Felipe VI

Biografía

Felipe VI

Felipe VI, rey de Francia

1293-1350. Rey de Francia, 1328-1350, primero de la casa de Valois, hijo de Carlos, conde de Valois, y sobrino, por tanto, de Felipe el Hermoso. Al morir su primo Carlos IV sin hijo varón, fue nombrado regente del reino, pues el difunto rey había dejado a su esposa en cinta (1-II-1328).

El 1 de abril dio luz aquélla a una hija, y en cumplimiento de la Ley Sálica, que se aplicaba por tercera vez, Felipe VI tomó el título de rey y fue consagrado en Reims (29 de mayo). A fin de congraciarse con Felipe de Evreux, yerno de Luis X, le cedió el reino de Navarra a cambio de renunciar a la Champaña y a Brie

En cuanto a Eduardo III de Inglaterra, que se creía también con derecho al trono de Francia, por ser nieto de Felipe el Hermoso, no protestó del nombramiento y aun prestó homenaje a Felipe VI por sus feudos de Guyena y Ponthieu (Agosto de 1329), pero sin llenar las formalidades acostumbradas, lo que por fin hizo al año siguiente.

En los comienzos de su reinado hizo una expedición a Flandes con el objeto de reponer al conde Luis de Nevers, que había sido expulsado por los habitantes de Brujas. Derrotado al principio, obtuvo el 23 de agosto la victoria de Cassel, y como consecuencia de ella Brujas e Iprés le abrieron sus puertas y Luis de Nevers entró de nuevo en posesión del condado, haciendo ejecutar, en castigo, a 10.000 de sus súbditos.

Adulado y respetado por todos, el Papa le eligió como jefe de una cruzada, de cuyos preparativos y organización se encargó, pero fueron tales las condiciones que impuso para llevar la empresa a cabo (entre ellas la de ser coronado emperador de Alemania), que la cruzada no se efectuó.

Las relaciones entre Felipe VI y Eduardo III, que nunca habían sido muy cordiales, se convirtieron en hostiles en 1337, influyendo no poco en ello Felipe de Artois, hermano político del primero, que, acusado de haber asesinado a su prima y a su tía y desterrado del reino, se había refugiado en Inglaterra en 1330.

Por otra parte, las posesiones inglesas en Francia eran origen continuo de conflictos. En 1337, por haber cedido su propietario a Francia el castillo de Puymirel (Guyena), Eduardo III declaró ante el parlamento su intención de reivindicar la corona de Francia y dirigió a Felipe VI un cartel de desafío (19-X-1337), siendo este el origen de la guerra de los Cien Años.

La lucha se desarrolló principalmente entre los dos rivales y en territorio francés y flamenco. El 12-VII-1346 desembarcó Eduardo en Normandía, cuyas principales ciudades saqueó, llegando hasta Saint-Germain-en-Laye. El 26-VIII-1346 tuvo lugar la batalla de Crecy-en-Ponthieu, en la que el ejército francés fue completamente derrotado, contando entre sus muertos al rey Juan de Bolonia, 11 príncipes, 80 barones, 1.200 caballeros y 15.000 soldados.

Siguió la campaña con más ímpetu que nunca, y el 3-VIII-1347 caía Calais en manos de los ingleses. El 28 de septiembre del mismo año, por mediación del papa Clemente VI, se firmó una tregua que duró casi hasta fines de este reinado. Gran parte del territorio francés había sido devastado y, para colmo de males, a fines de 1347 apareció la peste negra en Provenza, de donde se propagó al resto del país. Solo en París, durante el verano de 1348, morían entre 500 a 800 personas diarias.

Creyendo el populacho que en el desarrollo de la epidemia habían intervenido los judíos, fueron asesinados gran número de estos, y el mismo Gobierno, como otras veces, se asoció a la persecución por el provecho que encontraba en las confiscaciones.

Por entonces se manifestó en Francia y en otros países la llamada secta de los flagelantes. La política económica de Felipe VI fue desastrosa. Derrochador y amigo del boato, los ingresos normales apenas si bastaban para los gastos de la Corte. Con guerra hubo necesidad de aumentar los gastos desmesuradamente y se echó mano de todos los expedientes para salvar la situación. El valor de la moneda fue alterado muchas veces; se expulsó a judíos y lombardos, confiscándoseles sus bienes; se redujeron los sueldos; el monopolio de la sal, creado por Felipe el Hermoso, se hizo efectivo; el clero y la nobleza hubieron de contribuir como nunca a las cargas del erario.

Continuamente eran convocados los Estados y las provincias para votar la concesión de subsidios. Los Estados de Normandía reunidos en Pont-Audemer (octubre de 1347), votaron 450.000 libras, pero exigieron que la distribución de estos fondos fuese hecha por ellos mismos, que se encargarían también del nombramiento de funcionarios. Felipe VI modificó también la organización del parlamento y separó las funciones judiciales de las militares en la administración de justicia.

Engrandeció sus dominios con sucesivas adquisiciones; así, en 1328, agregó a la corona Valois, Chartres, Anjou y Maine; en 1333 obtuvo Brie y la Champaña, si bien perdió en cambio Navarra; en 1349 compró a Jaime de Mallorca los señoríos de Montpellier y de Lattes, y en 1349 adquirió el Delfinado, también por compra.

De su primer matrimonio con Juana de Borgoña dejó a Juan II que le sucedió; a Felipe de Orleans, conde de Valois, y a María, esposa de Juan de Brabante; de su segunda esposa, Juana de Navarra, tuvo una hija póstuma, que murió en la infancia.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 23 págs. 614-615.

Juan II el Bueno

Biografía

Rey de Francia, 1350-1364. Dinastía Valois. La muerte de Felipe VI el 22-VIII-1350 dio la coronación de Francia a su primogénito, el príncipe Juan, habido en 1319 de Juana de Borgoña. La estirpe de los Valois, que proporcionó en general soberanos débiles y enfermizos, aunque alguno de ellos revelara aptitudes intelectuales y políticas extraordinarias, se enriqueció con un tipo extravagante.

Juan II, llamado el Bueno, no reunía ninguna dote para gobernar. Era frívolo, pródigo, versátil y muy poco inteligente. En lo único que se distinguió fue en la violencia de sus actos y en el mantenimiento de su palabra de caballero medieval. Condiciones muy poco propicias para hacer frente a sus adversarios, el famoso Eduardo III de Inglaterra y el no menos famoso, aunque por distinto motivo, Carlos el Malo de Navarra.

Al ceñir la corona de San Luis, Juan II tuvo que enfrentarse con la amenaza inglesa, que había culminado últimamente en la victoria de Crecy y la toma de Calais (1346 y 1347). En 1348 se había firmado una tregua entre los dos reinos, que fue prorrogada hasta 1355, tanto a instancias del Papado como a causa de los devastadores efectos de la Peste Negra.

Pero bajo estas apariencias de paz, se mantenía vivo el fuego de las hostilidades. Contribuyó a hacerlas más encarnizadas la traición de Carlos el Malo de Navarra, yerno de Juan II, quien abominaba la raza de los Valois y aspiraba a la corona de Francia. Carlos entró en tratos con los ingleses desde 1354 e incitó al delfín Carlos (V) a apoderarse de la corona. En un acto de intrepidez, Juan II detuvo al rey de Navarra en Ruán el 5-IV-1356 y le mandó cargado de cadenas a Château-Gaillard.

