El Reino de los vándalos

Historia de los Vándalos

Los reyes vándalos

Gunderico, 407-428
Genserico, 428-477
Hunerico, 477-484
Guntamundo, 484-496
Trasamundo, 496-523
Hilderico, 523-530
Gelimer, 530-534

Historia de los Vándalos

El pueblo vándalo es un pueblo germánico. Tácito y Tolomeo, apoyándose este en una fuente de comienzos del s. II, nos presentan, establecidos entre los montes Sudetes y el río Vístula, a una serie de pueblos denominados en su conjunto pueblos lugios, unidos entre sí por una asociación o comunidad de culto. Su centro era el bosque sagrado de Hain, situado en el territorio de los naharvales.

Los vándalos en la península Ibérica, en el siglo v.
Los vándalos en la península Ibérica, en el siglo v.

El origen del nombre lugios es controvertido; lo que nos interesa es que este grupo de pueblos debió llevar antes el nombre común de vándilos o vandilios, y procedían como todos los germanos orientales de Escandinavia.

Fueron estos, precisamente, los primeros que pasaron de Escandinavia a la Germania, precediendo en esta emigración a los longobardos y a los godos, a los burgundios y a los rugios. Su primitivo asentamiento fueron las costas del mar Báltico.

Establecidos los lugios, como dijimos, entre los montes Sudetes y el río Vístula, aparecen hacia el comienzo de nuestra Era formando parte de la gran confederación germánica organizada por Marbod. Por los años 86-89 de C. luchan con los marcomanos y los cuados, sus vecinos. A mediados del s. II presionados los lugios de forma indirecta por los movimientos de los godos y por los de los burgundios, se producen cambios importantes en el grupo.

La federación cultual desaparece. El pueblo que estaba al frente de ella, el de los naharvales, sigue en la historia con el nombre que originariamente habían llevado todos los lugios: con el de vándalos. Parte del grupo sigue la suerte de los burgundios, uniéndose a ellos. Otra parte marcha hacia la Hungría y la Moravia, interviniendo en las luchas del tiempo de Marco Aurelio, entre los años 169 y 180.

Vándalos asdingos y silingos

Conviene que sigamos independientemente la marcha de los dos grupos que dentro de los vándalos se distinguen: el pueblo asdingo y el silingo. Dion Casio nos dice que el Elba nacía en las montañas de los vándalos, seguramente silingos.

Hacia la mitad del s. III, los vándalos silingos y otros grupos lugios siguen a los burgundios, abandonando sus asentamientos. Aparecen, hacia el año 270, en la región media de río Main, y penetran principalmente en la Raetia (Austria y Baviera), donde en 278 son derrotados por Probo.

En esta región del Main debieron permanecer hasta que se unieron a los asdingos, como veremos. Los vándalos asdingos, que después de las guerras marcorromanas quedaron establecidos en la región superior del río Theiss, conservaron largo tiempo sus nuevos territorios.

Intervienen en la expedición gótica del año 248 sobre la Mesia (la Servia actual), y en la Sarmacia del 270 sobre Panonia (Hungría occidental); pero, y acaso por la derrota que les causó el emperador Aureliano, como tropas auxiliares de Roma, hecho testificado por la Notitia dignitatum, que habla del ala VIII Vandilorum.

Queriendo los asdingos ensanchar sus territorios, chocan con los visigodos y los sármatas; y estas controversias se prolongan hasta el s. IV, durante el cual, en lucha con los visigodos, pierden los asdingos una batalla en la que murió su rey: Visumario. Un largo paréntesis nos presenta la historia de este pueblo, tal vez debilitado profundamente por esta grave derrota. Lo importante es que hacia el año 400 reaparece, y esta vez convertido al arrianismo.

Debe suponerse que en este tiempo había aumentado mucho el número de personas que lo formaban, y este fue el motivo de que, al mando del rey Godigiselo, abandonase su residencia en la región del Theiss. Tal vez en esta expedición debieron influir los alanos, que desde ahora aparecen unidos a los asdingos en su marcha hacia las Galias y España, aunque sin perder todavía su personalidad e independencia.

