Conrado II el Sálico1024-1039

Biografía

Miniatura de Conrado II
Miniatura de Conrado II

Emperador Sacro Imperio, 1027-1039. Rey de Alemania, 1024-1039. Dinastía Franconia. Nació hacia 990 y m. en Utrecht en 4-VI-1039. Fue hijo del conde Enrique y de Adelaida de Tigesheim, bisnieto de Conrado el Rojo y de Ludgarda, hija del emperador Otón I; al extinguirse la casa de Sajonia con la muerte de Enrique II, fue elegido rey por los magnates del reino, reunidos en la dieta de Camba, cerca de Oppenheim del Rhin en 8-IX-1024, siendo luego coronado en Maguncia.

Se hallaba entonces en la plenitud de su vida. Era de gallarda presencia, guerrero esforzado, hombre prudente y sensato, a la par que dotado de una fuerza de voluntad inquebrantable, y poseedor de grandes riquezas, sobre todo desde su matrimonio (1016) con Gisela, duquesa viuda de Suabia, magnánimo, generoso, cualidades todas ellas que contribuyeron a que este príncipe fuese el más indicado para ocupar el trono, fundando la dinastía franconiana.

Después de su coronación recorrió las provincias del reino, siendo recibido en todas ellas con las mayores muestras de afecto. Fueron sus consejeros los obispos de Augsburgo, hermano de Enrique II, y de Estrasburgo. En 1025 concertó un tratado con el rey Canuto de Dinamarca, al que cedió la provincia de Slesvig, asegurando así las fronteras septentrional y oriental de Alemania, contra la invasión de los polacos, al propio tiempo que le hacía reconocer la primacía del arzobispo de Bremen sobre la Escandinavia.

En se dirigió a Italia; fue investido en Milán con la corona de hierro de los reyes lombardos, teniendo que vencer la resistencia de algunas capitales, y solo después de haber reducido a la obediencia las ciudades de Pavía y Rávena ciñó en Roma la corona imperial de manos de Juan XIX, en presencia de los reyes de Dinamarca y Borgoña, en 26-III-1027.

Después de consolidar sus dominios en la Italia meridional, regresó en mayo a Alemania, donde tuvo que sofocar la rebelión de su primo Conrado el Joven, de su hijastro Ernesto de Suabia, que se creía desposeído de sus derechos hereditarios sobre la Borgoña, del poderoso conde Werf II y de Werner de Kiburgo; consolidó sus derechos sobre la Borgoña por medio de un nuevo tratado con el rey Rodolfo, firmado en Basilea, y logró, en 1028, que se eligiese y coronase rey de Alemania en Aquisgrán, a su hijo Enrique, de once años de edad, consolidando así la autoridad imperial en Alemania y preparando la monarquía hereditaria.

Menos afortunado fue en la lucha con los reyes Mieczislao, de Polonia, y Esteban, de Hungría, que invadieron el Imperio (1028-1030). Solo después de haber vencido definitivamente, en agosto de 1030, al duque Ernesto y a sus secuaces, logró someter a Mieczislao (1032) y volvió a restablecer Las Marcas en la frontera oriental del Imperio.

Entre tanto había muerto el rey Rodolfo de Borgoña, en 6-IX-1032, y su sobrino Otón, conde de Champaña, hizo valer sus derechos hereditarios. Ante aquella insistencia, el emperador marchó con un fuerte ejército a Borgoña, siendo coronado en Peterlingen y vencida la resistencia que le opusieron Otón y algunos de los magnates borgoñones; volvió a ceñirse solemnemente la corona de Borgoña, en Ginebra, en 1034, anexionando así definitivamente este reino al imperio alemán.

Al fin de consolidar el poder real y de hacer hereditaria la corona, estableció el derecho de sucesión para todos los feudos, reconocido ya por sus antecesores. Extendió también estas ventajas a los vasallos de los príncipes, a los que aseguró mayor independencia, por lo que vieron en la monarquía el amparo y sostén de sus libertades, a lo que contribuyó, en gran manera, la enumeración de los servicios que el príncipe podía exigir a sus vasallos.