Por aquel entonces los ingleses habían pasado de nuevo al ataque bajo la dirección del Príncipe Negro. Sus huestes arrasaron los territorios próximos al Loira. Cuando regresaban a Guyena, les salió a su paso el ejército francés al mando del propio Juan II. La acción se libró cerca de Poitiers (19-IX-1356) y acabó con la rotunda victoria del Príncipe Negro. Juan II, que combatió hasta el fin como un bravo caballero, cayó en poder de los ingleses. El Príncipe Negro le proclamó el guerrero más valeroso de su reino, pero se lo llevó como prisionero a Londres.

Permaneció en Inglaterra durante cuatro años. El 24-V-1359 firmó los preliminares de Londres, por los que renunciaba a grandes posesiones de territorio francés en favor de Eduardo III: Normandía, Bretaña, Anjou, Maine, Turena, etc. Afortunadamente, su hijo Carlos V, que ejercía la regencia, supo maniobrar con tal acierto que arrancó del rey inglés el tratado de Bretigny (8-V-1360), ratificado luego por Juan II en Calais (9 de octubre), mucho más favorable, aunque sin dejar de ser adverso.

Juan II fue puesto en libertad a cambio de un rescate de 3.000 escudos de oro, pagaderos en seis años. Dejó en Londres como rehén a su hijo Luis de Anjou. A su regreso a Francia cometió tales errores que estuvo a punto de comprometer la obra de saneamiento iniciada por su hijo Carlos. Por fortuna, el duque de Anjou huyó de Inglaterra, y Juan se vio obligado a reintegrarse a Londres. A poco de pisar tierra inglesa, una enfermedad se lo llevó al sepulcro el 8-IV-1364.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 146-147.

Carlos V el Prudente

Biografía

Rey de Francia, 1364-1380. Dinastía Valois. Después de Poitiers (19-IX-1356) Francia se hallaba sin rey, sin ejército, sin gobierno y sin recursos, entregada a la voluntad de la monarquía inglesa y sometida a las más violentas conmociones internas. Este fue el momento más crítico con que se enfrentó la casa de los Valois.

¿Y quién tenía la responsabilidad de salvar la nave del Estado? Un joven de unos veinte años, enfermizo y prematuramente envejecido; un joven que nunca había demostrado veleidades belicistas ni deseado triunfos y aparatosos éxitos, como sus predecesores, sino que amaba la vida. sedentaria de los palacios, el rincón agradable de la biblioteca y la oración en la capilla. Este joven, llamado Carlos, iba a ser el legendario salvador de Francia, el restaurador de la nación empobrecida, el humillador de la monarquía inglesa.

Había nacido en el castillo de Vincennes, el 21 de enero de 1337, primogénito de Juan II y de Bona de Luxemburgo. Su primera juventud había transcurrido alejada de los asuntos de gobierno. Sólo poco antes de Poitiers había recibido, con el título, la administración del ducado de Normandía. Pequeño aprendizaje para hacer frente a la carga que echaba sobre sus hombros la captura de su padre por los ingleses en Poitiers.

Para acudir a lo más perentorio, el delfín, como lugarteniente del reino, convocó los Estados Generales de los países de Lengua de Oil en París. En las reuniones celebradas por esta asamblea en 1356 y 1357 se puso de relieve el espíritu agresivo de los mercaderes de París, acaudillados por Esteban Marcel y auxiliados por los partidarios de Carlos de Navarra. La oposición se transformó en sublevación. Marcel fue el verdadero señor de París: dio libertad a Carlos de Navarra y sus hombres asesinaron a destacados servidores del regente en la propia cámara de Carlos V.

A mediados de 1358 la situación parecía desesperada: en París imperaba el terror de los marcelistas; en el campo corrían las bandas de la jacquerie; en las fronteras se aprestaban las tropas de Inglaterra y de Navarra. Pero la constancia de Carlos V logró superar esta dura prueba: Marcel fue eliminado; la jacquerie, sofocada; los ingleses y los navarros no pudieron lograr ningún éxito positivo.

Por otra parte, gracias a su habilidad diplomática, el regente obtenía de Eduardo III el tratado de Bretigny, ratificado por el de Calais (1360), desde luego ventajoso para Inglaterra pero no humillante como el firmado por su padre en Londres el año precedente.

Después de una segunda etapa de gobierno de Juan el Bueno, siempre tan fantástico - pensaba en la Cruzada y no en reparar las ruinas de Francia -, Carlos recibió la corona en Reims el 19 de mayo de 1364. Desde aquel momento empleó todos sus esfuerzos en restaurar la potencialidad de Francia. Para ello se valió de dos condiciones innegables que poseía: su talento para descubrir servidores aptos y fieles y su habilidad y astucia diplomáticas.

Los hombres de su reinado fueron legistas y capitanes afortunados: un Bureau de la Rivière o un Bertrán du Guesclin, sinceramente afectos a la monarquía y trabajadores honestos e incansables. Con su ayuda puso orden en la hacienda pública, en particular en el aspecto monetario, y mantuvo a raya al turbulento Carlos el Malo de Navarra y a sus propios hermanos, Felipe, Luis, y Juan, que le dieron más de un disgusto. A la pacificación del reino contribuyó en grado sumo la expulsión de las Compañías blancas, las cuales en 1368 hallaron nuevo campo de actuación en la guerra civil castellana entre Pedro I y Enrique de Trastámara.

Llegaba el momento de tomarse el desquite de Inglaterra. Carlos V dispuso lo oportuno para llegar a la ruptura citando al príncipe de Gales ante el parlamento de París. En mayo de 1369 se iniciaron las hostilidades. Pese a sus incursiones en 1369, 1370 y 1373, los ingleses no lograron ningún éxito positivo.

Por el contrario, respaldado con el auxilio de Flandes y de Castilla, Carlos V se apoderaba de Ponthieu, Roerga, el Lemosino, Poitou, Santonja, etc. En julio de 1380 los ingleses quedaban reducidos a Calais, el Bordelesado y unos pocos territorios más. Dos años antes, en 1378, habían caído en poder de Francia, por sorpresa, los dominios normandos de Carlos el Malo, acusado de traición a la causa de su monarca.

El gran rey, llamado el Prudente por la Historia, murió prematuramente, en el castillo de Beauté, en el Marne, cerca del bosque de Vincennes, a la edad de 43 años, el 16-IX-1380, cuando muchos proyectos ambiciosos anidaban en su corazón.

Había establecido en Francia un rudimento de administración coherente, había dado rudos golpes a la nobleza y había favorecido la prosperidad del país. Se distinguió como erudito en astrología, medicina, leyes y filosofía. Su palacio fue frecuentado por distinguidos escritores, como Felipe de Mezières y Nicolás Oresme, algunas de cuyas ideas llevó él a la práctica.

Sólo le cabe achacar en culpa en el aspecto religioso de su vida - por lo demás modélica -, la protección dispensada al antipapa Clemente VII con lo que fomentó el Cisma de Occidente, muy nocivo para los propios intereses políticos de Francia..R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 147.

Carlos VI el Loco

Biografía

Rey de Francia, 1380-1422. Dinastía Valois. El primer delfín de Francia, pues al nacer (París, 3-XII-1368), había recibido de su padre Carlos V el Delfinado en calidad de apanage, fue hombre de trágica vida y trágico reinar. De su padre había heredado las enfermedades, pero no el talento, el vigor intelectual y la perseverancia en el trabajo.

En cambio, había recibido el gusto de los Valois por las fiestas, el derroche y la ostentación. En las ininterrumpidas orgías acabó de hundir su salud y su cerebro. Por esta causa, pese a su primitiva buena voluntad, la Francia restaurada por su padre se deshizo de modo lamentable entre sus manos, preparándola para el desastre terrible de Azincourt.

