Los Visigodos

Historia de los Visigodos

Los Reyes Visigodos

Ataulfo, 410-415

Sigerico, 415-415

Walia, 415-418

Teodorico I, 418-451

Turismundo, 451-453

Teodorico II, 453-466

Eurico, 466 -484

Alarico II, 484-507

Gesaleico, 507-510

Teodorico el Grande, 510-526

Amalarico, 526-531

Teudis, 531-548

Teudiselo, 548-549

Agila, 549-555

Atanagildo, 555-567

Liuba I, 567-571

Leovigildo, 572-586

Recaredo, 586-601

Liuba II, 601-603

Witerico, 603-610

Gundemaro, 610-612

Sisebuto, 612-621

Recaredo II, 621-621

Suintila, 621-631

Sisenando, 631-636

Chintila, 636-639

Tulga, 639-642

Chindasvinto, 642-649

Recesvinto, 649-672

Wamba, 672-680

Ervigio, 680-687

Egica, 687-700

Witiza, 700-710

Rodrigo, 710-711

Historia de los Visigodos

En vísperas de las invasiones bárbaras, las viejas nacionalidades españolas, que ya antes de la conquista de la Península por Roma eran confusa mezcla de pueblos diversos, aparecen desleídas y absorbidas por la fuerte nacionalidad romana.Herculano. Historia de Portugal. Introduçäo, p. 32. En los tres siglos del imperio avanza considerablemente la romanización, en el Norte inclusive. Sólo la zona montañosa al occidente de los Pirineos se sustrae a la influencia cultural del conquistador. Sertorio había convertido a Huesca en centro de dominación intelectual. Pompeyo hizo del lugar a que dio nombre (Pompelo-Pamplona) barbacana o fortaleza adelantada de la penetración latina.

La Rioja, de población celta y vascona, área donde se cruzaban las razas y las lenguas, hablaba vascuence y latín. La romanización se detuvo al oeste de Huesca, y de Tafalla y Estella para el Norte, quedando Pamplona aislada con su lengua romana en medio de una región de habla euscalduna, o aislada en parte, si, como parece, era bilingüe, a semejanza de la Rioja.

Vimos anteriormente que en lo que hoy se llama País Vasco, el éuscaro quedó reducido a los caristios y várdulos. (Los últimos poblaban la mayor parte de Guipúzcoa y Álava.) Vimos asimismo en otro lugar que entre los autrigones, tribus de raza vasca, se había perdido el uso del vascuence. Flavióbriga (Bilbao) parece haber tenido colonia romana y haber hablado latín.

En resumen, en el Sur de la Vasconia propiamente dicha y en el Occidente y Mediodía del País Vasco la población era vasca, pero había dejado de hablar el éuscaro en beneficio del latín vulgar. La romanización de los vascones de la Ribera fue tan intensa como la de los celtiberos, que, según Estabón, ya a comienzos del Imperio habían adoptado las costumbres y la toga italianas. Menester es sospechar que los vascones y várdulos del interior, la población más pegada a los Pirineos Occidentales, gozaban, cuando menos, una semiindependencia del poder romano, a la manera primitiva, en estado de naturaleza. Eso aparte, los bárbaros se encuentran con una España sobremanera romanizada. Cuando los visigodos querían distinguir a los españoles que no pertenecían a la raza germánica, no habiendo entre esos hombres un carácter, una señal que mostrase en ellos diversidad de origen, los designaban constante y uniformemente con el nombre de romanos.

En la caída y fragmentación del imperio romano hay que buscar el origen de las naciones modernas. Roma había hecho del Occidente una inmensa nación, la Romania, dividida en prefecturas y provincias, y estas provincias comienzan a convertirse en estados soberanos bajo las monarquías germánicas.

La conquista de España

La conquista de España por el visigodo Eurico (466-484) viene a coincidir con el destronamiento de Augústulo, último emperador de Occidente, por el bárbaro Odoacro (476). En varias campañas triunfales, que culminaron en la sumisión de la nobleza romana de la Tarraconense, el guerrero godo puso fin a la dominación de los emperadores en España y creó la monarquía más vasta de cuantas entonces surgieron de las ruinas del orbe político romano.

Galicia y una parte de la Lusitania estaban en poder de los suevos, cuyo reino comprendió buena porción de la Cantabria asturiana, con las tierras regadas por el río Carrión y la ciudad de Palencia. Entonces dependió más Castilla de los suevos que de las autoridades romanas; y los alanos llegaron hasta la cuenca del Arlanza.El obispado de Burgos y Castilla primitiva desde el siglo V al XIII, por don Luciano Serrano. O.S.B., Abad de Silos. Instituto de Valencia de Don Juan, Madrid, 1935. T. I, p. 39. Exceptuados los territorios gallegos y lusitanos aludidos, las Baleares, aún dependientes del imperio, y las zonas menos accesibles de Vasconia, toda España se sometió a Eurico. El Sur de la Galia, hasta el Loira, y la Provenza completaban los territorios de la nueva monarquía, cuya capital fue Toulouse.

Las campañas francas en Aquitania (507–509).Las campañas francas en Aquitania (507–509).

Mas cuando en 507, el rey franco Clodoveo batió al ejército de Alarico II, con muerte del propio rey, en Vogladum (SaintCyr o Vouillé), los dominios de los visigodos al norte de los Pirineos se redujeron ya a la Septimania, o siete ciudades de Narbona, Carcasona, Lodeve, Nimes, Magalona, Beziers y Agde. Reinando Teudis (531-548) pasó a España —al parecer a Barcelona— la corte visigótica y comenzaron a celebrarse concilios anuales en Toledo.

