Francisco Franco

Biografía

Franco con capote de invierno, 1930.Franco con capote de invierno, 1930.

Francisco Franco Bahamonde nace en el Ferrol, La Coruña, el de 4 diciembre de 1892 y muere en Madrid, el 20-XI-1975. Militar y jefe del Estado entre 1939 y 1975. Hermano de Ramón y de Nicolás y primo de Francisco Franco Salgado-Araujo. Realizó sus estudios secundarios el Colegio de Marina de su ciudad natal, siguiendo la tradición familiar, pero no pudo ingresar en la Escuela Naval a causa de las graves restricciones presupuestarias impuestas en la Armada tras la derrota española en la guerra contra los EE.UU. (1898).

En 29-VIII-1907, el mismo año en que su padre abandonó el hogar familiar para trasladarse definitivamente a Madrid, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, cuyos cursos terminó en 1910 con el grado de segundo teniente de Infantería y con un expediente académico por debajo de la media.

Sin embargo, a partir de ese momento emprendió una carrera excepcional en el Ejército: teniente en 1912, capitán en 1914, comandante en 1916, teniente coronel el 6-VI-1923, coronel en 1925 y general de brigada el 3-II-1926, de manera que con 33 años se convirtió en el general de brigada más joven de Europa.

Todos sus ascensos, excepto el primero, se debieron a méritos de guerra reconocidos por su participación en la guerra de Marruecos. Desde entonces, se erigió en el principal representante de los militares conocidos como "africanistas", especialmente de la denominada "generación de 1915" que integrarían los generales, Luis Orgaz, Manuel Goded, Mola, José E. Varela, Antonio Aranda, Juan Vigón, Alfredo Kindelán y Vicente Rojo.

Entre 1912 y 1926 su carrera militar se desarrolló en África, con solo tres destinos en la Península durante ese periodo: diecisiete meses en Ferrol entre agosto de 1910 y febrero de 1912; tres años en Oviedo (Asturias), entre mayo de 1917 y septiembre de 1920, sin que existan pruebas fehacientes de su mencionada actividad represiva contra la huelga de los mineros en el verano de ese primer año, y otros seis meses en esta última ciudad entre enero y junio de 1923

El 29-VI-1916 resulta herido en Biutz, cerca de Ceuta, participó en numerosas acciones bélicas, en cuyo transcurso mostró notables dotes de mando, ocupando con frecuencia posiciones de vanguardia a pesar de los requerimientos de sus superiores, entre ellos el general Sanjurjo. En 1920 se responsabilizó de la I Bandera del Tercio de Extranjeros o Legión Española, recién fundada por Millán Astray a imitación de la francesa y, en junio de 1923, sustituyó al teniente coronel Valenzuela como jefe supremo de este cuerpo.

En virtud de su rango intervino de manera destacada en la defensa de Xauen y Melilla (1921), en la ofensiva de Dar Drius y las operaciones de Tafersit, Bu Hafora y Tizzi Azza (1922), y en la retirada escalonada de Xauen (1924) frente a las harkas rifeñas de Abd el Krim.

Sin embargo, con el desembarco de Alhucemas (8-IX-1925) se inició una nueva fase de la guerra, caracterizada por las amplias maniobras, el control del territorio y la estabilización de los frentes, en la cual prevalecían las dotes estratégicas-de Goded, por ejemplo- sobre las de mando, que habían permitido a Franco ser considerado por la opinión pública nacional como el más prestigioso militar del momento.

Recogió sus vivencias bélicas desde 1920 en Diario de una Bandera (1922), exaltación de los valores castrenses y apología de la acción española en Marruecos, contraria a toda posibilidad de repliegue o abandono, así como al desarrollo de un protectorado civil apoyado en tropas estrictamente coloniales, opinión que transmitió en persona al general Primo de Rivera el 19-VII-1924.

En esta ocasión se manifestó por primera vez, la decidida voluntad de quien consideraba que la guerra de África constituía una inmejorable escuela no solo para el Ejército, sino también para toda una nación en proceso de decadencia. A esta idea Franco sumaba un ortodoxo sentimiento religioso —en la creencia de que el catolicismo había sido el crisol de la nacionalidad española— especialmente tras su boda con Carmen Polo Martínez (22-X-1923), que supuso también la confirmación de su ascenso social.

