Ervigio

Biografía

Rey de los visigodos, 680-687. Ervigio, el principal autor de la conspiración pacífica que privó de la corona de Wamba, fue elegido rey. el día de los idus de octubre del año 680, Ervigio recibió el cetro del reino; pero, aunque el 15 de octubre fuera el primer día de su reinado, no fue ungido hasta el domingo siguiente, que fue el 21. Dahn insiste repetidamente, a mi juicio, sin base, en la participación de Juan de Toledo en la conjura que trajo a Ervigio al trono. No se cansa tampoco de insistir en el apoyo que la Iglesia prestó a Ervigio.

Las fuentes no autorizan a hacer tales comentarios, pues la actitud de San Julián, ungiendo al nuevo rey, como la del concilio XII de Toledo, no fueron sino las legales y lógicas de la época. Ciertamente, como veremos, Ervigio procuró atraerse a la Iglesia; pero esa es ya otra cuestión.

Ervigio era, según la Crónica de Alfonso III —fuente principal, con las actas del concilio XII de Toledo, para el conocimiento de este reinado—, de origen bizantino y pariente, por su madre, de Chindasvinto y Recesvinto. Por esto habíase educado en palacio y se vio elevado a la dignidad de conde. Una hija de Ervigio, llamada Cixilona, casó con Egica, el futuro rey, que era sobrino de Wamba.

Son especialmente interesantes unas palabras de la Crónica de Alfonso III que preceden a los datos sobre la ascendencia de Ervigio.

Exponemos el origen de este rey —dice— para que sea plenamente conocida la causa de la entrada de los sarracenos en España.

Las noticias que pueden recogerse en las fuentes narrativas acerca del reinado de Ervigio son muy escasas. Se caracteriza este reinado por los esfuerzos del rey para afianzarse en el trono que de forma tan poco airosa había escalado. El citado matrimonio de su hija y muchas de sus disposiciones legales respondían a este fin.

Labor legislativa

Los hechos más salientes del reinado de Ervigio son, en definitiva, la celebración de los concilios XII, XIII y XIV, en los años 681, 683 y 684, y la reforma del Liber iudiciorum de Recesvinto, mediante la corrección y modificación de algunas leyes y la dación de otras nuevas, así como la inclusión en él de algunas de Wamba. El cuerpo legal salido de manos de Ervigio es el que se llama hoy forma ervigiana del Liber iudiciorum. También debe citarse el importantísimo Edictum de tributis relaxatis, dado por Ervigio el 1-IX-683, y, desde luego, los tomos regios presentados a los concilios XII y XIII, así como las leyes dadas en su confirmación.

La del concilio XIII se incluyó después —tal vez por orden del rey— en el Liber iudiciorum, que ya en 681 se había promulgado. En estas disposiciones legales y conciliares variadas que hemos citado se contienen múltiples cuestiones que exceden de lo que ahora, en la historia política, nos interesa; pero también se encierran algunos puntos de interés al respecto.

Politica de atracción

En los primeros meses de su reinado dio sus famosas leyes de judíos, que en otro lugar estudiamos, llenas de espíritu intolerante. Solo después de dictadas fueron sometidas a la aprobación de la Iglesia en un concilio, el XII de Toledo. Las leyes pasaron al Liber iudiciorum.

Estas leyes judaicas pueden interpretarse en el sentido señalado de querer afianzarse en el trono, pues tanto la Iglesia como el pueblo no veían con buenos ojos a la raza hebrea. Más típicamente orientadas en ese sentido son las disposiciones contenidas en los tomos y en algunos cánones de los concilios XII y XIII, encaminadas, en definitiva, a la legalización de su situación jurídica y a la protección de la persona y familia del rey.

Manifiestamente encaminado también a la atracción de partidarios es el Edictum de tributis relaxatis, ya citado, del año 683, por el cual condonó todas las deudas al fisco anteriores a su subida al trono y dispuso que fueran restituidos honor, familia y bienes a los condenados por las sublevaciones de tiempos de Wamba y Chintila.

El tomo y los cánones 1º y 3º del concilio XIII nos dan noticias de estas disposiciones. El canon 2º del concilio XIII es igualmente manifestación del afán del rey de atraerse a la nobleza eclesiástica y laica, y es interesantísimo en la historia de las limitaciones de la monarquía y de la conquista de jurisdicción por la que posteriormente se llama Curia regia.

La reforma de la ley Wamba

Un último punto nos queda por examinar en las disposiciones legales de la época de Ervigio que, según dijimos, tuvieron importancia inmediata para la vida política: la reforma de la ley militar de Wamba. Creo que no se interpreta siempre certeramente la orientación de la reforma de Ervigio. No es, en definitiva, exacto que debamos ver en la reforma militar de este rey una importante disminución de la sana energía de Wamba para castigar el incumplimiento de la obligación de defensa del Estado.

