Enrique I el Pajarero919-936

Biografía

Enrique IEnrique I de Sajonia By Alfred Diethe

Rey de Romanos. Rey de Alemania, 919-936 (Francos orientales). Duque de sajonia. Dinastía Sajonia. Llamado el Pajarero, por su afición a la caza, n. en 876 y m. en Memleben (Sajonia) en 936. Era hijo de Otón, duque de Sajonia, y se distinguió desde su juventud por el valor y la energía con que luchó contra las tribus eslavas del Este de su ducado natal. Otón, que murió en 912, nombró a Enrique su sucesor, no solamente como duque de Sajonia, sino como señor de Turingia y parte de Franconia.

El rey Conrado I, instigado por ciertos consejeros eclesiásticos a los cuales la independencia mostrada por Enrique respecto a la Iglesia había ofendido profundamente, se resistió a las reclamaciones del joven duque, pero este, finalmente, entró en posesión de todos los Estados que su padre había regido.

Después de la muerte de Conrado, Enrique, a quien Conrado había enviado las insignias reales, fue elegido rey por los nobles franconios y sajones (919), y no tropezó con muchas dificultades para asegurarse la aquiescencia del resto de Alemania.

Durante algunos años, Lotaringia o Lorena había ocupado una posición indecisa entre los reinos francos del Este y el Oeste, como eran llamadas entonces Francia y Alemania; pero en 925, el duque Giselberto retiró su obediencia al rey de Francia para prestársela al de Alemania.

Desde los tiempos de Luis el Niño, Alemania había estado expuesta a las incursiones de los húngaros, y, en 924, Enrique se vio obligado a comprar una tregua de nueve años, conviniendo en pagar un tributo anual a los molestos vecinos. El rey se aprovechó de aquel respiro para preparar a sus súbditos a una campaña final contra los bárbaros invasores. En los distritos del Norte, los alemanes habían vivido hasta entonces en pueblos indefensos o en pequeñas ciudades muy separadas unas de otras.

Enrique comenzó a construir ciudades fortificadas en Turingia y Sajonia, siendo seguido su ejemplo en los restantes ducados. Ejercitó asimismo a sus vasallos a pelear a caballo, dando así un gran impulso al movimiento que condujo a la institución del arma de caballería. Cuando estos preparativos quedaron terminados, probó su nueva fuerza en una contienda contra los dinamarqueses y algunas tribus eslavas, quedando vencedor en toda la línea

En 933, los húngaros exigieron, como de costumbre, el tributo que hasta entonces se les había pagado puntualmente, y, cuando les fue terminantemente negado, invadieron la Turingia con un gran ejército. Enrique los castigó tan duramente que no volvieron a entrar en Alemania en el espacio de algunos años, y no se les vio ya nunca más en los ducados septentrionales. En 934 volvió a esgrimir las armas contra los dinamarqueses, obligando a su rey a pagarle un tributo

En los asuntos interiores del reino había obrado con gran prudencia y sagacidad. Los duques, por aquel entonces, habían llegado a ser tan poderosos, que existía cierto peligro de que se sobrepusiesen enteramente al trono. En lugar de obligarlos directamente a la sumisión, como hizo más tarde su hijo Otón, les interesó en sus proyectos y mejoras, confirmando la mayor parte de sus privilegios y actuando como mediador en sus querellas.

En los últimos tiempos de su vida, su posición era tan segura que resolvió marchar a Roma, ya como peregrinación o bien para reclamar la corona imperial, pero un ataque de apoplejía impidió tal designio. Se preparó para la muerte y constituyó una viudedad para su esposa Matilde, fundó un convento en Quedlinburgo, reunió a los nobles en Erfurt, designándoles a su hijo Otón como sucesor, y se hizo trasladar después a Memleben, donde sucumbió a un segundo ataque.