Franco y la II república

El entendimiento entre Franco y Primo de Rivera, en el poder entre 1923 y 1929, culminó el 4-I-1928 con su nombramiento como director de la Academia General Militar reabierta poco tiempo antes en Zaragoza. Clausurada esta institución, el 29-VI-1931, por decreto del nuevo Gobierno Provisional formado tras la proclamación de la II República (14-IV-1931), el 14 de julio Franco se despidió de los cadetes con un discurso en el que criticaba con dureza la decisión gubernamental.

No fue esta su única muestra pública de disconformidad con la nueva legalidad vigente: no arrió la bandera bicolor monárquica de la Academia de Zaragoza hasta que le obligaron las autoridades, el 20 de abril, dos días después de que se publicara en el diario monárquico ABC de Madrid una carta con la que respondía al rumor difundido sobre su nombramiento como alto comisario en Marruecos. En ella se afirmaba textualmente.

Ni el Gobierno Provisional ha podido pensar en ello, ni yo había de aceptar ningún puesto renunciable que pudiera por alguien interpretarse como complacencia mía con el régimen recién instaurado o como consecuencia de haber tenido la menor tibieza o reserva en el cumplimiento de mis deberes o en la lealtad que debía y guardé a quienes hasta ayer encarnaron la representación de la nación en el régimen monárquico.

En esta situación de disponible y después de que Manuel Azaña, ministro de la Guerra, hubiera bloqueado todos los ascensos por méritos reconocidos con anterioridad, en febrero de 1932 Franco recibió su nombramiento como jefe de la XV brigada de infantería y comandante militar de la Coruña, el primer retroceso de su carrera militar.

A pesar de ello no apoyó el frustrado pronunciamiento militar del general Sanjurjo (10-VIII-1932) aunque, según Juan A. Ansaldo, conspirador monárquico y posterior falangista, declinó su colaboración en el último momento al considerar que se cometía un error porque.

"las masas que han votado por la República no han perdido todavía su entusiasmo y ni ha llegado todavía el momento de pasar a la acción.

Este hecho, además de su negativa a actuar como defensor en el proceso judicial emprendido contra Sanjurjo pueden explicar el traslado de Franco a un destino relevante, la Comandancia General de Baleares, en febrero de 1933. A su definitiva implicación en las principales cuestiones y problemas de la vida política nacional contribuyó decisivamente contribuyó el triunfo de la [Confederacion Española de Derechas Autónomas, CEDA] en las elecciones legislativas del 19-XI-1933.

General de División desde marzo de 1934, siete meses después (5 de octubre) y como asesor técnico del ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, y del jefe del Estado Mayor, general Masquelet, se encargó de dirigir en Madrid las operaciones militares contra la insurrección obrera iniciada en la cuenca minera asturiana ese mismo día. Una vez cumplida con éxito su misión, al oponerse a las medidas legalistas propuestas por el general López de Ochoa favoreció la cruenta represión posterior.

Al prestigio militar sumo entonces la fama de contrarrevolucionario y Franco se erigió en la personalidad elegida por la derecha política para protagonizar una alternativa extralegal en el caso de que esta resultara necesaria, apelación que ya resultaba explícita en la carta que el fundador de [Falange Española, FE], José Antonio le había enviado el 24 de septiembre.

En la prensa nacional e internacional -por ejemplo el periódico francés Le Temps (22-X-1934)- aparecían publicadas con frecuencia noticias acerca de la posibilidad de que dimitiera el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora y, tras suspender las garantías constitucionales, Franco pasara a presidir un directorio militar.

Sin embargo, la incorporación al gobierno de varios ministros pertenecientes a la [Confederacion Española de Derechas Autónomas, CEDA], que había motivado los acontecimientos de octubre de 1934, constituía en aquel momento el principal recurso de los sectores del tradicionalismo y del catolicismo para intentar reconducir conforme a sus intereses el proceso iniciado en 1931.

