Colombia

Época Prehispánica
El Descubrimiento
Época Colonial
La Independencia
Época Independiente

Época Prehispánica

Cacique Quimbaya de oro
Cacique Quimbaya de oro

En la región de Colombia, por su posición geográfica, confluyeron varias tendencias culturales: Caribe, Amazónica, Mesoamericana e Incaica. Se pueden distinguir tres áreas de culturas bien diferenciadas: la septentrional, en la Sierra Nevada de Santa Marta donde se desarrolla la cultura Tairona; la Central, del altiplano de Boyacá y Cundinamarca, con la cultura Chibcha o Muisca y la Meridional, al pie del macizo colombiano en el nacimiento del río Magdalena, con la cultura megalítica de San Agustín.

De la cultura Tairona han quedado importantes restos de templos, escaleras, trabajos de ingeniería, puentes, alcantarillado y poblados de más de 1.000 casas, lo que indica una gran concentración demográfica. Esta concentración fue quizá debida al cultivo intensivo para el que usaban terrazas en las faldas de los montes. Su cerámica era muy variada sin decoración pintada.

Estos pueblos fueron invadidos por los caribes a los que quedaron sometidos. En el altiplano se desarrolló la cultura Muisca o Chibcha. No se han encontrado restos de poblaciones extensas ni de construcciones de piedra ya que empleaban generalmente la madera. Pueblo agricultor, cultivaba el maíz, el algodón, la patata y el tomate.

Fueron excelentes orfebres y conocían todas las técnicas de la metalurgia del oro que empleaban para fabricar objetos de adorno y joyas, aunque sin llegar a la perfección de sus vecinos los Quimbayas. Estos, situados en el valle del Cauca, han dejado numerosas muestras de su arte, botellas pulimentadas, pectorales repujados, máscaras y figuras antropomorfas, que se conservan en el museo de Berlín, en el museo del Oro de Bogotá y en el museo de América de Madrid, donde se encuentra la colección conocida como Tesoro de los Quimbayas (donación del gobierno de Colombia al español a finales del s. XIX.

Una clase social importante entre los Quimbayas era la de los mercaderes que por enriquecimiento podían alcanzar la aristocracia, a la que también se podía aspirar por méritos de guerra.

La cultura megalítica de San Agustín se caracteriza por una serie de grandes monolitos tallados de cerca de dos metros de altura. Más que auténticas esculturas son relieves que representan la figura humana con los brazos a lo largo del cuerpo o bien uno doblado sobre el vientre y los pies hacia fuera. Los ojos son enormes así como la boca que presenta dos grandes colmillos.

Algunos de estos monolitos tienen una pequeña figura que sale de la boca en la que algunos han visto la representación del espíritu. Cado que no existe en esa cultura la deformación craneana se la puede considerar anterior a la influencia centroamericana. Los caribes, pueblo guerrero y antropófago procedente de las Antillas, invadieron el continente siguiendo el cauce de los ríos y penetraron en Colombia destruyendo algunas florecientes poblaciones.R.B.: MONTERO, Pilar, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, pág. 933.

Descubrimiento y Colonización

En 1499, Alonso de Hojeda con Juan de la Cosa y Américo Vespucio llevó a cabo un viaje, el primero autorizado después de los tres primeros de Colón; recorrió la costa de la actual Venezuela y el extremo occidental de la expedición fue al cabo de Vela, en la península de Goajira, límite oriental de la actual Colombia.

En octubre de 1500 salió Rodrigo de Bastidas, con Juan de la Cosa, que después de recorrer la costa venezolana, prosiguió la exploración desde el cabo de la Vela y descubrió todo el litoral atlántico colombiano, Santa Marta, la desembocadura del Magdalena, el puerto de Cartagena, el río Sinú, el golfo de Urabá y llegó hasta Nombre de Dios en el istmo de Panamá, tocando en Santo Domingo en 1501.

En 1502 y 1503 estuvieron por allí portugueses, como comprobó Cosa en Lisboa, enviándosele a rescatar al golfo de Urabá en 1504, viaje económicamente provechoso, pues recibió del rey 491.000 maravedís de quinto real. Debió ser a la misma región donde fueron Cosa y Bastidas en 1507, percibiendo a la vuelta 100.000 maravedís cada uno y el primero fue nombrado alguacil mayor de Urabá.

Con objeto de explorar la posibilidad de un paso hacia las verdaderas Indias, y por la riqueza en oro del país, en 1508 decidió el rey Fernando colonizar aquella región, otorgando a Hojeda la gobernación de Nueva Andalucía, desde le cabo de la Vela a Urabá, es decir, la actual costa colombiana, y a Diego de Nicuesa el Darién o Castilla del Oro, más al oeste (Panamá), separados por el río del Darién o Atrato. Con Hojeda fue Cosa y se asoció como capitalista con Martín Fernández de Enciso; recorrió primero Hojeda la costa colombiana, pereciendo Juan de la Cosa en el emplazamiento de Cartagena (1509).

Ante la agresividad de los indios, se dirigió a Urabá, donde fundó el fuerte y pueblo de San Sebastián, primera fundación española en la actual Colombia. Pero se vieron hostilizados por los indios, herido Hojeda y faltos de víveres, por lo cual el caudillo marchó a Santo Domingo, dejando al frente de la colonia a Pizarro. Llegado Enciso, Balboa, que venía con él como polizón, aconsejó trasladar la colonia a la parte occidental del golfo de Urabá, fundando Santa María de la Antigua de Darién (1510).

Ausente Hojeda y eliminados sucesivamente Enciso y Nicuesa quedó Balboa de único jefe de la colonia. Antes de su descubrimiento del Océano Pacífico, efectuó una expedición en busca del Dorado del Dabaibe, supuesta región o templo abundante en oro; remontó el Atrato hasta las tierras del cacique Abibeiba, sin hallarlo. Sustituido Balboa por Pedrarias Dávila, organizó este varias expediciones depredatorias, de menor interés geográfico; una de ellas la dirigió de nuevo Balboa al atrayente Dabaibe.

La costa colombiana del Pacífico fue explorada por Pascual de Andagoya en 1522 en busca del país del Birú, río o comarca de aquella zona, y que dio arbitrariamente nombre al Perú; remontó un río, que debe ser el San Juan, en el Chocó. No prosiguió entonces Andagoya sus exploraciones. La primera expedición de Pizarro, en busca del verdadero Perú, se llevó a cabo en 1524-1525 y recorrió la costa colombiana del Pacífico; en los sucesivos viajes —prolongación del primero— llegó al río San Juan y más al sur (1526-1527).

Hasta 1525 en realidad no se había pasado de reconocimientos costeros y de expediciones por botín de escasa penetración. La colonización y la conquista comenzarían desde esa fecha y tendrían dos bases de partida: la costa atlántica, con las poblaciones de Santa Marta y Cartagena, y el Perú, o sea desde el Norte y desde el Sur, hasta convergir en la meseta de Bogotá.

Capituló Bastidas en 1524 para la fundación de una ciudad, concediéndosele la costa entre el cabo de la Vela y el Magdalena, y al cabo de los años volvió al país que había descubierto. En 1525 fundó Santa Marta en la bahía de su nombre; practicó una conducta humana con los indios, lo que provocó una conjura hiriéndosele, y se marchó a Santo Domingo, para reponerse, y allí murió (1526).

Se hizo cargo del gobierno su capitán Rodrigo Álvarez Palomino, disputándoselo Pedro Badillo, nombrado por la Audiencia de aquella isla; muerto aquel quedó solo Badillo, que realizó expediciones depredatorias a La Ramada y Valle Dupar. Nombró Carlos V gobernador a García de Lerma, y a fray Tomás Ortiz, protector de indios, y poco después obispo, con instrucciones para llevar colonos labradores y artesanos y para el buen trato a los indios.

Llegó Lerma en 1529 y envió expediciones, una de las cuales llegó a Tamalameque y luego por las orillas del Magdalena al río Lebrija. Quedaba con unas y otras expediciones hallado un camino al Magdalena por tierra por el Valle Dupar y demostraba la navegabilidad del río. En sus últimos años dejó atropellar a los indios, y sin hacer nada de interés murió en 1532; en 1531 una expedición remontó la orilla izquierda del Magdalena y luego la del Cauca hasta más arriba de San Jorge.

Pedro de Heredia consiguió una capitulación dándosele la costa entre el Magdalena y el Atrato y en 1533 fundó Cartagena; llevó a cabo varias expediciones, en las que recogió gran cantidad de oro, una de ellas en la región del Sinú, buscando un camino al mar del Sur. A la vuelta halló al primer obispo de Cartagena, y a su hermano Alonso de Heredia, que efectuó algunas expediciones al interior; en 1536 hizo una Pedro por el Atrato, y luego los dos hermanos fueron residenciados; Pedro volvió a España, donde logró se le repusiera.

En 1537 el capitán Francisco César, que ya había estado en el Río de la Plata con Caboto, fue en busca del Dabaibe desde Urabá y descubrió la meseta de Antioquía. En 1535 fue nombrado gobernador de Santa Marta Pedro Fernández de Lugo y con él llegaron el cronista Juan de Castellanos, Gonzalo Suárez Rendón y Gonzalo Jiménez de Quesada.

En 1536 este fue nombrado jefe de la tropa que debía remontar el Magdalena y partió el 5 de marzo de Santa Marta con cerca de un millar de hombres; como ha indicado Friede, su objetivo era el Perú, dada la confusión geográfica existente, y al que se creía cercano. Dominando el desaliento de la hueste por las penalidades sufridas, salió del valle del Magdalena por el del Opón y descubrió la meseta de Bogotá y los reinos chibchas, procediendo a su conquista, a pesar de lo reducido que había quedado su tropa (Jiménez Quesada). Allí fundó Santa Fe (6-VIII-1538) y llamó al país Nuevo Reino de Granada.

En febrero de 1539 tuvo lugar la famosa escena de la confluencia allí de tres conquistadores: Quesada, Federmann y Belalcázar, procedentes cada uno de distinto rumbo. Los jefes alemanes enviados por los Welser también habían penetrado en territorio colombiano actual desde Venezuela; Alfinger desde Maracaibo penetró en expedición de saqueo y en busca del mar del Sur por el Valle Dupar, llegó a la confluencia del Magdalena y el César, subió a las sierras de Ocaña, el valle de Girón, la cordillera de Cachirí y pereció en el valle de Chinácota (1533), regresando su hueste a Coro por los valles de Cúcuta.

