Historia de Inglaterra

Hasta la conquista normanda
Dinastía normanda 1066-1154
Los primeros reyes Plantagenet
Principio Constitución inglesa
Eduardo III y sus sucesores
Casa de Lancaster
Casa de York
Guerra de las Dos Rosas
Casa de Tudor 1485-1603
El Protestantismo
Los Estuardo
La República inglesa 1649-1660
Los últimos Estuardo 1660-1689
Fundación del reino parlamentario
La casa de Hannóver
Revolución americana
Las guerras con Francia
Emancipación de los católicos
Las reformas de Pell (1833-46)

Hasta la conquista normanda

Época prerromana

Geólogos y arqueólogos no están de acuerdo acerca de quiénes fueron los primeros habitantes de la Gran Bretaña, cuyo nombre primitivo fue Albín o Albión y que probablemente se vio sucesivamente invadida por una serie de razas. Los primitivos ingleses, los hombres paleolíticos, pudieron haber emigrado o haber perecido a la llegada de sus sucesores.

Durante las edades neolítica y del Bronce se pueden seguir confusamente huellas de nuevas invasiones; pero la seguridad de los hechos no comienza hasta dos invasiones célticas, la de los goidels en la última parte de la Edad de Bronce y la de los britanos y belgas en la Edad de Hierro.

Estas gentes llevaron con ellos la civilización y los dialectos célticos. No se sabe a ciencia cierta hasta que punto eran celtas ellos mismos ni si lograron absorber las razas que les habían precedido; si bien es de creer no fueron simplemente una raza conquistadora y que formaban parte de los pueblos que usaban los idiomas célticos en el Continente.

En tiempo de Julio César, todos los habitantes de Bretaña, excepto tal vez algunas tribus del extremo N., eran sin duda celtas en el idioma y en las costumbres. Políticamente se dividían en muchas tribus, gobernadas por jefes propios; vivían en fortalezas construidas en las colinas, con murallas de tierra o de piedra sin debastar o en aldeas formadas por chozas redondas, o en moradas subterráneas, o en lugares cuyas habitaciones estaban construidas sobre postes en los pantanos.

Pero por lo menos en el S. se iniciaba la vida común, surgían mercados, se construían casas mejores y corría moneda de oro así como de lingotes o barras de hierro, de cuya existencia atestiguada por César, se han encontrado muestras principalmente de 1,5 libras de peso.

En religión, su característica principal era el culto druídico, semejante al de las Galias, y en arte se observa la influencia del céltico de la última época, de lejanos antecedentes mediterráneos y más directamente enlazado con la cultura de La Têne de los celtas continentales. Sus características consistían en una expresión fantástica de los animales y plantas, uso de la espiral regresiva y considerable habilidad en el esmalte. Sus productos más bellos eran en bronce.

La conquista de la Galias por los romanos puso a los britanos en relación con el Mediterráneo y después de las dos invasiones de César en 55 y 54 a. de C., las tribus del S. fueron miradas en Roma como sometidas.

Época romana

Los primeros en introducir a los britanos en el tráfico mundial fueron los fenicios que explotaban el estaño de las Islas Británicas llamadas por ello Casitérides, del griego casiteros, estaño. A Occidente las primeras noticias llegadas de dichas islas lo fueron por los viajes de Piteas de Marsella (hacia 330 a. de C.).

Los romanos no supieron de la Gran Bretaña hasta que los celtas de las Galias les dieron a conocer su existencia. La conquista verdadera de la isla no se emprendió, empero, hasta la época del emperador Claudio, el año 43 de la era cristiana, y fue terminada por Agrícola en 85, aunque quedó sin someter, además de Irlanda (Hibernia), la parte sit. al N. del Clyde y del Forth.

Parece que los romanos fueron llamados por un príncipe británico fugitivo, víctima de los hijos de Cunobelin o Cymbeline, antiguo amigo de Roma. Aulo Placio con 40.000 desembarcó en Kent y avanzó hacia Londres; poco después llegó el propio Claudio y se apoderó de la capital indígena Camulodunum, hoy Colchester.

Vencida la última resistencia de las fieras tribus del Yorkshire y Gales, después de treinta años de luchas, entre las que sobresalen las sostenidas por Boadicea, quedaron allí guarniciones romanas. Hacia el año 80 de J.C., el general romano Agrícola llegó hasta los Grampians; pero fue llamado por el emperador.

De 115 a 120, los britanos se sublevaron y el emperador Adriano tuvo que ir a Britania personalmente y construyó desde el Tyne a Solway, o más exactamente desde Wallsend a Bownes, una muralla continua de tierra más que de piedra, defendida por un foso y apoyada por fuertes a lo largo de ella.

Antonio Pío construyó una muralla semejante entre el Forth y el Clyde, de 58 kms. de largo, de la que todavía se conservan restos; pero a pesar de ellas hubo varias guerras hasta que la frontera quedó definitivamente fijada en la línea de Adriano. Las tierras bajas del S. y del E. se romanizaron, como en las Galias; pero el resto hubo de ser defendido por una completa red de fortalezas.

Invasión sajona

A principios del s. IV fue ya necesario establecer un sistema de defensa de las costas contra los piratas sajones, que hacia 350 redoblaron sus ataques. El Gobierno de Roma, acosado por los bárbaros, abandonó Inglaterra retirando sus legiones y dejando de enviar gobernadores; hacia 410 Honorio renunció a la soberanía de la isla y en 446, Aeccio, gobernador de las Galias, negó a los britanos los auxilios que solicitaban.

Desde estos hechos la historia de Inglaterra es muy oscura, aunque se sabe que, además de los ataques sajones, hubo de sufrir los de los escotos (irlandeses) y pictos.

Se ignora como al fin llegaron a dominar los sajones, si como invasores o como llamados por los mismos britanos. La historia de Hengest y Horsa, llegados allí como desterrados y que ayudaron al rey Vortigern a expulsar a los enemigos del N., no es verosímil. A estos dos aventureros, según la tradición, debió su fundación el reino de Kent.

De todas maneras parece que la primera invasión debe colocarse entre 428 y 455. Beda afirma que la invasión fue de tres razas distintas: jutos en Kent y Hampshire Meridional; sajones en Essex, Sussex y Wessex y anglios en Kent. Kent, en efecto, muestra tener un origen distinto.

Poco a poco los invasores fueron extendiendo sus dominios y se formaron al N. del Humber los reinos de Bernicia y Deira, unidos después en Northumbria; al S. del Humber el de Lindsey; en la cuenca superior del Trent el de Mercia; más al E. el de Anglia Oriental y entre los dos últimos el de Anglia Central, que se duda si llegó a formar un reino.

Los condados de Essex, Sussex y Kent conservan los nombres de antiguos Estados y la antigua diócesis de Worcester coincidía aproximadamente con el reino de Hwicce. Entre Sussex y Gales Occidental West Wales Cornwall se encontraba el Wessex, y la isla de Wight tenía también su rey. Todos estos reinos no fueron, empero, continuamente independientes, sino que varios de ellos dependían, en una forma que se desconoce, de otro más poderosos, que cuando comienza la historia verdadera de los anglosajones era Etelberto, rey de Kent.

Separación del Continente

Inglaterra estuvo separada durante dos siglos de casi toda comunicación con el Continente. De los hechos que en ella se desarrollaron solo se sabe algo por Próspero Tiro, Procopio y Gregorio de Tours, cuyas noticias no se acomodan bien con el fragmentario libro de Gildas ni la confusa historia de Nennio, ni tampoco con los anales ingleses redactados siglos después en la época del rey Alfredo en la primera edición de la Crónica Alglosajona.

En el siglo VI comienza a hacerse la luz con la Eclessiastica historia de Beda y vuelven a entablarse las relaciones con Europa, por medio de San Agustín y sus misioneros, así como por misioneros irlandeses, que hacia el año 686 habían evangelizado a casi toda Inglaterra. En pocos años la Iglesia inglesa se había convertido en orgullo de la cristiandad occidental, enviaba misioneros a Alemania, producía hombres como Beda y Alcuino, y la nación pasaba, en fin, de la barbarie a la civilización.

El país quedó, no obstante, por unos doscientos años, dividido en los antedichos reinos, cuyos jefes continuaron peleando contra los galeses y aun por la hegemonía entre sí, obteniendo en este caso el título de Bretwalda y llegando uno de ellos, Offa, a ser llamado por el papa Rex Anglorum, como si fuese el único reinante en el país. A Egberto de Kent se le ha denominado también, aunque no con entera razón, el primer rey de toda Inglaterra.

Las invasiones dinamarquesas contribuyeron a formar la unidad, por la necesidad que los jefes tenían de unirse para la defensa común. El hijo de Egberto, Etelvulfo, derrotó a los dinamarqueses; pero muerto Etelvulfo, los piratas cayeron de nuevo sobre los reinos septentrionales, no ya para saquearlos como hasta entonces, sino para establecerse en el país y pronto dominaron el territorio al N. de Támesis.

Cuando se dirigieron contra Essex, le resistieron valerosamente los hijos de Etelvulfo, el rey Etelredo y su hermano Alfredo, que se distinguió en la batalla de Ashdown; pero fueron vencidos en Marte y muerto Etelredo.

A pesar de quedar hijos de este, los hombres de Wessex eligieron rey a Alfredo, llamado el Grande (871-901), quien derrotó en 878 a los dinamarqueses, convirtió al cristianismo a los que quedaron en Inglaterra y, después de defender al país contra nuevos ataques, implantó en él la paz y el orden, fomentando, además, la agricultura, la navegación, el comercio, las ciencias y las artes; su legislación fue la primera base de la common law que había de regir más tarde.

Entre sus sucesores se distinguió Edgardo (959-975), el cual extendió sus dominios a otras pequeñas islas y a gran parte de Irlanda. En tiempo de su segundo hijo, Etelredo (979-1016), se renovaron, con mayor peligro, los ataques de los dinamarqueses y solo transitoriamente y pagando fuertes tributos, se pudo alcanzar la paz. Muerto Etelredo (1016) y a los pocos meses su hijo Edmundo, el rey dinamarqués Canuto fue reconocido en Londres rey de Inglaterra.

A la muerte de Canuto (1035) volvió Inglaterra a ser un reino independiente y al extinguirse en 1042 el linaje de Canuto en la persona de Hardicanuto, los grandes del reino elevaron al trono al hermano de Edmundo, Eduardo el Confesor (1042-66) que había vivido en el destierro en Normandía.

Muerto Eduardo sin hijos, le sucedió en el trono Haraldo, hijo de Godwino, pero Guillermo, duque de Normandía, alegó sus derechos al trono y como no se le atendiese, desembarcó, el 29-IX-1066, con 60.000 hombres en la costa S. de Inglaterra, y en la batalla de Senlac o Hastings (14-X) quitó a Haraldo el trono y la vida. Esta batalla fue el fin de la dominación anglosajona en Inglaterra. El 25-XII-1066, Guillermo Iel Conquistador fue coronado rey de Inglaterra en Londres por el arzobispo de York.

Dinastía normanda 1066-1154

Los nuevos dominadores, aunque de origen germano, se habían romanizado por completo en Francia. Su lengua era un dialecto del francés, y su constitución estrictamente feudal. Las múltiples revoluciones de los anglosajones que fueron sofocadas por Guillermo I, dieron a este rey ocasión para una completa transformación de las relaciones de derecho, sobre las que el código fundamental del reino, el llamado Domesday Book, publicado hacia 1085, hace aclaraciones muy precisas.

La máxima del derecho inglés, allí desarrollada y vigente aun hoy en teoría, expresa que el rey es el propietario único de toda la Inglaterra conquistada y que nadie puede poseer pedazo alguno de tierra que no haya sido prestado mediata o inmediatamente por el soberano.

El mismo rey poseía una reserva de más de 1.000 manors que, además de gran número de cotos, parques y bosques, formaban sus dominios; unas 600 personas y corporaciones aparecen como vasallos de la Corona, inmediatamente enfeudados (chieftenants, tenentes in capile); se habla, además, de 7.871 vasallos feudales intermediarios, 10.097 poseedores de feudos francos y 23.072 sokemanos, o sea hombres libres con menor derecho.

Los campesinos no eran libres y estaban sometidos a la dependencia del monarca en varios grados; los siervos del campo ascendían a unos 200.000, y el número de servidores a 25.000. Los normandos se hallaban casi exclusivamente en la clase de vasallos de la Corona; los demás se componían de estos y de anglosajones. Los poseedores de feudos heredables estaban obligados al servicio de las armas; como los vasallos de la Corona, los feudales intermediarios y los poseedores de feudos francos prestaban juramento de fidelidad al rey.

En cuanto a la división del territorio, se guardaba la forma de los condados: a la cabeza de cada condado había un vicecomes o sheriff, a modo de supremo funcionario de justicia, hacienda o administración, el cual era nombrado por el rey y al que se podía destituir. Se reunían cada año varias veces el rey, los grandes y vasallos, eclesiásticos y seglares, en asambleas en las que se deliberaba acerca de los asuntos de importancia, tanto en el terreno jurídico como financiero. Estas asambleas, sin embargo, no tenían la importancia de las primitivas wittenagemot de los Parlamentos anglosajones, pues carecían de fuerza legislativa.