El 15-II-1935 fue nombrado jefe del Ejército en Marruecos, donde permaneció solo tres meses porque el 20 de mayo, el ministro de la Guerra y jefe de la [Confederacion Española de Derechas Autónomas, CEDA], José María Gil Robles, le designó para desempeñar el cargo más prestigioso de la jerarquía castrense, el de jefe del Estado Mayor Central.

En el ministerio coincidió con los generales Manuel Goded —subsecretario de Guerra— y Joaquín Fanjul, implicados en todas las conspiraciones desarrolladas contra la República desde su proclamación, así como el general Mola, quien había renunciado a su republicanismo inicial para erigirse en uno de los más destacados promotores de una alternativa militar.

Asimismo se trasladaron entonces a Madrid el coronel José E. Varela, dedicado a la organización de las milicias carlistas con la ayuda financiera del banquero José L. Oriol, mientras los grupos fascistas intensificaban su activismo, tanto la [Falange Española, FE] y de las [Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, JONS] como las [Juventudes de Acción Popular, JAP], dirigidas por Serrano Suñer, cuñado de Franco. La misión de este ultimo tenía como objetivo, según las instrucciones de Gil Robles,.

poner en pie en el menor espacio de tiempo posible un ejercito fuerte que recobre la confianza en su propio poder y los destinos de la patria".

Durante su mandato en el Estado Mayor la generación de los oficiales "africanistas" accedió a la cúpula militar en detrimento de los que debían sus ascensos a Azaña o de quienes se sospechaba su pertenencia a la masonería, entre ellos los generales Masquelet, Miaja, Riquelme, Romerales, Martínez Cabrera, Urbano y López Ochoa y los coroneles Mangada, Villalba y Hernández Sarabia.

A él se deben diversas iniciativas destinadas a la reforma y modernización del Ejército, así como la adopción para sus tropas de un casco similar al alemán. Creó un servicio de información para eliminar la subversión y la propaganda de izquierda en los cuarteles e, incluso, ultimó los preparativos de un plan para desembarcar en la Península los efectivos del Ejército de Marruecos, al mando de Mola, en colaboración con el almirante de la Marina de Guerra, Javier de Salas.

En enero de 1936 viajó a Londres para asistir, con el agregado militar en París, comandante Antonio Barroso, y en representación del Ejército español, a los funerales de Jorge V y la coronación de Eduardo VIII de Inglaterra, ocasión que aprovechó para entrevistarse en ambas ciudades con miembros notorios de la oposición política al régimen republicano. Sin embargo, mostró una extraordinaria precaución y se opuso a las iniciativas conspirativas de otros oficiales, que consideraba precipitadas y condenadas por ello al fracaso.

El 11-XII-1935 había rechazado la propuesta de Fanjul, Goded y Varela para encabezar un golpe de Estado, aunque esta contaba con la aquiescencia de Gil Robles, después de que el presidente Alcalá Zamora vetara la formación de un gabinete cedista y anunciara la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones para el 16-II-1936.

Franco y el Frente Popular

Tras la victoria del Frente Popular en los comicios del 16-II-1936, Franco solicitó al presidente del Consejo de Ministros, el centrista Portela Valladares, la declaración del estado de guerra, pero aquél consideraba que solo el Ejército tenía capacidad de tomar tal decisión, de manera que, tras una nueva negativa de Franco al proyecto golpista de Goded y Fanjul, Azaña pudo formar gobierno el 19 de febrero.

A partir de entonces Franco se implicó totalmente en la conspiración: sus dudas, ambigüedades y reticencias hasta el último momento solo eran resultado de la prudencia y del pragmatismo, así como de la decidida voluntad de reforzar su autonomía operativa, preservar su poder y sentar las bases que le permitieran finalmente asumir el mando único de la sublevación.

A pesar de ello, el Gobierno le encomendó un destino importante, la Comandancia General de Canarias, decisión que Franco interpretó como un destierro obligado. En los días anteriores a su partida mantuvo sendas entrevistas protocolarias con Azaña y Alcalá Zamora y, el 8-III-1936 se reunió por la mañana con Serrano Suñer y José Antonio y por la tarde, en casa del político cedista José Delgado, con los generales Mola, Fanjul, Orgaz, Varela, Kindelán, Saliquet, Villegas, Rodríguez del Barrio, Galarza, Ponte y González Carrasco.

