Hugo I Capeto

Biografía

Hugo I Capeto
Primer rey de Dinastía Capeta

Rey de Francia, 987-996. Duque de Francia, 956-987. Dinastía Capetos. Nació c. 941 y murió en 996, primogénito de Hugo el Grande. Se casó con una carolingia, Adelaida, hija de Guillermo Cabeza de Estopa (970). Defendió París contra Otón II (978). A la muerte de Luis V se benefició del apoyo del clero y de Adalberón, arzobispo de Reims, que buscaba un acuerdo entre Germania y Francia.

Hugo Capeto fue proclamado y consagrado rey en Noyon el 3 de junio, en lugar del último carolingio, Carlos, duque de la Baja Lorena, tío de Luis V, que fue capturado y encarcelado (991). Hugo Capeto intentó, principalmente conservar bajo su poder directo el arzobispado de Reims y acrecentar el dominio real, al que anexionó Senlis y, temporalmente, Dreux. Hizo consagrar a su hijo en 987, y aseguró así el poder hereditario de su casa.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 12 pág. 5578.

Roberto II el Piadoso

Biografía

Rey de Francia, 996-1031. Duque de Borgoña, 1004-1016. Dinastía Capetos. El Piadoso, hijo de Hugo Capeto y de su esposa Adelaida, n. en Orleáns hacia el año 970 y m. en Melun el 20-VII-12031. Se educó en la Escuela de Reims, donde tuvo por maestro a Gerberto, y a partir de 987 su padre le asoció al gobierno y le hizo coronar en la iglesia de la Santa Cruz de Orleáns (el 25 ó el 30 de diciembre).

La excomunión de Roberto el Piadoso
La excomunión de Roberto el Piadoso, en una pintura de Jean-Paul Laurens, 1875, óleo en tela, París, museo de Orsay. En realidad, la excomunión no llegó a ser promulgada por el papa.

Poco después casó con Rozala o Susana, viuda del conde de Flandes, Arnoldo III; pero esta unión duró apenas un año, pues habiéndose enamorado Roberto II de Berta, esposa de Eudo, conde de Chartres, de Tours y de Blois, repudió a Susana, y al quedar viuda Berta (995) contrajo matrimonio con ella, no obstante el impedimento canónico que existía, por haber sido Roberto II padrino de un hijo de Berta.

El matrimonio fue consagrado por el arzobispo de Reims poco después de la muerte de Hugo Capeto (996), y al año siguiente el pontífice Gregorio XV convocó un concilio en Pavía para excomulgar a Roberto II.

Este entabló negociaciones con la Santa Sede, mostrándose dispuesto a restablecer en la sede de Reims a Arnulfo, que su padre había destituido sin permiso del Papa, y, al efecto, envió a Roma a Abdón, abad de Fleury, que llevaba la promesa del rey de separarse de su esposa; pero como pasara el tiempo sin que esto se cumpliese, un Concilio general reunido en Roma lanzó el anatema contra Roberto II y la excomunión contra el obispo que había bendecido la unión y contra todos los que asistieron a la ceremonia.

El rey se resistió algún tiempo y aun pareció mejorar en su situación cuando su amigo preceptor Gerberto fue elegido Papa (999);pero, finalmente, en 1001, se separó de Berta, que no le había dado sucesión. Algún tiempo después casó en terceras nupcias con Constancia, probablemente hija del conde Guillermo de Arles, que le fue antipática desde el principio, a causa de la altivez de su carácter.

El séquito que acompañaba a la nueva reina, según Raúl Glaber, se componía de gentes afeminadas, tan extravagantes en sus costumbres como en sus atavíos, cuya conducta era el escándalo de los francos y los borgoñones.

Inmediatamente se formaron dos partidos en la Corte, uno favorable a Berta, que dirigía su hijo Eudo, conde de Blois, y otro a Constancia, dirigido por Fulques de Anjou. Uno de los primeros actos de Constancia fue hacer decapitar a Hugo de Beauvais, uno de los más fieles compañeros del rey, que le había elevado a la dignidad de conde palatino. Cansado Roberto de las vejaciones de su esposa, se dirigió a Roma para obtener la anulación del matrimonio, pero fue inútil.

En 1002 marchó contra Odón Guillermo, conde de Mâcon, que intentaba apoderarse de la herencia del duque Enrique de Borgoña, su suegro, como pariente más próximo. Después de una campaña victoriosa, Landry, conde de Nevers, reconoció como duque de Borgoña a Roberto II y este casó a su hermana Adela con Renando, hijo de Landry, dándole en dote el condado de Auxerre.

Sucesivamente fue engrandeciendo sus dominios con los condados de Sens, Autun, Dijon, Montreuil y Dreux, y en 1017, en contra de la opinión de los señores, asoció al gobierno a su hijo Hugo y le hizo coronar en la iglesia de San Cornelio de Compiègne; pero cuando Hugo quiso hacer valer sus derechos, su misma madre, que había impulsado a Roberto II a que le diese tal autoridad, se opuso a ello, y Hugo se declaró independiente en Lorena, reconciliándose con su padre poco antes de su muerte (17-IX-1025).

Dos años más tarde hizo consagrar a su segundo hijo Enrique, al que ya había dado la investidura de duque de Borgoña, lo que le costó nuevos disgustos con Constancia, que hubiera querido la corona para su tercer hijo Roberto. Los dos se aliaron entonces contra el padre, que había guardado para sí el ducado de Borgoña, y hacia 1030 derrotaron a Roberto II, que se vio obligado a refugiarse en Beaugheney.

El rey hizo las paces con sus hijos poco antes de morir. De su matrimonio con Constancia nacieron Hugo; que murió a los diez y ocho años; Enrique, que sucedió a su padre; Roberto, elegido duque de Borgoña al subir su hermano al trono y jefe de la rama de los duque de Borgoña, que se extinguió en 1361; Eudo el Imbécil y Adela, que casó en 1027 con Ricardo III, duque de Normandía.

Por su piedad, prudencia y caridad mereció los sobrenombres del Piadoso y el Sabio. Se esforzó en mantener la paz en su reino; redujo a los señores rebeldes a la obediencia; construyó numerosas iglesias; protegió las ciencias y las artes y el mismo compuso diferentes himno religiosos, entre ellos el Veni sancte spiritus, uno de los más hermosos e inspirados en su género, atribuyéndosele también el Rex omnipotens die hodierna, el responso Judaea et Jerusalem nolite timere y O Constantia martyrum.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 51 págs. 974-975.

Enrique I

Biografía

Enrique I de Francia
Enrique I de Francia.

Rey de Francia, 1031-1060. Duque de Borgoña, 1016-1032. Dinastía Capetos. Nació hacia 1008 y murió en Vitry-aux-Loges, cerca de Orleáns, en 4-VIII-1060. Hijo segundo de Roberto II y de la reina Constancia, heredó el trono por muerte de su hermano Hugo, sucediendo a su padre en 1031. Uno de sus primeros actos parece haber sido la cesión del ducado de Borgoña su hermano Roberto, y algo más tarde donó a Godofredo Martel la soberanía de Vendomois. Tuvo que sostener algunas luchas con su madre, la reina Constancia, pero esta se sometió en 1033. Aquel mismo año Enrique había celebrado una entrevista con Conrado II en Deville-sur-Meuse, concertó su matrimonio con Matilde, hija de Conrado, pero la princesa murió sin haberse efectuado la boda.

Probablemente los dos soberanos concluyeron una alianza contra Eudes, conde de Troyes. Enrique marchó a poner sitio a Sens, pero fracasó, vengándose después con una victoriosa campaña contra Eudes, al cual tomó la plaza de Geurnay-sur-Marne.

Eudes tuvo que ceder la mitad de Sens; en cambio el dominio real quedó disminuido por la cesión del Vexin francés a Roberto el Diablo, que lo donó a su hijo Guillermo el Bastardo (1034). Muerto Eudes en Champagne (1037), el francés trató de desposeer a sus hijos Esteban y Tibaldo, pero estos se aseguraron el concurso de varios próceres y el del cuarto hijo de Roberto II, Eudes el Imbécil, que trataba de destronar a su hermano Enrique I. Este pudo apoderarse de él y lo recluyó en Orleáns. Luego se volvió contra Esteban y lo redujo (1037-1039).