Los alanos

Los alanos son un pueblo también oriental, que en el s. IV hace aún una vida no totalmente sedentaria en la parte nordeste del Cáuacaso, donde reside. Se compone de grupos diversos, en cuya historia posterior influyen muchísimo los hunos. Por presiones de estos, algunos grupos de alanos se establecieron en la Mesia Baja, y aún permanecieron allí independientes hasta el s. VI. Un grupo alano se une con los asdingos para su marcha desde las regiones del Theiss.

Desde ahora hablamos de ambos pueblos unidos. En el año 401 aparecen alanos y asdingos en el Nórico Noricum y la Raetia (es decir Austria y Baviera), con ánimo, posiblemente, de ir hacia Italia; pero son derrotados por Estilicón y no pasan de allí, quedando asentados en las regiones alpinas junto al Nórico. En los inmediatos años siguientes, madura ya la idea de ir a las Galias, se les une para la expedición un grupo cuado, es decir, de origen suevo.

El camino que los vándalos y alanos hubieron de seguir desde el Nórico debió ser la calzada romana que unía esta región con Maguncia, pasando por Augsburgo, Plochingen, Cannstatt y Heidelberg. Unidas a los vándalos y alanos las fracciones de los cuadosuevos que hemos indicado —aunque tengámoslo bien en cuenta, sin fusionarse—, aún se acreció el grupo con aquella fracción de los vándalos silingos, establecidos, como antes dijimos, en la región del Main, los que debieron unirse a los otros tres pueblos expedicionarios cuando estos pasaron por su territorio.

En los últimos días del año 406, probablemente por Maguncia, estos cuatro pueblos atraviesan el Rin, que tal vez estaba helado. Los primeros grupos que lo pasaron fueron de asdingos, al mando de Gunderico, hijo de Godigiselo.

Los cuatro pueblos que atraviesan el Rin y penetran en la Galia en el año 406, y en el 411, después de dos años de estancia en nuestra Península, se establecen fijamente en algunas de sus regiones, aunque hiciesen juntos sus excursiones, conservan su vida independiente, formando cuatro civitates.

No es fácil determinar si cada uno tuvo su rey propio, lo que parece probable, ni tampoco si le guiaba un dux único, en el sentido militar germánico de la palabra. Si la expedición tuvo dux, lo sería el asdingo Gunderico, el más famoso de los caudillos. Jefe cuadosuevo lo era ya, al pasar el Rin, el mismo Hermerico, a quien hemos de hallar después en España. En el 418 conocemos el nombre de Fredebaldo, el caudillo o, mejor dicho, rey silingo derrotado por Walia.

Tal vez fuese este mismo el que estaba al frente del pueblo silingo al pasar el Rin. Después de Fredebaldo perdemos la noticia de los silingos como pueblo con personalidad propia, pues fueron deshechos por Walia. El caudillo de los alanos, finalmente, debía ser en el año 406 el mismo rey Adax, que estaba al frente de este pueblo el 418 cuando, derrotado también por Walia, acaba de unirse a los asdingos, cuyos reyes llevan desde entonces el título de reges vandalorum ef alanorum.

Se ha querido presentar como motivo del paso del Rin por los alanos, asdingos, silingos y cuadosuevos un llamamiento de Estilicón. Prescindimos de los motivos que este hubiese podido tener para hacer tal llamamiento, ya que se han alegado muy diversas conjeturas. Pero la realidad de este llamamiento tiene a su favor textos, incluso contemporáneos.

Desde luego el hecho no está justificado; pero tal atribución, aunque inexacta, puede explicarse por la significación de Estilicón en el mundo romano y su complicada actuación frente a los bárbaros.