En ese mismo reinado agravó la crisis política que sufría el Norte de España una invasión de los francos. La monarquía merovingia había llegado a constituir un poder de gran fuerza expansiva. Impaciente por extenderse hasta el Mediterráneo. Teodorico impidió a los francos la salida a este mar por la Provenza, y desde entonces se propusieron invadir el Norte de España. En 542 reanudaron Childeberto y Clotario la guerra contra los visigodos, conquistando a Pamplona y devastando el valle del Ebro. Teudis les dio batalla ante Zaragoza y los forzó a pasar de nuevo los Pirineos. Persuadidos de que nada podían hacer en España, tornaron los merovingios a intentar la expansión por Italia.

Entre tanto, Justiniano ponía en práctica su ambicioso y utópico designio de restaurar el imperio, y reconquistadas Italia y África, dirigía la atención a España, donde la lucha por la corona entre Agila y Atanagildo le ofreció la coyuntura de intervenir en favor del último con el envío de un ejército al mando de Liberio, que terminaba en ese momento de conquistar a Sicilia. Agila fue derrotado y muerto en Sevilla.

Hecho rey Atanagildo (554) accedió a que las tropas bizantinas ocuparan gran extensión de territorio en el Sudeste y en la Bética, desde la desembocadura del Guadalquivir a la del Júcar. Probablemente, por haber rebasado los imperiales las fronteras que se les asignaron se vieron envueltos con Atanagildo en una guerra que duró doce años. Toledo, lugar elegido como centro de operaciones, fue desde aquel instante la capital de la monarquía. Por un lado, la ocupación de parte de Andalucía y del Levante por los bizantinos, imperiales y católicos, fomentó la romanización, neutralizando el influjo germánico, pero por otro añadió una nueva complicación a las muchas que conspiraban contra la unidad del nuevo Estado. El logro de esta unidad será la preocupación cardinal de casi todos los reyes godos, y tendrá en Leovigildo y su hijo Recaredo los más resueltos e ilustres autores.

La unidad del nuevo Estado

Leovigildo se pasó el reinado guerreando. Limpió la Bastetania de bizantinos (570), y en los dos años siguientes tomó a Ecija, Medina-Sidonia y Córdoba. Acabó con el importante reino de los suevos, primero, no transigiendo con sus frecuentes incursiones en los territorios vecinos; obligándoles luego a reconocer la supremacía política de Toledo, y, finalmente, anexándose el reino, movimiento facilitado por las divisiones y disturbios de que era teatro a la sazón el Noroeste.

Hubo de hacer frente Leovigildo a los vascones sublevados, problema que subsistirá a lo largo de toda la época visigótica, en particular como cuestión fronteriza atizada por los francos. Menester es no olvidar que desde la caída del imperio era esta una región en guerra. En rigor, toda la faja montuosa del Norte se hallaba débilmente prendida a la monarquía. E. Mayer opina que los vascones del Pirineo se mantenían independientes.E. Mayer. Hª de las Instituciones Sociales y Políticas de España y Portugal durante los ssiglo V al XIV, p. 125.

En 574 se sublevó la Cantabria, y Leovigildo emprendió una operación que equivalió a reconquistarla y reorganizarla dentro de límites precisos y nuevos. Desde entonces comprendió esta provincia todo el territorio diocesano de Oca, más la región de Vizcaya, la mayor parte de Álava, Berrueza, la actual Álava riojana, las Amezcoas y la zona de Calahorra y Logroño. La Cantabria se hallaba regida por el duque Pedro cuando avino la invasión árabe.Abad de Silos. Ibíd., t. I, pp. 41, 42.

En 581 hizo frente Leovigildo a otra rebelión vascona, que sofoco, y para conmemorarlo fundó Victoriacum (Vitoria). En el reinado de Recaredo volvieron a sublevarse los vascones, lo mismo que los astures. Nueva subversión vascona ocupó a Gundemaro (600-612). Los vascones de la Gascuña fueron reducidos por Suintila (621-631), fundador de Olite (Oligitum), en la actual Navarra, para impedir sus frecuentes incursiones en el Sur de los Pirineos.

Wamba (672-680) también se vio absorbido por las rebeliones vasconas, a una de las cuales atendía cuando la infidencia de Paulo le obligó a trasladarse a la Septimania. En fin, la invasión árabe sorprendería a Rodrigo tratando de suprimir nuevos desórdenes en aquellas mismas tierras. Sabido es que la reconstitución del imperio apenas sobrevivió a Justiniano. Se luchaba en todas las fronteras. Persas, eslavos, avares amenazaban las posiciones bizantinas. En 508, los lombardos habían invadido a Italia. Aislados los imperiales que se habían establecido en la Península, se vieron en situación desesperada.

Gundemaro los quebrantó mucho y Sisebuto o Siseberto, llevando contra ellos enérgicamente la guerra, los arrinconó en algunas plazas del Algarbe (616). Cupo a Suintila el honor de expulsar a estas fuerzas de sus últimas posesiones del Sudoeste de España y de traer a toda la Península a la obediencia de los reyes visigodos. San Isidoro lo consigna con cierto alborozo: Totius Hispaniae supra oceanis fretum monarchia regni primo idem potibus, quod nulli retro Principem est callotum.

