América precolombina

Historia de los Aztecas
Ámbito geográfico y lingüístico
La Historia Azteca
La Sociedad Azteca
La Religión Azteca
La Cultura Azteca
Lugar de los aztecas en la historia

Ámbito geográfico y lingüístico

En el México prehispánico se desarrolló una brillante civilización, que, con la maya, la inca y la chibcha representa la mayor altura a la que se elevaron las culturas indígenas americanas.

Teotihuacan

Y lo llamaron Teotihuacan, porque era el lugar donde se enterraban los señores. Pues según decían: Cuando morimos, no en verdad morimos, porque vivimos, resucitamos, seguimos viviendo, despertamos. Esto nos hace felices [...] Decían: se hizo allí dios,quiere decir que allí se murió...

Bernardino de Sahagún Primeros Memoriales.

No es exacto el nombre de azteca con que se designa a veces el conjunto de las culturas mexicanas, pues pertenece con más precisión a su última etapa, la inmediata a la conquista correspondiente a la tribu nahua de los shoshones.

Los nahuas, cuya tribu principal eran los shoshones, son una rama del grupo étnico uto que desde las mesetas occidentales de los Estados Unidos se desgajó hasta Centroamérica, para asentarse en el valle de México.

A la misma familia uto pertenecen los idiomas de los shoshones (Idaho, Utah, Nevada), los pimas (Arizona y Sonora) y de otros pueblos del norte de México, que permanecieron en estados culturales inferiores yaquis, tarahumaras, tepehuanes, conchos, huicholes y coras, habiéndose corrido la emigración nahua a Centroamérica, donde se establecieron los pipiles (El Salvador) y los nicaraos (Nicaragua).

Según sus leyendas, el pueblo salió con otras seis tribus, de siete cuevas situadas al Norte (chicomoztoc), en lejanas montañas; pero pronto se dispersaron hacia el Sur, atravesaron peleando territorios ocupados por otros pueblos como el mítico Aztlan, hasta que fundaron su metrópoli en una isla del lago de Tezcoco (meseta del Anáhuac) en el lugar indicado por sus profecías, donde encontraron un águila posada en un nopal, con una serpiente, cuya asociación constituye ahora el escudo de México.

En este lugar fundaron, hacia 1370, la ciudad de Tenochtitlán o México, centro político de su imperio , ciudad virreinal de Nueva España y capital de la República mexicana.

La cultura heredó y desarrolló culturas anteriores surgidas en suelo mexicano, las cuales arrancan de la llamada Cultura Arcaica (por Spiden y Means) o media con nivel neolítico intermedio entre los estadios primitivos y las civilizaciones superiores de más tarde, extendida por las zonas montañosas desde México al Perú, cuyo comienzo señala Vaillant hacia los siglos inmediatamente anteriores a la Era Cristiana; se caracterizaba por la agricultura (maíz), cerámica, tejidos, instrumentos de piedra y hueso y escritura rudimentaria.

De ella procedieron otras culturas llamadas independientes por Vaillant (siglos IV y VIII), de pueblos no nahuas y anteriores a estos: los maya (ya desde el siglo I, por lo menos), la olmeca —si no es anterior— (yacimientos de Tres Zapotes y La Venta), la zapoteca (Monte Alban, y luego Mitla), la totonaca, la mixteca y la tolteca.

Para Ignacio Marquina, de la cultura arcaica proceden, en épocas distintas, tres ramas principales: la olmeca (de la que derivaría la maya), la tolteca y la nahua, de las que surgirían las otras. Se ha supuesto que se debería la aparición de las culturas superiores (politeísmo, arte, arquitectura, escultura, calendario, conocimientos astronómicos, metalurgia —esta desde el siglo XI—, elementos no surgidos simultáneamente) a impulsos de fuera de América. Vaillant y Krickeberg y la escuela norteamericana en general afirman el desarrollo puramente autóctono,

La etapa siguiente a la arcaica superior en el Anáhuac corresponde ya al llamado imperio tolteca (siglo VII u VIII-XI), cuyo apogeo se centra de 850 a 1000; sus centros fueron la gran ciudad sagrada de Teotihuacán y la dudosa de Tollan o Tula.

La historia de los toltecas, transmitida por Fernando de Alva Ixtlilxochitl, y hasta su existencia, han sido puestas en duda; pero parece que existió efectivamente una época tolteca, obra de pueblos probablemente no nahuas, cuya cultura, ya avanzada, es la base de la nahua clásica.