En realidad, estudiando la ley de Ervigio y el tomo y canon 7º del concilio XII de Toledo solo vemos la desaparición de una de las penalidades establecidas por Wamba; a saber: la pérdida de la capacidad de testimoniar en juicio y negocios jurídicos. Verdaderamente, lo que se hace es devolver dicha capacidad a los que, en parte, sin duda por efectos retroactivos, la habían perdido durante el reinado de Wamba, y ello recibiendo en cuenta las dificultades que la pérdida de tal capacidad suponía para la vida jurídica.

No creemos exacta, y aun nos parece tendenciosa, la afirmación de Dahn —moneda corriente a este respecto y difícilmente desplazable de la circulación, según ley económica, por ser de baja ley— de haberse modificado la ley Wamba en beneficio de los clérigos. Precisamente la incapacidad de testimoniar, ahora derogada, era pena que la ley de Wamba solo imponía a los laicos, los cuales, dicho sea también de paso, resultan en ella más castigados, equiparándose a ellos solamente los clérigos inferiores. Igualmente es falsa la atribución de consecuencias políticas a esta lenidad de Ervigio.

La ley de Ervigio tiene, en definitiva, la misma orientación que la de Wamba, responde a iguales fines, pone de manifiesto la existencia del mismo grave problema la pérdida del espíritu público y viene impuesta por la misma preocupación, ante las posibles consecuencias de dicha pérdida.

Hasta podría decirse que la ley de Ervigio es, el algunos puntos, más concreta y estricta que la de Wamba. Así, por ejemplo, al ordenar —no estableciendo una costumbre nueva, sino tal vez regulando legalmente una ya existente y fijando el alcance de la obligación— que el propietario debiese, al menos, acudir a la defensa del Estado con la décima parte de sus siervos.

Punto importante a señalar es la posible influencia de esta medida en la pérdida, mayor aún, de eficacia del ejército visigodo, y con ello en la ruina del Estado. En la ley de Wamba solo se establecía, en general, que hubiese de acudir todo individuo a la defensa cum omne virtute sua qua valuerit (con toda la fuerza que pudiera disponer); pero no se especifica el sentido vago de estas palabras.

Por la ley Ervigio se deduce que alude simplemente al armamento. En suma: la ley Ervigio responde a la misma orientación de la de Wamba: fortificar la disciplina y suplir con penas la falta de espíritu público. Así se deduce del proemio, mucho más duro y claro que el de Wamba. La ley de Ervigio, además, no excluye a los clérigos, sino que taxativamente dice: ... Unde cunctis populis regni nostri sub generali et omnimoda constitutione precipimus.

Visto claramente que ambas leyes tiene orientación análoga, se explica que Ervigio recogiese integra en su cuerpo legal la ley de Wamba, que solo fue, en realidad, modificada por el perdón de una de las penas que había impuesto, perdón que había de declararse expresamente, para evitar —como dice el canon 7º del concilio XII de Toledo— que cualquiera, por solo ese motivo, rechazase el testimonio de alguno. La inclusión, pues, de la ley de Wamba en el cuerpo legal de Ervigio, que admiraba el propio Zeumer, está explicada.

¿Acelera Ervigio la ruina?

Examinado, en definitiva, el reinado de Ervigio, no vemos que se haya dado paso alguno hacia la ruina del estado visigótico. Las mismas causas internas de pérdida del espíritu público y falta de unidad en la poderosa nobleza siguen latentes. Solo, tal vez, su falta de más energía deba criticársele. La Crónica de Alfonso III dice que, según voz general, fue apocado con sus súbditos utfertur erga subditos modestus fuit. Con relación a la situación del Estado visigótico en los tiempos inmediatamente anteriores a la caída, es interesante que en los años de Ervigio, probablemente por malas cosechas, se extendió por España hambre intensa, según nos dice Continuatio Hispana.

Dahn, para redondear su arbitraria concepción del reinado de Ervigio, en la que coincide con Rosseeuw, del cual, con gran regocijo, cita algunas palabras, a mi juicio caprichosas, termina de esta forma sus noticias sobre el mismo.

Finalmente, atormentado el rey por una enfermedad, por supersticiones y, según parece, por remordimientos de conciencia, renunció al cetro que de forma tan reprobable había obtenido y manejado, encerrándose en un convento, en el que murió muy pronto.

Para poner de manifiesto la falta de crítica de estas palabras, baste decir que el testimonio que aporta Dahn sobre las supersticiones de Ervigio no es otro sino una ley del Liber.

O la cita de Dahn está equivocada —cosa en él frecuente—, o la ley no es de Ervigio, sino de Chindasvinto. De Ervigio no hay en el libro y título que cita Dahn (L, V., VI, 2) mas que una ley, la segunda, y en ella se condenan precisamente las supersticiones. Todo el apoyo que da a la afirmación de los remordimientos es decir, sobre la Continuatio Hispana (19), que en su reinado hubo hambre en la Península. Según la inscripción del puente de Mérida, aquella magna obra fue restaurada reinando Ervigio: mas la fecha de la lápida hace confusa la cuestión.

R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 128-131.