Bolivia

Época Prehispánica
El Descubrimiento
Época Colonial
La Independencia
Época Independiente

Época Prehispánica

La cultura más conocida e importante del actual territorio boliviano es la de Tiahuanaco y hasta los trabajos de Ibarra Grasso no se tenían noticias de culturas anteriores. Este investigador ha dado a conocer en 1956 la existencia de la cultura de los Túmulos o megalítica de Cochabamba anterior a Tiahuanaco.

Totonaque Auch 4“Puerta del sol” en la ciudad de Tiahuanaco

Restos de esta cultura son montículos o túmulos de hasta 8 metros de altura y esculturas humanas y de animales, así como cerámica de decoración pobre o sin ninguna decoración. Sería también anterior a Tiahuanaco la cultura llamada Nazcoide, con cerámica polícroma brillante. La cultura Yampará es para Ibarra anterior e independiente a Tiahuanaco, aunque para otros sea ya contemporánea y derivada de aquella.

Junto al lago Titicaca y en el gran valle de la Paz, se desarrolló una importante cultura cuya capital fue la ciudad de Tiahuanaco. De ella queda todavía un conjunto de ruinas, producto del abandono e inclemencias del tiempo, así como de la destrucción voluntaria del hombre.

Cómo se construyó esta ciudad y con qué medios es uno de los grandes problemas históricos. Son diversas las teorías relativas a la época de su florecimiento. Según Max Uhle y la mayoría de los arqueólogos, la cultura de Tiahuanaco se extendió desde el 500 al 700 d. de C. (el llamado Tiahuanaco I) y del 700 al 1000 (Tiahuanaco II). Teniendo en cuenta que los incas llegaron a la región hacia 1300 d. de C. , se explica que en esta época la ciudad fuera ya solamente un conjunto de ruinas abandonadas.

Tiahuanaco fue ya desde la época incaica un lugar rodeado de misterio, promotor de mitos. Las tradiciones principales del pueblo inca, hicieron surgir la raza incaica del lago Titicaca, con lo que, implícitamente, se atribuían, como para ennoblecer la antigüedad de su estirpe, un enlace con las gentes de Tiahuanaco. Atribuyeron su construcción a cíclopes y semi-dioses, y la consideraron centro de peregrinación. Fue asombro para los españoles y Cieza de León la describió en su Crónica del Perú.

Los viajeros de los siglos XIX y XX se interesaron por ella y en especial Arturo Posnansky luchó por salvar los restos que aún quedaban y se convirtió en una autoridad en la materia, aunque dejándose llevar en ocasiones por el apasionamiento. La arquitectura de Tiahuanaco es de grandes bloques de piedra, plataformas, pirámides construidas que aprovechan montículos naturales, templos, escalinatas monumentales, construcciones subterráneas, etc.

Algunos bloques de pórfido —roca compacta y dura, formada por una sustancia amorfa, ordinariamente de color oscuro y con cristales de feldespato y cuarzo rojo— presentan hendiduras de poca profundidad en forma de H que pudieron haber servido para colocar grapas metálicas de unión. Los restos más conocidos son los conjuntos de Akapana y Kalasasaya, la Puerta del Sol, decorada con relieves, la de la Luna y el Puma Punku.

Tiahuanaco ofrece, además, una serie de esculturas o grandes monolitos en cuyas caras se han tallado la cabeza y brazos de figuras humanas o semihumanas. Las más conocidas son el Pachamama o monolito de Benet y el Fraile. Se han encontrado igualmente restos de cerámica que adoptan la forma de timbal acampanado, de pebeteros en forma de puma, o de vasijas abiertas en forma anular. Es una cerámica polícroma a base de los colores blanco, negro, amarillo, gris y rojo, con motivos característicos que se repiten en los tejidos. También se desarrolló la metalurgia de oro, plata y cobre.

La influencia de Tiahuanaco se extendió hasta la costa, lo que plantea el problema de que si este dominio cultural correspondió a un poder político, a una tendencia imperialista como en el caso del Imperio Incaico, o bien a una influencia ejercida por medio del comercio que se impuso a los demás por la superioridad técnica del tejido y de la cerámica.

En esta misma región de Titicaca, se desarrolló, después de un periodo que rompe toda relación con Tiahuanaco, otra cultura llamada Kolla, nombre tomado de una de las varias tribus que poblaban el altiplano Kollao.

Denominador común de esta tribus es el empleo del aymará como lengua y en arquitectura la construcción de torres funerarias o chullpas en forma de cono invertido o prismáticas. Parece ser que estos habitantes del altiplano llegaron a constituir algo así como una confederación, especialmente para defenderse del poder creciente de los incas ante el que acabaron sucumbiendo pasando a formar parte de su imperio Tahuantinsuyu con la denominación de Kollasuyu.

R.B.: MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 549-550.

Descubrimiento y Colonización

Desde dos puntos de partida fue abordado el descubrimiento y la colonización del actual territorio boliviano: desde el Perú y desde el Paraguay, habiendo sido más importante y fundamental la corriente venida del Perú. También hay que distinguir entre la colonización del Altiplano o Meseta y las zonas llanas exteriores a los Andes.

El primer europeo que pisó territorio boliviano fue el portugués Alejo García, superviviente de la expedición de Díaz Solís, que con unos pocos blancos y una hueste de indios, que consiguió persuadir, realizó una incursión entre 1521 y 1526, desde la costa brasileña y el Paraguay hasta las vertientes orientales andinas, pereciendo al regreso; pero esto no pasó de aventura sin transcendencia.

El primer conquistador que entró en territorio del Alto Perú fue Diego de Almagro, como ampliación de la conquista del Perú, ya que el país pertenecía al imperio incaico, pero dicha expedición tenía por objeto Chile; se efectuó en 1535 y se dirigió por el Oeste del lago Titicaca; iba en la vanguardia Juan de Saavedra, quien cerca de Oruro fundó el primer pueblo español, Paria (1536); Almagro cruzó al Oeste y por la Puna, en un terrible viaje, descendió a Chile. En 1538 Pizarro envió a su hermano Gonzalo al Collao, quien encontró resistencia, teniendo que socorrerlo desde Cuzco su otro hermano Hernando.

Pedro Ansúrez hizo una difícil entrada al Oriente con muchas penalidades y fundó Chuquisaca (1538). Gonzalo Pizarro recibió el corregimiento de Charcas, nombre que se dio en adelante al país, procedente de una tribu india al norte de Potosí, y se estableció en Chaquí para explotar las minas de Porco. De allí inició más tarde su alzamiento, arrastrando al Alto Perú a las Guerras civiles.

Del país surgió la reacción contra su sublevación, alzándose contra él Diego Centeno y declarándose leal Cuquisaca (1544), pero aquel fue derrotado por Carvajal, aunque siguió luchando contra este.

Dominada la rebelión de Pizarro por La Gasca, este envió a Alonso de Mendoza, al que ya había nombrado antes gobernador de Chuquisaca, para fundar una ciudad que conmemorara el final de las guerras civiles, y el 20-X-1548 fundó La Paz, con el nombre de Nuestra Señora de la Paz, instalándola el día 23 en el valle de Chuquiabo, famoso por hallarse oro en él.

En 1545 un indio yanacona, Diego Huallpa, descubrió las minas de plata de Potosí, que comenzó a explotar en secreto en modestas cantidades; pero el español Diego de Villarroel se considera el fundador de la ciudad, aunque no fue erigida oficialmente hasta 1572 por el virrey Toledo, Huallpa fue reconocido por Real Cédula de 1578 descubridor de Potosí.