Incorporó al Imperio, o cedió a su hijo, todos los ducados, con excepción de Sajonia y Borgoña, y otorgó los obispados y las abadías a sus más fieles vasallos, a fin de recompensarlos o de aumentar el número de sus partidarios.

El levantamiento de la pequeña nobleza (valvasores), en la Italia septentrional, contra Ariberto, arzobispo de Milán, hizo necesaria, en 1036, su presencia en Italia; en un principio apoyó al arzobispo, pero después de saber las expoliaciones que había cometido, en la dieta de Pavía, congregada en 1037, pronunció severa sentencia contra Ariberto y luego puso sitio a Milán.

Desde el campamento de Milán promulgó, en 20-V-1037, la famosa Constitución Edictum de beneficiis, según la cual los feudos pequeños, no otorgados directamente por el soberano, habían de pasar hereditariamente de padre a hijo, o de hermano a hermano.

Al regresar de Italia, la peste diezmó a su ejército, y enfermó de gota. En otoño de 1038 confirió, en Solcura, el reino de Borgoña a si hijo Enrique, falleciendo al año siguiente en Utrecht. Sus restos descansan en la catedral de Spira, cuya primera piedra puso en el año 1030. Wipo, su capellán, escribió su biografía (traducida al alemán por Pflüger: 2ª ed., Leipzig, 1892).R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 14 págs. 1349-1350.

Enrique III el Negro1039-1056

Biografía

Miniatura de Enrique III
Miniatura de Enrique III

Emperador Sacro Imperio, 1046-1056. Rey de Alemania, 1039-1056. Dinastía Franconia. El Negro, por el color de su barba, n. en 1017 y m. en Botfeld (en el Harz) en 1056. Segundo emperador de la casa de Franconia, hijo del emperador Conrado II y de Gisela, hija y viuda de duques de Suabia; su padre le cedió desde 1027 el ducado de Baviera, vacante por la muerte de Enrique de Luxemburgo (1027); al siguiente año le hizo reconocer por la nobleza como sucesor suyo, y coronar el Aquisgrán por el obispo de Colonia.

Contrajo matrimonio con Gunilda, hija de Canuto el Grande de Inglaterra, la cual murió de la peste poco antes de ceñir Enrique la corona imperial. En 1038, por muerte de su hermano Germán, heredó el ducado de Suabia, y fue reconocido y coronado rey de Borgoña en Soleure. Poco después la muerte de su padre le hizo jefe del Sacro Imperio (1039).

Dotado de un carácter inflexible y resuelto, pronto hizo sentir su poder, tanto en la Iglesia, como en el Estado. La política perseguida por él tenía muchos puntos de contacto con la seguida por Otón I durante los primeros tiempos de su reinado; esto es, dar el gobierno de los ducados, tantos como le fue posible, a miembros de su familia o a vasallos en cuya fidelidad podía confiar.

Únicamente el duque Godofredo de Lorena, que reclamaba el dominio de la Alta Lorena, teniendo ya la Baja, fue el que le ocasionó serio cuidado, aun cuando aquel impetuoso príncipe nada realmente práctico podía intentar contra el gran emperador. Este era tan afortunado en sus guerras como en el gobierno interior.

El duque Bretislao de Bohemia, que dio muestras de aspirar a una posición independiente, invadió la Polonia, se apoderó de sus principales ciudades, y, como signo de su triunfo, se llevó el cuerpo de San Adalberto, transportándolo hasta Praga. Enrique marchó contra él en 1041, le derrotó, y le obligó a comparecer en Ratisbona con hábito penitente, para recibir la Bohemia como feudo de la corona imperial.

Allanada esta dificultad, comenzó en 1042 una serie de campañas en Hungría, donde por primera vez afirmó la supremacía de Alemania. En Italia era igualmente venturoso, no solo manteniendo su derecho a la corona de Lombardía, sino estableciendo la supremacía germánica sobre los normandos en Apulia y Calabria.