En 1043 celebró una conferencia en Yvois, con Enrique III, emperador de Alemania, y, entre otros términos, se concertó su casamiento con Matilde, sobrina del emperador. El Concilio de Reims, celebrado en 1049, proporcionó a Enrique la ocasión de manifestar su voluntad de mantener la independencia del clero francés y los derechos del poder civil para con la Santa Sede.

El papa León IX convocó el citado concilio para septiembre de 1049, y el rey de Francia prometió su asistencia, pero, llegado el momento, pretextó una expedición militar para impedir que sus obispos y abades concurriesen al concilio.

De aquí una frialdad de relaciones entre la corte de Francia y la corte de Roma que duró hasta la consagración de Felipe I. A partir de 1047, Francia y Normandía estuvieron casi constantemente en pie de guerra; el valle de Aose, por donde pasaba la línea demarcadora de ambos Estados, fue le principal teatro de las operaciones militares.

En 1051 contrajo Enrique nuevo matrimonio con Ana, hija de Jaroslao, príncipe de Kiev. De este enlace nacieron Felipe (1052), Roberto, muerto en la infancia, y Hugo, más tarde conde de Vermandois.

En 1053 la lucha recrudeció entre Enrique I y Guillermo el Bastardo. Enrique formó contra este una formidable liga en la que entraban los señores de la Borgoña, de la Auvernia, de la Champaña, de la Aquitania y de la Gascuña (1054). Enrique I y Godofredo Martel arrasaron las cercanías de Evreux; Eudes el Imbécil, hermano del rey, devastó los países de Bray y de Caux, pero su derrota en Mortemer llenó de desaliento al rey que, a principios de 1056, concluyó la paz con el duque Guillermo.

Aquel mismo año celebró una nueva conferencia con el emperador Enrique III, emperador de Alemania, y, entre otros términos, se concertó su casamiento con Matilde, sobrina del emperador. El Concilio de Reims, celebrado en 1049, proporcionó a Enrique la ocasión de manifestar su voluntad de mantener la independencia del clero francés y los derechos del poder civil para con la Santa Sede.

El papa León IX convocó el citado concilio para septiembre de 1049, y el rey de Francia prometió su asistencia, pero, llegado el momento, pretextó una expedición militar para impedir que sus obispos y abades concurriesen al concilio.

De aquí una frialdad de relaciones entre la corte de Francia y la corte de Roma que duró hasta la consagración de Enrique III, y de nuevo en Yvois. Enrique I echó en cara al emperador en que retuviese injustamente la Lorena, que había sido feudo de Francia. La discusión llegó a términos tan violentos, que el emperador desafió al rey de Francia en singular combate, y si hemos de dar crédito a una crónica alemana, Enrique huyó durante la noche con todo su séquito.

La paz entre el rey y el duque de Normandía no fue de larga duración. En 1057 Enrique se presentó en Anjou con el objeto de que el conde Godofredo Martel le ayudase en su empresa contra el duque Guillermo el Bastardo; poco después, habiéndose apoderado de Soissons, a la muerte del conde de Rainaud y de su hijo Guido, donó esta importante villa al refugiado normando Guillermo Busac.

Luego, en 1058, invadió la Normandía, penetrando hasta las inmediaciones de Bayeux; pero una nueva derrota le esperaba en Varaville. Desalojó la Normandía y dio la vuelta a Thimert, poniéndola sitio. La paz pudo concluirse en 1060, hacia las Pascuas, y Enrique tuvo que restituir la villa de Tillières al duque Guillermo.

Ya, en 1059, y siguiendo la costumbre de sus predecesores, había hecho consagrar en Reims a su hijo Felipe como heredero directo de la corona. Al morir dejó la tutela a la reina Ana y a Balduino, conde de Flandes. Alguien ha dicho que Enrique I fue un rey apático; la corta biografía que antecede es una elocuente prueba de todo lo contrario.

Se encontró en casi todas las pequeñas guerras que provocó en demanda de territorios que creía suyos; ganó batallas y perdió combates; luchó hasta su muerte. No fue, pues, ni apático, ni mero espectador de las luchas que envolvieron la casi totalidad de su reinado, y, sobre todo, supo mantener a raya a los grandes señores feudales, que pretendían limitar su escaso territorio.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 36-37.

Felipe I

Biografía

Rey de Francia, 1060-1108. Dinastía Capetos. Hijo de Enrique I y de Ana de Rusia, n. en 1052 y m. en Melun en julio de 1108. Contaba apenas siete años cuando su padre le hizo consagrar en Reims (23-V-1059), ceremonia a la cual asistieron la mayor parte de los grandes señores y prelados del reino.

Al año siguiente murió Enrique I, que había designado a su hermano político Balduino de Flandes para ejercer la tutela del joven príncipe y compartir las funciones de la regencia con la reina viuda Ana. Ya con motivo del cumplimiento de las disposiciones testamentarias surgieron las primeras disensiones de este reinado, pues Roberto, duque de Borgoña y hermano de Enrique I, se creía con mejor derecho que Balduino V a la tutela.

En 1066 fue Felipe I declarado mayor de edad, siendo uno de los primeros actos de su gobierno agregar a los dominios reales Chateau-Landon y el condado de Gatinais, conquista que tenía un doble valor territorial y estratégico por cuanto unía los valles del Sena y del Loira y le facilitaba el acceso a las principales ciudades de sus Estados.

Más tarde intervino en los asuntos de Flandes, donde había estallado la guerra civil entre los herederos de Balduino V, pronunciándose en favor de Balduino. En 1076 Inglaterra declaró la guerra a Francia, haciendo las paces al año siguiente, para reanudarse más tarde las hostilidades a causa de haber acogido Felipe I favorablemente a Roberto, hijo de Guillermo, rey de Inglaterra, que se había rebelado contra su padre.

Poco después Felipe I se unió a Guillermo contra Roberto y el 18 de mayo de 1080 se concluyó la paz entre el padre y el hijo. En 1087 se renovó la lucha entre el rey de Francia y el duque de Normandía por la posesión del Vexin, y ante las vejaciones que sufrían los súbditos ingleses, intervino el rey de Inglaterra Guillermo el Conquistador, quien exigió a Felipe I no solo la reparación de los daños sufridos, sino la cesión de Mantes, Pontoise y Chaumont-en-Vexin.

Ante las contestaciones dilatorias de Felipe I, Guillermo equipó un ejército y se presentó ante Mantes, de la que se apoderó el 15 de agosto, pero fue herido en la contienda y murió pocos días después.

En 1092 quiso divorciarse de su esposa Berta, que ya le había dado varios hijos, para casarse con Bertrada, esposa de Fulques, conde de Anjou, que aún vivía. La Iglesia se negó a pronunciar los dos divorcios que eran necesarios para que se efectuase el matrimonio, pero este fue celebrado a pesar de que la mayoría de los obispos se negaron a acudir al llamamiento del rey.

Resultado de esto fue una violenta lucha entre Felipe I y el episcopado, cayendo sobre el rey una serie de excomuniones que le impidieron tomar parte en la Cruzada, como era su deseo.

Desde entonces, su mayor preocupación fue reconciliarse con la Iglesia, y en 1094, al morir Berta, creyó que el asunto se solucionaría fácilmente, pero no fue así, porque aún vivía Fulques, el marido de Bertrada.

Un Concilio reunido en Autum el 15-X-1094 lanzó una nueva excomunión contra el rey, renovada en el Concilio de Clermont (XI-1095). Felipe I prometió entonces separarse de Bertrada, pero al no cumplirlo, el Concilio celebrado en Poitiers (1097) ratificó la excomunión, que fue cumplida rigurosamente, se le prohibió el uso de la corona y de la púrpura real.

Por aquel entonces, Guillermo el Rojo, rey de Inglaterra, quiso apoderarse del Vexin, pero Luis, hijo de Felipe I, le opuso una resistencia heroica, concluyéndose una tregua en 1098.