El fundador de la monarquía alemana fue uno de los hombres más perspicaces y prácticos que han empuñado el cetro. Supo resolver todas las dificultades, esperando el momento propicio, y obrando con método y decisión. Respetando la autonomía de los francos, de los alemanes, de los bávaros, fue obedecido y fue verdaderamente rey en todo lo concerniente al interés general. Su justicia, su bondad y su sabiduría son universalmente alabadas.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 6-7.

Otón I el Grande936-973

Biografía

Otón I de AlemaniaOtón I By Lucas Cranach the Elder

Emperador Sacro Imperio, 962-973. Rey de Alemania, 936-973 (Francos orientales). Rey de Italia, 951. Dinastía Sajonia. Hijo del rey de Alemania Enrique I el Pajarero y de su segunda esposa Matilde, n. 23-XI-912 y m. Memleben (Turingia) el 7-V-973.

Designado por su padre para sucederle, fue combatido por su hermano mayor Tankmaro, hijo del primer matrimonio de Enrique, que había sido excluido del trono por haber declarado nulo la iglesia el casamiento, y de Enrique, su hermano menor, que alegaba que a su nacimiento su padre era ya rey, circunstancia que no concurría en Otón I, pero este triunfó de sus rivales y el 8-VII-936 los representantes de todos los pueblos alemanes, reunidos en Aquisgrán, le eligieron rey de los francos, siendo coronado por el arzobispo de Maguncia.

Ya desde el principio de su reinado tuvo que combatir una sublevación de los bohemios y de los wendos, a los que sometió prontamente, pero al mismo tiempo el duque Boleslao de Baviera se declaró independiente y poco después estalló una peligrosa querella entre los sajones y los francos; los primeros, orgullosos de que el rey fuera de su raza, no querían obedecer a los duques de otras naciones, mientras que los francos alegaban su calidad de fundadores del reino.

Otón I atento a la unidad de la monarquía, combatió enérgicamente estos conatos de descomposición, enviando fuerzas contra su hermano Tankmaro y el duque Eberardo de Franconia, que fueron los primeros en sublevarse.

Al principio parecieron obtener alguna ventaja, pero divididos los rebeldes, fue más fácil batirlos, y Tankmaro encontró la muerte en Eresburg (VII-938), mientras que Eberardo se sometía a la autoridad real, pero por poco tiempo, pues solo habían pasado algunos meses cuando volvía a tomar las armas, esta vez con Enrique, el otro hermano de Otón I, Giselberto de Lorena y el arzobispo Federico de Maguncia.

Otón I obtuvo sobre ellos la victoria de Bir Hun, y con la muerte de los duques de Franconia y de Lorena, que se habían separado imprudentemente de sus ejércitos, le fue fácil someter a los rebeldes y repartió los ducados entre sus deudos más próximos dando Lorena a su yerno Conrado el Rojo, Baviera a su hermano Enrique, que después de haber organizado un nuevo complot contra la vida de Otón I imploró y obtuvo su perdón (941), y Suabia a su hijo Ludolfo, mientras guardaba para sí Sajonia y Franconia, de modo que en algunos años los cinco grandes ducados étnicos se encontraron reunidos en las manos del rey o de sus más próximos parientes.

Asegurada así la unidad de Alemania, se ocupó entonces de ensanchar sus dominios, llevando a cabo grandes conquistas en Francia primero y luego en Dinamarca; se extendió después hasta Polonia a cuyo rey obligó a declararse vasallo suyo.

Se apoyó principalmente en el clero, hizo a la Iglesia generosos donativos e instituyó gran número de obispados y abadías, contribuyendo así a propagar eficazmente el cristianismo en sus Estados. Deseando seguir en todo las huellas de Carlomagno, le faltaba únicamente ceñir la corona imperial, cuando se le presentó la ocasión en 951.

Efectivamente, la reina de Italia, Adelaida, había quedado viuda de Lotario, y Berengario de Ivrea quiso obligarla a que se casase con su hijo, negándose la reina, por lo que fue maltratada y encerrada en una cárcel, de la que logró escapar, reclamando entonces el auxilio de Otón I.

