Berry en 1820 determinó un cambio de orientación, marcado por la Cámara Retrouvée, el ministerio Villèle y la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis a España (1823).

Luis XVIII murió el 16-IX-1824 con la confianza de que había asegurado la restauración de su casa en el trono de Francia.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 179-180.

Carlos X

Carlos X de FranciaCarlos X de Francia por François Gérard

Rey de Francia, 1824-1830. Rey de Navarra. Dinastía Borbón. El conde de Artois. Con este nombre el que luego fue Carlos X de Francia llena muchas páginas de la historia de la contrarrevolución, tanto en los días del exilio como en los de la monarquía restaurada. Fue siempre un espíritu leal, abierto e inteligente; pero le faltó la agilidad política de su hermano, Luis XVIII, para mantener el equilibrio simbolizado por la carta constitucional de 1814. Su actuación como monarca precipitó el alzamiento de la burguesía liberal en julio de 1830.

Carlos Felipe, conde de Artois, era el cuarto hijo del delfín Luis y de la princesa María Josefa de Sajonia. Nacido en Versalles el 9-IX-1857, en su juventud no destacó por ninguna cualidad positiva, sino por la mucha disipación de sus costumbres.

Adversario de la Asamblea de Notables, se convirtió poco a poco en el jefe del partido monárquico cortesano. En los días iniciales de los Estados Generales de 1789, actuó con gran decisión para evitar el desencadenamiento de la acción revolucionaria.

Por esta causa, huyó de Versalles el 17-VII-1789, tres días después de la toma de la Bastilla. Por su rango fue el jefe de los emigrados, aunque su actuación no fue aprobada en muchas ocasiones por el conde de Provenza, el futuro Luis XVIII. El conde de Artois provocó la declaración de Pillnitz (1791) y desembarcó en Francia en 1795 para alentar a los vendeanos. El fracaso de esta tentativa le hizo desesperar de su causa.

Se estableció en Inglaterra, donde vivió hasta la derrota de Napoleón en 1814-1815. El 12-IV-1814 entró en París como lugarteniente general del reino, y lo hizo por segunda vez el 8 de julio después de los Cien Días.

Durante el reinado de Luis XVIII fue el caudillo del partido ultrarrealista, provocando discrepancias en el seno de la familia real. El asesinato del duque de Berry (1820), su hijo, le confirmó en su opinión política. Se impuso a su hermano, quien nombró al ministro Villèle. Carlos X ascendió al trono el 16-IX-1824.

Desde este momento la monarquía, el ministerio y la Cámara eran partidarios de un legitismo a ultranza. El nuevo rey acentuó aun más la nota conservadora; se hizo consagrar en Reims (mayo de 1825) y apoyó la política de Villèle respecto a las leyes sobre las congregaciones, el sacrilegio y el millard de los emigrados.

Las elecciones de 1827 demostraron que la burguesía era partidaria de una política más moderada. Villèlle comprendió el mensaje electoral y presentó la dimisión. Carlos X, después de un ensayo liberal con Martignac, nombró un ministerio adicto, presidido por Polinac. Habiendo sufrido dos derrotas electorales sucesivas (1830), el gobierno publicó las Ordenanzas de 25 de julio, de cuya legalidad no dudaba Carlos X ni por un momento.

El 2 de agosto, Carlos X abdicó en su nieto, el duque de Burdeos, desde Saint Cloud, pues había abandonado la capital el 30 de julio. Sin querer provocar una efusión de sangre, ya que a su llamamiento las provincias se habían unido a su causa contra París, se embarcó en Cherburgo para Inglaterra (16 de agosto).

En 1832 el conde de Ponthieu —como se hacía llamar desde su abdicación—, se trasladó a Bohemia. Murió más tarde en Gorizia, a causa del cólera, el 6-XI-1836.

VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 182.