Luis, a quien su madrastra quería excluir del trono en provecho de sus hijos, había sido alejado de la corte, pero Felipe I, dándose cuenta de los difícil de su situación, le asoció al gobierno y le hizo elegir rey por los grandes. Bertrada, no obstante, prosiguió su lucha contra Luis, que se hallaba entonces en Inglaterra, e intentó hacerle asesinar.

En 1101 el heredero regresó a Francia y se posesionó del gobierno absoluto de la monarquía, procurando atraerse a la Iglesia y a los señores. Felipe I, por su parte, estaba completamente embrutecido y su estado inspiraba lástima por lo que, mediante la condición de no tener ningún trato con su esposa, le fue levantada la excomunión en 1104.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 23 pág. 610.

Luis VI el Gordo

Biografía

Rey de Francia, 1108-1137. Dinastía Capetos. Rey de Francia, hijo de Felipe I y de Berta de Holanda, n. probablemente en París a fines de 1081 y m. en la misma capital en 1-VIII-1137. Se educó en la abadía de Saint Denis, y desde muy joven dio pruebas de sus condiciones para la guerra, combatiendo contra los ingleses; pero a causa de la antipatía de su madrastra Bertrada, que se oponía a su nombramiento de caballero, se retiró al condado de Panthieu.

En 1101 hizo una expedición contra los señores de Montmorency, de Beaumont y de Mouchy, y en los ocho años que siguieron a su advenimiento hubo de defenderse de las intrigas de su madrastra. En 1108, después de una brillante historia militar, sucedió a su padre y continuó aplicándose a la obra de debilitar el feudalismo; especialmente contra el poderoso conde de Blois-Champaña, Tibaldo IV, hubo de luchar por espacio de veinticuatro años, al cabo de los cuales acabaron por aliarse.

También de 1109 a 1128 peleó casi continuamente contra los ingleses y los normandos. Las hostilidades comenzaron en febrero o marzo de 1109 y con cortas treguas no cesaron hasta 1129, en que el rey de Inglaterra casó a su hija con el conde de Anjou, siendo el hecho más importante de esta guerra la derrota de Brémulo (20-VIII-1119), en que Luis perdió su caballo y su estandarte y hubo de refugiarse en un bosque.

Aliado constantemente del clero y del papado, en su época fueron establecidas muchas órdenes religiosas e intervino celosamente en los asuntos de la Iglesia, y cuando el cisma de 1130 entre Inocencio II y Anacleto, convocó un concilio en Etampes y reconoció como papa al primero.

En su lucha contra el feudalismo favoreció a las clases populares, concedió privilegios a los habitantes de las localidades rurales y creó nuevas municipalidades, conservándose aún tres cartas o concesiones dictadas por él, especialmente las de Laon y Saint Amur. Sin embargo, al favorecer la creación de nuevas municipalidades, no le llevaba otro objeto que el de debilitar a sus vasallos, demasiado poderosos, y así extendió sus dominios a ciudades pertenecientes a señoríos particulares. Fundó también muchos hospitales y enfermerías.

Luis el Gordo, aunque sensual y viciosos, estaba dotado de notables prendas de carácter; su dulzura y su bondad fueron elogiadas por sus contemporáneos, así como su amor a la justicia y a los humildes, pero fue sobre todo un hombre de guerra y supo rodearse de hábiles colaboradores como Esteban de Garlande, el conde Raúl de Vermandois y el abad Suger. De su matrimonio con Alix o Adelaida, hija de Humberto II, conde de Saboya, tuvo ocho hijos:

    1. Felipe, coronado en 1129 y muerto de una caída de caballo dos años más tarde
    2. Luis, asociado al trono desde octubre de 1132
    3. Enrique, arzobispo de Reims
    4. Roberto, de Dreux
    5. Pedro, de Courtenay
    6. Felipe, arcediano de París
    7. Hugo
    8. Constancia, que casó en primeras nupcias con Eustaquio, conde de Boloña, y en segundas nupcias con Raimundo V, conde de Tolosa
R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 31 págs. 618-619.

Luis VII el Joven

Biografía

Dinastía Capetos. Rey de Francia, 1137-1180, hijo de Luis el Gordo y de Alicia, n. entre 1119 y 1122, probablemente en 1121 y m. en París el 18-IX-1180. Desde 1131 fue asociado por su padre al gobierno, y en 1137 casó con Leonor, heredera del duque de Aquitania. En agosto del mismo año murió su padre, y el 8 del propio mes se hizo coronar duque de Aquitania, y el 25 de diciembre rey de Francia.

Uno de sus primeros actos fue reprimir una sedición que había estallado en Orleáns, y de 1138 a 1144 hubo de sofocar otra rebelión en Poitiers, que se había constituido en municipio y que supo ganar para la causa real; al mismo tiempo reprimió las turbulencias de los barones del Poitou y de Saintonge, pero fracasó en su intento de apoderarse de Toulouse, no consiguiendo más que enemistarse con Inocencio II y con Tibaldo, conde de Champaña, que hasta entonces había sido su aliado y que le declaró la guerra.

Las tropas del rey incendiaron la iglesia de Vitry, y mediante concesiones recíprocas se hizo la paz en 1144. Sus remordimientos, por la destrucción de la iglesia de Vitry y las noticias que recibía de Tierra Santa, así como un voto que había hecho a la muerte de su hermano Felipe, le movieron a organizar una cruzada y en octubre de 1147 desembarcó en Constantinopla. El primer encuentro fue victorioso para las armas cristianas, pero después vinieron una serie de combates desfavorables, y el propio rey estuvo a punto de caer en manos del enemigo.

En febrero de 1148 resignó el mando en un caballero llamado Gilberto, y al recibirse en Francia noticias del fracaso de la cruzada, se originaron tumultos populares, de los que quiso aprovecharse Roberto Dreux, hermano del rey, para apoderarse del trono.

Informado de ello Luis por su consejero Suger, decidió por fin regresar a Francia, y entró en sus estados en octubre o noviembre de 1149. En 1152 se divorció de Leonor, que contrajo segundas nupcias con Enrique Plantagenet, rey de Inglaterra, al que poco antes había ayudado a apoderarse de Normandía, y que, por el hecho de su matrimonio, se convirtió en su más temible enemigo.

En 1154 casó a su hermana Constancia con Raimundo V, conde de Tolosa, con lo que vio aumentar su influencia, y el mismo año emprendió una peregrinación a España.

Enrique Plantagenet, al reconocer el poderío creciente de Luis, quiso reconciliarse con él, pero nuevamente estallaron las rivalidades con motivo de la posesión de Tolosa, que se disputaban Enrique y la casa de Saint Gilles, esta última apoyada por el rey de Francia. Después de algunos meses de lucha, se concluyó un tratado de paz en mayo de 1160.

Luis había intervenido siempre en los asuntos eclesiásticos y se había distinguido por su piedad e inteligencia, aunque carecía de energía. En el interior completó la obra de Luis VI, debilitó el feudalismo y favoreció la creación de nuevas ciudades, llegando en su amor por los desheredados a protegerlos contra la iglesia. Contrajo matrimonio con:

    1. Leonor, con la que tuvo a María, esposa de Enrique I, conde de Champaña, y a Alicia, esposa de Tibaldo el Bueno, conde de Blois
    2. Constancia, con la que tuvo a Margarita, que casó con Enrique, príncipe heredero de Inglaterra, y a Alicia
    3. Adela, con la que tuvo a Felipe Augusto, que le sucedió, y a Alicia y a Inés.
R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 31 págs. 619-620.

Felipe II Augusto

Biografía

Dinastía Capetos. Rey de Francia, 1180-1223, hijo de Luis VII y de Adela de Champaña , n. en París el 21-VIII-1165 y m. en Mantes el 14-VII-1223. Cuando solo contaba catorce años, su padre, que estaba muy enfermo, quiso hacerle consagrar rey, celebrándose la ceremonia en Reims (1-XI-1179).

Felipe II Augusto
Coronación de Felipe II Augusto.

Inmediatamente comenzó a reinar, y a los pocos meses murió su padre, nombrando regente al conde de Flandes; pero Felipe no tardó en indisponerse con él, formándose entonces una coalición contra el joven rey, que este deshizo con una energía y una sagacidad impropia de sus años, comportándose de igual modo en los demás actos de gobierno, por lo que alcanzó una popularidad extraordinaria.