En esta segunda y trascendental reunión los asistentes acordaron formalmente la preparación de un movimiento militar, presidido por Sanjurjo, que actuaría en caso necesario y solo en nombre de España, relegando hasta la consecución victoriosa de los objetivos marcados todas las cuestiones referentes a la forma de Gobierno, estructura del nuevo régimen o símbolos nacionales.

En el reparto de responsabilidades le correspondió el Ejército de África, consuegra27 soldados que formaban el más equipado y mejor preparado cuerpo militar existente en territorio español, cuyo mando directo pasaría a Yagüe hasta la llegada de Franco desde Canarias, tal como concertaron Mola, Kindelán y Vigón el 11-VI-1936.

Sin embargo el día 23 de junio, Franco tomó una decisión excepcional, que ha sido interpretada de manera muy diferente por los historiadores: envió una carta al jefe del Gobierno y ministro de la Guerra, Casares Quiroga, para alertarle con calculada ambigüedad sobre el creciente malestar en el Ejército.

Si para sus hagiógrafos este suponía el ultimo acto del general para saldar su cuenta de lealtad con la República, para otros autores constituía un ofrecimiento destinado a recuperar un protagonismo que se le antojaba difícil entre el elevado número de oficiales implicados en los preparativos de la insurrección.

Asimismo, el texto ha sido calificado como un ultimátum, si bien resulta probable que su única finalidad consistiera -al delatar la existencia de organizaciones políticas de izquierdas y de derechas entre la tropa y los oficiales de baja graduación- en confundir al Gobierno sobre el verdadero alcance de la conspiración.

Franco y la Guerra Civil

El 6-VII-1936 confirmó a Fanjul su participación en el alzamiento, un día después de que el director del diario ABC, Juan Ignacio Luca de Tena, encargara a su corresponsal en Londres la compra, con el dinero aportado por el banquero Juan March, de un avión "el Dragon Rapide" que habría de trasladar a Franco desde Canarias a Marruecos para tomar el mando del Ejército de África.

Franco con Mola, Saliquet y otros jefes militares sublevados.Franco con Mola, Saliquet y otros jefes militares sublevados.

El 16 de julio el general pasó de Tenerife a las Palmas, el 18 pernoctó en Casablanca (Marruecos) y el 19 a primera hora, en Tetuán, se puso al frente de las guarniciones sublevadas dos días antes. Desde el primer día de la Guerra Civil (1936-1939) Franco tomó la iniciativa, tanto en el enfrentamiento bélico, como en la lucha por el poder iniciada entre los principales responsables militares de la sublevación.

La voluntad de estadista resultaba evidente en sus primeras acciones, como la promulgación de un bando para tratar de "restablecer el imperio del orden dentro de la República" y, en especial la publicación de un manifiesto que terminaba con el lema de los revolucionarios franceses de 1789, aunque significativamente trascrito en orden inverso: "Fraternidad, libertad, igualdad".

El 24 de julio, la Junta de Defensa Nacional formada en Burgos le otorgó el mando del Ejército de África y del Sur, mientras que Mola se responsabilizaba del Ejército del Norte, pero el traslado de sus efectivos a la Península se demoró con motivo de la rebelión de la marinería contra sus oficiales, que permitió al Gobierno republicano mantener el control sobre la mayor parte de la flota del Mediterráneo.

Finalmente pudo emprenderse por mediación de los aviones alemanes e italianos llegados a Marruecos los días 29 y 30, gracias a los contactos mantenidos por Franco con el cónsul de Alemania en Tánger y las negociaciones de Luis Bolín y Juan March en Roma.

Una vez en Sevilla (7 de agosto), Franco avanzó con sus tropas hacia Madrid por la ruta de Extremadura que, si bien resultaba más larga, permitía la protección y el aprovisionamiento a través de la frontera con Portugal, país gobernado por el régimen dictatorial de Oliveira Salazar.

