El Reino de los suevos

Historia de los Suevos

Los reyes suevos

Hermerico, 430-441
Requila, 441-448
Requiario, 448-457
Maldra, 457-460
Remismundo, 460-469
Karriarico, 558-559
Teodomiro, 559-570
Miro, 570-583
Eborico, 583-584
Audeca, 584-585

Historia de los Suevos

Los suevos del 411 al 468

Los cuado-suevos, una tribu germánica occidental que había entrado en España con los alanos y vándalos, recibieron, por la suerte, para asentarse, la parte occidental de la provincia romana de Gallaecia.

Reino suevo.
Reino suevo (s. V-VI). Límites del Reino suevo

Una vez establecidos, su rey, Hermerico, hizo un pacto con el emperador Honorio, en virtud del cual se les concedía la consideración legal de federados, y con arreglo a ella repartieron la posesión del suelo con los hispanorromanos.

En cuanto las ciudades, recibieron en su mayor parte guarniciones germánicas, y Braga parece haber tenido una cierta consideración de capital del nuevo reino. Las noticias de Hydacio, escuetas y precisas, y después la pobre crónica de Isidoro de Sevilla, nos informan sobre su historia, pero con un gran vacío de setenta años, que se produce al terminar la narración de Hydacio, en 486.

Muy pronto entraron en conflicto los suevos con sus vecinos los vándalos, viéndose acorralados por ellos en los montes Nervasos, de localización incierta; pero fueron auxiliados por el ejército romano del conde Asterio. Cuando, más tarde, los vándalos trataban de pasar al África con su rey, el gran Genserico, se vieron atacadas en la retaguardia por las bandas suevas de Hermigario; pero estas fueron derrotadas y su jefe se ahogó en el Guadiana.

El reino suevo no conseguía organización estable; más que un Estado, eran bandas de guerreros que vivían de saquear a los romanos gallegos. Estos hubieron de pensar en defenderse por sí mismos, y para lograr el apoyo del poder imperial, marchó Hydacio a la Galia, para entrevistarse con Aecio. Este envió como delegado y embajador suyo al comes Censorio, quien consiguió, no sin trabajo, que se firmara entre ambas partes un acuerdo de paz, ratificado por la entrega mutua de rehenes (433).

Siguen nuevas luchas y un nuevo acuerdo, en 438, Coincide con ello una grave enfermedad de Hermerico, quien con este motivo asocia al trono a su hijo Requila, el cual realiza varias incursiones en la Bética y toma Mérida en 439, y al año siguiente prende al comes Censorio, junto al Guadiana, en Myrtilis (Mértola).

En 441, muerto su padre y siendo ya único rey, obtiene nuevos éxitos militares, llegando a ocupar toda la Bética y la Cartaginense. Su acción sacude la apatía romana, y un cuerpo de caballería, mandado por Vitas, pasa el Pirineo con la intención de recuperar las provincias perdidas; pero fracasó en su intento y sus tropas fueron aniquiladas por los suevos.

La muerte de Requila, en 448, parece que va a inaugurar un nuevo giro en la historia sueva con la accesión al trono de su hijo Requiario, bautizado católico, y que anuda relaciones con los visigodos, casando con una hija de Teodorico I; pero la actitud sueva no cambia con los hispanorromanos, pese a las observaciones de los enviados romanos y del propio rey de los visigodos, Teodorico II.

En sus expediciones llegan a saquear la Tarraconense, única provincia española cuyo control habían logrado asegurar hasta entonces los romanos. Una segunda entrada de los suevos en esta provincia provocó una expedición visigoda de gran envergadura, que terminó en un espantoso desastre de los suevos en la batalla que se dio en un páramo a 12 millas de Astorga, junto al río Órbigo, el 5-X-546.

Requiario consiguió huir con el resto de sus tropas, refugiándose en las costas de Galicia; pero el ejército vencedor que había ocupado Braga, saqueándola aunque sin derramamiento de sangre, se apoderó de su persona en Portucale (Oporto), y Teodorico le hizo ejecutar en la prisión, en diciembre del mismo año. Con ello, un contemporáneo, como era Hydacio, veía la destrucción y el final del reino suevo regnum destructum et finitum est Suevorum.

Teodorico puso al frente del territorio que ocupaban los suevos al varno Agivulfo; pero bandas nuevas acogidas a las montañas de Galicia y Asturias escogieron como rey a Maldras, el cual derrotó a contingentes romanos junto a Coyanca (Valencia de Don Juan, provincia de León). Entre tanto, Agivulfo, que también había querido hacer de rey independiente, había sido hecho prisionero y ejecutado en Oporto (VI-457). Los suevos acaudillados por Maldras siguieron haciendo sus expediciones de saqueo.

Franta, que figuraba como rey de otra fracción del pueblo suevo, murió en la primavera de 458, y Maldras quedó como su cabeza única, hasta que fue asesinado en febrero de 450, parece que por su sobrino Frumario. A su muerte, una parte del pueblo siguió a este y otra al hijo del muerto, Remismundo.

Frumario, que contaba con el apoyo de los romanos, a los que Hydacio califica de traidores, puede con su ayuda apoderarse de Chaves (Aquae Flaviae), haciendo prisionero a su obispo, que era el historiador citado.

Mientras tanto, Remismundo saquea la comarca de Orense y la costa del convento jurídico de Lugo. Solo la intervención de nuevos contingentes godos, mandados por Sunierico, pudo obligar a los suevos a firmar una paz precaria, que permitió a Hydacio volver a su sede (XI-460).

Pero la tranquilidad duró poco tiempo, y en 463 encontramos en la corte visigoda al noble gallego Palogorio, enviado por sus conciudadanos para buscar el apoyo de Teodorico. Este le hizo acompañar a su regreso por su plenipotenciario Cyrila.