Respetado por todos, quiso aprovechar las circunstancias para arrebatar a los ingleses algunos dominios que tenían enclavados en territorio francés. Las disensiones existentes en la familia de Enrique II le dieron la ocasión propicia; en 1187 Enrique quiso apoderarse de Languedoc, y Felipe tuvo la habilidad de hacer que Ricardo y Juan, hijos de Enrique, se volviesen contra este, que se vio obligado a firmar la paz (1189), muriendo poco después.

Proclamado rey de Inglaterra Ricardo, Felipe le siguió a Tierra Santa con la intención de volver a Europa antes que él para aprovecharse de su ausencia. En efecto, después de la toma de San Juan de Acre (julio-1191), se dirigió a Italia y concluyó una alianza con Enrique VI (que le prometió detener a Ricardo a su regreso), y después, de acuerdo con Juan Sin Tierra, invadió Normandía.

Ricardo Corazón de León, detenido por el emperador de Alemania en 1192, pudo, por fin, volver a Inglaterra en 1194, e hizo una guerra encarnizada a Felipe, pero, afortunadamente para este, murió el monarca inglés antes de que hubiese alcanzado ningún resultado positivo. Le sucedió su hermano Juan Sin Tierra;, al que, desde el mismo momento, declaró Felipe su enemigo, suscitándole un rival en la persona de Arturo de Bretaña, hijo de Godofredo, hermano mayor de Juan.

El matrimonio de Luis, hijo mayor de Felipe, con Blanca de Castilla, sobrina de Juan, motivó una suspensión de las hostilidades, pero el rapto de Isabel de Angulema por el rey de Inglaterra permitieron a Felipe reanudar la lucha, conquistando sin gran esfuerzo Normandía.

En 1206 se firmó una tregua por la que Juan declaraba que mientras aquella durase no tendría tierras ni hombres ni aliados en Normandía, el Maine, Bretaña, Turena y Anjou. Felipe trató do consolidar su situación colmando de favores a las iglesias, a las ciudades y a los nobles.

En 1212, cuando las querellas de Inocencio III y Juan, se disponía a invadir Inglaterra, pero la reconciliación entre el Papa y el monarca inglés le impidió llevar a cabo sus ambiciosos proyectos, pero a fin de no desperdiciar los preparativos que había hecho, atacó al conde de Flandes, campaña en la que no solo consiguió su objetivo, sino que se atrajo poderosos enemigos, entre ellos el emperador Otón de Brunswick, pero Felipe les derrotó a todos en Bouvines (27-VII-1214). Interesado en la lucha contra Juan Sin Tierra, dejó que su hijo Luis fuese en su representación a las cruzada contra los albigenses.

En el interior, Felipe llevó a cabo una política inteligente, dotando al país de útiles instituciones y consolidando las conquistas que había hecho. Al patrimonio heredado de su padre añadió Artois, Amiens, Vermandois, los condados de Clermont, Beaumont y Alençon, Normadía, el Maine, Anjou y Turena, organizando los municipios en casi todas las ciudades; otros territorios reconocieron su autoridad, y, en general, preparó de un modo sólido la unidad de Francia.

Personalmente, Felipe Augusto fue hombre valeroso, aficionado a los placeres de la mesa, hábil político y sagaz diplomático, pero al mismo tiempo supersticioso, colérico, cruel, suspicaz y lujurioso. Contrajo matrimonio con:

    1. Isabel, hija del conde de Hainaut, de la que tuvo a Luis VIII, su heredero.
    2. Ingelburga, de Dinamarca, a la que repudió.
    3. Isabel, hija del duque de Merania, que le dio dos hijos.
R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 23 págs. 610-611.

Luis VIII el León

Biografía

Dinastía Capetos. Rey de Francia, 1123-1226, hijo de Felipe Augusto y de Isabel de Hainaut, nieto de Luis VII, n. en París en 5-IX-1187 y m. en Auvernia en 8-XI-1226. Durante el reinado de su padre llevó a cabo importantes expediciones, especialmente contra Inglaterra, adonde había sido llamado por muchos señores que le ofrecían la corona.

Después de la muerte de Juan Sin Tierra, los partidarios del joven Enrique III, y, sobre todo, Guillermo el Mariscal y el legado del papa, Galón de Beccaria, constituyeron un serio obstáculo para las pretensiones de Luis, que, por fin, renunció a ellas en 1217.

En 1215 y 1219 realizó dos expediciones poco afortunadas contra los albigenses, y en 1223 sucedió a su padre, siendo coronado en Reims, el 6 de agosto. Aprovechándose de la anarquía que desolaba el Poitou, se apoderó de la Rochela y de todo el territorio comprendido entre el Liora y el Garona, que estaba sometido a la dominación de los Plantagenet.

En cambio, fracasó en su intento de conquista de la Gascuña. Posteriormente, y obedeciendo indicaciones del papa Honorio III, organizó una cruzada contra los albigenses (1226), y aun antes de salir de París, algunos señores del Languedoc se sometieron al rey. Sucesivamente cayeron en sus manos Aviñón y otras ciudades, pero antes de emprender el sitio de Tolosa se volvió a sus cuarteles de invierno y pereció víctima de la fiebre que diezmaba a su ejército.

Luis VIII fue fiel continuador de la política de su padre, y la educación que recibió hizo de él un guerrero y un político ambicioso. De su matrimonio con Blanca de Castilla tuvo doce hijos, entre ellos san Luis, su sucesor.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1988, tomo 31 pág. 620.

Luis IX

Biografía

Luis IX el Santo, por El Greco.
Luis IX el Santo, por El Greco.

Rey de Francia, 1126-1270. Dinastía Capetos. San Luis. Nació en Poissy en 1214 ó 1215 y murió en Túnez en 1270, hijo de Luis VIII y de Blanca de Castilla, esta, durante su minoría del infante ejerció la regencia. En 1234, Blanca casó a Luis IX con Margarita, hija del conde de Provenza, Ramón Berenguer IV. A la mayoría de edad del rey, sin embargo, la reina madre continuó en el gobierno por lo menos hasta 1242, y, desde entonces, Luis IX gobernó con sabiduría y autoridad. En el interior reprimió sin dificultad una rebelión de los barones del Mediodía y del Oeste (1241), después de la cual el país quedó pacificado.

Vigiló estrechamente a sus bailíos y senescales, enviando personajes de la corte para atender sus gestiones y recibir las quejas de su administración; en el terreno económico, se dio curso obligatorio a la moneda real por todo el reino. Estas y otras medidas reforzaron la autoridad real y le confirieron gran reputación. Bajo su influencia, la antigua corte feudal se transformó, dedicando algunas de sus sesiones a asuntos judiciales, contabilidad, etc., y dando lugar así al nacimiento del parlamento y del tribunal de cuentas.

En el exterior el rey quiso mantener la paz mediante el entendimiento entre los príncipes. En 1242 Enrique III de Inglaterra desembarcó para apoyar la revuelta de los barones de Poitou, pero Luis IX le venció en Taillebourg y en Saintes. Tras unos años de tregua, el rey de Francia abrió negociaciones, en 1254, que culminaron con el tratado de París de 1259, por el que se ponía fin al conflicto originado en tiempo de Felipe Augusto y Juan Sin Tierra. Asimismo, Luis IX concluyó un tratado de compromiso con Jaime I el Conquistador (tratado de Corbeil, 1258).

Estos tratados sirvieron para apaciguar durante varias décadas las diferencias anglo-francesas. Con idéntica voluntad de paz, Luis IX no intervino en las luchas entre la Santa Sede y Federico II, aunque apoyó tímidamente las empresas italianas de su hermano Carlos de Anjou y organizó y dirigió con entusiasmo la séptima cruzada.

Los cruzados, bajo el mando del rey, embarcaron en Aigues-Mortes y se dirigieron a Egipto, centro del poder musulmán. En febrero de 1250 fueron vencidos en Mansura, y el rey hecho prisionero.

Liberado a cambio de fuerte rescate, pasó cuatro años en Siria. Regresó luego a Francia, a la muerte de su madre (1252), con intención de organizar otra expedición, pero el proyecto no pudo llevarse a cabo hasta 1267, y levantó escaso entusiasmo entre los señores.