Hacia el siglo X o XI decayó la cultura de Teotihuacán por calamidades naturales, y la heredaron los chichimecas de lengua nahua, incultos, llegados al centro de México hacia el siglo X, que iniciaron una época de división y retroceso, operándose un resurgimiento por la herencia tolteca e influjos mixtecas y de los nahuas de la región de Puebla hacia el siglo XI, que culminó hacia 1300; las principales tribus chichimecas fueron los teochichimecas, con los tecpanecas, y los acolhuas, que dieron carácter a la época del siglo XII al XIV, y sus centros, las ciudades de Tezcoco, Azcapotzalco, Colhuacán, Tlaxcala y Cholula, en las proximidades del lago la mayoría, y que se disputaron la hegemonía.

La última etapa cultural mexicana es la propiamente o tenochca, cuyo centro era la ciudad de Tenochtitlán; sus habitantes, de una tribu advenediza y sin importancia, en muy breve tiempo (siglos XIV y XV) adquirieron enorme influencia política y cultural sobreponiéndose a las demás ciudades y tribus.

Esta ciudad luchó con otras vecinas, principalmente con Tezcoco y con Tlacopán o Tacuba, llegando a constituir con ellas una triple federación que terminó con el dominio y la hegemonía de los tenochcas, convirtiéndose la federación en el llamado imperio mexicano. Este comprendió todos los pueblos vecinos y se extendió hasta el Atlántico y el Pacífico y desde las áridas mesetas de los salvajes chichimecas del Norte hasta las fértiles tierras de los civilizados zapotecas, en el istmo de Tehuantepec.

La Historia Azteca

Las fuentes históricas más antiguas y auténticas para el conocimiento de la historia son los códices precortesianos y coloniales, las Cartas de Cortés, la Historia verdadera de la Conquista de Nueva España, Bernal Díaz del Castillo y las historias de los padres Sahagún, Motolinia, Durán y Menedieta y la de los escritores indios y mestizos como Tezozomoc, Ixtlilxochitl, Chimalpahin, Muñoz Camargo, etc.

No están de acuerdo los cronistas sobre los primeros reinados s; el primer caudillo de México parece que fue Tenoch, al que sucedieron jefes tecpanecas; uno de ellos, Itzcoalt (1428-1440), inició la expansión y las grandes construcciones de la capital, que prosiguieron Motecuhzoma o Moctezuma I Ilhuicamina (1440), Axayacatl (1469), Tizoc (1483), Ahuitzotl (1486) y Moctezuma II (1502), bajo el cual comenzó a hundirse rápidamente el poderío por la llegada de Cortés y el comienzo de la Conquista española, rematada bajo Cuitláhuac (1520) y Cuauhtemoc (1520-1525, cuyo reinado concluyó en 1521).

Se mantenía la autoridad en los pueblos sometidos por medio de guarniciones y colonias, y se les obligaba a tributos en especie y a prestaciones de trabajo. El yugo de Tenochtitlán era soportado a la fuerza, lo que ayudó a su precipitada caída; pronto halló Cortés aliados contra Moctezuma, y con grueso de tropas indias llevó a cabo sus campañas. La civilización fue de carácter urbano, guerrero, teocrático, ritualista. Solo se refieren aquí, en síntesis, los hechos de los últimos seis reinados y los que organizaron el imperio.

Itzcoatl (1428-1440)

Dio un gran impulso a las construcciones religiosas y a la formación y defensa de la ciudad, comunicándola por medio de calzadas con la orilla del lago; reforzó las jerarquías políticas y religiosas; pero sus hechos más importantes fueron las conquistas. Este rey fue el primero que inició la expansión imperial, una vez formada la triple alianza del lago, llegando hasta el río Balsas por el Sur y rebasando por el Norte Cuauhtitlán.

Moctezuma (1440-1469)

Llamado Ilhuicamina o el Iracundo, construyó el acueducto de Chapultepec para proveer de agua potable Tenochtitlán, y un gran dique, para cortar el desbordamiento de los lagos. Continuó las conquistas de Itzcoatl, en las que se había destacado como general, extendiendo los dominios generales; por el Norte hasta los límites del territorio de Metztitlán y Tlaxcala, ambos independientes; y por el Este, por toda la costa del actual estado de Veracruz.

