El Reino de Inglaterra

Historia de Inglaterra

Lista de los Plantagenet

Enrique II 1154-1189

Ricardo I Corazón de León 1189-99

Juan Sin Tierra I 1199-1216

Enrique III 1216-1272

Eduardo I [IV] 1272-1307

Eduardo II [V] 1307-1327

Eduardo III [VI] 1327-1377

Ricardo II de Burdeos1377-1399

Los Lancaster, 1399-1471

Enrique IV Bolingbroke 1399-1413

Enrique V de Monmouth 1413-1422

Enrique VI 1422-1461/1470-1471

Los York, 1461-1485

Eduardo IV [VII] 1461-70/71-83

Eduardo V del Santuario [VIII] 1483

Ricardo III de Inglaterra 1483-1485

Los Tudor, 1485-1603

Enrique VII 1485-1509

Enrique VIII 1509-1547

Eduardo VI [IX] 1547-1553

Juana Grey 1553

María Tudor 1553-1558

Isabel I de Inglaterra 1558-1603

Los Estuardo, 1603-1714

Jacobo I 1603-1625

Carlos I 1625-1649

Carlos II 1660-1685

Jacobo II 1685-1688

María II 1689-1694

Guillermo III 1689-1702 (Nasau)

Ana I 1702-1714

Los Hannover, 1714-1901

Jorge I Luis 1714-27

Jorge II 1727-1760

Jorge III 1760-1820

Jorge IV 1820-1830

Guillermo IV 1830-37

Victoria I 1837-1901

Los Sajonia-Coburgo, 1901...

Eduardo VII [X] 1901-1910

Jorge V 1910-1936

Eduardo VIII 1936

Jorge VI 1936-1952

Isabel II 1952

Enrique IV

Rey de Inglaterra, 1399-1413

Dinastía Lancaster

Biografía

Enrique IV Anónimo

Enrique IV Anónimo

Rey de Inglaterra, n. en Bolingbroke (condado de Lincoln) en 1367 y m. en Westminster en 1413. Era hijo único de Juan de Gante y de Blanca, hija de Enrique de Lancaster. Teniendo quince años contrajo matrimonio con María Bohun, y en 1385 fue hecho conde de Derby.

Dos años más tarde fue uno de los cinco lores que acusaron al conde de Suffolk y otros, y tomó parte en los debates del llamado Parlamento inexorable. Asintió, sin embargo, a la vuelta al poder de Ricardo, apoyó al rey en el golpe de Estado de 1397, y fue creado duque de Heresford. Su querella con el duque de Norfolk le condujo al destierro y, a la muerte de su padre, Ricardo le negó la sucesión a su título y herencia (1398).

Al siguiente año se aprovechó de la ausencia de Ricardo, ocupado en Irlanda, para reivindicar sus derechos. Desembarcó en el condado de York, tomó a Bristol, y se apoderó de Ricardo en las cercanías del castillo de Conway.

En un Parlamento que se reunió en Septiembre de 1399, reclamó el trono basándose en ser descendiente de Enrique III, en el derecho de conquista y en la necesidad de reformas. El parlamento aceptó su reclamación; Ricardo se vio obligado a abdicar, y Enrique fue coronado el 13-X-1399.

El último de los tres fundamentos de la explicación de su política, le había conquistado el favor de la Iglesia, rompiendo lanzas en pro de la ortodoxia; las circunstancias de su accesión al trono y las dificultades de su gobierno le obligaron a hacer concesiones a la Cámara de los Comunes, concesiones que elevaron aquel cuerpo a una situación de que no volvió a disfrutar en el transcurso de los siglos.

La primera parte de su reinado la ocupó sofocando las revueltas, no solo del partido vencido, sino de los descontentos del suyo. Estos disturbios iban complicados con hostiles relaciones con Francia, Escocia y Gales. Carlos VI se sentía inclinado a volver por los fueros de su hija Isabel, esposa de Ricardo II, y a la muerte de este último (1400) la reclamó, con su dote.

El duque de Albany, en Escocia, era hostil a Enrique, y Owen Glendowen acaudillaba una insurrección nacional en Gales. La primera tentativa fue hecha a principios del año por los condes de Ricardo, pero sus planes fueron descubiertos y sus fuerzas destrozadas. Muchos de los jefes cayeron víctimas de la venganza popular. Más seria fue la rebelión de los Percy (1403), hasta entonces firmes sostenes de Enrique.

Pero la vigilancia y la actividad de Enrique estaban a la altura de las circunstancias. Hizo fracasar un complot que tenía por objeto el apoderarse del joven conde de March (1405), y sofocó una nueva sublevación en el norte. Scrope, arzobispo de York, y Mowbray, gran mariscal, que acaudillaba a los rebeldes, fueron hechos prisioneros y decapitados.

El papa Gregorio XII, al oír la nueva, excomulgó a los culpables. Se dice que Enrique le remitió la armadura de que Scrope llevaba en el combate, preguntando al pontífice si era aquella la túnica que llevaba su hijo. El papa comprendió la alusión, y se contentó con responder: No sé si es la túnica de mi hijo; lo único que sé es que una bestia feroz lo ha devorado.

El rey tenía ya en su poder al hijo del duque de Albany; después se apoderó de Jacobo, el pretendiente a la corona de Escocia, y el asesinato del duque de Orleáns le quitó de en medio al peor enemigo que tenía en Francia.

Esta última crisis, sin embargo, le había puesto en la dura necesidad de hacer nuevas e importantes concesiones a la Cámara de los Comunes. Había prometido (1407) gobernar con la anuencia de un Consejo nombrado con su aprobación, sometiendo a su criterio la lista civil, con otras limitaciones. Durante todo su reinado se vio asediado `por la falta de dinero y, como quiera que el parlamento ejercía el derecho de votar créditos extraordinarios, este derecho daba a aquella corporación gran ascendiente sobre sus acciones.

Había subido al trono como el campeón de la ortodoxia. Así tenía que pagar a la Iglesia ciertas rentas estipuladas, y que ciertos autores dicen que esta las gastaba persiguiendo a los loliardos. Los comunes, en cambio, eran de parecer que la propiedad de la Iglesia debía servir para los intereses del Estado.

Con estas limitaciones, su política exterior no pudo ser enérgica. A duras penas, al comenzar su reinado, pudo defender las costas, y aun cuando después aprovechó la oportunidad de la guerra civil para invadir la Francia (1411), sus esfuerzos, en general, se redujeron a reforzar su dinastía por medio de casamientos extranjeros.

En sus últimos años, apenado por una enfermedad crónica (no la lepra, como se ha asegurado), confió con frecuencia en su hijo, con el cual, por otra parte, no estaba siempre en las mejores relaciones. Fundó la orden del Baño, y le gustaba alternar con la gente letrada. De su primera mujer, María Bohun tuvo seis hijos: Enrique, que le sucedió; Tomás de Clarence; Juan, duque de Bedford; Hunfredo, duque de Gloucéster; Blanca, que casó con el conde palatino del Rhin, y Felipa, reina de Dinamarca.

Era un hombre precavido, astuto y resuelto, inclinado por naturaleza a la bondad y la clemencia, pero en ocasiones cruel y poco escrupuloso. Consiguió dar cima al gran proyecto de su vida y comprendió que el poder que había usurado solo podía mantenerlo sobre una base constitucional.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 54-55.

Enrique V

Dinastía Lancaster

Biografía

Enrique V Anónimo

Enrique V Anónimo

Rey de Inglaterra, 1413-1422. La leyenda ha hecho de Enrique V un héroe teatral. Piadoso, justo, magnánimo, valeroso, protector del comercio, fundador de la marina inglesa, Enrique V es sobre todo el hombre de Azincourt, el conquistador de París, el rey que estuvo a punto de realizar la unidad monárquica entre Francia e Inglaterra, el gran sueño de Eduardo III.

Realmente, Enrique V no poseyó las cualidades caballerescas de este soberano; pero tuvo una gran ambición, servida por un sentido práctico muy eficiente y unas dotes de estadista poco comunes.

Desde 1408 Enrique V desempañaba el gobierno de Inglaterra. Su padre, el primer Lancaster en el trono inglés, padecía una grave enfermedad que le imposibilitaba ejercer el poder. El príncipe Enrique, que había nacido en Monmouth el 19-VIII-1387, tenía entonces veintiún años. En 1398 había sido constituido rehén de Ricardo II, y al año siguiente, al triunfar Enrique IV, fue proclamado príncipe heredero.

Este cambio súbito de fortuna había impreso profundas huellas en su temperamento voluntarioso. Quería reanudar la política de expansión francesa de los Plantagenet. En 1411, auxiliado por sus tíos, los Beauforts, había iniciado relaciones con los Borgoñas, opuestos a los Valois. Esta orientación fue contrariada en 1412 por su padre, el canciller Arundel y su hermano Tomás, los cuales preferían apoyar el bando de los Orleáns.

Ya en 1411 Enrique había pretendido hacer abdicar a su padre, sin lograrlo. Cuando este murió el 20-III-1413, quedaba expedito el camino para la realización de sus proyectos. Antes de lanzarse sobre Francia, dividida por las luchas entre los Borgoñas y los Armañacs, Enrique V puso término a la guerra civil, pacificando los espíritus de la nación. El único peligro grave al que tuvo que hacer frente fue el de los lollardos, los seguidores de Wicleff, una de cuyas revueltas fue sofocada sin contemplaciones en enero de 1414.

Robustecida la autoridad moral de la monarquía, Enrique V brindó a la nobleza los campos de batalla de Francia. Anudó relaciones con Juan Sin Miedo de Borgoña, obtuvo subsidios del Parlamento y mandó una embajada a Carlos VI de Francia para exigirle que depusiera su corona.

El 10-VIII-1415 se embarcó con su ejército para Francia y el 25 de octubre infligió a las tropas francesas la sangrienta derrota de Azincourt. Este paso, inicial, fue seguido por la caída de Ruán en su poder (1419) y el asesinato de Juan Sin Miedo en Montereau, que Enrique V utilizó sabiamente.

Después de varios meses de negociaciones, Enrique fue reconocido heredero y regente de Francia por el tratado de Troyes de 21-V-1420. Poco después se casaba con Catalina, hija de Carlos VI. En la cumbre de su poder, cuando la conquista de Francia parecía segura y ya se preocupaba de renovar los hechos heroicos de Godofredo de Bouillón en Palestina, Enrique V contrajo una graves dolencia en el sitio de Meaux, que le llevó a la tumba el 3-VIII-1422 en Vincennes.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 184-185.

Enrique VI

Dinastía Lancaster

Fin de la Dinastía.

Biografía

Enrique VI Anónimo

Enrique VI Anónimo

Rey de Inglaterra, 1422-1461. Hijo único de Enrique V y de Catalina de Francia, hija de Carlos VI, n. en Windsor el 6-XII-1421 y m. en Londres en 21-V-1471. Tenía ocho meses a la muerte de su padre, y en aquel entonces, aun cuando los ingleses habían perdido algún terreno en Francia, su posición, al continuar el duque de Bedford la campaña de su hermano, era bastante favorable.

Inglaterra poseía el centro y el norte de Francia, mientras la Borgoña dominaba las provincias occidentales. Las buenas relaciones entre Inglaterra y Borgoña se habían entibiado un tanto, pero Bedford pudo conciliar las diferencias, y después de renovar la antigua alianza, puso sitio a Orleáns, la llave del Mediodía de Francia.

La entrega de la plaza parecía inminente, cuando aparece Juana de Arco. Los ingleses tuvieron que levantar el sitio de Orleáns (1429), y a este fracaso sucedieron otros y la coronación de Carlos VII en Reims. La captura de Juana no influyó lo más mínimo para los intereses de Inglaterra, pues el espíritu que había inculcado sobrevivió a su pérdida, y su infame suplicio (Mayo de 1431) fue un nuevo acicate para despertar el patriotismo francés.

Inglaterra iba careciendo de hombres y dinero, mientras que en Francia iban apareciendo nuevos generales poco inclinados a que repitiesen los desastres de Crécy y Azincourt. La muerte de la esposa de Bedford (1432) rompió el último lazo que tenía la Borgoña con Inglaterra, y comenzaron las negociaciones para la paz. Estas tomaron cuerpo en el gran Congreso de Arras (VII-1435), pero las reclamaciones de las dos naciones eran harto incompatibles, y se reanudó la guerra.

La muerte de Bedford (IX-1435) fue el golpe final para la causa de los invasores. Borgoña hizo inmediatamente la paz con Carlos VII, y los generales que sucedieron a Bedford fueron constantemente derrotados. París cayó en poder de los franceses y la Normandía fue invadida. Las negociaciones para la paz se reanudaron a intervalos, conduciendo en 1444 a una tregua, durante la cual Enrique contrajo matrimonio con Margarita, hija de Renato de Anjou.