Sumac Orcko o Cerro Rico de Potosí.Sumac Orcko o Cerro Rico de Potosí. Imagen de Pedro Cieza de León, 1553.

Los soldados descontentos, ya terminadas las guerras civiles, promovieron algunas sublevaciones de menor trascendencia y fácilmente reprimidas, como la de Sebastián de Castilla (1553), muerto por Vasco Godínez y Egas Guzmán, que continuaron la rebelión, pero fueron derrotados y muertos por Alonso de Alvarado; en 1553-1554 se sublevó Hernández Girón en Cuzco; Alvarado fue derrotado en Chuquinga y Girón sacó fondos del Alto Perú, pero vencido fue ejecutado.

En tiempo del virrey Toledo se fundó Oropesa (Cochabamba) (1571) y, por su orden hizo efectiva la fundación Jerónimo de Osorio, veterano de las guerras europeas en 1574; este mismo año ordenó también la fundación de San Bernardo de Tarija —así llamada por el capitán Francisco de Tarija—, que había venido con Almagro y había descubierto el valle; efectuó la fundación Luis de Fuentes.

Fracasadas unas expediciones contra los chiriguanos, se envalentonaron estos y para contenerlos hubo que fundar varios pueblos para la defensa de la frontera como Mizque, Tomina (1575), San Juan de Rodas, Presto y Tarabuco, comenzados como reduciones de indios y poblados luego también por españoles, y fortificados.

Desde Paraguay atravesaron el Chaco Ayolas, que no llegó a territorio boliviano y luego Nuflo de Chaves, quien enviado por Martínez de Irala buscó el Alto Paraguay un camino a la Sierra de la Plata, llegando a territorio boliviano donde encontraron indios ya sometidos a los conquistadores del Perú; en el mismo 1548 Irala envió a Chaves a Lima a entrevistarse con La Gasca a pedir auxilios y la gobernación del Paraguay para el primero, efectuando de nuevo una travesía de este país al Perú.

Muerto Irala, Chaves recibió el encargo del nuevo gobernador Gonzalo de Mendoza y del cabildo de Asunción de fundar una ciudad en los Xarayes, al Norte, pero deseoso de una empresa propia se desvió al Oeste a través de los Llanos de los Chiquitos y fundó Nueva Asunción o La Barraca, a orillas del Guapay (1559); le disputó el país Andrés Manso, enviado al sudeste de Charcas por el virrey Hurtado de Mendoza; Chaves fua a Lima para dirimir la cuestión y el virrey nombró gobernador de Moxos a su propio hijo García de Mendoza y a Chaves teniente gobernador.

Chaves volvió al Guapay, donde se apresó a Manso y fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (26-II-1561), en los Llanos de Chiquitos, más al Este del emplazamiento actual. Manso fundó a su vez Nueva Rioja, pero los chiriguanos le mataron y destruyeron su fundación (1564), y también Nueva Asunción.

Chaves castigó a los indios y se quedó con el país; por su propaganda, gran cantidad de vecinos de Asunción emigraron a Santa Cruz de la Sierra con el obispo y el gobernador Francisco Ortiz de Vergara (1564), sufriendo muchas penalidades y regresando bastantes luego al Paraguay, pereciendo Chaves en la expedición de vuelta (1568).

En las llanuras del Nordeste penetró ya el griego Pedro de Candía, compañero de Pizarro, entre espesas selvas, en 1538, y otra expedición hizo Pedro de Ansúrez por Ayaviri y el río Beni y el país de los Mojos (1538-1539), sufriendo muchas penalidades y bajas; hubo expediciones a los Llanos de Apolobamba en 1561; en 1562 a Mamoré; en 1564 Diego Alemán fue al país de los Chunchos y llegó al Madre de Dios, pereciendo casi todos los expedicionarios.

En 1567 Juan Álvarez Maldonado realizó otra expedición a los Chunchos hasta la Madre de Dios, pero atacado por su rival Gómez de Tardoya, perecieron unos y otros miembros de las huestes, cayendo Maldonado prisionero de los indios, que lo pusieron en libertad. Así que durante la mayor parte del s. XVI las tentativas para penetrar en los llanos del Este de los Andes y de los afluentes del Amazonas fueron un fracaso.

Los primeros prisioneros que entraron en el Alto Perú fueron tres religiosos que iban con Almagro; definitivamente se establecieron los franciscanos que fundaron las primeras parroquias y después llegaron los dominicos, los agustinos y desde 1580 los jesuitas.

En 1552 se erigió el obispado de la Plata (Chuqisaca), siendo el primer obispo fray Tomás de San Martín, uno de sus sucesores fue fray Domingo de Santo Tomás, autor de la primera gramática quechua; de esta sede dependían al principio Chile y el Río de la Plata.

La Audiencia de Chuquisaca fue creada por Real Cédula de 1559; luego se le segregó Cuzco, que pasó a la de Lima; comprendía el Collao (región del lago Titicaca), Carabaya, Moxos y Chunchos, el Chaco boreal, Tucumán, Juríes y Diaguitas, con el nombre de Nuevo Reino de Toledo.

López de Velasco en su Geografía y descripción de las Indias, escrita entre 1571 y 1574 atribuye al distrito de la Audiencia de Charcas con el territorio de Tucumán, 1.700 vecinos españoles, de ellos 100 encomenderos y 100.000 indios repartidos en 110 repartimientos; dos obispados (La Plata y Tucumán), y unos 120 religiosos.

R.B.: MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 550-551.

Época Colonial

Exploraciones y misiones

Continuaron las expediciones al Oriente. Lorenzo Suárez de Figueroa efectuó incursiones al país de los Chiquitos (1580-1583) y fundó poblaciones, luego destruidas por los indios, y la citada San Lorenzo. Otro gobernador de Santa Cruz, Juan de Mendoza Mate de Luna hizo una expedición a los Moxos y fundó una primera Trinidad. Otra expedición a los Moxos realizó el capitán Urquiza en 1615 y fundó otras poblaciones. Tuvieron en general más resultado las expediciones misioneras.

El franciscano padre Bolívar llegó a la confluencia de los ríos Beni y Madre de Dios (1620); efectuó otros viajes en 1627 y 1631, pereciendo en el último. Al Chaco fue el jesuita padre Alonso Bárzana (1587), que convirtió a los lules; en el siglo XVII penetraron otros jesuitas, que convivieron con los chiriguanos, mocovíes, mataguayos y guaicurúes.

En la última parte del XVII los franciscanos establecieron misiones en la región de Apolobamba, con más éxito desde 1677. Los jesuitas lograron establecerse entre los moxos, de un modo fijo desde 1675, por obra de los padres Cipriano Barace y Pedro Marbán (1713); en 1682 se fundó la misión de nuestra Señora de Loreto, que prosperó pronto y se introdujo el ganado vacuno en la región del Beni, donde se ha desarrollado considerablemente.

Barace fundó en 1686 Trinidad y permaneció entre los moxos veintisiete años, muriendo más tarde a manos de otros indios (1702); también se fundaron otras misiones, entre ellas San Francisco de Borja. A fines del siglo XVII las misiones de Moxos tenían ocho pueblos con unos catorce mil pobladores. Desde Tarija se intentaron también por los jesuitas misiones entre los chiriguanos y los chiquitos.