Axayacatl (1469-1483)

Sometió a Tlatelolco, pueblo vecino de México, famoso por su mercado. Bajo este rey se talló la gran piedra del llamado Calendario , que no es sino un monumento al sol. En su tiempo murió Nezahualcoyolt, rey de Tezcoco. Continuó las conquistas de su padre por el sur de Tlaxcala hasta enlazar con la zona costera conquistada por aquel; por el Oeste, ensanchó las conquistas de Itzcoatl, hasta el territorio de los tarascos; pero habiendo querido conquistar a este indómito pueblo, fue completamente derrotado; por el Norte avanzó hasta Huaxteca.

Tizoc (1483-1486)

Hermano de Axayacatl, sucede a este. Comenzó la reconstrucción del gran templo dedicado a Huitzilopochtli, dios de la guerra, y a Tláloc, dios de las lluvias. A él se debe también otro célebre monumento, la piedra de los sacrificios, para los gladiatorios, que lleva en sus relieves la representación de sus conquistas. No merecían estas notable conmemoración, pues fue el menos guerrero de todos los reyes, limitándose a ensanchar muy parvamente sus dominios.

Ahuitzotl (1486-1502)

Sucedió a su hermano. En su reinado se construyó otro acueducto y se terminó el gran templo de México, para cuya consagración buscaron víctimas; emprendió con sus aliados una gran campaña por el Suroeste hasta el Pacífico, conquistando la faja costera de Acapulco a Zacatula; por el Sur llegaron hasta Tehuantepec y Guatemala, y por el Norte ensancharon sus dominios por la Huaxteca, capturando en estas campañas más de veinte mil cautivos que fueron inmolados en el nuevo templo.

Moctezuma II (1502-1520)

Hijo de Axayacatl, sucedió a su tío, continuando sus conquistas. En su tiempo tuvo lugar la conquista de México por Hernán Cortés.

Cuitláhuac (1520)

Sucedió a Moctezuma, pero murió a los cuatro meses, de viruelas, después de haber salido los españoles en la Noche Triste.

Cuauhtemoc(1520-1523)

Cuauhtemoc o Guatemocín. Tomó el mando de los s, dirigiendo la vigorosa defensa de México frente a las tropas españolas. Al caer prisionero de estas, se entregó la ciudad, toda en ruinas. Murió dos años más tarde ejecutado, por intento de rebelión, en la expedición de Cortés a Hibueras.

La Sociedad Azteca

Estaba constituida por tres clases sociales —nobles, plebeyos y esclavos—, como todos los pueblos de la Antigüedad. Los nobles lo eran por nacimiento o por ennoblecimiento hecho por el rey, como premio a méritos de guerra y grandes servicios. Estaban exentos de tributos, desempeñaban servicios personales del monarca, ocupaban los altos cargos religiosos, administrativos y militares, podían educar a sus hijos en el Calmecac o colegio de nobles y podían construir sus casas con torres.

En realidad no formaban una casta hereditaria, sino una clase abierta al mérito en la que era más fácil ascender al hijo de un noble. Los sacerdotes constituían también una clase superior, dado el fuerte espíritu religioso de la civilización . Los plebeyos eran los que no pertenecían a la nobleza y eran personas libres.

Podían ser médicos, hechiceros, soldados, oficiales, subalternos del culto y de la administración, comerciantes, artesanos, agricultores, macehuales (hombres ordinarios), etc., y sobre ellos cargaban todos los tributos. Gozaban los mercaderes de especial consideración y efectuaban viajes lejanos, en ocasiones de espionaje.

Los esclavos provenían de condenas por causa de delitos, o por voluntad de los plebeyos necesitados, que para remediar su indigencia se hacían esclavos de familias acomodadas. Los prisioneros de guerra eran generalmente sacrificados a los dioses; pero si tenían alguna especial habilidad quedaban de esclavos. Una de las misiones de los esclavos era de servir de cargadores para el transporte por la falta de animales de carga y tiro.

La organización social era tribal, subdividiéndose la tribu en clanes. En México había veinte clanes calpuli, propietarios de las tierras, que distribuían a los jefes de familia en usufructo condicionado, no existiendo realmente propiedad privada, salvo la del soberano y grandes nobles; aunque por la acumulación de donaciones y derechos en estos, a fines de la época , existiera hondo desequilibrio social, contrariamente a la igualdad teórica inicial.