Se concibió la esperanza de que este enlace, junto con la cesión de Anjou y el Maine, conduciría a una paz permanente, salvándose la Normandía y la Guyena. Pero aun cuando las primeras dos provincias se entregaron en 1448, la tregua fue violada en 1449, y a fines de 1450 la Normandía era francesa. En 1451 le cupo la misma suerte a la Guyena, y en 1453 solo la plaza de Calais quedaba en posesión de los ingleses. Así terminó aquella desastrosa campaña.

Fin de la Dinastía.

La coronación del soberano inglés en Westminster, celebrada el 6-XI-1429, pasando ahora a los negocios de orden interior, puso término a la regencia de Belford y Gloucéster, pero no a las intrigas de este último. La Cámara de los Comunes no podía intervenir con prácticos resultados; los lores militaban en los opuestos bandos. La muerte de Belford privó al rey de la única garantía de paz y Gloucéster atacó a Beaufort con más violencia que lo había hecho antes de la muerte de su hermano.

Enrique alcanzó su mayoría de edad (1442) en medio de aquellas turbulencias. Incapaz para dominarlas, dejó las riendas del poder en manos del cardenal Beaufort y del conde Suffolk, que hicieron cuanto estuvo de su parte para asegurar la paz con Francia.

Los duques de Gloucéster y York capitaneaban la oposición, invocando el socorrido tema de las reformas, con el objeto de infundir vigor tanto en la política doméstica como en la exterior. Suffolk había ganado mucho terreno concluyendo la tregua con Francia (1444), y por medio de la reina Margarita, cuyo casamiento era obra suya, había adquirido gran ascendiente sobre el rey.

La sospechosa muerte de Gloucéster(1447), seguida en seis semanas por la de su rival Beaufort, junto con el nombramiento de York para el gobierno de Irlanda, dejaba a Suffolk dueño de la situación.

Pero esto no podía ser durable, dado el odio que siempre acompaña a los favoritos, y el completo fracaso de su política exterior precipitó su caída (1450). El rey intentó en vano salvarle, y sus esfuerzos le acarrearon la impopularidad, en tanto que las parciales concesiones hechas a las reclamaciones de los rebeldes, con Jacobo Cade a la cabeza, únicamente sirvieron como un compás de espera en la inevitable tempestad que se cernía sobre la corona.

Cuando la completa pérdida de Francia hubo agotado la paciencia del pueblo, y el nacimiento de un heredero hizo perder toda esperanza de un cambio de dinastía, aprovechando el de York una ligera indisposición mental del rey, reclamó el protectorado (1453). Se le concedió al siguiente año, pero habiendo el rey recobrado la razón en 1455, tuvo que resignar el poder.

Irritado el duque por este acontecimiento, se pudo al frente de sus parciales, y en la batalla de Alhans (V-1455), comenzó la famosa guerra de las Dos Rosas. Durante los cuatro años de ficticia calma que siguieron a esta primera colisión, Enrique hizo cuanto pudo para mantener la paz, pero todos sus esfuerzos fueron vanos.

Al reanudarse la lucha y cuando los yorkistas ganaron la batalla de Northampton, se vio obligado a celebrar un convenio, mediante el cual su hijo quedaba excluido de la sucesión, y York era reconocido como heredero al trono (1460). El compromiso fue de corta duración. York perdió la vida en los campos de Wa Kefield, pero su hijo se apoderó de la corona y fue proclamado rey con el nombre de Eduardo IV (III-1461).

La batalla de Towton puso término a la lucha durante un periodo de diez años, y la captura de Enrique en 1465 pareció asegurar el trono a Eduardo. Cinco años después una súbita revolución le arrebató la corona, que pasó al prisionero durante poco tiempo, y definitivamente, la batalla de Banet destruyó sus esperanzas para siempre.

El desgraciado Enrique vivió lo suficiente para saber que su hijo había muerto en Towkesbury, y que su esposa estaba prisionera y que su causa se había perdido. Amable, bueno y generoso, lleno de buenas intenciones, entusiasta por la causa de la religión y de la enseñanza, carecía en absoluto de las cualidades indispensables en un soberano de su época, y esta incapacidad la pagó cruelmente con una muerte desgraciada y la ruina de su dinastía.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 56-57.

Eduardo IV [VII]

Dinastía York

Biografía

Eduardo IV Anónimo

Eduardo IV Anónimo

Rey de Inglaterra, 1461-1483. Monarca típico de la gran crisis política inglesa conocida con el nombre de guerra de las Dos Rosas. Eduardo IV (VII según otros autores), fue rey de un bando y no de una nación. Sin embargo, supo granjearse una popularidad notable entre los ciudadanos de Londres por sus modales amables (actitud política) y la protección que en todo momento prestó a los intereses mercantiles de la ciudad. Debido al carácter enconado de la guerra civil, fue severo, aunque no cruel.

Como hombre del Renacimiento, implantó en Inglaterra el primer tipo de monarquía despótica que conoció aquel reino y que luego habían de ampliar los Tudor. Su juventud transcurrió en un ambiente de intrigas, aventuras y batallas. Hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, nació en Ruán el 28-IV-1442, y se educó en la residencia de Ludlow, en Inglaterra, de la que tuvo que fugarse cuando, habiéndose iniciado la guerra de las Dos Rosas entre los partidarios de Enrique VI Lancaster y los de su padre, este fue derrotado en Ludlow el 13-X-1459.

Al año siguiente acompañó a su primo y tío, los barones de Salisbury y Warwick, en la empresa que terminó con la victoria de Northampton (10-VII-1460). Después de este éxito, su padre fue reconocido sucesor de Enrique VI; pero al cabo de pocos meses, fue sorprendido y muerto en la acción de Wakefield (30-XII). Reaccionando con rapidez, Eduardo reunió un ejército que, a su vez, obtuvo la victoria sobre los lancasterianos en Mortimer´s Cross (2-II-1461).

Aclamado por los londinenses, fue elegido rey por los yorquistas el 4 de marzo siguiente. Ratificó este título en los campos de batalla de Towton, donde el 28 del mismo mes logró el éxito decisivo. Triunfaba la rosa blanca de los York. Pero la victoria sobre el bando de los Lancaster había convertido al joven monarca en tutelado de Warwick, el fautor de reyes. A pesar de la coacción moral y material de su primo, Eduardo logró poco a poco sacudirse su influencia.

Paso decisivo fue el enlace con Isabel, hija de Ricardo de Woodville, que el prestó el auxilio de esta poderosa familia (1464). Cinco años más tarde, el rey rompía con Warwick. Este, aliado con el duque de Clarence, hermano de Eduardo IV, logró apoderarse de la persona del monarca en Middleham (1469). Seis meses después, Eduardo huía de Inglaterra, mientras Warwick restituía en la corona a Enrique VI.

Refugiado en la corte de su cuñado Carlos el Temerario de Borgoña, Eduardo IV obtuvo de este recursos y subsidios para rescatar el trono. En marzo de 1471 desembarcó en Inglaterra, donde derrotó a Warwick en Barnet (14 de abril) y a los lancasteristas en Tewkesbury (14 de mayo). En aquella batalla murió Warwick, y en esta el príncipe Eduardo, hijo de Enrique VI, quien a su vez pereció el 21 de mayo a manos, probablemente del duque de Gloucester.

Desembarazado de sus rivales y sin nadie que pudiera disputarle el trono, Eduardo IV gobernó con mano enérgica hasta el 8-IV-1483, en que murió de dolencia natural en Westminster. Durante esta etapa de su reinado fue subvencionado con largueza por Luis XI de Francia, contra quien había sostenido una pequeña guerra en 1485 con motivo del apoyo que él prestaba a la causa de Carlos el Temerario.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 188-189.

Eduardo V [VIII]

Dinastía York

Biografía

Eduardo V (Eduardo VIII, según otros autores). Rey de Inglaterra, 1483, n. en Westminster y m. en la Torre de Londres (1470-1483). Era hijo de Eduardo IV. El duque de Gloucester, Ricardo, hermano de Eduardo IV, hizo declarar bastardos a los hijos de este, Eduardo V y Ricardo, duque de York, encerrándolos en la Torre de Londres, en la que murieron asesinados según la creencia más general.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 pág. 104.

Ricardo III

Dinastía York

Biografía

King Richard III

Ricardo III Anónimo

Rey de Inglaterra, 1483-1485. Personaje digno —como lo fue— de servir de héroe a una de aquellas espeluznantes tragedias de Shakespeare que rezuman sangre a cada acto. Ricardo III era un hombre violento, cruel, apasionado y brutal. No tenía ninguna clase de escrúpulos, y ponía todas sus cualidades y defectos al servicio de un objetivo, posiblemente elevado, pero ya manchado por los medios ilícitos de que se había valido para conseguirlo.

Fue Ricardo III quien dio el golpe de muerte a la causa de la casa de los York en la guerra de las Dos Rosas, causa que en definitiva era la suya propia.

Ricardo III, era en efecto, hermano de Eduardo IV, y, por lo tanto, hijo de Ricardo de York y Cecilia Neville. Había nacido en Forheringhay el 2-X-1452 y había seguido los avatares de su familia. Huido de Inglaterra en febrero de 1461 después de la segunda batalla de San Albans, regresó a la patria cuando su hermano logró el triunfo de Towton en el transcurso del mes de marzo del mismo año.

Entonces recibió el título de duque de Gloucester. Empezó a distinguirse en la vida política en 1470 y 1471, cuando apoyó; a Eduardo IV contra los manejos del conde de Wrawick. Los historiadores que le son adversos, le acusan de haber asesinado al joven Eduardo de Gales después de la batalla de Tewkesbury y de haber presenciado el asesinato de Enrique VI de Lancaster en la torre de Londres el 21-V-1471.

Con la prosperidad de la casa de York, Ricardo ocupó un lugar destacado en la vida pública del país. En 1480 fue nombrado lugarteniente del Norte de Inglaterra y en 1482 acaudilló una invasión victoriosa en Escocia. Su gobierno fue bueno. Pero las malas lenguas le acusaban de haber intervenido en la muerte de su hermano, el duque de Clarence (1478), con quien se había disgustado a propósito de la herencia de los Nevilles.

A la muerte del rey Eduardo IV (9-IV-1483), Ricardo se apoderó del gobierno de Inglaterra por un golpe de audacia. El 29 de abril, auxiliado por el duque de Buckingham, se adueñó de la persona de Eduardo V, muchacho de pocos años, y se declaró su protector.

En apariencia el golpe había sido lanzado contra los Woodvilles; en realidad, Ricardo trataba de llegar a la monarquía. Poco después se desembarazó violentamente de sus adversarios (Hasting, Morton, Stanley, Rivers y Grey), hizo declarar por el Parlamento la ilegalidad del matrimonio de Eduardo IV (25-VI), y se coronó rey (6-VII-1483). Pero todavía quedaban los dos hijos de Eduardo IV, Eduardo V y Ricardo. Su tío, llegando al colmo de lo desalmado, mandó asesinarlos en la Torre (agosto).

Estos atropellos levantaron un clamor de odio general. Muy pronto se reflejó este ambiente en la rebelión del duque de Buckingham (1484), que fracasó, pero cada vez era más pujante el sentimiento popular en favor de Enrique Tudor.

Este desembarcó en Inglaterra, y le infligió una derrota decisiva en Bosworth, el 22-VIII-1485. Ricardo murió en la batalla, luchando bravamente. La cita histórica relativa a un reino por un caballo no parece, pues, adecuarse a la realidad.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 189.

Enrique VII

Dinastía Tudor

Biografía

Henry Seven England

Enrique VII Anónimo

Rey de Inglaterra, 1485-1509, fundador de la dinastía Tudor, hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond, y de Margarita de Beaufort, hija única de Juan, duque de Somerset, y heredera de Juan de Gante; su abuelo, sir Owen Tudor, caballero galés, había casado con Catalina de Francia, viuda de Enrique V, y descendía de los antiguos reyes bretones.

Este apellido vino a ser el nombre de la línea de reyes por el fundada. N. en el castillo de Pembroke el 28-I-1457 y m. en Richmond el 21-IV-1509. Al ocurrir la completa destrucción de los lancasterianos, especialmente después de que Ricardo hubo conquistado el trono haciendo desaparecer a sus sobrinos, Enrique, con el nombre de conde de Richmond, aparece como el alma de la oposición.

Desde Francia a Bretaña, donde se había desterrado, no cesó un solo momento en preparar la caída de Ricardo, haciendo después una expedición a Inglaterra con el objeto de prestar ayuda a la infructuosa tentativa de Buckingham. La creciente impopularidad de Ricardo, contribuyó a que una segunda tentativa diese los resultados apetecidos. Desembarcó en Milford Haven para aprovechar la buena voluntad de sus partidarios de Gales; se internó hacia el condado de Leicéster, y en Bosworth derrotó a Ricardo, el cual pereció en la batalla, terminando así la guerra de las Dos Rosas (1485).

Poco tiempo después contrajo matrimonio (1486) con Isabel, hija de Eduardo IV, y las dos familias rivales quedaron unidas. Pero Enrique no era de los llamados a gozar pacíficamente de la corona.