Llegados los cuatro pueblos dichos a las Galias en los últimos días del año 406, de un solo empujón —nos dice San Isidoro— alcanzaron el Pirineo, llevándose a los francos por delante; pero no lograron atravesarlo en esta ocasión, porque allí, —agrega San Isidoro— les rechazaron durante tres años dos nobilísimos y poderosos hermanos: Didymo y Veriniano.

Durante los años 407 y 408, y hasta el otoño del 409, estuvieron en efecto, estos pueblos en la Galia vagando —dice San Isidoro— por las provincias vecinas; y en el 407, el anticésar Constantino, a quien el ejército de Bretaña acaba de investir con la púrpura imperial, al regresar de la gran isla les derrotó en un encuentro.

En el año 408, según San Isidoro, o en le 409, según Idacio, fue el paso de estos pueblos a nuestra península. La interpretación de San Isidoro, siguiendo a Orosio, da de este hecho es bien conocida: Pero después —dice—, cuando estos hermanos [Didymo y Veriniano], perdida la fortaleza natural del Pirineo, cayeron prisioneros, y el césar Constantino, por sospechas de tiranía, les condenó a muerte, que sufrieron inocentes de toda culpa, aquellas gentes irrumpen en las provincias de España.

Son igualmente conocidas, y se les da una importancia que no me atrevo a negar, las palabras de San Isidoro —y análogas de otras fuentes— sobre las devastaciones de los vándalos y demás pueblos que les acompañaban durante los años que median entre su entrada en nuestra península y el reparto de tierras del 411. Las palabras de Idacio y de San Isidoro, enlazadas con las de Osorio, nos parecen puramente retóricas.

Desde luego, creemos que hasta el año estos pueblos en nuestra península no tuvieron tranquilidad ni asentamiento fijo, y que, ciertamente, en su marcha por las tierras españolas se hubieron de dar los actos de crueldad que toda expedición militar lleva consigo. Lo que, sin embargo, queremos hacer resaltar aquí es que los germanos no pretendían, al recorrer las provincias hispanas, acabar con el Imperio romano, según planes previa y conscientemente establecidos.

Los grupos germánicos no eran ejércitos, sino pueblos en marcha en busca de tierras que habitar. No trataban los jefes germanos en convertir en súbditos suyos a los provinciales, ni intentaban fundar Estados mediante le desmembración territorial consciente de Imperio, sino de establecerse en este, conservando la organización nacional propia, pero dentro de los límites políticos que el Imperio les señalara.

En el año hubo, en efecto, un reparto de tierras en nuestras provincias. Aduciremos en prueba un interesante texto de Idacio: Los bárbaros —dice—, inclinados por la misericordia divina al camino de la paz, se reparten a la suerte las regiones de las provincias para habitarlas. Los vándalos y los suevos ocupan la Galecia, sita en la extremidad occidental del mar Océano; los alanos, las provincias de Lusitania y Cartaginense, y los vándalos de sobrenombre silingos se reparten en suertes la Bética. Los hispanos, que por ciudades y castillos habían sobrevivido a tales plagas, se someten a la servidumbre de los bárbaros que señoreaban las provincias.

Anticipemos aquí también que este reparto no fue en el primer momento concertado, sino impuesto a Roma; y, finalmente, que, aunque se llegó al pacto de federación, Roma y su emperador Honorio siempre creyeron pasajera la estancia de aquellos pueblos en aquellas provincias hispánicas, a pesar de la ocupación agraria. Debe advertirse que una gran parte de España, la Tarraconense casi entera, había quedado absolutamente libre.

Walia contra silingos y alanos

Durante la estancia de estos cuatro pueblos en la Península hispánica son, en conjunto, los hechos de mayor importancia política los siguientes: las campañas de Walia, a partir del año 416, contra los silingos y los alanos; las contiendas entre los asdingos y los suevos; las campañas de los asdingos contra Roma y, finalmente, el paso de los asdingos a África en el año 429. En el año 416 aparecen los visigodos en España. Su caudillo Walia se había comprometido a luchar en toda guerra por el Estado romano; .

y así —dice San Isidoro—, llamado a las Españas por el patricio Constancio, hizo gran mortandad entren los bárbaros por la causa del nombre romano.