Carlos VI heredó la corona de Francia a los doce años de edad. Durante su minoridad, que duró hasta noviembre de 1388, sus tíos Juan de Berry, Luis de Anjou, Luis de Borbón y Felipe de Borgoña sacrificaron los intereses de la nación a sus ambiciones de engrandecimiento personal.

Se guerreó en Flandes (1382), e incluso en Escocia (1385), pero siempre en beneficio de aquellos príncipes. Ni que decir tiene que el pueblo sufrió mucho de aquel desgobierno. Se registraron numerosos motines en varias ciudades de Francia en el transcurso de 1382, los cuales fueron reprimidos. en forma sangrienta.

Cuando Carlos VI prescindió de la tutela de sus tíos, Francia creyó llegado el instante en que reverdecerían los mejores días de Carlos V. En efecto, fueron llamados al gobierno Juan de Vienne, Bureau de la Rivière y otros colaboradores de aquel monarca, y en el transcurso de 1389 se promulgaron una serie de pragmáticas revalidando y completando los cuadros administrativos establecidos por Carlos V. El mismo soberano efectuó un viaje de inspección por el Languedoc, al objeto de reparar las demasías cometidas por su tío, el duque de Berry.

Pero la vida de orgiástico desenfreno acaba con la razón de Carlos VI. A principios de agosto de 1392 le acomete un ataque de locura Desde entonces, entre crisis de inconsciencia, largas etapas de postración y escasos instantes de relativa lucidez, ya no es él quien gobierna, sino sus tíos y su hermano, el ambicioso duque de Lorena y de Orleans quien por su enlace con Valentina Visconti abriga sueños de conquista en Italia. Los marmousets o gente de baja calidad son expulsados del gobierno. De nuevo dominan los grandes príncipes.

Ahora se suceden las luchas entre ellos para acaparar el poder. Los más enconados rivales son Felipe de Borgoña y Luis de Orleans. En todo discrepan. Propugnan soluciones distintas y se aferran a sus intereses de familia. Cuando el borgoña Juan Sin Miedo sucede a Felipe el Atrevido, se acerca la tragedia. Luis de Orleans se cree señor del reino: quiere apoderarse del delfín en 1405 y se jacta de ser amante de la reina, Isabel de Baviera.

El 23-XI-1407 cae asesinado por los sicarios del duque de Borgoña en una calle de París. El crimen plantea la guerra civil, el estallido de todas las pasiones que van a agruparse ya bajo la bandera de los Borgoñas, ya bajo la de los Orleans. La anarquía gubernamental favorece los motines y las algaradas.

En París se sublevan los pequeños mercaderes en la terrible conmoción de los cabochianos (1413). El rey, inerme, ni se entera de aquel desgarrador estado de cosas, que remata, en la nueva invasión de Inglaterra y el desastre de Azincourt (25-X-1415).

Enrique V entra en París, aclamado por los borgoñeses, los cuales ejercen sangrientas represalias contra los Armañacs (1418). El delfín Carlos, único jefe de este partido, se desembaraza de Juan Sin Miedo por el crimen de Montereau (1419). Este acto echaba a los Borgoñas en brazos de Inglaterra. Por el tratado de Troyes (21 de mayo de 1429), Carlos VI desheredaba a su hijo y nombraba heredero de su corona a Enrique V de Inglaterra.

El demente, que vivía retirado en Senlis desde hacía algún tiempo, fue trasladado a París en septiembre de 1422. A poco el 21 de octubre - le sobrevenía la muerte, sin que esta fuera lamentada por nadie.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, pág. 185.

Carlos VII

Biografía

Rey de Francia, 1422-1461. Dinastía Valois. En octubre de 1422 se reunieron en Mehún del Yevre algunos prelados y varios servidores fieles de los Valois y proclamaron rey de Francia a Carlos VII, quinto hijo de Carlos VI e Isabel de Baviera. Nació en París el 22-II-1403, conde de Ponthieu en sus primeros años y duque de Turena en 1416, fue elevado a la categoría de delfín de Francia en 1417, después de la muerte de su hermano mayor Juan.

Al mismo tiempo recibió la lugartenencia del reino, a causa de la incapacidad mental de su padre. Corrían entonces los terribles días que sucedieron a Azincourt, y el muchacho de catorce años, entregado a la voluntad de Bernardo de Armagnac, contribuyó a acentuar la anarquía y la debilidad de Francia

Jefe del partido adverso a los borgoñones, fue el delfín quien, al armar los brazos de los asesinos de Montereau (1419), precipitó a la casa de Borgoña en la alianza inglesa, cuyo resultado inmediato fue el tratado de Troyes (1420), entre Enrique V y Carlos VI, que lo desposeía de la corona de Francia.

Así, pues, cuando sobrevino la muerte de su padre, Carlos VII fue solo reconocido como monarca en algunos territorios del Centro y de Sur del país. Lo restante obedecía al duque de Bedford, hermano de Enrique V y lugarteniente de Enrique VI, en quien recaían los tronos de Francia e Inglaterra. En realidad, Carlos VII era puramente el rey de Bourges, como le llamaban sus adversarios.

No era Carlos VII el hombre indicado para hacer frente a la ardua tarea de aquel momento: restablecer la autoridad real y expulsar a los ingleses del suelo francés. Enfermizo, despreocupado, de espíritu pacífico y poco voluntarioso, vagaba de castillo en castillo. Por un momento, en 1425, supo congraciarse la amistad de un hombre enérgico, Arturo de Richemont, hermano del duque de Bretaña, quien, con el título de condestable, procuró disipar los antagonismos que existían entre la corona de Francia y los Borgoñas.

Pero muy pronto fue sustituido en el favor real por la Tremouille, un aventurero sin escrúpulos. Este perdió las últimas posibilidades diplomáticas y fue incapaz de organizar un ejército que pudiera oponerse a las hueste inglesas que asediaban Orleáns, el baluarte de la Francia central.

Es en este momento decisivo que Francia halla la salvación en la persona de la santa de Domremy, Juana de Arco libera Orleáns el 8-V-1429, rechaza a los ingleses de los países ribereños del Loira, y, en un rapto de fe, corona a Carlos VII de modo solemne en Reims.

Estos actos determinan el curso futuro de la guerra de los Cien Años y la suerte de la casa de los Valois. Pero Carlos VII no sabe aprovechar el ímpetu del entusiasmo nacional despertado por Juana, ni intenta tan solo librar a la doncella de la hoguera de Ruán (1431).

De nuevo se entrega a La Tremouille y a las luchas civiles. No obstante, la obra de Juana de Arco se consuma. En 21-IX-1435 la monarquía y la casa Borgoña se reconcilian por el tratado de Arrás. Un año más tarde, París abre sus puertas a los Valois después de haber expulsado a los ingleses.

Se acercan los últimos días de la guerra de los Cien Años. Los ingleses retroceden en todas partes. Pero el apático Carlos VII es incapaz de conducir una ofensiva a fondo, quizá también porque el país está cansado y arruinado y porque los grandes nobles no cesan de perturbar el orden. En 1440 estalla la revuelta denominada la praguería, en la que, al lado de los duques de Borbón, Alenzón y Armañac, participa el propio delfín, el futuro Luis XI.