Su sucesor Jorge de Spira, buscando regiones ricas en oro, atravesó la serranía de Mérida (1535) y llegó a los ríos Apure y Casanare, descubriendo los Llanos; intentó llegar al país de los chibchas, del que tuvo noticia, sin lograr cruzar la Cordillera, que orilló mucho trecho hacia el Sur, hasta más allá del río Guaviare, regresando a Coro en 1538, tras horribles padecimientos.

Federmann recorrió igualmente los Llanos del Casanare y Meta, buscando en estos ríos una especie de Dorado, pero más afortunado que Spira, subió al páramo de Sumapaz y por el río Fusagasugá llegó a Pasca en la meseta bogotana (1536-1539). Del Sur procedía Belalcázar, compañero de Pizarro, en la conquista del Perú y luego conquistador de Quito.

En este país oyó hablar de un áureo país, que en quechua llamaban Cundinamarca, supuesto al este de los Andes. Sus capitanes Pedro de Añasco y Juan de Ampudia, partieron en 1535, pasaron por Pasto, el valle del Patía, donde la hueste padeció mucho, y siguieron al Norte, a Popayán, y el valle del alto Cauca, fundando Ampudia una villa a la que dio su nombre.

En 1536 se les incorporó Belalcázar y recorrió el valle del Cauca hasta Anserma; luego trasladó la villa de Ampudia, fundando Cali (1536), a poco trasladada a su emplazamiento actual; también buscó un paso al Pacífico. En diciembre de 1536 fundó Popayán, efectuando las ceremonias pertinentes el 15-VIII-1537. Exploró la cordillera por las fuentes del Magdalena y Cauca y regresó a Lima para obtener de Pizarro más facultades y medios.

Vuelto en 1538 cruzó la cordillera y pasó al valle del Magdalena, descubriendo las llanuras de Timaná y Neiva; Añasco fundó por su orden la villa de Timaná (fines de 1538). En aquel valle le halló Hernán Pérez de Quesada, hermano del conquistador del Nuevo Reino de Granada, negociando ambos, pues Belalcázar reclamaba el país; al fin se llegó a un acuerdo, decidiéndose que los tres caudillos irían a España para que se determinase a quien correspondía la gobernación.

Procedió Quesada a la fundación jurídica de Santa Fe (abril de 1539), organizando su municipio, y dejó en el gobierno a su hermano Hernán Pérez de Quesada. Por orden suya, después de su partida su capitán Martín Galeano fundó Vélez, y Suárez Rendón, Tunja (ambas en 1539).

En 1540 llegó Jerónimo Lebrón, nombrado por la Audiencia de Santo Domingo gobernador de Santa Marta, por haber fallecido Fernández de Lugo, y pretendió el gobierno de Nueva Granada, pero Rendón y Pérez de Quesada, apoyados por los municipios lograron que se alejara mediante indemnización.

Con Lebrón llegaron las primeras mujeres españolas, semillas de plantas europeas, como trigo, pronto difundido, y artículos de uso. En 1541 Pérez de Quesada salió en busca del Dorado y previamente mató al Zaque de Tunja y a varios caciques para evitar rebeliones; vagó por los llanos hacia el Sur, hasta más allá de Caquetá y regresó tras muchas penalidades y sin conseguir nada. Entre tanto se alzaron los indios, por los abusos que sufrían, y costó reducirlos.

Alonso Luis de Lugo había conseguido el nombramiento de Adelantado del Nuevo Reino de Granada en perjuicio de Quesada y sin tocar en Santa Marta marchó directamente a Santa Fe (1542), donde dio escape sin freno a su codicia y prendió a Pérez de Quesada y Rendón; desterró al primero y se llevó preso al segundo cuando se marchó (1544); en este año se efectuó la fundación de Tocaima, en el país de los belicosos panches.

En la gobernación de Cartagena, Alonso de Heredia había fundado Mompox (1539). Vuelto Pedro de Heredia, confirmado en su gobierno, hizo una infructuosa expedición por el Atrato al mítico Dabaibe, sin éxito, y otra a Antioquía, de la jurisdicción de Belalcázar, quien la recobró y le prendió, enviándolo a Panamá, para que la Audiencia determinase las jurisdicciones de cada uno. Aun volvió Heredia y dos veces más se apoderó de Antioquía, que al fin quedó en la gobernación de Popayán.

En esta última, Belalcázar al partir a España dejó parte de sus tropas en Nueva Granada y otro en su propio territorio; su capitán Juan de Cabrera fundó la villa de Neiva (1539), en lugar distinto del actual.

El repartimiento de indios y la ferocidad de Añasco al quemar a un jefe indio de Timaná provocaron una rebelión de los yalcones, dirigida por la madre de la víctima, en la que pereció el jefe español; Timaná sufrió dos fuertes ataques indios, que logró rechazar. También pereció Ampudia (1540) luchando con los paeces.

Pizarro envió a Popoyán a Lorenzo de Aldana, quien ante la ausencia de Belalcázar, asumió el gobierno, suavizó el trato a los indios, e hizo fundar Pasto (1539), en la ruta a Quito.

Antes de regresar a esta ciudad, encargó a Jorge Robledo una expedición hacia el Norte, uniéndose antes con la hueste de Juan de Vadillo, quien había residenciado y perseguido a los Heredias; para evitar el castigo, emprendió una expedición con Francisco César, que acababa de descubrir Antioquía (1538 ó 1539), y Cieza de León, con unos cuatrocientos hombres, además de numerosos indios.

Desde Urabá subió Vadillo por la serranía de Abibe y llegó a la meseta de Antioquía; luchó con el cacique Nutibara, con quien había peleado antes César; Tomó Buriticá, donde quemó al cacique por no darle el oro que se le exigía; perdió a César y alcanzó el río Cauca, llegando a Cali, donde Aldana se opuso a que siguiera su empresa por estar ya en la jurisdicción de Perú y acabó enviándosele preso a España.

Romero remontó el Cauca, fundó Anserma (1539), sometió diversas tribus y las regiones de Arma y Quimbayá, fundando aquí la villa de Cartago (1540). Al mismo tiempo Andagoya quiso reanudar sus antiguas empresas y nombrado gobernador del río San Juan, fundó la primera Buenaventura (1540), más tarde destruida, e hizo reconocer su autoridad en Cali por Robledo.

Si Quesada no tuvo éxito en España en su pretensión del gobierno de Nueva Granada, fue más afortunado Belalcázar, nombrado gobernador de Popayán (1540), haciéndose independiente de Pizarro y segregándose el país de Perú.

Desembarcó en Buenaventura y trajo misioneros, colonos, semillas y animales; destituyó y prendió a Andagoya, luchó contra los paces, que le infligieron una derrota y no pudo continuar la campaña contra ellos y los quimbayas por haberle llamado Vaca de Castro desde el Perú contra los almagristas.

Robledo reconoció su autoridad y exploró los Andes por comarcas aún no conocidas, como el monte Ruiz, el valle de Aburrá o de Medellín luego, y el valle de Ebéjico, donde fundó en 1541 la ciudad de Santa Fe de Antioquía.

Trataba bien a los indios. Deseoso de obtener una gobernación independiente, partió a Urabá donde lo detuvo Heredia, que lo envió preso a España. Vuelto Belalcázar, hizo reconocer su autoridad en Antioquía, fundar la villa de Santiago de Arma (1542) y prendió a Heredia, que pretendía aquella región también. Poco después sufrían los puertos los primeros ataques de piratas, que saquearon Santa Marta y Cartagena e incendiaron la primera (1543 y 1544). Aún volvió violentamente Heredia a Antioquía, hasta que el gobierno español dispuso que perteneciera a la gobernación de Popayán.

Para implantar las Leyes nuevas de 1542 se envió a aquellos países al visitador Miguel Díaz de Armendáriz, quien residenció y envió preso a España a Heredia (1544) y nombró teniente gobernador de Santa Fe a Pedro de Ursúa en lugar del que dejó Alonso Luis de Lugo, y en Antioquía a Robledo. Belalcázar, de nuevo en el Perú, llamado por Núñez Vela, previamente había acordado con el cabildo de Popayán y los otros no poner en vigor la Leyes Nuevas.

Robledo, confirmado en el gobierno de Antioquía por Armendáriz y nombrado mariscal, ocupó la comarca (1546) y rompió con Belalcázar, pero este le sorprendió y capturó y le condenó a muerte (1546).

Por tercera vez volvió al Perú para ayudar a la Gasca y después hizo fundar San Sebastián de la Plata (1549 ó 1551). Pero el juez de residencia Francisco Briceño, le suspendió y procesó, condenándolo a muerte por la ejecución de Robledo (1550); apeló y fue enviado a España, falleciendo antes de embarcar en Cartagena (1551). También en Santa Fe hubo oposición a las Leyes Nuevas, hasta su suspensión; allí gobernó Armendáriz desde 1547 y por su orden Ursúa fundó Pamplona (1549) y se exploraron otras comarcas desconocidas.

Era muy grande la extensión de aquellas gobernaciones, que además dependían de dos Audiencias, de la de Santo Domingo, la de Santa Marta que incluía Nueva Granada, y de la de Panamá, las de Cartagena Y Popayán; al crearse la de Lima, de esta dependió Popayán, y de la de Santo Domingo, las gobernaciones de Santa Marta, Nuevo Reino y Cartagena.

Por otra parte, como se ha indicado, habían sido frecuentes las luchas entre los conquistadores por territorios disputados violentamente entre sí, y por estos motivos y por organizar una organización definitiva y civil, creó Carlos V la Audiencia de Santa Fe, por real cédula de 17-VII-1549, la cual se instaló el 7-IV-1550. De ella dependían Santa Fe, Tunja, Popayán, Cartagena y Santa Marta; la gobernación de Andagoya había quedado absorbida por Popayán; también comprendía Venezuela.

Quedaba así, excepto el último país, perfilado el contorno geográfico e histórico, aproximadamente en lo que se llamó en lo sucesivo Nuevo Reino de Granada o actualmente Colombia. Se clausuraba la etapa de la Conquista, con la desaparición de los primeros conquistadores; aún vivía Quesada, que en ese año regresó con el título de mariscal del Nuevo Reino, pero sin poder efectivo.