Dos años después, en el 418, el mismo Walia, después de aniquilar a los silingos en la Bética, llevó prisionero a Roma a su rey Fredebaldo. Inmediatamente lucha Walia contra los alanos, que entre 411 y 418 habían pretendido dominar a los suevos y asdingos, como nos testimonia Idacio. La destrucción de los alanos, como la de los silingos, fue, puede decirse, total, ya que, como pueblo independiente, desaparecieron para siempre.

Los alanos —dice Idacio—, que dominaban a vándalos y suevos, fueron destrozados de tal suerte por los godos, que muerto su rey Adax, y destruido el reino, los pocos que quedaron se acogieron al patrocinio del rey de los vándalos, Gunderico, que se había retirado a Galecia.

San Isidoro dice que se sometieron, no a su patrocinio, sino a su gobierno; y añade, para aclarar quienes eran esos vándalos.

Éstos son aquellos vándalos que luego, abandonada la persecución de los suevos, pasaron a la Bética y, después de tomar Sevilla, emigraron al África.

Walia volvió a las Galias, llamado por Constancio, a fines del año 418, sin haber atacado a los asdingos ni a los suevos. No está suficientemente claro el motivo de que Constancio no le dejara terminar la destrucción de los pueblos bárbaros. Creemos que debe pensarse en que el Imperio no veía con igual recelo la ocupación de la Galecia que la de las otras provincias españolas. Tal vez Constancio llamó Walia por cualquier peligro repentino.

Este llamamiento existió; pero no debe exagerarse la autoridad del que lo hacía. El pueblo godo, bajo Walia, actuaba ya con suficiente independencia. De ello es prueba el intento de ira al África, claramente testimoniado, pues de él nos habla San Isidoro.

Nosotros creemos, en definitiva, que los asdingos y suevos se salvaron sencillamente por haberse establecido en la lejana Galecia. Luego se fortalecieron con los grupos de alanos a que antes hemos aludido, y también seguramente, de silingos; y así se explica toda su historia posterior.

El encuentro de los vándalos con los suevos debió producirse en la región montañosa de León y Asturias: en los montes Nerbasos, dice Idacio, y en los montes Erbasos, se lee en San Isidoro. Fue sin duda esta lucha consecuencia de una anterior discordia entre ambos pueblos.

Aunque derrotados los suevos del rey Hermerico por los vándalos de Gunderico, los vencidos no sufrieron las consecuencias de la derrota, pues el mismo año 419 en que se dio la batalla, los vándalos, abandonando la persecución de los suevos, abandonaron la Galecia y se pasaron a la Bética, obligados por Asterio, conde de las Españas, y después de haber perdido algunos hombres a la salida de Braga al ser atacados por el vicario Maurocelo.

Aquí, en la Bética, sufrieron en el 421 una gran derrota las fuerzas romanas que, mandadas por el magister militum Castino y reforzadas con elementos godos, entraron en batalla con los vándalos. La defección de los auxilia contribuyó, según Idacio, a hacer más grave el desastre romano. Es admirable la precisión de Idacio al exponer el modo de iniciarse esta batalla y al dar idea de la derrota y de sus consecuencias posteriores. La Bética y la Cartaginense debieron quedar a merced de los vándalos.

Vándalos en Baleares y Mauritania

En el año 426, según Idacio, hacen los vándalos unas expediciones a las Baleares y a la Mauritania. La importancia de ambas estriba principalmente en que es esta la primera vez que se habla de la armada vándala, elemento de tanta importancia, no ya para el paso al África del pueblo vándalo, sino para el establecimiento y persistencia de su reino africano. Igualmente en el año 426 conquistan los vándalos a Sevilla y Cartagena, que es tanto como decir que se apoderan de todo el litoral meridional y levantino.