Los reyes normandos

A la muerte de Guillermo I (7-IX-1087) le sucedió en el trono de Normandía su hijo mayor, Roberto, y en el de Inglaterra su segundo hijo, Guillermo IIel Rojo (1087-1100). Guillermo II no cumplió las promesas que repetidas veces hiciera, de gobernar bien y con moderación, antes bien oprimió y tiranizó al país. A su muerte, ocurrida yendo de caza (2-VIII-1100), como no dejase hijos y Roberto no hubiese regresado de las Cruzadas, le sucedió su hermano menor, Enrique I (1100-1135).

A fin de asegurarse en el trono confirmó por medio de la llamada Charta libertatum, el antiguo derecho anglosajón, con las modificaciones introducidas por Guillermo el Conquistador. Como no pudiese tener a raya a su hermano Roberto, barón de Normandía, marchó en persona contra él (1105), le derrotó el 28-IX-1106 en Tinchebray y le tuvo prisionero hasta su muerte. De este modo volvió Normandía a la corona de Inglaterra y se afirmó el dominio real contra Roberto, hijo de Guillermo el Rojo, a quien apoyaba Luis VI de Francia.

En el interior, Enrique I aumentó el poder real con la humillación de los vasallos que querían arrogarse un poder excesivo y entró en lucha con el Pontificado por la cuestión de las investiduras, en la que acabó por hacer formales concesiones. Enrique I, por haber perecido su único hijo Guillermo en un naufragio en 1120, declaró heredera del trono a su hija Matilde (desde 1125, viuda sin hijos, del emperador de Alemania, Enrique V) y la dio en matrimonio (1129) al conde de Anjou, Godofredo Plantagenet; pero a la muerte de Enrique I (1-XII-1135) se presentó como pretendiente al trono Esteban de Blois (1135-54), nieto por su madre, Adela, de Guillermo el Conquistador, y consiguió que el pueblo y el clero le reconociesen por rey.

El rey David, de Escocia, se puso de parte de Matilde, pero fue derrotado en Northallerton, en la batalla de los estandartes (22-VIII-1138). Al poco tiempo, el conde Roberto de Gloucester, hijo natural de Enrique I, se levantó contra Esteban y, como este no cumpliese las promesas hechas al subir al trono, estalló una revolución.

Por el otoño de 1139 desembarcó Matilde con Roberto de Gloucester en Inglaterra y después de coger prisionero a Esteban en la batalla de Lincoln (2-II-1141) se hizo elegir y coronar reina en Winchester; pero a causa de su soberbia y ambición, halló gran oposición en todas las clases del país, y la guerra continuó. En 1148 Matilde, cansada de luchar, volvió a Francia; pero entonces su hijo Enrique de Anjou o Plantagenet tomó la ofensiva contra Esteban.

Enrique ya poseía por Luis VII de Francia, en feudo Normandía, y junto a esta región el Anjou que heredara de su padre, y en 1152 el Poitou y la Guyena, que adquirió por el casamiento con Leonor divorciada del rey Luis. Al parecer en 1153 en Inglaterra con un gran ejército, firmó Esteban un tratado en virtud del cual se le aseguraba la posesión de la corona mientras viviese, pero la sucesión de la misma había de ser para Enrique. Según esto, a la muerte de Esteban (25-X-1154) subió al trono Enrique II y con él la casa Anjou-Plantagenet (1154-1399).

Los primeros reyes de la casa Plantagenet

Enrique II (1154-89) tuvo bajo su gobierno además de Inglaterra, Normandía, Anjou, Maine y el país situado entre el Loira y los Pirineos. En 1171 emprendió una expedición a Irlanda, recibió el vasallaje de los grandes tanto eclesiásticos como seculares, se mandó construir un palacio en Dublín y empezó de este modo la conquista de Irlanda.

No fue menos afortunado en su expedición contra Escocia, pues hizo prisionero a su rey Guillermo (1174), quien hubo de recobrar su libertad a cambio del reconocimiento de la soberanía feudal de Inglaterra. Entre las luchas de Enrique II en territorio francés fue de especial importancia su expedición a Toulouse, donde su mujer tenía ciertos derechos, los que reivindicó Enrique II victoriosamente.

Durante su reinado tuvo continuas disputas con el santo arzobispo de Cantorbery, Tomás Becket, sobre todo cuando el rey dictó las famosas 16 Constituciones de Clarendon (1164) cuyo principal objeto era someter a la jurisdicción del Estado a los clérigos, impedir las apelaciones a Roma sin licencia del rey y otras intrusiones en los derechos que poseía la Iglesia.

El Papa dio la razón al arzobispo; pero habiendo este excomulgado a los obispos de Londres y Salisbury que habían asistido a la coronación de Enrique II, el monarca prorrumpió en expresiones de ira que causaron el asesinato de Becket por cuatro caballeros.

Estos hechos provocaron un levantamiento, al frente del cual se puso el hijo del propio rey, apoyado por los reyes de Francia y Escocia. Enrique II, empero, supo dominar la insurrección y después de cumplir la penitencia que se le había impuesto ante la tumba del propio santo, se reconcilió con la Iglesia y gobernó en adelante con gran mansedumbre.

Restablecida la tranquilidad, se dedicó Enrique II a implantar varias reformas interiores, las más importantes de las cuales fueron las que se acordaron en la Dieta de Northampton (1176). En virtud de ellas Inglaterra quedó dividida en seis distritos judiciales, al frente de los cuales se puso a tres jueces ambulantes justices itinerant. Se creó la institución del Jurado; en la corte, en 1178, o ya antes de esta fecha, se instituyó un colegio permanente de jueces compuesto de cinco hombres, que fue la base del Tribunal Supremo inglés, denominado Kings's Bench.

Finalmente, la Cámara del Tesoro Exchequer, creada ya en tiempo de Enrique I, fue objeto de grandes mejoras. Los últimos años de Enrique II se vieron castigados por nuevas luchas debidas a los levantamientos provocados por sus propios hijos, a quienes Francia no dejaba de inspirar a que amargasen la existencia de su padre. Enrique II hubo de pactar al fin una paz vergonzosa con Francia, y poco después murió (6 de Julio de 1189).

Uno de sus actos más importantes para el porvenir de Inglaterra fue su intervención en Irlanda, que dividida en reinos como antes Inglaterra, era presa de luchas intestinas. Enrique II desembarcó en Dublín en 1171 y en poco tiempo se le sometieron casi todos los príncipes, si bien después poco a poco el país vivió en la práctica a vivir emancipado y la soberanía inglesa no fue una realidad hasta la época de los Tudor.

Ricardo I Corazón de León (1189-99), su sucesor, se distinguió por su valor y caballerosidad, más que por sus cualidades de gobernante. Durante la cruzada emprendida por él con Felipe Augusto de Francia, su hermano Juan destituyó al administrador del reino, Guillermo Longchamp, obispo de Ely, se alió con Felipe Augusto quien, a su regreso de Palestina, amenazaba las posesiones francesas y procuró apoderarse del gobierno. Al volver Ricardo a Inglaterra sometió a su hermano y venció a Felipe Augusto en Gisors (28-IX-1198) con lo cual renació la paz; pero el 6 de abril del siguiente año murió, a consecuencia de una herida recibida durante el sitio de un burgo del Limousin.

Le sucedió su hermano Juan, al que su padre había puesto antes el sobrenombre de Sin Tierra (1199-1216) por no haber recibido tierra alguna en herencia; Arturo de Bretaña, hijo de Godofredo, hermano mayor de Ricardo I, reivindicó con las armas, y ayudado por Francia, sus derechos al trono, pero cayó en poder de su tío, y fue asesinado en 1203. Felipe invitó luego al rey Juan a ir a París y, como no acudiese, le enjuició y ocupó casi todas sus posesiones del continente.

Poco después la situación de Juan vino a ser aún más difícil: en efecto, a la muerte del arzobispo Huberto de Cantorbery (1205) se vio envuelto en una contienda con el papa Inocencio III, quien en 1208 lanzó un entredicho sobre Inglaterra y en 1209, excomulgó a su rey. Entonces los barones, casi todos los cuales odiaban al monarca, le amenazaron con destronarle y Felipe de Francia equipó (1213) un ejército para hacer cumplir la excomunión lanzada contra Inglaterra, en vista de lo cual Juan tomó la resolución de someterse al Papa.

El 15-V-1213 renunció a la corona de Inglaterra e Irlanda, declarándose feudatario de la Santa Sede mediante la entrega de una cantidad anual, y aunque este pacto le valió la absolución pontificia, la lucha con Francia no cesó. Se alió con Juan el emperador de Alemania, Otón IV, pero en la batalla de Bouvines (27 de Julio de 1214) los ejércitos angloalemanes fueron completamente derrotados, viéndose obligado el monarca a firmar una paz muy desfavorable con Enrique.

Principio de la Constitución inglesa

Al volver Juan a Inglaterra halló el país en plena efervescencia; los barones y las grandes comunidades exigían cada vez con mayor vehemencia que se les reconociesen sus derechos. Juan se vio obligado a firmar (15-VII-1215) en Runnymede, la Carta Magna, que rigió en toda la Edad Media con una repocilación de las más importantes leyes de Inglaterra, y en ella se apoyan una parte de las actuales libertades.

Entre las decisiones de este Código había dos especialmente que revestían gran importancia: una era (art. 39) la que garantizaba la libertad personal, disponiendo que ningún súbdito inglés, sin el dictamen o sentencia legal de sus iguales en estado, ser detenido, privado de sus bienes ni condenado al destierro; la otra (arts. 12-14) hacía depender la extraordinaria contribución de los feudatarios y la tributación de Londres, de la aprobación del Consejo del reino, al cual habían de ser invitados, cada uno de por sí los grandes barones por medio de un escrito real, y los pequeños barones por medio del sheriff.

Para asegurar la observancia de este y otros derechos otorgados al país, se nombró un Comité de 25 varones. Juan juró que cumpliría aquellas promesas, pero pensó vengarse de la injuria que para él entrañaban. Ante todo hizo anular la Carta de inmunidad por una bula de Inocencio III (25 de Agosto de 1215) y luego recorrió el país, devastándolo y conquistando una por una las ciudades, excepto Londres.

Entonces los barones reclamaron el auxilio de Francia y ofrecieron la corona a Luis, príncipe heredero de aquel país. El príncipe francés fue allá con su ejército y, con Alejandro II de Escocia, conquistó una gran parte de Inglaterra. Entre tanto, Juan (19 de Octubre de 1216) murió. Le sucedió en el trono su hijo, de nueve años, Enrique III (1216-72), bajo la regencia del legado pontificio y del mariscal Guillermo de Pembroke, quien defendió acérrimamente los derechos de su pupilo

Confirmó en nombre del rey, aunque con ciertas restricciones, la Carta Magna, y poco a poco fue robusteciéndose la autoridad del joven monarca. Pembroke obtuvo, el 20 de mayo de 1217 una gran victoria en Lincoln contra Luis de Francia, y los escasos rebeldes que quedaban y la escuadra francesa fue derrotada en Dover en el mes de agosto siguiente, por lo cual Luis, en la paz de Lambeth (11 de Septiembre de 1217) renunció a sus pretensiones y abandonó Inglaterra.

En 1227 Enrique III fue declarado mayor de edad, y sus pretensiones al Poitou le llevaron a una guerra con Francia, pero fue derrotado (22 de Julio de 1242) en Tailleborc, a orillas del Charenta, y en la paz de Burdeos (7-IV-1243) hubo de renunciar a los países de aquende el Garona. Enrique III estuvo en continuas luchas con la nobleza, dirigida por Simón de Montfort, conde de Leicester, que le dictó las célebres Provisiones de Oxford, y más tarde las de Westminster, que transferían mayor jurisdicción a los Tribunales reales en beneficio de la clase popular.

La conducta altanera de Leicester le enajenó partidarios, y al fin fue vencido y muerto en la batalla de Evesham, sin que, no obstante, padecieran las libertades conquistadas, por la moderación de que dio muestras el heredero de la corona. Con todo, durante el reinado de Enrique III prosperó el país que produjo hombres tan eminentes como Roger Bacon y Escoto; entraron y reformaron Inglaterra las órdenes de Dominicos y Franciscanos y las artes hicieron rápidos progresos.

También se considera que del tiempo de este monarca data el principio del Parlamento inglés, cuando el rey convocó en Oxford a cuatro caballeros delegados por cada condado, junto con los principales poseedores de tierras, para discutir las necesidades del monarca.

Aun la misma palabra Parlamento aparece y se repite a mediados del reinado. El 20-I-1265, fecha en que se reunió el Parlamento, convocado por Leicester, se ha designado con razón, como el natalicio de la cámara popular inglesa. Restablecida la paz, Enrique III reconoció de nuevo la Carta Magna, y pudo Eduardo (1270) emprender una cruzada, pero antes de su regreso murió Enrique III (16-XI-1272).