El rey solo puede conjurarla a base de otorgar grandes concesiones a los rebeldes. Sin embargo, la reconquista prosigue metódicamente, pues también la realeza inglesa sufre una grave crisis. En 1442 cae Pontoise; en 1450, después de la batalla de Formigny, es liberada la Normandía; en 1451, la Guyena, definitivamente conquistada en 1453 después de la victoria de Castillón. En esta fecha solo quedaba a los ingleses la plaza de Calais. La monarquía inglesa había sido derrotada en Francia.

Los últimos años de reinado de Carlos VII representan el encauzamiento de las energías de Francia para la recuperación del país. El monarca confía el gobierno, quizá bajo la presión de su favorita Ana Sorel († 1450), a los burgueses, como Jaime Coeur, el gran banquero de la época. Su administración potencia los recursos morales y materiales de Francia.

Sin embargo, Carlos VII tuvo que vivir siempre bajo el temor de los grandes señores feudales (Borgoña, Borbón, Alenzón, etcétera), y de su propio hijo, quien se el oponía tanto en la política interior como en la exterior. Murió en el mismo Mehún de su proclamación real el 22-VII-1641.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 187-188.

Luis XI

Biografía

Rey de Francia, 1461-1483. Dinastía Valois. (Bourges 1423 - Plessis-les-Tours 1483). Hijo de Carlos VII y de María de Anjou. Inteligente y sin escrúpulos, se rodeó de personajes hábiles, a los que pagó muy bien, aunque también los castigó muy duramente. Antes de subir al trono, en julio de 1461, había intervenido en sublevaciones contra su padre. Sus primeras medidas para someter a los nobles provocaron la formación de la liga del Bien Público, en 1465, de la que Carlos el Temerario fue el inspirador.

Este heredó el ducado de Borgoña en 1467. En 1468, al enterarse de que el soberano apoyaba a los habitantes de Lieja que se habían sublevado contra él, lo hizo prisionero. Cuando Luis XI consiguió escapar, empezó una lucha a muerte contra su enemigo. Este atrajo a su causa a Eduardo IV de Inglaterra, que desembarcó en Calais en 1475, pero al no ver al duque, aceptó firmar la paz de Picquigny con Luis XI y regresó a su país.

Luis XI negoció con todos los adversarios del Temerario (cantones suizos, Lorena ciudades del Rin) y este fue derrotado por todos ellos y murió ante Nancy (1477) Luis XI ocupó inmediatamente Borgoña, Picardía y Artois. Pero la hija de Carlos, María casó con Maximiliano de Habsburgo, hijo del emperador, que defendió sus derechos.

Finalmente, en 1482, se llegó a un acuerdo (tratado de Arras): el rey de Francia conservaba el ducado de Borgoña, mientras Flandes y Países Bajos quedaban para Maximiliano. Este tratado puso fin al poder de Borgoña y fue una victoria para Francia, que recuperó Anjou, a la muerte de Renato de Anjou, y Provenza en 1481. Francia había adquirido un gran prestigio e intervenía en los asuntos de España e Italia.

La política interior de Luis XI fue muy autoritaria. Solo convocó los estados generales cuando estuvo plenamente seguro de ellos. Prosiguió la reorganización del ejército, emprendida por Carlos VII, para lo cual aumentó los impuestos. Esta política financiera fue posible gracias a la prosperidad que Francia había alcanzado. Luis XI favoreció el auge de la economía: instaló en Lyon a artesanos italianos para el trabajo de la seda. Se ocupó también de la explotación de las minas.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Larousse, Ed. Planeta, 1993, tomo 14 pág. 6681.

Carlos VIII el Afable

Biografía

Carlos VIII Anónimo, s. XVI

Carlos VIII Anónimo, s. XVI

Rey de Francia, 1483-1498. Dinastía Valois. (Amboise 30-VI-1470 / id 7-IV-1498), rey de Francia [1483-1498], hijo de Luis XI y de Carlota de Saboya. De constitución débil y enfermiza, se educó lejos de la Corte por lo que su instrucción era muy deficiente, hasta el extremo de no saber leer, y al morir su padre, aunque ya contaba trece años y hubiera podido gobernar solo, se le asoció como regente y por disposición expresa de Luis XI, a su hermana mayor Ana, esposa del señor Beaujeu.

Varios de los nobles principales, como los duques de Orleáns y de Borbón, se creían con más derecho que la hermana del rey a ejercer la tutela sobre aquél, impusieron la reunión de los Estados generales que se celebró en Tours el 5 de enero de 1484. Los diputados presentaron varias disposiciones pidiendo reformas y economías en la administración y aprobaron otra declarando mayor de edad al rey que desde entonces no había de tener regente.

El duque de Orleáns que aspiraba a substituir a Ana de Beaujeu, mostró ostensiblemente su descontento y al año siguiente se levantó en armas, pero no tardó en ser sometido y aun encarcelado, si bien poco después recobró la libertad y se reconcilió con el rey, a quien más tarde había de suceder con el nombre de Luis XII.

Otro de los que deseaban intervenir directamente en los asuntos de Francia era el archiduque Maximiliano, padre de Margarita de Austria, a quien Carlos estaba prometido; pero Ana de Beaujeu, deseando quitarle todo pretexto para ello, rompió este matrimonio y casó a su hermano con Ana de Bretaña, con lo que no solo consiguió su objeto, pues aumentó el territorio de la nación, si bien desde aquel momento perdió toda influencia sobre Carlos.

El joven rey quiso entonces reivindicar sus derechos sobre el reino de Nápoles, que ocupaba entonces una rama de la casa de Aragón, y aunque algunos de sus consejeros eran enemigos de toda empresa belicosa, Carlos no abandonó sus propósitos debiendo, antes de partir, firmar el tratado de Etaples con Inglaterra, el de Barcelona con Fernando V, por el cual restituía a España la Cerdeña y el Rosellón, y el de Senlis con el archiduque Maximiliano que por virtud de él entraba en posesión de los condados de Borgoña, Artois, Charolais y Noyon, sacrificios a los que se prestó con objeto de concentrar todos los elementos de que disponía para futuras conquistas.

Se reunió, pues, un numeroso ejército que pasó a Italia al mando del duque de Orleáns y del rey, pero era tan precaria la situación del Tesoro que apenas llegado hubo de contratar un empréstito de 50.000 ducados.

Las dicordias que minaban a los principales estados italianos, sin excluir el papado, permitieron a Carlos hacer rápidas conquistas, y la victoria de Rapillo obtenida por las tropas francesas contra las fuerzas combinadas de Alejandro VI y Fernando de Nápoles, acabó de atemorizar a los italianos, pero Carlos se mostró poco hábil y sus vacilaciones le impidieron aprovechase de sus situación como hubiera podido hacerlo.

En efecto, las principales ciudades de Italia le recibieron triunfalmente; Nápoles, Milán, Lucca, Pisa, Florencia, Venecia y por último Roma le abrieron las puertas y Alejandro VI tuvo que encerrarse en el castillo de Sant Angelo, pero la conducta de Carlos creaba poderosos enemigos y los italianos no tardaron en reaccionar olvidando momentáneamente sus rencillas para unirse contra invasor y se formó una coalición en la cual entraban España, el duque de Milán, Venecia, el Imperio y el papa.

El rey, comprendiendo lo crítico de las circunstancias, dejó a Gilberto de Montpensier con 12.000 hombres y con el resto se dispuso a pasar los Apeninos, debiendo librar en el trayecto la corta pero sangrienta batalla de Fornovo. Por su parte los coaligados sitiaron y tomaron Novara, y Nápoles volvió a la casa Aragón, apoyada eficazmente por Gonzalo de Córdoba

Carlos, en Francia, se había entregado a los más desenfrenados placeres, pero no olvidaba nunca sus aspiraciones sobre Italia donde se había operado una nueva reacción que podía serle favorable. Se disponía ya a emprender una segunda expedición a Italia, cuando, hallándose en el castillo de Amboise, se dio un golpe en la frente, al pasar por una puerta demasiado baja, que le hizo perder el conocimiento, muriendo después de nueve horas.