En el año 428 murió el rey de los vándalos Gunderico, muerte que Idacio y San Isidoro presentan como castigo divino a la profanación de una iglesia de Sevilla, la de San Vicente. Ya entonces preparaban los vándalos su gran expedición al África. Al año siguiente, el nuevo rey, Genserico, hermano natural de Gunderico, como hijo de Godigiselo y de una esclava, se disponía a abandonar España con su pueblo para trasladarse al África.

El suevo Hermigario quiso aprovechar tan favorables circunstancias para atacar a los vándalos; pero Genserico detiene los preparativos de la marcha, se dirige contra Hermigario y, junto a Mérida, le vence. El propio jefe suevo perece ahogado ya en el río Guadiana cuando buscaba su salvación en la fuga. Idacio, en su narración del combate, llena de colorido, atribuye la derrota y muerte de Hermigario a la profanación de la iglesia de Santa Eulalia por él y sus gentes.

Al fin, en el mes-V-429, junto a Julia Traducta (Tarifa), embarcaron los vándalos al mando de Genserico, que merece ser tenido, como afirma Schmidt, por una de las más grandes figuras de la época de las emigraciones de los pueblos germánicos.

Debemos indagar el motivo que los vándalos tuvieran para pasar al África. Idacio nada dice de él; Casiodoro, en su Crónica, aduce como tal la presión de los godos: Gens vandalorum, a Gothis exclusa de Hispaniis, al Africam transit (el pueblo vándalo, excluido de las Españas por los godos, pasa al África).

La suposición de Casiodoro no responde a la realidad: los godos no podían en aquel tiempo presionar a los vándalos en la Bética. Suele admitirse también como motivo del tránsito un llamamiento de Bonifacio para satisfacer venganzas personales. Esta suposición, como ha demostrado Schmidt, es igualmente fabulosa.

Las causas remotas del tránsito fueron las mismas que impulsaron a Alarico I y a Walia a realizarlo; a saber: la importancia de aquella tierra para decidir la suerte del Imperio, porque era su principal abastecedora de cereales y por el valor de su posición, ya entonces por todos reconocido. Con una flota, la situación de los que dominasen en África había de ser envidiable.

Causas directas fueron, simplemente, el estado de intranquilidad en que aquella región se hallaba, por diversas razones, y la poca fortaleza de los medios de defensa de que allí podían disponer los romanos.

Todas estas circunstancias debieron, sin duda, ser apreciadas ya por Genserico en la expedición vándala a la Mauritania del año 426, a la que antes aludimos, y fueron suficientes para impulsarle a esa decisión, que hizo que no quedase en nuestra península mas pueblo germano que el suevo, con los grupos que se le unieron, en espera, podría decirse, de los visigodos, que habían de acabar con su poder y con su reino. Los vándalos que pasaron al África fueron, al parecer, unos ochenta mil, es decir, quince mil guerreros aproximadamente.R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 17-24.

Gunderico

Biografía

Rey vándalo, 407-428. Gunderico. ?, p. s. VI-Sevilla, 428. Rey de los vándalos asdingos y silingos y de los alanos. Hijo legítimo del rey de los vándalos asdingos Godegiselo, nació hacia finales del s. IV, seguramente en la actual Hungría. A la muerte de su padre, heredó la soberanía de su pueblo.

Suele aceptarse que este hecho tuvo lugar en las inmediaciones de Maguncia (Alemania) a principios del año 407 y que fue este Rey quien condujo a los suyos en su errática migración a través de la Galia hasta penetrar en Hispania en octubre del año 409 junto con los otros grupos bárbaros, que poco después procedieron a repartirse las provincias de la diócesis y a establecerse en ellas.

Procopio afirma que era aún un niño cuando el conde Bonifacio, hacia el año 427, mandó emisarios a solicitar ayuda militar a los vándalos, lo que estimularía el paso posterior de este pueblo a África; pero esta noticia encaja mal con los datos provenientes de otras fuentes y no parece que la versión Procopio sea acertada.