Su hijo Eduardo IV, llamado más generalmente Eduardo I, por ser el primero de este nombre en la casa de Anjou (1272-1307), se propuso como objetivo de su reinado reunir toda Inglaterra bajo su cetro. Empezó sometiendo el país de Gales y luego emprendió la campaña de Escocia, que tuvo un éxito decisivo en la victoria de Dumbar (27-IV-1296), pero luego se renovó la guerra, poniéndose los escoceses al mando de Guillermo Wallace y siendo derrotado el ejército inglés en Stirling (11 de Septiembre de 1297); finalmente, en 1305 Wallace fue hecho prisionero y ejecutado.

En su tiempo se consolidó el Parlamento, con el cual se mostró siempre respetuoso Eduardo I durante su largo y próspero reinado. Su hijo y sucesor, Eduardo II (1307-27), hombre corrompido de costumbres, concedió a su favorito Pierres de Gaveston una excesiva influencia en los asuntos del gobierno, por lo cual los barones en el Parlamento de 1310 reunido en Westminster, le obligaron a conceder la formación de un Comité de 21 nobles ordainers.

En el acta redactada por estos en 1311, se prohibía al monarca continuar la guerra sin el consentimiento de los barones, abandonar el país y conferir los altos cargos públicos y se determinaba que el Parlamento había de reunirse por lo menos una vez al año.

Gaveston fue decapitado en 1312. Entre tanto, Roberto Bruce hacía nuevos progresos en Escocia: derrotó a Eduardo II en Banockburn (24-VI.1314) y continuó la guerra hasta 1323. Pronto surgieron rivalidades entre el rey y sus favoritos, entre ellos los Hugh d´Espencer o Spencer (padre e hijo) sumándose a estos los barones acaudillados por Tomás, conde de Lancaster.

Hecho este prisionero en Boroughbridge (1322) y decapitado, se revocaron los estatutos de los ordainers, decretándose que en adelante solo tendría fuerza de ley únicamente lo que el rey por sí mismo dispusiese, con la aprobación de los Estados reunidos en el parlamento.

En este Estatuto de 1322 aparece claramente por primera vez la idea del gobierno constitucional. A pesar de esto, el rey no logró tener paz y tranquilidad. Su esposa Isabel, hermana de Carlos IV de Francia, le abandonó, fugándose a París, donde se juntó con su amante lord Mortimer; los barones del partido de los Lancaster se aliaron con ella al llegar a Inglaterra; los Spencer fueron ejecutados y el propio Eduardo II, después de obligado a abdicar, fue asesinado en la cárcel.

Eduardo III y sus sucesores

Durante el reinado de su hijo y sucesor, Eduardo III (1327-77), Escocia hubo de reconocer la soberanía de Inglaterra, frustrándose un nuevo conato de independencia que hicieron los escoceses en 1346, en la batalla de Neville´s Cross. Ya antes Había estallado la guerra con Francia.

Extinguida en 1328 la línea directa de los Capetos en Francia, Eduardo III reclamó la sucesión al trono fundándose en los derechos de su madre Isabel, y desde 1338 disputó la corona a Felipe VI de Valois, comenzándose así la guerra de los Cien Años. Al principio obtuvo excelentes resultados, sobre todo con la victoria de Crécy (26-27-VII-1346) y la de Poitiers (19-IX-1356) en la que tomó parte muy importante el hijo de Eduardo III (elPríncipe Negro, haciendo prisionero al rey Juan II.

En 1348-49 se desarrolló la tristemente famosa peste negra o bubónica que causó la muerte tal vez de un tercio de la población y entre cuyas víctimas se contó la hija del rey. Con la paz de Bretigny (8 de mayo de 1360) Eduardo III obtuvo la plena posesión de Poitou, la Guyena y Gascuña, así como de las ciudades de Calais y Guines, quedando de nuevo constituida la soberanía de los monarcas ingleses en Francia. Empero, en 1369 estalló de nuevo la guerra, y los ingleses fueron perdiendo poco a poco sus posesiones del Continente, excepto las ciudades marítimas de Guines y Calais.

Por lo demás, el reinado de Eduardo III fue muy importante para el desarrollo de la Constitución parlamentaria. Durante el mismo se operó sucesivamente la división del Parlamento en Alta Cámara (prelados y barones) y Baja Cámara (Casa de los Comunes, señores de los condados y ciudadanos) y se reconoció el derecho del Parlamento respecto de la imposición de tributos y promulgación de leyes. También tuvo lugar (1376) el primer ensayo de demanda judicial impeachment contra los lores Latimer y Lions.

A la muerte de Eduardo III (21-VI-1377) subió al trono su nieto (el hijo del Príncipe Negro), Ricardo II (1377-99). Durante su menor de edad hubo disturbios en el interior del reino, y en el exterior la guerras tuvieron un resultado desfavorable. En 1381, ocurrió un levantamiento del pueblo acaudillado por Wat Tyler, que fue sofocado con relativa facilidad.

Luego Ricardo II se indispuso con sus tíos, los duques de Lancaster, York y Gloucester, el último de los cuales obligó al rey (1386) a apartar de su lado a los favoritos y someterse a un nuevo Consejo de regencia. Ricardo II tomó las riendas del gobierno en 1389, y en 1397 dio un inesperado golpe de Estado, encarcelando a sus principales adversarios, desterrando al obispo de Cantorbery y a su hermano el conde de Warwick, y mandando decapitar al conde de Arundel. Gloucester fue ejecutado en la cárcel.

Ricardo II, pues, quedó dueño absoluto del poder; pero en 1399 el duque Enrique de Hereford, hijo y heredero del duque de Lancaster, hizo un desembarco en Yorkshire y el regente del reino, duque de York, se adhirió al movimiento, siendo hecho prisionero Ricardo II y obligado a abdicar, después de lo cual fue depuesto por el Parlamento. Entonces subió al trono, con nombre de Enrique IV, el duque de Hereford, como sobrino legítimo de Eduardo III. Ricardo II pereció en el castillo de Pontefract, de muerte violenta, en 1400.

Casa de Lancaster

Con Enrique IV (1399-1413) ocupó el trono de Inglaterra la Casa de Lancaster. Enrique IV tuvo que luchar contra varios enemigos interiores, ante todo contra el conde de Northumberland y su hijo Enrique Percy, apellidado Hotspur, que fueron derrotados en Shrewsbury (21 de Julio de 1403), batalla en la que murió Percy.

Northumberland se sometió en 1404, pero al año siguiente se levantó en armas contra Enrique IV, y aunque tuvo a su favor a Francia y Escocia, no logró su objetivo. Enrique IV hizo ejecutar al arzobispo de York, que se había aliado con Northumberland, hizo prisionero al príncipe Jacobo, sucesor al trono de Escocia y se alió contra Francia, con el duque de Borgoña. Al regresar a Inglaterra Northumberland (1408) que se había fugado, por temor al poder de Enrique IV, fue derrotado y muerto a batalla de Bramham (19 de Febrero). Enrique IV estuvo en buena relación con el clero y con el Parlamento y gobernó con acierto, muriendo el 20 de Marzo 1413.

Su sucesor Enrique V (1413-22) renovó las reclamaciones de Eduardo III al trono de Francia y, aliándose con el duque de Borgoña, hizo un desembarque en Normandía (Agosto de 1415), venció en Azincourt (25 de Octubre), se apoderó de Ruán (1419), y el mayo de 1420 firmó con Carlos VI la paz de Troyes, en la cual fue reconocido heredero del trono de Francia, casándose luego con Catalina, hija de Carlos VI. En 1422 conquistó, además, la ciudad de Meaux, pero murió poco después (31 de agosto del mismo año).

Enrique VI (1422-61), su hijo, era de solo nueve años de edad cuando subió al solio de Inglaterra, y como quiera que al cabo de poco falleciera Carlos VI, fue asimismo rey de Francia. Se encargaron de la regencia, en Francia el duque de Bedford y en Inglaterra el duque de Gloucester. Bedford derrotó en Verneuil (1424) al heredero de la corona de Francia, Carlos VII; en 1428 franqueó el Loire y puso sitio a Orleáns.

La famosa doncella de Orleáns, Juana de Arco, hoy venerada en los altares, libertó la ciudad (1429) y llevó al Delfín a Reims, donde fue coronado el 17 de Julio de aquel año. A pesar de haber sido Juana de Arco hecha prisionera en Compiègne y entregada a las llamas en Ruán el 30 de Mayo del año siguiente, y de haber Bedford hecho coronar al joven Enrique VI, en Diciembre del mismo año, en París, no mejoró la situación de Inglaterra, y después de reconciliarse (1435) Carlos VII con el duque Felipe de Borgoña, los ingleses fueron perdiendo sucesivamente terreno.

El preceptor de Enrique VI, cardenal de Winchester, pactó en 1444 un armisticio con Francia y casó al rey con Margarita de Anjou, hija de Renato, rey titular de Nápoles, Sicilia y Jerusalén. La joven reina se apoderó muy pronto de las riendas del gobierno y elevó a la dignidad de marqués de Suffolk y a la categoría de favorito a Guillermo de la Pole, que había sido mediador de su enlace con el monarca.

Pero como los ingleses iban perdiendo cada día nuevas posesiones en Francia y aun en Inglaterra, la conducta despótica de Suffolk suscitaba cada día nuevos descontentos; en 1450 le acusaron de alta traición, por lo cual se le desterró del país, y al hacer la travesía para Francia la tripulación le decapitó, con lo cual el duque de Somerset, que hasta entonces había gobernado en Francia, entró de favorito en el Palacio Real.

Casa de York. Guerra de las Dos Rosas

Como el descontento por el gobierno de Enrique VI era cada día más manifiesto. Ricardo, duque de York, se levantó contra él, iniciando en 1452 la lucha por el trono que había de durar treinta años, entre las casas de Lancaster y York, y a la que se dio el nombre de Guerra de las Dos Rosas o de la rosa roja y la rosa blanca, a causa de los dos distintivos que usaban ambas casas.

Entre tanto terminó (1453) sin tratado ninguno formal de paz, la guerra con Francia, como resultado de la cual los ingleses solo conservaron Calais. Tras de varias alternativas se dio en Saint-Albans (21 de mayo de 1455) una batalla entre Ricardo y el rey, en la que Enrique VI cayó prisionero y Sommerset murió. Ricardo trató con toda clase de consideraciones a su ilustre prisionero y en 1456 le devolvió el trono; pero en 1459 se rompieron de nuevo las hostilidades, y los realistas obtuvieron el 12-X-1459 la victoria de Ludlow sobre Ricardo.

Pero el conde de Warwick, partidario y seguidor de Ricardo, pasó a Calais, se trasladó con otros yorkistas a Inglaterra y derrotó al ejército real en Northampton (10-VII-1460). El rey fue hecho de nuevo prisionero y Ricardo descubrió claramente sus aspiraciones a la corona de Inglaterra, decidiendo el Parlamento, el 25-X-dicho año, que Enrique continuara ciñendo la corona y que el de York fuera su sucesor.

La reina, empero, continuó la guerra y el 30-XII-1460 obtuvo una brillante victoria en Wakefield: Ricardo, hecho prisionero, fue ejecutado; pero su hijo Eduardo, conde de March, heredó sus pretensiones, y a pesar de su derrota en la segunda batalla de Saint-Albans (17-II-1461), en la que la reina Margarita libertó a su esposo, se afirmó en Londres, y el 2 de marzo de aquel año se hizo aclamar rey con el nombre de Eduardo IV (1461-83)

Con él subió al trono de Inglaterra la casa de York. Eduardo IV derrotó en la batalla de Towton (28-III-1461) a Margarita, la cual huyó a Francia y aunque volvió a Inglaterra en octubre de 1462, Warwick la obligó a abandonar de nuevo el territorio. El último conato de los partidarios de la casa de Lancaster, de sentar en el trono de Inglaterra a Enrique VI, lo sofocó lord Montague con las victorias de Hedgley Moor y Hexham (25-IV y 8-V-1464). Poco después fue hecho prisionero Enrique VI y estuvo encerrado hasta 1470 en la Torre.

Eduardo IV, que se apoyaba en la voluntad y afecto del pueblo, casó en 1465 con lady Elisabeth Wydewille, viuda de sir John Grey, pero a causa del favor que dispensaba a los deudos de su esposa, se indispuso con la poderosa familia de Nevil a la que pertenecía Wrawick, el Hacedor de reyes. Warwick se sublevó en 1469 y aunque hubo de huir a Francia, una vez allí se reconcilió con la reina Margarita, volvió a Inglaterra al frente de un ejército y puso de nuevo a Enrique VI en el trono (1470).

Eduardo IV huyó a Holanda, pero apoyado por los borgoñones, volvió a Inglaterra y derrotó en Barnet a Warwick (que pereció en la refriega e hizo prisionero a Enrique VI. La misma animosa Margarita que desembarcó con un ejército, fue derrotada en Tewksbury (4-V-1471), siendo hecha prisionera junto con su hijo, el cual fue muerto poco después. Entonces el rey no dudó en verter a torrentes la sangre de sus enemigos; el propio Enrique VI murió en la Torre de Londres el 21-V-1471, asesinado, según rumores, por el duque Ricardo de Gloucester, hermano de Eduardo IV.