Por aquel entonces, la condición moral de la Iglesia era vista con sentimiento por los buenos creyentes, y Enrique, en cuyo espíritu estaban profundamente arraigadas las tendencias religiosas, se unió cordialmente al movimiento reformista que tuvo su origen en Cluny. Convocó a los prelados a un concilio que tuvo lugar en Surti en 1046, y de allí salió la deposición de los tres pontífices rivales, Benedicto IX, Silvestre II y Gregorio VI, elevando al solio, por indicación del emperador, y con el nombre de Clemente II, a Suitgero, obispo de Bamberga.

Otros tres obispos germanos, Dámaso II, León IX y Víctor II, sucesivamente, se sentaron en la silla de San Pedro, designados por Enrique, y, como todos ellos eran hombres piadosos y enérgicos administradores, hicieron mucho en pro de la regeneración de la disciplina eclesiástica en Europa.

Durante su gobierno, el Papado estuvo realmente sometido al Imperio; pero la verdadera ansiedad con que Enrique se dedicó a la tarea de hacer a la Iglesia digna de su alta misión, creó grandes daños para el Estado, desde el momento en que era altamente improbable que un pontífice de altivo e independiente carácter, se sometiese a una posición secundaria. La magnitud del peligro se vio claramente cuando Hildebrando ciñó la tiara durante el reinado de Enrique IV, hijo y sucesor del príncipe que nos ocupa.

Sintiendo aproximarse su fin, el poderoso emperador, tomó sus disposiciones para asegurar el porvenir, que se presentaba sombrío. Al oeste, el conde de Flandes y Godofredo de Lorena se presentaban más fuertes y hostiles que nunca, asediando en Amberes al duque Federico de Baja Lorena; el rey de Francia, irritado porque el emperador había admitido el homenaje del hijo de Eudo de Champaña, se sentía inclinado a intervenir en los asuntos de Lorena.

Al este, los húngaros permanecían hostiles. Al norte, el leal Germán, arzobispo de Colonia, acababa de morir; los lintices reanudaban la guerra; había muerto el duque de Bohemia, Bretislao, siendo reemplazado por su hijo Espitinico, enemigo de los alemanes; el duque de Baviera, Conrado, hijo segundo del emperador, murió también.

El emperador abarcó todos estos puntos en una Dieta celebrada en Zurich, y teniendo algunas conferencias con el papa Víctor II, que fue a Gidar. Nombró arzobispo de Colonia a Anno, hombre de su confianza; concertó el casamiento de su hijo Enrique con Berta, de la familia de los poderosos margraves de Susa, y el de su hija Judit con Salomón, hijo del rey de Hungría.

En una entrevista con el rey de Francia, cedió el Hainaut al condado de Flandes; se reconcilió con su tenaz adversario Godofredo de Lorena, devolviéndole su esposa y los ricos dominios toscanos. Perdonó y restauró en sus bienes a su tío Gebardo de Ratisbona y a todos sus cómplices, acusados de haberle querido asesinar. Murió a los treinta y nueve años, reconciliado con todos sus enemigos, y dejando a su esposa Inés la administración del Imperio durante la menor edad de Enrique IV.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 9-10.

Enrique IV1056-1106

Biografía

Humillación de Enrique IV ante el Papa.
Humillación de Enrique IV ante el Papa para pedirle su perdón. Pintura de Eduard Schwoiser 1852.

Emperador Sacro Imperio, 1084-1106. Rey de Alemania, 1056-1105/06. Dinastía Franconia. Hijo de Enrique III, n. en Goslar en 1050 y m. en Lieja en 1106. Tenía seis años cuando murió su padre, y solo contaba cuatro cuando fue reconocido como sucesor del trono (1053). Quedó bajo la tutela de su madre Inés de Aquitania.

La vigorosa administración de Enrique III, en tanto que había asegurado, en conjunto, la prosperidad de la nación, excitó entre los grandes un gran descontento, e inmediatamente después de su muerte comenzaron las tentativas para recabar parte de los privilegios de que habían sido despojados.