El individuo se debía a su clan, y el beneficio de la tribu era la norma suprema. Era regido el clan por un consejo que nombraba dos funcionarios o jefes de sendas fratrías o barrios, división intermedia entre la tribu y el clan, pero sin consejo especial.

No existía el Imperio que creyeron observar los conquistadores y cuyo concepto ha perdurado hasta ahora. Había la citada confederación, sobrepuesta a parte del actual territorio mexicano y en la que México-Tenochtitlán desempeñaba un lugar preponderante.

El rey o emperador era, en realidad, el jefe militar de la tribu, y su representante ante el exterior, el tlacatecuhtli o jefe de hombres, de carácter electivo y revocable, como se vio en el caso de Moctezuma; gozaba en tiempo de guerra de poder omnímodo y siempre de grandes honores.

Por haberse convertido el cargo en hereditario, por su creciente y absoluta autoridad y por el hondo respeto y fastuosidad que le rodeaba, dio el jefe de hombres a los españoles impresión de soberano; ciertamente estaba próximo a una verdadera monarquía, habiéndose convertido el tlacatecuhtli en el centro de toda la vida política, administrativa y religiosa mexicana.

Este régimen era evolución muy avanzada, de formas análogas más rudimentarias de algunas tribus norteamericanas. Era elegido rey por el Consejo Supremo o Tlatocan y juntamente con este por los reyes aliados de Tezcoco y de Tlacopan, entre los miembros de la familia real, aquel que más se hubiera distinguido en la guerra y fuera sabio y prudente.

El Tlatocan o consejo de la tribu estaba compuesto por cuatro altos cargos funcionarios: el Cihuacoalt o juez mayor, el Tlacochcateolt o jefe del ejército, Teotecuchtli o sumo sacerdote y el Hueicalpixqui o tesorero real, y otros funcionarios representantes de los clanes, hasta veinte, ampliándose mucho en casos importantes; lo presidía el Cihuacoaltmujer serpiente, que había sido el primer magistrado, hasta que lo relegó el jefe de hombres a secundario lugar; dirigía los asuntos internos, el orden, la justicia —propia de los consejos del clan y del tatlocan— y la recaudación de tributos. Había tres tribunales especiales: el del comercio, el militar o Consejo de Guerra, y el militar de la nobleza.

El Estado, en resumen, era oligárquico aunque con base democrática en el calpulli, militar y teocrático. No había un ejército regular, sino una organización tribal escalonada, que lo mismo servía para la paz que para la guerra. Los altos mandos pertenecían a la nobleza, pero podía llegarse a ellos por el valor militar. Con los más valientes se formaban dos órdenes militares: la de los Caballeros Águila y la de los Caballeros Tigre.

Las armas eran la maza con los filos de obsidiana macuahuitl o espada de navajas, la lanza con punta de piedra o cobre, el arco; la honda y la jabalina; se usaba preferentemente de piedras cortantes y poco de metal; como arma defensiva, corazas acolchadas de algodón. Se procuraba hacer muchos prisioneros para sacrificarlos a los dioses.

Como la religión comprendía, en multitud de fiestas y cultos, gran parte de la vida del pueblo , había un enorme número de sacerdotes y hasta sacerdotisas de diferentes categorías; por eso ha podido calificarse el gobierno del antiguo México de teocracia. Solo las altas jerarquías sacerdotales estaban reservadas a la nobleza. Los sacerdotes eran a la vez hechiceros, augures, astrólogos, cronistas, etc.

El tesorero real tenía a su cargo la recaudación de tributos con una amplia red de empleados secundarios. Hay dos códices, uno prehispánico la Matrícula de tributos, y otro colonial, que, en una parte, es copia de este el códice Mendoza que muestran con interesantísimas pinturas y con jeroglíficos toponímicos la cantidad y especie de productos con que cada pueblo del Imperio contribuía a Moctezuma.

Existía la poligamia, aunque solo la mujer principal era considerada legítima, y el divorcio por causas graves; la situación de la mujer no era muy baja, y gozaba de ciertos derechos; la autoridad paterna era muy grande, y a los niños se les inculcaba sentido de obediencia, disciplina, laboriosidad y servicio a la comunidad.