El Ejército del Sur cumplió sus objetivos con extrema rapidez, sin hallar casi resistencia de la tropas republicanas-a excepción de Badajoz- y el 3-IX-1936 entró en Talavera de la Reina (Toledo), mientras el Ejercito del Norte permanecía retenido en Somosierra (Madrid) desde finales de julio. Como estratega Franco se mostró reflexivo y cauteloso, más partidario de la táctica logística y de control territorial característica del Ejército francés que de la denominada guerra relámpago alemana.

El 20 de septiembre se encontraba en Maqueda (Toledo) donde, en contra de la opinión de Kindelán y Yagüe, decidió aplazar la marcha sobre Madrid para acudir a liberar el Alcázar de Toledo, sitiado desde los primeros días de la contienda. La conquista de esta ciudad una semana después constituyó un éxito propagandístico que contrarrestaba el obtenido por Mola con la toma de San Sebastián (Guipúzcoa), pero permitió al gobierno republicano completar las labores de fortificación y defensa de la capital española.

Tras la muerte de Sanjurjo en accidente de aviación (20 de julio), la competencia por el mando único quedó restringida a Mola, a quien Franco superaba no solo por rango jerárquico (general de división frente a general de brigada), sino también por el prestigio obtenido en su estancia en Marruecos y Zaragoza., y por la importancia intrínseca de sus tropas respecto al total de las sublevadas.

También por coherencia pública en su adhesión a la Corona, en oposición al antimonarquismo manifestado por El Director (Mola) en 1931 y todavía en 1936, al dictar la expulsión del infante Juan de Borbón cuando este pretendía incorporarse a los efectivos de la zona nacionalista. El 13 de agosto Franco se entrevistó con Mola y dos días después, en Sevilla, con Queipo de Llano, ocasión que aprovechó para izar ante una multitud la bandera monárquica, sin consultar a la Junta de Burgos, donde todavía ondeaba la republicana.

A partir de entonces contó con el notable apoyo de los monárquicos, representados en el Ejército por Kindelán, sin que perdiera, aun a pesar de este gesto, el respaldo de los falangistas, muy influyentes entre la baja e incluso alta oficialidad (Yagüe o Muñoz Grandes), a lo cual contribuía la confianza de los gobiernos de Italia y Alemania en Franco.

El 21 de septiembre, se reunió con los generales Cabanellas, Mola, Queipo de Llano, Saliquet, Dávila, Orgaz, Kindelán y Gil Yuste en las cercanías de Salamanca para tratar la cuestión de la jefatura única, a la que solo se opuso Cabanellas, quien también rechazó la candidatura de Franco para desempeñarla de manera provisional.

El 27 de septiembre, durante la celebración de los actos de celebración de la conquista de Toledo, Franco fue presentado por Yagüe a la multitud concentrada ante el Cuartel General de Cáceres como "primer magistrado, indiscutido generalísimo y regente de España". Al día siguiente presentó ante la Junta un decreto -elaborado por su hermano y asesor, Nicolás, y por Kindelán- en virtud del cual a sus funciones de mando supremo unía las de jefe de Estado en tiempo de guerra.

El 1-X-1936 Franco fue proclamado "generalísimo de la fuerzas nacionales de tierra, mar y aire" y jefe del Gobierno del estado español", legalizando su decreto previo con la única salvedad que suponía cambiar la Jefatura del Estado por la de Gobierno. Sin embargo, su primera medida consistió en crear una Junta Técnica de Gobierno, en vez de formar un gabinete ministerial con más amplios poderes y, en el discurso pronunciado ese mismo día, afirmó su intención de organizar el Estado "dentro de un amplio concepto totalitario".

Anunció, asimismo, la implantación de los más severos principios de autoridad y la subordinación de las regiones a "la más absoluta unidad nacional", en un sistema por el cual la voluntad pública se expresaría mediante órganos técnicos y corporaciones.

Nada se especificaba sobre el tipo de Estado, el funcionamiento del Gobierno o el ordenamiento jurídico, pero resultaba ya evidente la plena determinación de asumir el poder absoluto y de ejercerlo con un estilo caudillista, para lo cual contaría con la plena colaboración del falangismo.

El fracaso de la ofensiva sobre Madrid (23-XI-1936) y, en segunda instancia, el avance por Guadalajara (20-III-1937), fue el comienzo de una nueva fase de la guerra caracterizada por la prolongación, magnificación e internacionalización del conflicto, que obligaba a modificar las tácticas iniciales.