Del obispado de Chuquisaca se disgregaron los de Chile y Tucumán. En 1605 se erigió el obispado de La Paz y el de Santa Cruz de la Sierra, cuyos prelados residían en Mizque ordinariamente. En 1609 Chuquisaca fue elevada a sede arzobispal (sede de Charcas o La Plata), de la cual dependieron durante toda la época colonial, las de Paraguay, Tucumán y Buenos Aires, además de las dos mencionadas.

Potosí. La mita y los bandos

De las ciudades altoperuanas la que alcanzó un extraordinario desarrollo fue Potosí, gracias a la plata, en especial desde que hacia 1570 Enrique Garcés introdujo el tratamiento del mineral por el azogue, permitiendo un rendimiento mucho mayor, y fue puesto en práctica por Pedro Fernández de Velasco hacia 1574. En el siglo XVII el clérigo andaluz Álvaro Alonso Barba, que vivió en Caracas y obtuvo gran experiencia minera publicó su Arte de los metales (Madrid, 1640). El virrey Toledo estableció la Casa de la Moneda de Potosí, importantísimo centro de acuñación (1575).

La población creció enormemente, dado el ritmo de aquellos tiempos y el 1611 el censo ordenado por el virrey del Perú marqués de Montesclaros dio una cifra de 160.000 habitantes, contándose 60.000 indios, 40.000 españoles y extranjeros, 38.000 criollos y 6.000 negros. La ciudad era lijosa, viciosa y desordenada, como todas las ciudades de su género y se permitía todas las fantasías, como se reflejan en la viva y amena Historia de la villa imperial de Potosí, escrita en el s. XVIII por Bartolomé Martínez de Arzanz y Vela, aún inédita en parte.

La prosperidad se sostenía sobre la explotación del indio, que era el que trabajaba en el famoso cerro, por medio del duro reclutamiento de la mita, que era una fuente de despoblación y de mortalidad y que fue establecida por el virrey Toledo (1572); las quejas por los abusos y la opresión del indio motivaron que en 1685 el virrey duque de la Plata prohibiese la extensión de la mita a 14 provincias más de las 16 afectadas.

En 1691 el virrey conde de la Monclova libertó a muchos mitayos y ordenó que se pagasen jornales, como a los trabajadores voluntarios. En el s. XVIII decayó la explotación minera por el agotamiento, dado el excesivo aprovechamiento el siglo y medio anterior. Calcula Arzanz que de 1545 a 1705 salían 20.000.000 de pesos anuales, lo que daría un total de 3.200.000.000. Sabido es el efecto de esta corriente de plata sobre la economía europea.

La heterogénea y aventurera población de Potosí se dedicó a largas guerras civiles; desde fines del s. XVI (hacia 1582) comienzan los bandos de Vascongados y Vicuñas; los vascos predominaban por su actividad y mayor influjo económico y ciudadano; en los Vicuñas entraban andaluces, castellanos y criollos. Las luchas entre ambos causaron hechos violentos y peleas frecuentes, que se agudizaron en el s. XVII; así en 1617 en que hubo choque sangrientos y venganzas, teniendo que huir el corregidor Rafael Ortiz de Sotomayor.

En 1623 una sublevación de Vicuñas dirigida por Francisco Castillo, mató al corregidor, inclinado a los vascongados; se envió contra los rebeldes un ejército, pero hubo que llegar a un acuerdo con ellos en 1624, procurándose la reconciliación de los dos bandos. Otra guerra estalló entre ambos de 1635 a 1641, siendo derrotados los Vicuñas. Una terrible inundación, en 1626, destruyó gran parte de la ciudad con miles de víctimas, pero sirvió para reconstruirla y con más aire urbano.

No faltaron rebeldías de otro tipo: hubo una insurrección de indios de la comarca de la Paz, apaciguada por Bernardino de Cárdenas. En 1661 hubo una sublevación de mestizos en la Paz capitaneada por Juan de Vega y Antonio Gallardo (a) Pillhinco, que mataron al corregidor y la masa saqueó la ciudad; ambos jefes con sus huestes atacaron Puno, donde perecieron y los rebeldes fueron vencidos y castigados.

Otra rebeldía ocurrió en la población minera de Laicacota, reflejo de las de Vascongados y Vicuñas, pero con intervención de los indios. Fue reprimida por el virrey conde de Lemos, con ejecución de jefes y despoblando dicho lugar (1665-1668). Aunque dependía de Charcas, se dio fuera de Bolivia la sublevación de Pedro Bohórquez con los calchaquíes, no terminada hasta 1665.

La cultura

En el aspecto cultural, hay que recordar la fundación de la Universidad de Chuquisaca por breve de Gregorio XV y confirmación de Felipe IV en 1621-22, abriéndose en 1624, a base del colegio de los jesuitas y con la denominación de San Francisco Javier; había cátedra de aimara y su facultad de derecho fue muy frecuentada por los argentinos, ya que no se enseñaban leyes en la Universidad de Córdoba.

Entre las figuras intelectuales de esta época que residieron en Charcas destaca fray Antonio de la Calancha, criollo, con su Crónica moralizada del Orden de San Agustín en el Perú (1638). Gaspar de Villarroel, arzobispo de Chuquisaca, autor del Gobierno eclesiástico pacífico (1656-57). El canónigo andaluz Martín del Barco Centenera compuso allí su poema Argentina y conquista del Río de la Plata. Allí vivió el poeta sevillano Luis de Ribera, elogiado por Menéndez Pelayo. Cabe recordar también a fray Diego de Mendoza, autor de una Crónica de la provincia de San Antonio de los Charcas (de la orden franciscana). Y Cervantes solicitó en vano el corregimiento de la Paz.

Floreció el teatro tanto en castellano como en las lenguas indígenas; en estas, las obras eran de carácter religioso y también escenificando las tradiciones indias; los jesuitas compusieron obras teatrales de carácter misional en lenguas indias. En Potosí existió un teatro desde comienzos del s. XVII. No existió imprenta en el Alto Perú en toda la época colonial, salvo a su final; pero los jesuitas de la misión de Juli (región del lago Titicaca, que entonces pertenecía a Charcas) publicaron en 1612 el Diccionario aymara del padre P. Ludovico Bertonio, aunque se duda, pese al pie de imprenta, si la tirada se hizo en Lima.

Floreció el arte en el Alto Perú durante los siglos XVII y XVIII con obras notables, Solo se recordará los cuarenta conventos e iglesias de la opulenta Potosí, como San Francisco, y luego la grandiosa estructura de la Casa de la Moneda, del s. XVIII (1732-1773). En la Paz hay un grandioso convento barroco de San Francisco, cuya construcción no terminó hasta 1768; en Chuquisaca, la catedral, cuya construcción duró todo el s. XVII; en ambas ciudades hubo otros numerosos templos y conventos y casas señoriales, como también estas en Potosí.

Domina el estilo Barroco, con influencias indígenas en la decoración. pero no faltan recuerdos platerescos en los primeros tiempos como en la región de el Lago y crucerías góticas en pleno XVII, siguiendo el Renacimiento y no faltan elementos mudéjares con los artesonados de la antigua iglesia de los jesuitas de Cuquisaca. El interior de muchas de estas iglesias era muy suntuoso en su decoración, como indicio de la riqueza de las clases altas, sobre todo en Potosí.

Hubo pintores españoles, criollos e indios, e importación de pinturas y tallas españolas, y lógicamente floreció la platería, como en retablos y frontales. El indio Francisco Titi Yupanqui labró en 1582 la imagen de la virgen de Copacabana.