En 1487 apareció en Waterford (Irlanda) un jovencito de diez años que decía ser Eduardo de Warwick, el hijo de Clarence, jefe de la casa de York; fue coronado con el nombre de Eduardo [VI] en la catedral de Dublín; los Fitgerald y el conde de Lincoln abrazaron su causa y le proporcionaron un ejército que desembarcó en 4-VI en Foudray.

Enrique VII mostró al verdadero Warwick encerrado en la Torre para demostrar la impostura. Después marchó contra los invasores irlandeses, a los cuales encontró en Stoke-upon-Trent (16-VI), derrotándolos, haciendo en ellos una carnicería, y perdonando únicamente al impostor, que cayó prisionero.

La cuestión de los impuestos sublevó de nuevo los ánimos, y otro impostor, un cierto Perkin Warberck, diciéndose hijo de Eduardo IV, salvado de los asesinos de la Torre, desembarcó en Irlanda, pidiendo a los yorkistas los condados de Kildare y de Desmond.

Tras varias peripecias el pretendiente fue derrotado y hecho prisionero, y en 1499 ejecutado. Entonces se llevó a cabo una de las muchas infamias políticas que la historia registra. El verdadero Warwick, prisionero en la Torre desde el advenimiento de los Tudor, fue decapitado por razones de Estado. Todas estas agitaciones molestaron el reinado de Enrique VII pero no hicieron vacilar su trono.

Empuñó con firme mano las riendas del gobierno; tuvo muy bien cuidado en poner a raya la nobleza, casi aniquilada por las guerras civiles, siguiendo así la política de Eduardo IV; les cercenó el derecho de mantener en pie de guerra tropas dispuesta a seguir al señor donde les pluguiese, y aseguró, por todos los medios posibles, su autoridad real sobre los demás poderes.

Enrique era un gobernante pensador y parsimoniosos; evitaba la guerra en cuanto le era posible, prefiriendo obtener por la diplomacia lo que otros príncipes conseguían por la fuerza, y todos sus conatos se encaminaron a conservar el trono y a amontonar oro. Sus dos expediciones a Francia no tuvieron más móvil que la codicia. Esta era tan extremada, que desenterró impuestos abolidos, cuyo no cumplimento implicaba multas importantes que iban a henchir las arcas reales.

En esta impopular gestión le ayudaron implícitamente los tan famosos como aborrecidos abogados Empson y Dudley. Su reinado se señaló asimismo por la conclusión de dos casamientos que habían de tener gran influencia en la historia de Inglaterra.

Su hijo Arturo contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero habiendo muerto poco después de su enlace, la infanta permaneció en Inglaterra, prometida a Enrique, segundo hijo de Enrique VII, aun cuando las nupcias no tuvieron lugar hasta la accesión al trono del heredero.

El otro enlace fue el de la princesa Margarita con Jacobo IV de Escocia (1503), cuyo resultado fue la unión de las coronas antes de los cien años. Se dice que Enrique dejó al morir, una fortuna de 2.000.000 de libras esterlinas a su heredero. En medio de su avidez y de su astucia, no puede negarse que consolido el poder real y apaciguó el reino después de una larga serie de desórdenes.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 57-58.

Eduardo VI [IX]

Dinastía Tudor

Biografía

Eduardo VI (Eduardo IX, según otros autores). Rey de Inglaterra, 1547-1553, hijo de Enrique VIII y de Juana Seymour, n. en 1538 y m. en 1553, contando nueve años al subir al trono. Por tal razón se constituyó un consejo de regencia, a cuyo frente estaba el tío del monarca, conde de Hertfort, y más tarde duque de Sommerset. Este inauguró una era de impiedad que ocasionó la destrucción de imágenes y dio lugar a otros actos impíos.

Los hermanos Ket capitanearon un motín en Norfolk por haberse clausurado los concejos comunales. Sommerset fue destituido del protectorado que ejercía, y más tarde fue ejecutado (1552), sucediéndole Warwick en la confianza del monarca. Warwick obtuvo el título de duque de Northumberland, y continuó la persecución religiosa iniciada por Sommerset.

Por consejo suyo, el monarca dejó la corona a Juana Grey, nieta de Enrique VIII, de modo, que solo fue rey desde 1547 hasta 1553. Sin que su autoridad fuese apenas respetada, asistió a las querellas de los ambiciosos y a las luchas de los sectarios que se disputaban el poder, luchas que el joven monarca miraba con indiferencia, dejando morir en el patíbulo a los vencidos.

En este reinado Inglaterra, cismática desde Enrique VIII, se hizo protestante, acusándose la personalidad del monarca por su entusiasmo por la Reforma, que le valió una larga epístola de Calvino.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 págs. 105-106.

Juana Grey

Dinastía Tudor

Biografía

Nació en 1537 en Bradgate, Leicestershire, reina de Inglaterra durante el periodo comprendido entre los días 10 y 19-VII-1553, bisnieta de Enrique VII.

Tomás Seymour, hermano del duque de Somerset, que la había tomado bajo su cuidado, pensaba casarla con su primo Eduardo VI. Posteriormente John Dudley, duque de Northumberland, la hizo servir de instrumento político y la casó, en 1553, con su hijo Guilford. Intentó que Eduardo VI, moribundo la designase como heredera.

Se la proclamó reina el 10-VII-1553, pero el 19 la reacción legitimista triunfó; subió al trono María Tudor, y Juana fue encarcelada. Al año siguiente fue condenada a muerte, junto con su marido y su padre, por haber participado este último en la rebelión de WyatR.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6159.

María I Tudor

Dinastía Tudor

Biografía

María Tudor, por Antonio Moro.

María Tudor, por Antonio Moro.

Reina de Inglaterra, 1553-1558. Su vida y su gobierno tuvieron un supremo objetivo: la restauración del catolicismo en Inglaterra. Durante cinco años, de 1553 a 1558, la hija de la reina Catalina de Aragón, la primera esposa de Enrique VIII, luchó con tenacidad inquebrantable para deshacer los errores del Cisma inglés, ampliados durante el reinado de Eduardo VI por la política del duque de Somerset.

Para ello se apoyó en las grandes masas católicas del campo, en particular en la gloriosa clase de los propietarios libres, los yeomen. Pero no supo apreciar el poder naciente y la fuerza de oposición de los burgueses de las ciudades del Sur, ni las ambiciones que mantenían vinculados a los nobles a la política de secularización decretada por Enrique VIII.

Por esta causa, su obra de restauración católica no fue duradera. Pese a los ataques de que ha sido objeto su figura por los historiadores protestantes ingleses, María Tudor merece el respeto de la posteridad por la nobleza de sus miras y la santidad de su propósito.

Desde luego, en la vida de María de Tudor pesan el agravio de que fue objeto su madre y la tristeza con que se desarrolló la mayor parte de su juventud. Nacida en Greenwich el 18-II-1516, su padre la consideró como un peón en el juego de su política internacional. Sucesivamente la prometió al delfín de Francia, Enrique II (1518), al emperador Carlos V (1521) y al duque de Orleáns (1527). En 1525 fue proclamada princesa de Gales, y en calidad de tal residió en Ludlow.

Cuando se planteó el divorcio entre sus padres, María siguió a su madre en la desgracia. En 1532 fue separada de ella y educada junto a su hermanastra Isabel. La tierna jovencita, profundamente católica, tuvo que sufrir los rigores de Ana Bolena y la animadversión de Enrique VIII. Tantos sufrimientos la llevaron en 1535 al borde del sepulcro. Luego su espíritu pareció resignarse a lo inevitable: después de varios años de lucha, admitió su condición de hija ilegítima y la supremacía de Enrique VIII sobre la Iglesia.

Sufrió en la intimidad de sus arraigadas convicciones católicas la política persecutoria y filocalvinista practicada por los dos regentes de Eduardo VI. Cuando este murió, el 6-VII-1553, el duque de Nothumberland pretendió dar la corona de Inglaterra a Juana Grey. Pero los partidarios de María la llevaron en triunfo a Londres, donde entró el 3 de agosto.

Los primeros actos de su gobierno indicaron la dirección de sus propósitos: Cranmer fue encarcelado y Gardiner nombrado lord canciller. El 6 de agosto, a petición de la reina, Julio III nombraba legado pontificio en Inglaterra al cardenal Reginaldo Pole, hijo de la condesa de Salisbury, institutriz de María, y compañero de juegos infantiles de la soberana.

A pesar de que el gobierno de María Tudor deseaba la restauración rápida del catolicismo, la reina, influida por Carlos V, no quería adoptar ninguna medida que desatara la guerra civil. La conjuración de Tomás Wyatt, que estalló en febrero de 1554 y amenazó seriamente el trono de María, no tuvo más consecuencias que la ejecución de Juana Grey.

Poco después, el 25-VII-1554, María Tudor contraía matrimonio con Felipe, heredero de la corona de España. Para su esposo, mucho más joven que ella, la reina concibió el único y grande amor de su vida. Pero Felipe no intervino en ninguna de las futuras medidas de represión, antes bien siempre aconsejó prudencia y templanza. Así pudo llevarse a la práctica la reanudación de la relaciones con Roma, a base de reconocer la confiscación de los bienes religiosos efectuada por Enrique VIII. El 23-I-1555 el Parlamento derogaba las leyes y estatutos promulgados contra la Iglesia católica desde los tiempos de aquel rey.

El 29-VIII-1555 Felipe se embarcaba para el continente. Gracias a su intervención personal había logrado moderar la reacción que se había dibujado desde le mes de enero anterior, cuando se restableció la vieja legislación contra herejes. María, alejado su esposo, se dejó resbalar por la pendiente de la represión. Durante este periodo murieron trescientos defensores del anglicanismo, número reducido para otorgar a María el dramático epíteto de bloody, con que la designa la historia de Inglaterra.

En marzo de 1557 regresó Felipe a la isla. Elevado a la corona de España, obtuvo de María la participación de su país en la guerra contra Enrique II de Francia. En su transcurso los ingleses perdieron la última plaza que les quedaba en el continente, la de Calais.

Esta lucha, muy impopular en Inglaterra, aumentó la amargura de la reina. Roída por una enfermedad incurable, murió en Londres, el 17-XI-1558, a la edad de cuarenta y dos años. La historia ha tendido un velo compasivo sobre María la Desgraciada.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 261-262.

Isabel I

Dinastía Tudor

Biografía

Elizabeth I Rainbow Portrait

Retrato de Isabel I de Inglaterra por Isaac Oliver

Reina de Inglaterra, 1558-1603. Nacida en Greenwich (Londres) el 7-IX-1533, fue el único fruto que sobrevivió de los amores de Enrique VIII y Ana Bolena. No nació con buenos auspicios. Su sexo disgustó a sus padres. Al cabo de tres años, la cabeza de su madre rodaba en el patíbulo y la niña era declarada ilegítima.

Sin embargo, a la muerte de Juana Seymour, el parlamento inglés aprobó una ley sucesoria determinando la sucesión de Isabel después del príncipe Eduardo y de su hermana María. Bajo la influencia de Catalina Parr, se humanizaron las costumbres de la corte de Enrique VIII, de modo que Isabel creció en un ambiente menos frío que hasta la fecha.

Muerto su padre en 1548, la princesa tuvo que defenderse de las acechanzas puestas a su doncellez por lord Seymour, hermano del protector Somerset, casado con la viuda de Enrique VIII.

Más tarde fue objeto de las intrigas del duque de Northumberland, quien, no hallando a Isabel suficientemente puritana, quiso dar el trono de Inglaterra a lady Juana Grey, en detrimento de sus derechos y de los de su hermana María. Por esta causa, figuró al lado de esta cuando en 1553 entró triunfalmente en Londres apoyada por las armas de sus partidarios.

No obstante, la política católica practicada por María no pudo menos de ponerla en evidencia, en particular cuando se convirtió en esperanza de los conspiradores y fue objeto de algunas negociaciones diplomáticas por parte de Francia. En resumidas cuentas, fue encerrada en la Torre de Londres en marzo de 1554. Pero no corrió la suerte de Juana Grey. a los pocos meses se le devolvió la libertad. Residió algún tiempo en Woodstock, casi un año en la corte y, por último, se estableció en Hatfield (1555) donde aguardó el fin del reinado de su hermana.

El 17-XI-1558, a la muerte de María, Isabel fue proclamada reina de Inglaterra. Era y se sentía profundamente inglesa, aunque en ella pesara la influencia renacentista e italianizante de sus tutores y maestros. Respecto a los problemas religiosos, tan candentes en aquella época, era más bien escéptica.

Creía firmemente en la necesidad de una Iglesia uniforme y centralizada, que coadyuvara a la acción del Estado. Pero desde los tiempos de su padre se habían producido demasiados hechos para que fuera posible una simple vuelta al pasado, como se había demostrado bajo María.

Por otra parte, ante la sumisión a Roma, representada por la reina de Escocia María Estuardo, que en 1561 regresó a su país, y la reforma democrática y antiabsolutista de Ginebra, Isabel se inclinó poco a poco hacia la fórmula anglicana, la cual defendía sus intereses, respondía más o menos a su educación y satisfacía a la parte más influyente de Inglaterra.