Este preparó apresuradamente una expedición, y en IX-951 entraba en Pavía, donde al poco tiempo celebraba su matrimonio con Adelaida y tomaba el título de rey de Italia, no consiguiendo, en cambio, por entonces la corona imperial que había solicitado del Papa.

En II-952 regresó a Germania, dejando como administrador de Italia a su yerno Conrado. Poco después estalló una nueva y más temible guerra civil que iniciaron su hijo Ludolfo y su yerno Conrado, los cuales intrigaron con Berengario y consiguieron que Otón I renunciase a la corona de Italia en provecho del de Ivrea, si bien reconociéndose vasallo suyo y perdiendo parte de sus dominios que fueron incorporados a Baviera.

Esta no fue más que la señal de una de las épocas más tormentosas del reinado de Otón I, pues en todos los ducados se levantó la bandera de la rebelión que tras grandes esfuerzos consiguió dominar, perdonando una vez más a su hijo y a su yerno, si bien les despojó de sus Estados.

Mientras tanto, los húngaros se habían ido preparando para una nueva empresa contra Alemania, y en número de 100.000 penetraron hasta Suabia. Otón I, al frente de un ejército compuesto por tropas bávaras, suabias, francas, sajonas, bohemas, salió a su encuentro y les infligió una derrota decisiva en las llanuras de Lench (10-VIII-955).

Inmediatamente se volvió contra los wendos, a los que también venció, y libre ya de enemigos, quiso ocuparse de nuevo de los asuntos de Italia, para lo que le daba un pretexto el incumplimiento de sus compromisos por parte de Berengario.

A fines de 956 envió a su hijo Ludolfo, que fue muy bien acogido por el partido borgoñón, y derrotó dos veces a Berengario, pero murió antes de terminar la campaña, echando así por tierra los planes de Otón I. Sin embargo, Berengario, creyéndose suficientemente fuerte, cometió la imprudencia de enemistarse con el Papa quien, cansado de la tiranía de Berengario, envió a Otón I una brillante embajada invitándole a que fuese a Roma para coronarse emperador.

Otón I aceptó y convocó una Dieta en Worms (961), en la que fue elegido rey de los francos orientales su hijo Otón, de siete años de edad, y en otoño del mismo año franqueó los Alpes, atravesando parte de Italia sin encontrar resistencia, pues Berengario había sido abandonado por sus tropas.

A principios de 962 entró en Roma y fue coronado en San Pedro, con su esposa, el 2 de febrero, después de jurar que respetaría los privilegios de la Iglesia y la persona de su jefe. Pronto, sin embargo, surgió la discordia entre el papa Juan XII y Otón I por la intromisión excesiva de este en los asuntos eclesiásticos.

Juan XII acudió de nuevo a Berengario, y Otón I, al saberlo, marchó contra Roma, y reuniendo al pueblo y a los nobles les hizo jurar que en los sucesivo no elegirían al Papa sin el consentimiento y la confirmación del emperador.

En consecuencia, el 6-XI-963 se reunió un sínodo en el que figuraban los metropolitanos de Milán, Rávena y Hamburgo, 36 obispos italianos, 2 obispos alemanes, todo el clero romano, los jefes del pueblo, de la nobleza y de la milicia urbana y los altos funcionarios pontificios: el 4 de diciembre el Papa fue declarado traidor y perjuro por Otón I, siendo elegido en su lugar León VIII, empleado laico, pero al poco tiempo los romanos se sublevaron contra las tropas imperiales, León VIII hubo de huir y Juan XII pudo volver a Roma (26-II-964) donde un nuevo sínodo anuló los actos del anterior y, por lo tanto, la elección de León VIII, muchos de cuyos partidarios fueron torturados.