Respecto al desarrollo bélico, Franco optó por una estrategia gradual, comenzada con el traslado del frente al norte (País Vasco, Asturias, Cantabria), que solo abandonó para respondes a cada una de las ofensivas emprendidas por el Ejército de la República. Respecto al ámbito político, suponía una necesaria afirmación de su poder personal y de los órganos institucionales del nuevo Estado que habría de gobernar en el territorio controlado por los nacionalistas y, luego en toda España.

El 19-IV-1937 promulgó un decreto -redactado por su entonces asesor, Serrano Suñer- por el cual las fuerzas políticas que habían participado en el alzamiento quedaban unificadas en un partido único, [F.E.T. y de las J.O.N.S.], cuya Junta Política y Consejo Nacional constituían un primer ensayo de administración pública.

Los estatutos del partido reconocían a Franco la libre facultad para designar a los miembros de ambos órganos, así como de nombrar a su propio sucesor en la Jefatura del Estado y le declaraban responsable solo "ante Dios y ante la historia".

El fallecimiento de Mola en un accidente de aviación (3-VI-1937) favoreció este proceso de concentración de poder: el decreto del 30 de octubre declaraba oficial el grito "¡Franco!, ¡Franco!,¡Franco!" como ritual de identificación con el nuevo Estado.

El 30-I-1938 formó su primer Gobierno, única institución política efectiva del régimen, y promulgó la Ley de Administración Central del Estado, que afirmaba: La presidencia del Gobierno queda vinculada al Jefe del Estado, a quien se concedía la suprema potestad para dictar normas jurídicas de carácter general.

El 26-I-1939 se rindió Barcelona y el 27 de febrero Francia y el Reino Unido se sumaron a Italia, Alemania, Japón y la Santa Sede —desde abril de 1938— en el reconocimiento democrático del gobierno de Franco.

El 1-IV-1939 firmó el último parte de guerra y poco tiempo después estableció su residencia oficial en el Palacio del Pardo de Madrid: a partir de ese momento el relato de su vida se confunde casi totalmente con el del régimen que él fundó y dirigió con poder absoluto durante treinta y seis años.

Franco, su ideario político

Las ideas políticas de Franco se basaban en un conjunto de elementos simples, reiterados y, en ocasiones, obsesivos formulados como rechazo a las principales aportaciones ideológicas de la historia contemporánea universal.

Anticomunista desde sus primeros años de milicia, 1928 Primo de Rivera le suscribió al Bulletin de l´Entente Internationale Anticomuniste, organización con sede en Ginebra (Suiza) en la cual se inscribió en la primavera de 1934 y cuyo objetivo consistía en combatir la actividad y propaganda del Komintern.

La coyuntura internacional desde 1945, la conocida como "guerra fría", supuso un refrendo internacional, primero del Reino Unido y luego de EE.UU., a su personal lucha contra el comunismo. Todavía el 18-VII-1964, durante la conmemoración de los 25 años de Paz, su discurso se centraba en la exposición de como el mundo estaba sometido a una constante propaganda subversiva dirigida desde la [Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas], cuyo principal obstáculo era la fe religiosa.

Dos años antes, el 27-V-1962, había proclamado ante una concentración de ex combatientes en el Cerro Garabitas (Madrid), que el liberalismo era una de las puertas principales por donde el comunismo penetra, por lo que España constituía el punto clave más importante de la resistencia política occidental. En consecuencia, esta amenaza le reafirmaba en su clericalismo, contrario a la relajación de costumbres, el contubernio con el mal, la indiferencia religiosa o la intensa descristianización, así como en su antiliberalismo.

Franco rechazaba el siglo XIX por liberal, el XVIII por enciclopedista, el XVII por decadente e, incluso el XVI por heterodoxo, de manera que su concepción utópica de la historia se remontaba al reinado de los Reyes Católicos (siglo XV).

La centuria transcurrida entre 1833 y 1931 había culminado el declive nacional y la derrota de 1898, resutado de la traición del poder civil al Ejército, había inaugurado una "España chata y chabacana, de espíritu decadente, incapaz de continuar siendo cabeza de un imperio ni de sostener sobre sus hombros el peso de su gloria".