Su consejero religioso, Matías Parker, le aconsejó la vía media, la restauración, no la innovación, y ella se amoldó a ese criterio. En 1559 fue nombrado —gobernadora suprema— de la Iglesia anglicana, mitigando los términos del Acta de Supremacía de 1532, y al mismo tiempo se restablecía el Common Prayer Book de Eduardo VI, aunque se otorgaban varias concesiones a los católicos.

A pesar de esta afirmación de la actitud anglicana, la política de Isabel durante los años iniciales de su reinado continuó manteniéndose en el marco de la alianza con España. Los tratos con los gueux holandeses y los hugonotes de Francia fueron, hasta 1570, meros devaneos de política internacional.

Lo que enfrentó Isabel con Felipe fue la oposición de los intereses de los mercaderes de Londres y Bristol y el monopolio comercial ejercido por España en América; la necesidad de conservar la unidad del país ante el partido católico, todavía poderoso, cuyos elementos veían una posibilidad de desquite en la entronización de María Estuardo; y, en fin, las mismas exigencias del desarrollo nacional de Inglaterra, que había de fomentarse sobre los despojos de un enemigo.

El caso de María Estuardo fue la piedra de toque del sistema creado por los Tudor, del que Isabel se consideraba intérprete y mantenedora. Después de la revolución francesa de 1567, María Estuardo buscó un refugio en Inglaterra, y aquí halló no un lugar en la corte sino una prisión en una fortaleza.

Isabel se debatía entonces en medio de graves peligros internos: en el Norte los earls soñaban con una restauración del feudalismo y la ortodoxia; en Irlanda, los católicos defendían desesperadamente su causa; en Roma se organizaba la reconquista espiritual de Inglaterra. Las medidas adoptadas por la reina fueron draconianas.

En 1572, el año de San Bartolomé, caía la cabeza del duque de Norfolk, y con ella la vieja aristocracia de Inglaterra. Luego, los católicos fueron perseguidos como reos de delito de alta traición al Estado; la revuelta de los irlandeses de 1579 fue reprimida durísimamente. Tampoco los puritanos se libraron de la dura persecución ordenada por la soberana. El arzobispo de Canterbury, Whitgift, instituyó una comisión de investigación que ha sido comparada al Tribunal del Santo Oficio.

A la ruptura con el Papado siguió la ruptura con España. El celo religioso y una predisposición innata para la aventura pirática se entremezclaban en los navegantes ingleses para echarse como perros de presa sobre el tráfico marítimo de España. En 1566 y 1567 Isabel apoyó las empresas de John Hawkins y en 1577 financió la expedición de Francisco Drake, el debelador de Lima, Callao y Ternate.

Poco después intervenía decididamente en apoyo de los sublevados holandeses, ofreciéndoles un positivo auxilio en la persona y el ejército de Roberto Dudley, conde de Leicester (1585-1587). Esta intervención de Inglaterra en los asuntos españoles, determinó a Felipe a ejecutar un vasto plan contra Isabel, cuyo supremo objetivo era constituir un poderoso bloque católico en el Occidente de Europa.

Estos planes fueron descubiertos, y víctima de ellos y de la insostenible posición jurídica de Isabel, fue la infeliz María Estuardo (1587), cuya cabeza arrojó Inglaterra como guante de desafío a España. Felipe II lo aceptó. Pero el desastre de la Invencible (1588) anuló sus altos propósitos. De tan dura prueba salió consolidada Inglaterra y la monarquía Tudor.

Desde 1588 Isabel apoya sin rebozo a cuantos adversarios tiene España en Europa. Subvenciona a Enrique de Navarra para que luche contra los Guisas (1585 a 1593); reconoce su legitimidad como heredero de Francia, y, asimismo, el gobierno y la independencia de las Provincias Unidas (tratado de Greenwich, 1596).

Hasta su muerte no ceja en esta lucha, sin tregua ni cuartel. No todas las acciones navales son favorables a Inglaterra. Pero Isabel contempla como sus flotas van hasta el Levante mediterráneo y el Norte de Rusia; como sus descubridores alcanzan con John Davis la tierra de Cumberlandia, en el Ártico; como sus hombres de acción fundan en América del Norte, con Raleigh, la primera plantación denominada Virginia en su honor (1587-1591).

Al morir, en Londres, el 24-III-1603, en el dolor de una decadencia física irremediable, había elevado a Inglaterra a un grado insospechado entre las potencias de Europa y abierto su camino al imperio de los mares.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 20-21.

Jacobo I

Dinastía Estuardo

Biografía

Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)

Retrato de Jacobo I, anónimo (c. 1604)

Rey de Inglaterra, 1603-1625. Rey de Escocia. Isabel de Inglaterra legaba a su sucesor Jacobo I una pesada herencia, pues durante su reinado se habían planteado una serie de arduas gestiones en el campo político y religioso que la prosperidad y la potencia adquiridas por el país en aquellos decenios habían acrecentado en grado sumo. El trono requería una persona dotada de energía y de carácter, y no un apasionado por las cuestiones teológicas, por las artes y por los artistas.

Sin embargo, en la evolución constitucional inglesa Jacobo I no es una figura insignificante, pues postuló con claridad meridiana el carácter divino y absoluto de la autoridad de la monarquía. El primer Estuardo inglés señaló, pues, en la esfera política el tono de las concepciones estatales de sus sucesores.

Hijo de María Estuardo y de su segundo esposo, Enrique Darnley, Jacobo nació en Edimburgo el 19-VI-1566. El 29-VII-1567, a consecuencia de la derrota de su madre, fue nombrado rey de Escocia (Jacobo VI) bajo la regencia de los nobles calvinistas. La educación del joven monarca se dispuso de tal manera que se hiciera de él un gran príncipe protestante, por lo que su erudición en humanidades y en asuntos teológicos y patrísticos no fue vulgar.

Sin embargo, el ambiente en que había transcurrido su infancia, marcado fuertemente por la Kirk presbiteriana, produjo en su ánimo una curiosa reacción contra las doctrinas que le habían sido inculcadas. Frente a los postulados democratizantes de la Congregación calvinista y a la usurpación del poder real por los arrogantes señores de los clanes, Jacobo mostró muy pronto que aspiraba a un nuevo ideal político-religioso.

Su primer acto de gobierno en Escocia fue la promulgación del Acta Negra (1584), que establecía la superioridad del Estado sobre la Iglesia y el mantenimiento en esta de los cuadros del episcopado.. Sin embargo, a causa de su falta de energía la mencionada ley fue derogada en 1588. También cabe imputar a su juventud y a su debilidad de carácter, que Jacobo I no hiciera nada para salvar a su madre del suplicio (1587) y que cayera dentro de la órbita política de Isabel de Inglaterra.

Reconocido sucesor por esta reina, heredó el trono de Inglaterra ek 24-III-1603. Su advenimiento fue recibido con ciertas esperanzas por los católicos y los puritanos. Aquéllos veían en él al hijo de María Estuardo; estos le consideraban como afecto a su credo por su educación calvinista. Jacobo I defraudó a unos y a otros. Los católicos respondieron organizando la conspiración de la pólvora (1605), cuyo fracaso inauguró una etapa de metódica persecución por parte del Estado.

En cuanto a los puritanos, el rey defendió en la conferencia de Hampton Court (1604) la doctrina del episcopalismo. Realmente Jacobo fue el más acérrimo defensor de la High Church inglesa, en cuyo desarrollo veía el más firme apoyo de sus doctrinas de gobierno autoritario, En 1610 estableció el episcopalismo en Escocia (asamblea de Glasgow).

Esta orientación religiosa se reflejó en el aspecto político por el menosprecio de las actividades del Parlamento inglés. Desde 1604 los representantes tradicionales del país protestaron de la merma de sus atribuciones fiscales y reclamaron la abolición de las exacciones ilegales, de los monopolios comerciales y de otras medidas económicas propugnadas por la corte para allegar recursos con que enjugar el creciente déficit del Tesoro.

Por otra parte, la política exterior de Jacobo I, basada en la paz con España, era otro agravio que el Parlamento añadía a la lista de sus reivindicaciones. Desde 1614 el rey prescindió de esta asamblea, a la que no convocó durante un periodo de siete años, y gobernó a través de sus favoritos, el conde de Somerset y el duque de Buckingham. No obstante, en 1621 y 1624 reunió a los representantes del país, al objeto de arbitrar nuevos recursos financieros. En las dos convocatorias la oposición puritana fue muy tenaz y logró algunos éxitos políticos de importancia sobre la monarquía.

En esta situación, preñada de graves amenazas para el porvenir, murió Jacobo I en el palacio de Theobalds, el 27-III-1625. Durante su reinado habían florecido filósofos como Bacon de Verulamio, literatos como Shakespeare y Ben Johnson, arquitectos como Iñigo Jones; pero también se había incubado la revolución que estallaría bajo su hijo y sucesor Carlos I.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 57.

Carlos I

Dinastía Estuardo

Cromwell y la Guerra Civil

Biografía

Charles I of England

Carlos I de Inglaterra por Anthony van Dyck

Rey de Inglaterra, 1625-1649. Van Dyck nos ha legado un retrato perfecto de este personaje, que concuerda con las descripciones literarias de amigos y adversarios. Carlos I era un monarca de arrogancia viril, porte elegante, inteligencia despejada, gustos de artista, sensibilidad romántica y temple valeroso. Este fue el hombre que, como tantos otros políticos del continente, trató de imponer en Inglaterra la directriz histórica del absolutismo real.

Para lograr su propósito no renunció a ningún arma: la doblez en muchos casos; la fuerza, cuando era preciso. Representante de su época, fracasó en su empeño ante un país que desde hacía siglos tenía profundamente arraigadas normas tradicionales de libertad personal y de intervención en los asuntos públicos, y que además, se escindía en ideologías religiosas irreductibles. Esta crisis espiritual hizo más dura la lucha de Carlos I y más dolorosa su suerte.

Segundo hijo de Jacobo I y Ana de Dinamarca, Carlos nació en Dunfermline el 19-XI-1600. Duque de Albany desde su bautizo y de York desde 1605, fue nombrado príncipe de Gales el 3-XI-1616, cuatro años después de la muerte del príncipe heredero Enrique. Desde esta época intervino en los asuntos públicos del país, preconizando el auxilio a su hermana, la electora del Palatinado, y apoyando la política de Bacon de Verulamio.

En 1623 emprendió un viaje a la corte de Madrid para concertar su enlace matrimonial con la infanta María, hija de Felipe III. Le acompañó a España el duque de Buckingham, cuya influencia sobre el joven príncipe era cada vez más notoria. A pesar de las promesas hechas por Carlos sobre la libertad religiosa que concedería a sus hijos y a su mujer, las negociaciones fracasaron.

A su regreso a Inglaterra, contribuyó a que su padre rompiera las hostilidades con España (1624). Mientras tanto, se concertó su boda con la princesa Enriqueta María de Francia. Antes de que se celebrara —2-V-1625—, la muerte de Jacobo I había dado la corona de sus estados a Carlos I (27 de marzo).

Durante cuatro años las fricciones entre el rey y el Parlamento fueron constantes, y aumentaron a causa del desgraciado éxito de las empresas exteriores (derrota ante Cádiz en 1625; fracaso de las dos expediciones en auxilio a los hugonotes de la Rochela en 1627 y 1628). Los Comunes protestaban contra la cuantía de los impuestos, la política religiosa, la ostentación y los gastos de la corte, la incapacidad de Buckingham, y el nombramiento y retribución de los jueces.

En 1628, el tercer parlamento de Carlos I presentó una Petición de Derechos, que fue aprobada por el rey después de muchas vacilaciones. Aunque la Petición no era una medida revolucionaria sino defensiva de las libertades del país, respondía a un ambiente subversivo, cuya primera víctima fue el duque de Buckingham, asesinado en 1628.

Luego se manifestó en forma muy radical sobre los asuntos religiosos. Carlos I se halló ante este dilema: o sumisión al Parlamento o golpe de estado. La intransigencia de los Comunes hicieron inevitable esta medida.

En 1629 el rey disolvía el Parlamento e inauguraba la crisis constitucional inglesa.

De 1629 a 1640 Carlos I gobernó autoritariamente. Los objetivos de su política fueron: paz en el exterior, con la correspondiente prosperidad interna, y consolidación del poder de la monarquía mediante la reducción de las divergencias religiosas en Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Para esta obra confió en dos hombres de gran capacidad política: Guillermo Laud y lord Strafford. Gracias a su cooperación pensó estructurar con solidez su concepción gubernamental, aunque para ello fuera preciso doblegar todas las resistencias: hacia adelante, a través de las dificultades. Política resumida en la divisa de esta etapa de reinado: throughout.

Es posible que Carlos I hubiera triunfado, aun a pesar de la hostilidad de la burguesía inglesa contra ciertos impuestos establecidos por Strafford, si las medidas religiosas de Laud no hubiesen levantado un temporal revolucionario. Los primeros síntomas de la inminencia de la crisis se revelaron en Escocia desde 1637. En 1640 fueron tan graves que Carlos I convocó el Parlamento inglés.