La octava cruzada partió de Aigues-Mortes el 1-VIII-1270 en dirección a Túnez, sólida base de ataque contra Egipto. A poco de desembarcar en Cartago, el ejército fue diezmado por una epidemia de peste, que ocasionó la muerte del propio rey. Con él, la monarquía de los capetos alcanzó un prestigio incomparable. Fue canonizado por Bonifacio VIII en 1297, para sellar la paz con Felipe IV.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 14 pág. 6680.

Felipe III el Atrevido

Biografía

Felipe III el Atrevido.
Coronación de Felipe III en las Grandes Crónicas de Francia

Rey de Francia, 1170-1285. Dinastía Capetos. (Poissy 1245-Perpiñán 1285), hijo de Luis IX y de Margarita de Provenza. Casó primero con Isabel de Aragón (1262) y después con María de Brabante (1274).

Recogió la herencia de su tío Alfonso de Poitiers (1271), esposo de Juana de Tolosa (Poitou, Auvernia, Aunis, norte de Saintonge, condado de Tolosa y el señorío de Albi), pero restituyó a Inglaterra el Agenais y el sur de Saintonge (tratado de Amiens 1279), a cambio de que su soberano rindiese homenaje al rey de Francia por el ducado de Aquitania; finalmente cedió al papa Gregorio X el Comtat Venaissin (1274) y casó a su hijo Felipe el Hermoso con la heredera de Champagne y de Navarra, Juana (1284).

En el interior prosiguió la obra administrativa de su padre (ordenanza de 1278). En el exterior apoyó la política de su tío Carlos de Anjou, rey de Sicilia, contra Pedro III el Grande de Aragón, cuyas tropas desembarcaron en la isla (1282), tras las famosas Vísperas sicilianas, en el transcurso de las cuales la población local aplastó a los angevinos.

De acuerdo con el papa Martín IV, que desposeyó a Pedro de Aragón e infeudó su corona a Carlos de Valois, tercer hijo de Felipe III, este llevó a cabo la expedición llamada cruzada contra los catalanes.

La flota francesa sufrió una estrepitosa derrota frente a los catalanes dirigidos por Roger de Llúria (1285); al mismo tiempo, Pedro el Grande se enfrentó a los franceses en el Rosellón y el Ampurdán, los detuvo ante Gerona y los batió, cuando se retiraban, en el coll de Panissars (1285). Felipe murió en la retirada, víctima de una epidemia.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 9 pág. 4277.

Felipe IV el Hermoso

Biografía

Rey de Francia, 1285-1314. ey de Navarra, como Felipe I, 1284-1314. Dinastía Capetos. Hijo de Felipe III el Atrevido y de su primera esposa Isabel de Aragón, nació en 1268 y murió en Fontainebleau el 29-XI-1314. Sucedió a su padre y fue consagrado en París el 6-I-1286, junto con su esposa Juana, hija de Enrique Ide Navarra, con la que se había casado dos años antes.

Se le considera un gran estadista, supo rodearse de sabios consejeros, los legistas, imbuidos de la idea de la omnipotencia del estado y formados en el derecho romano: Pierre Flote, Guillaume de Nogaret y Enguerrand de Marigny, entre otros.

Inició su reinado deshaciéndose con habilidad del asunto de Nápoles, en el que su padre había intervenido contra Aragón en apoyo de los angevinos, guerra que fue desastrosa para Francia y que Felipe I de Navarra tuvo el buen juicio de terminar en 1291 por el tratado de Tarascón (19 de febrero), ratificado por el de Agnani en 1295.

Posteriormente intervino en Flandes en favor del patriciado urbano y contra el conde Gui de Dampierre; en 1297 ocupó las principales ciudades flamencas y, después de haber arreglado sus diferencias con Inglaterra a propósito de Guyena (1300), hizo prisionero a Gui, que creía poder contar con el apoyo inglés.

Las ciudades reaccionaron, pues no habían luchado contra el conde para caer en manos del rey, y asesinaron a los oficiales reales maitines de Brujas, 1302; después de una derrota del ejército francés (Courtrai, 1302), este venció a los flamencos (Mons-en-Pévèle, 1304) y les hizo firmar un tratado (1305) por el que se devolvía el condado al hijo de Gui de Dampierre, Roberto de Béthune.

Sin embargo no logró que su hermano Carlos de Valois fuera elegido emperador (1308). Tuvo conflictos con el papado: en 1296, a propósito de los diezmos que el rey quería imponer al clero; Bonifacio VIII respondió prohibiendo al clero dar subsidios a los laicos Clericis laicos, en febrero de 1296; el rey prohibió toda salida de oro y plata del reino, de los que el papa protestó Inefabilis amoris, en septiembre de 1296; finalmente el papa cedió, canonizando a Luis IX (1297).

Un nuevo conflicto, más grave, estalló en 1301, cuando el rey detuvo al obispo de Pamiers, acusado de insultar a la corona e intrigar con Aragón.

Bonifacio reaccionó violentamente Ausculta fili, en diciembre de 1301, acusando al rey de violar las prerrogativas de la Iglesia y convocó un concilio para tomar medidas (1302). El papa recordó su suprema autoridad en la bula Unam sanctam, en noviembre de 1302, y se disponía a excomulgar a Felipe, cuando los hombres de este y de los Colonna detuvieron a Bonifacio en Anagni en septiembre de 1303; este, después de ser liberado por la población de la ciudad, murió al mes siguiente.

Sus sucesores, Benedicto XI y, sobretodo Clemente V, elegido por intervención de Felipe, hicieron marcha atrás: Clemente nombró muchos cardenales franceses en 1305, se instaló definitivamente en Avignon en 1309 y derogó todas las decisiones de Bonifacio VIII contra Felipe IV (1311).

El estado francés había vencido a Roma. Paralelamente, Felipe intensificó la actuación de la justicia real en el interior de los feudos, y creó una serie de instituciones centralizadoras (consejo del rey), reunió asambleas estamentales, dio importancia creciente a la cancillería y reformó la administración financiera.

El último gran escándalo del reino fue el proceso contra los templarios, al parecer para adueñarse de sus inmensas riquezas. Los jefes de la orden fueron detenidos en octubre de 1307, acusados de herejía. En 1309 un primer grupo de templarios fue quemado en la hoguera; en 1312 la Santa Sede suprimió la orden; en 1314 Felipe mandó quemar a los dignatarios del Temple como relapsos.

Otro escándalos fue el juicio contra las nueras de rey, como adúlteras. Se intentó restablecer el prestigio monárquico saneando la situación financiera del reino, lo que consiguió Enguerrand de Marigny con las ordenanzas de 1314.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 9 pág. 4277.

Luis X le Hutín

Biografía

Fotografía de Juan Negrín López
Dibujo anónimo, colección de Roger de Gaignières

Rey de Francia, 1314-1316. Rey de Navarra, como Luis I, 1305-1316. Conde de Champaña y de Brie. Dinastía Capetos. Nació en París (Francia), 4-X-1289 y murió en Vincennes (Francia) 5-VI-1316. Hijo primogénito de Felipe I el Hermoso y de Juana Ide Navarra. A la muerte de su madre apenas contaba dieciséis años y, según las costumbres de la tierra, la mayoría de edad no se alcanzaba hasta los veintiuno. El joven príncipe debía, por tanto, permanecer bajo la tutela de su padre, quien seguiría gobernando el reino de Navarra. No había razón alguna para que sus atribuciones sobre el regimiento de los dominios de su mujer quedaran interrumpidas por la muerte del titular. Sin embargo, amplios sectores de la sociedad navarra creían que, desaparecida la reina propietaria, era al heredero a quien correspondía el ejercicio de la realeza.

Y para ello exigían la presencia de Luis en su reino. Con ello acabarían las prolongadas ausencias del monarca y el tan odiado régimen de los gobernadores. Las primeras en reaccionar fueron las buenas villas, constituidas de nuevo en Hermandad, y a las que se unieron poco después los prelados.