Fue durante el reinado de Gunderico, y bajo su soberanía, cuando se concluyó una nueva coalición entre tres de los pueblos bárbaros establecidos en Hispania; vándalos asdingos, asdingos, silingos y alanos.

Los silingos y los alanos, derrotados y diezmados por los ataques de los visigodos, que combatían como federados de Honorio desde el año 416, buscaron la protección del rey de los vándalos asdingos, que se encontraba asentado con su pueblo en la Galecia oriental, y lo reconocieron como su Rey.

Poco después, en el año 419, los vándalos se sintieron lo bastante fuertes como para presionar a los suevos —batalla de los Nervasos—, que se habían establecido en la Galecia occidental. Este ataque pudo ser la causa de que las tropas romanas, mandadas por el conde de Hispania Asterio, iniciasen una expedición de castigo, que terminó con la derrota de los vándalos y su huida hacia Lusitania y posteriormente a la Bética.

En el año 422, un ejército romano mandado por el general Castino, que había penetrado en Hispania, fue derrotado y puesto en fuga por las tropas de Gunderico. El litoral levantino y las islas quedaron abiertos a las correrías de los vándalos. Cartagena fue tomada en el 425 y también Sevilla, y en ella murió Gunderico en el 428.

Según Idacio su muerte fue un castigo divino, consecuencia directa del sacrilegio cometido al profanar la iglesia de la ciudad, que Isidoro de Sevilla aclara era la basílica de San Vicente. Su esposa e hijos, cuyos nombres se desconocen, tuvieron un violento final pocos años después, hacia el 430, muertos en Cirta (Numidia), por orden del rey Genserico, su cuñado y tío.R.B.: GIL EGEA, María Elvira, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2011, Vol. XXII, págs. 706-708.

Genserico

Biografía

Rey vándalo, 428-477. Genserico (Geiserico). ¿Panonia (Hungría) ?, c. 390-Cartago (Túnez) 477. Rey de los vándalos y alanos. Hijo del rey de los vándalos asdingos Godegiselo y de una concubina, Genserico debió nacer en Panonia (Hungría), antigua patria de los vándalos asdingos.

A la muerte de su padre fue su medio hermano Gunderico quien heredó la soberanía sobre su pueblo. No se tienen datos sobre este príncipe hasta que al morir su hermano en Sevilla en el 428 hereda a su vez el mando sobre el conjunto popular de los vándalos y alanos que en el año 419 se habían fusionado por medio de una etnogénesis bajo el dominio de Gunderico.

Con Genserico se lleva a cabo la gran aventura de los vándalos, el cruce a África desde Algeciras por el Estrecho de Gibraltar, de todo el conjunto de las ochenta mil personas que constituía el pueblo, y su posterior ruta hasta Numidia. Durante varios meses a lo largo del año 430 pusieron sitio a la ciudad de Hipona, en el asedio a la ciudad enfermó y murió su obispo, San Agustín. Posteriormente, en el 439 tomaron por sorpresa la ciudad de Cartago y establecieron un reino destinado a durar casi un siglo.

Son numerosas las fuentes que mencionan a Genserico, famoso y temido por la imposibilidad que encontró el Imperio romano de impedir su avance o de vencerlo, por lo que, finalmente, el emperador no tuvo más remedio que claudicar ante estos hechos y consensuar en el año 442 un tratado que intentaba salvaguardar al menos una parte de las provincias africanas y de las islas del Mediterráneo.

Pero tras el asesinato de Valentiniano III, en el 455, Genserico dio por concluidos todos los pactos existentes y se apoderó del resto de la diócesis de África, así como de Sicilia, Córcega, Cerdeña, las Baleares, y de Ceuta, que pertenecía a la diócesis de Hispania, por ser parte de la Mauritania Tingitana.

El dominio vándalo sobre este importante enclave de la costa sur del Estrecho y sobre las islas Baleares perduró hasta la reconquista bizantina en el 535, cuando el general Belisario envió a dos tribunos a reclamar para el Imperio dichos lugares.

