Witiza

Biografía

Retrato imaginario de Witiza, por Manuel Iglesias y Domínguez

Retrato imaginario de Witiza, por Manuel Iglesias y Domínguez

Rey visigodo, 700-710. La figura de Witiza ha sido profundamente falseada. Difícilmente logrará la crítica histórica dar una visión que sea aceptada unánimemente de este rey, quien la Historia, durante largos siglos, ha hecho responsable principal de la caída del Estado visigótico. No es propia de este lugar al exposición minuciosa de la profunda controversia que este reinado suscita.

Antes de exponer escuetamente las pocas noticias que sobre el reinado de Witiza pueden hoy conjeturarse, diremos únicamente que los estudios, recientemente publicados, de Ramón Menéndez Pidal acerca del origen de las leyendas de los últimos reyes godos, han venido a renovar todas estas controversias, planteadas por él con su claro dominio y maestría.

La más interesante de las aludidas leyendas es la que da por causa de la pérdida de España y su dominación por los árabes el ultraje del conde Julián y sus deseos de venganza. La hija del conde don Julián se educaba en la corte visigoda y fue violada por el rey.

El conde, para vengar la ofensa, incitó a los árabes a la conquista de España y les prestó ayuda. La elaboración de esta leyenda ha de ser obra de los cristianos, vencidos e interesados en disculpar su derrota. Pero tiene tres formas principales, en cada una de las cuales pueden estudiarse curiosas variantes: la leyenda mozárabe, que atribuye el estupro de la hija del conde a Witiza, la leyenda entre los witizianos y entre los historiadores árabes, que culpa al rey Rodrigo, y la leyenda entre los cristianos del N., que destierra la de Rodrigo y hereda la de Witiza.

La política interior de Witiza

Antes de examinar, siguiendo a Ramón Menéndez Pidal, la elaboración de estas leyendas y sus formas, expuestas sintéticamente, intentaremos un diseño puramente histórico del reinado de Witiza. Este rey inicia su reinado —y la Continuatio Hispana no deja sobre ello lugar a duda— perdonando a todos los que, con motivo de las sublevaciones, habían sufrido castigos y confiscaciones en vida de su padre Egica, y no excluye de su perdón, en gran parte, a los judíos.

La falta de energía es, desde luego, característica fundamental del gobierno de Witiza. La aludida fuente le llama clementissimus. Estos hechos pueden darse como evidentes, y ya tenemos con ellos no poco logrado para hacer una crítica de la orientación política de Witiza. Creemos que, en este sentido, debe atribuírsele buena responsabilidad en la ruina definitiva del Estado visigótico.

Su política de lenidad, sinónima de política de debilidad, fue causa, sin duda, de que la descomposición interna del Estado se aumentase con nuevas sublevaciones. ¿Cuáles pudieran se las causas de estas? Aun admitiendo la unión al trono de su hijo Aquila, del cual hemos de hablar a continuación, no creemos que haya que relacionar con ella la existencia, a nuestro juicio indiscutible, de nuevas sublevaciones.

Witiza debió querer atraerse a la nobleza reorganizando los cargos palatinos, como nos dice la Continuatio Hispana, y ante alguna o algunas sublevaciones hubo de tomar medidas enérgicas, que dieron luego base para hablar de su crueldad.

Es verosímil que en alguna de estas conspiraciones estuviese comprometida la familia de Pelayo, y hasta puede admitirse como causa una bien humana: Witiza, teniendo todavía su corte en Tuy, anduvo enamorado de la mujer del duque Favila, padre de Pelayo; por esta cuestión el príncipe hirió con el bastón en la cabeza al duque, y tan grave fue la herida, que Favila murió de las resultas. Luego, cuando Witiza subió al trono, desterró de Toledo al hijo de su víctima, Pelayo, que era espatario o guardia real.

La persecución de la Iglesia que se ha atribuido a Witiza, es acaso otro rasgo de la leyenda desfavorable a este rey. Se apoya en unas palabras de la Crónica de Alfonso III, concilia dissolvit, de difícil interpretación.