Inés, carácter demasiado apático para contender con ellos, trató de atraérselos a costa de importantes concesiones, y los malos efectos de una débil autoridad central se dejaron sentir bien pronto en toda Alemania. Finalmente, en 1062, Anno, arzobispo de Colonia, consiguió apoderarse del rey, e Inés resignó los poderes. Anno era un prelado duro y despótico y despertó en Enrique un odio profundo por la severidad de su disciplina.

En Adalberto, arzobispo de Brema, que era un carácter diametralmente opuesto al de Anno, jovial, mundano y cariñoso, encontró el de Colonia un competidor peligroso. A Adalberto le fue confiado al principio una pequeña parte de la educación de Enrique, pero últimamente se ganó por completo su afecto y llegó a ser el ayo exclusivo.

Al cumplir los quince años fue declarado Enrique mayor de edad, de acuerdo con el Código, pero la autoridad imperial, realmente era ejercida por Adalberto, que despertó la envidia de los magnates, tanto por la esplendidez de su vida como la oposición que mostraba a su encumbramiento. En una Dieta celebrada en Tribum tuvo que resignar sus poderes en manos de Anno.

Educado bajo esas diversas influencias, Enrique se hizo apasionado y voluntarioso; pero estaba dotado de una inteligencia nada común, y, puesto a ello, iba derecho al objeto con inflexible ardimiento. Para contrarrestar en lo posible los excesos de su vida privada, Anno le hizo contraer matrimonio con Berta, hija del margrave de Susa, que le había sido prometida hacía varios años. Al principio la trató con gran despego, pero cuando le hubo dado un hijo; en 1071, la emperatriz consiguió ganar su afecto, y fue después su mejor y más fiel amiga.

El reinado de Enrique IV fue uno de los más turbulentos de la historia de Alemania. Sus principales dificultades comenzaron por causa de Otón de Nordheim, duque de Baviera, a quien se acusó de haberle querido asesinar. Le privó de sus títulos y honores y sus dominios fueron invadidos y confiscados. Apoyado por el duque Magno de Sajonia, intentó rebelarse, pero ambos príncipes fueron prontamente sometidos.

Una nueva rebelión fue organizada por Otón de Nordheim, el cual, inesperadamente, se presentó con 60.000 hombres ante los muros de Harzburgo, inexpugnable fortaleza sajona donde Enrique residía. El emperador apeló a la fuga, pero los príncipes empezaron a manifestarle tal frialdad, que el soberano creyó acertado acceder a casi todas las demandas de sus enemigos.

Pero pronto se le presentó una ocasión para vengarse, ocasión proporcionada por una banda de campesinos, que destruyeron una capilla dependiente del castillo de Harzburgo, y violaron las sepulturas de algunas persona reales. Entonces no encontró dificultad en levantar un ejército, y después de derrotar a los rebeldes en Hohernburgo (1075), les impuso sus condiciones, pareciendo el principio de la consolidación del ascendiente ejercido por Enrique III.

Entretanto Hildebrando, elevado al solio pontificio con el nombre de Gregorio VII, había ya indicado su designio de que el papado pudiese gozar duna total independencia en el ejercicio de sus funciones temporales y espirituales. Enrique apeló a su autoridad para que degradase a varios prelados que habían hecho causa común con los rebeldes. En lugar de responder favorablemente a la demanda, Gregorio emplazó al emperador para que respondiese de ciertos cargos formulados por sus súbditos contra él

Sin detenerse a considerar todo el poder que el papado había adquirido a consecuencia de las reformas efectuadas por su padre, Enrique convocó un concilio de prelados alemanes, que se reunió en Worms en 1076, y declaró depuesto al pontífice. Gregorio VII replicó fulminando la excomunión. Los partidarios del emperador mostraron en el acto tal desafección, que el emperador juzgó de todo punto necesario una reconciliación con el Papa.

Escapando de sus enemigos cruzó los Alpes en lo más duro del invierno, llevando por únicos compañeros a su mujer, su hijo y unos pocos fieles. Los nobles de Lombardía estaban dispuestos a sostener su causa, pero el prefirió continuar hasta el castillo de Canosa, donde el Papa residía, con su protectora la condesa Matilde. Allí ocurrió la famosa escena en la cual Enrique, el más grande de los potentados seculares, permaneció tres días en el patio del castillo, envuelto en hábito de penitente, y suplicando ser admitido a presencia del pontífice.