Existían ya los obispados de Santa Marta (1531), Cartagena, inaugurado en 1534 y Popayán, en 1548, y la principal labor apostólica fue desempeñada por los dominicos, destacándose los prelados fray Tomás Ortiz, primero de santa Marta; fray Tomás de Toro, primero de Cartagena y fray Domingo de las Casas, primo del famoso defensor de los indios, que acompañó a Quesada en la conquista del Nuevo Reino y asistió a la fundación de Santa Fe, alentando a no volver atrás y censurando los desmanes del caudillo.

En resumen, la penetración y sumisión de la actual Colombia partió de dos focos costeros y desde Quito, concluyendo el impulso del Norte en la conquista de la meseta de Bogotá, donde se asentó definitivamente el centro del nuevo país, siguiendo la tendencia de otros países americanos, en que se rehuyó la tierra baja y caliente por la meseta templada, donde ya se habían desenvuelto las altas culturas indígenas.

La corriente del Sur colonizó la zona occidental, también montañosa. Se buscó afanosamente oro y se cometieron excesos con los indios, cuya resistencia no fue muy fuerte ni prolongada; pero pronto se difundió la colonización, con el establecimiento de soldados y colonos y la fundación de ciudades, con sus municipios, movimiento que continuó sin interrupción en la etapa siguiente.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 868-872.

Época Colonial

La segunda mitad del siglo XVI

Constituida la Audiencia de Santa Fe o del Nuevo Reino de Granada, por su deficiente funcionamiento se creó el cargo de Presidente con categoría de gobernador y capitán general, independiente del virrey del Perú (1564). Su autoridad se extendía al territorio anterior de la Audiencia y a Venezuela; abarcaba Panamá y luego se le agregó Antioquia; Pasto y Popayán dependían de la Audiencia de Quito.

Continuó la labor colonizadora y evangelizadora en adelante, sin interrupción. En el resto del s. XVI se fundaron nuevas poblaciones, como Ibagué (1550), en el país de los pijaos; Mariquita, en una región minera (1553); Ocaña, 1561, trasladada doce años después; Leiva (1572); Buga (h. 1560); Honda (1565), no erigida en villa hasta 1643, y otras de efímera u oscura vida.

Se abrió un camino más breve de la Meseta al Magdalena, en el que se fundó Villeta (1551), estableciendo un servicio de recuas. Los dominicos fundaron en Santa Fe una cátedra de Gramática (1563), y después de Filosofía y Teología (1573). Entre los misioneros destacó San Luis Beltrán. En 1563 fue erigida la sede de Santa Fe en arzobispal, cuyo primer titular fue fray Juan de los Barrios, que siendo aún obispo de Santa Marta reunió en Santa Fe un sínodo, que dio reglas para el buen trato y cristianización de los indios.

Luego se restableció la sede de Santa Marta. Su sucesor, Luis Zapata de Cárdenas, antiguo combatiente de Carlos V, erigió la famosa iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. A fines del XVI llegaron los jesuitas, y el arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero les confió el nuevo colegio de San Bartolomé (1604), uno de los más importantes del Nuevo Reino.

Siguieron las luchas para someter a las tribus insumisas, como los pijaos, colimas, muzos, a quienes intentó dominar en vano Ursúa; paeces y otros; los abusos con los indios provocaron varias rebeliones, como en Popayán (1557). La población indígena fue diezmada por la aparición de nuevas epidemias, que hicieron terribles estragos, como la viruela (1566 y 1588) y después el tifus. En contraste con los malos tratos cabe recordar el celo, entre otros del obispo de Popayán, fray Agustín de la Coruña, del citado Barrios y del presidente Venero.

En 1553 tuvo lugar la insurrección de Álvaro de Oyón, antiguo soldado del Perú, alzado en la ciudad de la Plata, quien con otros soldados descontentos mató al fundador de la misma Sebastián Quintero y a los alcaldes y tomó Timaná y Villavieja, que saqueó; querían desconocer la autoridad del rey y era un rebrote de las Guerras civiles peruanas; fracasado en el ataque a Popayán, fue ejecutado con varios de los suyos.

Años después produjo gran alarma la amenaza de la llegada de Aguirre. También aparecieron los piratas y en 1586 Drake tomó y saqueó Cartagena donde además exigió un cuantioso rescate; en 1596 saqueó también Santa Marta.

El primer presidente del Nuevo Reino fue Venero de Leiva (1563-1574), de recto gobierno, preocupado por mejorar la suerte de los indios. De sus sucesores destaca Díez Aux de Armendáriz (1578), que hizo marcar los tejuelos de oro usados como moneda, pero por el doble sistema, ya que otros no lo estaban y valían menos, sobrevino una crisis económica.

En su tiempo murió el viejo conquistador Quesada. Tras varios visitadores y choques con los oidores ejerció la presidencia Antonio González (1590-1597), que procuró librar a los indios del trabajo personal y promulgó otras medidas favorables a ellos; introdujo la alcabala y las transacciones en plata marcada. Le sucedió Sande, el Emplazado.

El siglo XVII

Prosiguió la colonización, fundándose Barranquilla (1629), Socorro (1681, Girón, Medellín (iniciada en 1640 y erigida en 1675) y otras poblaciones. Las incursiones indias obligaron a abandonar varios pueblos del Cauca; a mediados del siglo los jesuitas intentaron pacificarlos y fundaron Citadá (Quibdó), pero la explotación minera provocó la ruina de las misiones, abandonándolas aquellos, y volviendo los indios a su nomadismo, siendo sustituidos por negros, que abundaron luego en ese país.

El arzobispo criollo Hernando Arias de Ugarte (1618-1625), luego de Charcas y Lima, recorrió su diócesis durante tres años y reunió un concilio provincial (1625) y se esforzó en ayudar a los indios. El prelado fray Cristóbal de Torres (1635-1654) fundó un colegio, ilustre en la historia de la cultura colombiana, el del Rosario (1653), a cargo de los dominicos, aunque luego se les retiró.

Los dominicos habían conseguido bula para fundar universidad en su colegio de Santo Tomás (fundado en 1608), a lo que se opusieron los jesuitas, que la querían para sí, zanjándose el pleito en 1637 a favor de los primeros.

Los jesuitas lograron, sin embargo, privilegio en su colegio (fundado en 1623) para graduar, llegaron a fin de siglo a un acuerdo con los dominicos y en 1704 fue reconocido su colegio como universidad llamada Javeriana.

Los jesuitas fundaron otros colegios en Honda, Pamplona, Tunja, Cartagena y Antioquia, hasta catorce en el s. XVIII; también se les confió otro centro importante, el Seminario de Popayán. Figura ilustre de la Compañía fue el Apóstol de los negros, San Pedro Claver (m. 1654), que se consagró al cuidado y bautismo de los esclavos en Cartagena durante muchos años.

La labor misional en general la resume J. P. Restrepo al afirmar que de 1650 a 1682 se redujeron 32 tribus y se fundaron treinta pueblos, y de 1683 a 1727, 34 y 75 respectivamente. Los jesuitas y dominicos extendieron las misiones a los Llanos orientales y a las vertientes de la Cordillera.

En 1610 se fundó el tribunal de la Inquisición de Cartagena, cuya jurisdicción se extendía a Nueva Granada, Venezuela y las Antillas, lo que duró el resto de la época colonial. Según José Toribio Medina celebró un total de 12 autos públicos y 38 particulares, con 767 reos, de los cuales solo seis fueron condenados a muerte y todos en el s. XVII.

El presidente Juan de Borja (1605-1628), tras una lucha de cuatro años logró someter a los pijaos, en temible y constante rebeldía, ayudado por otras tribus enemigas de aquellos; restableció el trabajo obligatorio indio en las minas y en su tiempo se fundó la primera casa de moneda en Santa Fe (1622).

Los presidentes del resto de siglo ofrecen escaso relieve: disensiones con los oidores o con los prelados, alguna obra de utilidad, como la casa de expósitos o el puente grande en el río Bogotá, este por Diego de Egües y Beaumont, uno de los más celosos; o interés por la conversión de los indios. Uno de ellos el obispo Melchor de Liñán, fue después virrey del Perú. Los puertos sufrieron ataques piráticos, como Santa Marta (1669); Cartagena fue tomada y saqueada por los franceses, en guerra con España, en 1695 y 1697, la segunda vez por Pointis.

La cultura en esos dos siglos, además de los centros educativos citados y otros diversos, ofrece varias figuras de interés: el mismo Jiménez de Quesada, autor de los perdidos Ratos de Suesca, el Antojovio, y unas historias de la conquista del Nuevo Reino, conocidas por fragmentos aprovechados en otras obras.

El famoso beneficiado de Tunja, Juan de Castellanos (1522-1606), con sus Elegías de Varones ilustres de Indias, de más valor histórico que literario; fray Pedro de Aguado, autor de la Historia de Santa Marta y Nuevo Reino de Granada.

Fray Pedro Simón, con su valiosa crónica Noticias historiales de las conquista de Tierra Firme, inspirada en la anterior (publ. la 1ª parte en 1627). Todos estos eran peninsulares. Juan Rodríguez Freile (antes Fresle), es criollo (n. 1566), autor de la viva crónica llamada El Carnero, de interés para conocer la historia interna neogranadina.

Otro criollo, Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1688), de linaje mestizo, obispo de Santa Marta, donde sufrió el citado saqueo por las hordas de Morgan, y luego de Panamá, autor de una Historia General del Nuevo Reino de Granada (1688).

El andaluz Juan Flórez de Ocáriz, con sus Genealogías del Nuevo Reino de Granada (1674). El padre Bernardo de Lugo, O. P., escribió una gramática chibcha (publ. en Granada en 1619); también estudió la lengua el jesuita italiano padre José Dadey, primero que enseñó Física. Fray Alonso de Zamora, criollo, escribió la Historia del Nuevo Reino y de la provincia de San Antonio (1701).

La tunjana madre Francisca Josefa del Castillo (1671.1742), clarisa, que siguió a Santa Teresa en sus obras místicas Vida y sentimientos espirituales, de valor literario y claro estilo en plena época de gongorismo.