En el proceso de la unificación de la Península se atravesaba la cuestión religiosa, en extremo enconada, pues no solo se gestaba en la dificultosa convivencia de la fe católica y la arriana; incompatible con ambas era la posición religiosa de los judíos . Leovigildo quiso resolver el conflicto católicoarriano con la unidad espiritual sobre la base de la aceptación del arrianismo por la sociedad hispanorromana.

El intento tenía que fracasar, porque el arrianismo era la religión de una minoría, muy influida ya por los vencidos. Sin embargo, desde 576, Leovigildo no cesó de molestar a los católicos. La conversión de su hijo Hermenegildo le enfureció, y la persecución que desencadenó se trocó en virulenta guerra civil. Triunfó en apariencia el rey (si no es cierto que apostató antes de morir), pero en realidad la guerra civil se resolvió a favor de la fe y los sentimientos de la sociedad hispanorromana. Esa victoria no tardó en manifestarse con la transcendental conversión de Recaredo cuando aún no llevaba reinando un año.

La conversión oficial y solemne en el Concilio III de Toledo (589) puso término al fatal dualismo religioso y estableció sobre un cimiento inconmovible la unidad católica. Lo exigía, ante todo, la necesidad del Estado, y así se desprende de la Declaración del propio monarca. Con la conversión se tiende a dar unidad social al pueblo español.Menéndez Pelayo. Historia de los Heterodoxos Españoles. f. II, cap. X, p. 209.

De esa unidad cristiana quedaban fuera los vascos no romanizados de la Vasconia y de la Vardulia, tribus aún por evangelizar. Pamplona y la Rioja, donde coexistían el vascuence y el latín, como hemos dicho, enviaron sendos obispos al Concilio de la conversión. Mumius Calagurritanae ecclesia episcopus suscripsi... Liliolus Pampilonensis ecclesia episcopus suscripsi....Actas de los Concilios en la colección de don Juan de Tejada y Ramiro. Madrid, 1859.

La monarquía goda de España duró dos siglos y medio escasos (476-711), pero el periodo fue de intensa unificación. Factores de suma importancia en ese proceso fueron la monarquía y el Estado, por primera vez ajustados a la medida de la Península, aunque con el borde saliente de la Septimania. La monarquía era absoluta y soberana, y la autoridad del rey, una función pública, y no mera tiranía personal Pirenne. Esta monarquía evolucionaba en la dirección del sistema bizantino. La elección de los reyes, que Lot parece haber tomado en serio, cree Ziegler que es una fantasmagoría. En realidad, había en España, como en Bizancio, una mezcla de hereditarismo e intriga y súbitas violencias (Pirenne).

No había teocracia, contra lo que comúnmente se piensa. La Iglesia apoyaba el absolutismo real, pero el rey solo dependía de esta institución para defenderse de la aristocracia. La sumisión eclesiástica rayaba en el servilismo. Los obispos eran designados por la corona. Los dieciocho concilios que se reunieron entre 598 y 701 fueron convocados por el monarca. En ellos se sentaban junto a los prelados miembros seglares de la corte.Henri Pirenne. Ibíd., p. 49 ss.

Dada la antigua relación de los godos con el imperio que tanto influyó sobre ellos, en sus costumbres y en su pensamiento, la romanización de estos bárbaros, una vez dueños de la Península, fue rapidísima. La sociedad romana los absorbió fácilmente, y la monarquía, servida por más dignatarios romanos que germánicos, se constituyó, en parte muy considerable, sobre el molde de las instituciones romanas. Leovigildo dividió a España en ocho provincias: Galletia, Asturia, Autrigonia, Hiberia. Lysitania, Bética, Hispalis y Aurariola.

El Código de Eurico, promulgado en 475 para regular las relaciones entre los godos y los romanos, salió de plumas romanas. El Breviario de Alarico (507) es una ley romana en casi toda su extensión. El Liber iudiciorum, finalmente conocido por Fuero Juzgo, decretado por Recesvinto en 634, es romano y eclesiástico en espíritu.Pirenne. Ibíd., p. 50, 51.

Establecida la unidad de la ley, se dio un paso más hacia la compenetración de los españoles. Facilitados los matrimonios entre las dos razas, sujetos todos los miembros de la sociedad al derecho góticorromano, los habitantes de la Península constituían una sola nación cuando se presentó la invasión árabe.Herculano. Ibíd., p. 30.

Muy pronto adoptaron los visigodos la lengua de los romanos. Eurico escribió en latín, como los demás reyes germánicos. No hay nada que confirme que los godos conservaron su idioma. Se supone que el lenguaje gótico había desaparecido en tiempo de Recaredo. Por la descomposición del latín se formaron las lenguas romances. En el siglo V esta evolución debía de estar ya muy avanzada. En la corte visigoda, los intelectuales hablaban un latín escolástico, el de San Isidoro; las personas cultas, pero sin estudios especiales, hablaban, sin duda, un latín muy romanceado; el pueblo usaría un llano romance.Menéndez Pidal. El idioma español en sus primeros tiempos. p. 109.

Ninguna prueba más palmaria de lo acabada que había llegado a ser, en el orden de las instituciones generales, la unidad peninsular bajo los visigodos que la sorprendente simultaneidad con que se produjo la transformación de la lengua en todas las regiones de la monarquía. Estudiando el romance en la Edad Media, Menéndez Pidal observa que los rasgos comunes presentes en el portugués, leonés, catalán y aragonés de entonces eran los mismos que había poseído el idioma usado en la generalidad del reino visigodo.