Remismundo, por su parte, buscaba también apoyo de los godos contra su antagonista Frumario, del que por fin se vio libre al morir a comienzos del año 464. Con ello consiguió Remismundo volver a unir a su pueblo bajo su mando, y buscó una unión más estrecha con los visigodos, convirtiéndose con su pueblo al arrianismo y delimitando dentro de la Península las esferas de acción respectivas de ambos pueblos.

Esta alianza se mantuvo bajo el reinado del visigodo Eurico, propugnador de una política de unidad de los pueblos germánicos, frente a los romanos, de acuerdo con el vándalo Genserico; pero la aparición de una escuadra romana en las aguas de África fue bastante para deshacer todos los planes.

Más tarde, la alianza suevo-goda se deshizo, llegándose a una ruptura de hostilidades, ocupando los godos Mérida, mientras que los suevos entraban en Lisboa, que tenía un gobernador godo. Remismundo, tras varios encuentros con las tropas godas, busca la alianza del emperador, al que envía una embajada en 468.

Los suevos del 558 al 585

Después de un silencio de setenta años reanuda Isidoro la historia de los suevos con Teodomiro, quien subió al trono en el año 558-59, volviendo con él los suevos a la religión católica. Parece que haya que identificarlo con el Chararico (Karriarico) del que habla Gregorio de Tours, atribuyendo su conversión a la curación milagrosa de un muchacho, hijo suyo, por San Martín de Tours.

A mediados del s. VI hay que colocar el comienzo del apostolado del panonio, que fue después San Martín de Dumio o Braga, y a quien se debe la evangelización del reino suevo. El 1 de mayo de 561 se reunió un concilio en Braga, por cuyas actas vemos que el reino suevo comprendía entonces, además de Galicia, la Lusitania, al norte del Tajo.

Su hijo y sucesor, Miro, empezó a reinar en 570. Después de una expedición contra los Runcones, tuvo que enfrentarse con el rey visigodo Leovigildo, y, aunque trató de afianzar su situación mediante una alianza con el rey franco Gontrán, Leovigildo entró triunfante en los dominios suevos, pudiendo con dificultad conseguir Miro una corta tregua en 576.

La sublevación de Hermenegildo distrajo algún tiempo la atención de Leovigildo; pero Miro intentó acudir en socorro del rebelde cuando este estaba sitiado en Sevilla, siendo vencido por el rey visigodo, que le obligó a reconocerse vasallo suyo.

A poco murió Miro, que había enfermado en la Bética, sucediéndole su hijo Eborico, bajo la dependencia visigoda; pero un grupo nacionalista intransigente aclamó por rey a Andeca, que se había casado con la viuda de Miro, Sisigunthis, y privó del trono a Eborico, encerrándole en un monasterio.

Ello fue la causa de la total ruina del reino suevo, pues Leovigildo derrotó a Andeca cerca de Oporto y le hizo correr la misma suerte de Eborico, anexionando al reino visigodo el territorio suevo, sin que conozcamos las circunstancias particulares en que se realizó la anexión (L.Schmidt, Die Westgermanen, I Teil, Munich, 1938, págs 206-220).R.B.: VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo N-Z, págs. 709-711.

Hermerico

Biografía

Rey suevo, 430-441. La vida del reino suevo en España hasta el año 429 quedó ya trazada a grandes rasgos (ver Los vándalos), que otra cosa no permiten las escasa noticias llegadas hasta nosotros. El suevo Hermigario, que muere ahogado en el Guadiana, después de derrotado por el vándalo Genserico junto a Mérida, recibe en algunos pasajes de los libros históricos el título de rey.

Si se recuerda que los cuados, en el momento de su adhesión a los alanos y vándalos, no constituían una monarquía, se comprenderá que podamos creer que este Hermigario fuese el príncipe de una de las fracciones más bien que un verdadero corregente de Hermerico.

La monarquía sueva se iría formando y fortaleciendo poco a poco a partir del año 406. Tal vez Hermerico no es, al principio, sino un dux, y esto aun en la época de su asentamiento definitivo en la Galecia. Tras estas aclaraciones, sigamos con la historia política de los suevos.

La desgraciada expedición de Hermigario no fue la última de las incursiones suevas. Idacio nos dice que en el año 430 los suevos mandados por Hermerico asolaban el interior de Galecia.

Los hispanogalaicos, que conservaban en su poder los más fuertes castillos, se defienden y causan bajas en los suevos y les toman prisioneros. Los suevos se llevan cautivas a familias enteras de españoles; pero renuevan, al fin, la paz que ellos mismos habían quebrantado sobre la base de la devolución de estas familias.

Ya el año siguiente Hermerico no mantenía fielmente la paz que había estipulado con los naturales del país, y, en su consecuencia, el mismo obispo Idacio —así nos lo refiere en su crónica— fue enviado, en calidad de legado, a Aecio, que era dux romano en la Galia y de quien tendremos luego ocasión de hablar, sin duda para ver el modo de que los suevos cumplieran sus compromisos. Debe pensarse, por tanto, que las paces que se concertaban colocaban teóricamente a los suevos en la condición de federados.

En este mismo año 431, un godo llamado Vetto fue a Galecia con engaños —dolose—, dice Idacio; nos son desconocidos sus intentos, pero se tuvo que volver sin haber logrado ninguno, sine aliquo effectu redit al Gothos.

Hasta el año 432, y terminada felizmente para Roma la campaña contra los francos, no pudo Aecio ocuparse de los asuntos de la Galecia. Envió entonces para tratar con los suevos un legado, el conde Censorio, a quien acompañó en su viaje a la Galecia el propio Idacio.

Mas como Censorio tuvo que salir de España, llamado por la emperatriz Gala Placidia, sin haber alcanzado el fin de su embajada, hubo de ser Idacio quien, en unión de otros obispos, continuara las negociaciones, y a él se debe el restablecimiento de la paz concertada en el año 433 entre suevos y gallegos, mediante la entrega de rehenes a los suevos.