De su matrimonio con Ana de Bretaña tuvo un hijo, Carlos Orlando, que murió antes que él, sucediéndole su primo el duque de Orleans que casó con su viuda.R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 11 pág. 1055-1056.

Luis XII

Biografía

Luis XII Anónimo.

Luis XII Anónimo.

Rey de Francia, 1498-1515. Dinastía Valois-Orleans. Biznieto de Carlos V, nieto del bullicioso Luis de Orleáns e hijo de Carlos I de Orleáns, el príncipe poeta, y de María de Cléveris, Luis XII nació en Blois el (27-VI-1462). A los catorce años contrajo enlace con Juana, hija de Luis XI.

En aquella época era un joven amable, pródigo, ambicioso y ligero de cascos. Ocho años mayor que Carlos VIII, cuando este fue proclamado monarca en 1483 bajo la tutela de su hermana Ana, esposa de Pedro de Beaujeu, se sublevó contra la hegemonía de este grupo.

Aconsejado por Dunois, hijo del célebre capitán de Carlos VII, se relacionó con el duque de Bretaña, Maximiliano de Austria y Ricardo III de Inglaterra para arrebatar el poder a los Beaujeu. Pero fue vencido en pocas semanas (la guerra loca de 1485).

Poco después, un segundo alzamiento terminaba de modo más fatal, pues el duque de Orleáns fue derrotado y hecho prisionero en la batalla de Saint-Aubin (julio de 1488). Su cautiverio duró tres años, hasta que por fin fue libertado y se alió a la causa de Carlos VIII, de quien ya se presentía heredero.

Tomó parte en la expedición a Italia de 1494, en la que desempeñó un papel de cierta importancia. A la muerte de Carlos VIII, ocurrida el 8-IV-1498, el duque de Orleáns ascendió al trono con el nombre de Luis XII. Con este hecho terminaba toda la oposición a la corona, y desde entonces el rey de Francia pudo gobernar para todos en forma nacional.

Aconsejado por su ministro, el cardenal Jorge de Amboise, y, por el secretario Florimundo Robertet, Luis XII aseguró la paz interna, disminuyó el importe de los tributos, favoreció el desarrollo económico y por la Gran Ordenanza de 1499 inició la revisión y la codificación de las costumbres legales.

Para mantener la unión a la corona de Francia del ducado de Bretaña, se divorció en 1490 de Juana y contrajo segundo matrimonio con Ana de Bretaña, viuda de su predecesor. La influencia de esta mujer fue realmente positiva y bienhechora en el ánimo de Luis XII.

En su política exterior, Luis XII sintió con exceso el peso de sus derechos sobre Nápoles y Milán, derivados aquellos de los Anjou y estos de los Visconti, que habían sido substituidos en el Milanesado por los Sforzas. Su política italiana tuvo como objeto esencial la posesión de Milán, como escala obligada para lanzar un nuevo ataque contra Nápoles.

La expedición inicial del reinado logró pleno éxito con la conquista de la ambicionada ciudad en 1499 y la victoria de Novara en 1500. Pero más tarde, cayó en las redes que le tendió el rey católico en el reino de Nápoles. Después del pacto secreto de Granada (11-IX-1500), y de la conquista francoespañola de Novara en 1501, los franceses fueron derrotados y expulsados de este reino por Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán, entre 1503 y 1054.

Luis XII aceptó su fracaso por el tratado de Lyón de 11-II-1504. Sin embargo, deseoso de repararlo, pretendió apoyarse en Maximiliano de Austria y su hijo Felipe el Hermoso, a base de recibir la investidura del Milanesado y de prestar apoyo al último en sus ambiciones sobre la corona castellana primer tratado de Blois, septiembre de 1504); pero siendo excesivamente oneroso, hizo revocarlo y concertó; una alianza en Blois segundo tratado de Blois, 12-X-1505) con Fernando el Católico, a quien dio la mano de su sobrina Germana de Foix.

Al objeto de garantizar la posesión del Milanesado, Luis XII concertó la Liga de Cambrai (XII-1508), dirigida contra Venecia, cuyo resultado fue la rotunda victoria de Agnadelo (14-V-1509). Este triunfo daba la hegemonía del Norte de Italia a Francia, y para evitarla se formó la poderosa coalición de la Santa Liga (4-X-1511).

Las tropas de la coalición —España, los suizos, Venecia y el Papado)—, fueron vencidas en Rávena (11-IV-15212) por la fogosidad y maestría de Gastón de Foix. Pero al año siguiente reconquistaban Milán. Luis XII intentó recobrar el territorio perdido. Una tentativa en este sentido fue contenida en Novara (1513), mientras los ingleses desembarcaban en el continente Guignegate.

En 1514 Luis XII se dedicó a romper la alianza de sus adversarios, unidos en la Liga de Malinas, El fruto de esta labor lo recogió Francisco I, pues aquel monarca murió en París el (1-I-1515), poco después de haberse casado, por vez tercera, con María Tudor.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 191-192.

Francisco I

Biografía

Francisco I por Jean Clouet

Francisco I por Jean Clouet

Rey de Francia, 1515-1547. Dinastía Valois-Angulema. Nació en Cognac el 12-IX-1494 y murió en Rambouillet el 31-III-1547. Hijo de Carlos de Valois, conde de Angulema, y de Luisa de Saboya, pasó con su madre, que vivía pobremente en Cognac, a habitar el castillo de Amboise, requerido por el rey Luis XII. A poco de comenzar este su reinado, y apenas contaba siete años de edad, cuando fue investido con el título de duque de Valois.

Entre sus preceptores figuraron Pedro de Rohan, el mariscal Gie, Artus Gouffier y Francisco de Rochefort; su propia madre cuidó en extremo de su educación, enseñándole el italiano, el español y la versificación, fomentando sus lecturas, en las que abundaron las novelas de caballería que debieron excitar la imaginación del futuro rey, que con sus compañeros Ana de Montmorency, Chabot de Brion, etc., se consagraba también con ardor a la caza y a todo género de ejercicios físicos, así como a las mascaradas y aventuras galantes.

En 1512 peleó contra los españoles en Guyena y al año siguiente estuvo al frente del ejército de Picardía. El 18-V-1514 casó con Claudia, hija de Luis XII y de Ana de Bretaña y si bien el matrimonio del primero con María de Inglaterra, efectuado el mismo año, inquietó al duque de Angulema por la posibilidad de que pudiera sobrevenir un heredero al trono, no se confirmaron sus temores, ya que el rey no tuvo sucesión, y murió el 1 de enero de 1515. El 25 del mismo mes el duque de Angulema fue proclamado rey con el nombre de Francisco I, a los veintiún años de edad.

Abandonó en seguida las riendas del gobierno a su madre, al condestable Carlos de Borbón y al canciller Du Prat y emprendió una campaña contra Italia, movido por el deseo de poseer el Milanesado. El ejército de Maximiliano Sforza, ayudado por la infantería suiza, fue derrotado en Marignan (13 y 14-IX-1515), y Francisco I entró triunfalmente en Milán, renunciando aquél al ducado mediante una pensión de 30.000 ducados.

