La Revolución rusa1917

Antecedentes
Reunión de la Duma
La Revolución triunfante
El Gobierno rojo
Asesinato del zar
Guerra civil
Cambio en la política soviética

Antecedentes

Para comprender las causas de la revolución rusa es preciso retroceder un poco a fin de buscar sus antecedentes y su origen más o menos inmediato. El pueblo ruso es una mezcla de asiáticos (fineses y mongoles) con eslavos, que se encontraron en la inmensidad de la llanura y que, dividido a su vez en grupos muy distintos necesitaban un núcleo alrededor del cual pudieran agruparse.

Este núcleo se formó naturalmente en el borde meridional de la selva, en fácil contacto con la estepa (cuencas de Moskva y del Okba), tierra de paso entre el mar Báltico y el Negro. Se constituyó allí una aristocracia comercial, impregnada de ideas bizantinas, por ser Constantinopla (cismática y decadente) el único foco de cultura con quien trataba.

Pero cuando los labradores de la estepa buscaron refugio en la selva, huyendo de las hordas guerreras que constantemente cruzaban aquélla, se formó otra aristocracia terrateniente, organizada a la manera feudal, que se hizo poderosísima en el periodo de la reconquista del suelo nacional, detentado por los mongoles.

Expulsados estos, emprendió Iván el Terrible la lucha contra los boyardos, dueños de las mejores tierras, ayudado por el pueblo y los magnates de media y menor categoría, y creando, gracias a ellos, el ejército permanente.

Se sigue un gran florecimiento económico; la aristocracia evolucionó hacia los señoríos territoriales y hacia la burocracia. Era dueña de la tierra pero sierva del zar, mientras el pueblo, abandonado ahora a su suerte por la Corona, que ya no le necesitaba, caía en la servidumbre.

La aproximación hacia el Occidente, iniciada por los Romanov, se acelera con Pedro el Grande, y la fortuna de las armas rodea de insuperable prestigio al Estado y a su encarnación personal semidivina, el zar, fuente inagotable de beneficios para la aristocracia, así militar como civil, y en todos los casos burocrática y dependiente del soberano.

Pero sobre esta masa social, predominantemente asiática y, por tanto, con sentimientos también asiáticos, el creciente contacto con Europa produce fermentos revolucionarios.

De 1826 a 1854 hubo en Rusia 526 motines de labriegos siervos. Actuaban ya sociedades secretas, como Unión de Salvación y Sociedad de los Caballeros Rusos. El pueblo despertaba odiando a las clases altas. Durante la epidemia colérica, destruyó hospitales, mató médicos y aun enfermos, acusando a los magnates de querer destruirle. Pero el prestigio del zar, el Padre del pueblo seguía incólume.

La desastrosa Guerra de Crimea, primera desgracia de las armas rusas, comenzó a socavarlo. Alejandro II quiso anticiparse a la Revolución, que presentía, decretando la libertad de los siervos (1861); mas como a estos no se les dieron tierras (o muy pocas), siguieron tan siervos como antes, pero descontentos e inquietos. Esta inquietud tiende a amenguar la autoridad del zar, el Padrecito hasta ahora venerado. Esta pérdida de autoridad se agrava tras la aparición de un nuevo factor: el obrero industrial.

Rusia, siguiendo el ejemplo de Occidente se industrializa. En el vasto desierto de la pobreza rusa emergían, como oasis florecientes y bulliciosos, 302 fábricas de más de 1.000 obreros, agrupadas en unas cuantas ciudades o en torno a ellas. El número de las fábricas menores disminuye luego, pero aumenta la importancia de las grandes.

A esta acumulación sigue la concentración de las masas obreras y la constitución de un numeroso proletariado, órgano nuevo de la vida rusa sobre el que va a actuar la propaganda de los revolucionarios.

Otra novedad peligrosa es la introducción de la mujer en la fábrica. Con ella viene la desorganización de la familia y la baja de los salarios, porque la obrera trabaja más barato que el obrero. Es toda la sociedad rusa la que se descompone y disgrega, de arriba abajo.

El proceso de evolución es lento, casi imperceptible, en la enorme masa rural, pobre, ignorante y compuesta de razas y religiones diversas; rápido en las ciudades y centro febriles, donde se forman (bajo la acción de una clase intelectual enérgica y violenta, inspirada por Marx y Bakunin un proletariado y unas clase media cada día más convencidos de que el primer acto de la salvación social es la destrucción de todo lo existente (anarquismo); más rápido aún en la aristocracia burocrática (esto es, toda la aristocracia, porque no hay familia de orden superior que no esté adscrita al servicio del Estado), corrompida, superficialmente culta (por la facilidad de los viajes y el conocimiento de lengua exóticas), a merced del capitalismo extranjero, explotador de la intervención de Rusia en la política internacional, y haciendo del negocio de la patria el propio negocio.

Los padres rusos de la revolución rusa fueron Alejandro Hercen, Bakunin y Chernichesvky. De ellos, el de mayor influencia en las masas fue Bakunin, aristócrata enemigo de la aristocracia y formidable propagandista. Murió en 1876, lamentando no haber pasado sus últimos días en Barcelona, donde tenía puestas sus esperanzas revolucionarias.

Veía en el atraso del campesino ruso la causa de la triste suerte de la nación, pero también el instrumento para salvarla, y suponiéndole, muy al contrario que su congénere de Europa, impregnado de ideas comunistas, se proponía empujarle por ese camino.

No todo el ejército de la inteligencia, como se vino a llamar a los revolucionarios (estudiantes, profesores, oficialidad del ejército), profesaba las mismas doctrinas; pero, por diversos medios, todos iban al mismo fin: el derribo del edificio zarista por la violencia.

Dirigía esta obra una misteriosa Junta, llamada Comité ejecutivo. A sus golpes cayó Alejandro II. Pero la acción terrorista resultó ineficaz y el Comité ejecutivo murió también. Fue preciso el momento favorable de la guerra con el Japón para que la Revolución asomara la cabeza, y entonces fue el marxismo y la doctrina de Kropotkin lo que dominó entre los revolucionarios.