Ambos sectores dirigieron un escrito al Rey y al príncipe heredero, instándole a una pronta venida para ser recibido como su Rey y señor. En París no comprendían el contenido de semejante petición. Nadie negaba los derechos del primogénito: únicamente debía esperar a cumplir la mayoría de edad.

Para entonces Luis había contraído matrimonio con Margarita, hija de Roberto II, duque de Borgoña, y de quien nacería su hija Juana; en Navarra se sucedieron numerosas y acaloradas asambleas que incitaban a la rebelión.

Para acallar los ánimos fueron enviados mensajeros, al frente de los cuales figuraba el conde de Bolonia. Esta delegación destituyó al gobernador y nombró a uno nuevo, en calidad de lugarteniente y en nombre de Luis, señor y heredero del reino. En las cortes de Estella (21-IX-1306) se alcanzó el compromiso por parte de la embajada del conde de Bolonia de garantizar la venida del Rey para Pascua (26-III-1307).

La firmeza de los navarros hizo cambiar de opinión al rey de Francia y a su Consejo, iniciándose con gran celeridad los preparativos del ansiado viaje real. Al objeto de realzar la llegada de su hijo, el rey Felipe pidió al Papa el levantamiento del entredicho que pesaba sobre la catedral de Pamplona desde el asalto de 1276.

Clemente V, que todavía no había abandonado el arzobispado de Burdeos, accedió a lo solicitado, pero sugirió al rey que aplazase el viaje del príncipe heredero, ya que en su condición de tal era aconsejable su presencia en la entrevista de Poitiers, en cuya agenda figuraba la cuestión del Temple, los preparativos de la nueva Cruzada y, en definitiva, el diseño de una Europa capeta.

Fue el propio Papa el que envió una carta en la que se hacía responsable de la demora del heredero, al tiempo que prometía su pronta puesta en camino. Por fin, tras consumir nuevos retrasos y ante la tensa situación, Luis hizo su entrada en Navarra a finales del mes-IX-1307.

Poco después —el 1 de octubre, domingo— juró los Fueros y fue ungido y coronado. En un principio, solo la nobleza le recibió el juramento; pocas semanas más tarde, en las Cortes de Estella, los procuradores del resto de los estamentos le juraron como señor y Rey.

En esta jura se reconocía a Luis su condición de primogénito del rey de Francia y, por la gracia de Dios, rey de Navarra, conde de Champaña y Bria. Cumplido el ceremonial de la coronación era casi obligado girar una visita a las cabeceras de merindad y demás buenas villas del reino.

En su recorrido cumplió con las formalidades de confirmar privilegios y franquicias, así como la promesa de guardar los Fueros. Mantuvo una política de favor hacia las comunidades judías, que contrasta a todas luces con la mantenida por su padre en el reino de Francia. Este, como es sabido, expulsó a esta minoría de sus territorios en 1306.

Gran parte de estos emigrados buscaron refugio en tierras de Navarra. Todo parecía indicar que se había plegado a las exigencias de sus nuevos súbditos, pero castigó con dureza a los cabecillas de la rebelión y a las banderías urbanas, prohibiendo la creación de cofradías. Con todo, su estancia fue corta —de algo más de dos meses—, pues a mediados de diciembre ya había traspasado la muga de los Pirineos.

Es posible que el arresto de los templarios, acusados de herejía y de horrendos crímenes, y la posterior propuesta de disolución de la Orden en toda la cristiandad latina requiriese su presencia en la Corte parisina.

Conviene recordar los intentos de fusión de las dos Órdenes (el Temple y el Hospital), utilizada como fuerza militar en la próxima Cruzada, al frente de la cual se situaba Luis I de Navarra. En el Concilio General de Vienne (16-X-1311) se consumaba el proceso incoado contra el Temple al decretar el Papa la disolución de esta Orden de monjes soldados y adjudicar sus bienes a los Hospitalarios.

El rey de Navarra, conforme a las disposiciones pontificias ordenó (a mediados de 1313) a su gobernador que ejecutase lo ordenado por el Papa. Imbuido de la ideología de su padre, introdujo una serie de reformas, encaminadas a reforzar el poder de la Monarquía. Una de ellas fue la sustitución de las merindades por otras circunscripciones llamadas senescalías.

Estas fueron tres: (Pamplona, Estella y Tudela), al frente de las cuales figuraba un senescal con las mismas atribuciones que el merino, más las hasta entonces reservadas a los gobernadores. Esta institución francesa no tuvo arraigo entre nosotros. Apenas duró dos años (1307-1308) y sus titulares fueron siempre enviados desde París.

Mayor vigencia tuvieron los llamados reformadores o inquisidores, también enviados desde la ciudad del Sena. Estos altos oficiales reales, en número de tres a cinco, desempeñaban funciones similares a las de lugarteniente del Rey, pero concluida su misión inquisitiva y la reformadora abandonaron el reino para informar al Monarca del alcance de su cometido. Gozaban de la plena capacidad para convocar a las Cortes Generales.

Periódicamente aparecían nuevos reformadores y a los que se les había encargado, además de la supervisión del buen gobierno del reino, misiones concretas, ya fuesen tendentes a la mejora en los sistemas de percepción de las rentas reales o en la aplicación de los necesarios reajustes del gasto militar, poniendo especial énfasis en la dotación y equipamiento de los mesnaderos.

Pero la más de las veces, el objetivo esencial era la disolución de las Juntas y la represión de los integrantes de las mismas, ya que, con sus exigencias, habían demostrado una insolencia intolerable para un monarca cuya sacralidad en el desempeño de sus funciones nadie podía poner en duda.

Con los reinos vecinos no existía ningún litigio pendiente y la paz era un bien que había que preservar. El sobrenombre del Hutín o pendenciero no parece que estuviese muy justificado, al menos por presencia en los campos de batalla, pero sí por firmeza o tozudez en las negociaciones mantenidas con los burgueses y eclesiásticos de la ciudad de Lyon.

En las zonas fronterizas siempre surgían escaramuzas y eran espacios propicios al bandidaje. Al objeto de reforzar la defensa de las tierras de fronteras, en especial las de Guipúzcoa y Gascuña, se crearon las villas de Echarri-Aranaz y Labastide-de-Clairance.

Por su condición de heredero al trono de Francia y miembro del Consejo Real, acompañó a su padre en las más solemnes celebraciones de la monarquía capeta. Asistió —junto a sus hermanos, tíos y demás familia— a los fastos que acompañaron a la conclusión de las obras, en 1313, del nuevo palacio de la Cité.

Y en ese mismo año, Felipe I el Hermoso solicitó una ayuda feudal con destino a la Caballería del rey de Navarra. Con todo, en vida de su padre siempre desempeñó un discreto papel, pues el Rey nunca dejó de ocupar el centro en la intrincada maraña de poderes de la Monarquía de los últimos Capetos directos.

Las nueras del Rey

El escándalo de las nueras del rey conmocionó a todo el reino. Las tres nueras del rey fueron condenadas y llevadas a prisión por adulterio. Margarita de Borgoña estaba casada con el rey de Navarra, hombre de carácter difícil, y debió recibir de él más de un desaire. Ella tuvo un amante Gautier d´Aunay. Su ejemplo fue seguido por su cuñada Blanca de Borgoña, esposa del tercer hijo del Rey Carlos de la Marche).

Y la hermana de esta, Juana, y mujer de Felipe de Poitiers, estaba enterada de las acciones de su cuñada y de su hermana, pero no participó en tales aventuras. Estos sucesos, recogidos como materia literaria, fueron deformados por la ficción y la leyenda. Pero no cabe duda que para muchos parisinos u otras gentes del reino, tales comportamientos, y sus consiguientes incertidumbres de filiación, podrían socavar los más firmes pilares de una Monarquía hereditaria.

La reina de Navarra murió (abril de 1315) a causa de las duras condiciones de su prisión, y el Rey, después de una ansiada espera, contrajo un segundo matrimonio con Clemencia de Hungría, una angevina, que ceñiría doble Corona: la de Francia y la de Navarra.

Su hijo, Rey de apenas cinco días, sería Juan I el Póstumo. Celebrado este matrimonio, los Reyes se trasladaron a la ciudad de Reims, en cuya catedral el Rey de Navarra fue ungido, el 15-VIII-1315, e iniciaba así un reinado corto, de apenas dieciocho meses.