Muerto Eduardo IV el 9-IV-1483, Ricardo de Gloucester se apoderó del príncipe de Gales, que a la sazón tenía doce años de edad, y lo hizo proclamar rey, mientras se nombraba a sí mismo protector del reino. Después se incautó del duque Ricardo de York, hijo segundo de Eduardo IV, de nueve años de edad, y lo llevó a la Torre al lado de su hermano.

Luego, como quiera que los más poderosos partidarios de la reina Isabel habían sido ya ejecutados, puso en tela de juicio la validez del matrimonio de esta con Eduardo IV, y por lo mismo la legitimidad de los hijos habidos en aquel matrimonio, y habiendo obtenido de algunos ciudadanos de Londres y miembros del Parlamento, que le reconociesen como legítimo heredero del trono, se hizo proclamar rey el 24-VI-1483, con el nombre de Ricardo III (1483-85).

Los dos príncipes fueron ejecutados en la Torre en el verano u otoño de 1483. En vano intentó Ricardo afianzarse por medio del miedo y del terror. Logró, es verdad, sofocar una sublevación del duque de Buckingham, del cual se había servido para la usurpación del trono y decapitar al insurrecto el 2-XI-1483; pero por verano de 1485 Enrique Tudor, conde de Richmond (que por parte de madre descendía de la casa de Lancaster) desembarcó en Inglaterra, se atrajo los descontentos y obtuvo una completa victoria sobre Ricardo III en Boswort (22 de Agosto), donde el rey murió peleando con un valor digno de mejor causa, al verse abandonado de casi todos sus amigos y partidarios.

De este modo terminó la guerra entre la Rosa Roja y la Rosa Blanca, y en la persona de Enrique de Richmond, con nombre de Enrique VII de Inglaterra la casa de los Tudor.

Aunque en estas luchas no había desempeñado el Parlamento papel alguno decisivo, sin embargo, sus atribuciones no sufrieron merma o disminución alguna. Por dos veces se reunieron la Alta y Baja Cámara para juzgar a los reyes. El derecho del pueblo a conceder tributos y a tomar parte en la tarea legislativa, permaneció intacto. Se reconoció el derecho a expresar su opinión que poseían los individuos de la Cámara de los Comunes, y ellos por su parte reivindicaban el privilegio de ser amparados durante el Parlamento, contra todas las persecuciones judiciales.

Casa de Tudor 1485-1603

Enrique VII (1485-1509) fue soberano prudente y buen administrador. Hizo que el Parlamento reconociese su derecho y el de sus sucesores al trono, y el 18-I-1486 contrajo matrimonio con la princesa Isabel, hija mayor de Enrique IV, heredera de la casa de York, con lo cual la Rosa Blanca y la Roja quedaron unidas.

Desbarató la sublevación de Lambert Simnel que se hacía pasar por el conde de Warwick (hijo de Jorge de Clarence) y la de Perkin Warbeck, que también pretendía ser Ricardo, duque de York. Warbeck y el auténtico Warwick (este último tras un intento de fuga de la Torre de Londres) fueron ejecutados en 1499.

Como a consecuencia de varios incidentes, las relaciones con Francia fueran muy tirantes desde hacía cuatro años, desembarcó Enrique VII en territorio francés en 1492, pero pronto hubo de pactar la paz y regresar a Inglaterra después de haberse gastado en esta empresa grandes sumas de dinero.

Sus rigurosas medidas contra la recalcitrante nobleza aumentaron extraordinariamente el tesoro real y aligeraron no poco las cargas del pueblo. Nombró una comisión encargada de fomentar la prosperidad de los bienes de la Corona que los grandes, en tiempo de disturbios, se habían apropiado en parte contra todo derecho.

La jurisdicción del Consejo secreto de la Cámara de la Estrella, la hizo extensiva a todos los delitos contra el Estado y sometió a la misma aun a los nobles; con lo cual se formó un tribunal de justicia del Estado, sin Jurado, sin apelación, temible para los poderosos y, por lo mismo, popular durante mucho tiempo, aunque luego sirvió para cometer las mayores arbitrariedades.

La administración financiera de Enrique VII fue a menudo gravosa y opresora, pero con ello favoreció el comercio y la industria que durante su reinado llegaron a gran florecimiento. El pueblo tenía razón de estar satisfecho de su monarca, al cual daba el honroso título de Rey de los pobres. Con su gobierno Inglaterra gozó por largo tiempo de los beneficios de la paz. A su muerte (21-IV-1509) dejó Enrique VII un tesoro pletórico de riquezas.

El Protestantismo y Enrique VIII

Para la política interior y exterior del hijo y sucesor de Enrique VII, Enrique VIII (1509-47), fue decisivo su enlace con Catalina, hija de Fernando el Católico, de Aragón. En unión con su padre político hizo la guerra Enrique VIII contra Luis XII de Francia y ganó con su aliado, el emperador Maximiliano (17 de Agosto de 1513) la batalla de Terouanne, cerca de la colina de Guinegate, pero en 1515 firmó la paz.

El principal inspirador de la política de Enrique VIII durante este tiempo fue el arzobispo de York, Thomas Wolsey, el cual, aspirando a la tiara pontificia, negoció una alianza entre Enrique VIII y el emperador Carlos V contra Francisco I de Francia; pero fracasaron dos ataques dirigidos a Picardía (1532 y 1523) y en 1525 se hizo la paz con Francia.

Al año siguiente Enrique VIII se convertía en uno de los más acérrimos enemigos del emperador, por diversos motivos políticos, secundados por otros puramente personales. Enrique VIII, apasionado por la bella y ambiciosa Ana Boleyn (Bolena), dama de servicio de la reina, que se negaba a ser simplemente la amante del monarca, resolvió anular su matrimonio con Catalina de Aragón, tía del emperador, tanto más cuanto que de Catalina no tenía más que una hija, María, y ningún descendiente varón.

Como pretexto para esta disolución tomó Enrique VIII el primer matrimonio de Catalina con Arturo, su hermano, y comenzó a fingir escrúpulos acerca de la legitimidad de su propio enlace.

Clemente VII, cuyo predecesor León X había dado a Enrique VIII el título de Defensor fidei (defensor de la fe), por sus escritos contra Lutero, se opuso al inadmisible divorcio de Enrique VIII, quien después de deshacerse de Wolsey e imputarle la muerte del duque de Buckingham, que era obra del rey, rompió las relaciones con el Sumo Pontífice.

Después de haber sido reconocido por parte del clero inglés como cabeza visible de la Iglesia (1532) y contraído matrimonio el 25 de Enero del año siguiente, con Ana Boleyn, pronunció, por medio de un Acta del Parlamento, la separación de la Iglesia inglesa de Roma.

Acto seguido, el arzobispo de Cantorbéry, Tomás Crammer, hechura del rey, disolvió el matrimonio de Enrique VIII con Catalina. Como el Pontífice procediese contra Enrique VIII, este adjudicó a la Corona las annatas que hasta entonces se habían pagado a la Curia romana, suprimió el óbolo de San Pedro, reglamentó las elecciones de obispos con absoluta independencia de Roma, y completó su obra con la declaración de la supremacía real haciéndose reconocer por el Parlamento jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra y representante directo de Dios en la Tierra.

Desde 1534 se suprimieron, además, los conventos de religiosos en Inglaterra y se confiscaron los bienes de los mismos. Fuera de estas alteraciones, más bien cismáticas y persecutorias que heréticas, Enrique VIII mantuvo en vigor las doctrinas de la Iglesia Católica; en los seis artículos que promulgó en 1539 se prohibía el matrimonio de los sacerdotes y el uso del cáliz para los fieles y se confirmaban las prácticas del Catolicismo.

Todas estas medidas tomadas por el monarca hallaron escasa oposición y en la sujeción al soberano se conformaron tanto los lores como los comunes; aquéllos con miras a participar del rico botín de la Iglesia, estos persuadidos de que las disposiciones del monarca habían de ceder en aumento de la prosperidad del comercio y de la industria.

Sin embargo, la mala (índole y en especial la voluptuosidad de Enrique VIII pronto se pusieron de relieve). Ana Bolena murió en el cadalso, siguieron otras cuatro consortes, a saber: Juana Seymour (muerta en 1537), Ana de Cleve (divorciada en 1540), Catalina Howard (ejecutada en 1542) y Catalina Parr, que sobrevivió al monarca. En 1542 empezó Enrique VIII la guerra contra Escocia, quo no le dio resultado ninguno. Más tarde se alió de nuevo con Carlos V contra Francia y en 1544 se apoderó de Boulogne.

Enrique VIII murió el 28-I-1547. Le sucedió su hijo, de nueve años de edad, habido en el matrimonio con Juana Seymour, que se llamó Eduardo VI (1547-53) bajo la tutela de su tío materno, el protector Eduardo Seymour, duque de Somerset. Entonces fue cuando, dirigida por el mencionado Crammer, se operó la verdadera fundación de la Iglesia anglicana, que difirió en adelante de la Católica en numerosas materias de fe y doctrina, y se arreció la persecución contra los católicos.

El gobierno de Seymour fue derribado en 1549 por Juan Dudley, conde de Warwick, más tarde duque de Northumberland y, en 1552, al querer aquél recobrar su puesto, fue ejecutado. Northumberland logró convencer a Eduardo VI de que excluyese de la sucesión al trono a sus hermanas María e Isabel y declarase sucesora suya a su parienta Juana Grey, bisnieta de Enrique VII, hija política de Northumberland y protestante acérrima.

En consecuencia, al morir Eduardo VI (6 de Julio de 1553) se anunció la subida al trono de Juana; pero contra ella hizo valer inmediatamente sus derechos María la Católica (1553-58), hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, la cual fue reconocida reina de Inglaterra, y al subir al trono hizo ejecutar en seguida a Northumberland y en 1554 a Juana. María dio impulso a una reacción católica, que, después de su matrimonio con Felipe (más tarde Felipe II, rey de España), hijo de Carlos V, aumentó en intensidad.

En 1554, previa resolución del Parlamento, la Iglesia de Inglaterra se sometió de nuevo al Papa; se renovaron las antiguas disposiciones contra los herejes, y, entre otros, Crammer fue ajusticiado. En 1557, María fue inducida por su esposo a una guerra con Francia, la cual dio por resultado perder Inglaterra la plaza de Calais, que era la última posesión inglesa en territorio francés, desde la guerra de los Cien Años.

El sentimiento que esta pérdida produjo a María le precipitó la muerte, ocurrida el 17 de Noviembre de 1558. Durante el gobierno de su media hermana, la protestante Isabel (1556-1603), hija de Enrique VIII y de Ana Boleyn, las relaciones eclesiásticas en Inglaterra volvieron al estado en que se hallaban en tiempo de Eduardo VI.

Isabel exigió del clero, de los funcionarios públicos y de los miembros del Parlamento el juramento de supremacía, o sea, el reconocimiento de la supremacía de la soberana en materias eclesiásticas y depuso de sus cargos a los que se mantuvieron fieles a la fe católica.

Asimismo procedió contra los que se negaban a reconocer los 39 artículos confirmados por el Parlamento y que constituían una renovación de los 24 artículos de Crammer. Los derechos del Parlamento quedaron nominalmente intactos, pero su importancia fue mucho menor que durante el gobierno de los Lancaster.

El ejercicio y administración de la justicia se supeditó también a la influencia del Gobierno; mas a pesar de todo, el gobierno de Isabel fue popular, porque con el mismo el bienestar del país aumentó por modo considerable y florecieron la agricultura, el trabajo y la industria.

El comercio exterior se desarrolló con la navegación, ya que, además del activo tráfico con Rusia, empezaron a tomar cuerpo las relaciones con Levante y las Indias Orientales. En 1600 otorgó Isabel la primera carta de franquicia a la Compañía de las Indias Orientales; también durante su gobierno se fundó en la América del Norte la primera factoría que en honor de la llamada Reina virgen se llamó Virginia.

La política exterior de la soberana estuvo informada por la necesidad de defender su trono, amenazado por diversos conceptos, entre los cuales no era menor el de la ilegitimidad de su nacimiento.

Algunos católicos trataron de sustituirla por la reina de Escocia, María Estuardo, que era la legítima heredera de la Corona de Inglaterra por parte de madre y que se titulaba reina de Inglaterra e Irlanda, sin aspirar, empero, personalmente a serlo de hecho; más dichos propósitos y título, unidos al odio que sentía por su prima, tanto por ser católica como por su gran belleza, bastaron para que al buscar María, arrojada de Escocia, un refugio en la corte de Isabel, esta la hiciera prender, alegando que su permanencia en Inglaterra daba origen a disturbios, y la mandó ejecutar inicuamente en 1587.

Con objeto de debilitar a España, apoyó Isabel la insurrección de los Países Bajos. El éxito que obtuvo Inglaterra con la destrucción de la Armada Invencible en 1588, alentó de un modo extraordinario la confianza que en sí mismo tenía el país, al mismo tiempo que sirvió de motivo a la reina para arreciar en la persecución religiosa, que motivó, finalmente, su excomunión.

Isabel, la última representante de la familia Tudor, murió el 24 de Marzo de 1603, dándosele como sucesor al hijo de María Estuardo y bisnieto de Enrique VII, Jacobo VI de Escocia, que tomó el nombre de Jacobo I.