El siglo XVIII

Suceso transcendental para el Alto Perú en el siglo XVIII fue su segregación en el siglo XVIII del virreinato del Perú, con el que había estado unido étnica, geográfica y económicamente durante los siglos anteriores y en la época prehispánica. Por Real Cédula de 8-VIII-1776 se creó provisionalmente el virreinato del Río de la Plata en la persona de Pedro de Cevallos al darle el mando de la expedición contra los portugueses. A petición del mismo Cevallos se agregó a su jurisdicción el territorio de la Audiencia de Charcas; el virreinato con la extensión señalada para Cevallos quedó consolidado al nombrarse virrey a Vértiz.

El motivo de segregar Charcas del Perú respondió al deseo de proporcionar al nuevo virreinato del Plata los metales preciosos de que carecía. Unión artificial y forzada, como se percibió durante las guerras por la independencia y en la formación definitiva de una entidad política diferente al formarse el Estado boliviano. Se dividió el territorio altoperuano en las intendencias de Charcas (Chuquisaca), Potosí, La Paz y Cochabamaba, más las provincias de Moxos y Chiquitos. Se separó algo después Puno, unido al Perú. La Audiencia perdió su poder político y se redujo a funciones judiciales, supeditándose su presidente al virrey y adquiriendo más influjo los intendentes.

Las misiones

Consolidaron los jesuitas sus misiones de Moxos y Chuiquitos, empleando el sistema de reducciones y con prohibición de entrada a todos los ajenos a ellas (1700), especialmente tras una visita esclavista del gobernador de Santa Cruz a fines del s. XVII. Se extendieron las misiones a las tribues de los baures e itonamas en el Nordesta, pero no faltaron sublevaciones indias, con destrucción de misiones y muerte de misioneros, como ocurrió en Apolobamba, contra los franciscanos y en las misiones de los dominicos a fines del XVII y de los chiriguanos contra los jesuitas, que habían extendido su labor a ellos, en 1727 y 1735, como repercusión lejana de la insurrección de los Comuneros del Paraguay.

Lo que no se consiguió fue establecer un enlace entre las misiones chiriguanas y las paraguayas a través del Chaco —vasto territorio de más de 1.000.000 de Km2, situado entre Argentina, Bolivia, Paraguay y una pequeña parte del sur de Brasil—, a pesar de varias expediciones con ese objeto. La misiones de moxos eran las más florecientes, pero la labor quedó cortada con la expulsión de los jesuitas de 1767.

Las sublevaciones

Se dieron en el s. XVIII varias rebeldías o conspiraciones, indicio de creciente descontento y rivalidad de criollos y mestizos contra el predominio de los peninsulares o de los indios contra los blancos. Los mestizos habían adquirido amplio desarrollo y ejercían las industrias y los oficios y ellos y los criollos soportaban mal el mantenimiento de la autoridad en manos de los españoles. Se hicieron esfuerzos por mejorar la suerte del indio.

El virrey Caracciolo pidió en 1718 la supresión de la mita, otorgándose la abolición de la forzada, pero con poco éxito por la oposición de los mineros de Potosí. El agotamiento de las minas impulsó a estos a aumentar la opresión de la mita, lo cual promovió a fin de siglo una viva polémica entre el fiscal de la Audiencia, Victorián de Villava, enemigo de la mita, y el intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz, defensor de ella (1793). Se suprimió la encomienda y continuaron como en toda la época colonial, los ayllus y la autoridad de los caciques indios.

Ante la sublevación de los Comuneros de Paraguay, la Audiencia favoreció durante algún tiempo a su miembro José de Antequera. En 1730 se alzó, en Cochabamba, Alejo Calatayud, en un movimiento tendente a dar los cargos de gobierno municipal a criollos y mestizos, pereciendo ese jefe. Otra conjura, fracasada antes de estallar, se preparó en Oruro en 1739.

La más importante rebelión y la más sangrienta fue la de los Catarís, en combinación con los de Tupac Amaru (1780-1781), de carácter indígena, cuyos hechos más salientes fueron el motín de la Paz, por motivos fiscales (marzo de 1780); la de Chayanta contra el corregidor Alós por Tomás Catarí y muerto en 1781 continuada por sus hermanos y sobre todo por Julián Apasa (Tupac Catarí), con la destrucción y exterminio de la población de Sorata por Andrés Tupac Amaru (5-VIII-1781); los dos sitios de la Paz, valientemente defendida por Sebastián de Segurola y socorrida por el presidente de la Audiencia, Ignacio Flores y luego por Reseguín, pereciendo Tupac Catarí, que había caído prisionero. Sanz acabó con la rebeldía de los hermanos del primer Catarí.

En Oruro la rebelión tuvo carácter general, sumándose a ella criollos y mestizos, e iniciada por Sebastián Pagador, con exterminio de los españoles (10-II-1781). Pero los excesos de los indios, que atacaban indistintamente a todo blanco, retrajeron a los otros elementos. Revelaba esta sangrienta rebelión, que causó numerosas víctimas, la mala situación del indio y su superficial asimilación.

La Economía

Decayó enormemente Potosí por el agotamiento de los yacimientos tras una desenfrenada explotación de cerca de dos siglos y la población disminuyó, pero esa época fue precisamente la de construcciones más suntuosas. En cambio, aumentó la extracción de oro y comenzó a pensarse en el estaño. De desarrolló la agricultura y no solo para abastecer las ciudades del Altiplano, sino con cultivos rentables como la quina y el cacao; los jesuitas desarrollaron la ganadería en sus territorios de Moxos y Chiquitos.

La industria contó con obrajes de tejidos, no solo bastos, sino de más calidad, como en la población llamada Obrajes, no lejos de la Paz. Favoreció al Alto Perú el liber comercio decretado por Carlos III, como a los demás países americanos. Era el Alto Perú un importante nudo de comunicaciones entre el Perú y el Río de la Plata, como camino obligado y negocio de arriería; ya en la época en que el interior argentino dependía económicamente de Lima y luego hacia Buenos Aires, al girar Charcas en la órbita de la capital del nuevo virreinato.

La Cultura

La Universidad de Chuquisaca con sus estudios de Derecho atraía a los argentinos y allí estudiaron varios caudillos patriotas, como Moreno, Castelli, Monteagudo, López Planes y otros. En 1780 se fundó allí la Academia Carolina, como centro de ampliación de la universidad para la práctica del Derecho. También se fundó una Escuela de metalurgia en Potosí (1790). Se destacaron dos ilustres arzobispos de Chuquisaca, Fray José Antonio de San Alberto y Benito María de Moxó.

Por allí pasaron hombres de ciencia como el mineralogista barón de Nordenflycht y vivió bastantes años Tadeo Haenke. El funcionario realista Pedro Vicente Cañete escribió una Historia de Potosí, y ya se ha mencionado al cronista barroco del mismo Martínez de Arzanz; el intendente Francisco de Viedma escribió la Descripción de las provincias de Santa Cruz de la Sierra.

Prescindiendo de los altoperuanos cuya actuación pertenece a la Argentina a raíz de la independencia, solo cabe citar al intelectual de raza india Vicente Pazos Kanki, que también estuvo vinculado al Río de la Plata y perteneciente a la época de la emancipación y a la posterior. La imprenta se introdujo con fines propagandísticos a fines de la época de la emancipación, en 1822.

En Arte ya se han indicado antes algunos rasgos; predominó el barroco en la primera mitad del siglo, especialmente en Potosí, levantándose las iglesias de San Francisco y San Lorenzo, y en la región de Titicaca; en la segunda mitad prevaleció el estilo neoclásico, al que pertenecen las posteriores catedrales de la Paz y Potosí, y construcciones de Cochabamba y Chuquisaca. En pintura el mejor artista criollo fue Melchor Pérez Holguín, barroco, de comienzos del XVIII.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs.551-555.