La convocatoria de los representantes eclesiásticos de las sedes de Mallorca, Menorca, Ibiza, Ceuta y Melilla a la Conferencia de Cartago del 484 muestra la soberanía vándala sobre dichos territorios. Consecuencia directa del asesinato de Valentiniano III fue la invasión de Roma por los vándalos.

Según la tradición bizantina, Genserico fue llamado en su auxilio por la emperatriz viuda Eudoxia. La incursión vándala condujo a la muerte del nuevo emperador Petronio Máximo y al saqueo de la ciudad. Después, la emperatriz y sus hijas, junto con numerosos prisioneros y un gran botín, fueron conducidas a Cartago.

En la capital del reino Vándalo, Eudoxia, la hija mayor de Valentiniano, contrajo matrimonio con Hunerico, hijo y heredero de Genserico, con quien tuvo descendencia. A partir de la muerte de Valentiniano, las relaciones entre Genserico y el Imperio Romano fueron fluctuantes, aunque, en general, poco cordiales.

Las diversas expediciones enviadas contra Cartago, tanto por la parte oriental como por la occidental, resultaron sendos fracasos; la ineptitud de los generales y la crisis de los diversos gobiernos tampoco permitían mayores avances.

Tras una etapa de enfrentamiento que se plasmaba en frecuentes ataques a las costas de Italia se concluyó una paz con Occidente que llevó al trono a Olibrio, cuñado de Hunerico, por su matrimonio con Placidia, la otra hija de Valentiniano.

Con Oriente, la paz se consiguió finalmente en el reinado de Zenón y duró hasta que Justiniano decidió intervenir en los asuntos internos del reino vándalo, proclamándose defensor del depuesto Hilderico. Genserico, además de por sus logros militares y diplomáticos, por la dureza con que actuó en momentos de crisis interna, también pasó a la posteridad por su violento enfrentamiento con la Iglesia Católica africana.

Numerosos autores se hicieron eco de su brutalidad tanto para con las jerarquías de la Iglesia como para con los católicos relacionados con el entorno regio que se negaban a convertirse al arrianismo, religión del Rey y del pueblo vándalo. Genserico murió en Cartago en el año 477, tras un reinado de treinta y siete años.

Su testamento establecía el sistema de sucesión por el que se iban a regir los vándalos en adelante, y dispuso que fuera el de mayor edad de cada generación, de entre sus descendientes, quien accediera al trono y después el siguiente hasta agotar dicha generación. Le sucedió su hijo Hunerico. Genserico también tuvo otros hijos varones y una hija.R.B.: GIL EGEA, María Elvira, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2011, Vol. XXII, págs. 706-708.

Hunerico

Biografía

Rey vándalo, 477-484. Hunerico, poderoso por la fuerza, murió en 484, fue rey vándalo durante el periodo que va desde el año 477 al año 484, fue el primogénito de Genserico, fue incluso enviado como rehén a Constantinopla. Hacia el año 440 se casó con una de la hijas de Teodorico I, rey de los visigodos, que así intentaba la alianza con los vándalos.

Pero luego Hunerico, con la crueldad que solía manifestar hasta con sus propios familiares, solo por sospechar que su esposa había intentado suministrarle veneno, la había enviado de vuelta a las Galias, junto a su padre después de mutilarle la nariz y las orejas, privándola así de su natural belleza, para que la desdichada mostrara siempre este vergonzoso recuerdo. Tal crueldad, que conmovía incluso a los extranjeros, estaba pidiendo a gritos la venganza de su padre.

No obstante, el repudio no se debió seguramente a ningún intento de envenenamiento, sino a que el emperador Valentiniano III firmó un pacto de no agresión con su padre Genserico dos años más tarde (442) y el matrimonio de su hija Eudoxia (de solo cinco años de edad) con Hunerico.

De su unión con Eudoxia nació Hilderico que reinó posteriormente a Trasamundo. Los vándalos y Roma no mantuvieron buenas relaciones durante el reinado de Hunerico, que reprimió las actividades de los católicos.R.B.: BRADLEY, Henry, Historia de los pueblos godos desde los tiempos primitivos hasta el fin de la dominación goda en España, Ed. El Progreso Editorial, 1890.