La excomunión fue levantada; pero esto no obstante, los príncipes alemanes eligieron por su rey al duque Rodolfo de Suabia, que pronto se vio abiertamente apoyado por el Papa, al cual disgustaba la pertinaz oposición de Enrique a su gran proyecto de librar al clero del sistema de investidura feudal. Enrique renovó su sentencia de deposición contra Gregorio, nombrando a Guilberto, arzobispo de Rávena, como su sucesor con el nombre de Clemente III.

Después de la muerte del antirrey Rodolfo en 1080, Enrique marchó a sostener sus derechos en Italia y en 1081 se apoderó de Roma, donde Clemente III le coronó emperador.

En Alemania, el conde Hermann de Luxemburgo había sido elegido como sucesor de Rodolfo y en 1085 derrotó a Enrique junto a Wurzburgo, pero en 1087, se retiró voluntariamente del poder, muriendo poco después.

Un tercer antirrey, el margrave Eckberto de Meissen, murió en 1089; y de tener paz fuera de su reino, era seguro que la hubiese disfrutado en él. Pero Víctor III y Urbano II, los sucesores de Gregorio VII, que murió en 1085, continuaron en oposición contra él, y, en 1090, se vio obligado a dar la vuelta a Italia por tercera vez para defender al antipapa Clemente III, hechura suya.

Mientras estaba atareado en esta lucha, supo que su hijo Conrado había sido inducido por el partido papista a rebelarse contra él. Abrumado por este inesperado golpe, y lleno de desaliento, el emperador se recluyó en una lejana fortaleza, donde permaneció inactivo durante varios años. En 1096 recobró los ánimos; regresó a Alemania y, mediante oportunas concesiones, pudo apaciguar a sus principales enemigos.

Un Dieta celebrada en Maguncia decidió que Conrado había perdido sus derechos a la corona, siendo nombrado Enrique, segundo hijo del emperador, sucesor a la misma. En el espacio de dos años murieron el Papa Urbano II, el antipapa Clemente III y Conrado; Enrique concibió esperanzas muy fundadas de terminar tranquilamente sus últimos días. Pero el papa Pascual II, siguiendo la política de sus predecesores, reiteró la excomunión sobre el emperador, que llegó a la desesperación viendo a su hijo y heredero a la cabeza de los partidarios del papa.

El anciano monarca, engañado con falsas promesas, cayó en sus manos y fue recluido en una fortaleza. Huyó y pudo refugiarse en Lieja, donde hubiera podido aún levantar un ejército; pero en 1106, la muerte le relevó de tantas tristezas. El obispo de Lieja le dio honrada y cristiana sepultura; pero sus enemigos le desenterraron, llevaron el cuerpo a Espira y le dejaron cinco años en una capilla sin consagrar, al cabo de los cuales, levantada la excomunión, pudo reposar su cuerpo en sitio adecuado.

La vida trágica de Enrique IV y la grandeza de los acontecimientos en que se vio mezclado, han acrecentado bastante el brillo de su personalidad. Era generoso, hábil, valiente, de gran imaginación pero inconstante, impresionable y accesible a las influencias más contradictorias. No llegó a comprender las grandes revoluciones cumplidas durante su reinado.

Recibió un poder extraordinariamente debilitado durante su minoría, y no pudo ni impedir que los papas se declarasen jefes supremos de la cristiandad y preparasen la subordinación total de los prelados a la Santa Sede, ni poner a raya la revolución que descomponía al imperio en principados territoriales; hasta los mismos favores que prodigaba a las ciudades apresuraban la dislocación. En su lucha contra la aristocracia germánica, llevó la parte peor; en Italia vio disminuir el poder imperial; finalmente en su empeño temerario contra el tesón de Gregorio VII y sus sucesores, acabó por sucumbir.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 10-12.