La Independencia

De la Universidad de Chuquisaca había salido un núcleo avanzado, partidario de la independencia y de doctrinas revolucionarias, al que pertenecían, varios patriotas argentinos, como Moreno, Castelli, Monteagudo y otros, que habían recibido enseñanzas enciclopedistas o populistas. Existía, por tanto, allí un grupo criollo partidario de la emancipación, en la línea general de los elementos análogos del resto de América y en espera de la ocasión oportuna.

En noviembre de 1808 llegó a Chuquisaca el brigadier peruano José Manuel Goyeneche, delegado de la Junta de Sevilla para recabar el reconocimiento de su autoridad, y en secreto de la infanta Carlota Joaquina, para propugnar su regencia.

Ramón García Pizarro, presidente de la Audiencia, y el arzobispo Moxó se inclinaron a apoyar a Goyeneche, pero los elementos revolucionarios hicieron cundir el rumor de que se trataba de entregar el país a los portugueses, y ante su agitación y un acta de la Universidad contraria a la infanta, trató de prender Pizarro a los oidores, sumados a la subversión, lo que precipitó el motín del 25-V-1809, preparado de antemano, siendo depuesto Pizarro y asumiendo la Audiencia toda la autoridad.

Diversos comprometidos salieron para propagar la rebelión por el país. El doctor Michel fue a la Paz, donde se puso al frente del movimiento Pedro Domingo Murillo, de ideas avanzadas y ya comprometido en conjuraciones; estalló la revolución el 16 de julio, y se proclamó, a través de un cabildo, la independencia bajo la soberanía de Fernando VII, formándose el primer gobierno de este tipo que hubo en la América española, llamado Junta Tuitiva, presidida por Murillo, con bastantes curas y doctores, como el presbítero José Antonio Medina, jefe intelectual de la revolución.

Murillo, modesto mestizo, se envaneció, asumiendo el grado de coronel, un crecido sueldo y actitudes autoritarias; se organizó un ejército, se anularon las deudas del Tesoro y se dictaron medidas draconianas contra los europeos y los no adheridos a la revolución. No repercutió esta en Potosí por la energía del intendente Francisco de Paula Sanz.

El virrey Abascal reunió un ejército bajo el mando de Goyeneche, lo que atemorizó a los rebeldes e hizo reaccionar a los leales. La Junta Tuitiva se disolvió el 30-IX, y Murillo trató de ponerse a bien con Goyeneche, quien exigió la capitulación, que fue acordada el 5-X. Descubiertos los manejos de Murillo, fue apresado por los revolucionarios más decididos, lo que obligó a Goyeneche a reñir la batalla de Chacaltaya (25-X) contra las escasas fuerzas que mandaba el peninsular Juan Antonio Figueroa.

Las tropas rebeldes se dispersaron para hacer lucha de guerrillas, tras haberse entregado a desmanes y saqueos en la ciudad, pereciendo asesinado el jefe de las milicias Juan Pedro Indaburu, que les había hecho defección. Los fugitivos fueron derrotados en Irupana; perecieron varios cabecillas, y los restantes, sometidos a proceso, fueron ejecutados el 29-I-1810; entre ellos, Murillo. El nuevo presidente de la Audiencia, Vicente Nieto, prendió a los oidores y comprometidos de Chuquisaca, huyendo Bernardo Monteagudo y Antonio Álvarez Arenales.

Para evitar el ejemplo de Buenos Aires, Abascal reincorporó por su autoridad y la de Nieto el Alto Perú a su virreinato, segregándolo del Río de la Plata. A su vez, la Junta revolucionaria de Buenos Aires quiso extender su autoridad a todo el virreinato, y envió un ejército bajo Francisco Antonio Ortiz de Ocampo y Antonio González Balcarce; a su vez, Sanz y Nieto trataban de organizar la resistencia en territorio argentino, anulada por la muerte de Liniers y del intendente de Córdoba Juan Gutiérrez de la Concha.

El 14-IX-1810 estalló, a su vez, la revolución de Cochabamba, secundada por Oruro y Santa Cruz de la Sierra, lo que desorganizó la defensa realista. El general Córdoba derrotó a Balcarce y a Juan José Castelli en Cotagaita (27-X), pero triunfaron los argentinos en Suipacha (7-XI); se sublevó Potosí y todo el Alto Perú se adhirió a la Junta de Buenos Aires; los sublevados de Cochabamba, a su vez triunfaron en Aroma. Castelli hizo fusilar cruelmente a Córdoba, Sanz y Nieto (15-XII).

Castelli no supo atraerse a los altoperuanos, a quienes ofendió con sus desplantes de irreligiosidad, de ideas jacobinas e igualitarias y su incautación de los fondos públicos; el 20-VI-1811, a pesar de un armisticio, fue sorprendido por Goyeneche en Guaqui y completamente dispersado su ejército, que en la retirada se dedicó al saqueo de tal forma que motivó una sangrienta reacción contra él en Potosí. Esta derrota hizo perder para siempre el territorio de Charcas a la naciente nación argentina, desmembrando el antiguo virreinato.

El ejército argentino, a las órdenes de Juan Martín de Pueyrredón, se replegó a Salta. Goyeneche era conciliador, pero a una rebelión de indios opuso Abascal tribus peruanas, cometiéndose toda clase de excesos, a los que se añadieron los sufridos en Cochabamba de orden de Goyeneche, por haberse rebelado de nuevo (mayo de 1812); este envió a Pío Tristán a las provincias del Plata, pero el nuevo general Belgrano invadió de nuevo el Alto Perú, derrotando antes a Tristán en Salta (20-II-1813).

Dimitió Goyeneche, reemplazándolo Joaquín de la Pezuela, y Belgrano se apoderó por breve tiempo del Alto Perú; pero el 1-X-1813 le derrotó Pezuela en Vilcapugio, mientras los desmanes de Díaz Vélez hacían de nuevo —en contraste con la bondad de Belgrano— antipático el ejército argentino.

El 14 de noviembre se repitió la derrota en Ayohuma, evacuando Belgrano el país de Charcas. No pudo, a su vez, Pezuela penetrar en la Argentina, habiéndose corrido al Alto Perú la sublevación del cacique peruano Mateo Pumacagua, que acababa de ayudar a reprimirla en este país; su secuaz Pinelo tomó La Paz, donde fue asesinada casi toda la nobleza (IX-1814).

Reprimida esta sublevación, mantuvieron la rebeldía varios guerrilleros, como Manuel Ascensio de Padilla, Warnes y el argentino Martín Güemes, que defendía la frontera. En 1815 se realizó la tercera invasión argentina en Charcas, dirigida por José Rondeau, ocupándose Potosí por su indisciplinado ejército, practicándose más confiscaciones y despojos, que acabaron de desprestigiar el auxilio porteño, pues trataba a Charcas como país conquistado y no como parte de la patria.

El argentino Martín Rodríguez fue derrotado en Venta y Media, y poco después, completamente Rondeau en Sipesipe o Viluma por Pezuela (28-XI-1815), batalla que cerró definitivamente las esperanzas argentinas sobre el Alto Perú.

San Martín hubo de planear su magno proyecto de atacar el Perú, foco de la resistencia española, no directamente, dados los repetidos fracasos de las invasiones, sino por Chile y el Pacífico. Los excesos de realistas peruanos y de independientes argentinos suscitaban el pensamiento de emanciparse de ambos países y de España y de constituir una entidad nacional aparte.