La poesía tiene escasa importancia. El arte (Arte colonial) tuvo mejor florecimiento que en otros países americanos, destacando algunos techos mudéjares y la catedral de Tunja, de tipo gótico; la catedral de Santa Fe, herreriana, hubo de ser reconstruida en estilo neoclásico (1808) por haberla derribado unos terremotos; quedan varias iglesias del s. XVII, como la capilla del Sagrario, en la capital y otras en provincias. Tuvo menos interés la imaginería, pero sobresalió la orfebrería religiosa.

Son notables los relieves barrocos de San Francisco en Bogotá, obra del escultor asturiano Ignacio García de Ascucha. La pintura ofrecía a Gregorio Vázquez de Arce, uno de los mejores artistas americanos de la llamada época colonial (1638-1711), realista, autor de numerosas obras de carácter religioso, inspirado en grabados y cuadros importados. La arquitectura militar ofrece las fortificaciones de Cartagena planeadas por uno de los Antonelli, Bautista (fines del XVI).

El virreinato

En 1715 la Audiencia destituyó al presidente Francisco de Meneses. El rey ordenó su reposición —solo teórica— y al mismo tiempo envió a Antonio de la Pedrosa para erigir en virreinato —el tercero de América— el territorio de Nueva Granada. Comprendería el nuevo virreinato las provincias de Santa Fe, Cartagena, Santa Marta, Maracaibo, Caracas, Antioquia, Guayana, Popayán y la Audiencia de Quito, es decir, las actuales repúblicas de Colombia, Venezuela y Ecuador.

Tomo posesión Pedrosa en 1717 y parece que no tenía atribuciones de virrey, aunque sí se tituló; si tuvo oficialmente este cargo su sucesor Jorge de Villalonga (1719-1724), nombrado en 1717, pero manifestó al gobierno que era innecesario y gravoso mantener la categoría de virreinato, por no tener medios económicos el país para ello, y ante sus informes se decretó la abolición, volviendo al régimen anterior de presidencia (1723).

Según el informe del nuevo presidente Antonio Manso Maldonado (1724-1731) contrastaba la riqueza potencial del país, especialmente en oro, con la pobreza de sus habitantes, a lo que ayudaba su ociosidad, sin haber artesanos: los indios estaban en mala situación, sujetos al trabajo minero; faltaban brazos para la agricultura —de ricas perspectivas— y era deficiente la justicia.

de nuevo se estableció y definitivamente el virreinato, por real cédula de 20-VIII-1739. El nuevo virrey Sebastián de Eslava tomó posesión en 1740, residiendo siempre en Cartagena y durante su mando se efectuó un violento ataque ingles por el almirante Vernon, que en 1739 tomó Portobelo y en 1740 bombardeó Cartagena.

Volvió en 1741, pues se hallaba Inglaterra en trance expansionista y atacó de nuevo Cartagena, que no pudo tomar por la heroica defensa de Blas de Lezo y de Eslava. Cesó este en 1749 y se sucedieron los virreyes José Alfonso Pizarro (1749), José Solís y Folch de Cardona (1753), que al cesar (1761) se retiró a un convento de Santa Fe; Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo (1761), Manuel de Guirior (1773) y Manuel Antonio Flórez (1776-1782).

Comprendía el virreinato los territorios citados, incluso el de la Audiencia de Panamá; pero en 1742 se desligó la capitanía general de Venezuela de toda dependencia respecto al virreinato, y en 1777 se agregaron a esta capitanía, separándolas del virreinato, las provincias de Cumaná, Maracaibo, Guayana e islas de Trinidad y Margarita. Al crearse el virreinato se restableció la Audiencia de Quito, pero esta y la de Panamá —suprimida en 1751— dependieron en adelante del virreinato granadino.

Así quedó este totalmente desligado del virreinato peruano, del que había dependido hasta entonces, pero la separación geográfica, la diversa orientación —hacia el Pacífico o el mar Caribe—, las diversas necesidades económicas, habían hecho difícil atender a Nueva Granada desde Lima, aparte de que el virrey del Perú, con enormes territorios aún bajo su jurisdicción, no podía atender a aquel lejano país, amenazado además por los ataques a Cartagena y Portobelo, que requerían una autoridad próxima.

los mencionados virreyes fueron en general celosos del buen régimen del país y secundaron las reformas de la época. Pizarro estableció el estanco del aguardiente y organizó el correo; Solís favoreció las misiones del Meta, Orinoco, los Llanos y el Chocó, levantó la primera estadística del país, hizo construir algunas obras públicas de utilidad y mejoró el servicio de correos; Messía introdujo la renta del tabaco, mejoró algunas comunicaciones, fundó un fábrica de pólvora para la defensa y hubo de proceder a la expulsión de los jesuitas en 1767, en número de más de 187, abandonando sus misiones de los Llanos.

Guirior levantó otro censo y trató de fomentar las misiones de Riohacha, favoreció la agricultura rebajando los derechos sobre las harinas para evitar la competencia de las extranjeras en Cartagena. Bajo Flórez se publicó el reglamento de Libre Comercio (1778); fomentó los caminos e intentó desarrollar la agricultura; estableció los gremios en la capital y proyectó otras medidas, que no pudo desenvolver por atender a la nueva guerra con Inglaterra.

Las relaciones de mando de los virreyes se quejan siempre de la pobreza del país —social, no natural—, de la escasez de su comercio, del escaso desarrollo de la agricultura, de los defectos de la población modesta. La industria quedaba reducida a la minería —oro y esmeraldas— y a algunas fábricas de paños ordinarios.

La división social era la misma que en los demás países hispanoamericanos: peninsulares; criollo, sin que hubiera aquí una aristocracia colonial, y siendo el cargo más elevado a que cabía esperar el de corregidor; mestizos e indios, que formaban el elemento popular. Los indios estaban sometidos a la mita, lo que causaba su disminución por enfermedades, muerte o abandono de sus pueblos, o eran víctimas de los abusos de los corregidores.

Preludios de la independencia

En tiempo de Flórez se envió al visitador Gutiérrez de Piñeres, para reformar la Hacienda y establecer el régimen de Intendencias. Su dureza fiscal provocó la rebelión de los Comuneros del Socorro,

Reprimida la sublevación, ejecutados algunos rebeldes, como José Antonio Galán (1782) y destituido otro jefe suyo, Juan Francisco Berbeo, venció la calma externa, pero quedó ya una conmoción interior.

Renunciado Flórez, tras el efímero mando de Torresar, gobernó como virrey el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, de ilustrado régimen (1782-1789), de cuya actuación cultural se hablará luego. Dio un indulto para apaciguar la intranquilidad, Fomentó la minería, procuró reparar los efectos de un terremoto, restableció la recaudación de impuestos en la forma anterior, hizo reconocer los Llanos en vista de una posible colonización, e intentó la del Darién. En 1787 solicitó la creación de una Universidad en santa Fe.

Tras el breve gobierno de Gil de Tabiada y Lemos (1789), trasladado inmediatamente al Perú, fue nombrado José de Ezpeleta (1789-1797), secuaz de la Ilustración; mejoró la Hacienda, consiguiendo por primera vez un superávit, remitido a España; se estableció la navegación por el Atrato, Mandó construir varias obras públicas, y aumentó las fortificaciones de Cartagena. En su tiempo ocurrió la conspiración de Antonio Nariño y su proceso, u la primera expresión de un sentimiento partidario de la independencia.

Sucedió a Ezpeleta Pedro de Mendinueta (1797-1803), que prosiguió la labor ilustrada de sus antecesores, con la construcción de nuevas obras de utilidad y se fundó la Sociedad patriótica de Amigos del país (1801).

En su tiempo visitó Humboldt Nueva Granada. el último virrey anterior a la época de la emancipación fue Antonio de Amar y Borbón (1803-1810), de menor relieve que los anteriores y bajo cuyo gobierno estalló la insurrección. En su tiempo llegó la expedición propagadora de la vacuna (Balmis) y favoreció con medios económicos la reconstrucción de la catedral de Santa Fe.

Entre los prelados, además de Caballero y Góngora, cabe recordar a Martínez Compañón (m. 1797). En el s. XVIII se fundaron algunas poblaciones importantes, como Bucaramanga, erigida en parroquia en 1778; Cúcuta, erigida en villa en 1792 y Rionegro en 1783. Al comenzar el s. XIX la población de Nueva Granada era de unos dos millones de habitantes y la de la capital, de 21.000.

La cultura en el siglo XVIII

Muy interesante desarrollo ofreció la cultura en Nueva Granada en el siglo anterior a la independencia. En 1738 introdujeron los jesuitas la imprenta, inexistente antes, pero duró solo unos cuatro años. En Cartagena funcionó otra en 1769 y el virrey Flórez la hizo trasladar a Santa Fe, siendo el impresor Antonio Espinosa de los Monteros (1776) e hizo traer material nuevo de España.

La enseñanza sufrió un severo golpe con la expulsión de los jesuitas, que regentaban catorce colegios en Nueva Granada, pues hubo ciudades que poseían el único. Con sus bibliotecas se instaló la Real Biblioteca en santa Fe, primera de carácter público, por iniciativa del fiscal Moreno y Escandón y orden del virrey Flórez (1777).

Centro de interés fue el primer colegio femenino, fundación de doña María Clemencia Caycedo (1707-1779), autorizado en 1770 e inaugurado poco después de su muerte. Estaba más desatendida la enseñanza primaria, habiendo algunas escuelas en ciertos colegios; Ezpeleta fundó cinco escuelas populares en la capital, cuyas rentas proporcionó Martínez Compañón.

Se crearon en este siglo algunos otros colegios y los del Rosario y San Bartolomé recibieron los privilegios de la universidad de Salamanca. En el Rosario se introdujeron cátedras de matemáticas y medicina, encomendada la primera a Mutis, su iniciador y la segunda a Miguel de Isla, fundador de los estudios médicos en el país.

Moreno y Escandón propuso la creación de una verdadera universidad, en lugar de la considerada así de los dominicos y ya se ha dicho que la pidió Caballero y Góngora; Moreno también redactó un plan de estudios de tipo moderno, que rigió un poco tiempo, apoyado por Guirior, pero desaprobado por el gobierno de la metrópoli, pese al predominio de la Ilustración. Félix Restrepo reformó también en sentido moderno el Seminario de Popayán.