La intervención del obispo Synphosio cerca de los romanos, probablemente con esta misma finalidad, no había tenido feliz resultado. Otra vez, en los años 437 y 438, tenemos noticias por Idacio de confirmaciones o renovaciones de las paces establecidas entre suevos y romanos, así como entre suevos y galaicos.

Indicio de la división religiosa del tiempo es otro hecho de este reinado, que Idacio estimó digno de recordación: en el año 433, Pastor y Siagrio son ordenados obispos en el convento lucense contra la voluntad de Agrestio, obispo de Lugo. Hermerico murió el año 441. Desde hacía siete años venía dominado por una continua enfermedad.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 27-28).

Requila

Biografía

Rey suevo, 441-448. Un pequeño problema cronológico se nos presenta en los preliminares del breve e interesante reinado de Requila, hijo de Hermerico. De las palabras de San Isidoro se ha pretendido deducir que Requila gobernaba el reino, al menos como asociado, desde el comienzo de la enfermedad de su padre.

Mas el texto de San Isidoro no autoriza tal suposición, pues que si la enfermedad determinó a Hermerico a confiar el gobierno a su hijo, esto no lo hizo cuando empezaba a sentirse aquejado por ella, sino ya fatigado y después de haber ajustado la paz con los gallegos.

Como esta paz se convino en el año 438, San Isidoro coincide, como es natural, con Idacio, su fuente, quien dice que en este año los suevos ratificaron la paz con el pueblo de Galecia, y el rey Hermerico, aquejado de grave enfermedad, abdicó la corona en su hijo Requila. No permiten, pues, las fuentes afirmar que Requila gobernara siete años como asociado.

Se ha de admitir, por el contrario, una asociación al trono o, acaso más exactamente, una abdicación de Hermerico en el 438; es decir, que Requila gobernó tres años, aproximadamente, en vida de su padre, del 438 al 441, y siete como rey único, ya que, en cuanto a la cronología de las muertes de Hermerico en 441 y de Requila en 448, una y otra fuente coinciden. Los soldados suevos obtienen, dirigidos por Requila, sus triunfos más señalados; el reino suevo se expande, aunque seguramente no hasta donde llegaron las armas vencedoras.

Ataca Requila, en el mismo año de la renuncia de su padre, al romano Andevoto a orillas del río Singilón (el Genil), en la Bética; alcanza allí una gran victoria y recoge rico botín. Este triunfo le permite entrar en Mérida el año 439.

El mismo conde Censorio, que había sido enviado otra vez como embajador imperial, sitiado por Requila en Mértola, ciudad de la Lusitania sobre el Guadiana, se entregó sin lucha. Ya había muerto su padre cuando Requila, en el año 441, se apodera de Sevilla y somete a su obediencia a toda la Bética y la Cartaginense. El general galorromano Avito fracasó en sus intentos de liberar estas provincias de la dominación sueva.

De este hecho nos da cuenta Idacio en los siguientes términos.

Nombrado Avito, en el año 446, general de una y otra milicia, y enviado a las Españas, cuando, apoyado por no escasas tropas auxiliares, vejaba a los cartagineses y béticos, se presentaron allí con su rey los suevos y vencieron en un encuentro a los godos que habían venido a ayudarle en sus depredaciones.; huye Avito aterrado por miserable cobardía. Entonces los suevos devastan aquellas provincias, sometiéndolas a cruel saqueo.

No se vieron la Galecia, ni acaso los mismos suevos, libres de estos males. En el año 445 una armada vándala se presenta por sorpresa en la costa de Galecia, en Turonio, y los vándalos desembarcan y se llevan cautivas muchas familias.

A las calamidades de este reinado haremos la misma breve alusión que Idacio, ya que el estudio de los aspectos más interesantes no es de este lugar. Por aquellos años se extendió por todo el orbe una espantosa peste, de la cual fue presagio, según el gran obispo, el cometa que se presentó en diciembre del 442 y se dejó ver durante algunos meses.

En Astorga, ciudad de Galecia, se descubrió en el año 445 una secta maniquea, que desde algún tiempo permanecía oculta. Idacio, obispo de Aqua Flaviae, hoy Chaves, en el convento Bracarense, y Toribio, el santo y celosísimo obispo de Astorga, juzgaron a los maniqueos y enviaron las diligencias instruidas a Antonio, metropolitano de Mérida. Requila murió gentil, en Mérida, en el mes-VIII-448, y le sucedió en el trono su hijo Requiario, católico, que tenía en su familia algunos competidores encubiertos.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 28-30.

Requiario

Biografía

Rey suevo, 448-457. Dos cuestiones, una y otra de gran significación, ofrece este breve reinado. Requila murió gentil, en Mérida, en el mes de agosto del año 448, y le sucedió en el trono su hijo Requiario, católico, que tenía en su familia algunos competidores encubiertos.

Las escuetas palabras de Idacio agrega a la noticia de la muerte del gentil Requila, a quien inmediatamente sucede en el reino su hijo católico Requiariocui mox filius suus Catholicus Rechiarius succedit in regnum, y reproduce luego San Isidoro con ligera variante —le sucede Requiario catholicus factus (hecho católico)—, plantean problemas que Menéndez y Pelayo y los más autorizados historiadores de la región gallega han tratado de aclarar; a saber: el momento y circunstancias de la conversión de Requiario al cristianismo y la consiguiente cristianización de su pueblo.

En las palabras de Idacio no hallamos fundamento para establecer una hipótesis respecto al tiempo del bautismo de Requiario; las de San Isidoro, en cambio, nos hacen suponer que el nuevo rey suevo se hace cristiano en el momento de subir al trono o muy poco antes; hasta podríamos relacionar la conversión con el deseo de vencer las intrigas de sus rivales, ganando la adhesión de las cristianas masas galaicorromanas.