Los Estuardo

Con Jacobo I (1603-25) pasó a la casa Estuardo (1603-1714) el trono de Inglaterra, cuya fusión política con Escocia rechazó el Parlamento en 1604, por lo cual ambos países quedaron unidos con unión puramente personal. Jacobo I fue un erudito pedante con marcadas tendencias teológicas; tenía un elevado concepto de las prerrogativas regias y era decidido seguidor de la Constitución eclesiástica episcopal que había introducido aun en Escocia.

Persiguió a los puritanos y a los clérigos que se negaban a prestar el juramento de la supremacía. Consecuencia de un fracasado complot urdido por Guy Fawkes y otros católicos, llamado Conjuración de la pólvora, fue la agravación de las leyes contra los católicos, habiéndose introducido otro juramento religioso, el Oath of allegiance que estaban obligados a prestar todos los clérigos, y desde 1610 también los funcionarios públicos. Negándose, naturalmente, a ello los católicos, fueron excluidos de los cargos oficiales.

En 1610 ocurrieron los primeros disentimientos entre el soberano y el Parlamento. Jacobo I, cuyo amor al fausto requería grandes sumas de dinero, lo pidió al Parlamento, pero los comunes se negaron a facilitárselo antes de que fuesen oídas las quejas del pueblo. Los poco elevados medios de que se valió Jacobo I para arbitrar recursos sin esperar la aprobación de la Cámara (entre ellos la creación de la nobleza de barón adquirible por compra, 1611), no duraron mucho tiempo, y Jacobo I se vio obligado a convocar de nuevo el Parlamento en 1614.

En seguida se renovaron las quejas: el rey castigó a algunos de los más audaces oradores y disolvió el Parlamento. Al descontento del pueblo por la forma de gobernar de Jacobo I se unía el deseo no satisfecho y varias veces expresado de que se diese franca entrada al protestantismo, a lo cual el monarca no se podía decidir, a pesar de que su propia hija, la princesa Isabel del Palatinado, había sido expulsada de su territorio por los imperiales y los partidarios de la Liga.

La Cámara de los Comunes, en su sesión de 1621, expresó este deseo, desaprobando, además, el plan del rey, de casar a su hijo mayor con una infanta española. El rey negó al Parlamento la facultad de inmiscuirse en asuntos que sobrepasaban su inteligencia, y al invocar el Parlamento sus privilegios, el monarca lo disolvió y metió en la cárcel a varios de sus miembros, que esos años transcurrieron sin Parlamento, al que no convocó Jacobo I hasta que vio fracasado su proyecto de boda de su hijo con la princesa española, que fue en 1624. Entonces le permitió el que interviniera en la aplicación de las cantidades que habían de votarse y envió tropas de auxilio a los protestantes de Alemania. Murió el 27 de Marzo de 1625.

Su hijo Carlos I (1625-49) continuó la lucha con el Parlamento. Con el primero que convocó se puso ya en conflicto porque la Cámara de los Comunes, desconfiando del monarca y de su esposa católica, Enriqueta de Francia, otorgó solo para un año, en vez de para toda la vida del rey (como hasta entonces se había acostumbrado) el producto de las Aduanas, o sea el llamado dinero de las libras y toneladas.

Un nuevo Parlamento convocado en 1626 elevó sus quejas acerca de la continuación de los impuestos de Aduana más tiempo del que había sido concedido para los mismos, y decidió presentar una queja contra el duque de Buckingham, favorito de Carlos I, por lo cual el monarca lo disolvió también, sin que suprimiese los tales derechos; pero una desgraciada empresa de Buckingham, quien tenía el proyecto de ayudar a los hugonotes de Francia, le sumió en una crisis financiera tan aguda, que hubo de convocar de nuevo el Parlamento (1628).

La Cámara de los Comunes le dio esperanzas de facilitarle los subsidios que necesitaba, pero presentó varias quejas al monarca en un escrito muy mordaz, dirigido al mismo, titulado Petition of rights, y tras de prolongadas demoras, hubo el rey de dar al escrito carácter de ley (7 de Junio de 1628) obteniendo así los subsidios. En 1629, el dinero de las libras y toneladas, cuestión que no se había tratado en el escrito de Petition, dio pie a una nueva disputa y a una nueva disolución del Parlamento.

Once años gobernó Carlos sin Parlamento, asesorándose con Tomás Wentworth sobre los asuntos de Estado y con Guillermo Laud, arzobispo de Cantorbery, para los asuntos eclesiásticos. En 1629 firmó un tratado de paz con Francia, y en 1630 con España.

Durante algún tiempo pareció fortalecerse este sistema no parlamentario de gobierno; pero las tendencias del rey favorables a los católicos y la persecución de los puritanos suscitó el descontento de los protestantes y la fermentación creciente no necesitó para explotar más que un pequeño choque. Este vino de Escocia, al pretender Carlos I implantar allí una nueva liturgia en 1637. Los jefes de la oposición redactaron, en oposición al rey, el llamado Covenant, renovando la antigua profesión de fe de los presbiterianos de 1581 y se aprestaron a la resistencia armada.

En 1639 estalló la guerra y Carlos I, al año siguiente, se vio obligado a convocar un nuevo Parlamento, el llamado Parlamento Breve, que a la petición de dinero del soberano, contestó con nuevas quejas y reclamaciones. Lo disolvió de nuevo Carlos I; pero entonces los escoceses marcharon sobre Inglaterra y arrojaron al ejército inglés de sus posiciones del Tyne. Fracasado el intento de sustituir el Parlamento por una asamblea de lores el 3 de Noviembre de 1640 se reunió el llamado Parlamento Largo, en el cual la oposición tuvo una aplastante mayoría.

En la Cámara de los Comunes se presentaron gran número de quejas contra el Gobierno, como también contra los ministros y los funcionarios del Estado que habían hecho cumplir los mandatos de Palacio. Ello hizo decaer el ánimo a Carlos I a tal extremo, que no solamente no confirmó la ley según la cual se había de reunir el Parlamento cada tres años y en caso necesario sin convocatoria, sino que también consintió en la condena y ejecución de Strafford (12-V-1641), en la abolición de la suprema comisión y otras prerrogativas.

Esta política produjo en Irlanda, en 1641, una revolución que amenazaba con la ruina y destrucción de la soberanía inglesa v en la que perdieron la vida gran número de colonos número de colonos. Injustamente se culpo al monarca de haber provocado el conflicto; pero la atmósfera de desconfianza creada alrededor del rey y la conciencia que el Parlamento tenía de su propio poder, aumentaron de tal modo, que en Noviembre de aquel año, se resolvió obligar al monarca a una transformación completa de la Constitución.

La tentativa que hizo Carlos I para apoderarse de los caudillos de la oposición fracasó en absoluto (4-I-1642), por lo cual la corte salió de Londres, arrogándose el Parlamento la autoridad legislativa sobre el Estado y la Iglesia y reclutando una hueste para hacer frente a los partidarios de Carlos I. Rechazadas por este las proposiciones del Parlamento, que reducían su poder y sus atribuciones a una mera sombra, empezó en Agosto de 1642 la guerra civil.

En un principio las huestes reales obtuvieron algunos triunfos; pero en 1643 fueron derrotadas por completo, La victoria se debió a los ingleses, mandados por Oliverio Cromwell, que era ferviente puritano, en oposición a los escoceses y a la Cámara de los Comunes en su mayoría. En 1645 el rey volvió a ser derrotado en Naseby y al año siguiente el mismo se entregó a los escoceses, y como se negara a firmar el Covenant, los escoceses lo entregaron al Parlamento por 400.000 libras esterlinas.

La mayoría parlamentaria creyó que ya no necesitaba del Ejército, y por lo mismo dio orden que una parte del mismo partiese a Irlanda y el resto fuese licenciado; pero el Ejército no obedeció, en Junio de 1647 se apoderó del monarca, marchó, en Agosto, sobre Londres y obligó a expulsar de la Cámara a los 11 caudillos de los presbiterianos.

Al levantarse los escoceses en favor del rey, fueron completamente derrotados en la batalla de Preston (17 a 19 de Agosto de 1648). Entre tanto negoció el Parlamento con el rey y resolvió reconciliarse con él; pero el 1 de Diciembre los caudillos del ejército condujeron al monarca al solitario castillo de Hurse: el 6 de Diciembre Cromwell hizo expulsar, por medio del coronel Pride, a los presbiterianos del Parlamento Pride's purge y el Parlamento recién formado se puso incondicionalmente a las órdenes de Cromwell, Carlos I fue condenado a muerte por un tribunal designado por la Cámara Baja y presidido por Bradshaw, y el 30-I-1649 fue ejecutado frente al palacio de Whitehall en Londres.

La República inglesa 1649-1660

La Cámara Baja, de la que ya no formaban parte más que 100 miembros, de los 500 elegidos en 1640, declaró entonces a Inglaterra República y, eliminada la Alta Cámara, entregó el Gobierno a un Consejo de Estado que se había de renovar cada año y en el que Cromwell ejercía el mayor influjo. Cromwell se dirigió, en 1650, a Escocia, donde había desembarcado el príncipe de Gales e iba a ser proclamado rey con el nombre de Carlos II; derrotó a los escoceses en Dunbar (3 de Septiembre) y al presentarse Carlos II en Inglaterra (1651), le infligió (3 de Septiembre) una tremenda derrota.

Con esa victoria aumentó extraordinariamente el prestigio de Cromwell y este pudo disolver lo que quedaba de Parlamento, Rump Parliament (el Parlamento de la rabadilla) el 20-IV-1653, desalojando violentamente a sus miembros.

Un consejo de guerra bajo la presidencia de Cromwell se encargó del gobierno, y el 4 de Julio convocó un Parlamento compuesto de santos escogidos que ascendían a 135 ingleses, escoceses e irlandeses, al que se dio el nombre de Parlamento Barebone, el cual fue disuelto el 12 de Diciembre por haber querido inmiscuirse en el Ejército, Entonces los altos oficiales proclamaron una nueva Constitución que encargaba el poder supremo a un protector, asesorado por un Consejo de Estado y un Parlamento tornado por sufragio, entre los tres reinos.

El 16 de Diciembre, Cromwell se encargó del gobierno con el título de Lord Protector; volvió a disolver el Parlamento e hizo revisar de nuevo la Constitución. A imponerse en 1656 la necesidad de convocar otro Parlamento para atender a la recaudación de fondos, las elecciones dieron un resultado tan favorable a la oposición, que Cromwell inmediatamente hizo expulsar de la sala de sesiones a 100 de sus miembros y votar a los restantes los subsidios que se pedían.

Cromwell rehusó la corona real que el mismo Parlamento le ofrecía y se contentó con robustecer aún más su poder y con el derecho de nombrar su sucesor. Se le pidió, además, que formase una Alta Cámara, cosa difícil, por negarse la antigua nobleza a formar parte del pretendido organismo político, y al reunirse de nuevo el Parlamento a principios de 1658, fue la nueva Alta Cámara objeto de tan violentos ataques, que Cromwell la disolvió también el 4 de Febrero. No mucho después, el 3 de Septiembre de 1658 murió el Protector.

Si fue poco gloriosa la política interior de Cromwell, la exterior fue brillante. A fin de castigar a los holandeses por el favor que habían prestado al fugitivo Estuardo, el 9 de Octubre de 1651 se publicó el Acta de Navegación que infirió graves heridas al comercio holandés e incitó (1652) a Holanda a la guerra. Durante ella, la escuadra inglesa al mando de Blake se elevó a tal altura, que en 1654 los holandeses no pudieron menos de solicitar la paz. Con no menor fortuna se desarrolló la guerra con España (1654 a 1658), se conquistó Jamaica y en unión con Francia se tomó Dunkerque. También se firmaron tratados de comercio ventajosos y se extendieron las posesiones inglesas en la América.

Según decisión de Cromwell, el Consejo de Estado confirió, a su muerte, la dignidad de Protector a su hijo mayor, Ricardo Cromwell, el cual en 1859 confirmó el Parlamento nuevamente convocado. Sin embargo, el Ejército se negó a reconocerle, le obligó a disolver el Parlamento y logró que se reconstituyese el Rump Parliament, por lo cual Ricardo renunció a su cargo (25-V-1659).

Entonces surgió un nuevo conflicto entre el Parlamento y el Ejército y tuvo lugar una segunda dispersión de aquél (13 de Octubre de 1659). En el pueblo, empero, cundían las ansias por el restablecimiento de la normalidad, la cual únicamente de la restauración de la monarquía podía esperarse, y en efecto, el general Monk, que a fines de 1659 condujo a Inglaterra las tropas de guarnición en Escocia, se encargó de realizar esta empresa.

En Febrero de 1660 marchó sobre Londres y después de disuelto el Parlamento por sí mismo, convocó otro en que los realistas tuvieron mayoría y que reunido el 25-IV-1660, entabló negociaciones con Carlos II. Después de prometer este una amnistía casi general, la libertad de conciencia y el respeto a los derechos adquiridos, fue aclamado rey, y como tal entró en Londres el 29-V-1660.