Apareció también el periodismo en 1785, con una efímera Gaceta de Santa Fe; el verdadero introductor fue el cubano Manuel del Socorro Rodríguez con el Papel periódico de Santa Fe de Bogotá (1791-1797), favorecido por Ezpeleta; en 1806 publicó Socorro El Redactor Americano; pero mucho más interés tuvo el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1810), dirigido por Caldas, con el fin de difundir conocimientos científicos y útiles. En 1793 se inauguró el primer teatro en Santa Fe.

Ya se citó a la madre Castillo. La Historia contó con José de Oviedo y Bajos, que vivió en Venezuela, donde escribió una historia del país. El jesuita español Juan Rivero escribió una Historia de las Misiones de los Llanos de Casanare y los ríos Orinoco y Meta, que quedó entonces inédita y fue aprovechada por el padre José Cassani en su Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el Nuevo Reino de Granada (1741) y por el padre José Gumilla en El Orinoco Ilustrado. José Domingo Duquesne estudió el calendario y la etnología de los chibchas.

La obra científica de más empeño en el siglo XVIII fue la Expedición Botánica, debida a la iniciativa del gran sabio gaditano José Celestino Mutis, sacerdote y médico, renovador de los estudios científicos e introductor del sistema de Copérnico, que aún halló resistencias. Caballero y Góngora favoreció su proyecto y el gobierno subvencionó la Expedición, allí formada y dedicada al estudio de la naturaleza de Nueva Granada.

Alrededor de Mutis se formó un grupo de naturalistas, como Caldas y Zea y de pintores para dibujar las láminas, fruto fue la grandiosa colección de plantas y pinturas llamada Flora de Bogotá, de la que quedan más de 6.700 láminas en el Jardín Botánico de Madrid.

También se favoreció la idea de un observatorio astronómico, inaugurado en 1803, y dirigido por Caldas, primero en la América española. Caldas fue también físico y efectuó algunos descubrimientos; otro discípulo de Mutis, Francisco Javier Matiz descubrió un antídoto contra el veneno de las serpientes; también lo era Jorge Tadeo Lozano, zoólogo y primer presidente de la Independencia.

En los últimos años coloniales los intelectuales se agruparon en tertulias: la de Nariño adquirió carácter revolucionario; la Eutropélica, del citado Socorro, y la del Buen Gusto, a cuyo círculo pertenecieron José Fernández Madrid, y otros escritores, entre ellos destacadas figuras de la época: los juristas Frutos J. y José María Gutiérrez, asimismo literatos, Camilo Torres, Francisco Antonio Ulloa y Miguel Pombo, con Manuel Rodríguez Torices, José María Salazar y Custodio García Rovira.

Todos fueron luego patriotas y la mayoría pereció violentamente. En estos tiempos en los medios cultos se había verificado una renovación ideológica, con la aceptación de la nueva filosofía, el interés por las ciencias naturales y el influjo revolucionario. El nivel cultural neogranadino en vísperas de la independencia era de los más elevados en conjunto de la América española.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 872-876.

La Independencia

Precedentes

Como en otros países americanos, existía honda rivalidad entre criollos y peninsulares, y en las clases cultas y elevadas aspiraciones a la independencia.. En 1780, el movimiento de los Comuneros del Socorro había puesto de manifiesto este oculto fondo.

Había prosperado Nueva Granada a fines del XVIII, especialmente bajo los virreyes Caballero y Góngora, Ezpeleta y Mendinueta, y era también uno de los países más cultos de América. Los miembros de la Ilustración granadina se habían agrupado en torno a las figuras de José Celestino Mutis (1732-1808) y Antonio Nariño.

El primero formó un grupo de naturalistas, patriotas a la par, como Francisco José de Caldas (1771-1816), Francisco Antonio Zea (1766-1822), Eloy de Valenzuela (1756-1833) y Jorge Tadeo Lozano, hermano del marqués de San Jorge (1771-1816). Nariño, avanzado en ideas, traductor de los Derechos del Hombre (1794), que le valió larga persecución, tenía una tertulia a la que concurrían algunos de los anteriores, y Camilo Torres (1766-1816), Joaquín Camacho (1776-1816), Pedro Fermín de Vargas y otros, principalmente juristas, como también lo eran Miguel de Pombo (1770-1816) y Félix Restrepo (1760-1832); la tertulia de Nariño estaba presidida por el retrato de Franklin y era de marcado tono liberal e incluso republicano.

Al mismo tiempo que él, fueron procesados otros por supuesta sedición, y Zea desterrado a España donde se le dio la dirección del Jardín Botánico de Madrid, siendo convocado en 1808 para concurrir a las llamadas cortes de Bayona, único americano notorio que asistió. Nariño fue deportado a África, pero se fugó en Cádiz y estuvo en Francia e Inglaterra, en solicitud de apoyo para la liberación de su país, sin obtener resultado por pretender los ministros ingleses colocar a Nueva Granada en la órbita británica.

De 1808 a 1810

El elemento criollo granadino permaneció tranquilo hasta la invasión de España por Napoleón, rigiendo entonces el virreinato el mediocre e inepto Antonio Amar y Borbón (1803-1810). Al conocerse los sucesos de España fue jurado Fernando VII y se remitieron grandes cantidades para la guerra.

En agosto de 1809 se formó una Junta de Gobierno en Quito, compuesta de criollos, a imitación de las de España y con propósitos encaminados a la promoción de un movimiento autonómico, la cual excitó al cabildo de Santa Fe a imitarle.

El virrey permitió una reunión de notables el 6 y el 11 de septiembre, donde Camilo Torres propuso la formación de una junta de diputados elegidos por las provincias; no se tomó acuerdo, pero quedaron marcados los dos partidos, español y criollo. Amar envió tropas para reprimir los sucesos de Quito y se tomaron precauciones ante la agitación surgida, prendiéndose a Nariño que permaneció encerrado varios meses en Cartagena.

En XI-1809 redactó Torres un memorial protestando contra la desigualdad de representación americana otorgada en la Junta Suprema Española y con amenazas por el trato dado a América, insinuando la separación, campaña secundada por otros patriotas como Frutos Joaquín Gutiérrez de Caviedes (1770-1816) con sus Cartas de Suba, e Ignacio Herrera Vergara. Ante la agitación, el virrey efectuó prisiones y trató, al mismo tiempo, de ganarse la simpatía de los criollos.

La revolución de 1810

En 1810 se esperaba la llegada de los delegados de la nueva Regencia de España, pero la noticia de la revolución de Caracas excitó el movimiento subversivo que se preparaba, y que se anticipó en varios lugares, como Cartagena (14-VI), donde se expulsó al gobernador y se formó una Junta; Pamplona, Socorro y otros sitios; en Casanare se sublevaron José María Rosillo y Vicente Cadena, pero fueron ejecutados. El municipio de santa Fe, dominado por los patriotas, desde junio pedía insistentemente cabildo abierto y junta.

Amar y los oidores proyectaban, si España caía en poder de Napoleón, convocar Cortes americanas para elegir un regente, y entre tanto ejercerían ellos el mando. En julio se esperaba la llegada de dos delegados de la Regencia, ambos quiteños, Carlos Muntúfar y Antonio Villavicencio, destinado este a Nueva Granada. La revolución estaba en el ambiente, dispuesta, según el mismo método que en otros países americanos, y se trabajaba activamente por ella. Villavicencio había aprobado la junta de Cartagena.

Por una riña entre un comerciante peninsular y un granadino en vísperas de la llegada de aquel, estalló un motín, el 20-VII-1810, de carácter antiespañol, que se propagó rápidamente, y viéndose sin ánimos, Amar accedió aquella misma noche a un cabildo extraordinario y abierto; el débil virrey no quiso que resistiera el coronel Juan Sámano, jefe del regimiento, y sus oficiales Moledo y Antonio Baraya pusieron las fuerzas al servicio de los revolucionarios. Los conjuraros prepararon y atizaron el motín, aprovechando la cobardía e inepcia del virrey, y la situación pronto estuvo en sus manos. Dirigieron la discusión del cabildo Torres, Pombo y José de Acevedo Gómez (1780-1816).

Aquella madrugada quedó formada la Junta Suprema del Nuevo Reino de Granada, en la que entraron los principales patriotas citados, verdadero gobierno partidario de la independencia, aunque, para disimular, como las otras juntas análogas, proclamó a Fernando VII y proclamó su presidente a Amar, que a los pocos días fue sustituido, encarcelado y expulsado, por exigencias de la demagogia que se había desatado (15-VIII). El oidor Hernández de Alba, que había perseguido a Nariño, estuvo a punto de perecer, y se desconoció la Regencia.

La Junta actuó como Gobierno, nombrando un ejecutivo plural, presidido por el vicepresidente José Miguel Pey, suprimió la Audiencia, formó un ejército y convocó a las provincias para formar otra Junta con representantes de ellas y reunir un Congreso.

Centralismo y federalismo

La revolución había repercutido en el resto del país, y por todas partes se constituyeron juntas, salvo en Popayán y Pasto, donde Miguel Tacón (más tarde gobernador de Cuba) mantuvo la obediencia a España, tras formar brevemente otra junta, en Santa Marta, donde ocurrió algo parecido, y en Panamá.

Inmediatamente cundió la desunión en el Nuevo Reino, pues muchas juntas no querían obedecer a la de Santa Fe, y el particularismo local halló un pretexto ideológico en el federalismo, a imitación de los Estados Unidos, disociándose la nueva nación. Aparecieron dos partidos: centralista, apoyado en la capital, y federalista, cuyo foco fue Cartagena, por rivalidad con ella, la cual convocó otro congreso en Medellín (IX-1810), oponiéndose en vano Nariño, recién libertado.

Hasta pueblos de escasa importancia formaban juntas, más o menos soberanas, y se dividían las viejas provincias. Algunas enviaron representantes, sin embargo, a Bogotá, y con ellos se formó el Supremo Congreso, el 22-XII-1810, que prometió defender la religión y acatar a Fernando VII, pero no a la Regencia; fue elegido presidente Manuel Bernardo Álvarez y secretario Nariño; resultó un organismo inútil y sin autoridad y se disolvió al poco tiempo.

Además de las luchas civiles, comenzó la guerra con las tropas adictas a España; Tacón fue derrotado en el Bajo Palacé (III-1811) por Baraya, que ocupó Popayán, formándose un gobierno presidido por Joaquín Caicedo, quien también se apoderó de Pasto, que fue siempre un acérrimo foco realista y había sido ocupado por las tropas insurgentes de Quito.