Fue dicha guerra el último gran negocio de las clases altas, constituidas en sindicato explotador del poder ruso. El virrey Alexeiev buscaba, de acuerdo con poderosas influencias cortesanas, la explotación de los bosques y minas manchurianos, sin importarle provocar la resistencia del Japón, al que los grandes de Rusia tenían en poco. La guerra de Crimea, hecha contra una coalición de poderosas potencias occidentales, solo había sido un alto en la expansión victoriosa.

Las derrotas manchurianas eran un retroceso ante un enemigo tenido hasta entonces por muy inferior, y manchaban el prestigio imperial. La aptitud dominadora del Estado y del zar, su histórico remate, hasta entonces garantizado por el constante éxito, quedaba en entredicho.

Venía este acompañado del estruendo de la caída económica, pues se habían derrochado inútilmente 5.000.000.000 de rublos. Esta bancarrota de las clases directoras trajo aparejado un general disgusto y descontento, que la propaganda revolucionaria se apresuró a envenenar con folletos, discursos y artículos de periódico, sin que bastara a impedirlo la más severa censura.

Funerales por las víctimas de la Revolución el 5 de abril de 1917.
Funerales por las víctimas de la Revolución el 5 de abril de 1917.

La serie de las huelgas sangrientas comienza en enero de 1905. En San Petersburgo hubo barricadas, en las que murieron 500 obreros, pasando de 3.000 los heridos. La rebeldía cunde ya por los campos, donde son asaltadas muchas casas de propietarios e incendiadas algunas. Estallan motines de obreros en centros industriales y huelgas de ferroviarios, de empleados, de estudiantes y de profesores.

La Revolución gana gran parte de la clase media. El acorazado Potemkim se subleva en Odessa; le sigue al poco tiempo la escuadra del Mar Negro; se pronuncia el regimiento de ingenieros de Kiev; el gobierno, inseguro ya de la fidelidad del Ejército, da el manifiesto del 27 de octubre, convocando a elecciones, y, con asombro general, aparecen en la Cámara Duma 100 diputados laboristas. Se disuelve la Duma, se restringe el sufragio; pero la segunda Duma resultó más revolucionaria que la primera y tuvo 200 diputados de oposición.

Duró tres meses y medio, y 37 de sus miembros fueron enviados a Siberia. Emprendido por el Gobierno, francamente, el camino de la reacción, como se ha manifestado anteriormente, se suspendió el derecho de reunión; se disolvieron todas las asociaciones sospechosas de regionalismo, socialismo y liberalismo, y cuantas no eran del agrado del gobierno. Stolpin y Trepov fueron dos brazos del zarismo irritado. A fin de acabar con el comunismo municipal, se dio la Ley autorizando a los dvora (caserías dispersas) para declararse independientes del municipio.

El hambre de 1911, producida por la insuficiencia de las lluvias, que se extendió por numerosos gobiernos, padeciéndola más de 25.000.000 de personas, vino a complicar terriblemente las cosas.

En los ocho años que median desde 1906 a 1914 la prosperidad de Rusia había renovado su marcha ascendente a despecho de las conmociones políticas que siguieron al desastre manchuriano, y esta prosperidad era el argumento con que el gobierno replicaba triunfalmente a las reivindicaciones revolucionarias: había paz, había orden, no inspiraban ya recelo las maniobras comunistas ni las separatistas de Finlandia, Polonia y Gobiernos bálticos, y la nación era más respetada que nunca por las potencias extranjeras, como lo probaba la reciente visita del rey de Inglaterra en Reval.

En efecto, el movimiento comercial había subido de 1.900.000.000 rublos a cerca de 3.000.000.000; el número de fábricas inspeccionadas por el Gobierno, que era de 14.733 en 1909, llegaba a 17.356 en 1912, y el de obreros en ellas empleados había pasado, en iguales fechas, de 1.833.000 a 2.151.000. Pero la prosperidad del elemento obrero daba nuevas fuerzas a la Revolución, y la marcha de esta era señalada por la frecuencia, magnitud y gravedad de la huelgas.

En 1910 hubo 200 huelgas con 46.000 participantes, y en 1913 se contaron por miles, con 1.185.000 huelguistas. Muchos obreros murieron a manos de la policía y de la tropa, pero la rebeldía del proletariado tomaba cada día caracteres más graves, siendo lo peor que cundía ya entre los mujiks (campesinos), cada vez más descontentos de su suerte.

Por otra parte, la situación financiera era mala. El presupuesto de gastos había aumentado un 75% en diez años. La venta del alcohol, veneno de la raza, producía al estado cerca de 1.000.000.000 de rublos. En cambio, para la instrucción de 180.000.000 de seres solo se destinaban 176.000.000de rublos: menos de un rublo por cabeza..

La Deuda imperial, que ascendía a 7.000.000.000 de rublos en 1904, llegaba a 10.000.000.000, y los intereses anuales habían pasado de 299.000.000 a 403.000.000. Los cuatro séptimos del presupuesto se consumían en gastos improductivos, importando solo los llamados de Administración unos 5.000.000.000 de rublos.

Finalmente, en julio de 1914 estallaron, simultáneamente, la huelga general rusa y la guerra de 1914-1918, en la que el Gobierno del zar entró pensando quizá hallar el mejor derivativo posible de la grave enfermedad interna. Pero esta, acallada por el momento por la efusión patriótica y la máquina niveladora de la movilización, siguió su labor socavadora, favorecida precisamente por la confusión de los elementos sociales, antes separados, ahora mezclados y puestos a fermentar por la terrible derrota.

La juventud universitaria acudió a desempeñar servicios técnicos; voluntarios de los campos, elegidos entre los que sabían leer y escribir, recién salidos de las escuelas, marchaban a las aldeas a suplir a los soldados incorporados a filas, ayudando a las mujeres en las faenas agrícolas; médicos y farmacéuticos se presentaban en los cuarteles y hospitales, y el mujik, rudo e iletrado se halló en contacto con los más peligrosos intelectuales.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 págs. 924-925.

Reunión de la Duma

El zar volvió, al fin, a convocar la Duma (8-VIII-1914), la cual aprobó por unanimidad respondiendo al llamamiento del emperador, que pedía la unión de todos contra el invasor, olvidando las disensiones intestinas.