Los últimos Estuardo 1660-1689

La restauración de Carlos II no se llevó a cabo sin violencias. La mayor parte de los jueces que tomaron parte en la sentencia dada contra Carlos I y no huyeron, fueron ejecutados; y los cadáveres de Cromwell, Ireton y Bradshaw fueron exhumados. Se disolvió el Ejército hasta dejar solo dos regimientos. Se llamó a los obispos a formar parte de la Alta Cámara; la Ley de uniformidad Act uniformity del 19-V-1662, obligó al clero a reconocer y confesar el dogma de la supremacía eclesiástica, y depuso a 2.000 sacerdotes que se negaron a ello.

Se abolió la unión, creada por Cromwell, entre Inglaterra y Escocia. En cuanto a la política exterior, siguió Carlos la de Luis XIV, al cual vendió la ciudad de Dunkerque (1662). Carlos II, que estaba casado con una princesa católica, Catalina de Portugal (mayo de 1622), mantuvo relaciones en el Sumo Pontífice, pensando en una reconciliación de la Iglesia inglesa con Roma, que no fue posible proseguir por los prejuicios anticatólicos reinantes en el país, que, sobre todo en sus últimos años, se puso decididamente a su lado y le consideró como el mejor de los reyes.

El deseo de ayudar al príncipe de Orange a mantener el gobierno de los Países Bajos, y las múltiples diferencias sobre cuestiones comerciales y coloniales, dieron pie en 1665 a una guerra con Holanda que terminó en Julio de 1667 con la paz de Breda, en la cual Inglaterra obtuvo Nueva York a cambio de algunas concesiones en las Indias Orientales. En 1668 pactó Carlos Il una triple alianza con Suecia y Holanda, en virtud de la cual Francia se vio obligada a reconocer la paz de Aquisgrán.

La necesidad de dinero con que atender a sus grandes gastos hizo que firmara con Luis XIV un tratado secreto por el cual Carlos II había de recibir 200.000 libras anuales, pondría sus fuerzas a disposición de Francia y procuraría la conversión del reino al catolicismo, al cual se adheriría personalmente. Este acuerdo obligó a Carlos II a tomar parte en la segunda guerra contra Holanda (1672-74), que fue de consecuencias comerciales poco favorables para Inglaterra , por haberse puesto España del lado de Holanda.

Quiso también publicar una Declaración de indulgencia para los católicos y no conformistas; pero el Parlamento le obligó a retirarla y aun a promulgar la ley denominada Test Act, en virtud de la cual todos los funcionarios del Estado venían obligados a jurar que no creían en la transubstanciación y a recibir la comunión según el uso de la Iglesia anglicana. Al cabo de poco se reunió el ministerio llamado Cabala y en 1674 se firmó con Holanda la paz de Westminster.

Carlos II, aunque en atención a los subsidios que recibía, permaneció neutral en la guerra de Luis XIV con Holanda, consintió, sin embargo, en el matrimonio de su sobrina María, hija del duque de York, Jacobo, hermano del rey católico, con Guillermo de Orange, el defensor de la libertad de los Estados de Europa contra las ambiciones de conquista del soberano francés.

En el país, empero, crecía el sentimiento anticatólico, agravado en 1678, por el embaucador Titus Oates, que pretendió descubrir una conspiración de los jesuítas, tramada con intento de asesinar al rey y elevar al tróno al duque de York. De este pretendido complot se valió el sectario conde Shatsesbury (desde su dimisión del Ministerio, jefe de la oposición) para que se votase una ley que excluía del Parlamento a los católicos; pero al intentar el Parlamento entablar una queja contra lord Danby, duque de Leeds, ministro inspirador de la política de Carlos II, este lo disolvió 24-I-1679).

Las elecciones siguientes resultaron desfavorables a Gobierno, y en el nuevo Parlamento se presentó una proposición excluyendo al duque de York de la sucesión al trono. Carlos II entonces hizo una concesión al Parlamento, otorgándole el Habeas Corpus o protección contra las detenciones arbitrarias; pero no se avino al bill de exclusión y disolvió la Cámara (27-V-1679). En el nuevo Parlamento, inaugurado en octubre de 1680, la Alta Cámara rechazó el bill de exclusión y, en consecuencia, la Cámara Baja rechazó toda petición de fondos de parte del monarca.

De esta época datan los dos partidos denominados respectivamente whigs y tories, defensores los primeros del bill de exclusión, impugnadores del mismo los segundos. Al fin el bill quedó sin aprobar y el rey gobernó prescindiendo del Parlamento hasta el fin de su vida.

Esta política de Carlos II y las persecuciones de que fueron objeto los whings hicieron que no encontrara oposición la subida al trono del duque de York con el título de Jacobo II (1685-88). Sin dificultad fueron reprimidas una insurrección del duque de Monmouth, hijo natural de Carlos II, y otra del conde de Argyle; pero Jacobo II siguió uno política imprudente, dada la animosidad que el pueblo sentía hacia todo lo que no fuera católico y quiso forzar las cosas, contra el parecer que no pocos de los mismos católicos.

Siete obispos anglicanos se negaron a publicar la Declaración de indulgencia religiosa y fueron absueltos por el Jurado. La nación, que al principio habla aceptado a rey con simpatía, perdió toda confianza en él y el nacimiento de un príncipe heredero hizo desvanecer la esperanza de que a la muerte del rey, subirían al trono sus hijas, protestantes, la princesa María de Orange y Ana, la esposa del príncipe Jorge de Dinamarca.

Todos las partidos se pusieron, pues, de acuerdo para destronar a Jacobo II e invitaron al príncipe Guillermo de Orange a que, conjuntamente con su esposa, fuese a ceñir la corona. Holanda puso a su disposición sus fuerzas navales; Federico III de Brandeburgo le prestó su apoyo, y el 15 de Noviembre de 1688 Orange desembarcó en Inglaterra , donde fue bien recibido no solo por el pueblo, sino también por el Ejército y la Armada.

Jacobo II huyó a Francia. Guillermo entró en Londres el 18 de Diciembre y lo primero que hizo fue convocar el Parlamento, el cual declaró la deposición de Jacobo II y adjudicó, acto seguido, la corona a Guillermo y su esposa María, a los que, en caso de morir sin sucesión, había de suceder la princesa Ana.

En Escocia se reunió asimismo una Convención en la que se declaró abolido el derecho de Jacobo II al trono, y se adjudicó el trono también a Guillermo y María.

Fundación del reino parlamentario

El Gobierno de Guillermo III (1689-1702) fue de grandísima importancia para el desarrollo político de la Gran Bretaña. Junto con la declaración del trono vacante, el Parlamento había proclamado el estatuto titulado Declaration of rights, que Guillermo III confirmó dándole carácter de ley del Estado, al subir al trono (13 de Febrero de 1689).

Esta Ley, a la que en Escocia correspondió la llamada Claim of rights, declaraba anticonstitucional la pretensión de Jacobo II de que la Corona tenía derecho a suspender la vigencia de las leyes; prohibía todo reclutamiento y formación de ejército permanente sin la aprobación del Parlamento; garantizaba el derecho de petición de los ciudadanos, la libre elección de los miembros del Parlamento, la libertad de la palabra en el mismo y la institución del Jurado, y estatuía que el rey había de convocar a menudo el Parlamento.

Respecto de la Iglesia, se afianzó la vigencia de la Ley de uniformidad y del juramento de prueba test; pero en virtud de una ley de tolerancia se permitió a los dissenters (disidentes) protestantes el ejercicio público del culto divino, mientras en Escocia se declaraba el presbiterianismo religión del Estado.

Luego se introdujo la inamovilidad de los jueces, la libertad de la prensa y se preparó el camino para la responsabilidad de los ministros. En 1694 fue un hecho la introducción del Parlamento de tres años y se separó la lista civil del rey de los demás gastos del presupuesto. Se fundó también un Banco nacional y se renovó la Compañía de las Indias Orientales, preparándose así el camino para elevar a Inglaterra a la categoría de primera potencia de Europa en poderío colonial.

Con la política exterior de Guillermo III, Inglaterra, en unión de Holanda, desempeñó un papel de moderadora y árbitro de los destinos de Europa. Guillermo III entró a formar parte de la alianza firmada en 1689 en Viena, destinada a mantener el equilibrio europeo amenazado por el rey de Francia, Luis XIV, y él fue el alma de aquella alianza que en dicho año votó la guerra contra Francia.

En compensación, Luis XIV apoyó los esfuerzos de Jacobo II para recuperar el trono de Inglaterra. Jacobo II hizo un desembarco en Irlanda en Marzo de 1689: pero en Julio de 1690 fue derrotado por Guillermo III a orillas del Boyne y huyó a Francia, después de lo cual el general Ginkell acabó la sumisión de Irlanda.

En la guerra con Francia, Guillermo III perdió las batallas de Steenkerken (1692) y Neerwinden (1693); pero la escuadra angloholandesa, sobre todo con la victoria de Russell, en La Hogue, afirmó su superioridad, y en 1697 firmó Francia la paz de Ryswick en la que Luis XIV reconocía por rey a Guillermo III.

En la Guerra de Sucesión de España quiso Guillermo III al principio intervenir como mediador; pero a la muerte de Carlos II, rey de España (1700), como Luis XIV violase los tratados firmados anteriormente, Guillermo III formó parte de la Gran Alianza contra Francia (17 de Septiembre de 1701), mientras Luis XIV, a la muerte de Jacobo II (16 de Septiembre de 1701) reconocía por rey de Inglaterra al hijo de éste, el pretendiente Jacobo III. Poco después moría Guillermo III (19 de Marzo de 1702), habiéndole precedido en 1695 su esposa María.

La sucesora de Guillermo III, Ana, hermana de María (1702-14) continuó la guerra con Francia, habiendo en la misma obtenido su caudillo, el duque de Marlborough, brillantes victorias en Hoechstaedt-Blenheim (1704), Ramillies (1706), Oudenarde (1708) y Malplaquet. Bajo su alta dirección los whigs, en Mayo de 1707, realizaron la unión de Inglaterra y Escocia, por la cual ambos países, con el nombre de Gran Bretaña, quedaron incorporados en un reino con Parlamento común, aunque Escocia conservó sus leyes civiles, sus tribunales y su constitución especial eclesiástica.

En 1710 ocurrió un cambio súbito de situación: la reina, disgustada con la ambiciosa duquesa de Marlborough, su antigua amiga, y no pareciéndole bien las tendencias eclesiásticas de los whigs, aprovechando la circunstancia de haber obtenido los tories mayoría en las nuevas elecciones para la Cámara popular, formó de esta mayoría un nuevo ministerio bajo la presidencia de lord Bolingbroke

Como Marlborough había perdido su influencia y como en 1711, a causa de la muerte del emperador José I, la continuación de la política hasta entonces seguida hubiera significado la unión de las monarquías española y austriaca, la Gran Bretaña en 1713 firmó la paz de Utrecht, por la cual Felipe, nieto de Luis XIV, fue reconocido rey de España, y recibió de Francia las posesiones de la bahía de Hudson, Nueva Escocia, Terranova y el reconocimiento de la sucesión protestante al trono, y de España, Gibraltar, Menorca y varias concesiones de carácter comercial en las Indias Occidentales.

La casa de Hannóver

Habiendo muerto Ana sin sucesión el 12 de Agosto de 1714, el trono, en virtud de la Ley de 1701, recayó en el Príncipe elector de Hannóver, Jorge I (1714-27), nieto de la condesa palatina Isabel, hija de Jacobo I, el cual llamó de nuevo al gobierno a los whigs.

La tentativa del pretendiente Jacobo III para adquirir cuando menos la corona de Escocia (Diciembre de 1715) abortó, como también los posteriores intentos de levantamiento de los jacobitas (1717 y 1719). En buena inteligencia con el Ministerio, la Cámara Baja (en la que predominaban los whigs) prolongó su mandato (así como el de los sucesivos Parlamentos) a siete años.

Por entonces se desarrolló la corrupción en el Parlamento inglés, cuyos votos obtenía fácilmente el Gobierno por medios ilegales, como los elegidos los obtenían del pueblo mediante dinero, hasta el punto de que quedaron divorciados largo tiempo la nación y la política. No obstante, el país gozó de libertad ciudadana y en un largo periodo la paz aumentó el bienestar general.

El principal representante del sistema gubernamental de los whigs era Roberto Walpole, que desde 1721 se hallaba al frente del Ministerio y que aun después de la muerte de Jorge I, durante el gobierno de su hijo y sucesor Jorge II (1727-1760), afirmó su situación

En el complicado juego diplomático de su época supo Walpole asegurar el prestigio de Inglaterra y defender con gran habilidad su política comercial y colonial; pero en 1739 fue arrastrado por una corriente popular a la guerra con España, en la cual no obtuvo grandes éxitos, y al complicarse la situación a causa la guerra de Sucesión de Austria, dimitió (22 de Febrero de 1742).

De la dirección de los negocios extranjeros se encargó lord Carteret, quien consiguió que Federico II, en virtud de la paz de Breslau (1742) se separase de la liga contra Austria, aliada de Inglaterra. Pero al pasar Jorge II (1743) al continente y marchar contra Francia con un ejército de más de 40.000 hombres alemanes e ingleses (el llamado ejército pragmático, se censuró al Gobierno por llevar negligentemente la guerra genuinamente nacional con España y, derrochar, en cambio, las fuerzas y energías de la Gran Bretaña en interés del principado de Hannóver, y Carteret hubo de presentar la dimisión en Diciembre de 1744.