Esta fue su primera claudicación. La segunda, fue disolverlo al cabo de pocos días (Parlamento Corto) para volver a reunir otro Parlamento (el Largo), en el curso del mismo año, ante la amenaza del ejército del Covenant escocés. Un nuevo error fue acceder a la detención y ejecución de sus dos fieles servidores, Laud y Strafford.

Espoleados los puritanos, que dominaban en los Comunes, exigieron una serie de garantías constitucionales, compendiadas en la Grand Remonstrance de 1641. Carlos I no podía ceder; pero ahora el único camino era el de imponer su autoridad por las armas. Después de un golpe de estado contra el Parlamento (4-I-1642) en que intervino personalmente, abandonó Londres el 10 del mismo mes ante la hostil actitud de la ciudad que había abrazado la causa de la revolución.

Cromwell y la Guerra Civil

La guerra civil asoló los campos de Inglaterra. Apoyado por la caballería de la gentry, Carlos I logró en un principio varios triunfos, como el de Edgehill (1642), que aisló a Londres de los condados occidentales. La indecisa acción de Wewbury (1643) le permitió abrigar aun mucha confianza en el restablecimiento de su autoridad en un país fatigado por la lucha y con un Londres lleno de fervores realistas.

Pero la colaboración de los puritanos ingleses y los presbiterianos escoceses, y, sobre todo, la acción de Oliver Cromwell, determinaron un cambio radical en la lucha. Derrotadas sus fuerzas en Marston Moor (1644) y Naseby (1645), Carlos I estaba realmente vencido. Pero en aras de sus ideales, empezó una serie de intrigas con los distintos bandos ingleses que echaron gran descrédito sobre su monarquía, El 5-V-1646 se refugió en Escocia, donde práctico la misma política, cuya finalidad era dar largas a las negociaciones sobre el Covenant esperando un triunfo de las tropas realistas en Escocia.

Durante algún tiempo Carlos I negoció con el Parlamento con vista a un acuerdo, pues tanto uno como otro se habían de defender del enemigo común: la minoría puritana e igualitaria del ejército. Accedió, en parte, a las Proposiciones de Newcastle, pero el 3-VI-1647 fue arrebatado por el ejército, el cual lo encerró en Hampton Court. Los militares revolucionarios le presentaron una serie de reivindicaciones que involucraban una verdadera claudicación de la autoridad monárquica.

El rey negoció con todos los partidos. El 11 de noviembre se escapaba de su cárcel y se refugiaba en el castillo de Carisbrooke, en la isla de Wight. Desde este lugar, sin ejército ni autoridad, aun intentó mantener su situación recurriendo a la alianza con Escocia por el tratado secreto llamado the Engagement.

Los ingleses no le perdonaron este pacto, que consideraron como el testimonio más evidente de su traición. Cromwell, que acababa de vencer a los escoceses en el Norte, se decidió por último contra Carlos I. Depuró el Parlamento de los elementos realistas y solicitó el juicio del monarca.

Este fue conducido al castillo de Hurst el 1-XII-1648 y al de Windsor el 23 de diciembre. Compareció ante la Alta Corte de justicia el 20-I-1649 y fue condenado a muerte siete días después. La sentencia se cumplió el 30 del mismo mes en el Banqueting House de Whitehall, ante un pueblo realmente estupefacto, que a pesar de sus convicciones religiosas y políticas mantenía íntegramente el amor y el respeto a la realeza.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 69-70.

Carlos II

Dinastía Estuardo

Fracasos e intrigas contra Cromwell

La Restauración de Carlos II

Biografía

Rey de Inglaterra, 1649-1685. El primer monarca de la Restauración en Inglaterra, Carlos II Estuardo, fue un hombre que heredó muchas de las cualidades de su padre, aunque indudablemente no tuvo la alta categoría personal de este. Favorecido por la reacción antipuritana, supo moverse con singular desenvoltura en este ambiente, pasando de un extremo político a otro según imponían las circunstancias.

Dotado de talento natural y de valor no despreciable, gran amigo de los placeres, fue un partidario decidido de la reconciliación y la tranquilidad nacional, aunque para ello tuviera que sacrificar el orgullo de Inglaterra, someterla a la política de Luis XIV y renunciar a sus convicciones íntimas: católicas y absolutista. Si a fines de su reinado pareció inclinarse hacia el torismo autoritario, este fenómeno es puro reflejo de la paulatina tendencia del país hacia una política nacional whig.

La juventud de Carlos II fue muy azarosa, y esto explica quizá el deseo de paz de su madurez. A los quince años —había nacido en Londres el 29-V-1630— su padre, Carlos I, le enviaba a las provincias occidentales para defender su causa ante el ejército de los parlamentarios. Derrotado en Scilly Isles y Jersey, tuvo que abandonar el país y refugiarse en Francia al lado de su madre Enriqueta María (junio de 1647).

Durante dos años permaneció en París, perfeccionando su educación bajo maestros como Hobbes. En 1648 inició una serie de tentativas para auxiliar a su padre. A la muerte de este en enero de 1649 adoptó inmediatamente el título de rey. El 17 de septiembre del mismo año desembarcaba en Jersey; pero esta tentativa no tuvo éxito. Refugiado en Breda (febrero de 1650), se puso de acuerdo con el Covenant escocés.

Fracasos e intrigas contra Cromwell

El 23-VI-1650 llegaba a Escocia, donde fue coronado el 1 de enero de 1651. Aunque Cromwell asaltó la ciudad de Perth, sede de su gobierno. Carlos intentó un golpe de audacia y marchó con su ejército sobre Londres. Derrotado en Worcwester, el 3 de septiembre, pudo escapar gracias a una serie de lances y aventuras realmente singulares. El 17 de octubre llegaba a las costas francesas.

Desde este momento intrigó con Francia y España para que favorecieran su restauración. A consecuencia del acuerdo entre Mazarino y Cromwell (1654), abandonó París y se estableció en Alemania. De 1656 a 1658 residió en Brujas y Bruselas, en relación con los gobernadores españoles. En 1659 se trasladó a Fuenterrabía para obtener el reconocimiento de sus derechos en la Paz de los Pirineos. Pero esta gestión tampoco tuvo resultados, a pesar de que Cromwell había muerto el 3-IX-1658.

La anarquía constitucional inglesa y la reacción monárquica consecutivas a la muerte del lord Protector, determinaron que los mismos oficiales del ejército propusieran la restauración de Carlos II. Después del golpe de estado de Monk, el rey se puso en relación con este y por la Declaración de Breda (14-IV-1660) sentó las bases de una reconciliación nacional. El 8 de mayo fue proclamado rey en Westminster y el 29 hacia su entrada triunfal en Londres.

La Restauración de Carlos II

Durante veinticinco años Carlos II condujo la nave del Estado con una pericia de piloto consumado. De 1661 a 1679 predominó una política de reacción tradicionalista, muy aguda al principio y más moderada después. Esta fue la época del Parlamento Largo de la Restauración, que solo discrepaba del monarca en su franca actitud episcopalista y anglicana.

El gobierno lo ejercieron de hecho, de 1660 a 1667, el conde de Clarendon, y de 1667 a 1673, los ministros de la Cábala bajo la suprema dirección de Carlos II. La restauración tuvo especial consistencia en el campo religioso, restableciéndose por el Acta de Uniformidad (1662) el predominio del episcopalismo y de la organización cerrada de Laud.

Una guerra contra Holanda (1664-1667) aunque proporcionó a Inglaterra Nueva York, representó un fracaso considerable para la monarquía. La paz de Breda (1667) fue seguida por la venta de Dunkerke a Luis XIV. Carlos II sacrificó lord Clarendon a los clamores de la oposición. En 1670 se concertó con Luis XIV de Francia para restablecer el catolicismo en Inglaterra y apoyarle en su política exterior a cambio de un subsidio económico (tratado secreto de Dóver de 1670).

En virtud de este acuerdo, Carlos II publicó en 1672 una Declaración de indulgencia. La medida suscitó una fuerte oposición, que se tradujo en el Parlamento por el voto del bill de Test (1673), una de las disposiciones que más coaccionaron a los católicos ingleses en los sucesivo. Un año más tarde, los parlamentarios obligaban al rey a firmar la paz a Holanda, con la que Inglaterra se hallaba en guerra desde 1672 en virtud del tratado de Dóver. En estas circunstancias cayó el ministerio de la Cábala.

La agitación religiosa, revelada por la supuesta conspiración de Tito Oates (1678), y la intranquilidad política se reflejaron en la constitución de un partido nacional, el cual triunfó en las elecciones parlamentarias de1679. Sus miembros representaban el incipiente espíritu liberal de los whigs. Fue este Parlamento que aprobó la ley de Habeas Corpus (1679) sobre la seguridad personal de los ingleses.

También intentó imponer al monarca una ley de Exclusión que afectaba al duque de York, Jacobo, presunto heredero de la corona (1681). Entonces Carlos II procedió a la disolución del Parlamento, acto que fue acogido con gran entusiasmo por las universidades, los grandes propietarios y las poblaciones de provincia.

A favor de la reacción tory de 1681, Carlos II gobernó en forma más autoritaria. Admitió al duque de York en el Consejo real y halló en Luis XIV largos socorros para prescindir del auxilio financiero del Parlamento. El mismo hizo profesión de fe católica poco antes de morir en Londres, a consecuencia de una rápida enfermedad, el 6-II-1685.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 90.

Jacobo II

Dinastía Estuardo

Biografía

Rey de Inglaterra, 1685-1688. Jacobo II, el último de los Estuardo en el trono de Inglaterra, fue asimismo el último monarca que pretendió mantener una política autoritaria desvinculada de los intereses substanciales del pueblo inglés. Su posición histórica habría podido ser transcendente, si hubiera estado dotado de las mínimas condiciones requeridas por un estadista.

Pero a la buena fe en las intenciones y a la rectitud de conciencia no acompañaron la decisión, la habilidad y la prudencia imprescindibles para llevar a cabo una política de tanta envergadura, cuyo fin era, nada menos, el restablecimiento del catolicismo y de la autoridad real en Inglaterra. En realidad Jacobo II no comprendió jamás la situación creada por la revolución de 1640 ni el virtuosismo político con que su hermano Carlos II capeó las situaciones más desfavorables para la causa de la Restauración.

Nacido en Londres el 14-X-1633, segundo hijo varón de Carlos I y Enriqueta María de Francia, vivió durante su juventud los dolores de la Guerra civil y del destierro en Francia (1648-1660). En este país prestó servicio en el ejército de Turena durante las operaciones de la Fronda (1652-1655).

Restaurados los Estuardo en el trono de Inglaterra en 1660, su hermano Carlos II le nombró duque de York y almirante de la flota, de la que se ocupó con mucho acierto, tanto en el campo de la administración como en el desempeño del mando en acción naval (guerra angloholandesa, 1665).

Sin embargo, le preocupaban más las cuestiones de su alma. Después de varios años de dudas y vacilaciones, en 1672 abrazó públicamente la religión católica, hecho que provocó gran revuelo entre los anglicanos y los whigs. Por el bill de Test de 1673 tuvo que renunciar a la jefatura de la flota inglesa, a pesar de que era la obra de su vida. En 1679 triunfaron los whigs en las elecciones al Parlamento, y el partido nacional, dirigido por Shaftesbury, logró que se excluyera al duque de York del Consejo real.

Este se desterró por algún tiempo a Bélgica; pero poco después regresaba a Gran Bretaña para desempeñar el cargo de Alto Comisario de Escocia. En esta gestión (1680-1681) demostró que carecía de dotes para triunfar en el campo de la política. La reacción tory de 1681 le permitió volver a establecerse en Londres y ocupar los importantes cargos a los que había debido renunciar.

En consecuencia, cuando como con el nombre de Jacobo II ascendió al trono el 6-II-1685, se hallaba apoyado por todos los elementos conservadores de Inglaterra, como se demostró en la aquiescencia del Parlamento de este país y del de Escocia a sus prerrogativas y en la fácil represión del conato de alzamiento del duque de Monmouth, bastardo de Carlos II (1685).

Solo la política religiosa del rey abrió brecha en el bloque político que le apoyaba. Celosamente ortodoxo, quiso alterar en breve tiempo el proceso de una evolución secular. Sus relaciones con el papa, la pomposa celebración del cuto romano en palacio, la presencia en Inglaterra del clero regular católico, asustaron a los anglicanos y a los tories, los cuales temían la restauración del catolicismo.

La Declaración de Indulgencia de 1687 pareció confirmar esos augurios. El Parlamento se atrevió a protestar. Jacobo II lo disolvió. El arzobispo de Canterbury fue arrestado por haberse opuesto a la Declaración de 1687, y otro siete obispos anglicanos fueron llevados a los tribunales. En mayo de 1688 Jacobo II no tenía ninguna fuerza que lo soportara.