RAMOS-OLIVEIRA, Antonio, Historia de España, Compañía general de ediciones, 1950, México, T. I págs. 267-274.

Turismundo

Predecesor: Teodorico I

Sucesor: Teodorico II

Biografía

TURISMUNDO, rey de los Visigodos (?; 451-453). Hijo y sucesor de Teodorico I. Participó con su padre en la batalla de Campus Cataláunicos (llanos de Troyes, Francia 20-VI-451), en la que una coalición de visigodos, francos burgundios y romanos bajo el mando del general Aecio se enfrentó victoriosamente a los hunos de Atila. No obstante, en el transcurso de la batalla Teodorico I encontró la muerte (en el llamado Campus Mauriacus), por lo que al finalizar el combate, Turismundo fue proclamado rey de los visigodos. Sin embargo, su nombramiento no fue aceptado de manera unánime entre los nobles visigodos, algunos de los cuales apoyaban al hermano de Turismundo, de nombre también Teodorico, por lo que se desencadenó una querella sucesoria.

Durante su corto reinado, Turismundo se propuso aumentar los límites del reino visigodo de Tolosa interviniendo en la Septimania, en detrimento de la provincias que estaban bajo control romano. Con el propósito de controlar el litoral mediterráneo, sometió la ciudad de Arlés (Provenza) a un asedio infructuoso (453). Tras haber restablecido la autoridad romana en gran parte de la Galia meridional, el general Aecio recibió del Imperio la misión de eliminar a Turismundo, aunque fue su hermano Teodorico quien orquestó el asesinato (453). Proclamado rey de los visigodos, Teodorico II (453-466) emprendió con éxito la expansión del reino de Tolosa por la Narbonense.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, T. XXI pág. 10396.

Gesaleico

Predecesor: Alarico II

Sucesor: Teodorico El Grande

Biografía

Gesaleico.Retrato de Gesaleico (1890)

GESALEICO, rey de los Visigodos (?; 507-510). Era hijo del rey Alarico II († 507), de modo que por línea paterna pertenecía a uno de los más nobles y prestigiosos linajes godos, el de los Baltos, protagonista de la etnogénesis visigoda y de la fundación del reino godo de Tolosa. Sin embargo, su madre era una concubina al decir del posterior Isidoro de Sevilla, que deduce también de ello el carácter inferior vilissimus de su linaje. Sin embargo, parece razonable pensar que tales expresiones no sean sino muestras de la incapacidad de los eclesiásticos de la época de comprender la verdadera naturaleza del Friedlehe germánico. Si al igual que en el caso de las concubinas romanas no era infrecuente que estas esposas de segundo rango fuesen de status social inferior, incluso servil, se diferenciaban de aquellas en tener una consideración social mucho más elevada, pudiendo alcanzar la posición de auténticas consortes, y sus hijos estar plenamente habilitados para recibir la herencia de sus padres, incluso hasta la sucesión real, en igualdad de derechos que sus hermanastros legítimos.

Y tal fue el caso de Gesaleico. Muerto Alarico II en la desastrosa batalla de Vouillé, a principios del verano de 507, el ejército y los nobles godos perseguidos reconocieron por Rey a Gesaleico, marginando a Amalarico, hijo de Alarico II y de Tiudigoto, hija de Teodorico El Grande, que debía contar con muy pocos años de edad. Las circunstancias extremas, con peligro de desaparición del reino y la etnia visigodos, exigían alguno de la estirpe Balta con demostradas capacidades militares. Y Gesaleico demostró que las tenía, aunque el resultado final sería trágico para él.

Perdido una parte del tesoro real visigodo y la capital, Tolosa, ocupada por los francos, al igual que la Auvernia, Gesaleico con los restos del ejército y tesoro real trató de impedir el avance del burgundio Gundobado († 516) por Provenza, pero sería derrotado, no pudiendo así impedir la toma de Narbona, quedando tan solo en poder godo las plazas fuertes de Carcasona y Arlés, además de los dominios periféricos hispánicos.

Sería entonces, cuando temiendo por sus intereses itálicos, Teodorico el Amalo († 526) se decidiera a intervenir militarmente, pretextando defender los derechos de su nieto Amalarico. La acción ostrogoda, bajo el mando de Ibbas salvó la Septimania y la Provenza godas, pero supuso considerar a Gesaleico usurpador. Este había huido a la Península Ibérica, tratando de hacerse fuerte en Barcelona. Con el vital tesoro real, que estaba en Carcasona, y el Balto-Amalo en manos ostrogodas, Gesaleico trató desesperadamente de aliarse con los francos y burgundios, a cambio posiblemente de ceder todos los antiguos dominios godos en la Galias. Una cesión que necesariamente tuvo que enemistarle con los sectores de la nobleza visigoda más vinculada a la corte de Alarico, como sería el conde Goerico, que Gesaleico asesinó en Barcelona.

Las guerra contra los ostrogodos resultó casi inevitable. En 510 el general ostrogodo Ibbas derrotaba en España a Gesaleico que, falto de apoyos en la nobleza visigoda, tuvo que huir a África. Sin encontrar apoyo alguno en la corte vándala, el animoso Gesaleico regresó de incógnito al sur galo, donde trató de reclutar una tropa con antiguos soldados godos dispersos, y posiblemente con alguna ayuda económica merovingia o burgundia. Pero derrotado de nuevo por Ibbas, Gesaleico se vio nuevamente obligado a huir, en busca de refugio entre los burgundios. En ese trance, sus perseguidores ostrogodos lo hicieron prisionero cuando de disponía a atravesar el río Durance, ejecutándole de inmediato.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2011, Vol. XXII, págs. 725-726.