El nuevo Ministerio Pelham tuvo desde luego que luchar con un gran peligro interior; en Agosto de 1745 Carlos Eduardo, hijo del pretendiente Jacobo III, desembarcó en Escocia, se apoderó de Edimburgo, avanzó, a fines de aquel año, hasta muy cerca de Londres y hubiera peligrado la dinastía a no haberle infligido una seria derrota el duque de Cumberland en Culloden (27-IV-1746). Fue la última tentativa de los Estuardo de restauración a mano armada.

Entre tanto, Inglaterra, alcanzaba grandes éxitos por mar contra Francia y España; no así, empero, por tierra, en que el ejército pragmático sufrió una honrosa, pero terrible derrota en Fontenoy (11-V-1745). Entonces, como la situación financiera obligase a terminar de un modo o de otro la guerra, la Gran Bretaña firmó en 1748 en Aquisgrán la paz con Francia y en 1750 con España. Pronto, empero, se renovaron las hostilidades con Francia con ocasión de límites de las colonias de la América del Norte, conduciendo a una verdadera ruptura en 1755.

A fin de proteger Hannóver, firmó Inglaterra, en Enero de 1756, con Prusia la alianza de Westminster, desarrollándose entonces la guerra marítima y colonial con Francia, que coincidió con la de los Siete Años. La lucha en un principio no fue favorable a Inglaterra; en Alemania, el duque de Cumberland fue derrotado (26 de Julio de 1757) en Hastenbeck y, en virtud del convenio de Kloster Zeven, Hannóver cayó en poder de Francia; Menorca fue conquistada por el duque de Richelieu, y en América, el ejército, formado principalmente por alemanes, no respondió tampoco a las esperanzas de la metrópoli.

La guerra no se llevó con energía y con éxito hasta que Pitt, en 1757, obtuvo una situación preeminente en la política. En Alemania, Fernando de Brunswick venció en Kref (23 de Junío de 1758) y en Minden (1 de Agosto de 1759); en América conquistaron los ingleses Quebec y ocuparon todo el Canadá.

Al propio tiempo la Compañía inglesa de las Indias Orientales contaba por éxitos sus empresas comerciales apoyadas por sus huestes. A raíz de la victoria de Clive en Plassey (1757) los ingleses se apoderaron de Calcuta en 1758 y de Surate en 1759. En 1761 perdieron los franceses Pondichéry y Mahé, quedando de este modo totalmente expulsados de las Indias.

Al declarar España, en 1761, la guerra a la Gran Bretaña a causa del pacto de familia de los Borbones, los ingleses se apoderaron también de varias colonias españolas y conquistaron la Habana y Manila. Después (10-II-1763) se firmó la paz de París, en la cual Francia cedió a la Gran Bretaña todo el Canadá, Nueva Escocia, Cabo Bretón y las islas de Granada, San Vicente, Dominica y Tobago, así como sus posesiones del Senegal, y España renunció en su favor a parte de la Florida.

Revolución americana

Antes de firmarse la paz había muerto Jorge II (25-X-1760), sucediéndole su nieto Jorge III (1760-1820) que en 1761 por inspiración de su favorito lord Bute, llamó al gobierno a los tories. Bute dimitió en 1763; pero no fueron menos impopulares los ministros que le siguieron: Grenville, Rockingham (desde 1765) y Grafton (desde 1766), que mostraron siempre empeño en elevar y robustecer el poder de la Corona en perjuicio de la Constitución vigente.

La atmósfera oposicionista tuvo viva y palpitante expresión en las Cartas de Junio, magistralmente escritas, que se publicaron desde 1769 hasta 1771 en el Public Advertiser y en que menudeaban las acres invectivas contra el rey, los ministros, el Parlamento y los Tribunales de justicia y que llamaron grandemente la atención en todo el reino.

El Gobierno procuraba por todos los medios posibles aumentar los ingresos del Tesoro, habiendo tomado, entre otras medidas, la de aplicarles el sobrante de beneficios de la Compañía de las Indias Orientales que, gracias a las conquistas de lord Clive, había ampliado enormemente sus posesiones.

Pero, como ello no bastara, se trató de obligar a las colonias americanas a contribuir con grandes sumas de dinero. A este efecto el Ministerio Grenville propuso en 1764 un proyecto de Ley, imponiendo derechos de entrada a algunos productos comerciales en América, y al año siguiente introdujo la tasa del timbre.

Los americanos empero, alegaron ante el Parlamento, en el cual no estaban representados, su derecho a rehusar los impuestos, se unieron contra la entrada de géneros gravados con los derechos de Aduana y se opusieron a la tasa del timbre. Esta se restableció en 1766; pero la tentativa del Gobierno de gravar otros géneros con nuevos derechos de Aduana fracasó en 1767 ante la resistencia de los americanos, la cual no cesó con la subida al poder del Ministerio North (1770), en que la oposición triunfó casi del todo, reduciéndose los impuestos a un pequeño gravamen sobre el te.

El disgusto de los americanos había llegado a un grado tal de efervescencia, que en Diciembre de 1773, se dio el caso de arrojarse al mar, en Boston, tres cargamentos de té. Las medidas de castigo que la Gran Bretaña tomó contra Boston condujeron, en 1775, a que estallase la guerra de la Independencia americana. El Congreso de las 13 colonias, reunido en Filadelfia el 4 de Julio de 1776, se pronunció a favor de la Independencia de los Estados Unidos.

Las milicias americanas, faltas de entrenamiento, no pudieron resistir a las tropas a sueldo alemanas de que disponía la Gran Bretaña y los americanos perdieron Nueva York, Filadelfia y toda la costa oriental; pero en 1778 aseguró Francia su apoyo a los americanos y al año siguiente España hizo lo mismo. Holanda, por su parte, había firmado en 1778 un pacto comercial con América, que se conoció en 1780 y que provocó una declaración de guerra por parte de Inglaterra, mientras las potencias del Centro y N. de Europa se mantenían neutrales.

En aquella ocasión confirmó Inglaterra la superioridad de que gozaba por mar, obteniendo brillantes victorias como la del almirante Rodney en San Vicente sobre la escuadra española (16-I-1780) y la de la Dominica (12-IV-1782, sobre la francesa, mientras los holandeses escapaban con trabajo de un desastre análogo en Doggersbank (5-VIII-1781).

Los españoles reconquistaron el puerto de Mahón; pero Gibraltar se resistió a pesar de todos los ataques de las escuadras española y francesa reunidas, y permaneció en poder de Inglaterra. Sin embargo, con la capitulación de Yorktown (19 de Octubre de 1781) perdió Inglaterra todas las conquistas que lograra en América, y no pudo menos de aceptar la paz que se firmó en Versalles el 3 de Septiembre de 1783.

En ella se reconoció la independencia de los Estados Unidos; España recibió la Florida y Menorca, y Francia Tobago, Santa Lucía, importantes distritos de la India Oriental, Gorée y las islas de Saint-Pierre y Miquelon. Inglaterra, como única indemnización recibió Negapatam de Holanda.

Como compensación a las pérdidas sufridas en América obtuvo Inglaterra algunos importantes éxitos en la India Oriental: fueron sofocados con gran fortuna los levantamientos de los máhratas y de Haider Alí de Mysore, a quien apoyaba Francia, como también la insurrección de su sucesor Tippu Sahib.

En 1784 Tippu Sahib hubo de ceder todas sus conquistas a Inglaterra y permitir el libre comercio a los comerciantes ingleses. Esta guerra echó sobre los hombros de la Compañía de las Indias Orientales tal cúmulo de deudas, que le fue imposible atender a sus compromisos con la metrópoli, por lo cual Guillermo Pitt el Joven, que desde 1783 estaba al frente del Gobierno, llevó a cabo su plan, ya concebido de antes, de instituir una Oficina de fiscalización board of control dependiente del Estado con jurisdicción sobre dicha Compañía y sus órganos.

En 1790 estalló una nueva guerra entre Tippu Sahib e Inglaterra, la cual terminó renunciando Tippu a la mitad de su territorio y pagando una fuerte indemnización de guerra. Otra compensación para América representaron los descubrimientos hechos por James Cook en Australia.

Durante estas guerras Inglaterra se vio trabajada por dificultades de no menor importancia en el interior; la insurrección de la América del Norte despertó análogos impulsos en Irlanda. Los irlandeses reclamaban la autonomía de su Parlamento que desde 1719 estaba sometido al de Inglaterra, y la remoción de las insoportables limitaciones en materia de comercio que hacían imposible el desarrollo de la industria y la agricultura del país. El Gobierno inglés, ante la amenaza de algunos millares de irlandeses armados, dispuestos a hacer un desembarque en las costas de la Gran Bretaña, hubo de plegarse a ambas reclamaciones.

Las guerras con Francia

La Revolución francesa fue al principio saludada con aplauso por los caudillos de la oposición, Fox y Sheridan, y suscitó en Inglaterra un movimiento democrático que aunque en sus comienzos no pareció peligroso, inquietó después a Gobierno, el cual procuró ponerlo a raya con severas medidas policíacas, que obtuvieron la aprobación no solo del partido de los tories, sino también de buena parte del de los whigs y se vieron apoyadas por el más preclaro orador de la Cámara Baja, Edmundo Burke.

Confiando en la fuerza de estos adversarios de la revolución, resolvió Pitt, a raíz de la ejecución de Luis XVI (21-I-1793) presentarse en actitud francamente hostil respecto de Francia, e hizo que se diese orden a los legados franceses de abandonar la Gran Bretaña. En vista de ello, la Convención declaró la guerra a Inglaterra (1 de Febrero de 1793) y la Gran Bretaña comenzó con la Francia revolucionaria aquella larga contienda que acabó con el Imperio napoleónico y aumentó su propio poderío e influencia.

La guerra de la primera coalición contra Francia no fue venturosa por tierra; Bélgica fue conquistada por los franceses en 1794; Holanda en 1795 se convirtió en república bátava; Prusia y España aceptaron la onerosa paz de Basilea, y Austria, el 17-X-1797, firmó la de Campoformio con todas las pérdidas a ella inherentes.

Los ingleses, empero, dominaban todos los mares, y después de casi haber aniquilado, al mando de Hood y Howe, una escuadra francesa en el Mediterráneo, arrojaron a los franceses de todas las colonias de América y Asia, excepto de Cayena; quitaron a los holandeses el Cabo de Buena Esperanza, Malaca, Ceilán, Amboina, Ternate y otras islas, y si bien no pudieron impedir el desembarque de Bonaparte en Egipto, hicieron fracasar el objetivo de la empresa con la victoria de Nelson en Abukir (19 de Agosto de 1798) y la resistencia de San Juan de Acre (1799) que tan hábilmente dirigieron.

En la guerra de la segunda coalición contra Francia los ingleses y rusos, después de haber capturado la escuadra holandesa, no lograron efectuar un desembarco en el N. de Holanda.

Las potencias continentales hicieron pronto la paz con Francia, y el zar de Rusia, Pablo, irritado porque Inglaterra iba aplazando la entrega de la isla de Malta (conquistada en 1800), que le había de hace como gran maestre de la orden de San Juan, renovó la alianza de las potencias nórdicas para el mantenimiento de la neutralidad armada en los mares. En esta Liga ingresaron Suecia, Dinamarca y Rusia, pero Inglaterra respondió con un victorioso ataque contra Copenhague (2-IV-1801)

. Entre tanto, la necesidad de poner fin a un estado crónico de guerra, se hacía sentir hasta en Inglaterra, sobre todo a causa de aumento continuo de la Deuda pública. En estas circunstancias dimitió Pitt, y el Ministerio Addington se adhirió (28 de Marzo de 1802) a la paz de Amiens, en la cual Inglaterra prometió devolver todas sus conquistas a Francia, Holanda y España, excepto Ceilán y Trinidad.

Aunque habían cesado de momento para Inglaterra las guerras exteriores, persistía la causa del conflicto con Irlanda. En 1791 se había formado allí, por la influencia de las ideas francesas, una Liga de irlandeses unidos United Irishmen, que estaba en secreta inteligencia con Francia. En Diciembre de 1796 fracasó un ensayo de desembarque en Irlanda por los franceses, al mando de Hoche; pero en la primavera de 1798 estalló en los condados del N. de Irlanda una insurrección que no logró sofocarse hasta al cabo de algunos meses.

A fin de evitar en lo futuro insurrecciones análogas, en 1800 se firmó por ambos Parlamentos la unión de Irlanda con la Gran Bretaña; 22 lores irlandeses tomaron asiento en la Alta Cámara británica y 100 diputados en la Cámara Baja; el comercio y las comunicaciones entre ambos países fueron declarados libres y se equipararon los derechos políticos de ambos. En realidad, solo los irlandeses protestantes sacaron partido de este acuerdo, puesto que los católicos, que formaban una octava parte del país, quedaron excluidos de la entrada al Parlamento y del desempeño de cualesquiera cargos públicos.