Si no hubo en los años siguientes campañas regulares, sí ardió la guerra de guerrillas —llamadas republiquetas—, con excesos y crueldades que arruinaban al desdichado país en una lucha salvaje y de exterminio. Pezuela tuvo que dedicar todas sus fuerzas a combatir a los guerrilleros, y logró la muerte de Padilla, de José Vicente Camargo, del cura Muñecas y de Warnes, con terribles matanzas.

En 1816 sustituyó a Pezuela, nombrado virrey del Perú, José de la Serna, liberal y Humano, que mezcló en su ejército a peninsulares y criollos, con disgusto de ambos, pese a ser los defensores de la causa española. Entró en La Plata, pero le contuvo Güemes con sus gauchos, y el argentino La Madrid se apoderó de Tarija, donde se rindió Andrés Santa Cruz, realista a la sazón, pero fue vencido en Supachuy por La Hera (1817).

En 1819, dimitido La Serna, dejó el mando a José de Canterac, a cuyas órdenes había un grupo de oficiales que se haría célebre más adelante, y que preparó un eficaz ejército, pero hubo que enviar parte de él al Perú ante la invasión de San Martín; además, se proclamó la constitución de 1812 al saberse el triunfo del régimen liberal en España, al que se adhirió la mayoría de los oficiales españoles. Pero cundía el desaliento, y oficiales americanos se pasaban a los independientes, como Agustín Gamarra, otro futuro presidente.

Un intento de proclamar la independencia en Potosí, ante los éxitos de San Martín, fue reprimido fácilmente (1822). Charcas fue aún durante tres años, con los Andes peruanos, el baluarte de la resistencia española, a base de soldados americanos al mando de La Serna, proclamado virrey por un pronunciamiento (1821).

En 1823, Santa Cruz y Gamarra, ahora generales independientes, atravesaron los Andes desde Arica; tomaron La Paz y Oruro, pero tras la batalla de Zepita, hubo de retirarse aquel desordenadamente ante Jerónimo Valdés y La Serna.

En 1823, el general español Pedro Antonio de Olañeta, absolutista ferviente, que hacía tiempo combatía en el Alto Perú, se rebeló contra La Serna por su liberalismo, y dividió las tropas españolas en el momento de mayor peligro, lanzándolas a una guerra civil, frente a Bolívar, que había tomado en sus manos la conclusión de la campaña peruana, y que intentó atraérselo. Mientras se combatían los generales españoles, preparó Bolívar la campaña de Junín y Ayacucho.

Después de la victoria que acababa con la soberanía española en el Perú, ordenó Bolívar a Sucre que entrara en el Alto Perú, que pensaba unir a aquel, evitando los excesivos fraccionamientos. Pero se proclamó la independencia en Cochabamba el 13 de enero de 1825.

Casimiro Olañeta, jurista y sobrino del general, a quien traicionó, pasándose a los independientes, se presentó a Sucre, a quien persuadió de la conveniencia de dejar pronunciarse libremente al país, y que, prescindiendo de los planes de Bolívar, convocó una asamblea el 9-II. El general Olañeta, casi solo ya, último defensor de la causa española, evacuó Potosí y pereció por el combate de Tumusla (1-IV).

El Río de la Plata dio su asentimiento a la separación de Charcas, y a pesar de la oposición de Bolívar, el congreso de Chuquisaca proclamó la total independencia el 6-VIII-1825 y acordó llamarse república de Bolívar —luego Bolivia— en honor del Libertador, que aceptó el homenaje y la presidencia y cambió de parecer reconociendo la nueva nación, que visitó para recibir serviles adulaciones, y a la que dotó de la famosa constitución llamada monocrática. Dejó a Sucre de presidente efectivo hasta que tuvo que dimitir en 1828, separándose la nación del sistema bolivariano.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs.555-557.

Bolivia Independiente

Introducción

La historia de Bolivia en el s. XIX y aún el XX ha sido una de las más agitadas y trágicas de Hispanoamérica; serie casi ininterrumpida de cuartelazos, motines y pronunciamientos llamados revoluciones en cantidad increíble, partidos que por mucho tiempo han sido enteramente personalistas a pesar de sus rótulos; elecciones organizadas por el gobierno en el poder; diecisiete constituciones y un continuo desfile de dictadores, algunos de ellos en el s. XIX de los de más bajo nivel en la gama americana, que merecen el apelativo de caudillos bárbaros con que los calificó el escritor boliviano Alcides Arguedas, acuñador de otra terrible frase Pueblo enfermo, título de una de sus más profundas y pesimistas obras (1911).

Caudillismo —bárbaro o letrado—, revoluciones, inestabilidad, militarismo, escaso desarrollo económico, acelerado algo más en tiempos recientes; pobreza, han sido rasgos permanentes. Una minoría criolla, de grandes propietarios o de dueños de minas y letrados, formó la clase alta y dirigente; una escasa clase media, y una masa india, que siguió en la situación colonial, de tipo feudal, sometida a la primera e indiferente a la política, manejada por los ambiciosos. La economía al proclamarse la independencia estaba arruinada tras dieciséis años de guerra.

Los comienzos de la indepencia

Bolívar en el Alto Perú impuso su constitución vitalicia o monocrática (1826) y dio leyes favorables a los indios, suprimiendo el tributo y quiso darles las tierras que usufructuaban, lo que no se efectuó.

El Perú reconoció a Bolivia, ya que Bolívar mandaba en ambos países, y al ausentarse dejó como presidente a Sucre, lo que ratificó la Asamblea Constituyente (1826) y que aprobó dicha constitución. Su ministro Facundo Infante —más tarde ministro en España con Espartero— introdujo en la enseñanza la llamada Ideología, de tipo racionalista, y se dieron medidas secularizadoras.

La unión Bolivariana quedó rota en 1827 al separar Santa Cruz el Perú del sistema bolivariano; inmediatamente comenzó a intrigar para unir Bolivia al Perú. Un motín (18-IV-1828) hirió a Sucre y se firmó el tratado de Piquiza (6-VII-1828), por el cual renunció Sucre, se suprimió la constitución monocrática y se acordó la salida de las tropas colombianas. Provisionalmente fue presidente Banco, que a los cinco día fue derribado y muerto.

Santa Cruz y la Confederación Perú-Boliviana

Andrés Santa Cruz (1792-1865) tomó posesión de la presidencia el 24-V-1829. Antiguo militar realista, aunque altoperuano aspiraba a regir el Perú donde ya había sido presidente, y para ello quería unir ambos países.

Mariscal Andrés de Santa Cruz, héroe nacional y 7.° Presidente de Bolivia.Mariscal Andrés de Santa Cruz, 7º Presidente de Bolivia.

Con dotes de organizador, promulgó medidas progresivas, restableció el orden, rebajó la ley de la moneda feble para obtener recursos con la diferencia; fundó en 1830 la Universidad de La Paz; protegió la industria nacional; y se promulgó un cuerpo entero de legislación, primer país que lo hizo en América; el código penal reprodujo el español de 1821.

La Asamblea General Constituyente elaboró otra constitución en 1831, que abolió la esclavitud. El ejército fue aumentado y bien armado. Gozó Bolivia de tranquilidad durante su gobierno, que gozó de prestigio en el extranjero; firmó tratados Santa Cruz con Inglaterra y Estados Unidos y entró en relaciones con la Santa Sede.

