Carlos de Anjou

Biografía

Carlos de Anjou por Arnolfo di Cambio.

Carlos de Anjou por Arnolfo di Cambio.

Conde de Anjou 1226-1285. Rey de Sicilia. Fundador de la dinastía Anjou-Sicilia. A mediados del siglo XIII, cuando se rompe el sueño imperial de los Staufen en el Sur de Italia y cuando el Papado ya no tiene fuerzas para imponer su voluntad a los príncipes de Italia y del Mediterráneo, surge en la escena política la figura de Carlos, conde de Anjou, uno de los guerreros más atrevidos y uno de los diplomáticos más avispados que haya producido un siglo tan abundante en personalidades relevantes como el XIII.

Carlos de Anjou domina durante un cuarto de siglo la política mediterránea con sus proyectos ambiciosos y sus realizaciones extraordinarias. En este aspecto representa, aunque con matiz distinto, la misma trayectoria de expansión mediterránea de Francia que su hermano Luis IX el Santo.

Brillante, soñador, impetuoso y enérgico, tendió sus manos sobre Italia, las Baleares y la Península Hispánica. Sus proyectos se desplomaron por su misma amplitud, y, además, porque le faltaron constancia y tenacidad, y le sobraron violencia, orgullo y arrogancia.

Era el séptimo y último hijo de Luis VIII y Blanca de Castilla. Nació poco antes de la muerte de su padre, en marzo de 1226. A los seis años heredó el condado de Anjou, y a los veinte, por su enlace con Beatriz de Provenza, heredera del conde Raimundo Berenguer V, se adueñó de este importante territorio, pese a la oposición de varios príncipes, entre los cuales Jaime I de Aragón. En este punto, pues, se inicia la rivalidad de Aragón y Anjou, que había de culminar en los últimos años de la centuria.

En 1250 Carlos de Anjou acompañó a su hermano Luis en la cruzada contra Egipto, donde también cayó prisionero de los musulmanes. Después de su rescate intervino en los asuntos flamencos, con escaso éxito (1253). Desde este fracaso se dedicó por completo al campo de acción que le ofrecía el Mediterráneo.

En 1257 subyugó Marsella y obtuvo el pomposo título de rey de Arles. Dos años más tarde, iniciaba su intervención en la política italiana adquiriendo la soberanía sobre varias ciudades del Piamonte. Esta actuación despertó los recelos de Manfredo, rey de Nápoles y Sicilia, y la simpatía del Papado, quien buscaba un brazo que le librara de las ambiciones de aquel Staufen.

En 1262 Urbano VI le ofreció la corona de Nápoles y Sicilia, que Carlos aceptó después de muchas vacilaciones, pues para la empresa requería la conformidad y los auxilios de San Luis. Finalmente, el (21-V-1265) Carlos desembarcaba en la desembocadura del Tíber en busca de una bella corona.

Muy pronto cambió el panorama militar. Manfredo se vio rechazado en Orvietto (1265) y derrotado en Benevento (26-II-1266). Dos años después, el (23-VIII-1268), sufría la misma suerte el joven Conradino en el campo de batalla de Tagliacozzo.

Carlos de Anjou, que manchó su victoria con la ejecución de Conradino, había borrado de un golpe el poder de los Staufen en la Italia meridional y había adquirido la hegemonía en Italia.

En 1269 sometía Nápoles y al año siguiente Sicilia. Al mismo tiempo, como defensor de los intereses güelfos en Italia, obtenía el cargo de vicario imperial en Toscana (1267), el de podestá de varias ciudades de Lombardía, Piamonte y Romaña, y el de Soberano de muchos señores de la Italia central (1260-1270).

Desde entonces el flamante rey de Nápoles y Sicilia fue el árbitro indiscutido de la península italiana, e incluso se impuso al Papado, a excepción de la época en que gobernó Nicolás III (1277-1281).

Su trepidante actividad en Italia no limitó la esfera en la que se movían los proyectos de Carlos de Anjou. Desde 1267 intervino en los Balcanes para montar una alianza latina contra el trono de los Paleólogos de Constantinopla; en 1272 compró los derechos de María de Antioquía como reina de Jerusalén, y en 1277 se apoderó de Acre. También en 1272 tomó parte en la cruzada de Luis IX contra Túnez, que le valió grandes provechos materiales.

Sin embargo, cuando en 1282 estaba a punto de recoger la cosecha sembrada durante quince años, apoyado por Martín IV, hechura suya en el Pontificado, se produjo el alzamiento de las Vísperas Sicilianas y la intervención de Pedro III de Aragón en Sicilia.

En dos años su obra quedó arruinada. La flota catalanoaragoesa abrió el camino a los guerreros de Aragón y Sicilia se perdió para los Anjou. El 7 de enero de 1285, Carlos murió en Foggia, cuando se hallaba preparando una flota para resistir a la de Roger de Lauria. En aquella fecha ya no era dueño de los acontecimientos, que oponían en una lucha colosal Francia y el Papado contra la Corona de Aragón.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 138-139.