En consecuencia, cuando el 5 de noviembre del mismo año Guillermo de Orange desembarcó en Inglaterra, aclamado por los tories y los whigs, Jacobo II se vio impotente para hacer frente al usurpador. El 10 de diciembre huyó de Londres. Detenido en Faversham, conducido de nuevo a la capital, pudo marchar a Francia, gracias a su propio contrincante, el día 23 del mismo mes.

Después de la revolución de 1688, Jacobo vivió en San Germán de Laye, rodeado de algunos fieles partidarios, con los cuales, al servicio de los planes de Luis XIV. de Francia, preparó dos alzamientos en Inglaterra que no tuvieron éxito. El primero lo dirigió personalmente. El 12-III-1689 desembarcó en Irlanda donde contaba con muchos amigos; pero fue derrotado en la batalla de Boine (1-VII-1690)

El segundo, fracasó en sus mismos comienzos, pues la flota británica que tanto le debía, destrozó a la francesa de desembarco en la decisiva batalla de la Hogue (17-V-1692). Desde entonces su vida transcurrió en la mencionada localidad, donde murió el 17-IX-1701.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 91.

Guillermo III y Maria II

Dinastía Nassau

Dinastía Estuardo

Biografía de Guillermo III

Rey de Inglaterra, 1688-1702. Su juventud fue triste y perturbada por los acontecimientos políticos. Hijo póstumo de Guillermo II de Orange, nació en la Haya el 14-XI-1650, pocos días después de que su padre muriera, de modo casi repentino, sin poder consolidar la obra política que había iniciado contra la burguesía holandesa.

En tales circunstancias triunfó la burguesía, acaudillada por Juan de Witt. El cargo de estatúder no fue confirmado por varias provincias en la cabeza del niño, e incluso la Gran Asamblea de 1651 dictaminó que nunca podrían unirse en una sola mano los poderes civiles y militares.

A mayor abundamiento, Inglaterra exigió en 1654, por el tratado de paz de Westminster, que el príncipe fuera excluido en lo sucesivo de los cargos de estatúder, almirante o capitán general de los Países Bajos. El Acta de Exclusión de 1654, aprobada después de cierta resistencia gracias a Juan de Witt, interesaba tan solo a Cromwell, quien veía en el príncipe Guillermo a uno de los posibles herederos de la corona de los Estuardos, pues era hijo de María, hija de Carlos I.

Guillermo de Orange creció en la Haya. En 1659 se trasladó a Leyden. para cursar sus estudios en aquella ciudad universitaria bajo la tutela de Zuylenstein. A medida de que se hacía mayor, aumentaba el número de sus partidarios, los cuales habían formado núcleos muy fuertes en Groninga, en Frisa y, especialmente, en Zelanda.

La restauración de los Estuardo en Inglaterra (1660) anuló automáticamente el Acta de Exclusión, y entonces se inició un pugilato entre los partidarios de los Witt y de Guillermo de orange. A raíz de la guerra contra Inglaterra, los zelandeses obtuvieron en 1666 que le príncipe fuera adscrito al Consejo de Estado.

Pero Witt era todavía poderoso. Así logró que se le confiara la educación de Guillermo, y por el edicto perpetuo de 1667 y el Pacto de Armonía del mismo año intentó poner nuevas trabas a la restauración del poder de los Orange. Sin embargo, la agresión de Francia de 1672, hizo fracasar estos planes. Ante la amenaza de invasión, Guillermo III, a propuesta de Groninga, fue nombrado capitán general, aunque solo por una campaña. La derrota ante los ejércitos de Francia provocó la caída de los Witt, la sublevación de Holanda y Zelanda y el restablecimiento del cargo de estatúder en Guillermo de Orange (julio de 1672).

En las difíciles circunstancias militares en que se hallaba, Guillermo supo dar pruebas de la más brillante tenacidad y energía. Puede decirse que con su obstinada defensa se inicia la reacción de Europa contra el poder de Luis XIV. Se mostró también hábil diplomático, pues gracias a su actuación supo atraerse preciosas alianzas que culminaron en la constitución de la Gran Alianza de la Haya.

En 1674 los ejércitos franceses evacuaban el país y en 1679 Luis XIV reconocía su independencia por la paz de Nimega. Mientras tanto, Guillermo había recibido el estatuderato hereditario de las provincias (1674) e instalado en el gobierno a sus adictos. Su posición política se robusteció gracias al enlace matrimonial que el 4-XI-1677 contrajo con su prima, María Estuardo, hija mayor del duque de York, futuro heredero de Carlos II de Inglaterra.

Durante los años de paz que siguieron a Nimega, Guillermo III se opuso continuamente a la política agresiva de Luis XIV en el continente. En esta lucha contra el Rey Sol, objetivo supremo de su vida, arrastró no solo a Holanda, sino también a Inglaterra, de cuyo país había recibido la corona a consecuencia de la revolución de 1688. Después de la huída de Jacobo II (diciembre), una Convención Nacional declaró reyes de Inglaterra a Guillermo y María el 13-II-1689.

Los nuevos monarcas otorgaron el Bill oh Rights, por el que se reconocían taxativamente varios principios constitucionales: entre ellos, el gobierno de la nación por el Parlamento.

Guillermo reinó en Inglaterra hasta 1702, primero con su esposa María, luego solo, por la muerte de esta en 1694. Durante el invierno residía en Gran Bretaña, y al llegar el verano pasaba al continente para resolver los asuntos holandeses e intervenir en las guerras o negociaciones diplomáticas contra Luis XIV. Este cambio continuo de residencia favoreció el desarrollo del principio de responsabilidad ministerial ante el Parlamento.

Guillermo se preocupó principalmente de obtener subsidios para luchar contra Francia. Inglaterra y Holanda participaron en la guerra de la Liga de Augsburgo (1688-1697) y luego en la de Sucesión a la Corona española (1701-1713). Gracias a ambos conflictos, Inglaterra pudo alcanzar una posición hegemónica en los mares y en el continente europeo. Los tories obstaculizaron muchas veces el gobierno del rey, quien por otra parte, nunca fue muy apreciado por el pueblo.

En junio de1701, el Acta de Establecimiento limitó el poder real. Pero Guillermo III supo arrastrar al Parlamento tras su política de guerra, de la cual no pudo ver el resultado, pues la muerte se lo llevó inopinadamente al sepulcro en Kensington el 8-III-1702.

Biografía de María II

Reina de Inglaterra, 1688-1694. Excelente y virtuosa señora cuyo nombre se vincula a la revolución inglesa de 1688. María nació en Londres el 30-IV-1662, hija del duque de York [Jacobo II] y de Ana Clarendon. Dada la esterilidad del matrimonio de Carlos II, en su persona había de recaer la corona después de su padre. Este hecho motivó que muy pronto se tejieran alrededor de su nombre varias intrigas en la diplomacia europea.

Finalmente, le fue dado por esposo al estatúder Guillermo III de Orange (4-XI-1677), a quien profesó siempre un cariño y respeto admirables. Su vida en Holanda no fue muy feliz, tanto debido a su propia esterilidad como a la oposición entre los dos seres que más quería: su padre y su esposo. En consecuencia sufrió mucho durante el periodo que culminó con el destronamiento de Jacobo II por Guillermo de Orange (1688). Consolidado el golpe de Estado, pasó a Inglaterra, donde fue reconocida soberana el 13-II-1689 y coronada con su esposo el 11 de abril siguiente.

Depositaria de la tradición de su familia, María fue una reina celosa de su autoridad. Durante las ausencias de su esposo, gobernó con mucha energía, como lo demostró ordenando el arresto de su propio tío, el conde de Clarendon (1690), y la detención del Marlborough, por sospecharse que andaba en tratos secretos con el rey destronado (1692). Esta medida le hizo perder mucha popularidad. Debilitada física y moralmente, murió en el palacio de Kensington el 2-XII-1694.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 91-92.

Ana I

Dinastía Estuardo

Biografía

Anne I

Ana I de Inglaterra por Michael Dahl

Reina de Inglaterra, 1702-1714. La última soberana de la casa de los Estuardo fue Ana, segunda hija del duque de York (Jacobo II) y de Ana Hyde. El destino la hizo presidir uno de los momentos más difíciles y, a la vez, gloriosos de la Gran Bretaña, caracterizados por la derrota de los ejércitos de Luis XIV y el establecimiento de la hegemonía británica en Europa.

Personalmente, no reunía dotes excepcionales para el gobierno del Estado. Su vida había sido en extremo agitada antes de subir al trono y su salud se hallaba ya quebrantada. Sin embargo puso al servicio de la nación esa testarudez típica de los Estuardo, no exenta de ribetes y veleidades absolutistas a pesar de la revolución de 1688.

Protectora del partido whig mientras este acaudilló el esfuerzo bélico en el continente, prescindió del mismo cuando su auge amenazaba paralizar la independencia de la corona y someterla a la férula de los intereses partidistas.

Nacida el 6-II-1665 en Londres, residió durante su niñez en Francia al lado de su abuela Enriqueta y luego de su tía, la duquesa de Orleáns. En 1670 regresó a Inglaterra, donde por orden de Carlos II fue educada en el protestantismo, como su hermana mayor María. En 1683 contrajo matrimonio con el príncipe Jorge de Dinamarca, hermano del rey Cristian V, unión que fue bastante afortunada en la intimidad.

Dados los gustos de los dos cónyuges, hicieron vida retirada. En esta época se inició la estrecha amistad entre Ana y Sara Jennings, más tarde una de las damas más influyentes de la corte en su calidad de duquesa de Marlborough.

A su ascensión al trono en 1685, Jacobo II quiso obligarla a abrazar la religión católica al objeto de nombrarla heredera de la corona. Pero su negativa y el nacimiento de un hermano hicieron innecesaria tal presión. Al registrarse los sucesos revolucionarios de 1688, Ana reconoció el golpe de su cuñado Guillermo de Orange y su hermana María, y al año siguiente fue nombrada heredera a la corona.

Sin embargo, su actitud no fue de ciega cooperación, pues siguiendo las indicaciones de sus íntimos amigos, la Jennings y su esposo Churchill, mostró en más de una ocasión veleidades jacobitas. Las dos hermanas rompieron en 1691, pero se reconciliaron dos años después. La muerte de María en 1694, determinó al rey Guillermo a concederle la posición honorífica que hasta entonces Ana no había ocupado. Este hecho coincidió con el rápido ascenso político del futuro duque de Marlborough.

Una serie de embarazos desgraciados minaron la salud de Ana. Su único hijo sobreviviente del parto, Guillermo, murió a la edad de once años, en 1700. Ests defunción motivó que aceptara el Acta de Establecimiento de 1701, que establecía su sucesión en la cas de los Hannover. Al año siguiente moría Guillermo de orange, y ella empuñaba el cetro del reino unido de la Gran Bretaña e Irlanda (8 de marzo), lanzado entonces en la guerra de Sucesión a la corona de España.

Los triunfos militares de Marlborough en esta contienda —Blenheim, Ramillies, Oudenarde, Malplaquet—, robustecieron el influjo del partido whig, a pesar del carácter independiente de la reina y de su temperamento piadoso y conservador. La intimidad con la duquesa de Marlborough favoreció el mantenimiento de esta política.

Pero llegó el instante en que Ana reaccionó contra un partido que limitaba su poder. después de separarse de la duquesa, la reina favoreció al grupo de los tories, los cuales triunfaron en las elecciones de 1710. Desde principio de 1711 hubo un cambio completo de orientación gubernamental, tanto respecto a la guerra contra Francia como a la política interior. Incluso se previó que los jacobitas sucedieran a la reina cuando esta falleciese.

Pero su precipitación malogró los esfuerzos de sus partidarios. Ana pudo asistir al triunfo de Inglaterra, ratificado por las paces de Utrecht (1713) y Rastad (1714). Murió casi repentinamente en Kensington el 1 de agosto de este último año, dejando su corona a los electores de Hannover. Durante su reinado había tenido lugar la unión parlamentaria entre Inglaterra y Escocia (1707).R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 92-93.

Jorge I

Dinastía Hannover

Biografía

Nació en Osnabrück, cerca de Hannover en 1660. Rey de Gran Bretaña y de Irlanda (1714-1727) y elector de Hannover (1698-1727), hijo de Ernesto Augusto de Brunswick-Luneburg y de Sofía, nieta de Jacobo I de Inglaterra. Aseguró la unidad de los Hannover al casarse con su prima Sofía Dorotea en 1682, pero sus desavenencias ocasionaron doce años más tarde su divorcio. En 1708, la dieta imperial le reconoció la dignidad electoral, concedida a su padre por el emperador en 1692.

El Acta de establecimiento (1701) transfirió los derechos sucesorios al trono inglés de los Estuardo católicos a sus primos hannoverianos protestantes. La muerte de su madre, y a continuación la de la reina Ana (1714), hizo a Jorge I heredero de los reinos británicos y fundador de la nueva dinastía.

Gran Bretaña no le interesó más que por sus rentas, que le permitieron distribuir lucrativas prebendas entre sus parientes y amigos, y regalos entre sus numerosas amantes; ni tan siquiera aprendió inglés; solo le atraía Hannover.