Pero siguieron las persecuciones, no hubo amnistía, y los desterrados en Siberia, que eran muchos miles, en Siberia siguieron. La lucha entre el zar y la Revolución dependía del resultado de la guerra. Vencida Rusia, vencía inmediatamente la Revolución. Vencedor el zar, la Revolución quedaría aplastada.

Los revolucionarios marxistas deseaban la victoria del Gobierno. Su jefe, Jorge Plejánov, fundador del partido socialdemócrata ruso, se mostraba acendrado patriota. Lo mismo el príncipe Krapótkin. Pero Lenin, expatriado en Suiza, sostenía vigorosamente la tesis de que Rusia, para alcanzar la libertad, necesitaba ser vencida.

En su periódico El Social-Demócrata, que publicaba en Ginebra, decía (núm. del 27-VII-1915) que los revolucionarios rusos debían contribuir prácticamente a la derrota de Rusia. La desastrosa campaña de Polonia (entonces ya los alemanes estaban a las puertas de Varsovia) abría, según Lenin, el camino a la Revolución.

El zar convocó nuevamente a la Duma. y en ella surgió luego la cuestión de las responsabilidades. El ministro de la Guerra, Sujomlinov, que acababa de ser destituido, y muchos de sus principales colaboradores fueron violentamente acusados. Sobrado fundamento tenían, en verdad, las acusaciones; pero aún más importante que esto era el hecho político de que un Gobierno del zar fuese acusado y vilipendiado con la mayor violencia. Aquel era el verdadero principio de la Revolución.

La guerra no podía organizarse bien, dada la inferioridad de las altas clases rusas, moral e intelectual. A Sujomlinov se le acusó de las más escandalosas prevaricaciones, mediante las cuales había acumulado una fortuna gigantesca; pero en todo caso no era sino uno de tantos corrompidos.

Faltaban municiones; el material de guerra era malo; los servicios higiénicos, inhumanamente deplorables. Estos hechos incitaban a la protesta al pueblo, trabajado por los intelectuales, mezclados ahora con él en campamentos, hospitales y cuarteles.

A pesar de ello, los generales prohibieron la circulación en el Ejército del periódico Ruskoie Snamia, órgano de la más desenfrenada reacción, que llamaba al pueblo ruso a la matanza de los judíos y los intelectuales. A principios de 1915 ya no le quedaba al zar prestigio ni aun en el seno de la propia familia.

A primeros de 1917 fue asesinado Rasputin, el inspirador místico de la emperatriz, por personas de la más distinguida sociedad rusa. La Corte, y especialmente la emperatriz, no comprendía el alcance de la situación y la última escribía a su esposo el 22 de Febrero de dicho año.

Mantente firme. Sienta la mano duramente; es lo que hay que hacer con los rusos.

Dos días después, el pueblo de San Petersburgo, hambriento, asaltaba las panaderías. La comenzada Revolución sigue su curso. Ya se pronuncian discursos antidinásticos. En los desórdenes han tomado parte más de 200.000 personas y ha corrido mucha sangre.

El 9 de Marzo, una masa enorme de obreros hambrientos invade la Perspectiva Nevsky, clamando pavorosamente. Los harapos que cubren aquel ejército de la miseria contrastan de modo lamentable con el lujo de los establecimientos de la Avenida, ante los cuales desfilan los obreros cantando en voz baja un himno sedicioso. La policía los contempla dispuesta a cargar; pero los cosacos sonríen benévolos, a lo que la multitud corresponde aplaudiéndolos.

Rápidamente, en brevísimas horas y en silencio, nacen las primeras Juntas directoras del movimiento. Pero el general Petrovsky y el ministro de la Gobernación, Protopopov, manifiestan a la emperatriz Alejandra (que está en Tsarskoie Seló que no hay peligro alguno, que la Revolución será dominada.

Al día siguiente (10), el gobernador manda prender a todos los miembros del Comité Industrial Militar y a los representantes de las asociaciones obreras. Los puentes y avenidas fueron ocupados militarmente. A la entrada del de Liteyny, que era el principal había policía y cosacos. Más de 30.000 obreros llegan a la entrada y tropiezan con los cosacos. Pero los cosacos parlamentan con la plebe y se retiran, dejando revolucionarios frente a la policía.

Esta les acomete, acuchilla, dispara; pero es, al fin, arrollada. El Gobierno saca la guarnición entera a la calle y ocupa militarmente la ciudad. El 11, masas compactas de obreros desfilan cantando sus himnos. A la voz de ¡Apunten!, dada por los oficiales a los soldados, los obreros caen de rodillas, siempre cantando. En este momento crítico un inspector maltrata a un obrero. Los cosacos caen sobre él a sablazos y le matan.

La cuarta compañía del regimiento Pavlovsky se pasa a los revolucionarios y acribilla a dos destacamentos de la Guardia . Los soldados son acorralados y 200 condenados a muerte. El general Jabalov asume al día siguiente el mando en jefe. Pero el ejemplo de la víspera ha producido su efecto, a pesar de la represión, y el capitán Lashkevich, que la había dirigido, muere asesinado por sus propios soldados.

El regimiento de Volhinia sale del cuartel y se une a la Revolución. Soldados de diversos cuerpos acuden en tropel, y pronto suman el efectivo de una división. Pero ni un oficial está con ellos. La masa, acéfala, vacila. Es un momento decisivo: De pronto el teniente Jorge Artajof se presenta ante o tropas y grita: ¡Hermanos, contad conmigo! Tropa y obreros le siguen y marchan hacia la Duma, que a pesar de haber sido oficialmente cerrada, continúa en sus funciones.

Esta asume la representación de la protesta revolucionaria, ya triunfante, y de su seno el primer Gobierno, que el príncipe Lvov preside, y cuyo programa se reducía a la alteración del régimen político, sustituyendo el absolutismo por un Gobierno constitucional.

Los más moderados no querían prescindir del zar, pero pronto se vieron arrollados por los que pedían mudanzas más radicales. Estos mismos pasaron en breves horas a ser conservadores y reaccionarios ante el alud abrumador de los que no se contentaban con reformas políticas, sino que aspiraban a transformaciones sociales esenciales. Entre unos y otros había un punto irreductible de discordia.