Guntamundo

Biografía

Rey vándalo, 484-496. Guntamundo, rey vándalo que gobernó entre los años 484 al 496, entre los reinados de Hunerico y de Trasamundo. Guntamundo tuvo de una política más tolerante con la antes perseguida Iglesia católica con el objetivo de impedir la extensión del poder de los principados bereberes y de ayudar a estabilizar la economía del reino que, bajo el reinado de Hunerico, había llegado al borde del colapso. Muerto en el año 496, tras acudir a una cacería, le sucedió su hermano Trasamundo.R.B.: BRADLEY, Henry, Historia de los pueblos godos desde los tiempos primitivos hasta el fin de la dominación goda en España, Ed. El Progreso Editorial, 1890.

Trasamundo

Biografía

Rey vándalo, 496-523. Trasamundo, rey vándalo que reinó entre los años 496 al 523. Príncipe cultivado y poeta, se preciaba de teólogo, fue un arriano convencido. Esposo de Amalafrida, hermana del ostrogodoTeodorico el Amalo; practicó una política de inmovilismo en relación con el emperador Anastasio y con la iglesia católica. No pudo reprimir las sublevaciones de los mauritanos.R.B.: BRADLEY, Henry, Historia de los pueblos godos desde los tiempos primitivos hasta el fin de la dominación goda en España, Ed. El Progreso Editorial, 1890.

Hilderico

Biografía

Rey vándalo, 523-530. Hilderico, rey vándalo que reinó entre los años 523 al 530, hijo de Hunerico y Eudoxia y sucesor de Trasmundo. Poseía una cultura romana, porque durante cuarenta años residió en Constantinopla. Restituyó a los católicos la libertad de cultos y se aproximó a Justiniano. Fue vencido por los mauritanos y depuesto por el ejército; fue ejecutado por su sucesor Gelimer en el año 530.R.B.: BRADLEY, Henry, Historia de los pueblos godos desde los tiempos primitivos hasta el fin de la dominación goda en España, Ed. El Progreso Editorial,90.

Gelimer

Biografía

Rey vándalo, 530-534. Gelimer, último rey vándalo de África, reinó entre los años 530 al 534. Para desgracia de su pueblo y olvidando los preceptos de sus antepasados, derrocó a Hilderico, al que asesinó e instauró un gobierno despótico.

Sin embargo, su acción no quedo impune, pues pronto la venganza del emperador Justiniano cayó sobre él y, gracias a la intervención de glorioso Belisario, comandante en jefe del ejército de Oriente, cónsul ordinario y patricio, fue llevado con todo su pueblo y las riquezas que acumulaba como un pirata a Constantinopla, donde sirvieron para que el pueblo disfrutara de un gran espectáculo de circo.

Allí, sufriendo un tardío arrepentimiento por sus actos, se vio privado de su condición real, murió rebajado a la condición de un cualquiera, aunque se negó a aceptarla. No pudo impedir el desembarco de Belisario en 533. Vencido en la batalla de Ad Decimun y en Tricamarum, se refugió entre los mauritanos, entregándose posteriormente a Belisario, bajo la promesa de que respetara su vida y la de su familia.

De este modo, África, que en la antigua división de la tierra aparece descrita como la tercera parte del mundo, fue liberada del yugo de los vándalos después de casi cien años y conducida de nuevo a la libertad del Imperio Romano.

Siguiendo con Jordanes, la que hacía tiempo había sido desgajada del cuerpo del Estado Romano por un ejército pagano dirigido por déspotas indolentes y generales infieles, vive hoy feliz recuperada por un emperador emprendedor y un general leal.
R.B.: BRADLEY, Henry, Historia de los pueblos godos desde los tiempos primitivos hasta el fin de la dominación goda en España, Ed. El Progreso Editorial, 1890.