Teudiselo

Predecesor: Teudis

Sucesor: Agila

Biografía

TEUDISELO, rey de los Visigodos (?; 548-549) [?-Sevilla]. También Theudisclo, Teudisclo o Teudigiselo. Sucesor de Teudis (531-548), era, como él, de origen ostrogodo. General del ejército visigodo bajo el reinado de su predecesor, destacó en su enfrentamiento victorioso, en 541, contra los francos, que atacaron la Tarraconenese descendiendo por el valle del Ebro. Teudiselo fue elegido rey de los godos en junio de 548 con el apoyo de la nobleza visigoda que había sido partidaria de Teudis.

Su breve reinado estuvo marcado por una inestabilidad creciente que el monarca no fue capaz de controlar; en este sentido intentó reforzar sin éxito el dominio visigodo de la Bética y la autoridad real sobre la aristocracia. Víctima de un asesinato orquestado por magnates conjurados durante un banquete en su palacio en Sevilla, San Isidoro lo acusó de seguir una conducta libidinosa y justificó su muerte como castigo por los actos de adulterio con hijas de nobles de la corte. Sucedido por el visigodo Agila (549-555), su muerte marcó el final del llamado —intermedio ostrogodo.—

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, T. XXI pág. 10185.

Liuba I

Predecesor: Atanagildo

Sucesor: Leovigildo

Biografía

Teodorico, Rey de los Ostrogodos y del Reino ostrogodo de Italia.El lienzo representa a Liuva I.

ERVIGIO, rey de los Visigodos (?; 567-571). Es absolutamente cierto que Liuba reinaba ya el 15-VII-568; pero los modernos investigadores, al tratar de determinar las fechas de la muerte de Atanagildo y de la elección de Liuba, llegan a conclusiones que, además de no ser satisfactorias, se contradicen. El padre Fita y K. Zeumer afirman que el reinado de Liva debió comenzar hacia el mes de noviembre del año 567. Admitida la duración mínima del interregno —cinco meses—, Atanagildo tendría que haber muerto en el mes de junio, y a esto se oponen las noticias referentes a la boda de la segunda de sus hijas, que no debió salir de Toledo sino en esa fecha precisamente y viviendo su padre. Sin negar la posibilidad de las conclusiones de aquellos reputados historiadores, hemos de convenir en que la fecha que antes se daba como inicial del reinado de Liuba, los primeros meses del año 568, no presenta estas dificultades.

El reinado de Liuba no puede estudiarse sino conjuntamente con el de Leovigildo, al cual transmitió la mayor parte de su reino en el año segundo de su reinado, en fecha comprendida entre el 2-VIII-568 y el 1-VIII-569 según una inscripción. Liuba hubo de morir hacia marzo de 572, y desde entonces Leovigildo fue rey único. Los motivos que Liuba tuviera para encomendar a Leovigildo el gobierno de una parte de su reino no aparecen claros, pero puede pensarse que, dadas las dificultades que para su elección hubo, tal vez desease, entregando a Leovigildo el gobierno de ciertas regiones hispanas, evitar posibles sublevaciones o acabar con ellas.

Si tenemos, además, en cuenta que Liuba —que era dux en Narbona— había sido, en realidad, elegido solo por los visigodos de la Narbonenese, según parece deducirse de los textos de San Isidoro, comprenderemos que asociase al trono a su hermano, que tal vez era dux de Toledo y que debía gozar de gran ascendiente en estas regiones, ascendiente que luego aumentó casándose con la viuda de Atanagildo, Goswintha. No creemos exacto que Liuba y Leovigildo fuesen hermanos de aquel rey, pese al pretendido testimonio de un códice de la Turonense; el rápido matrimonio de Leovigildo con la viuda de Atanagildo dice algo en contra del pretendido parentesco. De Liuba I no sabemos sino su muerte en el año 573. Con ella volvieron a unirse ambos reinos visigóticos.

TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, T. III págs. 97-98.

Liuba II

Predecesor: Recaredo

Sucesor : Witerico

Biografía

Liuva IIRetrato imaginario de Liuva II.

LIUBA II, rey de los Visigodos (584-603; 601-603) [Toledo-?] Flavius Liuba Rex. Por parte de su padre, el rey Recaredo († 601), Liuva pertenecía a un muy noble linaje godo, posiblemente de origen ostrogodo y tal vez emparentado lejanamente nada menos que la gran estirpe de los Amalos. Sin embargo, su madre era de origen humilde, tal vez servil. El que al recién nacido se le asignara un nombre propio del acervo onomástico de la familia de su ilustre padre sería un indicio de reconocimiento de su paternidad y hasta legitimidad conforma a la estructura de parentesco germánicas, aunque no precisamente de la Iglesia. Ello hace suponer que su humilde madre en realidad había contraído con Recaredo un lazo de unión propio de una Freidlehe de tradición germánica, que, además de reconocer a la mujer bastantes derechos, convertía a los hijos nacidos de su unión en aptos para heredar la fortuna y posición paternas.

El nacimiento de Luiva II se produjo en 584, año en cuyo mes de septiembre la princesa Rigunta, hija mayor del merovingio Chilperico de Neustria († 584) y Fredegunda, había viajado a Toledo para contraer matrimonio canónico con Recaredo, todavía corregente con su padre Leovigildo († 586), matrimonio que se había concertado varios años antes, posiblemente en el 579, pero para cuya consumación se esperó a que los dos contrayentes tuvieran la edad apropiada. Lo que podía ser indicio de que la ignota madre de Liuva II fue el primer amor en la vida de Recaredo, explicando así el interés que demostraría su padre por él.