Con el Perú gobernado por Gamarra hubo una tensión concluida por un tratado en 1831. Derribado Gamarra por Orbegoso, se refugió en Bolivia y llegó a un acuerdo con Santa Cruz para efectuar la confederación de las dos naciones.

Llamado por Orbegoso, atacado por Salaverry, intervino Santa Cruz (1835); derrotó a Gamarra, de nuevo hostil, y en Socabaya a Salaberry al que hizo fusilar (1836) y organizó el nuevo Estado; para evitar un predominio peruano excesivo, el Perú fue dividido en dos Estados, Nor-peruano y Sur-peruano, formándose con los tres la Confederación Perú-Boliviana, organizada definitivamente en 1837 por el congreso de Tacna, eligiéndose Protector a Santa Cruz. Cada Estado tendría un puerto principal, pero dio tal carácter a Arica para el Sur del Perú, negándose Bolivia, que deseaba esa ciudad como salida marítima.

La Confederación fue efímera; a parte de su poco ambiente en las dos naciones contó enseguida con la hostilidad de Argentina —regida por Rosas— y de Chile, que temía la buena administración de Santa Cruz, el aumento de poder de sus vecinos y la competencia económica de los puertos peruanos.

Para restablecer el equilibrio declaró la guerra a la Confederación; una primera expedición mandada por Blanco Encalada fracasó (1837); una segunda con Miguel Bulnes derrotó a Santa Cruz en Yungay (1839), quien fue desterrado y se disolvió la Confederación.

Restauración y Regeneración

Asumió el gobierno el vicepresidente José Miguel de Velasco, tomándose el nombre de Restauración y otro congreso dio una cuarta constitución y declaró capital de Bolivia a Chuquisaca, que tomó el nombre de Sucre (1839). Se persiguió a los partidarios de Santa Cruz. En 1841 hubo una sublevación en Cochabamba proclamando a Santa Cruz y la Regeneración, y otra de José Ballivián ayudado por Gamarra. Triunfante Ballivián, Gamarra invadió Bolivia, pereciendo en la batalla de Ingavi (1841).

Batalla de Ingavi y muerte de Gamarra de 1841.Batalla de Ingavi y muerte de Gamarra de 1841.

Ballivián efectuó una labor de reforma y mejora en el terreno hacendístico con buenos resultados, fomentó la minería, ordenó exploraciones hacia el río Paraguay y el Beni, buscando salida fluvial al país y procuró atraer técnicos. En 1847 José María Linares firmó con España un tratado de reconocimiento, no ratificado hasta 1861. En la enseñanza, el escritor español José Joaquín de Mora, llamado por Santa Cruz, había introducido la filosofía escocesa; Ballivián restableció el sentido católico.

Ante otra insurrección dimitió en 1847, sucediéndole Velasco, de quien fue ministro Casimiro Olañeta, que no había dejado de actuar en política desde la proclamación de la independencia. Derrotado al año siguiente por su otro ministro Belzu, se retiró.

Los Caudillos bárbaros

En 1848 concluyó este primer periodo, que no muy tranquilo ni estable, aún representó una época ilustrada y de algunos progresos. En ella había dominado la oligarquía latifundista y minera sin cortapisas Ahora comenzada la era de los caudillos salidos del cuartel, que era entonces en Bolivia foco de corrupción y vicio, y que han dejado un triste recuerdo.

Era de crudo militarismo, de perturbación constante y de ilegalidad. Hasta 1880 se sucederán Manuel Isidoro Belzu (1848), Jorge Córdova (1855), José María Linares (1857), José María de Achá (1861), Mariano Melgarejo (1864), Agustín Morales (1871), Adolfo Ballivián (1873), Tomás Frías (1874), Hilarión Daza (1876-1879).

No todos fueron generales: civiles eran Linares y Frías, no todos caen en las notas mencionadas o no faltaron algunos aspectos positivos. Belzu se apoyó en las masas, cultivando la demagogia y el odio a los ricos, pero aunque conocía a Proudhon, no tenía un verdadero pensamiento socialista, y fue el ídolo de ellas mientras le combatían la burguesía y los intelectuales; entre estos, en privado comenzaron a difundirse ideas hegelianas, krausistas e irreligiosas.

Pero Belzu no innovó nada en las estructuras económicas y sociales. Retirado voluntariamente, su yerno Córdova, que gobernó liberalmente, fue derribado por Linares, culto, rico y aristócrata, quien dictatorialmente intentó moralizar el país, redujo el ejército, reviso sus grados y restableció la disciplina; mejoró la hacienda a través de Frías, e intentó moralizar al clero; todo ello con severidad y rigor al punto de enajenarse a todas las clases, incluso la oligarquía.

Derribado por una traición, ya muy enfermo, falleció a poco desterrado. Bajo Achá hubo una matanza de partidarios de Belzu; sus proyectos económicos no tuvieron efectividad. Melgarejo representó lo peor del cuartel, el alcoholismo, la violencia y la mera arbitrariedad; declaró propiedad de los indios las tierras de comunidad, pero solo para acabar por despojarles enteramente en provecho propio y de sus amigos, reprimiendo sus alzamientos con matanzas.

Se alió a Perú y Chile contra España y cedió al Brasil en 1867 más de 300.000 km2 de territorio disputado, anexionándose la margen derecha del río Paraguay y privando a Bolivia de salida al tramo navegable libremente del Madeira.

Morales, que lo derribó, representaba igualmente a la violencia y la incultura, aunque con mejores intenciones que sus antecesores; anuló la venta de las tierras de los indios, se fundó el Banco Nacional, y tuvo a raya a las grandes compañías mineras. Mató a Belzu, en una tentativa de este por apoderarse de la presidencia.

Adolfo Ballivián, militar, pero muy distinto de la casta dominante entonces, representante del elemento civil, perteneciente al partido llamado rojo y luego constitucionalista, intentó mejorar la economía, un empréstito para un ferrocarril en el Este, que resultó un fraude y aumentó los impuestos para las empresas.

A su fallecimiento le sucedió Frías, asimismo civil, de larga experiencia, honrado y respetuoso con las libertades y leyes, del mismo partido que Ballivián; se devolvieron las tierras a los indios y se hizo un tratado de límites con Chile (1874).

Tras una violenta rebelión en 1875, por otra subió al año siguiente otro soldadote, Daza, que no estaba a la altura de las circunstancias en que cayó el país. Su ministro de hacienda Salvatierra, recogió la moneda feble, con grandes pérdidas para los tenedores y disminuyó la deuda pública.

La guerra del Pacífico

Bolivia padecía el problema de su salida al mar; privada de Arica, su salida natural, que pertenecía al Perú, poseía una faja costera en el desierto de Atacama, donde estaba el puerto de Cobija. En este desierto aparecieron minas de plata y luego la creciente industrialización de Europa y la necesidad de aumentar la producción de la agricultura para una población en rápido crecimiento, valorizaron los yacimientos de guano y salitre (nitrato sódico)

El mejor desarrollo de Chile causó que sus empresas explotaran las riquezas de Atacama. Melgarejo concedió (1868), a una empresa angloyanqui, en la que se interesó Chile, el derecho de explotar durante quince años todo el salitre y construir ferrocarriles en esta zona, concesión luego restringida en extensión; el mismo dictador firmó con Chile el tratado de 1866, por lo que se señalaba la frontera en 24° y se establecía como zona de explotación común la comprendida entre 23° y 25° S.; entre 24° y 25° Chile abonaría a Bolivia la mitad de los derechos de aduana más 40.000 pesos, otro tanto haría Bolivia con Chile entre 23° y 24°.