Por el tratado de Viterbo, el papa León X abandonó a Francia, Parma y Piacenza, y firmó el concordato de 1516. En el propio año Francisco I firmó con los cantones suizos el tratado de Friburgo, llamado de la Paz perpetua, y el 13-VIII-1516 el tratado de Noyon, con el rey de España Carlos I, señor de los Países Bajos.

1ª campaña contra Carlos V

Pero cómo su mayor ambición era impedir que se constituyese la soberanía mundial de los Habsburgo, a la muerte del emperador Maximiliano (1519) pretendió la corona imperial, y al ver defraudadas sus esperanzas empezó la guerra con Carlos V por la supremacía de Europa.

Comenzó entonces la famosa rivalidad entre las casas de Francia y Austria, que tantas guerras había de originar, Francisco I solicitó la alianza de Enrique VIII, rey de Inglaterra; ambos soberanos se encontraron en el Camp du drap d´or en 1520, pero esta entrevista no dio resultado alguno, y falto de aliados y en ruinoso estado la Hacienda, pues él y su corte malgastaban en lujo y disipación los fondos destinados a la guerra, la primera campaña de Francisco I contra Carlos V (1521-1526) fue desastrosa para el primero.

Falló el ataque a los Países Bajos, su caudillo Lautrec fue derrotado en Bicocca (Milán) 29-IV-1522 y el condestable de Borbón le traicionó uniéndose a los ejércitos del emperador; el propio Francisco I partió con sus huestes a Italia para reconquistar el Milanesado, logrando apoderarse de Milán. Vencido en Pavía y hecho prisionero (24-II-1525), escribió a su madre una carta en la que se ha hecho célebre la frase Señora, todo se ha perdido, menos el honor, pero en realidad lo que escribió a Luisa de Saboya es:

Para que podáis haceros cargo de mi infortunio, sabed que de todo solo me ha restado el honor y la vida, que está en salvo.

Cautivo estuvo Francisco I en Madrid, donde le visitó su hermana Margarita, hasta el 14-I-1526, en que se firmó la Concordia o Paz de Madrid, cuyas condiciones dejó de cumplir Francisco una vez libertado (19-III-1526).

2ª campaña contra Carlos V

El papa Clemente VII, receloso de la preponderancia del emperador Carlos V, firmó con Francisco I la Liga de Cognac o Liga Santa (22-V-1526), en la que entraron asimismo Venecia, Florencia, el duque de Milán y Enrique VIII de Inglaterra. Renovada la lucha, tuvo lugar el asalto de Roma por las tropas imperiales (6 de mayo de 1527), que saquearon la ciudad por espacio de tres días.

Esta segunda campaña contra el emperador (1527-1529) no fue más afortunada para Francisco I que la anterior; tanto el ejército de Lautrec, que en 1528 avanzó hasta Nápoles, como el que penetró en Lombardía (21-VI-1529), fueron derrotados, y en la paz de las Damas o de Cambray (5-VIII-1529) se obligó a Francisco I a pagar una fuerte contribución de guerra y entregar Tournay a Carlos V.

Casó entonces Francisco I con la hermana mayor de Carlos V, Leonor de Austria, y durante la época de paz que siguió buscó Francisco I nuevas alianzas, uniéndose a Enrique VIII, a Gustavo Wasa, a los príncipes protestantes de Alemania, y firmó un tratado de comercio con el sultán Solimán II.

3ª campaña contra Carlos V

Cuando creyó que Carlos V tenía debilitado su ejército por su expedición contra los piratas tunecinos, y con el pretexto del asesinato de un agente francés en Italia dio Francisco I principio a su tercera campaña (1536-1538), ocupando el Piamonte, mientras Montmorency expulsaba a los imperiales de Provenza, pero la intervención del papa Paulo III hizo que se llegase a una tregua de diez años (18-VI-1538) que fue rota a los cuatro.

4ª campaña contra Carlos V

En 1542, a raíz de la infausta expedición de Carlos V contra Argel, fue cuando Francisco I puso en pie de guerra cinco ejércitos, pero al excitar a los turcos a devastar Italia, atrajo sobre sí la animadversión de toda Europa, y a pesar de la brillante victoria de Cerisoles (14-IV-1544) obtenida sobre las tropas imperiales por el conde Francisco d´Enghien, Carlos V y Enrique VIII de Inglaterra avanzaban victoriosos hacia París. Por fin, el 18 de septiembre de aquel año se vio Francisco I obligado a firmar la paz de Crespy con Carlos V, y en 1546 la de Ardres con Enrique VIII.

La vida de la Corte

El embajador italiano Marino Cavalli escribía en 1546, refiriéndose a Francisco I.

Su aspecto es completamente real... su temperamento robusto... come y bebe abundantemente y duerme mejor, y lo que es más, no sueña en otra cosa que en llevar una vida agradable. Es atildado en el vestir, que prefiere galoneado, rico en pedrerías y ornamentos preciosos.

Fue Francisco I, según sus biógrafos, el más apuesto caballero del reino; poseía una esmerada educación y era muy aficionado a la poesía y a las bellas artes. No solo protegió a los escritores de su tiempo, entre los que figuraron especialmente, Clemente Marot y Rabelais, sino que el mismo cultivó la poesía, distinguiéndose en el género ligero. Sus composiciones muestran un estilo cuidado y gracioso, aun cuando la concepción no sea muy elevada.

Su reinado no careció de importancia histórica, y a pesar de las irregularidades y su arbitraria administración, supo asegurar fuertemente la autoridad del poder real; sobre la Iglesia, por el Concordato de Bolonia, que le concedió el nombramiento de obispos; sobre los señores, cuyos poderes judiciales redujo, atrayéndolos a la fastuosidad de la vida de la corte; sobre el Parlamento y sobre la administración provincial, que confió a intendentes que le obedecían ciegamente.

Reconstituyó el ejército nacional, impuso el uso de la lengua francesa en los actos oficiales y creó el estado civil por la ordenación de Villers-Cotterets (1535). Era de temperamento ardiente y hombre de extremado amor propio, cualidades oscurecidas algunas veces por su desenfrenada voluptuosidad y sus atisbos de ambición despótica. Durante largas épocas abandonó el gobierno en manos de su madre primero, a la que hizo duquesa e Angulema y de Anjou, y que tuvo sobre él gran influencia durante toda su vida.

Con Luisa de Saboya llevaron las riendas del Gobierno, de Boisy, Du Prat, Florimond Robertet, y a la muerte de aquélla en 1531, dominaron el ánimo de Francisco I las influencias de Chabot de Brion, del cardenal de Lorena, y, sobre todo, del condestable Ana de Montmorency, a quien el éxito de la campaña de 1536 le valió una extraordinaria supremacía hasta 1541. Los principales favoritos en los últimos años de su reinado fueron el almirante de Annebaut y el cardenal de Tournon, hombres probos que salvaron la hacienda de la bancarrota.

La influencia política de sus dos esposas, Claudia (muerta en 1524) y Leonor de Austria, con quien casó en 1530, puede decirse que fue nula, así como la de Francisca de Foix, con la que mantuvo relaciones en los primeros años de su reinado. En cambio, la sufrió muy intensa de su favorita Ana de Pisseleu, a la que concedió el título de duquesa de Etampes. No parece probable la suposición de que hubiera sido el amante de Diana de Poitiers, así como la historia de la Belle Ferronnière es una invención de un médico del s. XVII llamado Guyon.