De los políticos de la Restauración solo respetaba a Maura y consideraba a Alfonso XIII un buen rey, pero responsable de dos graves errores: haber aceptado la dimisión de Primo de Rivera (28-I-1930) y el no haber recurrido al Ejército el 14-IV-1931. La República "compendiaba en sí todas las revoluciones, anarquías y desenfrenos" tanto por su política anticlerical como por haber legalizado el "separatismo".

En consecuencia el Ejército, garante de la unidad nacional, habría obrado con legitimidad moral, institucional e histórica al intervenir en lo que consideraba urgente salvación de la Patria. El nacionalismo castrense de su juventud y el hispanismo reaccionario aprendido en la revista Acción Española (1931-1937), a la que se había subscrito desde el primer número, evolucionaron por influencia del fascismo hacia una concepción totalitaria del Estado, superadora del corporativismo primorriverista, aunque caracterizada por el respeto a las directrices de la Iglesia Católica y la recuperación del pasado imperial (propósito pronto relegado al olvido por imperativo de las circunstancias).

Con posterioridad asumió antiguos privilegios reales, como desfilar bajo palio o el nombramiento de obispos refrendado por el Concordato de 1953, y se rodeó de un aparatoso ceremonial público, como la denominada "guardia mora", de manera que el 1-V-1956 podía afirmar: "Somos de hecho una monarquía sin realeza".

El sentido mesiánico y redentorista de su misión constituía otra de las claves de su pensamiento: en carta a Juan de Borbón (6-I-1944), enumeraba como bases sobre las cuales se asentaba la legitimidad de su poder el haber salvado a España, propios merecimientos constatados en una vida de intensos servicios, prestigio y categoría en todos los órdenes de la sociedad, reconocimiento público y el haber alcanzado con el favor divino repetidamente prodigado, la victoria.

El contubernio de la masonería internacional se convertía en elemento aglutinador de todo cuanto representaba la anti-España: Todo obedece a una conspiración masónica-izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social que si a nosotros nos honra a ellos les envilece, afirmó en su último discurso público (1-X-1975).

En palabras de Ricardo de la Cierva la convicción antimasónica se incorporó a Franco como una segunda naturaleza, simplificó en la masonería todas las causas de la decadencia histórica y la degeneración política de España, la persiguió de forma implacable, se creyó cercado por ella y transformó toda su vida en una cruzada antimasónica.

Sin embargo, Franco desarrolló su política desde 1939 en frecuente contradicción con su pensamiento global, pero se mostró como un estadista capaz de aprovechar la cambiante coyuntura internacional y de mantener el equilibrio entre las diferentes facciones dominantes del régimen.

Su poder se afianzó al superar cada una de las graves crisis producidas en el transcurso de la II Guerra Mundial (1939-1945), en especial las provocadas por monárquicos y falangistas en 1941 y 1942, por los generales restauracionistas en 1943 y por el fin del conflicto europeo y el aislamiento diplomático, a partir de 1945.

Sin embargo, siempre minimizó la importancia de los cambios gubernamentales, sin reconocer en ningún caso su condición de ajustes de una política legitimada por la guerra y de un sistema cuya realidad y virtualidad defendía en todas sus intervenciones públicas.

En su opinión el pluralismo político era un obstáculo para el crecimiento económico, de manera que su defensa de la autarquía resultaba coherente con su proyecto político global, en mayor medida que el resultado de una coyuntura histórica específica. Hacía de la necesidad, principio, convicción

El anticomunismo justificó, asimismo, las decisivas rectificaciones de una política exterior que él supervisaba directamente, aunque con escasa participación personal desde 1945. Solo abandonó España en tres ocasiones:

La entrevista con Hitler en Hendaya, la visita a Mussolini en Bordighera, a cuyo regreso se reunió con Pétain en Montpellier, y el viaje realizado a Portugal el 22-X-1949 por invitación de Oliveira Salazar.

De su inicial reticencia a las propuestas de liberalización económica e institucionalización del régimen durante la década de los 50, pasó a convencerse de la necesidad de las reformas y se convirtió en su más destacado propagandista.