Muerto Juan XII tres meses después a consecuencia de un ataque de apoplejía, fue elegido para sucederle Benedicto VII, pero Otón I se presentó en Roma, convocó un nuevo sínodo y destituyó al legítimo Papa, al que desterró a Hamburgo.

Otras dificultades tuvo aún que vencer en el interior y en el exterior para afianzar su influencia, pero ya fueron de menos importancia. E l problema de Italia, no obstante, quedaba aún en pie y a resolverlo dedicó Otón I los últimos esfuerzos de su férrea voluntad, consiguiéndolo solo en parte. En el Concilio de Rávena (967) devolvió a la Santa Sede todas las posesiones que antes tenía, y poco después hizo coronar a su hijo en Roma como emperador con el nombre de Otón II.

Posteriormente entró en negociaciones con el emperador griego, que dio en matrimonio una de sus hijas a Otón II, celebrándose el enlace en Roma. Poco después (972) volvió Otón I a Alemania, después de una ausencia de seis años, celebrándose grandes fiestas en diferentes ciudades del Imperio y recibiendo el homenaje de sus súbditos y de muchos príncipes extranjeros.

Había casado en 930 con la princesa anglosajona Edith, hija del rey Eduardo, que murió en 946, y en segundas nupcias con la reina Adelaida, viuda de Lotario, sucediéndole Otón, hijo del segundo matrimonio.

Fue Otón I uno de los monarcas más notables de su época; educado como un caballero andante, de sentimientos caritativos, altivo, de un carácter decidido, de una energía inquebrantable y de una sagacidad extraordinaria, sabía perdonar y castigar, consiguiendo casi siempre el beneplácito del pueblo, cuyo bienestar y engrandecimiento persiguió sin descanso en su dilatada carrera. Es verdad que incurrió a veces en la crueldad para con sus enemigos, pero no lo es menos que no puede librarse de este reproche ningún príncipe de la época.

Muy cuidadoso de la administración de justicia, solía presidir los juicios más importantes, asesorado por hombres conocedores de las leyes; se preocupaba también de la suntuosidad de su corte, gustaba de visitar las principales ciudades de su Imperio y celebraba las fiestas religiosas con gran pompa.

Hemos dicho antes que Otón I quiso restablecer el imperio carolingio, pero a decir verdad, esto solo fue en el aspecto general y en el esplendor y autoridad de ambos, ya que en los pormenores difería bastante y aun en los fundamentos, pues Otón fue un monarca más absoluto y más personal, por así decirlo, que su ilustre modelo.

En cambio, lo mismo que Carlomagno, hizo grandes esfuerzos por restablecer la cultura intelectual, ayudado por su hermano Bruno, uno de los hombres más instruidos de la época, que fomentó y propagó la enseñanza eclesiástica y la laica, llamando a muchos ilustres profesores de Lorena e Italia.

En suma, Otón I, que había reunido en sus manos los poderes espiritual y temporal en Occidente, marca una época decisiva en la historia de Europa. Los escritores católicos le reprochan sus atropellos a los derechos del Papado, que intentó someter siempre a su despotismo arbitrario.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 40 págs. 1030-1032.

Otón II el Rojo973-983

Biografía

Emperador Sacro Imperio, 967-983. Dinastía Sajonia. Hijo de Otón I y se su segunda esposa Adelaida, n. en 955 y m. en Roma el 7-XII-983. Rey y emperador en vida de su padre, le sucedió a su muerte sin dificultad ninguna, si bien hubo de vencer no pocas dificultades para afianzar su autoridad en Alemania. La principal de ella consistía en el predominio adquirido por el duque de Baviera sobre la Italia meridional, influencia que Otón II consideró como peligrosa y trató de disminuir.

Gobernaba dichos Estados Enrique el Pendenciero, primo de Otón II, y este comenzó por mermar sus prerrogativas y darle un rival en la persona de un descendiente de la familia de los Babenberg, a quien nombró margrave de la Baviera oriental.