Sin embargo, en el antiguo Breviario de la diócesis de Astorga, que hizo imprimir en 1561 el obispo don Diego Sarmiento de Sotomayor, se lee que la conversión fue debida a Santo Toribio, obispo asturiacense, que curó milagrosamente a una hija del rey; pero ya observó Murguía, en su Historia de Galicia, que esta parte del rezo parece inspirada en un hecho posterior, en la conversión de Karriarico, con la variante de que en esta quien sana es un hijo, y en uno y en otro caso, además, el motivo de la conversión es, sin duda, legendario.

De todos modos, y esto es lo más trascendental, a la conversión del rey suevo hubo de seguir la de su pueblo, aunque a primera vista parezca extraño que ni Idacio ni San Isidoro mencionen acontecimiento tan importante. El pueblo suevo se hace cristiano hacia 448, como afirma Menéndez y Pelayo, quien agrega: pero no les duró mucho el catolicismo, que debían tener mal aprendido, dado que a los diecisiete años aceptaron con la misma facilidad el dogma arriano.

Ciertamente, así ocurrió cuando el rey Remismundo, por el año 465, adoptó el arrianismo. Y es que estas conversiones religiosas eran, característicamente actos políticos. Para el hecho de que ni Idacio ni San Isidoro mencionen la cristianización del pueblo suevo, que tanto extraña al señor Macías, y, en cambio, consignen su caída en el arrianismo y el nombre de quien les indujo a la herejía con palabras rebosantes de indignación, puede hallarse, a nuestro juicio, un motivo, y es, precisamente, esa indignación de los santos prelados.

Los bagaudas

La situación jurídica de los suevos, análoga a la convenida por el Imperio con los godos y otros pueblo bárbaros, era la de federados; pero Requiario, profundamente inquieto y ambicioso y no buen guardador de la fe prometida en el orden político, la olvida y llevó, al fin, a su pueblo a la ruina. Comenzó Rquiario asolando algunas regiones de España, contra los pactos convenidos con el Imperio.

El conde Censorio muere degollado por Aguiulfo en Sevilla; si Aguiulfo obró por instigación de Requiario, esta muerte sería otra nueva ofensa del rey suevo a Roma. La fuerza de choque que el Imperio podía utilizar para castigarla eran los soldados visigodos del reino de Aquitania. Para evitarla, y buscando un buen auspicio para su reinado, casa el rey suevo con una hija de Teodoredo (Teodorico I), el gran rey godo de Tolosa, en los comienzos del mes de febrero del año 449.

En este mismo año, y después de haber saqueado las Vasconias, marcha Requiario a la corte de su suegro, y a la vuelta, y esto nos hace suponer que llevó un fuerte séquito, taló, en unión de Basilio, la región de Zaragoza, y entró con engaños en la ciudad de Lérida, llevándose cautivos a muchos de sus habitantes. En una y otra incursión militar, la de las Vasconias y la de la región cesaraugustana, concurren circunstancias dignas de ser observadas.

Acababa de casarse Requiario, como se ha dicho, con una hija de Teodoredo (Teodorico I), el más fiel de los federados de Roma; toma parte en la segunda incursión el general romano Basilio; dice San Isidoro que los godos ayudaron a Requiario en la devastación de la comarca cesaraugustana.

Todo ello permite afirmar que estas primeras correrías estaban autorizadas por Roma y relacionadas con las sublevaciones de los bacaudes, bacaudas o bagaudas, nombre que parece venir, según Masdeu, de la palabra céltica bagad, que significa junta, y con el que se designaba a aquellos hombres de la Tarraconense que, unidos a un mismo sentimiento de odio a los romanos por las exacciones y crueldades de que les hacían víctimas, se sublevaron contra ellos.

A batir a estos rebeldes, a quienes Salviano, presbítero de Marsella, justifica y defiende en el libro V De gobernatione Dei, había sido enviado en el año 411 el general romano Asturio, a quien sucedió en 443 su yerno Merobaudes, español y cristiano, de origen ilustre, digno de ser comparado con los antiguos por su elocuencia y, sobre todo, por sus poesías, como lo prueban —dice Idacio— las estatuas elevadas en su honor, una de las cuales se halló, en efecto, en Roma el año 1813.

Ahora. en el año 449, algunos bagaudas, perseguidos, se refugiaron en la Iglesia de Tarazona; y Basilio, resuelto a exterminarlos, mata a los allí congregados, muriendo en el mismo lugar León, obispo de aquella iglesia, de las heridas que le hicieron los soldados de Basilio.

La vida anómala del Imperio y de la misma monarquía goda, después de la muerte de Teodoredo (Teodorico I) y del asesinato de Turismundo, pudieron contribuir a que Requiario se apartase de nuevo del cumplimiento del pacto federal. Recibió, en efecto, en el año 453 a los embajadores imperiales Mansueto, conde de las Españas, y Frontón, también conde, y las paces quedaron renovadas en las condiciones propuestas.

Valentiniano, dueño del Imperio de Occidente después del asesinato de Aecio, manda legados a los reyes bárbaros. Justiniano se llamaba el enviado al rey suevo en el año 454. En el 456 el príncipe Marciano, muerta su esposa la emperatriz Pulqueria y asesinado el emperador Valentiniano, queda solo al frente del Imperio romano.

Entonces Avito, el ciudadano galo que había sido proclamado augusto por el ejército y los próceres de las Galias, y al presentarse en Roma en el año 455 había sido recibido como tal, llega a una concordia con Marciano para gobernar en armonía todo el Imperio. Mas Requiario no reconoce al nuevo augusto.

Le envía Avito, como embajador al conde Frontón: Teodorico II, el rey de los godos, como amigo fiel que era del Imperio romano, envió también sus legados al rey suevo para pedirle que cumpliese las promesas del pacto jurado; pero Requiario despide a los legados del uno y del otro, y como antes devastara la Cartaginense, que los suevos habían devuelto a los romanos, invade ahora la Tarraconense, que estaba sometida al Imperio.