Para comprender la política de Francisco I es necesario hacerse cargo de lo que entonces constituía la agitada vida de la corte. Pasaba el tiempo en cacerías, viajes y diversiones; el rey permanecía largas temporadas alejado de París, errando de castillo en castillo, y aun durmiendo en aldeas o bien en su tienda de campaña.

Esta vida mantenía en el soberano y en sus huestes una actividad febril, que, unida al deseo de aventuras, y de gloria y al atractivo de Italia, explica en gran parte la política belicosa de Francisco I, acuciada por el deseo de resistir a la ambición de Carlos V. La fastuosa existencia que llevaba el monarca costaba anualmente millón y medio de escudos.

Favoreció el desarrollo de la imprenta; fundó el Colegio de Francia, encargó la compra de gran número de manuscritos, instituyó bibliotecas y aumentó las cátedras de numerosos centros docentes. Protegió a los artistas franceses poniéndoles en contacto con los representantes del Renacimiento italiano, que llamó a París: Leonardo de Vinci, Benvenuto Cellini, etc. Favoreció especialmente la arquitectura; hizo construir los castillos de Chambord, Saint-Germain, Villers-Cotterets y Madrid, en Neuilly, cerca de París, y mandó realizar importantes mejoras en el de Blois.

En 1546 Pedro Lescot comenzó la construcción de un nuevo Louvre en substitución del Louvre feudal, pero la gran preocupación de Francisco I fue la construcción y embellecimiento del palacio de Fontainebleau, en el que trabajaron Ruggieri, Fontana y Bellini. Merecieron también gran favor del monarca los franceses Juan y Francisco Clouet, y, además de los citados, los italianos Primaticio, Rosso Rossi y Andrés del Sarto.

Fue enemigo acérrimo del protestantismo, habiendo publicado contra él el Edicto de Fontainebleau (1-VI-1540), pero no repugnó aliarse con los protestantes alemanes ni con los turcos con tal de merecer su apoyo contra Carlos V. Murió a los cincuenta y dos años de una enfermedad sospechosa, sin dejar hijos de Leonor de Austria. Con Claudia de Francia tuvo tres varones: Francisco (1518-1536), Enrique (1519-1559), y Carlos (1522-1545), y cuatro hijas: Luisa (1515-1517), Carlota (1516-1524), Magdalena (1520-1537) y Margarita (1523-1574).R.B.: VARIOS AUTORES, Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Ed. Espasa-Calpe, 1991, tomo 24 pág. 1063-1065.

Enrique II

Biografía

Enrique II por François Clouet

Enrique II por François Clouet

Rey de Francia, 1547-1559. Dinastía Valois-Angulema. Fue una especie de gigante, de fuertes músculos y de espíritu mediocre. Le gustó todo cuanto era ejercicio violento, deporte físico, juego de pelota y brillante torneo. En el gobierno del Estado se dejó llevar por sus simpatías y por sus amores, por un Montmorency o por una Diana de Poitiers. No impuso ni su voluntad ni su política, de tal modo que su reinado aparece como un simple apéndice del de Francisco I.

No obstante, en el periodo 1547 a 1559 Francia realizó el más profundo esfuerzo para tratar de contener la marea de la hegemonía política de España en Europa, sin lograr este gran objetivo. Fracasado en este aspecto, su muerte inaugura una época de postración política francesa: la de las guerras de religión.

La muerte de su hermano mayor, Francisco, dio a Enrique el delfinado de Francia en 1536. Había nacido en San Germán de Laye el 31-III-1519, de Francisco I de Francia y Claudia de Orleáns. A los catorce años de edad había contraído matrimonio con Catalina de Médicis, sin que este enlace influyera en su vida, que estuvo dominada por la figura de su amante, Diana de Poitiers, veinte años mayor que él.

A la muerte de Francisco I en 31-III-1547, Enrique continuó dispensando su confianza al condestable de Montmorency; pero a través de Diana, los Guisas fueron ocupando cargos de responsabilidad en la administración y la guerra. Aunque las dos familias eran rivales y discrepaban en casi todos los problemas del Estado, ambas se pusieron de acuerdo para aumentar la centralización y el absolutismo monárquico y contener a todo precio los progresos de la reforma protestante. Este fue el periodo de dura represión de Burdeos y Saintonge y de la actuación de la Cámara Ardiente.

Montmorency era partidario de la política de respeto de los tratados. Los Guisas en cambio, incitaban a Enrique II a la guerra. Los últimos tuvieron en este aspecto preferencia, ya que este reinado se caracteriza por el continuo batallar. En 1548 se iniciaron las hostilidades contra Inglaterra al objeto de ocupar la plaza de Boulogne, en poder de los ingleses. Después de varias alternativas, en que intervino Escocia, Francia obtuvo del gobierno de Eduardo VI la restitución de la ambicionada ciudad.

Terminado este preludio, los Guisas empujaron de nuevo a la guerra, pero esta vez contra el propio Carlos V. Enrique II se mezcló en los asuntos italianos, con la quimérica esperanza de expulsar de la península a los españoles. Cuando vio que no había tal posibilidad, se alió con los protestantes y los príncipes alemanes, los cuales, a cambio del auxilio de Francia, le reconocieron la facultad de apoderarse de los obispados de Toul, Metz y Verdún (tratado de Chambord, 1551).

La guerra estalló en 1552. Mientras Mauricio de Sajonia se rebelaba contra el emperador, las tropas de Enrique se adueñaban de aquellas diócesis. Un intento de reconquista de Metz, dirigido por Carlos V, fracasó ante la enérgica defensa del Duque de Guisa (enero de 1553). En la Champaña los franceses perdieron algunas ciudades; pero en 1554 se cubrieron del peligro de invasión por el éxito de Renty.

Mientras tanto, el poder de España en Italia se demostraba invulnerable. Pese a los esfuerzos de la escuadra turca, Enrique II perdió el apoyo de Siena y Córcega (1555). Entonces de decidió a firmar la tregua de Vaucelles (II-1556), rota inmediatamente por la apetencia de los Guisas.

La gran lucha inaugurada en 1557 con el apoyo de Paulo IV, acabó miserablemente en Italia. En el Norte, los ejércitos franceses fueron aniquilados en San Quintín (10 de agosto). Solo la intrepidez del duque de Guisa salvó a Enrique II del desastre. Victorioso en Calais y Gravelinas (1558), permitió a Francia concluir una paz aceptable en Cateau-Cambresis (3-IX-1559), aunque a base de reconocer la preponderancia española en Italia.

Durante los festejos celebrados en París para celebrar la conclusión de la guerra, Enrique II, que participaba en un torneo, recibió una herida mortal al romper una lanza con el conde de Montgomery (29-VI). Murió como consecuencia de este accidente pocos días después, el 10 de julio, dejando un panorama sombrío tras los aparatosos oropeles de su fastuosa corte.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo I, págs. 243-244.

Francisco II

Biografía

Rey de Francia, 1559-1560. Dinastía Valois-Angulema. La inesperada muerte de Enrique II el 10-VI-1559. a causa de la herida recibida en uno de los torneos celebrados para festejar la firma del tratado de Cateu-Cambresis, dio el trono de Francia a su hijo primogénito Francisco II, figura insignificante si no se la considera como la del monarca que inauguró el largo periodo de crisis políticas y de guerras de religión que se abatió sobre la nación francesa en la segunda mitad del siglo XVI.

Cuando heredó la corona, Francisco tenía dieciséis años, pues había nacido en Fontainebleau el 19-I-1543. De salud enfermiza, —entregado en demasía a los excesos pasionales,— el 24-IV-1558 se había casado con María Estuardo, confió el poder al partido de los Guisas, parientes de su esposa.