Descontento Enrique, organizó con los duque de Polonia y Bohemia un complot contra la vida de su primo. Otón II, después de ordenar la persecución de los rebeldes, reunió la Dieta en Ratisbona y depuso a Enrique, repartiendo el ducado de Baviera entre sus deudos. Lotario, rey de Francia, aprovechó las disensiones interiores en Alemania para intentar apoderarse de Lorena, llegando hasta Aquisgrán.

Pocos meses después Otón II, con 60.000 hombres, llegó hasta las puertas de París, que no pudo tomar, y fue perseguido por Lotario en su retirada, firmándose la paz en 980. Libre ya de preocupaciones interiores y fronterizas, se dirigió a Italia el mismo año, recibió en Rávena al papa Benedicto VII, que había sido expulsado de Roma, y marchó contra la Ciudad Eterna, que gobernaba Crescencio, hijo de Teodora, quien, a la aproximación de los imperiales, se refugió en un convento y tomó el hábito.

Otón II estableció su campamento en las inmediaciones de la ciudad, donde recibió homenaje del duque de Francia, Hugo Capeto, y del rey de Borgoña, celebrando una asamblea en la que se acordó la expulsión de los sarracenos y la conquista de Apulia.

En 981 se apoderó de Nápoles, Bari y Tarento, derrotó a los árabes en Cotrona, pero al año siguiente el ejército alemán cayó en una emboscada (13-VII-982), y el emperador se salvó gracias a haberse embarcado en un navío griego que le condujo a Rossano.

Al año siguiente reunió una Dieta en Verona, en la que hizo designar como sucesor a su hijo Otón, que contaba tres años de edad; fracasó en su intento de atraerse a Venecia, donde dominaba el partido bizantino, y en el otoño de aquel mismo año volvió de nuevo a Roma, donde dio por sucesor de Benedicto VII, muerto poco antes, a Juan XIV, obispo de Pavía y archicanciller del Imperio.

Enfermo de fiebre, absorbió una cantidad excesiva de medicamentos, y murió cuando solo contaba veintiocho años, después de repartir sus tesoros entre la Iglesia romana, su madre, su hermana y sus compañeros de armas. Fue enterrado en el pórtico de la antigua iglesia de San Pedro, de Roma, y más adelante Paulo V hizo trasladar sus restos a la cripta del Quirinal. Había casado con la princesa griega Teófano, y le sucedió su único hijo Otón III.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 40 págs. 1032-1033.

Otón III983-1002

Biografía

Emperador Sacro Imperio, 996-1002. Rey de Alemania, 983. Rey de la Lombardía, 996. Dinastía Sajonia. Llamado Mirabilia Mundi, hijo de Otón II, n. en julio del año 980 y m. en Paterno en 23-I-1002. Nombrado rey en la dieta de Verona, poco antes de la muerte de su padre fue coronado en Aquisgrán. Recibió una educación brillantísima, de la que se encargaron el conde sajón Hoiko, el sabio Juan de Calabria, obispo de Plasencia, y Bernardo, obispo de Hildesheim, completándola con el ilustre Gerberto, futuro papa Silvestre II.

Tales progresos hizo el joven emperador y tanta admiración despertaron sus talentos, que fue llamado Mirabilia Mundi. De la regencia en Alemania se encargó su madre Teofano, asesorada por la virtuosa Matilde, abadesa de Quedlimburgo u hermana de Otón III, no sin antes haber tenido que expulsar a Enrique el Pendenciero, que se había apoderado del gobierno y de la persona del joven monarca, mientras que en Italia ejercía el poder Adelaida en nombre de su nieto.

En el año 991 murió Teofano y dejó la regencia a su suegra Adelaida, que se vio obligada a aceptar un Consejo formado por los nobles laicos y eclesiásticos. Cuando Otón III cumplió los quince años, su abuela se retiró al convento de Selz, y poco después el emperador se dirigió a Italia y, al llegar a Rávena, recibió la visita de los delegados romanos que iban a pedirle designase Papa, pues Juan XV acababa de morir.