Por segunda vez envían sus legados los godos al rey de los suevos; la respuesta de Requiario fue una nueva entrada en la Tarraconense, de la que se llevó, además del botín, gran número de cautivos. Ante la inutilidad de tantas llamadas a la concordia, el rey godo Teodorico II, con el asentimiento y beneplácito del emperador Avito, entra en las Españas con un poderoso ejército y emprende su gran campaña, maravillosamente descrita por Idacio y que después examinaremos más detenidamente.

Terminó la campaña de Teodorico II, rápida, pues no duró más de dos años, 456 y 457, y afortunada, pues derrotó completamente a los suevos, con la prisión y muerte de Requiario en Oporto. El reino suevo murió; pero el pueblo no había sido destruido, y su monarquía resurge.

Piraterías de los hérulos

Insignificantes son, al lado de las calamidades que la campaña de Teodorico II trajo a la Galecia y a la Lusitania, los daños que poco antes, en 456, pudieran derivarse de la incursión pirática de los hérulos, que Idacio recuerda. Unos cuatrocientos hombres armados a la ligera, arribaron a la costa lucense en siete naves y desembarcaron.

Los naturales del país, en gran número, les salieron al encuentro de improviso. Los hérulos huyeron, perdiendo solamente dos hombres; alcanzaron sus naves y volvieron a su residencia habitual, saqueando al paso con la mayor ferocidad los lugares de la costa de la Cantabria y la Vardulia.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 30-32.

Maldra

Biografía

Rey suevo, 457-460. Después del desastre sobrevienen las naturales inquietudes; así, en parte del convento Bracarense cuadrillas de bandidos se entregan al pillaje. En aquel mismo año, los suevos que vivían en la comarca extrema de la Galecia eligen rey a un hijo de Massilia llamado Maldra. Comienza así el segundo periodo del Estado suevo, restaurado, tal vez, con una dinastía absolutamente nueva.

Frente al nuevo rey se levantan nuevos pretendientes. Uno de estos, Agiulfo, el que, abandonando a los godos, había fijado su residencia en la Galecia, murió pronto, en el año 457, en Oporto, dum regnum suevorum sperat, y el poder de Maldra se afirma.

Entonces Teodorico II, que, sin atreverse a depredar Mérida, como pensara, temeroso, dice Idacio, del castigo del cielo, había vuelto a las Galias, envía a Galecia parte de su ejército, compuesto de gente de varias naciones, que en una campaña, que estudiaremos al hablar del reino godo, obtiene algunas victorias.

Sus generales saquean y destruyen las ciudades de Palencia y Astorga. El castillo de Coyanca (Valencia de Don Juan) resiste las acometidas de los godos, que, vencidos, se vuelven a las Galias. Pero los suevos se hallaban divididos, y la Galecia sufre los daños de largas contiendas civiles. Por intervención de los obispos —dice Jordanes—, Teodorico II concedió el perdón a los suevos que eligieron rey a Remismundo.

Este llegó, en efecto, a reinar; pero Idacio nos informa más ampliamente de tales sucesos. Los suevos se encontraban internamente divididos: no en vano la monarquía no tiene entre ellos raíces profundas. Frente a Maldra se levanta otro rey: Frantano. Tanto sus partidarios como los de Maldra habían procurado llegar a la paz con los romanogalaicos.

Pero bien pronto los secuaces de Maldra, que ya a las órdenes del propio rey habían depredado pérfidamente la Lusitania y entrado, con apariencias pacíficas, en la ciudad de Lisboa, sometiéndola a terrible saqueo y crueles matanzas, devastan la región de Galecia próxima al Duero.

Estos actos tenían que exacerbar la hostilidad entre suevos y gallegos La muerte de Frantano, entre las Pascuas de Resurrección y Pentecostés del año 457, no pone fin a la contienda; frente a Maldra aparece otro titulado rey, Remismundo o Requismundo; y cuando Maldra, que había matado a su hermano carnal en el año 459, perece degollado a fines de febrero del 460, muerte que, según Idacio, tenía merecida, Frumario disputa la corona a Remismundo.

La unidad no se consigue hasta la muerte de Frumario, en el año 465, y entonces se restablece la paz perturbada durante tantos años.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 33-33.

Remismundo

Biografía

Rey suevo, 460-469. Contribuyeron a la anarquía, además de las rivalidades entre los pretendientes y sus partidarios, la hostilidad de la población hispanorromana hacia los suevos y las intervenciones de los visigodos y de los representantes del moribundo Imperio. En efecto: en los años 457 y 459 reciben simultáneamente el nombre de rey de los suevos Maldra y Remismundo.

Era Remismundo, al parecer, hijo de Maldra, y este le había asociado al gobierno después de la muerte de Frantano, si no es más cierto, como pudiera deducirse de los textos de Jordanes, Idacio y San Isidoro, que, muerto Frantano, algunos de sus partidarios siguieron a Remismundo. Por aquellos años llegan a las Españas diversos ejércitos y legados romanos o godos.

En el año 458 Teodorico II envió un ejército a las órdenes del duque Cirila. Este ejército, que en el mes de julio llegaba a la Bética, no traía probablemente otra finalidad que la impedir que los suevos devastasen aquella provincia; pero no venía a hacer una campaña contra ellos, como lo prueba el hecho de haber enviado Teodorico II, en este mismo año, una embajada a la corte sueva.

Muy pronto el duque Cirila fue llamado a las Galias, siendo designado para sustituirle en el mando del ejército godo el duque Sunierico, que llegó con refuerzos en el año 461. Libróse entonces la Bética de las incursiones de los suevos; pero no así la Lusitania, recorrida y depredada por Maldra, que en ese año se apodera del castro de Oporto, el Castrum Novum, fundado allí durante la dominación de los alanos, ni la Galecia, sometida a iguales vejaciones por Remismundo.