Por temor a los tories, basó su poder en el entendimiento con el partido whig, favorecido también por la revuelta jacobita de 1715, que levantó ciertas sospechas sobre los tories, a los que Jorge I eliminó (1715). Aliado estrechamente con la familia de Orleáns, tomó parte activa en la política internacional, concluyendo en 1717 la Triple Alianza con Francia y las Provincias Unidas, que consolidaba sus derechos y los del regente francés, Felipe de Orleáns, respectivamente frente a los del pretendiente Estuardo y a los de Felipe V de España.

Por otra parte dejó la dirección de la política interior británica a sus ministros, Stanhope (1717-1721) y especialmente a Walpole (1715-1717) y (1721-1742). Al no comprender el inglés, el rey dejó de asistir a las reuniones de sus ministros: de este modo nació el gabinete. que se transformó en órgano supremo del poder, suplantó al consejo privado y contribuyó al establecimiento de instituciones verdaderamente parlamentarias. El rey muere en Osnabrück, el 11-VI-1727.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6131.

Jorge II

Dinastía Hannover

Biografía

(Herrenhausen, Hannover, 1683-Kensington, cerca de Londres, 1760), rey de Gran Bretaña y de Irlanda y elector de Hannover (1727-1760), hijo del anterior. Más britanizado que su padre, logró al principio cierta popularidad gracias a los desacuerdos con este y a los consejos de su mujer, Carolina de Ansbach.

Por influencia de esta, mantuvo a Walpole como primer ministro. Conociendo sus propias limitaciones, gobernó como monarca constitucional; por otra parte, el poder del parlamento no era demasiado inquietante, ya que los patronazgos y la corrupción permitían influir fuertemente en su composición.

Pero la corrupción del régimen, el pacifismo de Walpole y la prioridad que el rey concedía a los asuntos alemanes le enajenaron la estimación pública. En torno a su hijo, Federico, el príncipe de Gales, con quien desde 1736 estaba en malas relaciones, se reunió una oposición heterogénea que provocó la caída de Walpole (1742).

La guerra de Sucesión de Austria (1740-1748), en la que los intereses hannoverianos arrastraron a Gran Bretaña a una desastrosa campaña continental, desencadenó la oposición y la apasionada elocuencia de Pitt el Viejo. El ascendiente de que gozaba este último en los Comunes obligó al rey a dar entrada en el gobierno al gran orador, cuya posición quedó reforzada por la guerra de los Siete años (1756-1763). Fundó la universidad de Gotinga (1737), abierta a las ideas británicas.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 13 pág. 6131.

Jorge III

Dinastía Hannover

Biografía

George III por Allan Ramsay

Jorge III de Inglaterra por Allan Ramsay

Rey de Inglaterra, 1760-1811. La dinastía de los Hannover, instaurada en Inglaterra en 1714 con Jorge I, no tuvo representante plenamente inglés hasta Jorge III. Sus dos antecesores no habían dejado de ser unos alemanes desvinculados de la gran trayectoria política británica. Esta característica permitió el desarrollo de las instituciones parlamentarias y del gobierno representativo tal cual habían salido de la revolución de 1688.

Con el advenimiento de Jorge III cambió este panorama. El nuevo monarca era un hombre meticuloso y amante del buen gobierno. Fiel intérprete de las normas constitucionales, quiso hacer valer la prerrogativa regia, la cual no había sido derogada por aquella revolución.

En esta actitud seguía las tendencia de las monarquías del continente de elevar al máximo la autoridad real. Su propósito, realizado en parte, fracasó a causa del lamentable resultado de su política exterior y de la debilidad de su cerebro, cada vez más acentuada, hasta terminar en locura incurable. Después de su tentativa de gobierno personal, el régimen parlamentario quedaba definitivamente asegurado en Inglaterra.

Hijo del príncipe de Gales Federico y de Augusta de Sajonia, nacido en Londres el 24-VI-1738, Jorge fue designado heredero de la corona de Jorge II en 1751 al morir el progenitor de sus días. Ocupó el trono de Inglaterra el 25-X-1760 a la edad de veintidós años, alentado por los más nobles ideales, en particular el de poner término a la corrupción política fomentada por algunos whigs. En 1761, aun antes de terminar la guerra de los Siete Años, obligó a dimitir al viejo Pitt. Confió el gobierno a lord Bute y al grupo denominado los amigos del rey, de ascendencia tory.

La impopularidad del nuevo ministerio y la aureola que rodeaba a Pitt desbarataron muy pronto los proyectos de Jorge III. Lord Bute se retiró del gobierno en 1763, y hasta 1770 ocuparon de nuevo el poder los whigs, con Pitt a la cabeza. En este periodo, concretamente en 1765, el monarca experimentó los primeros síntomas de su enfermedad mental, sin que de momento se considerasen graves.

Las discrepancias entre Pitt y Jorge III sobre la manera de resolver el problema creado en las colonias norteamericanas dieron al rey una segunda oportunidad para llevar a cabo sus propósitos. Durante doce años, de 1770 a 1782, Jorge gobernó a través de lord North y de una Cámara de los Comunes adicta y subvencionada. Este hecho creó en el país una grave agitación, que se manifestó en el atentado de que fue objeto el monarca en 1780.

La derrota de Inglaterra en la guerra de Independencia americana, expresada en el tratado de paz de París de 1783, implicó el fin de la política autoritaria del rey, cuya experiencia no fue inútil del todo, pues contribuyó a renovar la vida política inglesa de la época y a preparar la época de gobierno de Pitt el joven.

Pocos años más tarde, en 1788, los médicos dictaminaron que Jorge III padecía una locura incurable. Sin embargo, no le fue dado un regente en la persona de su hijo hasta 1811. Murió en el castillo de Windsor, en plena enajenación mental, el 29-I-1820.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 136.

Jorge IV

Dinastía Hannover

Biografía

Rey de Inglaterra, 1811-1830. Famoso como príncipe regente, más por sus vicios y sus extravagancias que por sus virtudes y su prudencia, Jorge IV fue durante toda su vida una pesadilla para sus ministros y una fuente de descrédito para la institución monárquica.

Nacido en Londres el 12-VII-1762, de Jorge III y Sofía Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, fue educado muy severamente, lo que produjo en él una reacción en sentido contrario. Desde muy joven estuvo mezclado en lances amorosos y convivió con ua sociedad equívoca. Amó el deporte —en particular, el boxeo—, el juego y la moda.

Sus muchas deudas produjeron al gobierno profundos quebraderos de cabeza. En 1783 ocupó su escaño en la Cámara de los Lores y en 1788 reclamó para sí la regencia, motivado su acto en la enfermedad mental de su padre. Pitt el Joven logró contrarrestar su demanda, aunque reservó al Príncipe de Gales cierta intervención en los asuntos públicos. Su nuevo papel en la política del país, en los duros momentos de la guerra contra la revolución francesa, no modificó su temperamento banal. En 1794 casó con la princesa Carlota de Brunswick de la que se separó poco tiempo después.

Elevado a la regencia por los whigs en 1811, presidió la vida política inglesa en calidad de príncipe regente hasta el 29-I-1820, en que murió su padre. En su juventud había apoyado a Fox y a los liberales, pero luego se manifestó afecto al espíritu de la Restauración.

Combatió a Canning por su política favorable a la emancipación de las colonias españolas en América y a Wellington por sus proyectos filocatólicos. Su conducta privada no fue mejor.

En 1820 se divorció públicamente de su esposa Carlota, acusándola de vida poco regular, lo que era falso. El país se distanció de su persona e incluso de la monarquía. Murió en Londres el 26-VI-1830.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 186-187.

Guillermo IV

Dinastía Hannover

Biografía

Rey de Inglaterra, 1830-1837, hijo de Jorge III y hermano de Jorge IV, n. en Buckingham-House en 1735 y m. en Windsor en 1837, duque de Clarence y conde de Munster. En su juventud sirvió en la marina, ascendiendo en la carrera por rigurosa escala. Sucedió a su hermano en el trono en 1830 y favoreció sucesivamente al partido whig y al tory. Vivió siempre con suma independencia, y mostró un carácter violento.

Estuvo durante muchos años amancebado con la actriz Jordans, de la que tuvo diez hijos, y en 1818 casó con la hija del duque de Sajonia-Meiringen, pero no tuvo descendencia. Residió largas temporadas en Alemania, y estuvo con frecuencia en apurada situación pecuniaria. A su muerte fue reemplazado por su sobrina la reina Victoria.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 27 pág. 256.

Victoria I

Dinastía Hannover

Biografía

Queen Victoria by Bassano

Victoria I por Alexander Bassano

Reina de Inglaterra, 1837-1901. Una larga vida puesta al servicio de la realeza y del poder de la Gran Bretaña, con una honestidad y una ejemplaridad admirables, tal es el breve y sustancial esquema de la biografía de la reina Victoria.

Desde 1837 a 1901, durante un dilatado periodo de 64 años, ella representó y simbolizó la majestad de la corona del mayor imperio que conocieron los siglos. Realmente, a pesar de sus limitaciones como soberana de un país ultraparlamentario, en la persona de la reina Victoria se hallan varios de los factores positivos que contribuyeron a la grandeza de Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX

Y, en primer lugar, la valoración de la monarquía, que la reina Victoria supo elevar a un grado insospechado. La última de los Hannover —de una dinastía que no se había caracterizado por su nacionalismo ni por la moralidad de sus costumbres— supo arraigar en el corazón de los ingleses la veneración y la estima por la realeza, como órgano de afirmación constitucional y de vertebración imperial.

Este servicio bastaría para hacerla acreedora del alto precio con que se la considera en la historia inglesa, si. a mayor abundamiento, no hubiera encarnado las aspiraciones y la mentalidad de una época británica que, por antonomasia, se denomina Era victoriana.

Alejandra Victoria, nacida el 24-V-1819 en el palacio de Kensington, en Londres, era hija de Eduardo de Kent, y de Victoria María Luisa de Sajonia-Coburgo. En 1818 después de la muerte de la princesa Carlota, hija del príncipe regente, contrajeron matrimonio los duques de Clarence, Kent y Cambridge, al objeto de dar sucesión a la corona de Inglaterra.

La prematura muerte de los hijos del primero dio la herencia real a Alejandra Victoria, quien en 1830, al ascender al trono Guillermo IV, fue reconocida como futura heredera de la corona por el Parlamento.

La muerte de su padre, acaecida en 1820, le había privado de su tutela; pero halló un digno substituto en la persona del príncipe Leopoldo, su tío materno, quien guió sus primeros pasos por la vida antes y después de ser elegido rey de los belgas (1831).

El 20_II-1837, Victoria ceñía la corona de Inglaterra, en circunstancias realmente críticas para el país y la realeza, producidas por la agitación liberal y las primeras tentativas socialistas. ¿Fracasaría aquella muchacha de 18 años, cuya formación política no había sido muy profunda? Victoria supo capacitarse muy pronto de sus funciones de soberana, al principio bajo la prudente égida de lord Melbourne, su primer ministro, y luego, desde 1840, del príncipe consorte, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, hacia el cual Victoria profesó un amor sincero y afectuoso, motivo de admiración y de ejemplo para el pueblo inglés y muchas cortes europeas.

Alberto introdujo en la corte de Inglaterra el principio de la virtud familiar y de la entrega absoluta al servicio del Estado. Durante veintiún años la feliz pareja compartió las responsabilidades del poder, puesto que, pese al escrupuloso respeto a sus limitaciones constitucionales, el rey consorte ejerció bastante influencia en los asuntos públicos del país.

Desde 1861 a 1874 la realeza inglesa experimentó un nuevo periodo de crisis. Por aquella época se infiltraron en el país ideas republicanas, que el gobierno de los liberales no supo contrarrestar. El triunfo de los conservadores en 1874 y la acertada política de Disraeli salvaron este grave escollo. Desde entonces, la soberana del Reino Unido y emperatriz de la India (desde 1876) vio consolidado y aumentado su influjo en la política y en la sociedad de su patria.

Símbolo vivo de la unión de los países anglosajones y del Commonwealth británico, intérprete de la extensión del poder de Inglaterra en los cinco continentes. Victoria fue el ídolo de la nación en los aparatosos jubileos de 1887 y 1897. Murió tres años más tarde, en Osborne, el 22-I-1901, llevándose al sepulcro aquella maravillosa seguridad que respiró la Inglaterra de su época.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 230.

Eduardo VII

Dinastía Sajonia-Coburgo

Biografía

Edward VII in coronation robes

Eduardo VII por Luke Fildes

Rey de Inglaterra, 1901-1910. Eduardo VII (Eduardo X, según otros autores). Rey de Inglaterra y emperador de las Indias, n. en el palacio de Buckingham en 9-XI-1841 y m. en Londres en 6-V-1910: Al venir al mundo, Inglaterra era indudablemente una gran nación, pero no había llegado al estado de prosperidad casi omnipotente que alcanzó durante su reinado.