Rodolfo de Suabia1077-1080

Biografía

Emperador Sacro Imperio, 1077-1080. Pretendiente alemán, hijo del conde Kuno de Rheinfelden, m. en Merseburgo el 16-X-1080. Recibió en 1057, de la emperatriz Inés, el ducado de Suabia y el gobierno de Borgoña, y en 1059 también la mano de la hija de la emperatriz, Matilde (nacida en 1045), que murió en 1060. En 1066 se puso al frente de la conjura de los príncipes contra el rey Enrique IV

Especialmente durante la sublevación de los sajones (1073-75), se condujo de una manera ambigua, pero no tuvo valor para una deserción pública. En la campaña de Enrique IV contra los sajones, peleó al frente de los suabos en la batalla de Hohenburg. Mas después que el papa Gregorio VII hubo excomulgado (1076) a Enrique IV, algunos príncipes, entre ellos Rodolfo de Suabia, convocaron la asamblea de Tribur, para deponer al rey y celebrar una nueva elección.

La sumisión de Enrique ocasionó el aplazamiento de la elección hasta la primavera de 1077; a pesar de haberse levantado la excomunión de Enrique, dicha elección tuvo lugar el 15-III en Forchheim, y recayó sobre Rodolfo de Suabia, mediante la renuncia a la investidura de los obispos y el reconocimiento a los príncipes del derecho de elección. El 26 de marzo fue coronado en Maguncia. Pero desde entonces en adelante la suerte le abandonó.

Con enemigos aun en su propio ducado, halló solo el apoyo en los sajones, que estaban a su lado por odio a Enrique; también los legados pontificios favorecían al rey cura, y la guerra civil continuaba sin desenlace alguno.

Es verdad que Rodolfo de Suabia venció el 7-VIII-1078 en Mellrischstadt y el 27-VI-1080 en Flarvhheim, después de cuyas victorias el papa Gregorio VII le reconoció como rey legítimo, como también el 15-X del propio año en Molsen del Elster, cerca de Merseburgo; pero perdió en la última batalla la mano izquierda, y murió, herido también en el bajo vientre, el siguiente día en Merseburgo, donde fue enterrado en la catedral.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 51 pág. 1234.

Hermann de Luxemburgo1081-1088

Biografía

Rey de Alemania, 1081-1085. Conde de Salm, m. el 28-IX-1088. En el sitio de Kochem, durante la ausencia de Enrique IV en Italia, fue nombrado rey en lugar de este (1081) por los sajones y suabos en Ochsenfurt, siendo coronado por el arzobispo de Maguncia Siegfried en Goslar el 26 de diciembre.

Su plan de una campaña en Italia quedó frustrado por la muerte de su partidario principal Otto de Nordheim y en 1085 se vio obligado a refugiarse en Dinamarca. En 1086 derrotó con el duque Welf al emperador en Wurzburgo, pero no tardó en perder toda su influencia y se tuvo que retirar a su país natal en 1088.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 27 pág. 1197.

Enrique V el Joven1106-1125

Biografía

Entrega de los símbolos de poder de Enrique IV.
Entrega de los símbolos de poder de Enrique IV.

Emperador Sacro Imperio, 1111-1125. Rey de Alemania, 1099-1085. Dinastía Franconia. Nació en 1081 y m. en Nimega en 1125. Era hijo de Enrique IV y de Berta, y substituyó a su hermano mayor Conrado, en la sucesión del Imperio. Fue elegido en 1098. Ya hemos dicho como se rebeló contra su padre, cuya muerte le dejó dueño del Imperio. El intrigante pérfido y sin fe, que había consumado la ruina del autor de sus días, no tenía la benevolencia ni la generosidad que este conservó aun en los momentos más difíciles, pero le aventajaba en instinto político.

Se encontró rodeado de las mismas dificultades; la cuestión de las investiduras no había terminado aún. Enrique V, que se había servido del Papa para ampararse del poder, no tardó en distanciarse de la Santa Sede. En el primer momento, la muerte del emperador excomulgado pareció asegurar el triunfo del partido pontificial.