En Santa Fe, ante la imposibilidad de unir el país, se organizó un gobierno parlamentario propio para el Estado de Cundinamarca (27-II-1811), presidido por Jorge Tadeo Lozano, y se promulgó una constitución liberal, aunque con unidad religiosa, que seguía reconociendo al rey, representado por un presidente, que fue Lozano (14-IV); era una organización republicana con una leve forma monárquica. Nariño combatió el federalismo en su periódico La Bagatela, y propugnó un régimen centralista y unificado; sus campañas provocaron un motín que hizo dimitir a Lozano (19-IX-1811), sucediéndole Nariño, que suspendió la Constitución.

Al mismo tiempo se había reunido el Congreso de diputados de las provincias, el cual adoptó el federalismo, constituyendo las provincias Unidas de Nueva Granada (27-X_1811), que consagraba la autonomía de cada una y, de hecho, la independencia.

El 11 del mismo mes, la provincia de Cartagena proclamó su independencia de España como estado libre y soberano. Descontento el congreso por la política unificadora de Nariño se retiró a Ibagué; las guerras civiles y el desorden hicieron otorgar a Nariño, tras breve retirada, la dictadura de Cundinamarca (IX-1812).

El Congreso de la Confederación de la Provincias Unidas se reunió al fin en Leiva (4-X-1812) y eligió presidente a Torres, chocando pronto con Nariño, adversario siempre del federalismo disgregador; se envió a Baraya con un ejército contra Santa Fe, pero fue derrotado en el ataque a la capital (9-I-1813), quedando dividido el país entre los dos Gobiernos, reconciliados aparentemente.

La Patria Boba

Este primer periodo independiente, hasta 1816, ha recibido el apodo de la patria Boba, por la ingenuidad del juego político y la inexperiencia de los gobernantes, aunque salpicado aquel de sangre a veces, y en contraste con los terribles sucesos posteriores. Nueva Granada había estado representada en las Cortes de Cádiz, y dos granadinos, Pedro Agar y Joaquín Mosquera y Figueroa, fueron regentes.

Ante el peligro realista, Nariño decidió consumar la obra comenzada, y el 16-VI-1813 se proclamó la independencia de Cundinamarca. El 11 de agosto, Juan del Corral, dictador de Antioquía, proclamó a su vez la independencia de este Estado. El Sur, muy realista, se sublevó contra los patriotas, y Caicedo cayó prisionero de los pastusos, siendo fusilado (26-I-1813) por orden de Toribio Montes, que había reconquistado Quito.

En Panamá, que seguía sometido a España, se instaló el nuevo virrey Benito Pérez (21-III-1812), apoyado en Santa Marta, y la región llana del Norte, y sostuvo la guerra contra Cartagena, que actuaba como Estado independiente bajo la dictadura de Manuel Rodríguez Torices; el francés Pedro Labatut, al servicio de los independientes se apoderó de Santa Marta (I-1813), y contuvo el peligro.

A Cartagena llegó en XI-1812 Bolívar, fugitivo de la caída de la primera república de Venezuela, poniéndose al servicio de Torices, y realizó una brillante campaña en el Bajo Magdalena, ocupando Tenerife, Mompox, Ocaña y otras poblaciones; el 28-II-10813 derrotó al realista Ramón Correa en Cúcuta y rechazó la invasión procedente de Venezuela.

Con auxilios de los dos presidentes, Torres y Nariño, formó un ejército, con el que emprendió la segunda revolución venezolana, invadiendo su país desde Nueva Granada (V-1813), poniéndose a sus órdenes muchos oficiales granadinos, célebres luego, como Atanasio Girardot, Francisco de Paula Santander, Antonio Ricaurte y Francisco P. Vélez.

Ante el peligro en el Sur, marchó Nariño al frente de un ejército contra Sámano, que mandaba a la sazón las tropas realistas, y había tomado Popayán (VII-1813) y Cali, en el valle del Cauca, perdiéndolas después. Nariño derrotó a Sámano en Calibio (I-1814), a orillas de Juanambú; en Tacines (9-V-1814), a Melchor Aymerich, sucesor de aquel; pero fracasó en el ataque a Pasto y cayó prisionero (14-V-1814), siendo luego deportado a España.

Le sucedió en la presidencia de Cundimarca Bernardo Álvarez, que ante el peligro, la derrota de la segunda república venezolana y la desairada situación en que colocaba a los patriotas el regreso de Fernando VII, entró en negociaciones con el Congreso, reunido en Tunja, para aunar esfuerzos, sin llegarse a un acuerdo.

En IX-1814 llegó por segunda vez Bolívar, perdida Venezuela, y Torres y el Congreso le encomendaron un ejército para someter Bogotá por segunda vez y unirla a la Confederación, ante la actitud hostil de Álvarez, enemigo de la unión; Bolívar hizo capitular la capital (12-XII-1814) y obligó a Cundinamarca a entrar en la Confederación.

Se había perdido entre tanto Santa Marta, donde tomó el mando Francisco Moltalvo, nuevo virrey, con el título solo de capitán general (2-VI-1813), y Santander fue vencido en Carrillo (X-1013), perdiéndose Cúcuta y Pamplona. Bolívar se dispuso a recobrar Santa Marta, pero la hostilidad de Manuel del Castillo, jefe militar de Cartagena, le entorpeció las operaciones y le obligó a dimitir, tras sitiar incluso Cartagena, retirándose a Jamaica (8-V-1815), mientras Moltalvo había tomado Baranquilla y Mompox. El Congreso se había trasladado a Santa Fe y se constituyó un triunvirato ejecutivo presidido por Custodio García Rovira (I-1815).

La expedición de Morillo

Las disensiones y desunión que habían reinado desde 1810 dejaban al país débil ante la expedición de Pablo Morillo, enviado para reconquistar Nueva Granada, pues Venezuela había quedado ya sometida. Las tropas realistas, ocupaban, además, panamá, parte del Bajo Magdalena, Pasto y Popayán, y otros puntos fronterizos, aunque perdieron Popayán en 1815.

El realista Sebastián Calzada derrotó a Rafael Urdaneta en Bálaga y tomó Pamplona y se enlazó con las tropas costeras. Ante el nuevo peligro se nombró un presidente de las Provincias Unidas, que lo fue Torres (XI-1815), para dar más autoridad al mando supremo.

El 22-VII-1815 llegó la expedición de Morillo a Santa Marta, y un mes más tarde comenzó el sitio de Cartagena, convertido en bloqueo inmediatamente, que duró hasta el 6 de diciembre; hambre y enfermedades mataron a 6.000 de sus habitantes, y el ejército sitiador tuvo 3.000 muertos, por la segunda causa la mayoría.

En el ejército y marina españoles figuraban Montalvo, Pascual Enrile y Francisco Tomás Morales, famoso por sus hechos en Venezuela; defendía la plaza Castillo, y luego el venezolano José Francisco Bermúdez, que huyó al caer aquella, y otros insurgentes célebres: Carlos Soublette, Sucre, Mariano Montilla y Cortés Campomanes. Morillo venía decidido a imponer temor a los insurgentes; condenó a muerte a Castillo y otros, y se publicó un indulto.

Se reinstauró el virreinato (28-IV-1816), y se desmoronó la resistencia, por carecer de fuerzas y estar cansada buena parte de la población del ensayo de independencia y de la república, y atraída por las promesas españolas.

En vano el francés Manuel Serviez, ascendido a general, intentó oponerse al avance de las tropas realistas; Torres renunció a la presidencia y le remplazó el literato y médico José Fernández Madrid (1789-1830), cuyo suave carácter era el menos apropiado (14-III-1816); entró en negociaciones para la rendición, y disuelto ya el Congreso, se retiró de Bogotá, de donde huyeron los insurgentes notorios y se quedaron otros esperando la clemencia de Morillo. Madrid envió una comisión con Lozano para ofrecer la entrega.

El 6 de mayo entró en santa Fe Miguel de la Torre, sin ninguna resistencia, y triunfal y afectuosamente acogido, y veinte días después, Morillo. la Torre había promulgado un amplio indulto desde Zipaquirá. Sámano derrotó a Liborio Mejía, último presidente en la Cuchilla del Tambo (30-VI), pereciendo la Patria Boba.

El régimen de la reconquista

Salvo la región de Casanare, toda Nueva Granada quedó sometida; pero contra lo esperado y prometido, y a pesar del indulto de La Torre, implantó Morillo un régimen e terror, indignado por haber resurgido la rebelión a sus espaldas en Venezuela; gran cantidad de patriotas y gentes destacadas durante la independencia fueron encarceladas y se ejecutó a todas las figuras principales, condenadas por consejos de guerra: Villavicencio, como traidor; Lozano (6-VII-1816), Pombo, Torres (5-X), el sabio Caldas, que actuó de ingeniero militar (29-X); Torices, Álvarez, Mejía, G. Rovira, Baraya, Montúfar, Frutos, J. Gutiérrez, Camacho, José María Cabal, y otros muchos; en 1817 fue ejecutada por Sámano la conspiradora y espía Policarpa Salvarrieta, convertida en heroína nacional.

Otros patriotas fueron desterrados, entre ellos muchos eclesiásticos. Acevedo pereció en la fuga. El Consejo de purificaciones y la Junta de secuestros completaron la represión. Grave error fue la conducta de Morillo al tratar como país conquistado a Nueva Granada, e imponer un duro régimen de fuerza y castigo en lugar de la autoridad moral de los virreyes, el cual enajenó los espíritus desilusionados de la infecunda y anárquica etapa republicana y donde dominaba aun la vieja lealtad, lanzándolos al campo de la independencia.

Por lo pronto, la revolución había quedado casi decapitada, pues solo se habían salvado Santander, Urdaneta, F. Madrid, perdonado por Morillo, el canónigo Andrés Rosillo —desterrado—, Serviez y otros, emigrados a Venezuela, al lado de Bolívar, y Nariño, que estaba preso en España, entre las principales personalidades.

Sámano quedó con el mando militar a la partida de Morillo, y sustituyó a Montalvo en el virreinato en III-1818, restaurándose en todo el antiguo régimen; el nuevo virrey carecía de condiciones para lo difícil del cargo y de la situación, y no conocía más norma que la dureza.