Los revolucionarios que se contentaban con el cambio de Gobierno aspiraban a constituir otro que continuase la guerra con mayor eficacia, evitando que el zar, que veía la imposibilidad de continuarla, hiciese la paz con Alemania y Austria, a lo que propendía secretamente tanto por sí como por la influencia de su esposa, hija de un príncipe alemán. Los revolucionarios en realidad los únicos verdaderos, querían la paz a toda costa,

En esto coincidían el zar y el pueblo, el autócrata y la masa enorme de obreros y campesinos muertos de hambre y carne de cañón. Por eso la Revolución no era guerrera ni patriótica. Lo era la que intentaban los elementos medios, llamados liberales los cadetes, que no era tal Revolución, sino intento de eliminación del pacifismo ruso, encarnado en el trono y extendido, paralelamente, por las capas sociales inferiores.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 págs. 925-926.

La Revolución triunfante

Mientras la Duma constituía un Gobierno, se reunía también en el palacio de Táuride un Consejo de obreros bajo la presidencia del socialista Chjeidze, diputado por Georgia. Los ministros fueron arrestados, los Telégrafos ocupados y en tres días estuvo hecha la revolución.

El 13 de marzo, Kerenski reunió en una sesión conjunta al Comité ejecutivo y al Consejo de obreros y soldados, y al día siguiente los soldados de Moscú se pusieron también al lado de los rebeldes. El zar que se hallaba en Pskov con el general Ruski, fue obligado a abdicar, y lo hizo en el vagón del tren imperial, ante escasos testigos, en nombre propio y en el de su hijo, a quien quería conservar a su lado, y a favor de su hermano, el gran duque Miguel, quien no aceptó la Corona.

Se formó luego el Ministerio provisional, presidido por el príncipe Lvov, con Miliukov en Estado, Kerenski en Justicia, Keyrasov en Ferrocarriles, Guchov en Guerra y Marina. El nuevo gobierno firmó una declaración firmada por Miliukov, la cual comenzaba por afirmar que el régimen imperial había caído por haber dejado en la más completa desorganización todos los servicios, poniendo así en peligro la terminación de la guerra.

Los integrantes del Gobierno Provisional Ruso.
Los integrantes del Gobierno Provisional Ruso.

Se proponía, pues, la continuación de esta. Los representantes de las potencias aliadas en San Petersburgo se apresuraron a reconocer a un gobierno tan bien dispuesto. Los de Italia, Inglaterra y Francia acudieron personalmente a visitar al presidente del Comité ejecutivo de la Duma, manifestándole que estaban dispuestos a entrar inmediatamente en relaciones con él.

Expresaban así las simpatías que la Revolución inspiraba a los aliados, los cuales desde hacía días temían que el zar se separase de ellos e hiciese la paz con las potencias centrales. Un telegrama expedido de Roma el 16 decía que la Revolución había triunfado tal fácilmente porque los revolucionarios contaban con el apoyo del gran duque Nicolás y de parte del Ejército.

La prensa inglesa saludaba con entusiasmo al nuevo poder. El príncipe Krapótkin, residente en Brighton y uno de los jefes del anarquismo ruso, expresaba su alegría de que el pueblo de Rusia recobrara su libertad y continuara la guerra.

En efecto, el gran duque Nicolás se puso comunicación con el nuevo Gobierno, y en el acto se ofreció el Comité el mando supremo del Ejército. El 18 dirigió Miliukov una circular a las potencias anunciándoles el propósito de continuar la guerra con mayor energía que nunca. Lloyd George, jefe del Gobierno inglés, declaró ante la Cámara (el 19) que la Revolución daría mayor eficacia a la alianza rusa. Tal era la creencia general.

Entre tanto, el nuevo Gobierno ordenó que el zar y la zarina fueran conducidos a Tsarskoie Seló. Después dispuso que quedasen detenidos. El empuje creciente de la tendencia revolucionaria, que ya había obligado a dimitir al gran duque Nicolás, impuso al ministro de la Guerra la dimisión del cargo de generalísimo.

En su lugar fue nombrado el general Alexeiev. Todos los grandes duques fueron destituidos. Sus bienes y los de la familia imperial quedaron confiscados para ser repartidos entre los pobres.

Nicolás II prisionero en Tsárskoye Seló (al fondo sus guardianes).
Nicolás II prisionero en Tsárskoye Seló (al fondo sus guardianes).

El Gobierno decretó que todos los bienes de los nobles y de los monasterios quedasen considerados como propiedad nacional. El gobierno declaró también abolidos la pena de muerte, los Tribunales de guerra, las condiciones diferentes para las confesiones en el Ejército y las restricciones jurídicas de los judíos; puso en libertad el 4 de abril a 500 rehenes y anunció las ocho horas de trabajo diarias con los correspondientes salarios.

La Duma, que seguía siempre reunida, estableció el 8 de Abril el monopolio de cereales. El Consejo de Obreros y Soldados de San Petersburgo, según cuyo tipo se establecieron en todas partes iguales organizaciones (llamadas soviets, aprobó la labor efectuada hasta entonces por el gobierno provisional; pero pidió al mismo tiempo al pueblo que le diera su representación para inspeccionar la obra gubernamental.

La guerra civil levantó por primera vez su cabeza. El movimiento revolucionario dominaba completamente en el Ejército. El 21 de Abril se reunió en Minsk, abierto por el ministro de la Guerra, Guchkov, un Congreso de los representantes del frente occidental y un Comité ejecutivo de los Soviets, aumentado en 63 cabezas (27 de abril); en él hallaron también entrada 19 diputados soldados.

El 30 de Abril se formaron Comités especiales de los cuerpos del Ejército y al día siguiente se celebró por primera vez en Rusia la fiesta del 1 de Mayo. Pero al mismo tiempo, según la Revolución avanzaba, se agravaban las manifestaciones antibélicas y antimilitaristas. El pueblo y los soldados no querían guerra, solo deseada por los políticos de la clase media, hasta entonces preponderantes en la Duma.

El Soviet estaba por la paz, y dentro del Soviet se distinguían por su pacifismo vehemente e impaciente los maximalistas, dirigidos por Lenin y Trotski. La victoria maximalista se inició con la orden del día núm. 1, dada el 19 de Marzo y denominada más tarde decreto sobre los derechos del soldado, la cual mandaba que los oficiales fuesen nombrados por elección de los soldados, y que estos pudiesen discutir las órdenes de aquéllos. Desde entonces quedó rota toda disciplina.