Los pueblos marítimos del otro distrito gallego, el convento Lucense, sufren el trato no menos cruel de los hérulos, que hacen por aquellas costas algunos desembarcos cuando se dirigían a la Bética.

Entre los suevos e hispanorromanos de la Galecia la hostilidad llega a la violencia. Las contiendas son motivadas especialmente por la muerte de algunos hispanogalaicos de la elevada clase social de los honestiores. Se presentan entonces embajadores de Nepociano, magister militum, y de Sunierico, comes visigodo, anunciándoles que, vencidos en un combate los godos, el emperador Mayoriano y el rey godo Teodorico habían estipulado entre sí un firmísimo foedus.

Estos legados romanogodos debieron llegar con los galaicorromanos a un convenio que iba contra los suevos; pues si Idacio nos da, indignado, la noticia del ataque de los suevos de Lugo a los romanos en la Pascua del año 460, cuando estos más confiados habían de estar por el respeto que tales días a todos inspiraban, refiere también las represalias inmediatas del ejército godo, a cuyo frente iban los condes Sunierico y Nepociano.

Los godorromanos despojan de sus riquezas a los suevos de Lugo, y se retiran ante los avisos pérfidos y traidores de los romanos. Ospinión y Ascanio, que lograron así infundir el terror en su propio ejército.

La retirada del ejército godo deja a Galecia indefensa y expuesta a las terribles represalias de los suevos. Frumario recorre el convento Bracarense y hace prisionero en la iglesia de Aquae Flaviae al obispo historiador Idacio (26-VII-460), que estuvo tres meses separado de su silla, mientras Remismundo ocuparía la región de Orense y los lugares marítimos del convento Lucense.

De todos modos, por aquel tiempo (460) entre suevos y gallegos de había restablecido aparentemente la paz. Intenta de nuevo Teodorico II llegar a una concordia con los suevos, pero sus legados son rechazados.

El ejército godo de Sunierico toma entonces la ciudad de Santarem, y el rey visigodo aprovecha esta ocasión favorable para insistir en el envío de sus legados, los legados de la pérfida gente goda, como dice Idacio, y que no sabemos si eran enviados a los gallegos o a los suevos.

El Imperio ya casi no existía. Requimer o Recimer, suevo por parte de padre, y visigodo, nieto de Walia, por la de su madre, venía disponiendo a su antojo de la púrpura imperial: destronó a Avito e hizo emperador a Mayoriano, al que mató por sorpresa y con engaño cuando regresaba de las Galias a Roma (año 463), poniendo en su lugar al augusto Severo.

Se deshace de este envenenándole, y le sustituye por Antemio, con cuya hija se casa. Pronto se enemista con su suegro, y le quita la corona para dársela a Olibrio. Tenía que ser Teodorico II quien interviniese en los asuntos de España en nombre propio y del ruinoso Imperio; así, en el año 464 el rey godo llama a las Galias a Sunierico y sustituye a Nepociano por otro jefe llamado Arborio. Y, del mismo modo, gallegos y suevos buscaban la amistad de Teodorico II.

Los gallegos envían a la corte visigoda, como representante suyo y, sin duda, para pedir la intervención de Teodorico II en favor de la población galaicorromana, a un noble varón llamado Palegorio. Cuando este vuelve a su patria, le acompaña el duque visigodo Cirila, y en el camino se encuentran con los legados que el suevo Remismundo enviaba a la corte visigoda, los que cortan su viaje y regresan apresuradamente para recibir a Cirila en Lugo.

Pero a poco de salir de Galecia Cirila, los suevos, pérfidos y falaces, entran a saco, según su costumbre, por diversos lugares de aquella tierra infeliz. Vuelve Cirila a Galecia, como embajador, y el mismo Remismundo hace un viaje a la corte de Tolosa para negociar directamente con Teodorico II.

La discordia entre suevos y gallegos, que se disputaban la ayuda del poderoso rey visigodo, se agravó durante estos años: nunca renunciaron los gallegos, frente a los suevos, a conservar su personalidad, ya que no pudieron rechazar su violento dominio.

La muerte de Frumario, su rival, en el año 464, vino a favorecer decisivamente a Remismundo, que reúne bajo su soberana autoridad a todos los suevos y restablece la paz.

Remismundo, rey único de los suevos

A la muerte de Frumario insiste Remismundo en sus propósitos de paz con los godos. Se cruzan legados entre él y Teodorico II; los embajadores son porteadores de presentes recíprocos, y los del rey visigodo traen a Remismundo la doncella que había de ser su esposa, probablemente una princesa de la familia real goda.

A pesar de esta cordialidad aparente de relaciones, los suevos entran con engaños, dice Idacio, en la ciudad de Coimbra y maltratan a la noble familia de Cántabro, llevándose cautiva a la madre con los hijos.

Tal vez este golpe de mano se debe considerar como el asalto de unos malhechores, no como un ataque militar; pero lo cierto es que el rey de los suevos hubo de enviar por dos veces en el mismo año (464), y sin duda para disculparse, sus legados a Teodorico II, que reclamó también la presencia de Arborio en su corte. La segunda de estas embajadas debió volver en el año 465, pues que trae la noticia de la muerte de Severo y fue enviada inmediatamente a Coimbra.

El maltrato de los suevos a los aunonenses, pueblo cuya identificación se ha intentado muchas veces, pero del que no puede decirse otra cosa sino que estaba situado entre la Lusitania y el convento Asturicense, es causa de la venida de otros embajadores godos. El primero, mal recibido por Remismundo, tuvo que regresar. Cuando el segundo, llamado Salla, volvió a Tolosa, se encontró con que el rey que le enviara había sido asesinado por su hermano Eurico, que ya ocupaba el trono.