El rey Recaredo celebró como mínimo otros dos matrimonios canónicos, además del señalado con la princesa Rigunta. Sin embargo, todos ellos o fueron de muy corta relación, muriendo sus madres posiblemente de parto, o en todo caso no debieron engendrar hijos varones. Pues de otra forma no se entendería fácilmente la facilidad con la que el joven Liuva II pudo suceder en el trono a su padre. Máxime si se tiene en cuenta que la tercera de las esposas legítimas de Recaredo, la reina Baddo, muy probablemente pertenecía a una noble y poderosa estirpe goda, cuya alianza el soberano había considerado muy necesaria para el decisivo giro en su política que significó su conversión al catolicismo. Muerto en diciembre de 601 Recaredo, su hijo Liuva II le sucedió en el trono.

Sin embargo, la falta de una familia materna noble e influyente y su misma juventud no constituían el mejor bagaje para mantener unido a su persona el complicado juego de alianzas que su padre y abuelo paterno habían sabido entretejer entre la nobleza goda. Y lo cierto es que al año y medio de reinado, en el verano del 603 (entre el 12 de junio y el 6 ó 7 de julio), un miembro de la alta nobleza, Witerico, encabezó una incruenta rebelión que contaría con el apoyo de gran parte de los nobles unidos a la casa de Recaredo.

Este hecho permitiría respetar en un primer momento la vida del joven Liuva, al que tan solo se le inhabilitó para reinar cortándole la mano derecha. Sin embargo, el temor al surgimiento de una oposición nobiliaria, especialmente en tierras septimanas donde la familia de Leovigildo tenía sus raíces, que pudiera utilizar al derrocado para legitimar una nueva rebelión, aconsejó al resuelto Witerico mandar asesinar al desgraciado Liuva.

GARCÍA MORENO, Luis Agustín, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, 2012, Vol. XXIX, págs. 704-705.

Witerico

Predecesor: Liuba II

Sucesor: Gundemaro

Biografía

Tremis de oro acuñado durante el reinado de Witerico.Tremis del reinado de Witerico.

WITERICO, rey de los Visigodos (?; 603-610). Todavía bajo el reinado de Recaredo I (596-601), participó en una sublevación arriana que tuvo lugar en la Lusitania (588), donde un grupo de nobles opuestos al rey, aglutinado en trono al obispo arriano de Mérida, Sunna, asesinó al dux de Lusitania, Claudio, y al obispo Massona. La rebelión no triunfó por falta de apoyo y, precisamente por la delación del propio Witerico. En diciembre de 601 subió al trono un hijo natural de Recaredo, Liuba II (601-603). En verano de 603, Witerico encabezó una sublevación, al parecer incruenta, que acabó con la captura de Liuba II, su destronamiento y la proclamación como rey de Witerico. Este mutiló a su predecesor cortándole la mano derecha con el fin de impedirle volver a reinar, pero poco después, tal vez temiendo intentos de restauración del monarca derrocado por sectores aristocráticos que le eran contrarios, ordenó su ejecución. Witerico desarrolló entonces una enérgica política tanto exterior como interior.

En cuanto a la primera, encabezó diversas ofensivas militares, algunas con éxito, contra los bizantinos del sur peninsular; en este sentido cabe mencionar la toma de Saguntia (Cádiz), situada en la importante calzada de Sevilla a Baesippo (Barbate, Cádiz), inscrita en la campaña por el control del Estrecho de Gibraltar. También intentó reforzar frente a los merovingios la frontera septentrional de la Septimania, objetivo el que se inscribe el proyecto de enlace matrimonial de su hija, Ermenberga, con Teodorico II de Borgoña (595-613; en Austrasia desde 612).

La oposición de la poderosa reina madre Bruniquilda —bisabuela, a la sazón, de Teodorico II y de Teodoberto II de Austrasia (595-612)— regente del reino merovingio tras la muerte de su esposo (575), Sigeberto I de Austrasia (561-575), y de su hijo (595) Childeberto II de Austrasia (575-595; en Borgoña desde 592), desbarató el enlace. Witerico intentó entonces orquestar una gran alianza con Clotario II de Neustria (584-629), el citado Teodoberto II de Austrasia y el lombardo Agilulfo (590-616), aunque tampoco fue más allá de un proyecto. En cuanto a política interior, llevó a cabo una inmensa afirmación del poder real y de su familia frente a la nobleza, especialmente la de la Narbonense, lo que al final redundaría en la conspiración que le llevó a la muerte.

En abril de 610, un complot tramado en el seno de su propia facción (no por miembros de la facción proclive al catolicismo, como venía proponiendo la historiografía clásica) desembocó en su asesinato durante un banquete en la ciudad de Toledo. Le sucedió Gundemaro (610-612), elegido probablemente entre los nobles que urdieron en complot.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, T. XXII pág. 10927.

Gundemaro

Predecesor: Witerico

Sucesor: Sisebuto

Biografía

Painting of Gundemaro.Retrato imaginario de Gundemaro.