Durante este tiempo prestó especial atención a las ligas feudales. Los principados territoriales mostraron su rechazo a los progresos crecientes del poder real. En la primavera del 1315, Luis el Hutín cedió a la presión de los barones de Borgoña, Champaña y Picardía, comprometiéndose a incluir las pretensiones nobiliarias a la asamblea General del reino, donde recibirían la adecuada respuesta por parte del Soberano.

Estas grietas en la estructura del poder real pronto fueron restañadas. El malestar creado contra los legistas ya en los años finales del reinado de su padre apareció ahora con toda su crudeza.

Esta reacción aristocrática contra los consejeros reales hizo de Enguerrand de Marigny el blanco de sus iras, al que llegaron a acusar de traidor, malversación y brujería. En la magna asamblea de Vincennes, presidida por el Rey, se acordó su exilio a Chipre y la confiscación de sus bienes. Tales decisiones serían recurridas por familiares del condenado y el monarca demostró su debilidad de carácter al remitir a su tío la resolución de este delicado asunto. Marigny sería ahorcado en Montfaucon el 30-IV-1315.

Asimismo, las secuelas del conflicto con Flandes ensombrecieron los últimos meses de su vida. Anuló la orden de expulsión de los judíos que había decretado su padre y favoreció en gran medida el retorno de los mismos. En los primeros días de junio de 1316 moría el Rey.

Quedaba abierto el problema de la sucesión en ambos reinos, pero en el de Francia la ley sálica —con la exigencia de la masculinidad del heredero— llevaría a su hermano Felipe V al trono, en detrimento de su hija Juana. De acuerdo con la tradición, su cuerpo fue inhumado en Saint Denis.R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXXI, págs. 532-534.

Juan I el Póstumo

Biografía

Rey de Francia, 1316-1316. Rey de Navarra, 1316-1316. Conde de Champaña y de Brie. Dinastía Capetos. Hijo póstumo de Luis X y de Clemencia de Hungría, también llamado el de los pocos días, debido a su corto reinado de apenas cinco jornadas y a las frustradas expectativas sucesorias que su nacimiento había generado. El rey había muerto el 5 de junio y su segunda esposa, Clemencia de Hungría, estaba en cinta; era necesario, por tanto, esperar al parto de la reina para solventar la cuestión sucesoria.

Durante el embarazo de la Reina y la minoría del futuro rey, si este era varón, era preciso solventar la gobernación de ambos reinos: la regencia vino a recaer, no sin pocas dificultades y dura oposición de gran parte de la familia real, en Felipe, conde de Poitiers, hermano del rey difunto. No obstante, pronto se hizo con los resortes de la monarquía navarra a través de su gobernador y de otros oficiales reales, nombrados ya en tiempos de Luis el Hutín.

En la madrugada del día 15-IX-1316 la reina Clemencia de Hungría daba a luz, en su residencia del Louvre, a un niño que recibió el nombre de Juan, en recuerdo quizá de su abuela paterna, la reina Juana. Todo parecía indicar que la continuidad de la dinastía capeta quedaba asegurada por línea de varón; sin embargo, su prematura muerte vendría a ensombrecer semejantes expectativas. El niño fue enterrado en el panteón real de Saint Denis a los pies del sepulcro de su padre.

La evicción —pérdida de derecho— de Juana, hermanastra de Juan I, sería causa de largos conflictos. Hubo quien propagó la idea de que el heredero fue asesinado (o sustituido por un niño muerto) a instancia de Matilde de Artois, suegra de Felipe, que así veía en su yerno asegurada la condición de rey. Esta y otras versiones alimentaron varios relatos legendarios sobre el advenimiento de la nueva dinastía de los Valois.R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XXVIII, págs. 223-224.

Felipe V el Largo

Biografía

Rey de Francia, 1317-1322. Rey de Navarra, como Felipe II, 1317-1322. Conde de Champaña y de Brie. Dinastía Capetos. Nació en Longchamps, París, 1291 y murió en la misma ciudad el 3-I-1322. Segundo hijo de Felipe Ide Navarra IV de Francia el Hermoso, y de Juana Ide Navarra. A la muerte de su hermano Luis I el Hutín y de acuerdo con el tratado de VI-1316, el conde de Poitiers asumía la regencia del reino a la espera del nacimiento de un posible heredero. La muerte prematura de Juan I, y excluidas las hembras de la Corona, Felipe V de Francia y II de Navarra asumió la titularidad de ambos reinos, al ser coronado el 7-I-1317.

No obstante, un grupo de magnates reclamó la vigencia del tratado de junio y se mostró partidario de esperar a que Juana, la hija de Luis I , alcanzase la edad necesaria para asumir la Corona o renunciar a ella, pero preservando su legitimidad sobre Navarra.

El duque de Borgoña se mostró el más firme partidario de esta opción, que representaba los derechos de su sobrina. Al abrigo de estas exigencias, distintas ligas nobiliarias buscaron menoscabar la autoridad del regente. En realidad, estas voces más que mostrar preocupación por la cuestión sucesoria, pretextaron la ocasión para oponerse al Rey.

Este convocó a los Estados Generales y en dicha asamblea (9-II-1317) fue ratificado sin dificultad, al tiempo que se dirigía a Reims para recibir la consagración real. Heredero y sucesor de su sobrino Juan I se titulaba rey de Francia y de Navarra, mientras que a su sobrina, la joven Juana, tan solo se le reconocían algunas rentas en el condado de Champaña.

Dicha actitud encontró la más firme oposición del duque de Borgoña, tutor de Juana, y que acabó por alentar el descontento de amplios sectores de la sociedad chamapañesa, siempre apoyados por los rebeldes del condado de Flandes.

Este conflicto flamenco fue una constante en todo su reinado. Los argumentos y actuaciones del rey de Francia para ignorar los derechos de Juana como reina de Navarra y condesa de Champaña no solo contaban con el rechazo de la familia ducal de Borgoña, sino que ofendían la sensibilidad y la memoria de su círculo familiar: su propia madre fue propietaria de ambos títulos.

Después de arduas negociaciones se llegó a un acuerdo o tratado 27-III-1328 para poner fin al conflicto. Los tutores, en nombre de la heredera, renunciaron a las coronas de Francia y Navarra —al menos hasta que aquella cumpliera doce años— y del condado de Champaña, aunque este podía ser recuperado en el caso de que el rey no tuviese hijos varones. A cambio se le otorgaba una renta de 15.000 libras en el condado de Angulema.

Asimismo, quedaba estipulado en dicho tratado el matrimonio de Juana con Felipe, primogénito del conde Evreux, y pariente del duque de Borgoña. Antes de alcanzar tales acuerdos y convencido de la legalidad de su doble Corona, Felipe el Largo envió nuevos reformadores a Navarra con el objetivo de hacer efectiva su autoridad y establecer las bases de un gobierno: encargado del mismo fue el conde de Aunay, Ponz de Morentaine, cuya presencia ya se documenta a finales de 1317.

Estas medidas debían culminarse con la presencia del Rey y las consiguientes ceremonias de coronación. Un traslado a Navarra entrañaba no pocas dificultades, dada la situación de conflicto generada por la coalición de barones pequeña guerra de Nevers y las asambleas de las principales ciudades del reino reunidas en París.

Ante tal situación, el gobernador ordenó la reunión de las Cortes (octubre, 1317) y en dicha asamblea se nombró a la comisión encargada de trasladarse a París, donde recibirían su juramento de mantener los fueros y, a cambio, la representación navarra manifestaría su fidelidad al Rey.

La idea de recibir el juramento fuera del reino era contraria al mandato del Fuero General, que no contemplaba otro escenario que no fuese la iglesia de Santa María de Pamplona. De aquí que la iniciativa del monarca capeto encontrara cierta resistencia entre los navarros, que expresaron su malestar recibiendo la callada por respuesta.