El concilio de Guastalla (1106) decidió la exhumación del cadáver del antipapa Clemente III para echarlo al mar y suprimir cinco obispados en la provincia eclesiástica de Rávena, la rival detestada de Roma. La interdicción de la investidura laica fue renovada. Sin embargo, cuando Enrique V invitó a Pascual II para que presidiese un concilio en Alemania, el Papa no osó entregarse en manos de aquel temible aliado, y convocó el concilio de Chalons.

El emperador había provisto a su gusto todos los obispados y abadías vacantes; mandó a Chalons a Welfo de Baviera y a Bruno, arzobispo de Tréveris, los cuales, fundándose en un diploma apócrifo de Adriano I, reclamaron para el emperador el derecho, ya concedido a Carlomagno, de establecer los prelados, aduciendo que solo la investidura real podía poner a un príncipe eclesiástico en posesión de los derechos temporales. Pascual II no quiso contemporizar y, en el concilio de Troyes (1107), se renovó la prohibición a los laicos de investir por el báculo y el anillo.

El emperador comenzó por afirmarse en sus Estados; castigó a Enrique de Limburgo, concluyó tratos con el conde de Flandes, peleó contra los húngaros y polacos, y, celebrado su casamiento con Matilde (1110), hija de Enrique I de Inglaterra, entró en Italia al frente de 30.000 hombres.

Alarmado por este alarde de fuerzas, el papa creyó conveniente ceder de su derecho y hacer concesiones. Se señaló día para la coronación del emperador. La oposición de los prelados romanos hizo imposible que la ceremonia se llevase a cabo; Enrique prendió a Pontífice y 16 cardenales, saqueó el tesoro de San Pedro y acuchilló a la plebe que venía en defensa de su obispo. Esta violenta medida hizo que Pascual II reconociese el derecho de investidura y posase sobre la cabeza de Enrique la corona imperial.

En cuanto los alemanes hubieron repasado los Alpes, el papa declaró nulo y sin valor el convenio celebrado, en parte instigado por los príncipes de la Iglesia, afectos a los principios sostenidos por Gregorio VII, y, además, lanzó la excomunión sobre el emperador. La mayor parte de los próceres alemanes, descontentos con la marcha de los sucesos, aprovecharon ocasión tan propicia para rebelarse, siendo de nuevo Alemania teatro de aquellas revueltas intestinas que empobrecieron el Imperio durante el largo reinado de Enrique IV.

En 1116, el emperador se personó de nuevo en Italia, arrojando de Roma a Pascual II; muerto este, impuso por su sucesor a Gregorio VIII. El partido íntegro elevó al solio a Gelasio II, el cual renovó la excomunión contra Enrique. Este regresó a Alemania en 1119, y en la dieta de Tribur consiguió apaciguar la hostilidad de sus enemigos, de los más importantes al menos.

El papa Calixto II que sucedió a Gelasio dentro de aquel mismo año, estimó necesaria una conformidad entre ambos poderes y propuso un arreglo; las controversias entre el papado y el Imperio terminaron por algún tiempo merced al concordato de Worms, que quedó concluso en 1122. En aquel tratado quedó convenido que en toda elección de un prelado el emperador tenía el derecho de estar presente, bien en persona o por medio de un representante, y que el obispo elegido, antes de ser consagrado, recibiría sus dominios y la autoridad secular en calidad de feudo del Imperio.

Todas las ventajas, al parecer, caían del lado del emperador, pero bien considerado, el papado ganaba el ser reconocido como un poder que tenía el derecho de negociar con el Imperio en términos iguales y el de nombrar los administradores de su mayor agrado. Enrique no sobrevivió mucho tiempo a la solución del conflicto que había absorbido su vida, como había ocurrido con su padre. No consiguió después restablecer la paz en Alemania; el bandolerismo guerrero, tanto tiempo favorecido por las discordias intestinas, continuaba sus depredaciones.

Los señores sajones perseveraban en su odio contra los franconianos. Quiso, de acuerdo con su suegro Enrique I de Inglaterra, atacar al rey de Francia, pero no pudo reunir un ejército capaz de hacer frente al preparado por Luis VI. Había convocado en Utrecht una Dieta general con objeto de reorganizar su monarquía, pero murió a consecuencia de un cáncer.