La paz con Francia no fue de larga duración. Como Napoleón se permitiese injerencias totalmente arbitrarias en la política de Italia, así como en la de Suiza y Holanda, el Gobierno inglés, por su parte, retardó la entrega de sus conquistas a Francia y Holanda, conforme a lo estatuido en la paz de Amiens, por lo cual en 1803 estalló de nuevo la guerra, ocupando desde luego los franceses Hannover.

El 18 de Mayo del año siguiente se puso de nuevo Pitt al frente de los negocios y en 1805 formó la tercera coalición contra Francia, cuyos miembros recibieron abundantes subsidios de Inglaterra. Napoleón, que en 1804 había proyectado un desembarque en Inglaterra, se dirigió contra Austria y destruyó la coalición en el continente con la victoria de Austerlitz. Pero los éxitos de los ingleses por mar no fueron menos brillantes: Nelson derrotó a la escuadra hispano francesa en Trafalgar (21-X-1805) y Duckworth y Warren en 1806 aniquilaron los últimos restos de la flota francesa.

Tras de la humillación de Prusia en la paz de Tilsitt (1807) y de la inteligencia de Napoleón con el zar Alejandro I, la mayor parte de Europa se vio colocada bajo la hegemonía de Francia, e Inglaterra quedó sola. El Ministerio Grenwille-Addington-Fox, formado a raíz de la muerte de Pitt en 1806, dimitió el 24 de Marzo de 1807, dando lugar al Gabinete Portland, en el cual Jorge Canning, discípulo de Pitt y que encarnaba sus principios políticos, se encargó de los asuntos extranjeros.

El 21 de Noviembre de 1806 había Napoleón prohibido todo el comercio y tráfico con las Islas Británicas y declarado buena presa todos los géneros y barcos procedentes de la Gran Bretaña y de sus colonias. Al contestar Inglaterra con represalias, agravó Napoleón las medidas de aislamiento, organizando el llamado bloqueo continental, con el que aspiraba a anular todo el comercio de la Gran Bretaña.

Esta se desquitó por medio de un enorme tráfico de contrabando y con la captura de todos los barcos de cualquiera nacionalidad que fuesen, si estaban adheridos al sistema napoleónico. Al rechazar Dinamarca (1807) la insinuación de Inglaterra de formar con ella una alianza y llevar su escuadra a puertos ingleses, la flota inglesa bombardeó durante cuatro días (2 a 5 de septiembre) la ciudad de Copenhague, obligándola a capitular y como consecuencia de ello la escuadra dinamarquesa fue entregada a los ingleses.

Esta conducta impelió a Rusia y Dinamarca a declarar la guerra a Inglaterra, durante la cual los ingleses se apoderaron de las colonias dinamarquesas de Santo Tomás y Santa Cruz (Diciembre de 1807), así como de una escuadra rusa que se hallaba anclada en el puerto de Lisboa.

Los barcos ingleses dominaban en todos los mares, proveían a todas las partes del mundo de géneros coloniales y de productos de la floreciente industria británica y se apoderaron de las últimas colonias que quedaban a los franceses y holandeses.

Desde 1808 apoyó Inglaterra la resistencia de Portugal y de España contra la invasión francesa, ayudándola con dinero y con tropas. En esta lucha peninsular conquistó sus primeros grandes lauros el futuro duque de Wellington.

El Ministerio inglés recayó en 1809 en Perceval, y en 1812 en lord Liverpool; pero los principios y máximas de la política británica no sufrieron, en realidad, modificación alguna, ni siquiera cuando a causa de la enfermedad mental de Jorge III, el Parlamento, el 10-I-1811, encargó la regencia al príncipe de Gales. En 1812 estalló una guerra entre Inglaterra y los Estados Unidos, que fue de corta duración y no produjo resultados notables.

En el mismo año entró Inglaterra en una inteligencia con Rusia, la cual se separó del sistema continental, y en 1813, a raíz de la retirada de Napoleón de Rusia, firmó Inglaterra tratados con Rusia, Prusia, Suecia y Austria, en virtud de los cuales facilitó a estas potencias grandes subsidios contra Francia.

Por el mismo tiempo, quebrantado ya en Alemania el poderío de Bonaparte, atravesó Wellington los Pirineos, ocupó Burdeos y el 10-IV-1814 derrotó a Soult en Toulouse. No menor fue la parte que tomó Inglaterra, después de la vuelta de Napoleón de la isla de Elba, en la campaña de Bélgica de 1815, alcanzando, el 18 de Junio, con la ayuda de Prusia, la victoria de Waterloo.

Consiguientemente Inglaterra desempeñó un importante papel en las negociaciones de la paz y en las deliberaciones del Congreso de Viena. En virtud de la primera paz de París (30-V-1814) recibió la Gran Bretaña, Malta, Tobago, Santa Lucía, la Isla de Francia y las Seychelles de Francia; el Cabo de Buena Esperanza, Demarara, Essequibo, Berbice y Ceilán de Holanda y Heligoland de Dinamarca, en virtud de la segunda paz de París (20-XI-1815) se adjudicó, además, el protectorado de las islas jónicas. Los territorios de la Compañía de las Indias Orientales habían aumentado notablemente, y se había dado principio a la fundación de un Imperio colonial en Australia.

Emancipación de los católicos

A pesar de todos los éxitos exteriores y del aumento del patrimonio nacional, la vida interior del Estado adolecía de graves lacras. A fin de pagar los intereses de la Deuda, que ascendía ya a más de 800.000.000 de libras esterlinas, fue necesario aumentar los impuestos, los cuales gravaban especialmente a las clases medias, mientras que era cada día mayor el número de los obreros y proletarios excluidos del derecho de sufragio; por lo cual se manifestaba cada vez más intenso el deseo de una reforma tributaria y de la extensión del derecho electoral.

En varias localidades, sobre todo en Manchester (Agosto de 1819) se llegó a tumultos públicos, los que sofocó el Gobierno por la fuerza armada, pero cuyas causas fue impotente a hacer desaparecer. A la muerte de Jorge III (29-I-1820) se encargó de hecho del gobierno Jorge IV (1820-30), que ya no contaba con el afecto del pueblo, pero que aún aumentó la antipatía que inspiraba con el proceso de divorcio que entabló (aunque en vano) contra su esposa, Carolina de Brunswick, ante la Alta Cámara.

En el Gabinete Liverpool desempeñaba lord Castlereagh la cartera de Negocios extranjeros según los principios de la Santa Alianza, de la que Inglaterra no formaba, empero, parte. Después de Castlereagh, que se suicidó, dirigió la política de Inglaterra, Canning, quien a la muerte de Liverpool se encargó también de la presidencia del Consejo.

Canning, en su política exterior adoptó los puntos de vista de los whigs, favoreció a las colonias del S. y del Centro de América insurreccionadas contra España, como también a la independencia del Brasil, y el 6 de Julio de 1827 celebró con Rusia y Francia un convenio a favor de Grecia, a consecuencia del cual las escuadras de estas potencias, unidas entre sí, aniquilaron en Navarino a la escuadra otomana, echando de este modo el fundamento de la independencia de Grecia.

Canning murió en breve y, tras un corto Gobierno Wellington, se formó un Ministerio tory, en 1828. Con este Gabinete, de cuya gestión nadie esperaba medida alguna de reforma, surgió inmediatamente en Irlanda una violenta fermentación.

Desde 1823 existía en dicha isla una asociación católica que se había propagado por todo el país y al frente de la cual figuraba el hábil jurisconsulto, orador elocuente y popular político Daniel O'Connell quien, apoyado por el clero, en 1828, habla sido elegido miembro del Parlamento y declarado que a pesar de la ley de prueba Test Act ocuparía su puesto en el Parlamento.

Al cabo de una encarnizada y bien dirigida campaña, en que fueron tanto de admirar la tenacidad de O'Connell como el espíritu de justicia de sus adversarios (5 de Marzo de 1829) el Gobierno presentaba a la aprobación del Parlamento un bill que, anulando el juramento de prueba, abría a los católicos las puertas de las Cámaras y les franqueaba el acceso a casi todos los cargos oficiales. Con todo y la obstinada resistencia de la jerarquía anglicana, el bill de emancipación fue aprobado por el Parlamento, y el 13-IV-1829 obtuvo fuerza de ley.

Esta victoria del principio de la libertad despertó en muchos la esperanza en una completa y detenida reforma del Parlamento; pero la realización de la misma tropezó con una serie de inconvenientes que ya en tiempo de Pitt habían tratado de vencerse sin resultado alguno positivo.

Se elegían 150 miembros de la Cámara Baja, de burgos antiguos rotten boroughs que hacía tiempo que habían perdido su primitiva importancia y cuya población dependía de algunos poderosos propietarios que disponían de los puestos del Parlamento. De elección verdaderamente libre salían a lo sumo 70 miembros de la Cámara de los Comunes y en los 160 restantes apenas intervenía la voluntad del pueblo con eficacia positiva.

Ciudades había muy florecientes como Sheffield, Birmingham y Manchester, que no estaban representadas en el Parlamento. Tales deficiencias sirvieron a la oposición de motivo de ataque y al amparo de las mismas se exigió una fundamental reforma del derecho electoral.

Estaba reservado a Guillermo IV (1830-37), sucesor de su hermano Jorge IV, triunfar de este movimiento, a lo cual contribuyeron las irradiaciones de la revolución de Julio en Francia. Tras de las elecciones parlamentarias de 1830 fue derribado (15 de Noviembre) el gobierno tory, y lord Grey formó un Ministerio wigh, del cual formaban parte hombres tan eminentes como John Russell, Melbourne, Palmerston y Brougham.

El primer proyecto de una nueva ley electoral que Russell presentó el 1 de Marzo de 1831 no prosperó, pero al procederse a nuevas elecciones triunfaron los whigs y el bill de reforma, propuesto de nuevo, fue aceptado en los Comunes el 19 de Septiembre. El 8 de Octubre de 1831 lo rechazó la Cámara de los Lores dirigida por Wellington, y el proyecto solo obtuvo la aprobación cuando habiendo dimitido Grey por esta causa volvió a encargarse del Gobierno y a presentar el proyecto, que al fin fue aprobado el 4 de Junio de 1832.

En el mes siguiente se aprobaron también los proyectos de ley de reforma electoral para Escocia e Irlanda, y así quedaron eliminados los rotten boroughs, tuvo lugar un equitativo reparto de los mandatos entre las ciudades y los condados de los tres reinos, y el número de electores aumentó a casi 1.000.000, habiendo hecho uso del derecho de sufragio en los condados hasta los arrendatarios hereditarios y los temporales, y en las ciudades todos los propietarios y los arrendatarios de inmuebles de un valor mínimo de 10 libras esterlinas anuales.

Con la apertura del primer Parlamento elegido según la nueva Ley electoral (5 de Febrero de 1833) empieza una nueva época de la historia de la Gran Bretaña.

Las reformas de Pell (1833-46)

En el nuevo Parlamento tuvieron los liberales una franca mayoría, con lo cual se facilitó el camino para ulteriores medidas reformatorias, y así en 1833 tuvo efecto la abolición de la esclavitud en las colonias británicas; en el mismo año se reglamentó el trabajo o los niños en las fábricas y en 1834 se mejoró la legislación sobre los pobres. El Ministerio Grey tomó también a su cargo el arreglo de la situación de la India al expirar en 1834 el plazo del privilegio otorgado a la Compañía de las Indias Orientales.

Los enormes territorios de esta, que en 1826 se habían extendido considerablemente con ocasión de la guerra con Birmania, seguían gobernados por una entidad comercial, y en la administración se cometían abusos lamentables. Por lo mismo, en 1834, al renovarse el privilegio, se aumentaron las atribuciones de la Oficina de fiscalización montada en 1784, se suprimió el monopolio comercial de la Compañía, y los dividendos de los accionistas se normalizaron señalándoles la suma fija de 633.000 libras esterlinas.

Grandes dificultades ofreció al Gobierno la situación política de Irlanda, cuya población reclamaba que se le aligerasen las cargas que sobre ella pesaban, mientras que al propio tiempo la agitación de O'Connell tendía directamente a la disolución de la unión con Inglaterra. Grey acometió este asunto, pero al propio tiempo procuraba disminuir las cargas que sobre los irlandeses imponía la Iglesia anglicana.

Ello fue causa de disidencias en el seno del Gabinete, las cuales condujeron a la dimisión presentada por Grey en 1834. Tras un breve gobierno de los tories bajo la presidencia de Peel, en 1835 se encargó del Gobierno lord Melbourne, formando un Gabinete decididamente liberal, el cual introdujo en la Gran Bretaña una nueva ordenación o reglamento de las ciudades. El nuevo Gobierno promulgó una nueva ley de pobres y llevó a la práctica su bill de los diezmos, en virtud del cual estos fueron trasladados a los propietarios de fincas.

El 20 de Junio de 1837 murió Guillermo IV sin sucesión y le sucedió en Inglaterra su sobrina la princesa Victoria, de diez y ocho años de edad, mientras que en Hannóver, donde no podían gobernar las hembras, ocupó el trono el duque Ernesto Augusto de Cumberland.

Artículo pendiente de finalizar

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 28 págs. 1544-1559.