La promulgación de la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento (19-V-1958) le permitió iniciar una campaña destinada a reafirmar la legitimidad del Estado surgido en 1936: el 30 de octubre presidió la conmemoración de [Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista], el 18-II-1959 el I Congreso Nacional de la Familia Española y el 1 de abril el traslado de los restos mortales de José Antonio al Valle de los Caídos (Madrid) desde Alicante.

La boda de su única hija, Carmen, nacida en 1926, con el médico Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde, en 1950, así como el leve accidente de caza que sufrió el 24-XII-1961, provocaron amplia incertidumbre acerca de la sucesión a la Jefatura del Estado, si bien esta cuestión no quedó definitivamente resuelta hasta 1969 con la designación de Juan Carlos de Borbón como príncipe de España y futuro rey.

Con la celebraciones de los denominados oficialmente 25 Años de Paz (1964) se alcanzó la máxima exaltación del culto a la personalidad, dominante también en los numerosos actos de "adhesión al Caudillo" y en sus viajes multitudinarios por todas las provincias españolas, en los cuales creía recibir el correspondiente respaldo popular.

También apeló públicamente a sus treinta años de "sacrificio por la Patria" para solicitar el voto afirmativo en la campaña previa al referéndum para la aprobación de la Ley Orgánica del Estado, el 14-XII-1966. En 1970 todavía mantuvo una intensa actividad: viajó a Valencia, Barcelona, Zaragoza, Cáceres, Jerez de la Frontera (Cádiz) y Salamanca y recibió a los presidentes Richard Nixon y Americo Thomas, así como a 9.169 personalidades y 5.023 comisiones, integradas por otras 68.596 personas, en su residencia del Pardo.

Sin embargo, desde 1971 sus presentaciones públicas se limitaron a lo exclusivamente protocolario, retirándose al ejercicio de sus ocupaciones favoritas: la caza, la pesca a bordo del yate Azor, el golf, la pintura y los veraneos en San Sebastián y el pazo de Meirás (La Coruña) que, en 1938 le había regalado el ayuntamiento ferrolano.

En los discursos pronunciados con motivo de la apertura de la X legislatura de las Cortes (18-XI-1971) y del XII Congreso Nacional de Movimiento (31-I-1972) afirmó que todo estaba "atado y bien atado", pero su régimen había iniciado un irreversible proceso de descomposición.

Conmocionado por el asesinato, realizado por ETA, (Euskadi Ta Askatasuna), de su más antiguo y valioso colaborador, el presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco (20-XII-1973), el 9-VII-1974 Franco fue hospitalizado a causa de una tromboflebitis y del agravamiento de la enfermedad de Parkinson que padecía desde hacía varios años, de manera que el príncipe Juan Carlos hubo de asumir la Jefatura del Estado entre el 19 de julio y el 2 de septiembre.

El 26-IX-1975 firmó la sentencia de muerte contra cinco miembros del [Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, FRAP] y de ETA, (Euskadi Ta Askatasuna), ejecutados al día siguiente a pesar de las numerosas solicitudes de clemencia recibidas y de una campaña internacional de repulsa sin precedente, a la que Franco respondió con la última de sus apariciones públicas en la Plaza de Oriente de Madrid el 1 de octubre.

El 12 del mismo mes, tras presidir los actos del día de la Hispanidad, se sintió enfermo y durante más de un mes, en el hospital de la Paz (Madrid), adonde fueron trasladados el brazo incorrupto de Santa Teresa y el manto de la Virgen del Pilar, se prolongó su agonía: insuficiencia coronaria, encharcamiento pulmonar, parálisis intestinal, hemorragias gástricas, ascitis, inflamación del hígado, peritonitis y hemorragias masivas, varios infartos, numerosas transfusiones y tres operaciones.

Pocos días después de su fallecimiento (20 de noviembre) y ante la presión de la llamada marcha verde, organizada por Marruecos, el Estado español abandonó el Sáhara Occidental, la última de las posesiones africanas en las que el general Franco había emprendido su larga carrera. —ver el franquismo—.

R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo IX págs. 8790-8792.