GUNDEMARO, rey de los Visigodos (?; 610-612). Rey tras su elección por los que habían protagonizado la conjuración (IV-610) contra su antecesor. Se desconocen los datos previos de su acceso al trono y es probable que perteneciera a la facción nobiliaria que anteriormente había apoyado el gobierno de Witerico. La administración central siguió regentada por la misma oligarquía nobiliaria que había detentado el poder hasta entonces, como el conde Bulgar, que fue nombrado Dux de la Narbonense. Hacia 910 tuvo que hacer frente —al igual que su antecesor—, a las continuas incursiones de cántabros y vascones en las tierras de los valles del Duero y del Ebro.

Su política exterior —continuación de la iniciada por su antecesor— se centró en el acercamiento a Austrasia, a través del mantenimiento de su amistad con Teodoberto II de Austrasia (595-612) y con el rey franco Clotario II de Neustria (584-629) y de su hostilidad hacia la regente de Austrasia Brunequilda o Brunhilda y hacia el rey de Borgoña (595-613) y de Austrasia (612-613) Teodorico II, y su oposición al Imperio bizantino. Ante la posibilidad de una acción coordinada entre borgoñones y ávaros en Austrasia, concedió una ayuda monetaria a Teodoberto II a través de Bulgar.

En el transcurso de estas negociaciones Teodorico II apresó a algunos enviados visigodos, ante lo cual Bulgar se apoderó de Iuviniacum (Juvignac) y Cornelianum (Corneilhan), ciudades que habían sido entregadas por Recaredo I (586-601) a Brunequilda y que el dux retuvo hasta que los nobles godos fueron puestos en libertad. Con el propósito de poner fin a la presencia bizantina en la Península y aprovechando la crisis interna que padecía Bizancio debido a los avances de la tropas del rey persa Cosroes II (590-628) en la península de Anatolia, organizó una expedición contra una importante plaza en poder bizantino, que, según algunos hallazgos, podría localizarse en Levante.

Al contrario que su antecesor mostró un gran interés por los problemas de la Iglesia y para poner solución a los mismos y reafirmar la primacía de Toledo como sede metropolitana el 23-X-610 convocó un concilio de los obispos de la provincia cartaginense de Toledo, primero celebrado desde el reinado de Recaredo I y que contó con la asistencia de quince de ellos.

Los obispos publicaron una declaración en la que se establencía que Toledo era la metrópoli de toda la provincia Cartaginense, que fue corroborada por el monarca mediante decreto decretum Gundemari. En esta declaración conjunta, que posiblemente fue redactada por San Isidoro de Sevilla, fue ratificada la indivisibilidad de la provincia Cartaginense, en la que primaba como sede metropolitana la ciudad de Toledo.

Mientras que la primera declaración se oponía a la creación —por Leovigildo (568-586) o Recaredo I— de la provincia de Carpetania sobre los territorios de la Cartaginense, con lo que se reconocía la dominación bizantina de la Península, la segunda sostenía la preeminencia de Toledo, visigoda, sobre Cartagena, bizantina, es decir, se reafirmaba que el dominio de Bizancio era temporal y que carecía de derecho histórico. Su política interior se caracterizó por una limitación de los Cartaginenses. Favoreció a la aristocracia fundiaria, lo que le permitió concluir el reinado de forma pacífica. Murió en Toledo en febrero o marzo de 612. A su muerte le sucedió Sisebuto.

VARIOS AUTORES, Gran Enciclopedia de España, Ed. Enciclopedia de España, 2003, T. X pág. 4979.

Sisebuto

Predecesor: Gundemaro

Sucesor: Recaredo II

Biografía

Tremis de oro acuñado en Sevilla durante el reinado del rey Sisebuto.Tremis del reinado de Sisebuto.

ERVIGIO, rey de los Visigodos (?; 612-621). Sucede por elección legal a Gundemaro en el año 612. Fue el primer rey germano, s. y medio antes que Carlomagno, que promovió la cultura entre su pueblo, alentando uno de tantos efímeros renacimientos que se vislumbran a lo largo de la Edad Media. Por primera vez, esta cultura tiene ya un sentido claramente español, aún cuando su principal adalid, San Isidoro, fuese de la estirpe goda. San Isidoro, que en 599 sucede en la silla hispalense a su hermano San Leandro, es el esplendor de su s. , que con razón se ha llamado época isidoriana. San Isidoro es el creador de una cultura de fuerte carácter nacional, que prevalece a través de las vicisitudes de la dominación musulmana y de la Reconquista.

El reinado de Sisebuto quedó configurado por las características de la época isidoriana, es decir, auge de la cultura oficial en versión romanizante, persecución del arrianismo y protección para la iglesia católica. Fue un hombre culto y erudito, versado en letras latinas, amante de las ciencias y autor de una obra hagiográfica, Vida de San Desiderio del Astronomicon, poema de sesenta hexámetros, dedicado a la incidencia de los astros en el hombre. A estas cualidades intelectuales se le unían otras de carácter moral: el temor de Dios, el espíritu misericordioso y el temple de ánimo. Prosiguió el rey la expansión territorial iniciada con Leovigildo, basada en el principio de la unidad; venció a los bizantinos (imperiales), obligándolos a una paz que reducía las posesiones bizantinas en la península a los Algarves (616), mostrando en esta guerra tal clemencia que no solo cuidó esmeradamente a los enemigos heridos, sino que puso en libertad a los prisioneros, pagando el rescate de su propio peculio.

El emperador Heraclio parece que puso como condición, para firmar esta paz, que se expulsase de España a los judíos , movido, de un lado, por el hecho de haber estos comprado a Cosroes 80.000 cautivos cristianos, a los que degollaron sin piedad, y de otra a una predicción que le habían hecho de que sería destronado y arruinado por el imperio de una nación errante y circuncisa.