El mando militar pasó al coronel José Mª. Barreiro, que organizó rápidamente el ejército con muchas tropas del país. A comienzos de 1819 realizó una infructuosa expedición a Casanare, en los Llanos, defendido por Santander, cuando ya prepara Bolívar su audaz plan de emancipar Nueva Granada, antes de hacerlo con Venezuela, y de unir ambas naciones.

La campaña de Bolívar

A fines de mayo de 1819 emprendió Bolívar la marcha desde el Apure para sorprender la Nueva Granada y evitar que pudiese Morillo reforzarla, regresando inmediatamente a Venezuela con más tropas allá reclutadas.

Atravesó los Llanos (junio) con unos dos mil hombres, entre ellos la Legión británica, acompañado por Santander, Soublette y José Antonio Anzoátegui; del 22 de junio al 6 de julio realizó Bolívar la ascensión de los Andes por el páramo de Pisba y entró en la meseta, sorprendiendo a Barreiro, que se quedó a la defensiva, y lo venció en Gámeza y Pantano de Vargas (25-VII); con draconianas medidas engrosó su hueste, ocupó Tunja, y dos días después (7-VIII) se dio la batalla de Boyacá, decisiva para la independencia granadina, de escasa importancia militar por la ineptitud del mando realista, y cuyas hazañas hubo que abultar.

Sámano huyó de Bogotá, con las últimas tropas y los elementos leales a España, y el 10 de agosto entró Bolívar, anunciando después la formación de la República de Colombia, con la unión de Nueva Granada y Venezuela. La soberanía española se derrumbó en gran parte del país, pero se mantuvo todavía en Pasto, Panamá, Cartagena, Santa Marta y otras comarcas, en las que continuó la guerra. Dejó Bolívar como vicepresidente a Santander, quien hizo fusilar a Barreiro y 38 oficiales más, y regresó a Venezuela después de montar la nueva organización y reunir un ejército granadino.

La formación de la Gran Colombia

El 17-XII-1819, el Congreso de Angostura —en el que ya había diputados granadinos— aprobó la ley fundamental de la República de Colombia, uniendo ambos países, más Quito, cada uno de los cuales formaría un departamento regido por un vicepresidente a la cabeza que fue, desde luego, Bolívar; se cambió el nombre de Nueva Granada por el de Cundinamarca, y el de Santa Fe por el de Bogotá, y se designó vicepresidente de ella a Santander, quien hizo aprobar la ley en su país por una Junta de autoridades (12-II-1820).

En 1820 fracasó una triple tentativa de Sámano desde sus bases del Norte contra el Magdalena, el Chocó y Antioquía; Montilla y una flota bajo Luis Brión tomaron Ríohacha (III-1820), que perdieron pronto, pero aquél tomó Sabanilla, y José Mª. de Córdoba, Mompox y Tenerife (VI-1820), destruyendo una flotilla española fluvial, perdiéndose a consecuencia Barranquilla y luego Santa Marta (XI-1820). En el Sur se perdió y se tomó Popayán por los colombianos, pero Basilio García les cerró en Jenoy (II-1821) el camino de Pasto.

Los últimos años de la guerra

La restauración del régimen liberal en España hizo que la Constitución de 1812 fuera jurada todavía en Cartagena y que se entablasen negociaciones de avenencia entre Morillo y Bolívar, quien rechazó todo acuerdo que no partiera del reconocimiento sin restricción de la independencia; las conferencias de Trujillo solo produjeron un tratado de armisticio por seis meses y la humanización de la guerra (25-26-XI-1820) y un inútil envío de comisionados a la Península

Para dar una nueva Constitución a la república se reunió otro Congreso en Cúcuta (6-V-1821), cuya convocatoria hizo efectiva Nariño, libertado en España por la revolución de 1820 y reintegrado a su patria, nombrándole Bolívar vicepresidente de Colombia; se confirmó la unión (12-VII); se designó a Bogotá capital de la república, y se abolió el régimen federal de 1819, sustituyéndole por otro unitario, con un presidente y un solo vicepresidente, que siguieron siéndolo Bolívar y Santander; el régimen adoptado fue francamente liberal.

La guerra tocaba a su fin: Miguel de la Torre, sucesor de Morillo, fue vencido en Carabobo (1821) y se perdió Venezuela; el 1-X-1821, después de largo sitio, Montilla y José Prudencio Padilla tomaron Cartagena, perdiéndose toda la costa, salvo una momentánea recuperación de Santa Marta, perdida definitivamente a comienzos de 1823. El 28-XI.1821 se proclamó la independencia en Panamá incorporándose a Colombia. Bolívar en persona dirigió la última campaña del Sur, contra Quito y el foco realista de Pasto, irreconciliable con la república y los independientes.

Envió a Sucre por mar a Guayaquil, y él triunfó en Bomboná (7-IV-1822), obligando a Basilio García a capitular la derrota española en Pichincha por Sucre, y la pérdida de Quito, dejándole aislado, aunque los pastusos se oponían; Bolívar entró el 8-VI en la ciudad donde la independencia carecía de partidarios.

Pero muy poco después se sublevó y hubo de acudir Sucre a someterla de nuevo (XII-1822); en junio de 1823 el coronel indio Agustín Agualongo se alzó otra vez por el rey, echó al comandante de Pasto Juan José Flórez —luego primer presidente ecuatoriano— y restableció la autoridad real; fue derrotado en su avance sobre Quito, y el patriota Salom recuperó Pasto (VII-1823), que de nuevo ocupó Agualongo, prolongándose las luchas hasta comienzos de 1824 en que la terminó José Mires y luego Flórez, dominando por el terror la heroica constancia españolista de Pasto.

Aún continuó la rebeldía de Agualongo en las montañas hasta que cayó prisionero y fue ejecutado en Popayán. El territorio de Quito, emancipado por Sucre, se unió asimismo a Colombia en 1822.

La República de Colombia se disolvió en 1830 después de la renuncia y la muerte de Bolívar, que no pudo contener la disgregación motivada por Santander, convertido en adversario político suyo; las ambiciones de Páez y Flórez, y la falta de solidez de la unión, no sentida por los pueblos ni por los caudillos de la independencia.

En 1831 la antigua Nueva Granada reasumió su nombre con la vida separada, adoptando de nuevo definitivamente y para ella sola el nombre de Colombia, en 1861. hasta 1881 no se regularizaron por un tratado las relaciones con España.R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E, págs. 876-881.

Colombia Independiente

Los primeros años. El régimen conservador

Disuelta la Gran Colombia de Bolívar, no tenía sentido mantener la ficción de la unidad; Urdaneta puso en vigor la Constitución de 1830 y convocó un congreso para Nueva Granada, pero una sublevación casi general contra él alegando la legitimidad del vicepresidente Domingo Caicedo, le movió a renunciar, tomando este posesión 3-V-1831. Reunida la Convención en octubre de 1831 dio una nueva Constitución (29-II-1832), con la consabida división de poderes y sistema bicameral, de carácter unitario, pero que concedía algunas facultades a las provincias.

Se restableció el nombre de Nueva Granada. El país tendría la extensión de 1810; por lo tanto incluía Panamá y no se permitió las anexión del Cauca y Pasto al Ecuador que había efectuado Flores. Fue elegido presidente Santander, que volvió del destierro y tomó posesión el 7-X-1832.

Hombre rígido y serio, representaba el partido liberal y más bien la oposición a Bolívar. Se manifestó en la persecución a los partidarios de Bolívar y Urdaneta y en el restablecimiento de las doctrinas de Bentham en la enseñanza, frente a la oposición de la Iglesia, sobre la que mantuvo el Patronato.

La situación de la Hacienda era mala, a pesar de los esfuerzos realizados por el anterior vicepresidente José Ignacio Márquez. Este fue elegido presidente en 1837. Hombre civil, tenía un brillante historial político y administrativo y había ejercido la presidencia hasta la llegada de Santander. Logró arreglar la división de la deuda pública con Venezuela, cargando Nueva Granada con la mitad; se elaboró un código penal y admitió en los puertos los buques y mercancías españolas, aunque no había aún reconocimiento.

La tranquilidad permitió una mejora de la economía y de la Hacienda. pero la supresión de unos conventos en pasto, de acuerdo con el prelado de Popayán, para aplicar sus bienes a misiones y enseñanza, provocó una rebelión allí invocando la defensa de la religión (1839), que combatió el general Pedro Alcántara Herrán, enfrentándosele también el general José María Obando, aunque era liberal, y que alzó la bandera federalista; la lucha agotó la hacienda y dañó considerablemente a la economía y no se pudo terminar su primera etapa más que con la ayuda del presidente ecuatoriano Flores (1840), pero brotaron por todas partes rebeldías de ambiciosos y no se concluyó hasta 1842, dejando el país arruinado.

Entre tanto había muerto Santander. En 1841 fue elegido presidente Herrán, que logró vencer la insurrección. En 1843 se promulgó otra constitución, que daba más autoridad al poder ejecutivo, el cual podía dar empleos a los senadores y diputados y serlo los empleados y se suprimió el Consejo de Estado.

Se fue formando el partido conservador, que tomó como uno de sus principales fines la defensa de la religión, lo que se notó en la vuelta de los jesuitas —desde Carlos III— para la enseñanza y misiones y en los textos Balmes sustituyó a Desttut de Tracy. La enseñanza fue objeto de interés del ministro Mariano Ospina, que la reorganizó en sus diversos grados y fundó nuevos colegios y estableció escuelas normales.

También se prestó atención a los demás ramos y se restableció la economía y la hacienda. En 1845 fue elegido presidente el general Tomás Cipriano de Mosquera, que había ayudado a Herrán contra la insurgencia y se presentaba entonces como conservador. Con él continuó la estabilidad y la mejora de la economía; se estableció la navegación de vapor en el Magdalena y se comenzó la construcción del ferrocarril del istmo de Panamá; y se reformó el sistema monetario para acabar con la moneda de baja ley.

El régimen liberal

En las elecciones de 1849 luchó el partido liberal, excitado por la Revolución francesa de 1848 y la juventud por las doctrinas más avanzadas venidas de Europa; no consiguiendo mayoría ningún candidato, la presión de las masas sobre el Congreso impuso la elección del general José Hilario López. Fueron expulsados los jesuitas (1850), se abolió la esclavitud (1851) y la pena de muerte, se otorgó la plena libertad de prensa, se estableció el jurado, se suprimió el diezmo y el fuero eclesiástico y se destituyó a los empleados conservadores.