El 16 de Abril siguiente llegaron a la estación de Finlandia, en San Petersburgo, Lenin y sus compañeros, instalándose en el palacio de la Kchesínskaia, famosa bailarina del Teatro Imperial, y comenzaron a maniobrar para hacer triunfar su programa, el cual puede resumirse de este modo: terminación de la guerra, que era, decían, una aventura de bandidos preparada y sostenida por los partidos burgueses; reparto de la propiedad entre los proletarios; pan y paz.

El 1 de Mayo hubo una gran manifestación maximalista en San Petersburgo. Las voces eran estas: ¡Viva la fraternidad universal! ¡Publicación de los tratados secretos! ¡Transformación de las espadas en arados! El Gobierno respondió con la declaración de que continuaría la guerra hasta la victoria final, manteniendo íntegros los pactos con los aliados.

A los dos días surgió violenta la protesta revolucionaria contra tal programa. El Gobierno organizó contramanifestaciones, y no solo consiguió sostenerse, sino que se reorganizó en sentido bélico, encargándose Kerenski de la cartera de Guerra. Su elocuencia era el arma esgrimida por los continuadores de la política internacional rusa y defensores de una Revolución a medias, meramente política.

Kerenski marchó a las trincheras, arengó a las tropas infinitas veces, enardeciéndolas para que volviesen a la ofensiva. Cierto día un soldado le interrumpió: La ofensiva significa la muerte. ¿Qué falta nos hacen, después de muertos, tierra ni libertad? Kerenski arrastró, al fin, al Ejército contra los alemanes en Julio, pero los rusos fueron completamente derrotados.

Regimientos enteros huyeron. El Ejército se desbandó. Los soldados no pensaban en combatir, sino en marchar a sus pueblos para hallarse presentes en el momento del reparto de las tierras (16, 17 y 18 de Julio).

La escuadra se había sublevado antes, Kronstadt era por entonces foco principal del maximalismo, ya omnipotente, y por todas partes, en las ciudades y en los campos, exigía amenazador la paz inmediata. En San Petersburgo estallaron grandes tumultos. El Gobierno estaba en crisis y la nación en plena guerra civil. Los ministros preparaban el traslado de la capitalidad a Moscú.

Los revolucionarios (Lenin, aunque muy buscado por la policía, seguía en libertad) reclamaban imperiosamente el poder, ayudados por la diputación de los soldados de las trincheras que se hallaba en la capital. Intentaron los elementos más templados salvar la situación mediante la dictadura de Kerenski. Se nombró un Comité de defensa nacional, que este presidió.

La prensa europea dio por muerta la Revolución maximalista y a Lenin por fugitivo o preso. En realidad, la situación era esta: los cadetes habían roto con los Consejos de Obreros y Soldados, y tal ruptura era una victoria de la Revolución.

Reunido un gran Congreso en Moscú (la capital de la Santa Rusia tradicionalista), pronunció en él Kerenski un fogoso discurso, principalmente consagrado a demostrar la necesidad de continuar la guerra. En igual sentido hablaron varios generales y hasta el revolucionario Kropótkin.

Corrían también rumores de contrarrevolución zarista, pero es probable que sin fundamento y para asustar a los revolucionarios y contenerlos. Solo sirvieron para que se tomaran nuevas disposiciones represivas contra el zar y se prendieses a algunas personas de la aristocracia y a varios grandes duques.

Pero mientras los cadetes proclamaban en Moscú la guerra santa contra los Imperios centrales, entre las protestas de los maximalistas, que decidían la huelga general, se daba el hecho significativo de la retirada del Ejército, entregando Riga a los alemanes.

Kornilov, general en jefe, marchó contra San Petersburgo, dícese que para restaurar el antiguo gobierno. Kerenski le declaró traidor y fuera de la Ley. Los ministros se reunieron en Consejo permanente. Kornilov mandó prender al delegado del Gobierno en el cuartel general y dio una proclama declarando incapaz a Kerenski.

En otra proclama dijo que su objeto era —asegurar el orden y convocar una Asamblea constituyente que decidiera la suerte de Rusia—. Pero el pronunciamiento de Kornilov fracasó a los pocos días, y el general se rindió mediante ciertas condiciones (13 de Septiembre).

Cierto que la guerra civil era imposible, porque cuando las fuerzas de Kerenski y de Kornilov se hallaron frente a frente, fraternizaron sin disparar un tiro. Kornilov y otros generales fueron arrestados, así como el gran duque Miguel. El Gobierno que Kerenski presidía cayó, y en su lugar surgió un Gabinete provisional presidido por él mismo y con el programa de proclamar la República democrática y continuar la guerra.

Pero el Consejo local de Obreros y Soldados votó, por considerable mayoría, la resolución de apoyar a un Gobierno compuesto de representantes del proletariado y de campesinos, con este programa:

    1. República democrática
    2. Reparto de la tierra
    3. Nacionalización de las industrias
    4. Impuesto sobre el capital sin ninguna consideración
    5. Confiscación de los beneficios de la guerra.

Era, poco más o menos, el programa de Lenin.

Entre tanto, la situación militar se agravó, apoderándose los alemanes de las islas del golfo de Riga y amenazando el de Finlandia. En la Asamblea preliminar parlamentaria, Kerenski declaró que los esfuerzos del Gobierno para llevar adelante la guerra se habían estrellado ante la inercia del pueblo, y que Rusia quería una paz justa.

El Soviet replicó pidiendo la paz inmediata y protestando del propósito de llevar el Gobierno a Moscú. Trotski se dirigió a la guarnición de San Petersburgo encargándola que no cumpliese orden alguna que no hubiese sido aprobada por el Comité militar del Soviet local.

El 7 de Noviembre, un destacamento de marinos ocupó las oficinas de Telégrafos, las del Banco Nacional, el Palacio María, donde funcionaba el Parlamento. Este quedó disuelto, al tiempo que se constituía el nuevo Gobierno, ahora ya radicalmente revolucionario, presidido por Lenin, con Rikov en Gobernación, Trotski en Estado, Svertsov en Hacienda y Lunacharski en Instrucción pública.