Eurico en los comienzos de su gobierno, envió embajadores a los suevos para que confirmasen las relaciones de paz que unían a ambos pueblos, y aun parece que los suevos, mediante una embajada al emperador, apoyaron las pretensiones de aquel rey para el reconocimiento de derecho de la plena soberanía goda por el Imperio.

Eurico, en vista de que el éxito no le acompañó, trató, al parecer, de unir contra Roma a los godos, su pueblo, con los suevos y vándalos; pero las negociaciones fracasaron por la aparición en África de una flota romana, que incluso aterró a los enviados godos.

Los suevos adoptan el arrianismo

Antes de exponer la nueva campaña de los suevos, debemos dar cuenta del profundo cambio en el orden religioso que se operó entre ellos en la época de paz inmediatamente posterior a la muerte de Frumario, concretamente en el año 465.

Remismundo y su pueblo adoptan el arrianismo con la misma facilidad con que unos dieciséis años antes recibieran el dogma católico. Idacio nos transmite en breves palabras hecho tan considerable.

Ayax, gálata de nación, apóstata que ya viejo se había hecho arriano, álzase entre los suevos a combatir, con el auxilio de su rey, la fe católica y la divina Trinidad, propugnando el virus pestífero del enemigo del hombre que había traido de la región de las Galias habitada por los godos.

Los suevos eran gentiles, como se ha dicho, hasta la época de Requiario; se cristianizan entonces (año 448), pasan a la herejía en el reinado de Remismundo (465) y vuelven a la ortodoxia reinando Karriarico, y todo en menos de ciento cincuenta años. De este prodigioso acontecimiento, como le califica Menéndez Pelayo, se tienen muy pocas noticias.

La conversión al arrianismo se debe, sin duda, a las instigaciones de Teodorico, que fue quien envió al gálata Ayax, y fue impuesta quizá como condición para el matrimonio de su hija con Remismundo.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 34-37.

Karriarico

Biografía

Rey suevo, 558-559. Karriarico. ?, p. s. VI-558-559. Posible rey suevo. Nació a principios del s. VI. Es recordado por Gregorio de Tours como responsable de la conversión de los suevos al catolicismo en torno al año 550.

En su narración, construida para remarcar la capacidad milagrosa de Martín de Tours y sus reliquias, Karriarico, que tenía noticias de los prodigios de Martín de Tours, habría prometido creer lo que aquél había creído, si, por su intercesión, la lepra que su hijo padecía se curaba. Trasladadas algunas reliquias desde Tours, su hijo se curó y la lepra desapareció del reino, el Rey se convirtió y, con él, todo el reino.

Gregorio anotó en su relato que, al tiempo que llegaba el barco con las reliquias, en otro barco iba a Gallaecia el misionero panonio Martín, al cual asociaba la conversión sueva las demás tradiciones conservadas.

Sin embargo, el relato de Gregorio tiene muchas posibilidades de ser totalmente legendario, pues el nombre de Karriarico no es recordado por ninguna otra fuente y se ha considerado la posibilidad de que se trate de una confusión con el también rey suevo Ariamiro, incluso con Teodomiro, el rey con el cual San Isidoro de Sevilla relacionaba la conversión, y el primero que recuerda para el s. VI.

De aceptarse la historicidad de la existencia de Karriarico, este abría ocupado el trono antes del 558-559, cuando Ariamiro ya era Rey.R.B.: CRUZ DÍAZ MARTÍNEZ, Pablo de la, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXVIII, pág. 474.

Teodomiro

Biografía

Rey suevo (559-570). El mandato de Teodomiro constituye una etapa de estabilidad del reino entre un periodo del que apenas se tienen noticias (469-559) y el declive que siguió a la expansión visigoda.

Teodomiro se convirtió al catolicismo entre 558 y 559, bajo el influjo del obispo de Dumio, luego conocido como San Martín de Braga, difusor del catolicismo en territorio suevo. Gregorio de Tours atribuye la conversión de los suevos al catolicismo del rey Karriarico, identificado como el padre de Teodomiro por algunos historiadores y por el propio Teodomiro por otros.

En cualquier caso, la conversión del rey conllevó la de la población sueva, que abandonaba así el arrianismo. Con este gesto, Teodomiro pretendió independizarse de los visigodos, arrianos por aquel entonces, y reforzar los vínculos con la población hispano romana de Galicia y el N. de la Lusitania.

La ruptura de Teodomiro con los visigodos se acompañó de un acercamiento a los bizantinos, que habían conquistado el SE. de la Península en su afán de reconstruir el Imperio Romano, y también a los francos merovingios, que se disputaban la Galia con los visigodos.

Teodomiro promovió la celebración del I Concilio de Braga (V-561), al que asistieron los obispos de Braga, Viseu, Coimbra, Idanha, Lamego, Porto, Lugo, Padrón, Orense, Tuy y Breto, diócesis que se integraban en el reino suevo. Este concilio, en el que se condenó el priscilianismo, de fuerte implantación en Galicia, se enmarcó en un proceso general de reorganización de la iglesia sueva ligada a la consolidación de un reino en el que, al parecer, crecía cada vez más la cohesión entre la élite sueva y la población hispano romana.

El territorio suevo se dividió en trece episcopados, distribuidos en dos grandes provincias: una en el N., con capital en Lugo, y otra en el S., con capital en Braga. Bajo el reinado de Teodomiro se redactó el Parrochiale Suevum, que recoge la organización parroquial como base de la estructura administrativa del reino.

Por otra parte, en tiempos de Teodomiro, se produjo un importante flujo migratorio de población britana procedente de la Britania, que había sido invadida por sajones, anglos y jutos. Estos inmigrantes britanos contaron con una sede episcopal propia al N. de Lugo. A la muerte de Teodomiro en 570, le sucedió Miro (o Mirón, 570-583), quien probablemente era su hijo.R.B.: VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, tomo XXI pág. 10141.