En 1874 el tratado de límites colocó definitivamente la frontera en el paralelo 24°, renunciando cada país al resto; pero continuaría la explotación minera conjunta en el territorio boliviano, sin aumentar los impuestos. En 1878 Bolivia impuso un 10% por quintal de salitre exportado; protestó la compañía y alegó el gobierno que no era un impuesto, sino una regalía; luego lo abolió, pero rescindió el contrato.

Chile ya hacía tiempo que se preparaba militarmente; a su vez Bolivia había firmado un tratado secreto con el Perú (1873), temeroso de la expansión chilena y que deseaba controlar el salitre boliviano para asegurar el rendimiento del peruano. Chile inició la guerra el 12-II-1879 ocupando Antofagasta y luego Mejillones y las minas de Caracoles. Pese a tantos años de militarismo, carecía Bolivia de un ejército eficaz y totalmente de marina.

En abril declaró la guerra Chile al Perú, cuya flota fue derrotada. Daza llevó el ejército a Tacna en el Perú, pero derrotó Chile en Pisagua a los aliados y una inoportuna retirada de Daza ocasionó la derrota de San Francisco (19-XI-1879); poco después Daza fue depuesto, asumiendo la presidencia Narciso Campero (Daza fue asesinado en 1893 al volver a su país); el desastre de Tacna (26-V-1880) consumó la victoria chilena, que se completó con la toma de Arica y de Lima.

En 1883 el tratado de Ancón entregaba Tarapacá a Chile, que además se quedaba provisionalmente con Tacna y Arica; Bolivia perdía su litoral Atacameño, quedando sin salida al mar, como se reconoció por la tregua de 1884. La paz no se firmó hasta 1904 y consagró la pérdida del litoral, hallándose Bolivia sin ningún apoyo exterior; en cambio Chile le construiría el ferrocarril de Arica a La Paz y permitiría el libre tránsito de comercio exterior.

La economía boliviana se había apoyado en la quina en el periodo entre 1847 y 1864; después en el salitre y en el guano hasta la pérdida de Atacama; d e1880 a 1890 vino el auge de la plata y después el del caucho, de la regiones amazónicas, hasta 1913.

Conservadores y liberales

Tras Campero gobernaron dos plutócratas civiles, Gregorio Pacheco (1884) y Aniceto Arce (1888), este gobernó severamente y fomentó la construcción de ferrocarriles; fundó el Colegio Militar y favoreció la enseñanza.

Aniceto Arce Ruiz.Aniceto Arce Ruiz. Presidente de la República de Bolivia 1888-1892

Igual carácter civil y conservador tuvieron Mariano Baptista (1892) y Severiano Fernández Alonso (1896), derribado por una revolución (1898), con motivo de pretender La Paz un régimen federal ante la capitalidad de Sucre. Triunfante el general liberal José Manuel Pando, se renunció al federalismo, pero el gobierno se instaló en la Paz.

La zona amazónica de Acre había prosperado por la explotación del caucho, que beneficiaba más a Brasil que a Bolivia y en 1889 unos aventureros pretendieron erigir allí una república. Habiendo arrendado Bolivia ese territorio a una compañía internacional, Brasil fomentó disturbios y amenazó militarmente obligando a un acuerdo (1903), que le entregó ese territorio, por una indemnización empleada en aumentar la red ferroviaria.

Durante las presidencias de Ismael Montes (1904 y 1913), Eliodoro Villazón (1909) y Gutiérrez Guerra (1917), siguió gobernando el partido liberal, con reformas administrativas, fomento de la cultura y de la economía, elevación del nivel del ejército, libertad de cultos y matrimonio civil y construcción de ferrocarriles.

Con la primera guerra mundial terminó la era del caucho y alcanzó la del estaño su auge, ya iniciada a comienzos de siglo y que se convirtió en el producto eje de la economía boliviana en adelante.

En 1920 un pronunciamiento acabó con el régimen liberal, trayendo al partido republicano, de conservadores y liberales disidentes, y al presidente Bautista Saavedra, que gobernó dictatorialmente ante la constante oposición, apoyándose en las masas obreras, alas que concedió mejoras sociales; también acabó por gobernar personalmente Hernando Siles (1926) a cuya caída (1930) gobernó Daniel Salamanca.

La guerra del Chaco

En tiempo de este estalló la guerra del Chaco, país casi despoblado y de malas condiciones físicas, pero en que ahora se esperaba hallar petróleo y por donde aspiraba Bolivia a una salida fluvial al río Paraguay.

Disputado entre Bolivia y Paraguay el Chaco Boreal había sido objeto de varios intentos de división, sin efectividad; así el presidente de los Estados Unidos Hayes lo había adjudicado al Paraguay (1878); el tratado Guijarro-Decoud (1879) trazó una frontera al sur del paralelo 22°; el tratado Ichazo-Benítez (1894) otra diagonal NE-SO, entre los ríos Paraguay y Pilcomayo, y se sucedieron otros muchos acuerdos y protocolos igualmente inútiles.

En 1928 el incidente del fortín Vanguardia estuvo a punto de provocar la guerra. Esta comenzó en 1932 y fueron vanos todos los esfuerzos para conseguir la paz entre ambas naciones. A pesar de haber organizado su ejército el general alemán Hans Kundt, llevó Bolivia la peor parte, con las derrotas de Campo Vía (1933) y Picuiba (1934) y la de Villamontes, ya en las estribaciones andinas. El agotamiento mutuo ocasionó el armisticio de Buenos Aires de 1935 y la paz de 1938, recibiendo Bolivia una salida al río Paraguay y parte del territorio en disputa, pero Paraguay se quedó con la mayor parte del Chaco.

Presencia de lo social

Derribado Salamanca durante la guerra, se sucedieron varios presidentes militares. Los sindicatos tenían cada vez más fuerza y los problemas y reformas sociales pasaron a primeros planos. Se recuperaron los yacimientos petrolíferos, adjudicándolos a una entidad oficial. Germán Busch (1937-1939) dio una constitución avanzada en el terreno social y representó el nacionalismo, que luego dio origen al Movimiento Nacionalista Revolucionario; de acuerdo con este, los militares jóvenes derribaron a Enrique Peñaranda, distinguido en el Chaco (1940-1943), alzando a Gualberto Villarroel, que llevó una política nacionalista, y social y fue tildado de fascista.

Perdida, sin embargo, su popularidad y sin apoyo del M.N.R., fue linchado por las turbas (1946). Se sucedieron Enrique Hertzog (1947) y Mamerto Urriolagoitia (1949), sustituido por una Junta Militar (1951). En 1952 subió al poder el M.N.R. con Víctor Paz Estensoro, continuado por Hernán Siles (1956).

Realizaron una labor revolucionaria con la nacionalización de las minas de estaño de los tres poderosos magnates mineros Simón I Patiño, Mauricio Hochschild y Aramayo; se intentó la industrialización, se promulgó el sufragio universal, una reforma agraria en favor de la masa india y una avanzada constitución en 1961.

En 1960 fue de nuevo presidente Paz Estensoro, pero el partido se dividió, separándose el dirigente sindical Juan Lechin. Paz Estensoro fue derribado por un pronunciamiento militar en 1964, formándose una Junta Militar, presidida por René Barrientos, que abolió dicha constitución y volvió a la de 1947, disolviendo los sindicatos, muy poderosos y que disponían de milicias propias. Después dio otra constitución (1966) que recoge los principales avances exteriores.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs.557-560.