El primer acto del nuevo Gobierno fue publicar un Decreto, que había sido aprobado por la Asamblea democrática,transfiriendo la propiedad de las tierras a los campesinos y ordenando que los bienes de los monasterios pasasen a manos de los Comités de agricultura. Los maximalistas ocuparon San Petersburgo militarmente.

Asamblea del Sóviet de Petrogrado en 1917.
Asamblea del Sóviet de Petrogrado en 1917.

La prensa inglesa y francesa dieron a Lenin por vencido y anunciaron la marcha victoriosa de Kerenski y Kornilov (ahora unidos) contra la capital; pero la batalla que se libró (12 de noviembre) fueron Kornilov y Kerenski los vencidos cerca Tsárskoye Seló. Kerenski vestido de mujer, huyó al extranjero y Kornilov se refugió en la región del Don. Moscú y la mayor parte de Rusia se adhirieron inmediatamente a la Revolución roja.

El Gobierno vencedor expidió luego un Decreto reconociendo el derecho de todas las regiones del ex Imperio ruso a recobrar su autonomía. Así, a la ruptura de la estructura social seguía la de la estructura política. Esta quedó rematada en Diciembre con la disolución de la Asamblea democrática Constituyente, La agonía de la Rusia tradicional había durado exactamente nueve meses, del 12 de Mayo al 12 de Noviembre.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 págs. 926-928.

El Gobierno rojo

El nuevo Gobierno ordenó al general en jefe del ejército de operaciones, Duionin (después asesinado por una banda de marineros bolcheviques) que pidiera un armisticio, y como no lo quisiera hacer, ni tampoco se halló quien lo hiciera, fue nombrado general en jefe el alférez Krilenko, hombre de escasa instrucción.

Trotski, un judío, cuyo verdadero nombre es Leiba Bronstéin, entonces ministro de Estado, dirigió una nota circular a las potencias con las condiciones del armisticio, Rusia proponía, en suma, la paz general en nombre del proletariado.

Lenin declaraba en San Petersburgo que la promesa de abandonar la guerra estaba cumplida por su parte, y que aquella paz se haría revolucionariamente. Además, ordenó la publicación de los tratados secretos con los aliados, lo que indignó a estos. Al mismo tiempo, Trotski se quejaba al embajador inglés Buchanan de que todos los súbditos británicos residentes en Rusia conspiraban contra el régimen soviético.

Los representantes de las potencias aliadas, a su vez, se negaron a reconocer al gobierno maximalista; pero el pueblo ruso siguió a los que le prometían la paz, y atraidos millones de campesinos por la ilusión del reparto de las tierras, abandonaron en masa las trincheras y se pusieron al lado del maximalismo.

A fines de noviembre estaban en poder de los bolcheviques, además de San Petersburgo y Moscú, Kiev, Nijni-Novgorod, Jarkov, Odesa y otras poblaciones de las más importantes.

El 7 de diciembre se convino una tregua con los Imperios centrales, que fue convertida el 15 en un armisticio hasta el 14 de enero, y empezaron las negociaciones de paz, abiertas el 22 de diciembre oficialmente en Brest-Litovsk por el príncipe Leopoldo de Baviera.

El delegado ruso, Joffe, desarrolló el programa ruso en seis puntos:

    1. Ninguna axexión
    2. Restablecimiento de la independencia mutua
    3. Derecho a la determinación propia, también para los pueblos no independientes antes de la guerra
    4. Protección de las minorías
    5. Ninguna indemnización de guerra
    6. Aplicación de los principio 1º a 4º a las cuestiones coloniales.

Después de varias discusiones y firmada la paz con Ucrania se formalizó el tratado de paz con la Gran Rusia con los siguientes pactos:

    1. Futura vida en paz y amistad
    2. El imperio alemán y austrohúngaro determinarían la futura suerte de los territorios occidentales de Rusia de común acuerdo con sus poblaciones
    3. Livonia y Estonia serían desalojadas por las tropas rojas y ocupadas por fuerzas de policía alemana
    4. Rusia haría la paz con Ucrania y desalojaría Finlandia y Ucrania
    5. Rusia devolvería a Turquía los territorios de la Anatolia Oriental y reconocería la anulación de las capitulaciones
    6. Inmediata desmovilización del Ejército y Armada rusos y restablecimiento de la navegación mercante, fuera del mar Negro
    7. Restablecimiento de las relaciones comerciales
    8. Restablecimiento de las relaciones político jurídicas
    9. Cesación de toda agitación contra los gobiernos de la Cuádruple y sus instituciones nacionales y militares
    10. Aceptación de estas condiciones dentro de 48 horas.

El tratado fue firmado el 3 de marzo y ratificado por el gobierno ruso el 16. La Entente contestó con la ruptura de relaciones diplomáticas.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 págs. 928-929.

Asesinato del zar

El 10 de diciembre, el Gobierno decretó la confiscación de la propiedad territorial a favor del Estado. El 15 de diciembre proclamó la separación de la Iglesia del Estado.

Inmediatamente se procedió a la elección de la asamblea constituyente en el Ejército y en el país; el 11 de diciembre se reunió en San Petersburgo dicha asamblea, compuesta por 377 diputados (221 socialistas revolucionarios, 131 bolchevique y 12 cadetes). Como, sin embargo, esta Asamblea eligiera como su presidente a un moderado, Chernov, fue dispersada por los marineros bolcheviques y disuelta como un cuerpo anticuado.

Los Soviets, dueños exclusivos desde ahora del poder del Estado, anularon el 3 de febrero la Deuda del Estado y abolieron la propiedad privada, nacionalizaron todos los bienes eclesiásticos y declararon el 11 de febrero propiedad del Estado todas las empresas navieras, sociedades anónimas y casas de comercio; introdujeron el 1 de febrero el calendario gregoriano y suprimieron las herencias.

Entre tanto se llevó a término la citada paz de Brest-Litovsk, que destacó de un modo definitivo la figura de Trotski. Por ella, los Estados Occidentales y Ucrania se separaban de Rusia, la cual comprendía solamente la Gran Rusia propiamente dicha, la Rusia Blanca y la Siberia Occidental.

Por orden del Gobierno, como hoy se cree, el zar Nicolás II fue fusilado sin formación de causa en Yekaterinburg, a fin de evitar que lo salvaran los checoslovacos, antes prisioneros de guerra, reconocidos por la Entente como partido independiente continuador de la guerra. Con él fueron asesinados cruelmente su esposa y sus hijos y algunos de sus servidores más adictos.

