Napoleón I Bonaparte

Biografía

Napoleón por Jacques-Louis DavidNapoleón por Jacques-Louis David

Emperador de los franceses, n. en Ajaccio (Córcega) el 15-VIII-1769 y m. en la isla de Santa Elena el 5 de mayo de 1821, hijo segundo de Carlos María Bonaparte y de María Leticia Ramolino. El padre de Napoleón, a raíz de la ocupación de Córcega por los franceses, se había adherido al gobierno de Francia: ejercía la profesión de abogado, y sus ocupaciones para atender al sustento de la familia, pues no era rico, no le permitieron entretenerse mucho en la educación de Napoleón, dejando este cuidado a la madre del niño, que era una mujer muy inteligente.

Ya desde su niñez manifestó Napoleón un carácter voluntarioso, no exento de soberbia, y sus instintos belicosos los demostró en las contiendas que se suscitaban entre los chiquillos de la ciudad y los del arrabal de Ajaccio. Habiendo obtenido, al propio tiempo que su hermano mayor José, una beca o bolsa escolar para la escuela preparatoria de Autun (merced a las gestiones del conde Marbeuf, gobernador de Córcega), partieron para Francia ambos hermanos el 15-XII-1778, y en la escuela de Autun gozaron de la protección del obispo de aquella diócesis, hermano del citado gobernador de Córcega. En este colegio comenzó Napoleón a aprender el francés, llegando en tres meses a escribir en dicha lengua, pero le costó muchísimo la pronunciación del nuevo idioma, pues el acento italiano estaba muy arraigado en Napoleón.

El 23-III-1779 pasó a la escuela militar de Brienne, dirigida por religiosos mínimos. Fue en esta escuela objeto de las novatadas y burlas de sus compañeros, quienes le consideraban un ser exótico, pero en sus estudios demostró gran aptitud para las matemáticas, ganando en 1783 el primer premio de dicha asignatura, lo que fue causa de que el inspector de enseñanza, Keralio, le destinara para le Escuela Militar de París.

Por este tiempo sentía Napoleón un odio grande contra los genoveses, los tiranos mercantiles de Córcega, como les llamaba; tampoco veía con mucha simpatía a los franceses, pues aunque debe considerarse apócrifa la expresión que le atribuyen las Mémoires de Bourrienne: Haré a tus franceses todo el mal que podré, es ello cierto que no cesaba de soñar en la independencia de Córcega del yugo francés, y consideraba a Paoli como un héroe y casi como un dios

Al año siguiente ocurrió la muerte de su padre, y desde entonces, aunque no era el primogénito, fue considerado como el jefe de la demás familia, sobre la cual ejerció mucha autoridad, sin que nadie pensara en disputársela. La pobreza, más que su propia ambición, le instigó a adelantar en sus cursos, de modo que, aunque imperfectamente, efectuó en seis años los estudios que exigían generalmente un periodo de diez.

Nombrado a los diecisiete años segundo teniente del regimiento de bombarderos de la Fère (habiendo sido clasificado al salir de la Escuela Militar con el número 42 entre 58 concursantes), siguió a su regimiento en las guarniciones sucesivas de Valence, Lyón, Douai y Auxonne (1785-1788).

Durante su estancia en Valence se aplicó al estudio de la filosofía, de la literatura, de la geografía y de las ciencias políticas, mostrándose poco aficionado a las diversiones. De esta época data su afición a los estudios históricos y en particular a la Bibliografía, en la que llegó a ser un verdadero especialista, como puede conocerse por la interesante obra Napoleón bibliophile, de Gustavo Marvuit (París, 1910).

Al estallar la Revolución, vio con simpatía el desquiciamiento ocasionado por la misma, y pensando antes que todo en su país, pidió permiso para trasladarse a Córcega por asuntos de familia, llegando a Ajaccio a últimos de septiembre de 1789. Defendió allí los intereses de la Revolución, y dirigió al Club de Ajaccio un manifiesto en el que acusaba a Buttafuoco, diputado de la nobleza corsa, como traidor al país.

Permaneció en la isla más tiempo del autorizado por sus superiores, y al regresar a Auxonne (febrero de 1791) vivió muy probablemente con su hermano Luis; entretenía sus ocios esbozando una historia de Córcega y escribiendo unas Réflexions sur l´état de nature, impregnadas de los sofismas de Rosseau; compuso además, un Dialogue sur l´amour. En esta ocasión perfeccionó sus conocimientos de las lenguas latina y griega, que llegó a poseer con una perfección nada común entre los militares de su época. También presentó un trabajo a la Academia de Lyón, que fue clasificado en último lugar.