La fuente principal de producción económica de los s era la agricultura, y dentro de esta el producto base de la alimentación de este como de casi todos los pueblos americanos fue el maíz. Aunque la agricultura prehispánica fue muy rudimentaria, sin embargo, en sitios frescos y de regadío donde pudieron tener abono humano, como en los alrededores de México, hubo una agricultura intensiva.

Eran desconocidos los animales domésticos, salvo aves, como el pavo, originario de México, y así la labranza se hacía a mano, con el palo cavador; en el lago se usaban huertos flotantes (chinampas). También se cultivaba el cacao —cuyos granos servían de moneda—; camotes, fréjoles, pimiento o chile, vainilla, calabazas, frutas diversas, algodón y tabaco; del maguey se aprovechaban las fibras y se sacaba la bebida embriagante pulque.

Los oficios estaban muy desarrollados, poseyendo los artesanos admirable habilidad; además de las artes industriales luego mencionadas, sobresalían la cerámica, sin torno; los tejidos (de algodón o fibra de maguey), el tinte, la fabricación de instrumentos de piedra —en especial de obsidiana— y de cobre, pues no se conocía otro metal útil.

Con los productos sobrantes para su alimentación y su vestido, y con industrias domésticas anejas, pudieron establecer los s un activo comercio con los pueblos vecinos por tierra, a hombros de los tlamenes, pues fue desconocida la rueda, y en canoas, en las que eran muy expertos, pero sin aventurarse en alta mar. En la II Carta de Relación de Cortés y, sobre todo, en el capítulo XCII de la Historia verdadera de Bernal Díaz del Castillo, se hace una descripción del gran mercado o tianquiz de Tlatelolco.

La Religion Azteca

Es quizá la más politeísta de todos los pueblos de alta cultura de la América prehispánica, porque, como los romanos, fueron incorporando a su panteón muchas deidades de los pueblos sometidos. Los dioses mexicanos era representaciones antropomórficas de los astros, de fuerzas naturales y de productos del suelo, pero evolucionados con múltiples atribuciones y formas de patronato de diversas actividades.

Quedan pocas huella de totemismo (por ejemplo, el nagualismo o relación fija de un hombre con un animal) y más de un primitivo animismo. Fray Bernardino de Sahagún es quien ha dejado la mejor exposición de la compleja religión . También era complicada su cosmogonía, creyendo en cuatro soles o creaciones sucesivas destruidas por catástrofes; se admitían trece o nueve cielos, y las regiones subterráneas (Mictlán), residencia de algunos de aquellos y estas de los muertos, pero sin valor moral.

Propios de pueblo guerrero, los principales dioses fueron los de la guerra y los de la agricultura, y cabe mencionar, entre otros muchos, : Huitzilopochtli (colibrí hechicero), dios de la guerra y principal de Tenochtitlán; Tezcatlipoca (espejo humeante) de Tezcoco, de varias atribuciones; Tonatiuh (el sol); Quetzalcoalt (serpiente emplumada), dios del viento y héroe civilizador y legendario; TonatecuhtliTloque Nahuaque, dioses supremo, abstractos y creadores; Coatlicue, diosa de la tierra; Tlaloc, dios de la lluvia; Mictlantecuhtli, dios de los muertos; Xiuhtecuhtli, dios del fuego y quizá el principal de los primitivos nahuas; Mayahuel, diosa de la fecundidad y de los borrachos, etc.

Era una religión de ritos crueles, como todas las precortesianas, muy afines entre sí, con sacrificios humanos de los prisioneros, en especial en honor de Huitzilopochtli. En lo alto del templo teocalli, los sacerdotes arrancaban el corazón de las víctimas con un cuchillo de sílex y se lo comían; a veces desollaban al sacrificado y se revestían con su piel. Otro procedimiento para procurarse el favor divino era el derramamiento de la propia sangre con mortificaciones y penitencias. Había canibalismo ritual y grandes depósitos de cráneos en los templos.

Informaba la religión toda la vida social, aunque menos la conducta del individuo. Era extraordinariamente ritualista y llena de grandiosas ceremonias, y tendía a proteger la sociedad contra las fuerzas de la Naturaleza, personificadas en los dioses, teniéndolos satisfechos, pero con el sangriento y repulsivo carácter referido, que fue en aumento con el apogeo de Tenochtitlán; parece que primitivamente los sacrificios eran de animales. También existió la magia y la adivinación.