Nicolás II y sus hijos.
El ex zar Nicolás II y sus hijos sentado en el techo de un invernadero durante su cautiverio en Tobolsk.

La familia imperial después de la Revolución de Marzo de 1917 y de la abdicación del zar, había pasado cinco meses en Tsarskoie Seló. Además de la zarina, comprendía cuatro hijas Olga, Taciana, María y Anastasia, y el zarévich Alejo, que era el menor de los hermanos y contaba trece años. En agosto fueron transportados a Tobolsk (Siberia) y en abril a Yekaterinburg, donde se les dio como vivienda la casa de un rico comerciante llamado Ipatiev.

El asesinato se cometió en la noche del 16 al 17-VII-1918; más en torno a este crimen domina aún la leyenda, si bien es creencia generalizada, de que logró salvarse una de las princesas.

Para proteger a los checoslovacos, desembarcaron americanos y japoneses en Siberia, mientras los ingleses ocupaban el 5 de agosto Arkángel y establecían en la costa de Murman una república independiente. La agitación de los socialistas revolucionarios en Moscú causó numerosas víctimas, aun extranjeros, como el embajador alemán conde Mirbach y el capitán inglés Cromie.

Los bolcheviques logaron reprimir la rebelión, pero no hicieron nada para el castigo del asesinato del embajador; antes desarrollaban en todos los países europeos una propaganda sin escrúpulos para la Revolución mundial, por lo cual Alemania, los Estados Unidos, Holanda, Suiza y otros países rompieron todos las relaciones con Rusia.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 pág. 929.

Guerra civil

Rusia privada de la unidad que representaba el cetro del zar y entregada a una demagogia que no sabía construir, fue disolviéndose con arreglo a los dictados de la naturaleza. Polonia, las provincias bálticas y Finlandia tendieron a volver al mundo occidental, del que habían sido violentamente arrancadas, mientras las regiones orientales hacían lo mismo en sentido opuesto y se formaban Estados en Transcaucasia, Turquestán, Siberia y Ucrania, unos bajo la protección de los Imperios centrales, aún no rendidos, otros bajo la de los aliados, y otros, en fin, por sí solos.

Entre tanto reinaba en la Rusia propia, y allí donde alcanzaba su influjo, una de las dictaduras más sangrientas que registra la Historia, tiranía al frente de la cual se había puesto Vladímir Ulianov-Lenin y León Trotski.

El 9 de marzo se trasladó la capitalidad a Moscú. Mientras en Europa se restablecía la paz, se establecía en torno a Rusia un cordón sanitario, que fracasó ante un factor inesperado: el patriotismo, antes inexistente, mas ahora despertado entre los campesinos, que tenían ya propiedad que defender.

El cordón estaba formado al O. por los polacos, lituanos, latvios y estonios, los últimos de los cuales se habían defendido valerosamente contra el torrente bolchevique; en el N., Finlandia y en Murmansk y Arkángel una fuerza aliada pequeña pero muy extendida.

Por el E. avanzaba el almirante Kolchak; más al S., el ejército de Denikin, al principio en el Cáucaso y el extremo S., y finalmente, al SO. los rumanos, que mantenían un ejército apoyado por fuerzas francesas y griegas. A fines de 1918, las tropas siberianas se apoderaron de Pern y de numerosos prisioneros y cañones; pero en el O. los nuevos rusos avanzaban, mientras en el propio E. recobraban Ufa y Orenburg.

Año 1919

Entre tanto, en el interior continuaban los asesinatos más o menos jurídicos. Así, el 29-I-1919 fueron ejecutados los cuatro grandes duques Pablo Alexandrovich, Dmitri Constantinovich, Nicolás Mihailovich y Jorge Mihailovich. La actitud neutral de Ucrania permitió a los bolcheviques progresar en el SO. La guarnición griega de Jerson fue expulsada a principios de marzo, y el 7 de abril las fuerzas aliadas, dirigidas por Franchet d'Esperey, evacuaron Odesa, que cayó en poder de los comunistas.

Aunque Kolchak obtuvo algunos triunfos, sufrió una grave derrota el 14 de julio cerca de Yekaterinburg. Por otra parte, con el apoyo inglés (los ingleses habían tenido que retirarse en Murmansk por la insubordinación de sus propios aliados rusos) se formó un gobierno en agosto para las provincias de San Petersburgo, Novgorod y Pskov, y su ministro de la guerra, Yudenich, marchó sobre San Petersburgo secundado por una flotilla inglesa, que el 18 de agosto hundió cerca de Kronstadt dos acorazados rusos; pero en septiembre, el Supremo Consejo aliado decidió no mezclarse en los asuntos rusos, y los ingleses se retiraron, mientras los rusos antibolcheviques, descorazonados, eran vencidos: Yudenich en Gárchina y Denikin, que hubo de retroceder hasta el mar Negro .

En Siberia todavía fue peor: en Irkutsk estalló una sublevación de bolcheviques con el nombre de revolucionarios sociales, y las tropas checas, que hasta entonces se habían conducido valerosamente, les entregaron al almirante Kolchak, con solo la oposición de la pequeña fuerza japonesa existente en Irkutsk, y se adueñaron de algunos millones en oro que guardaba el almirante. Este y su primer ministro Popoláiev fueron fusilados en Irkutsk el 7-II-1920.

Durante el curso de este año, el hecho más trascendental fue la guerra entre Rusia y Polonia, al principio favorable a esta; pero luego tan adversa, que los rusos, que no hacían más que ganar tiempo con pretendidas negociaciones, llegaron a las puertas de Varsovia y hubo un momento en que la suerte de Europa dependió del avance ruso, pues se creía que Alemania lo apoyaría; pero la decisión de los polacos, en inminente peligro de perder su independencia, y los consejos de la misión aliada, en la que descollaba el general francés Weygand, lograron restablecer la situación rechazando completamente al enemigo, con el que se firmó la paz el 12 de octubre.

Después de la retirada definitiva de Denikin, que se refugió en Inglaterra, todavía hubo dos intentos rusos antisoviéticos: el del general Wrangler, que obtuvo algunos éxitos en Crimea, y el del general Balahovich, que trató de establecer la independencia en la Rusia Blanca, pero al hacerse la paz con Polonia fue aplastado por los bolcheviques.