En 1791 murió su tío segundo, el arcediano Luciano, que era el sostén de los Bonaparte; por este motivo tuvo que emprender Napoleón un nuevo viaje a Córcega, que aprovechó para mezclarse en la elecciones para la Asamblea legislativa. Acababa entonces de ser nombrado primer teniente del regimiento de Grenoble.

Seguro del apoyo del los revolucionarios corsos, se hizo nombrar jefe del batallón de la Guardia nacional de voluntarios. Se apoderó entonces y ocupó militarmente las avenidas de la ciudadela de Ajaccio, pero habiéndose elevado una queja contra él, pues hizo fuego con su batallón contra los ciudadanos de Ajaccio, tuvo que marchar a París para justificar su conducta, en mayo de 1792, y en esta capital se encontraba cuando las jornadas del 20 de junio y 10 de agosto; presenció igualmente los asesinatos de septiembre de 1792, pero en tales sucesos no desempeñó ningún papel activo.

De regreso a Córcega (17-IX-1792) se separó de su ídolo, el general Paoli, al que Napoleón trató de resistir, aunque inútilmente, y después de ver su patrimonio destruido e incendiada su morada, pasó Bonaparte con toda su familia a Bastia, primero, y luego (13-VI-1793) a una finca de la Vallete, cerca de Tolón: en ella dejó a su madre y a sus hermanas, mientras él pasaba a incorporarse al ejército d elos Alpes, siendo destinada a Niza su compañía, de la que acababa de ser nombrado capitán.

Campañas con el ejército revolucionario

En Niza recibió la orden de reunirse, cerca de Aviñón, a la columna del general Carteux, que debía cortar las comunicaciones entre Lyón y Marsella y apoderarse de esta última ciudad. Encontrándose entonces Napoleón en Beaucaire, escribió el diálogo Le souper de Beaucaire, en el que defendió elocuentemente la causa de la unidad francesa contra el federalismo, y demostraba, además, la impotencia y la locura de los confederados del Mediodía; este trabajo fue impreso por cuenta del estado.

Marsella fue tomada, y tres días después eran entregados, mediante traición, a los ingleses la ciudad y el fuerte de Tolón. En esta ocasión empezó a manifestarse el genio militar de Napoleón, pues habiendo sido nombrado jefe de batallón y comandante provisional de la artillería de sitio, en substitución del capitán Doumartin, gravemente herido, asistió a las deliberaciones del Consejo de guerra acerca del plan a seguir para reconquistar Tolón, y fue aceptado el que propuso Bonaparte (25-XI-1793)

Se encargó a Napoleón el ataque de los fuertes del SO., y aunque en este sitio no desempeñó el principal papel, como quieren algunos suponer, lo cierto es que contribuyó eficazmente a la toma del fuerte de la Eguillette, base de la defensa de los sitiados, y dos días después se hicieron los asaltantes dueños de Tolón. En recompensa a su brillante comportamiento, obtuvo Bonaparte el nombramiento de general de Brigada, y pasó a mandar en Niza la artillería de Dumerbion, jefe del ejército de Italia. Recibió el especial encargo de inspeccionar y armar las costas provenzales, pero el 9 Thermidor se interrumpió bruscamente su carrera militar.

Denunciado por Saliceti como reo de traición, se le llamó a comparecer ante la Convención, pues se le acusaba de haber destruido los recintos del fuerte de San Nicolás en Marsella, y encarcelado en Antibes, fue luego indultado, aunque quedó destituido de su grado. También se le acusaba de mantener inteligencias con individuos adictos a la realeza, fundándose sus acusadores en que había libertado a una señorita de la más alta aristocracia francesa, del poder de las turbas que la perseguían como encubridora de unos realistas proscritos.

El hecho, no concretado ni probado aún, históricamente, se dice que dio origen a que, por medio de esta señorita aristocrática, traba Napoleón conocimiento con Josefina de Beauharnais, que más tarde fue su esposa. En marzo de 1795 se le propuso para mandar la artillería del ejército del Oeste, a las órdenes de Hoche, pero Napoleón dimitió este mando; entonces se mezcló a las intrigas de la Sociedad Thermidoriana, y se hizo presentar a las reuniones que se celebraban en casa de madame Tallien, asombrando por sus rarezas a todos los concurrentes.