La Cultura Azteca

Influía, además, la religión en la literatura —himnos a los dioses, conservados por Sahagún; poesías del rey Netzahualcoyolt—, y en el interesantísimo calendario , de extrema complejidad y grandes conocimientos astronómicos. El tonalpohualli (cuenta de los días) comprendía doscientos sesenta días, divididos en 13 períodos de veinte días, cada uno con un signo.

El año solar tenía trescientos sesenta y cinco días, divididos en 18 cempohuallis (periodo de veinte días) y cinco nemontemis (días sobrantes); ambos coincidían en el año nuevo al cabo de un ciclo de cincuenta y dos años; otro ciclo de ciento cuatro años hacía coincidir a ambos en el año venusino de quinientos ochenta y cuatro días; sin embargo, la precisión del año mexicano era inferior a la del maya.

Aunque tenemos mucha información literaria sobre la antigua ciudad de México y sobre sus palacios y sus templos, sobre todo en Sahagún, en Hernández, médico de Felipe II, que fue a estudiar la plantas de Nueva España, y otros, realmente son pocos los monumentos conservados y excavados. La arquitectura la conocemos en parte por la pintura de los códices y por las descripciones de conquistadores y cronistas; pues con la destrucción de la vieja Tenochtitlán desaparecieron templos y palacios.

Dio la ciudad a los conquistadores sensación de grandiosidad y magnificencia, llena de templos, grandes palacios, jardines y canales; se le han atribuido 300.000 habitantes, pero no era tan extensa y probablemente no basó de 60.000.

La arquitectura desarrollaba estructuras cuadradas y era arquitrabada por desconocerse la bóveda y el arco, resultando estrechas las habitaciones; empleaba grandes piedras regulares y también adobe revestido de piedra. La forma predominante era la pirámide escalonada sobre grandes plataformas, con escalinatas de piso a piso, y con altares, capillas o piedras de sacrificio arriba. Los monumentos más importantes existentes, aunque en ruinas, son los de Xochicakco, Tepoztlán, Cempoala, Cholula, cuya pirámide es la construcción de más volumen realizada; Mitla, Monte Albán, Teotihuacán, etc.

Dos templos s importantes se han descubierto en el siglo XX: el de Malinalco (1936) y el de Tenayuca (1925). El primero es extrañísimo, monolítico por estar excavado en una roca con sus escalinatas, altares y esculturas; de más porte arquitectónico es el segundo, sabiamente explorado y estudiado por el arquitecto Marquina.

Es notable, en este templo la superposición de siete estructuras, porque cada ciento cincuenta y dos años, o sea cada siglo , se cubría el templo con una nueva encima de la anterior. Su disposición era análoga a al que tuvo el Gran Templo de México, con la forma corriente piramidal, dos templetes de la plataforma superior y 138 figuras de serpientes hechas de mampostería y piedra rodeando la base del templo.

La pintura tuvo menos importancia entre los s que las otras artes. De ella se conservan unos pocos restos muy deteriorados de decoraciones murales en los templos de Malinalco, Tenayuca y Tizatlán, que son del mismo estilo que las pinturas de los códices s, cuyos ejemplares más notables por su arte y por su contenido son el Códice Borbónico y el de Tonalamat Aubin, de París; el Códice Vaticano A, de Roma; el Cospi, de Bolonia, y la Tira de la Peregrinación y la Matrícula de Tributo, de México.

Entre los postcortesianos, copia, a su vez, de otros prehispánicos, merecen citarse el Códice Mendoza, de Oxford; el Vaticano B, de Roma, emparentado con el Telleriano Remense, de París, y otros dos afines; también: el Magliabecchiano, de Florencia, y el del Museo de América de Madrid, todavía inédito. Indudablemente, el códice más bello de todos, quizá por seguir en parte la tradición artística decorativa de los bellísimos códices mixtecozapotecas, es el Códice Borbónico, en la Biblioteca del palacio Borbón de París.

La escritura era pictográfica y jeroglífica, habiendo pasado de la simple pictografía al ideograma y al comienzo del fonetismo, aplicado a sílabas o palabras completas, pero lejos aún del alfabeto y del puro fonetismo, por la mezcla de elementos ideográficos y metafóricos. Era una escritura difícil e imperfecta, pero única en América con la maya.