Otón III nombró al joven Bruno, hijo de Otón de Carintia y, por lo tanto, primo suyo, que solo contaba veintitrés años, era el primer alemán que ocupaba el solio pontificio. Consagrado el 3-V-966, tomó el nombre de Gregorio V, y diez y ocho días después confirió la corona imperial a su primo.

Un año más tarde hubo de repasar los Alpes a causa de la sublevación del patricio Crescencio, a quien apoyaba Juan de Plasencia, el antiguo preceptor de Otón III, y a quien aquel había hecho elegir Papa con el nombre de Juan XVI.

Otón III entró en Roma sin resistencia, y después de castigar cruelmente a los rebeldes, nombró Papa a su maestro Gerberto, entonces arzobispo de Rávena, que adoptó el nombre de Silvestre II, y apoyaba los ambiciosos proyectos de Otón III que quería resucitar el imperio romano en todo su esplendor, dejando, en cambio, que adquiriesen importancia los reinos nacionales de Hungría y de Polonia, y perdiendo las conquistas que hiciera su abuelo al otro lado del Elba.

Hallándose en Roma compartía sus sueños de grandeza con las prácticas ascéticas más rigurosas, y tan pronto trataba de reconstituir el Senado romano como corría a encerrarse en una ermita, en la que pasaba quince días entregado al ayuno y a la oración.

En el año 999, la muerte de su abuela Adelaida y de su tía Matilde le obligó a volver a Alemania, donde visitó la tumba de san Adalberto y fundó allí un arzobispado, así como también una iglesia en Aquisgrán dedicada a aquel santo; hallándose en esta ciudad hizo abrir la tumba de Carlomagno para contemplar los restos del gran emperador, y en 1001 partió de nuevo para Italia llamado por Gerberto, entrando en Roma en Octubre, pero sitiado por el pueblo en su propio palacio, marchó a Rávena y luego a Venecia para esperar refuerzos, y cuando estos llegaron se dirigió contra Roma, donde el conde Tusculum se defendió vigorosamente.

Poco después murió en el castillo de Paterno a consecuencia de la fiebre, atribuyéndose por algunos su muerte a la viuda de Crescencio. Fue enterrado en Aquisgrán, cerca de Carlomagno, y le sucedió su primo Enrique de Baviera.

Una curiosa leyenda referente a este emperador se encuentra representada numerosas veces en las salas de justicia de Flandes durante la Edad Media, para avisar a los jueces fuesen cautos en el sentenciar. De las más bellas que se conocen es la que el magistrado de Lovaina encargó a Bouts, en 1468, para las Casas Consistoriales de la ciudad.

Aunque el conjunto debía ejecutarlo el artista en cuatro tableros, solo pintó dos, desde 1470 a 1475. Uno de ellos representa al emperador Otón que por una denuncia inicua de la emperatriz, su esposa, sentencia inicuamente a un gentilhombre a ser decapitado. El otro, figura a la viuda del gentilhombre que sufre la prueba del hierro rugiente proclamando así la inocencia de su esposo, delante del emperador, quien convencido por el milagro, repara su injusta sentencia poniendo a la denunciante a disposición de la viuda, que la hace quemar viva.

Los tableros estuvieron en las Casas Consistoriales de Lovaina trescientos cincuenta años: de allí pasaron al palacio del príncipe de Orange, en Bruselas, luego a la Haya, y por fin, en 1861, fueron adquiridos por el Estado que los depositó en el Museo de Bruselas.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 40 págs. 1033-1035.

Enrique II el Santo1002-1024

Biografía

Emperador Sacro Imperio, 1002-1024. Rey de Alemania, 983. Rey de la Lombardía, 1004. Dinastía Sajonia. Llamado el Santo y el Cojo, n. en Baviera el 6-V-973 y m. en Grona, junto a Gotinga, en 13-VII-1024. Fue el último soberano de la casa Sajonia. Era hijo del duque de Baviera, Enrique II el Pendenciero, y jefe de la rama menor de los Lindofingos remontando al duque de Baviera Enrique I, hermano de Otón el Grande, y, por consiguiente, bisnieto del rey Enrique I.