Permaneció neutral cuando las intentonas de los realistas contra la Convención, y durante las jornadas del Vendimiario se le confió, a propuesta de Barras, la defensa de la Asamblea, dándosele el mando del ejército de París. Se mostró entonces muy enérgico, si bien evitó el derramamiento inútil de sangre, y como recompensa al éxito que obtuvo en esta circunstancia, se le ascendió a general de división y se le dio cierta participación en la dirección los asuntos gubernamentales, lo que le sirvió para conseguir el mando, como general en jefe, del ejército de Italia, el 27-II-1796, y pocos días después (9 de marzo), y antes de ponerse en camino para su nuevo destino, contrajo matrimonio con Josefina Tascher de la Pagerie, viuda del general Alejandro de Beauharnais, la cual era de más edad que Napoleón.

Campaña de Italia

El 27-III-1796 tomó posesión en Niza del alto mando de su ejército; este se hallaba en inferiores condiciones que el del enemigo, no solo en el número de los combatientes, sino también en cuanto al armamento. Además, tenía que trabarse la lucha en un país hostil a los franceses, lo que no dejaba de ser una enorme dificultad. Napoleón, no obstante, no se desanimó por tales contratiempos, y tuvo destreza para hacer de sus soldados un ejército poderoso, de modo que la campaña de Italia fue una de las que le dieron mayor gloria.

También le fue preciso luchar con la mala voluntad de sus tenientes y enardecer los sentimientos patrióticos de las tropas, dejándoles ancho campo, además, para enriquecerse a costa del pillaje. Atravesó los Alpes en quince días, y con el apoyo eficaz que le prestaron sus ayudantes de campo Junot, Marmont, Murat y Muiron, empezó aquella campaña victoriosa con la acción de Voltri, las batallas de Montenotte y de Millesino, la toma de la frontera de Cossaria, la batalla de Dego, la acción de Vico y la batalla de Mondovi; todos estos hechos de armas ocurrieron entre en 11 y el 22-IV-1796.

En esta época empieza Napoleón la serie de sus famosas proclamas o arengas militares, que venían a constituir lo que se llama una orden del día. Las leían los jefes de regimientos en formación entre sus tropas, y tenían el don de entusiasmar fogosamente a los soldados. Como obras literarias, eran piezas oratorias escritas con una aparente espontaneidad, pero acusaban un refinamiento y un estudio del corazón humano que denunciaban, desde luego, un verdadero trabajo de erudito. No pocas veces Napoleón las redactaba en vista de los textos de Jenofonte, Tito Livio y César, y, como puede verse por las que nos han sido transmitidas por los historiadores, dadas las circunstancias en que se hallaban los soldados napoleónicos, estas proclamas solían siempre lograr el fin para el que fueron dictadas.

Firmaron los piamonteses, después de repetidos desastres, el armisticio de Cherasco, dejando en poder del vencedor Coni, Ceva y Tortone. Tratón entonces Napoleón de atacar a los austriacos, que se habían separado de los piamonteses, y ocupaban la Lombardía; al propio tiempo, para captarse la benevolencia de los italianos, hizo un llamamiento a su sentimientos en favor de la independencia del yugo austriaco, prometiéndoles, además, que serían respetados sus bienes, su religión y sus costumbres.

El ejército francés, por medio de una tentativa atrevida, pasó el Po, engañando con sus movimientos a los austriacos, cuyo general Beaulieu tuvo que replegarse sobre el Adda, y mientras el grueso del ejército francés atacaba de frente en Lodi a los austriacos, el general francés Massena, por medio de una hábil maniobra, decidía la victoria (10-V-1796). Con este triunfo Bonaparte se hizo dueño de la Lombardía, y el 14 de mayo fue recibido en Milán como un libertador; debieron, no obstante, los milaneses pagar 20.000.000 de francos como contribución de guerra; también el duque de Módena tuvo que pagar a Napoleón 8.000.000 para conseguir un armisticio. Estas sumas las repartió entre el Directorio y su ejército.

A últimos de mayo derrotó nuevamente, en Borghetto, a Beaulieu, el cual se refugió entonces en Mantua, y para facilitar el sitio de esta plaza, no titubeó Napoleón en ocupar Verona y Peschiera. Amenazó también al papa Pío VI con la pérdida d ela Romaña, y le vendió un armisticio por 21.000.000 de francos. A pesar de estos éxitos, el ejército francés se vio presto en una situación apuradísima, pues el emperador austriaco envió un ejército de 60.000 hombres para libertar a Mantua, mandado por el general Wurmser, el cual hizo su entrada en esta plaza el 2-VIII-1796 y organizó dos divisiones para atacar al enemigo, la primera de las cuales fue derrotada por Massena en Lonato, y la otra perdió sus posiciones de Castiglione en la encarnizada batalla de este nombre.