En opinión de algunos historiadores, fue necesaria la intervención del nuevo obispo de Pamplona —Arnaldo de Barbazán— para que los notables del reino se aviniesen a cumplir la voluntad del Monarca. Casi dos años más tarde, el 11-VI-1319, una nutrida representación de prelados, barones y buenas villas viajó a París y recibió el juramento real; sin perjuicio de que, cuando las condiciones lo permitiesen, debería ir a su reino y completar el resto de requisitos previsto en el Fuero. El acta de dicho juramento está fechada en París (30-IX-1319), pero existe serias dudas de que este llegase realmente a realizarse.

Fiel continuador de la política de su padre —centrada en la afirmación de la soberanía de la realeza—, mostró una gran capacidad de trabajo y espíritu organizador, plasmado en la reforma de los resortes centrales de la Monarquía: en 1316 estableció el estatuto del Parlamento y en 1320 la estructura definitiva de la Cámara de los comptos.

Y en Navarra se alcanzó el convenio definitivo con la iglesia de Pamplona. El acuerdo, logrado en septiembre de 1319, suponía la renuncia del obispo y su cabildo, a favor del rey, de toda la jurisdicción y dominio temporal sobre la capital del reino y de otros bienes temporales; a cambio de estas cesiones la Corona ofrecía a la catedral una renta cuantiosa de 500 libras al año y la entrega de varias parroquias de patronato real. Asimismo, el Monarca se comprometía a reconstruir y repoblar el barrio de la Navarrería y el burgo de San Miguel.

Con ello se trataba de restañar las secuelas de la guerra de 1276 y la destrucción de dicho barrio. Pese a que nunca estuvo en Navarra, la presencia francesa en el reino era muy importante. Además del gobernador y su lugarteniente, merinos, alcaides y otros oficiales reales eran enviados desde París. Todos ellos debieron cumplir bien su misión, pues durante este corto reinado tanto la Junta de infanzones como la Hermandad de las buenas villas mostraron su total adhesión al Soberano.

Únicamente hubo algunas fricciones con Castilla: al sur (Tudela y Corella, enfrentadas en la villa riojana de Alfaro) y al norte, las continuas disputas con los guipuzcoanos. No se trataba de una guerra entre reinos, sino de escaramuzas con tropas frontaleras; pero la tradición guipuzcoana hizo de la derrota de Beotíbar (1321) la expresión de un combate de carácter nacional.

Al final de su reinado hubo de hacer frente a dos conflictos que amenazaban con perturbar la paz de sus reinos: el movimiento o cruzada de los pastoreslos de 1320, que tuvo en la matanza de judíos su más siniestro rostro, y, sobre todo, su fervorosa participación en el abominable exterminio de los leprosos en el verano de 1321.

En ambos casos, su repercusión en Navarra apenas se dejó sentir. Aquejado de una grave enfermedad desde agosto de 1321, en la madrugada del 3-I-1322 falleció en la localidad de Longchamp, en las cercanías de París, sin dejar hijos varones. Casado en 1317, con Juana de Borgoña —heredera del conde Otón IV— solo le sobrevivieron cuatro hijas.R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XVIII, págs. 472-474.

Carlos IV el Hermoso

Biografía

Carlos IV. Bibliothèque Nationale de France.
Carlos IV. Biblioteca Nacional de Francia.

Rey de Francia, 1322-1328. Rey de Navarra, como Carlos I, 1322-1328. Conde de Champaña y de Brie. Conde de la Marche. Dinastía Capetos. También el Calvo. Tercer hijo de Felipe Ide Navarra y IV de Francia, el Hermoso, y de Juana I, reina de Navarra. Durante la larga enfermedad de su hermano Felipe II el Largo, Carlos, conde de la Marche, había allanado el terreno para sucederle. Un mes más tarde de la muerte del rey de la dinastía capeta recibía su consagración real en la catedral de Reims.

Casado en primeras nupcias con Blanca de Borgoña-Comté, hija del conde borgoñón Otón IV y de la condesa de Artois Mafalda; hermana, por tanto de la mujer de Felipe II el Largo. Acusada de adulterio, su matrimonio fue disuelto por el Papa en 1322 y ese mismo día casaría con María de Luxemburgo, hija del emperador Enrique VII; una vez viudo, contrajo nuevo matrimonio, en 1325, con Juana de Evreux.

Al igual que su antecesor continuó la labor de reorganizar las instituciones centrales del poder monárquico, como fueron las finanzas y el sistema judicial. Realizó una reforma importante en la administración pública: intentó que se devolviesen a la corona una serie de dominios y de cargos, puso en venta los cargos anteriormente no venales —sin precio público, gratuitos— y practicó una política de impuestos y de economías que lo hicieron muy impopular.

Expulsó de Francia a los financieros italianos. Tanto en Francia como en Navarra la sucesión no tuvo la más mínima oposición. Solo quedaba por dilucidar el acuerdo de 1318 entre Felipe el Largo y el duque de Borgoña —tutor de Juana de Navarra— mediante el cual esta recuperaría el condado de Champaña, ya que el rey de Francia había muerto sin sucesión masculina. Esta reclamación ocupará todo el reinado del último capeto.

Conforme a la tradición de la dinastía, puso especial empeño en ampliar los dominios directos de la Corona y en reforzar el ascenso del poder monárquico. Confiscó la Guyena o Gascuña, última posesión en suelo francés del Imperio Angevino de Enrique II Plantagenet, rey de Inglaterra (1154-1189), ante la negativa de Eduardo II de Inglaterra, su cuñado, a prestarle homenaje. Este acto y el incendio de la bastida —ciudad fortificada— de Saint Sardos son considerados como un preludio de lo que más tarde se llamaría la guerra de los Cien Años.

Como en anteriores ocasiones, los notables del reino de Navarra pretendían que el monarca prestara el juramento debido y que para ello era exigible su presencia en tierras navarras.

La respuesta de París también fue similar: nombramiento de un nuevo gobernador y envío de informadores para pulsar la opinión y el sentir de la gente ante la propuesta de sustituir, al menos de momento, el viaje del soberano por el traslado de una delegación de los Tres Estados a las estancias palaciegas del Louvre. Hubo un acercamiento de posiciones y se avinieron a acudir a Tolouse.

Carlos el Calvo estuvo en esta ciudad en el mes-II-1324, pero, ante la ausencia de los navarros, no parece que el juramento real tuviese lugar. Por ello su condición de soberano siempre estuvo en entredicho. Su gobierno carecía del más mínimo soporte legal y así fue recogido por los cronistas de la época. La Crónica de los Reyes de Navarra escrita por Carlos, príncipe de Viana, pasa a ser el testimonio historiográfico más rotundo sobre la legitimidad de Carlos I el Calvo.

Pese a lo irregular de su situación el gobernador y los dos reformadores se hicieron cargo de las tareas de gobierno, siendo las más urgentes la atención de las fronteras con Guipúzcoa y el saneamiento de la hacienda. En este tiempo se completó la restauración de la Navarrería de Pamplona, a la que se restituyó el fuero de Jaca (1324) y se dictaron las normas para su repoblación, cuya ejecución estaba pendiente desde 1319.

Sus ansias por tener un heredero nunca se vieron cumplidas a pesar de sus tres matrimonios. Con el último, el de Juana de Evreux, se volvía a repetir la situación de tiempos de Luis I el Hutín: la Reina viuda estaba embarazada de seis meses y quedaba la esperanza de un descendiente varón, pero el 9-IV-1329, la reina Juana daría a luz a una niña.

Extinguidos los capetos directos, el sucesor de Carlos I en el trono de Francia sería Felipe de Valois, pero esta situación encontraría amplia contestación, hasta el extremo de ser la mecha que prendería el conflicto anglo-francés la —guerra de los Cien Años.—

Fue el último rey francés que ocupó el trono de Navarra. Mientras, el de Navarra, gracias a la movilización de los grupos más notables del reino, recayó en doña Juana, la hija de Luis I el Hutín, casada en 1317, con el conde Felipe de Evreux.

La muerte de Carlos I de Navarra, IV de Francia, ocurrida en el castillo de Vincennes el primero-II-1328, dejó sin efectos los acuerdos con los condes de Evreux y que suponía la renuncia de estos al condado de Champaña, recibiendo a cambio los condados de Angulema y Mortain. Tales extremos serían confirmados por el primero de los Valois.

R.B.: CARRASCO PÉREZ, Juan, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2010, Vol XI, págs. 462-463.