A la muerte de su padre (995), le sucedió en Baviera, pero tuvo que ceder la Carintia y Verona a su primo Otón, hijo de Lutgarda (hija de Otón el Grande). Acompañó a Italia al emperador Otón III, y, a su muerte, reclamó el Imperio, teniendo por competidores a Eckardo, margrave de Misnia y Turingia, y Germán, duque de Suabia. Su primo Otón le apoyaba; Enrique se había apoderado de las insignias reales e imperiales y representaba el principio hereditario; los príncipes de la iglesia le eran favorables.

Eckardo de Misnia, protector de la frontera del E., contaba con numerosos partidarios, pero fue asesinado en abril de 1002; Germán de Suabia fue contenido, y, viéndole coronado por el arzobispo de Maguncia (VI-1002), y acatado por los sajones, le reconoció a su vez, ejemplo seguido por Boleslao II, que acababa de apoderarse de Bohemia, y, aprovechando la muerte de Eckardo, había conquistado la Misnia.

Pero ante una tentativa de asesinato contra él, y se dice que instigada por Enrique II, indignado Boleslao, hizo alianza con el margrave de Nordgan, Enrique de Schweinfurt, con el conde Ernesto de Austria y con Bruno, hermano del emperador. Enrique venció en Kreussen, cedió el ducado de Baviera a su cuñado Enrique de Luxemburgo, y se alió con los eslavos paganos del Elba para contener al duque de Polonia.

Apenas restablecido el orden en Alemania, el emperador se trasladó a Italia (1004) donde Arduino de Ivrea se había ceñido la corona de Lombardía, batiendo a los imperiales. Se hizo coronar rey de los lombardos en Milán y ciñó en Pavía la corona de hierro, pero ocurrió una sublevación popular y su palacio de Pavía fue incendiado (1004).

Regresó a Alemania reanudando las hostilidades contra Boleslao. Llevó en ellas la mejor parte, impuso en Praga a su protegido Jaromir como duque de Bohemia, se apoderó de Lusacia, penetró hasta el Oder, y obligó a su adversario a concertar la paz (1005).

Pero en la frontera del O. le salieron al encuentro otras dificultades. Balduino, conde de Flandes, se había apoderado de Valenciennes; Enrique se procuró la alianza de Roberto, rey de Francia, y, con su concurso y el del duque de Normandía, se dirigió contra el conde; fracasó frente a Valenciennes (1006) y terminó, años después, por ceder con ciertas condiciones.

Aprovechando sus buenas relaciones con el rey de Francia, intervino en los asuntos de Borgoña en favor de su tío materno, el rey Rodolfo III. Este, que no tenía herederos directos, le reconoció como tal; pero Enrique, precisamente entonces, entró en lucha con la familia de su mujer; el hermano mayor de esta había recibido el ducado de Baviera; el segundo se apoderó del obispado de Metz; el tercero, Adalberon, del arzobispado de Tréveris: Enrique rompió contra ellos.

La guerra civil se propagó por toda Lorena y duró cuatro años (1008-1012). Boleslao había reconquistado la Misnia, que fue necesario cederle. A todo esto, los señores estaban en abierta insubordinación y Enrique combatía sin tregua., pero, teniendo que hacer frente a tanto conflicto, se vio precisado a hacer concesiones al feudalismo y aceptar la sucesión de los beneficios.

Convocó asambleas provinciales, donde pidió que todos jurasen la paz. Aprovechando una calma, inauguró solemnemente la iglesia de Bamberga; fundó el obispado del mismo nombre (1007), y puso en él toda su predilección.