Don Eduardo Saavedra, que no admitía la realidad de tal persecución, trató de armonizar esta palabras de la Crónica con su teoría, suponiendo que Witiza debió disolver alguna asamblea de nobles. No parece necesaria tal interpretación, que, además, no se adecua con la organización del Estado visigótico ni con las noticias de la Continuatio Hispana, que hemos citado, sobre el Officiun Palatinum. Acaso sea más exacto suponer que no se celebraron concilios.

Hablar del concilio XVIII de Toledo con la seguridad que lo hace Dahn es fantasear. Y si este texto no tuviese otra traducción que la literal, disuelve los concilios, no debería olvidarse que tal vez no es más que uno de tantos rasgos del retrato adulterado de Witiza, pues que se sabe por fuentes fidedignas que la Iglesia, en el momento de la invasión, conservaba su vigor y organización, y las relaciones del mismo Witiza con el arzobispo Félix de Toledo nos son testimoniadas por la Continuatio Hispana.

El elogio que la tan repetida Continuatio Hispana hace de Witiza no es realmente absoluto: quamquam petulanter, clementissimus tamen, dice de él. Ese término petulanter, cuyo exacto sentido no es fácil determinar, ha servido para tener a Witiza por insolente y libidinoso, las cualidades que luego desarrolla la leyenda.

En definitiva: no encontramos en el reinado de Witiza dato nuevo alguno que permita asegurar que se dio durante él un paso más hacia la ruina del estado visigótico. Las causas internas, repetidamente examinadas, terminaron su labor de descomposición y llegaron al colmo al morir Witiza, de muerte natural, según unánime noticia de las fuentes, hasta que Ximénez de Rada inventa una peregrina conseja, y en fecha no exactamente conocida.

Desde luego, la muerte hubo de ocurrir en 710, según las mayores probabilidades; pues consideramos que el pretendido interregno de año y medio que Saavedra admite, apoyándose sobre todo en la Crónica de Rasis, no sería tan duradero.

La sucesión de Witiza

La muerte de Witiza produce en el Estado visigótico una auténtica guerra civil. No creemos que puedan rechazarse las noticias de la Crónica de Rasis, pues la Continuatio Hispana, aunque muy parcamente, nos informa también de las luchas surgidas para ocupar el trono al morir el rey, diciendo que Rodrigo se apoderó tunultuosamente de él a excitación del Senado: Rodericus tumultuose regnum, ortante senatu, invadit.

Los hechos han de reconstruirse de esta forma: Witiza había nombrado arzobispo de Sevilla a un hermano suyo llamado Oppas, a quien podemos ver como cabeza de lo que puede llamarse partido witiziano, que consideraba a Rodrigo como usurpador. La viuda de Witiza apoyaba las pretensiones a la corona de Aquila, uno de los tres hijos del rey difunto. Aquila había sido nombrado dux en la Tarraconense, según Rasis, bajo la guarda y dirección de un noble llamado Requesindo, en vida de su padre, quien pretendía así preparar la sucesión.

Buena parte de los nobles —costumbre acentuada constantemente— no aceptan como rey a Aquila y eligen a Rodrigo. La elección está probada por las fuentes. Aunque el propio Aquila hubiera ya obrado como rey y hasta acuñado moneda, constitucionalmente hablando, los derechos que alegaba no eran válidos. La subida de Rodrigo al trono es, a nuestro juicio, y aunque más legítima, comparable a la de Chindasvinto, que por violenta elección de los nobles despoja de la corona a Tulga, el hijo de Chintila.

No se conoce exactamente la fecha de la elección de Rodrigo, pero desde luego, fue en el año 710. La Continuatio Hispana le asigna un año de reinado, año que, naturalmente, no había de ser exacto. Es difícil saber si se redondeó el año añadiendo algún mes o suprimiéndolo; y por tanto, no es fácil afirmar con bases suficientes si fue elegido antes o después de julio, fecha en que debió de darse la batalla que hundió al Estado visigótico.

R.B.: TORRES LÓPEZ, Manuel, Historia de España Menéndez Pidal, Editada por Espasa Calpe; 1994, Tomo III págs. 134-136.