Francisco II ordenó al Parlamento que acatara las órdenes de Francisco y Carlos de Lorena, mientras que apartaba de la gestión de los asuntos públicos a su madre, Catalina de Médicis, al condestable Montmorency y al príncipe de Condé. Este preparó una conspiración para apoderarse de la persona del monarca. Habiendo fracasado en Amboise (marzo de m1560), sus jefes fueron detenidos y condenados a muerte.

Francia había sido gobernada por los Guisas como soberanos absolutos, de no haber sobrevenido el prematuro fin del monarca. El 16-XII-1560 enfermó este de modo grave y expiró el 5-XII-1560. Su muerte planteó el problema político y religioso en Francia y modificó el curso de muchas vidas, entre las cuales la de su madre, elevada a la regencia de Francia, y la de su viuda, la infortunada María Estuardo de Escocia.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 16-17.

Carlos IX

Biografía

Rey de Francia, 1560-1574. Dinastía Valois-Angulema. Tercer hijo de Enrique II y Catalina de Médicis, nacido en San Germán de Laye el 27-VI-1550, acababa de cumplir diez años cuando la muerte de Francisco II le dio la corona de Francia, una Francia amenazada por las luchas de católicos y calvinistas. Ejerció la regencia su madre, hasta el 17-VIII-1563, fecha en que fue proclamado mayor de edad; pero, de hecho continuó llevando la dirección de gobierno Catalina de Médicis.

En 1562-1563 se habían desarrollado las escenas sangrientas de la primera guerra de religión.

Después de la paz de Amboise transcurrió un periodo de relativa tolerancia, hasta que Condé pretendió apoderarse por la fuerza de la persona del monarca (1567). Descubiertos sus planes, se reanudó la lucha, en la que llevaron la mejor parte las armas católicas segunda y tercera guerra de religión.

Pero con gran sorpresa de todos, Carlos IX confió el gobierno (1570) al almirante Coligny, jefe de los hugonotes, el cual le había entusiasmado con sus atractivos proyectos de hundir el poder de Felipe II en Europa. Coligny gobernó muy poco tiempo.

El excesivo predominio otorgado a los calvinistas provocó una reacción de los católicos. Catalina de Médicis, Enrique de Guisa y Enrique de Anjou arrancaron del rey permiso de proceder a la eliminación de los jefes hugonotes más destacados, reunidos en París para asistir a las bodas de Enrique de Navarra y Margarita de Valois.

El 24-VIII-1572 se registraron las trágicas escenas de la noche de San Bartolomé. Una víctima directa de aquella jornada fue el propio Carlos IX. Devorado por la fiebre y el remordimiento, impresionado por la sangre derramada, fue extinguiéndose poco a poco. Murió en Vincennes el 31 de mayo de 1574.R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, pág. 17.

Enrique III

Biografía

Rey de Francia, 1574-1589. Rey de Polonia, 1573-1574. Dinastía Valois-Angulema. El último Valois en el trono de San Luis. Nacido en Fontainebleau el 19-IX-1551, hijo de Enrique II y el preferido de Catalina de Médicis, la cual deseaba para él una corona real, pues la de Francia parecía reservada a sus hermanos mayores Francisco y Carlos.

A los dieciocho años, durante el reinado de su hermano Carlos IX, Enrique, que entonces era tan solo duque de Anjou tuvo que abandonar las delicias cortesanas para tomar la jefatura del ejército real en la tercera guerra de religión.

Bajo la tutela de los duques de Nemours y de Montpensier obtuvo sobre los hugonotes las brillantes victorias de Jarnac (marzo de 1560) y Montcontour (octubre), victorias que la paz de San Germán esterilizó muy pronto (1570). Bajo el predominio de Coligny y de los calvinistas, Catalina de Médicis intentó concertar el enlace del duque de Anjou con Isabel de Inglaterra; pero este proyecto dirigido contra España, no pudo realizarse por la oposición de la soberana inglesa.

Más tarde, cuando la hegemonía hugonote en la corte se hizo intolerable, Enrique de Anjou tomó parte principal en la preparación de la noche de San Bartolomé (23-24-VIII-1572), arrancando a Carlos IX el permiso de acabar con los calvinistas. Poco después, atacaba La Rochela en la llamada cuarta guerra de religión.

De repente hubo un cambio en su vida; cambio que debido a las circunstancias fue solo transitorio. El 9-V-1573 la dieta polaca le eligió rey de su país, a cambio de aceptar las Pacta Conventa, que, de hecho, reducían a la nada la autoridad monárquica.

Enrique pasó, pues, a Polonia. Pero al cabo de un año, noticioso de la muerte de Carlos IX, huyó de su nueva patria (19-VI-1574), eludiendo la vigilancia de sus súbditos y llevándose los diamantes de la corona. Efectuó el viaje de regreso por Venecia, y a fines del mismo año ascendía al trono de Francia. En realidad, Enrique III hallábase en una situación muy delicada. El partido de los moderados (los llamados políticos se había aliado con los hugonotes para imponerse al rey y a los católicos.

Bajo la dirección de su propio hermano, Francisco de Alenzón, los coaligados obligaron a Enrique III a claudicar en toda la línea por la llamada paz de Monsieur (edicto de Beaulieu. 6-V-1576). Parecía inminente la descomposición del Estado, pues los elementos católicos, no viéndose apoyados como era debido por la monarquía, se agruparon en una Liga, que acaudilló el intrépido duque de Guisa. De este modo, entre católicos y hugonotes la realeza de Francia no era más que otro partido político, el cual procuraba solamente perdurar y vencer aprovechando las faltas de sus rivales.

De 1576 a 1584 los católicos, cuya fuerza se había demostrado en los Estados generales de Blois de 1576, lograron que Enrique III retirase a los hugonotes algunas de las exorbitantes concesiones recibidas por el edicto de Beaulieu. Este periodo fue esmaltado por dos nuevas guerras de religión y varias aventuras extranjeras (como la del duque de Alenzón en los Países Bajos), en las que se confabularon los intereses políticos o religiosos con el capricho personal y la aventura descocada.

Para colmo de males, la muerte del duque de Alenzón el 10-VI-1584 precipitó el país en una nueva guerra, esta vez sin tregua ni compromiso. ya que la Liga Católica quería evitar a toda costa la sucesión de Enrique de Borbón al trono de Francia.

Iniciada la contienda, la Liga arrancó de Enrique III el edicto de Nemours (julio de 1585), por el que se revocaban todas las concesiones hechas a los hugonotes. Temeroso de la popularidad creciente del duque de Guisa, Enrique III fue maniobrando entre los dos bandos.

Esta actitud turbia provocó una sublevación en la capital (12-V-1588), de la que huyó el monarca, distanciado para siempre jamás de los Guisas y la Liga. Poco después, con motivo de celebrarse en Blois unos nuevos Estados Generales, Enrique III ordenaba el asesinato del duque de Guisa (23-XII-1588) y la ejecución del cardenal de Lorena.

Reconciliado con Enrique de Borbón, emprendió entonces una ofensiva contra París; pero el 1-VIII-1589 caía a su vez bajo el puñal de Jacobo Clement, cuyo brazo había sido armado por la hermana del duque de Guisa. Antes de morir, Enrique III designó por sucesor a Enrique de Borbón. Este fue su único acto de gobierno que benefició a Francia.

R.B.: VICENS VIVES, Jaime, Mil Figuras de la Historia, Ed. Instituto Gallach, 1944, Tomo II, págs. 17-18.