En 1013 dio la vuelta a Italia; el partido de Balduíno crecía de una manera alarmante; en Roma, el patricio Juan Crescencio tenía el poder absoluto y creaba papas: Juan XVII, Juan XVIII y Sergio II, sucesivamente.

Muerto este patricio, la facción opuesta, dirigida por los tres condes de Túsculo, disputó el poder y el papado; el más joven de los tres hermanos fue elegido papa con el nombre de Benedicto VIII, en tanto que los Crescencios elegían un Gregorio.

Benedicto llevaba la mejor parte en la lucha y Enrique II se declaró en favor suyo. Entró en Roma y se hizo coronar emperador (II-1014) con su esposa Cunegunda, y después se encaminó al N. Se inició una sublevación que fue reprimida. Arduino, desanimado, se refugió en el claustro (1015). Estos éxitos fueron amargados por los desastres del N.

Se reanudó la lucha contra Boleslao Chrobry, quien vencedor de los rusos, soñaba en la fundación de un gran reino eslavo; las ambiciones locales y los celos de muchos se lo impidieron, sumando elementos eslávicos en las filas alemanas. Tres ejércitos alemanes fueron lanzados sucesivamente contra él: los del N. y del S. fueron rechazados; en el centro, mandado por el emperador en persona, franqueó el Oder, pero tuvo que batirse en retirada, dejando su retaguardia, que fue destrozada junto al Bober. Todo el país al E. del Elba cayó en poder de los polacos (1015).

Enrique se reconcilió entonces con sus cuñados y volvió a la lucha con el apoyo del duque de Bohemia, de los lintizos, del rey Esteban de Hungría y de Jaroslao de Rusia. pero con todo este auxilio fue rechazado de nuevo; la Bohemia y el territorio comprendido entre el Elba y el Mulda fueron entrados a sangre y fuego. En su vista, se celebró la paz de Bautzen (Enero de 1018), que dejaba a Boleslao en plena posesión de sus conquistas, pero como vasallo del Imperio.

Entretanto, las guerras locales se sucedían sin interrupción, viéndose Enrique impotente para contenerlas. En 1020 recibió el emperador la visita del papa Benedicto VIII, que consagró la catedral de Bamberga y solicitó el apoyo de Enrique contra los griegos. El emperador emprendió su tercera excursión a Italia; luchó al S. de la península y tomó las plazas de Troya, Capua y Salerno, y nada más hizo porque la peste diezmaba su ejército (1022). En esta empresa se asoció con los normandos, que vinieron, por este hecho, a ser uno de los factores más importantes de la vida política en Italia.

La salud de Enrique, siempre débil, decayó rápidamente después de esta tercera visita a sus dominios meridionales y murió poco después en la fecha y lugar indicados. Fue enterrado en la catedral de Bamberga, y en 1046, el papa Eugenio III le canonizó solemnemente, honor que alcanzó más tarde a su esposa Cunegunda, la cual murió en 1038 en el convento de Raufungen, y fue canonizada en 1200.

Aun cuando naturalmente piadoso y compenetrado con la cultura eclesiástica, Enrique, en el fondo, no lo estaba con el espíritu de aquella. Disponía de los obispados autocráticamente. Durante su reinado, los prelados, de los cuales exigía incondicional obediencia, no parecían sino meros oficiales del Imperio, y otro tanto ocurría con los abades. Sin embargo, esta dependencia política no dañaba la vida interior de la Iglesia germánica. Al contrario, debido a sus recursos económicos y educativos, la Iglesia alcanzó gran influencia en aquella época.

No estuvo exento de injusticias y crueldades, propias de la época, pero pueden perdonársele en gracia al gran ideal de toda su vida: la paz universal. La leyenda atribuye a este príncipe ciertos rasgos ascéticos de los cuales, no todos, pueden resistir a un serio examen crítico. Por ejemplo, la versión, grandemente propagada, de la castidad guardada en su matrimonio con Cunegunda, no tiene base sólida en que fundarse.

R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 20 págs. 7-9.