Con él se extinguió la dinastía sálica o franconiana. Realizó varias reformas importantes, siendo las principales el haber concedido la ciudadanía a los artesanos esclavos homines proprii, que por este medio recobraron la libertad, y abolir el derecho de manos muertas, causa de que muchas grandes herencias quedasen extinguidas en pocas generaciones.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 10-12.

Lotario II de Sajonia1125-1137

Biografía

Emperador Sacro Imperio, 1133-1137. Dinastía Sajonia. Lotario de Sajonia o de Supplinsburgo, n. en 1060 y m. en 4-XII-1137. Adquirió por su matrimonio con Richenza, sobrina de Otón de Nordheim, una rica herencia (1100); tomó parte en 1105 en le rebelión de Enrique V, y al subir al trono este emperador, recibió por sus servicios, con motivo de la extinción de la línea, el ducado vacante de Sajonia.

Después se levantó contra el propio Enrique V, venció al ejército imperial en 11-II-1115 en la batalla de Welfesholz, sostuvo poderosamente al conde Conrado de Vettin en 1123 en la posesión de la Marca de Misnia, a Wigberto y Alberto de Stada en la Marca oriental, y rechazó a los duques Wladislao de Bohemia y Otón de Moravia, que avanzaban por orden del emperador.

A la muerte de Enrique V fue elegido emperador (30-VIII-1125), no obstante los derechos de Federico de Suabia, por mediación del arzobispo Adalberto de Maguncia y del legado pontificio, tuvo que consentir la completa validez de las elecciones eclesiásticas y renunciar a la retrocesión de todos los feudos unidos a la corona.

Con el fin de debilitar a sus peligrosos vecinos rivales, exigió de los Hohenstaufen, herederos de Enrique V, la devolución de los bienes del Imperio que la casa de Franconia (sálica) había unido a los propios, y después derrotó al duque Federico (1126), que se negó a cumplir la orden..

Por el matrimonio de su hija Gertrudis, heredera de los bienes alodiales de Supplinsburgo, Nordheim y el antiguo Brunswick, con Enrique el Orgulloso de Baviera (1127), se aseguró Lotario la simpatía de los Welfs; por la concesión de la Alta Borgoña se atrajo a los Zahringios y empezó entonces la lucha contra los Staufer con resultados favorables para él.

En 1132 fue a Roma, donde en 4-VI-1133 recibió la corona imperial de manos del Papa Inocencio II, repuesto por él, y tomó en feudo suyo los bienes procedentes de la herencia de Matilde. Entre Tanto, Enrique el Orgulloso había combatido contra los hermanos de la casa de Hohenstaufen, Federico y Conrado III, con tal éxito, que el primero de ellos se entregó al emperador en la asamblea de Bamberg en 18-III-1135, y el segundo hizo lo mismo en la asamblea de príncipes celebrada en Muhlhausen en 30 de septiembre.

Impuso su autoridad a los príncipes eslavos de orillas del Báltico, desde el Elba hasta las fronteras de Polonia, con las victorias alcanzadas sobre los obrotitas y Luitizos (1131), con el envío de misiones y con la concesión de la Marca del Norte al valiente Alberto el Oso (1134). El duque Boleslao de Polonia le prestó homenaje por la Pomerania y Rügen en 1135, y Erico de Schleswig recibió al mismo tiempo en Magdeburgo, de manos de Lotario, la corona dinamarquesa en feudo.

En 1136 atravesó de nuevo los Alpes, sometió las ciudades lombardas, celebró una brillante asamblea (Reichstag) en los campos de Roncali (6-XI), arrojó al rey Roger de la Baja Italia, y al completar la sumisión de este país, apaciguó una sublevación del ejército y una querella con Inocencio II.

A su vuelta de Italia le sorprendió la muerte en una choza de los Alpes en el Breitenwang, cerca de Reute (Tirol). Antes de morir legó a su hijo político Enrique el ducado de Sajonia y le traspasó las insignias imperiales. Sus restos reposan en el monasterio fundado por él en Koenigslutter (Brunswick).

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 31 págs. 297-298.