En 616 Sisebuto no ordenó la expulsión sino de los que no se convirtieron al cristianismo en el plazo de un año, por lo que se convirtieron 90.000, siendo los restantes severamente perseguidos (se promulgaron una serie de leyes que castigaban con azotes, mutilación y confiscación de bienes, a los judíos no conversos).

San Isidoro y el IV Concilio Toledano criticaron duramente estas medidas legislativas, y estas, desgraciadamente se volvieron contra los intereses del reino visigodo. Los judíos , convertidos o no, se hicieron enemigos de los Godos, y cuando el reino fue atacado por los árabes, prestaron gustosos su apoyo a los invasores. Es de tener en cuenta que los judíos debían de constituir ya por entonces en España un elemento de discordia y de desunión.

El emperador Adriano, tras la segunda Guerra Judía (132-135), hizo transportar a España 50.000 familias judías, llegando a ser los hebreos centenares de miles en tiempo de los godos. Muchos judíos se vieron obligados a huir al reino de los francos.

El rey Sisebuto y su ejército mandado por los generales Requila y Suintila, sofocó las rebeliones de astures, rucones, pueblo de situación no bien determinada y de vascones. Se distinguió por su generosidad con los vencidos. El rey interesado por las cuestiones marítimas creó una escuadra y parece que restableció la dominación visigoda en algunas plazas del norte de África. Se cree que Sisebuto murió envenenado. Le sucede en el trono su hijo Recaredo II.

BRADLEY, Enrique, Historia de los Godos, Ed. El Progreso Editorial, 1890.

Recaredo II

Predecesor: Sisebuto

Sucesor: Suintila

Biografía

RECAREDO II , rey de los Visigodos (?; 621). Sucede a su padre el rey Sisebuto, pero apenas reina durante un mes (febrero-marzo), siendo privado de la corona por el duque Suintila, que ocupo el trono en su lugar.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 406.

Suintila

Predecesor: Recaredo II

Sucesor: Sisenando

Biografía

SUINTILA, rey de los Visigodos (?; 621-631). El duque de Suintila, que, como general de Sisebuto, se había distinguido en las campañas contra los bizantinos, ocupa el trono, en circunstancias desconocidas, después del brevísimo reinado de Recaredo II. Luchó contra los vascones que infestaban la tarraconense, sometiéndoles, obligándoles a dar rehenes y construyendo con sus prestaciones y trabajos forzados la ciudad de Ologicus u Otogitis, que se ha identificado con la de Olite, en Navarra. Otro éxito militar resonante que obtuvo Suintila fue el de lograr la total evacuación de España por los bizantinos, después de haberles derrotado en una batalla, haciendo prisionero a uno de los patricios que los mandaba y haberse apoderado de otro por una estratagemaprudentía suum fecit, Isidoro, Historia Goth, 62.

El prestigio obtenido con estas victorias le permitió asociar al trono a su hijo Ricimer, preparando así su sucesión hereditaria. Isidoro termina en el año 630 una de las dos redacciones conservadas de su Historia de los Godos, con un caluroso elogio de Suintila, munificente para todos, largo para los pobres e indigentes, pronto a la misericordia, hasta el punto de que mereciera ser llamado no solo príncipe de los pueblos, sino, también, padre de los pobres. Pero en el año siguiente, un noble, Sisenando, compra con una riquísima bandeja de oro el apoyo del rey franco Dagoberto, y con la ayuda del ejército de este llega hasta Zaragoza y se proclama allí rey, sin que Suintila pudiese oponerle una resistencia eficaz.

En el Concilio IV toledano, reunido en el año 633 y presidido por el propio Isidoro, el padre de los pobres se ha convertido en uno de los criminales que son privados a possessione rerum, quas de miserorum sumptibus hauserunt. De las actas de dicho concilio se deduce que pudo salvar la vida mediante una confesión de sus crímenes y una renuncia espontánea de la dignidad regia.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z, pág. 711.

Sisenando

Predecesor: Suintila

Sucesor: Chintila

Biografía

SISENANDO, rey de los Visigodos (?; 631-36). Era un noble visigodo que poniéndose al frente, sin duda, de un movimiento de próceres y eclesiásticos descontentos con la política de Suintila y con su intento de hacer hereditaria la corona en su hijo Ricimer, al que había asociado al trono, consiguió derrotarle después de haber comprado el auxilio militar de los francos. De sus hechos apenas sabemos más que la reunión el 5-XII-633, del Concilio IV toledano, en el que se acusó un predominante influjo eclesiástico en la gobernación del Estado, precio que hubo de pagar Sisenando al reconocimiento de su accesión violenta al trono y al apoyo de las altas jerarquías eclesiásticas, que decretan la exoneración de Suintila y la confiscación de sus bienes y de los de sus familiares, formulando el anatema contra el que, en adelante, conjure contra el rey, y se da a los grandes la garantía de que, en lo sucesivo, han de ser ellos, con los obispos, los que elijan al sucesor al trono. También se aprobaron nuevas medidas persecutorias contra los judíos . Sometido al clero, y habiendo ganado con ello la fama de paciente y ortodoxo, Sisenando murió pacíficamente en Toledo el 12-III-636.

VÁZQUEZ DE PARGA, Luis, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg. 2ª edición. Ed. de la Revista de Occidente, 1969, T. N-Z pág. 670.