La escultura recogió, como ninguna otra de sus bellas artes, el carácter de su austera y dramática religión, con un sobrio y expresivo realismo que hacen de ella una de las esculturas más logradas no solo del arte americano sino del arte universal.

Son notables sus tallas en piedra de frutos y de animales; la decoración de la gran variedad y abundancia de sus instrumentos rituales, la representaciones humanas como el Indio triste, el Hombre muerto o el Caballero Aguila, y las de sus múltiples divinidades, algunas de ellas implacables y espantosas como Coatlicue o Xolotl; había cierta tendencia a expresar deformidades, a recargar las figuras de accesorios y mantener, y no por inhabilidad, un arte de tosquedad y de arcaísmo.

Las artes menores, sobre todo la orfebrería, la lapidaria, y la plumería alcanzaron un gran florecimiento, y de ellas no ha dejado el padre Sahagún tres interesantísimos capítulos en su célebre Historia de las cosas de Nueva España, con la explicación de sus respectivas técnicas, con michas pinturas explicativas de su texto.

Las más originales fueron, sin duda, estas dos últimas: la lapidaria y la plumería; la lapidaria, con la talla y pulimento de calaveras, bezotes (adornos deformantes del labio), animales, dioses en cristal roca, obsidiana y jade y, sobre todo, con los mosaicos de finas teselas de turquesas, ágatas, obsidiana, coral, concha, marfil de dientes de morsa o de hueso, etc., con que cubrían cascos, escudos, mangos de cuchillo de núcleo de madera y forrados de estos riquísimos mosaicos; y la plumería, con la selección de las más finas y brillantes plumas de la fauna voladora, recortadas, cosidas o pegadas a cartones o telas, formando también primorosas y finísimas labores de mosaicos o en vistosos plumajes para adornar mantos, diademas, escudos, petos, etc., de los cuales se guardan rarísimos ejemplares, por su difícil conservación, en los Museos de Viena, Bruselas, Madrid y México.

En ningún otro pueblo llegó el arte plumario a mayor perfección que entre los s, pues aunque por los relieves, las pinturas y hasta por los textos de tradiciones históricas sabemos que otros pueblos indígenas americanos precortesianos y andinos cultivaron este difícil arte, ninguno nos ha legado muestras como los s.

Lugar de los aztecas en la historia

Se ha considerado erróneamente a los s como a los romanos de la historia prehispánica. Esta calificación comprende con mayor justeza a los incas; pues el llamado imperio apenas si merece tal nombre, por haberse formado por la alianza de tres pueblos, aunque solo al final con el predominio mexicano; porque su extensión no fue muy grande, apenas la cuarta parte del México actual, y, además, porque inmediatos al núcleo central de esta expansión quedaron independientes otros pueblos, próximos unos, como los chichimecas, los zapotecas, los mixtecas, los tarascos (reino de Michoacán) y los tlaxcaltecas, y otros más alejados, como los territorios de Yopetzcinco y la costa de Oaxaca, al Sur, y el Metztitlán, al Norte.

Únicamente por su sentido jurídico, por la organización de la justicia y su sistematizado cuerpo de delitos y penas puede ser comparado el pueblo como el más parecido al pueblo romano entre los pueblos prehispánicos de América. Más exacta sería la comparación de los s con el pueblo espartano por la austeridad de sus costumbres, la rígida educación de los jóvenes en el telpuchcalli, la exaltación de los juegos deportivos que siempre tenían cierto carácter religioso, y por su férrea disciplina militar.

La civilización se extendió a otros territorios, nahuas y del imperio. Su caída fue repentina, destruyéndola la conquista y la rápida implantación del cristianismo y de la civilización europea en mayor o menor grado. Representa un potente esfuerzo por parte del indígena americano para su propia elevación, y produjo realizaciones notabilísimas en el Arte, en el calendario, en conceptos mitológicos, en organización social y política, en fundación de centros urbanos, en desarrollo agrícola y artesano.

Le dificultó la carencia de animales domésticos, con la escasez alimenticia consiguiente, que repercutió en aspectos políticos y hasta militares; la falta de animales de tiro y carga de vehículos de cualquier clase; la falta de metales útiles; la imperfección de la escritura y, sobre todo, el carácter sangriento de su religión y el exceso de belicismo, con el estado de guerra continuo, que impedía la plena paz interna y constituía una causa de debilidad.

R.B.: TUDELA DE LA ORDEN, José-MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 432-439.