En opinión de los conocedores de Rusia la suerte de estas tentativas antibolcheviques hubiera sido otra si la actitud de los contrarrevolucionarios ante el problema de la tierra no hubiera sido opuesta al reparto hecho por aquéllos. La situación de Rusia era por demás extraña: una nación blanca era rechazada por otras civilizadas, que, sin estar en guerra con ella, le rehusaban todo trato.

El ir a Rusia resultaba tan expuesto y difícil como la expedición a un país salvaje, y nada se sabía de cierto acerca de su verdadero estado interior. Durante algunos meses cualquier malhechor, llamándose comunista, podía cometer cuantas fechorías se le antojaban; pero en 1920 parece que empezaba a introducirse algún orden en las ciudades, siquiera en los distritos rurales apartados, la autoridad del Gobierno distaba poco de ser meramente nominal. La escasez de alimentos y de todo lo necesario era grande y las comunicaciones peores que nunca.

Cambio en la política soviética

En noviembre de 1920 se publicó un Decreto concerniente al otorgamiento de concesiones a capitalistas extranjeros, con el fin de favorecer la industria rusa. El 14 de diciembre se quiso obligar a los campesinos a cultivar una superficie determinada y entregar el sobrante de los frutos.

Respecto al Ejército, Trotsky declaró que el Ejército rojo quedaba reducido de 5.300.000 a 1.500.000 de hombres. El 23 de febrero comenzó en Kronstadt una sublevación en favor de los soviets, elegidos libremente, que fue ahogada en sangre; pero atemorizó al Gobierno, que transigió un tanto con los sindicatos y los campesinos.

Lenin dirigiéndose al Ejército Rojo en Moscú el 5 de mayo de 1920, a la derecha de la foto Leon Trotski.
Lenin dirigiéndose al Ejército Rojo en Moscú el 5 de mayo de 1920, a la derecha de la foto Leon Trotski

El 21 de marzo se prohibió volver a distribuir las tierras laborables hasta transcurridos nueve años. El 5 de julio se permitía el arriendo de fábricas a las cooperativas y empresas privadas; el comercio se declaró libre, se abrieron tiendas y se permitieron las contrataciones en los mercados. El 16 de marzo se pactó un Convenio comercial con Inglaterra y el 6 de mayo otro con Alemania, mientras en el Tratado de Riga, celebrado con Polonia se contenían varias cláusulas de carácter comercial.

En el verano apareció el azote del hambre, debido no solo a la sequía, sino también a la ruina de la producción agrícola. Los llamamientos que al mundo entero dirigió Rusia encontraron acogida en todo él, especialmente en la American Relief Administration; pero Chicherin, comisario de negocios extranjeros, declaró que no consentiría una inspección internacional.

En el exterior, los Soviets procuraron extender su influencia en Afganistán, Persia, Asia Menor y aun la India, mientras en el Extremo Oriente los restos del ejército de Kolchak se apoderaban de Vladivostok con ayuda del Japón.

En los últimos meses de 1921 se abrieron el Banco del Estado y las Bolsas de San Petersburgo y Moscú y se celebraron tratados de comercio con Noruega, Italia y Austria.

Las tropas soviéticas entraron en las ciudades importantes de Ucrania y ocuparon Georgia, estableciendo un gobierno sovietista allí y en Armenia y Azerbaiyán.

Año 1922

En 1922, los estadistas rusos redoblaron sus esfuerzos para atraerse a los capitalistas, secundados por muchos políticos de Europa, ante la necesidad de restablecer el equilibrio del comercio europeo, y delegados rusos acudieron a las conferencias europeas de Génova y La Haya, en la primera de las cuales Rusia entró en tratos con Alemania y con el Vaticano, al cual prometió libertad y protección para los católicos a cambio de la renuncia a la devolución de la propiedad eclesiástica.

En el interior hubo el juicio contra los socialistas revolucionarios, que fueron condenados a muerte, durante el cual los socialistas del resto de Europa, entre ellos el político belga Vandervelde, que habían acudido a defender a sus correligionarios, se retiraron del Tribunal en protesta del procedimiento seguido. Por entonces ocurrió también el apoderamiento y la resistencia de la Iglesia ortodoxa y su subsiguiente división.

Durante el año decreció el hambre y se creó la Federación de la Repúblicas Soviéticas.

Año 1923

En abril de 1923 ocurrió un serio conflicto con Inglaterra, agravado por varios incidentes, aunque Rusia, al final, aceptó prácticamente las peticiones británicas y las relaciones entre ambos países mejoraron. Se notaron también síntomas de reconciliación con Francia, a algunos de cuyos comerciantes se les permitió entrar en Rusia. Se quiso entrar en relaciones con los Estados Unidos; pero estos se negaron a ello a causa de la continua propaganda bolchevique que allí se hacía.

Durante todo el año la salud de Lenin se resintió de parálisis progresiva, impidiéndole intervenir activamente en los asuntos del Estado, Trotsky vio disminuir su influencia, acusado de adherirse al mencheviquismo u oportunismo comunista. Los principales adversarios y verdaderos amos de Rusia eran los judíos Stalin, Kamenev y Zinoviev.

Año 1924

El 21-I-1924 murió Lenin, cuyo nombre se dio a San Petersburgo, llamado desde entonces Leningrado, y Rikov fue elegido presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo.

Hubo entonces una reacción: se procuró destruir la pequeña burguesía impidiéndole la asistencia a los centros de enseñanza media y superior y privándola del voto en las cuestiones concernientes a sus propios pisos; se condenó la nueva política económica, pero nadie se atrevió a abolirla.

En el exterior, varios Estados europeos, entre ellos Inglaterra, Francia e Italia, reconocieron de iure el Gobierno soviético. En septiembre de 1924 se sublevó Georgia contra el régimen soviético, pero quedó pronto sometida. La situación general rusa parece agudizarse tanto económica como políticamente en 1926. las condiciones en que allí se encuentra la prensa, y otras circunstancias análogas, no permiten, empero, formar de ella un juicio imparcialmente exacto, y mucho menos completo.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, t. 52 págs. 929-930.