Se exacerbaron las rivalidades entre los democráticos, que fueron apodados gólgotas, y los conservadores, surgiendo el desorden y la inseguridad; se alzaron los conservadores, lo cual sirvió para agudizar las medidas anticlericales, con el destierro de varios prelados. Mosquera apoyó estos radicalismos. La elección de 1853 dio el triunfo a Obando, candidato de los draconianos o liberales más moderados, frente a los gólgotas.

El Congreso aprobó (1853) otra constitución, muy democrática, con separación de la Iglesia y el Estado, libertad religiosa, matrimonio civil, sufragio universal, seguridad personal, autonomía de las provincias y elección popular de los gobernadores.

Un motín democrático y de draconianos alzó la dictadura de José Mª. Melo (1854), pero fue derribado por los otros partidos unidos para mantener la legalidad; Obando no fue repuesto, acusado de complicidad en el golpe. Se formó un gobierno mixto de liberales y conservadores que elevó a la vicepresidencia —y gobierno efectivo— al conservador Mallarino (1854-1857) que apaciguó la situación y a quien sucedió otro conservador, Mariano Ospina.

La federación

La constitución de 1853 había dejado la puerta abierta a la adopción de un régimen federal. Panamá se erigió en 1855 en estado y como un Acto adicional lo permitía, las demás provincias siguieron el ejemplo, constituyéndose en Estados soberanos, lo cual fue sancionado por la constitución de 1858, que reconoció ocho Estados y dio al apís el nombre de Confederación granadina; se mantenía el presidente —elegido por voto popular y directo— y el Congreso —con sus dos cámaras—, dejando amplia libertad a los Estados, con fuerte influjo del régimen norteamericano, como en la facultad de la Corte Suprema de entender en los conflictos entre los Estados o con el gobierno y decidir sobre la constitucionalidad de las leyes de las legislaturas locales.

La federación era el ideal de los liberales, que la juzgaban la cima de la democracia, pero los conservadores no se opusieron, aunque eran la mayoría en el Congreso Ospina permitió la vuelta de los jesuitas; unas leyes que permitían la intervención del poder central en los Estados ocasionaron la sublevación de varios de ellos, dirigidos por Mosquera, al que se unió Obando, su antiguo enemigo (1860); ardió la guerra civil, pereció Obando en un combate y por fin Mosquera tomó Bogotá (1861); Ospina, que ya había cesado, fue encarcelado.

Mosquera actuó como dictador, ahora como liberal extremado; erigió otro Estado y declaró la capital Distrito federal. Expulsó a los jesuitas de nuevo, prohibió que ningún sacerdote ejerciera sin permiso oficial, desamortizó y confiscó todos los bienes de las comunidades religiosas y suprimió todos los conventos.

Convocó un congreso de plenipotenciarios de los Estados y una Convención nacional. Se firmó un Pacto de Unión (1861) para constituir los Estados Unidos de Colombia, resucitando el nombre de la época bolivariana, aunque ahora solo aplicado a Nueva Granada, con la esperanza de reconstruir aquella.

La Convención, reunida en Ríonegro (1863) cuando acabó la guerra civil, promulgó otra constitución que sancionaba el régimen federal, dejando amplias facultades a los Estados, sin poder ejercer el gobierno general más que las expresamente delegadas a él, se reconocerían todas las libertades individuales; el presidente sería elegido por dos años, sin reelección inmediata, y por el voto de los Estados. Cada uno de estos se dio su propia constitución.

Durante su segundo periodo actuó Mosquera dictatorialmente, hasta que fue destituido y procesado (1867). Los conservadores se sublevaron (1876)y hubo batallas sangrientas como la de la Garrapata, siendo vencidos.

Durante la época federal se rebajó la deuda exterior, se organizó la Universidad de Bogotá y se revalorizaron los estudios, se promulgaron los diversos códigos y se fomentaron las comunicaciones. En 1878 se concedió a la compañía francesa la construcción del canal del Panamá, que terminó en fracaso y en quiebra.

El régimen unitario

La federación, con la debilidad del poder central, tuvo éxito; careció de eficacia, cundieron el desorden y el bandidaje, el ejército tendió a dominar en los Estados apoyando a uno u otro bando y no pudo progresar la economía. En 1880 fue elegido presidente Rafael Núñez, liberal avanzado, al que el desorden convenció de la necesidad de cambiar de orientación política.

Formó el partido Nacional, con disidentes del liberal y apoyado por conservadores, alejados del poder durante el régimen federal, y acometió la Regeneración. Reelegido en 1886, estalló una guerra civil; habiendo triunfado, la constitución de 1886 implantó un régimen unitario, aumentó el poder ejecutivo, se respetaría a la Iglesia y se le confió la orientación de la enseñanza.

Se dividió el país en departamentos y el presidente nombraría libremente a los gobernadores y sería elegido directamente por el pueblo. En 1888 celebró un concordato que daba independencia a la Iglesia, facultad de poseer bienes y de establecer órdenes religiosas y se señaló una cantidad como indemnización por la desamortización.

Reelegido Núñez en 1884 no tomó posesión y ejerció el poder el vicepresidente Miguel Antonio Caro, ilustre escritor, muriendo aquel en 1894. Elegido en 1898 Manuel Antonio Sanclemente, los liberales se sublevaron y estalló una guerra civil de tres años, terminada en 1903, que produjo grandes daños al país, y al fin triunfó el gobierno.

Durante la presidencia de José Manuel Marroquín el presidente norteamericano Roosevelt promovió la revolución que proclamó la independencia de Panamá (3-XI-1903), ante la resistencia de Colombia a ratificar el tratado de Hay-Herrán por el que los Estados Unidos se hacían cargo de los derechos de la compañía francesa y obtendrían el arriendo perpetuo de una faja de seis millas en el istmo.

Los Estados Unidos se apresuraron a reconocer la nueva república e impidieron que Colombia pudiera reprimir la insurgencia. En 1921 los Estados Unidos decidieron abonar a Colombia 25.000.000 de dólares como indemnización, y le concedieron el derecho al libre tránsito de tropas y material de guerra por el canal, y el de mercancías en iguales condiciones fiscales que las norteamericanas; a su vez Colombia reconoció a Panamá; el tratado había sido firmado en 1914, pero no se ratificó hasta entonces.

La primera mitad del siglo XX

La pérdida de Panamá atenuó la acritud de las luchas políticas. Rafael Reyes (1904-1909) dio una ley para la representación de la minoría en el Gobierno y el Congreso; en 1910 se restringió el derecho de voto, lo que fortaleció el régimen conservador.

Colombia se mantuvo neutral en la Primera Guerra Mundial. Siguieron gobernando los conservadores hasta 1930 y el país gozó de cierta paz; en ese tiempo se aprobaron varias mejoras sociales e impuestos sobre la renta, y se redujo la circulación fiduciaria, que era enorme.

La economía no había progresado mucho, por las dificultades geográficas y por no fomentarse las inversiones extranjeras, ante las complicaciones que acarreaban. El café había llegado a ser el principal producto de exportación y luego se añadió el petróleo. En la tercera década inversiones particulares yanquis permitieron extender los ferrocarriles y otras obras, pero sobrevino una inflación y se dejaron sentir los efectos de la crisis de 1929.

En 1930 los liberales, por la división de sus adversarios, triunfaron en la elección presidencial con su candidato Enrique Olaya Herrera, cuando en otros países hispanoamericanos prevalecían regímenes autoritarios. Duró este periodo liberal hasta 1946 y se marcó por reformas sociales en beneficio de los trabajadores, por el fomento de la enseñanza, y medidas para enfrentarse con la crisis, con control de cambios y aumento de impuestos.

Al comienzo colaboraron los conservadores con Olaya, pero luego se apartaron y de nuevo se separó la Iglesia del Estado y se dieron otras medidas radicales. En 1932 los peruanos ocuparon Leticia, por donde se asoma Colombia al Amazonas, en territorio disputado y que se había reconocido a Colombia en 1922. Estuvo a punto de estallar la guerra y hubo choques armados, pero se evitó, intervino la Sociedad de Naciones y el protocolo de Río de Janeiro (1934) reconoció el derecho de Colombia.

La división de los liberales, por el radicalismo del presidente Alfonso López, permitió el advenimiento de otro presidente conservador, Mariano Ospina Pérez, que dio a aquellos la mitad de los ministerios (1946). Pero la agitación revolucionaria, aprovechada por los elementos más extremistas, ocasionó el bogotazo o motín sangriento y destructor (9-IV-1848) durante la reunión en Bogotá de la IX Conferencia Panamericana, a causa del asesinato del general liberal Jorge Eliecer Gaitán, Ospina pudo, sin embargo, superar el desorden y evitar que la revolución llegase más adelante.

Con la hostilidad de los liberales llegó a la presidencia en 1949 Laureano Gómez, de tendencia muy conservadora, católica y antiyanqui. Seguía la intranquilidad y una verdadera guerra civil en los Llanos, junto con el bandolerismo, y en 1953 un pronunciamiento derribó a Gómez, para encumbrar al coronel Gustavo Rojas Pinilla, elegido presidente constitucional al año siguiente. Logró apaciguar la lucha de guerrillas. Aunque conservador, se enajenó al capitalismo al aumentar los impuestos sobre la renta y extenderlos a los dividendos, mientras suspendía el periódico de Gómez.

La incapacidad de su régimen, una crisis económica innecesaria y el haber impuesto su reelección, modificando la constitución ocasionaron un movimiento que lo derribó con un paro económico organizado por Alberto lleras, liberal, y Guillermo León Valencia, conservador (1957). Gobernó una junta militar, que liquidó la dictadura de Rojas y se aprobó por un plebiscito una enmienda que preveía la alternativa de liberales y conservadores en el poder y la participación simultánea de ambos en los cuerpos colegiados.

En virtud de ello fue elegido Lleras en 1958 y León Valencia en 1962, al que ha sucedido Carlos Lleras en 1966. Pero Colombia no goza de tranquilidad, pues desde hace años existe una verdadera guerra civil, calificada de bandidaje, pero que es sostenida por el comunismo, y que extiende la intranquilidad por las provincias, sin lograr extinguirla.

R.B.: EZQUERRA, Ramón, Diccionario de Historia de España, dirigido por Germán Bleiberg, Ed. Alianza Editorial, 1979, tomo A-E.