Tras de este gran triunfo, regresó Napoleón rápida e inopinadamente a París, según algunos historiadores, instigado por cartas de Barras, a quien suponen enamorado de Josefina, y el cual, al verse desdeñado, dicen quiso vengarse de la esposa de Napoleón concitando los celos de este, a quien señalaba tiempo y lugar para sorprender la infidelidad de Josefina, a la que suponía también en relaciones con próceres realistas que se proponían acabar con Napoleón. Este, al llegar a París, comprobó la falsedad de las imputaciones de Barras y entonces solicitó Bonaparte del Directorio algunos meses de descanso, si bien tenía en realidad pocos deseos de ceder a otro su puesto, como lo evidencia el hecho de haber llamado entonces a su esposa Josefina, y establecidos ambos cónyuges en Milán, se rodearon de una verdadera corte.

Entre tanto, los austriacos habían podido rehacerse de sus pérdidas, pues formaron un tercer cuerpo de ejército, mandado por Alvinzi. Se preparaba entonces Bonaparte a reconstituir Italia afrancesándola, y empezó una nueva campaña con tristes augurios para el ejército francés, que fue vencido en Caldiero por los austriacos, pero librándose luego las famosas batallas del puente de Arcole (15, 16 y 17-XI-1796) y de Rívoli (14 de enero de 1797) en que se cubrió de gloria el ejército napoleónico. Mantua se vio obligada a capitular el 2-II-1797, desapareciendo con ello el último baluarte de la dominación austriaca.

Ocupó luego Napoleón la ciudad de Módena, en donde reunió un congreso de patriotas italianos y organizó la República cisalpina. El Papa, que había roto el armisticio de Foligno, estaba haciendo preparativos para resistir a Bonaparte, mas tuvo que firmar la paz de Tolentino, que le costó la pérdida de la Romaña u otros territorios y, además, se vio obligado a pagar otra contribución de guerra (15.000.000 de francos). Aviñón se entregó a Francia y lo propio hizo el condado de Venesino, pero Austria, a pesar de las derrotas experimentadas, no quería darse por vencida.

El archiduque Carlos, vencedor de Moreau, al frente de un nuevo ejército llegó hasta los Alpes Cárnicos en busca de Napoleón, pero este supo prevenirse, pues mientras él forzaba el paso de Tagliamento, (16-III-1797), sus generales Joubert y Massena ocupaban respectivamente los collados de Brenner y de Tarwis; menudearon entonces las derrotas austriacas, y el 1-IV-1797 fue vencido el archiduque en Newmark, encontrándose, seis días después, en Loeben, el ejército francés, lugar que distaba solo dos jornadas de Viena, y desde lo alto del Soemering se podían contemplar de lejos los campanarios de la gran capital.

El 13 de abril se firmaron en Loeben los preliminares de la paz. Entonces Napoleón trató de castigar a la República veneciana por su neutralidad sobrado malévola; le sirvió como pretexto el asesinato de la guarnición francesa de Verona (16-IV), y el general Baraguey d´Illiers marchó a ocupar algunos territorios venecianos.

Se adhirió Napoleón al golpe de Estado dictatorial del 18 Fructidor, y para felicitar al gobierno francés, envió expresamente a Augereau a París. Napoleón obtuvo entonces carta blanca para negociar la paz de Campo Formio (17-X-1797), la que reconoció a Francia el dominio sobre los Países Bajos austriacos y de la ribera izquierda del Rhin, pero en cambio quedó el territorio de Venecia en poder de Austria; reconoció también este tratado la República cisalpina.

Regresó Napoleón a París el 5 de diciembre, siendo recibido con mucho entusiasmo, y se le nombró entonces miembro del Instituto de Francia, pero su creciente popularidad inspiró recelos al Directorio, que trató de alejarlo de la capital. Por otra parte, la paz era solo aparente, pues Inglaterra, siguiendo su política de siempre, procuraba excitar contra Francia a todas las naciones europeas; resolvió entonces el gobierno francés atacar a la Gran Bretaña en sus posesiones indias.

Campaña de Egipto

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 37 págs. 1012-1026.