Miro

Biografía

Rey suevo, 570-583. Miro. ?, p. s. VI-Sevilla 583. Rey suevo. Rey desde el año 570, en que según la crónica de Juan Bíclaro, sucedió a Teodomiro. Es mencionado por primera vez en el 572 con motivo del Concilio II de Braga, cuyas actas le atribuyen la iniciativa de su convocatoria en el segundo año de su reinado.

Con Miro el reino suevo alcanzó su máximo desarrollo institucional y simbólico, incluidas la construcción de una auténtica sede regia en Braga y la acuñación de una moneda real, en un nivel comparable con otras monarquías germánicas herederas del Imperio romano.

Personalmente parece haber sido un monarca culto, al que Martín de Braga dedicó su famosa obra Formula vitae honestae. Sin embargo, este fortalecimiento institucional, en el que también desempeñó un importante papel su estrecha vinculación con la Iglesia Católica, no supuso una capacidad paralela para fortalecer su posición de cara al exterior, especialmente frente a la agresividad del rey visigodo Leovigildo.

En el año 572 Miro llevó a cabo una campaña contra los runcones, un pueblo no localizado que probablemente habitaba en el límite noroeste de su reino, pero no debe entenderse como un síntoma de fortaleza; en los años 575 y 576 Leovigildo realizó sendas incursiones en la frontera sueva, lo que parece haber llevado a Miro a buscar alianzas con el rey franco Gontram y con el emperador de Bizancio.

En el año 583, Miro acudió a la Bética en apoyo de Hermenegildo que se había levantado contra su padre (aunque San Isidoro, probablemente apoyándose en el ambiguo testimonio del biclarense, cree que Miro había acudido en apoyo del rey legítimo y no del usurpador).

Su iniciativa resultó un fracaso porque fue aislado por las tropas de Leovigildo y obligado a guardarle fidelidad. Miro falleció en Sevilla en el contexto de esta campaña, aunque las circunstancias no se conocen.R.B.: CRUZ DÍAZ MARTÍNEZ, Pablo de la, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXXV, págs. 304-305.

Eborico

Biografía

Rey suevo, 583-584. El traspiés y la humillación sufridos por Miro ante Sevilla debió quebrantar la fortaleza militar y política del pequeño reino suevo. En definitiva, la jornada sevillana del 583 institucionalizó un derecho hegemónico de intervención sobre el reino suevo por parte de Leovigildo, convertido en padre de armas del rey Miro.

Al poco tiempo de su humillante derrota militar, nada más regresado a su patria galaica, el soberano suevo fallecía, sucediéndole en el trono su hijo Eborico.

Pero la derrota y la humillación sufridas, la subordianción al visigodo impuesta a Miro y aceptada también por su hijo, debieron crear un enrarecido clima entre la aristocracia del reino suevo. Lo único seguro, de todas formas, es que al siguiente año, en el 584, Audeca, cuñado del rey Eborico, se rebeló, logrando su entronización tras relegar a un convento al destronado Eborico.R.B.: GARCÍA MORENO, Luis Agustín, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1991, Tomo III.1 págs. 193-194.

Audeca

Biografía

Rey suevo, 584-585. En el 584, Audeca, cuñado del rey Eborico, se rebeló, logrando su entronización tras relegar a un convento al destronado Eborico. Pronto el nuevo rey contraía matrimonio con la viuda de Miro, Siseguntia, con el fin de fortalecer su situación socio-política al contar con el apoyo de las clientelas unidas a esta.

Es posible que Audeca también tratase de realizar una serie de reformas en la Hacienda real sueva a imitación de las hechas por Leovigildo, y destinadas a fortalecer el poder del soberano en posible detrimento del de la aristocracia.

Pero estas reformas y las mismas posibles disensiones en el seno de los grupos dirigentes del reino suevo, y en el de la propia familia reinante, no podían más que acabar facilitando a Leovigildo si decidido propósito de conquista del reino suevo.

En todo caso, el monarca godo tenía un pretexto para legitimar su intervención militar: la defensa de los derechos de su cliente Eborico. Lo cierto es que, en el 585, cuando Leovigildo se vio libre de la guerra en el Sur contra Hermenegildo —y el mismo asesinato de este alejaba cualquier posible resurrección de la revuelta—, penetraría en Galicia al frente de su ejército.

Leovigildo, tras privar del reino a Audeca, encerrado a su vez en un monasterio, se apoderaba del fundamental tesoro real, anexionando a sus dominios el territorio del antiguo reino suevo. Un posterior intento, por parte de un tal Malarico, de restaurar en ese mismo año la independencia sueva en su provecho, pronto sería desbaratado por los generales de Leovigildo.

En evitación de nuevas sorpresas, Leovigildo debió optar por colocar potentes guarniciones militares visigodas en los principales núcleos del territorio anexionado; como podían ser Viseu, Lugo, Tuy, Oporto y Braga. Además procedería de inmediato a realizar aquí su política de unidad religiosa bajo la nueva Iglesia estatal arriana. En el corto espacio de tiempo entre la conquista y el Concilio III de Toledo serían establecidos obispos arrianos en Viseu, Lugo, Tuy, Oporto.

Sus principales fieles debieron ser sin duda las tropas visigodas de guarnición en dichas ciudades. En todo caso, es posible que todavía subsistiesen núcleos arrianos entre la población sueva, y también pudieron producirse conversiones en un cierto número al calor de la victoria militar visigoda.

Pero, como quiera que sea, no parece que Leovigildo llevase a cabo acción violenta alguna contra la Iglesia católica sueva: los obispos católicos continuarían pacíficamente en sus sedes, incluso allí donde se establecieron otros nuevos arrianos.

R.B.: GARCÍA MORENO, Luis Agustín, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1991, Tomo III.1 págs. 193-194.