En la fecha de su nacimiento, una gran crisis industrial afectaba al país, el trabajo escaseaba, y los reformadores cartistas fomentaban los disturbios sangrientos; Ricardo Cobden y Juan Bright, en numerosos mítines, pedían la abolición del impuesto sobre los trigos extranjeros.

Las guerras estaban encendidas, tanto en el Afganistán como en el Cabo, y los republicanos eran más numerosos cada día, y aun las personas de ideas más templadas no creían que el joven príncipe pudiera llegar a sentarse en el trono.

Un atentado contra la reina Victoria en 1842 por el revolucionario Francis, produjo la indignación general y fue altamente favorable a la causa de la monarquía, pues contribuyó a afirmarla.

Ajeno a los graves acontecimientos que se desarrollaban en Inglaterra, el príncipe creció bajo la tutela maternal, y al contar seis años de edad, su madre y el príncipe consorte le llevaron al yacht real, vistiendo el uniforme de la marina real, y embarcado en aquel buque hizo un crucero por la Mancha y por el mar del Norte.

En 1849, acompañado por su padre, inauguró el Coal Exchange, y en 1851 asistió a la inauguración de la Exposición universal. En 1854 concurrió a la sesión inaugural del Parlamento, oyendo con gran atención el mensaje de su madre, en el que anunciaba la Guerra de Crimea.

Junto con sus padres (1856) visitó a Napoleón III y la tumba de Napoleón I, en los Inválidos, y a pesar de su deseo de permanecer más tiempo en parís, que manifestó al emperador, sus padres le volvieron a Inglaterra al finalizar los días anunciados en el protocolo de la visita.

En 1857 recorrió el Oeste de la Gran Bretaña, y en 1858 España, Portugal e Italia, deteniéndose en Roma algún tiempo. A poco continuó sus estudios en Edimburgo, estudiando química industrial y las literaturas francesa, alemana e italiana, mientras que tres veces por semana concurría a los ejercicios del 16º regimiento de húsares, con lo que tenía ocupados todos los momentos del día.

A los dieciocho años se le ascendió a coronel, pasando el verano en Escocia, donde asistió a las cacerías monteses. Pasó después a la universidad de Oxford, cuyos profesores procuraron iniciarle en todos los conocimientos, desde la teología hasta las matemáticas puras.

En 1860 se interrumpieron sus penosos estudios, acordándose que marchara al Canadá como representante de Inglaterra, acompañado del ministro de las Colonias, duque de Newcastle, haciendo la primera escala de aquel viaje en San Juan de Terranova, donde obtuvo una recepción entusiasta.

Llegado al Canadá, colocó la primera piedra del Parlamento de Ottawa e inauguró el puente Victoria en el río San Lorenzo.

El presidente de los Estados Unidos, Buchanan, solicitó de la reina Victoria que permitiera al joven príncipe que atravesara la frontera y visitara aquella nación, a lo que consintió la reina, pero imponiendo a su hijo la condición de que el viaje lo hiciera de incógnito bajo el nombre de barón de Renfren, con el que se trasladó a Chicago, a San Luis y a Nueva York, siendo acogido en todas partes con cariñosa simpatía; plantó un roble en el tumba de Washington.

De vuelta a Inglaterra, en Noviembre de aquel año reanudó sus estudios yendo a la universidad de Cambridge, donde empezaron sus escapatorias, pues se aburría extraordinariamente al lado de su governor, el coronel Bruce, decidiendo una mañana escapar de Cambridge para ir a Londres, logrando que nadie advirtiera su fuga hasta la estación de Cadington, cuyo jefe, acompañado de dos empleados del palacio de Buckingham, le detuvo en el andén y le obligó a regresar a Cambridge.

La muerte de su padre le ocasionó un pesar tan grande que, por espacio de algunas semanas, estuvo sumido en una profunda depresión moral; para sacarle de aquel estado, la reina le indicó la conveniencia de hacer un viaje por Egipto y Tierra Santa (Febrero de 1862), embarcándose seguidamente para el Cairo, donde le tributaron grandes honores y festejos en su honor, y visitó las Pirámides y Jerusalén y los países bíblicos, regresando a la Gran Bretaña en la primavera siguiente.

Se estableció desde los primeros días en el castillo de Sandringham, llevando la vida de un gentleman farmer, en compañía de su esposa, con la que hizo esfuerzos para suprimir las distinciones sociales y las diferencias hereditarias o plutocráticas.

A las recepciones que daba en el castillo invitaba a las personas que habitaban en aquellos alrededores, fueran nobles o burgueses, ricos o pobres. No conformándose con aquella democrática promiscuidad los aristócratas de la región, protestaron en diferentes ocasiones de los sentimientos sobrado democráticos del heredero del trono, que no les hizo caso ninguno.

Rodeado de una corte de alegres amigos, de escritores, poetas, artistas y actores, cuando las murmuraciones llegaban a su conocimiento, le servían de diversión y organizaba alegres bailes y danzas frenéticas al son de las gaitas escocesas, que duraban hasta el alba, en las que tomaba parte personalmente, ejecutando las famosas gigues y los fings, de los montañeses. Aquellas diversiones no le impedían figurar, junto con la princesa, en todas las ceremonias oficiales, inauguraciones y banquetes.

En 1863 los francmasones de Oxford le recibieron bajo el famoso arco de acero, y, como consecuencia, fue nombrado gran maestro de la francmasonería inglesa.

Durante el verano d e1868 los príncipes de Gales viajaron por el continente, pasando algunos días en París, invitándoles el emperador a una cacería en el bosque de Compiègne, durante la cual el heredero de la corona inglesa fue repentinamente atacado por un ciervo que dio en tierra con el caballo que montaba, cayendo el príncipe debajo del animal, sin sufrir graves consecuencias.

Después de una corta estancia en Viena, los viajeros fueron al cairo, desde donde, guiados por Lesseps, visitaron las obras del canal de Suez, saliendo seguidamente para Constantinopla, Crimea y Grecia. En enero de 1872 estuvo a punto de morir de un ataque de fiebre tifoidea.

En 1873 representó a la reina de Inglaterra en la Exposición de Viena, y a su vuelta visitó la ciudad de Birmingham, cuyo alcalde era radical y había pronunciado varios discursos contra la institución real, temiéndose que estuviera poco deferente con el príncipe en el transcurso de la visita, pero, por el contrario, José Chamberlain, así se llamaba aquel funcionario, estuvo muy deferente con él, llegando al poco tiempo a abjurar de sus ideas y aceptar el ministerio de las Colonias.

En 1875 el Parlamento votó un crédito de 2.500.000 francos para que el príncipe, futuro emperador de las Indias, en su próximo viaje a aquel país, deslumbrara con su fausto a los rajás, siendo muy bien acogido en aquella colonia, que de Bombay a Madrás, a Calcuta, a Cawapora y a Allahabad. Los regalos que le ofrecieron los rajás y los nababs ascendieron a más de 25.000.000, mucha parte de los cuales, a su regreso a la Metrópoli, destinó el príncipe a los museos.

En 1885 visitó la Irlanda: en 1887 dirigió las fiestas del jubileo de su augusta madre la reina Victoria; en 1889 asistió a la inauguración de la Exposición universal de París, y en el mismo año marchó con su esposa a San Petesburgo para asistir a las exequias del zar Alejandro III; en 1894 acompañó a la reina Victoria a Alemania; en 1896 su caballo Persimmon ganó el Derby, victoria que entusiasmó a los ingleses y aumentó, si cabe, la popularidad del príncipe.

Acaeció más recientemente la muerte de la reina Victoria y su proclamación como rey (29-VI-1901), y, anteriormente (14-IV-1900), el anarquista Sipido atentó contra su vida en la estación Norte de Bruselas. Una inesperada enfermedad del nuevo rey obligó a suspender las ceremonias de su coronación que, una vez restablecido, se celebraron con gran fausto el 9-VII-1902 y sin incidente alguno desagradable.

En el verano de 1906 pasó, según su costumbre, una larga temporada en Biarritz, sufriendo un gran ataque de influenza, durante el cual tuvo el propósito de llamar al príncipe de Gales, su hijo; a pesar de las apariencias, no había desaparecido la enfermedad cuando regresó a Londres, y el mal tiempo que se dejó sentir en la capital de Inglaterra agravó la bronquitis que sufría, y los médicos, doctores sir Laking y sir Reid, que le asistían, le ordenaron, al notar que la enfermedad era seria, que no abandonara sus habitaciones particulares y se quedaron de guardia permanente en palacio por si su presencia era necesaria al ilustre enfermo.

El día 6 por la mañana se agravó su estado y los médicos dieron un parte diciendo que el estado era crítico, por lo que todos los miembros de la familia real fueron llamados a palacio, el arzobispo de Canterbury ofició a todos los obispos ingleses para que impetraran el favor de Dios para el restablecimiento del rey, y desde entonces el príncipe de Gales no abandonó ni por un momento la cabecera del lecho de su padre, asegurándose que este dijo poco antes de expirar, viendo cerca su fin.

Noto que la via se me escapa. En este momento creo que he cumplido con mi deber.

La noticia circuló con rapidez por Londres, produciendo dolorosa impresión en todas partes, pues seguramente ha sido el soberano más querido de nuestros días. Muy al tanto de todas las cuestiones, procuraba estudiar personalmente los más importantes problemas, y así, uno de sus mejores discursos fue el pronunciado en la Cámara de los Lores sobre la cuestión de las viviendas para obreros.

Se distinguió principalmente como diplomático: sabido es que dirigió personalmente las relaciones con el exterior, según costumbre inglesa, lo propio que su augusta madre y otros soberanos anteriores.

En el interior fue escrupulosamente constitucional, pero en la política exterior quería imponer sus iniciativas. A ellas se debió la alianza con el Japón, el mejoramiento de las relaciones con Alemania, la amistad más estrecha con España, la mayor cordialidad de las relaciones con los Estados Unidos, y, a los pocos días de subir al trono, la paz con el Transwaal, contra el parecer de algunos políticos ingleses, y, por último, en 1903, la entente cordiale con Francia, a pesar de la viva oposición de los ministro ingleses, especialmente de lord Londonderry.

Fue hombre, dentro de su credo, de sentimientos religiosos, como lo prueba el hecho de que si se daba el caso de hallarse en localidades donde no le fuera fácil asistir al servicio divino de la Iglesia anglicana, no tenía reparo de asistir a la misa en cualquier templo católico. En algunos actos transcendentales no vaciló en arrostrar la impopularidad protestante.

Sabido es que al subir al trono se negó a prestar el juramento de ritual contra ciertos dogmas del catolicismo y recibió la visita oficial del legado de Pío X, cardenal Vanutelli, y ordenó que nadie se opusiese a que 100.000 católicos recorrieran en procesión las calles de Londres cuando el Congreso Eucarístico, celebrado en aquella capital en IX-1908.

La Alianza protestante elevó un mensaje a la corona para que impidiera la procesión, a lo que el monarca contestó con un visto y ordenó a su gobierno la conservación del orden, pues dijo que aun cuando los católicos ingleses estén en minoría en Inglaterra, son tan ciudadanos como los protestantes y tienen iguales derechos al amparo de la ley.

Hemos dicho que Eduardo VII dirigió personalmente la política exterior de Inglaterra, y hay que añadir que también fue el impulsor de las formidables construcciones navales de Inglaterra para contrarrestar las de Alemania, asesorado por su ayudante de campo, sir Juan Fischer, primer lord del Almirantazgo; realizó dos hechos principales, reuniendo y reconcentrando todos los buques de guerra de Inglaterra en las costas de Inglaterra e Irlanda, y la aparición de los Dreagnoughts, buque que se distinguen por su colosal tonelaje y por la uniformidad del calibre de su artillería gruesa (30 cm., con proyectiles de 400 libras), que a 12 km. perforan corazas de dos pies de espesor.

En los nueve años de su reinado la escuadra inglesa ha doblado casi, a pesar de ser los nuevos buques de mayor tonelaje que los existentes en 1901. Entonces contaba con 37 acorazados, que desplazaban 360.000 ton., y a su muerte contaba con 56 que desplazan 828.000, sucediendo un aumento proporcional en los cruceros, torpederos, destroyers y submarinos: el importe de los siete presupuesto navales aprobados por Eduardo VII se elevaba, sin contar la artillería, a la enorme cifra de 331.995.700 francos.

Durante muchos años reinó también Eduardo VII como soberano indiscutible de la moda a la que dio el tono en toda Europa; todos los elegantes le imitaban hasta en sus extravagancias adoptaban las prendas que el monarca se veía obligado a llevar para disimular su marcada corpulencia.

Fue, en suma, Eduardo VII, una de las personalidades más simpáticas de nuestra época. Hombre de mundo, elegante, dotado de un amable escepticismo y de una agradable bonhomie, supo contribuir a la grandeza material y moral de su patria y trabajó con fruto por la paz europea, que tuvo en él a uno de sus más decididos campeones. Fue también un buen amigo de España, con cuyo soberano, como es sabido estaba emparentado. En 1912 se le erigió un monumento en Cannes.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 19 págs. 106-107.